Anotaciones

   Las anotaciones —citas bíblicas y notas teológicas—, que figuran en nuestro trabajo están tomadas, en su mayor parte, de la Obra magna que en sus dos primeras ediciones se publicó con el título de «IL Poema dell’Uomo-Dio» y en su versión al español con el título de «El Hombre-Dios». El autor de las mismas, es el profesor y teólogo Padre Conrado M. Berti de la Orden de los Siervos de María.
.   La tercera edición de la Obra magna, publicada con el título de «El Evangelio como me ha sido revelado» no va acompañada de estas anotaciones del Padre C. Berti.
.  El Padre Berti de la O. S. M., fue profesor de dogmática y teología sacramental del Instituto Pontificio “Marianum” de Roma, consultor en el Concilio Vaticano II. El padre Berti supervisó la segunda edición crítica en italiano de «El Hombre-Dios». Y, como decimos, al Padre Conrado débense las sabias y bien escritas notas teológicas, bíblicas, patrísticas que enriquecen esta Obra en sus dos primeras ediciones. Tuvo una parte importante en el cuidado de los escritos de María Valtorta.  Falleció el año 1980.
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He aquí algunas anotaciones:
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n. 1.- Matrimonio en Israel.
En los tiempos también de la Virgen, en Israel el matrimonio constaba de dos fases:
.  1ª.- El noviazgo. La ceremonia del noviazgo era el paso formal para el matrimonio y se hacía de este modo: los novios se daban  la mano derecha y recibían la bendición sacerdotal; se redactaba una escritura o contrato jurídico por el que se conferían al novio todos los derechos sobre la novia; el novio era llamado «esposo» y la novia «esposa». El novio-esposo no podía faltar a su palabra, sino con el repudio que concedía la Ley mosaica en determinadas circunstancias; la novia-esposa no podía disponer de sí misma. Sin embargo, durante esta primera fase, los novios-esposos generalmente se quedaban en sus casas propias.
.  2ª.- La ceremonia de las bodas, que no era otra cosa más que la formalidad solemne del contrato suscrito. A partir de este momento los esposos empezaban a vivir juntamente. Un solemne cortejo iba a traerse a la novia de su casa para conducirla a la del novio, que la introducía en su habitación. Según esta Obra, María no fue a vivir en casa de José, sino que éste en la de María, esto es, en el lugar consagrado por la Anunciación y por el Misterio de la Encarnación.

n. 2.- Las fiestas de Israel.
a) Había tres grandes fiestas, las llamadas «de peregrinación», que tres veces al año reunían al pueblo hebreo en Jerusalén (Ex 23,14s):
. Pascua. Principal fiesta judía. Fiesta preisraelita, de origen ca­naneo, que se celebraba al comienzo de la primavera, cuando los reba­ños transhumantes se ponían en marcha; el sacrificio del cordero tenía por objeto propiciar la fecundidad del rebaño y alejar todos los posibles males. Los judíos la asumen para celebrar, con el sacrificio del cordero, otra partida y liberación: la de la esclavitud de Egipto.
.   En la tarde del 14 de Nisán se inmolaban en el Templo los corderos. La fiesta se pro­longaba durante 8 días, unida a la fiesta de los Ácimos, de origen agrí­cola, en que se ofrecían las primicias de la cebada.  Durante esta semana se permitía comer solo pan ácimo, es decir, no fermentado, como está escrito en Éxodo 12,15-20; 13,3-7. Pascua suplementaria o pequeña Pascua se celebraba en el decimocuarto día del mes sucesivo, para aquellos que no hubieran podido celebrar la Pascua. Cfr. Núm. 9,6-14; 2 Para. 30.
.  Pentecostés o Fiesta de las Semanas, se celebraba siete semanas (50 días), después de haber ofrecido el primer manojo de trigo y se llamaba también la Fiesta de las Mieses, de las Primicias, de Pentecostés. Posteriormente tuvo por objeto celebrar el don de la Ley en el Sinaí. Cfr. Ex. 23,14-19; 34,22; Lev. 23,15-22; Núm. 28,26-31; Deut. 16,9-12.
.  Tabernáculos o fiesta de las Tiendas, al final de las recolecciones de otoño.

 b) Había otras fiestas, entre las que destacamos:
.  Año Nuevo: De esta fiesta se habla en Lv. 23,23s y Nm. 29,1s, con el nombre de «Día de los Clamores». Corresponde al Año Nuevo civil, a partir de la era de los griegos (312 a.c.).
.  Kippur: Día de expiación y ayuno, el día 10 del mes séptimo. Día en el que el sumo sacerdote, una vez al año, entraba en el Santo de los Santos (Lv. 16; 23,26s; Núm. 29,7s).
.  Las Encenias o fiesta de la Luces o de la Purificación del Templo o de la  Dedicación del Templo, el 25 de Kisléu (Noviembre-Diciembre): celebraba la Purificación del Templo realiza­da por Judas Macabeo el año 164 a. c. (2 Mc. 10,8; Ju. 10,22). Se llamaba también fiesta de las “Hogueras” porque se encendían fogatas.
.  Purin (suertes): Conmemora la salvación del pueblo por obra de Ester. Acaso sea una fiesta anterior, y el libro de Ester sirva para justificarla históricamente. Se convirtió en el equivalente al actual carnaval (Est. 9,18-24). 

 n. 3.- Sábado. Día de fiesta semanal. El descanso estricto tenía que permi­tir al hombre descansar y alabar a Dios. Junto con la circuncisión era la prác­tica más sagrada. El reposo sabático comenzaba después del ocaso del viernes. Solo se podía caminar 6 estadios (1.200 metros).
Parasceve (griego=preparación):  Era la preparación que se hacía para el sábado, en el cual todas las actividades estaban prohibidas, incluida la de preparar la comida (Cfr. Éx. 16,5.23). De acuerdo con Marcos 15,42, la Obra valtortiana da el nombre de “parasceve” al día que precede al sábado y que a veces llama “viernes”. Terminaba en la aurora del primer día (domingo) después del sábado.
El nombre de los días de la semana. Para el lector de hoy, a quien se adapta el lenguaje de la Obra valtortiana, en algunos lugares y títulos se nombran los días de la semana, los cuales, en realidad, excepciones hechas de “sábado” y “parasceve”, no tenían un nombre para los hebreos de aquel tiempo.

 n. 4.- Año sabático.- Era el último año de una serie de siete, y en él debía cesar, por ejemplo, un estado de esclavitud o el pago de una deuda. Respecto a la tierra, cesaba el trabajo del hombre, y los productos crecidos espontáneamente estaban reservados para los pobres y para los animales, como se prescribe en Éxodo 23,10-11 y Levítico 25,3-7.

n. 5.- Calendario hebreo.- El año hebraico: contaba con 12 meses de 29 y 30 días, con un mes suplementario cada dos o tres a años. Nuestro calendario regula los meses con referencia al año solar. Frecuentemente, María Valtorta reseña los nombres del calendario hebreo, regulado con referencia al año lunar, que empieza en primavera. La correspondencia de los meses hebreos con los nuestros es aproximada: 1. Nisán (abril); 2. Ziv (mayo); 3. Siván (junio); 4. Tammuz (julio); 5. Ab (agosto); 6. Elul (septiembre); 7. Tisrí (octubre); 8. Etanim (noviem­bre); 9. Kisléu (diciembre); 10. Tébet (enero); 11. Sebat o Sabat (febrero); 12. Adar (marzo), que se dobla en los años embolismales.

n. 6.- El día hebreo.- El día hebreo iba de una puesta de sol a otra, y se dividía en dos partes: diurna y nocturna. Dado que las dos partes del día estaban reguladas, respectivamente por el ocaso y la salida del sol, la duración de las horas nocturnas (agrupadas en vigilias) y de las diurnas variaba de una a otra estación del año.
.  La primera parte, la nocturna, se componía de cuatro vigilias de tres horas cada una. (“a mitad de la primera vigilia” puede corresponder, en nuestros tiempos, aproximadamente a las siete o a las ocho de la tarde. La “tercera vigilia” recibía también el nombre de galicinio, que significa canto del gallo).
. La segunda parte, la diurna, comprendía las restantes doce horas. Las horas de prima, tercia, sexta, nona y undécima corresponden respectivamente más o menos a nuestras horas de 7, 9, 12, 3 y 5 de la tarde.

 n. 7.– Alejamiento o abandono espiritual del Padre a Jesús.
Acerca del alejamiento o abandono espiritual hay que tener en cuenta los siguientes puntos al referirse a Jesús:
– El Padre jamás abandonó realmente a su Hijo.
– La Divinidad del Hijo jamás abandonó efectivamente su santísima Humanidad.
– El Espíritu Santo jamás se separó realmente del Hijo de Dios hecho Hombre; pero:
a) al haber sido enviado el Hijo de Dios, al haberse hecho como uno de nosotros, al convertirse en nuestra Cabeza por su infinito Amor;
b) al haber tomado sobre Sí nuestros pecados como si hubieran sido los suyos (Is. 52,13-53, 12; 1 Ped. 2,21-25);
c) al haberse hecho «pecado» según la fuerte expresión paulina (Cfr. 2 Cor. 5,21; Gál. 3,13-14), concentrando en Sí todos los sufrimientos espirituales, psíquicos, y físicos debidos a los pecados de todos los tiempos y de todos los hombres, Jesús, en cuanto hombre, experimentó en lo íntimo de su ser el abandono divino. El Padre, cuanto más se acercaba la hora en que su Hijo, Dios como Él, pero verdadero Hombre y Víctima por los pecados, le habría hecho saborear con más frecuencia e intensidad cada vez mayores, a excepción del pecado, las debilidades humanas (Rom. 8,3; 2 Cor. 5,21; Gál. 3,13; Hebr. 2,17-18; 3,14-15; 5,7-8), experimentado una tristeza mortal en el Getsemaní y el abandono horrible en la cruz.
d) En medio de estas tinieblas espirituales y sensibles, de las que las tinieblas cósmicas no fueron sino imagen y tal vez el efecto, Satanás mantuvo su palabra de tentar una y otra vez al Salvador (Cfr. Lc. 4,13), y descargó sobre Él, según esta Obra, la peor de las tentaciones: la de la desesperación, la que Jesús venció, como había ya vencido las del desierto y otras tantas. Por esto Jesús apreció el consuelo angelical (Lc. 22,43), intensificó su oración (Ib. 44) y según esta Obra, habría aun pedido y agradecido que sus más íntimos se hubieran asociado a su obediente súplica a su eterno Padre.
.   Estas cuatro notas hallan, a su vez, confirmación, entre otros, en estos textos de «El Evangelio como me ha sido revelado» (se indica el nº libro, nº capítulo, nº de página. Vgr. 9-603-454: libro 9, capítulo 603, página 454):
e) En el episodio 9-603-454 de la Obra magna, Jesús nos explica en qué consiste este alejamiento del Padre: “Cuanto más se acercaba la hora de la expiación, tanto más sentía que mi Padre se alejaba. Mi Humanidad se sentía menos sostenida por la Divinidad, al sentir que el Padre se alejaba de ella, y de este  modo sufría lo indecible. Cuando Dios se aleja se siente terror, un agarrarse a la vida, y abatimiento y cansancio y tedio. Cuanto más profundo es este alejamiento, tanto mayores son las consecuencias; cuando es total, se siente la desesperación. Y cuanto más uno  —por un decreto de Dios— prueba este alejamiento sin haberlo merecido, sufre mucho más porque el alma siente esta separación como cuando una carne viva siente la separación de un miembro del cuerpo”.
f) En el dictado 44-269, Jesús nos explica qué significa estar ausente del Cielo: “¡Oh alegría, la de estar fuera del mundo! ¡Alegría de estar donde se encuentra Dios! Cuando, una vez que exhalé el espíritu pude tornar al Padre, gusté una beatitud cual, desde la eternidad, jamás la había probado. Y la misma perdura porque sé ahora qué signifique estar ausente del Cielo, estar separado de Dios. Experimenté en Mí todas las experiencias a fin de poder defenderos ante el Altísimo. Mas, en verdad os digo que mi propia beatitud será la vuestra cuando estéis aquí conmigo, fuera del exilio, al lado del Padre, en la Patria del Amor. Del Amor, hijos, allí donde ya no hay llanto ni terror”.

 n. 8.-  La unión hipostática.
María Valtorta en una copia mecanografiada, expone de modo siguiente: “El Verbo dejó el seno del Padre, el abrazo recíproco que forma el Espíritu Santo. Vino a actuar en la tierra. En el Cielo las otras dos personas contemplaron las obras del Verbo, permaneciendo, de todas formas, igualmente unidas a Él para fundirse, Pensamiento y Amor, con la Palabra operante en la tierra”.
.  Y completa con la observación siguiente: “La unión hipostática por la cual el Verbo, existiendo realmente en la carne del Hijo de Dios y (de) María, no dejó de ser Uno con el Padre y, por lo tanto, con el Amor; no dejó de ser el Santo de los Santos, porque lo era por su divina Naturaleza, y lo fue en su Naturaleza humana, por Gracia y por Voluntad perfectísimas.  De los muchos atributos divinos, durante su vida mortal y como Verbo hecho Hombre, no perdió (en un cierto sentido) sino la eternidad, pues murió, y su inmensidad, pues que estaba limitado en un cuerpo, siempre y solo durante los treinta y tres años, en que fue semejante a nosotros, a excepción del pecado”.
* 9-567-110.- En este episodio se afirma la unión hipostática por la cual el Verbo, existiendo realmente en la carne del Hijo de Dios y de María, no dejó de ser Uno con el Padre y por lo tanto con el Amor. Jesús se expresa así:  “Por la Naturaleza humana, estoy en Efraín y no en otra parte… Por la Naturaleza divina, estoy en el Cielo y en la tierra, omnipresente, omnipotente”.
* 7-474-296.- María Valtorta explica en este episodio, que la Divinidad, unida siempre hipostáticamente a Jesús-Hombre, no siempre era sensible para el Hombre-Redentor, el cual debía experimentar también ese grandísimo dolor, de no poder estar siempre en el Padre. Dice así: “No, no se puede, nadie podrá ni poeta ni artista ni pintor hacer visible a las gentes esa mirada de Jesús saliendo del abrazo (de un éxtasis), del encuentro sensible con la Divinidad, unida hipostáticamente al Hombre siempre, pero no siempre tan profundamente sensible para el Hombre que era Redentor y que, por tanto, a sus muchos dolores, a sus muchos anonadamientos, debía añadir éste, grandísimo, de no poder estar siempre en el Padre, en el gran torbellino del amor como estaba en el Cielo: omnipotente… libre… jubiloso”.

.  La expresión Dios se separa de Dios, María Valtorta la explica en una copia mecanografiada con la siguiente nota: “Aun siendo todavía «una cosa» con el Padre, el Verbo ya no esta­ba en el Padre como antes de la encarnación”.
* 8-517-121.- La nota anterior puede valer también para otras afirmaciones análogas, como la que encontramos en este episodio de «El Evangelio como me ha sido revelado» donde Jesús dice: “Busco en vosotros una parte de la unión que dejé para unir a los hombres: la unión con el Padre mío en el Cielo”.
* 9-603-453.- Por último, es importante señalar esta afirmación de Jesús en este episodio: “Y no ha habido un dolor mayor, más completo que el mío. Era Yo una sola cosa con el Padre. Él me amaba desde la eternidad como solo Dios puede amar. Encontraba en Mí sus complacencias, su divina alegría. Yo a mi vez le amaba como solo un Dios puede amar, y al estar unido con Él encontraba mi alegría divina. La inefable relación que une ab aeterno al Padre con el Hijo no puede seros explicada ni siquiera con mi palabra, porque si bien ella es perfecta,  vuestra inteligencia no lo es y no podéis comprender y conocer el profundo misterio de Dios mientras no estéis con Él en el Cielo”.

n. 9.- Conocimiento de Jesús.- Las expresiones de Jesús: «No lo sé». «No comprendo».
a) En cuanto a las «ignorancias» de Jesús. Las expresiones «No lo sé». «No comprendo» en boca de Jesús recibe, como nota en una copia mecanografiada, la siguiente explicación de María Valtorta:
-“Cristo, como Dios y como Santo de los santos, penetraba en las conciencias, y de éstas veía y conocía sus escondidos secretos (introspección perfecta); como Hombre conocía solo según el modo humano personas y lugares, cuando el Padre suyo, y su propia naturaleza divina, no juzgaba útil el conocimiento de los lugares y personas sin preguntar”.
-En el episodio 1-59-326, de forma análoga, las palabras de Jesús al endemoniado: “¡Ageo! ¡Pasa adelante!”… , tiene la siguiente nota de María Valtorta: “Aquí, debiendo dar prueba al fariseo de su omnisciencia divina, llama por su nombre al desconocido Ageo, del que sabe que está endemoniado, mientras en la página precedente, como Hombre, había dicho al fariseo: «No sé quién eres»”.
-Así mismo, en el episodio 2-156-428, a propósito de una serie de preguntas que Jesús hace a Analía (Cfr. Personajes de la Obra magna: Analía), una nota mecanografiada de María Valtorta explica: “Jesús sabía y recordaba (todo lo referente a Analía), pero quería que las almas se abrieran con la máxima libertad y confianza”.
.   Esta nota explicativa de María Valtorta halla, a su vez, confirmación, entre otros, en estos textos:
* 1-69-370.- A la pregunta de J. Iscariote: “Si jamás has pecado, ¿cómo puedes juzgar a los pecadores?”, Jesús responde: “Soy Hombre y soy el Hijo de Dios. Cuanto pudiese ignorar como hombre y juzgar mal, conozco y juzgo como Hijo de Dios”.
.  De estas palabras de Jesús se deduce que Jesús solo cuando reputaba necesario y útil daba muestras de su Divinidad, sin embargo la ocultaba casi siempre bajo el velo de su Humanidad, comportándose, preguntando, hablando, dejándose tratar como si fuese puro hombre.
* 3-224-429.-  Judas Tadeo dice a Jesús: “Parece como si cada cosa sucediese a sabiendas de lo que va a venir. ¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso, por causa de mi caída, junto a aquellas mujeres cargadas de joyas, con esos pastores de buenos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!… Todos ellos magníficas presas para los ladrones. Hermano, dime la verdad, ¿sabías que esto iba a suceder?”. Jesús responde: “Muchas veces os he dicho que leo en los corazones y que, cuando el Padre no dispone de otro modo, no ignoro lo que debe suceder”. E Iscariote insiste: “Entonces, ¿por qué a veces cometes errores como lo de ir al encuentro de fariseos que son hostiles, o de ciudades que no nos quieren?”. Jesús le mira fijamente y luego con calma responde: “No son errores. Es algo inherente a mi misión. Los enfermos tienen necesidad del médico y los ignorantes del maestro. Pero éstos si son buenos médicos y buenos maestros, continuarán yendo a donde están los que los rechazan porque tal es su deber. Yo voy. Vosotros querríais que donde me presentase, se desvaneciese toda resistencia. Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie. Persuado. La coerción se usa tan solo en casos muy excepcionales y solo cuando el espíritu iluminado por Dios comprende que tal gesto puede ser útil para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte, o también en casos de salvación múltiple”. En estos mismos términos tiene lugar la siguiente escena:
* 5-334-218.-  Cuando Santiago de Zebedeo dice que “Jesús conoce los corazones”,  y Andrés le contesta “¿Entonces por qué se comporta como lo hace y se mete en dificultades y peligros?”, Juan de Zebedeo responde que él preguntó al Maestro esto y que Jesús le contestó: “Porque debo hacerlo. Debo actuar como si el mundo estuviera compuesto enteramente de criaturas ignorantes pero buenas. A todos les doy la misma doctrina; así se separarán los hijos de la Verdad de los de la Mentira”.  Y que le dijo  también: “¿Ves Juan? Esto es como un primer juicio, no universal sino individual. Sobre la base de sus acciones de fe, caridad, justicia, serán separados los corderos de las cabras…”.
* 3-175-124.- En esta escena, los apóstoles preguntan a Jesús quién ha sido y Jesús responde: “No sé quién es, aunque realmente es un hombre justo”.  Le dice uno de la multitud: “Es Juan el escriba”. Y Jesús contesta: “Bien, ahora lo sé por tus palabras”. ■ A propósito de una afirmación de Jesús: “No sé quién es”, transcribimos la parte esencial de la nota autógrafa de María Valtorta con esta explicación:  “Y el Padre eterno, para probar los corazones y separar a los hijos de Dios, de la Luz, de los hijos de la carne y de las tinieblas, permitía, en presencia de los apóstoles, de los discípulos y muchedumbres, algunas lagunas en el omnímodo conocimiento de su Hijo, similares a estas preguntas y respuestas: «¿Quién es éste?» «No le conozco». Y ello lo permitía por los hombres, y también por su Hijo amado, para prepararle a la gran oscuridad de la hora de las tinieblas, al abandono del Padre, habiendo venido a ser «Anatema por nosotros»”.
* 5-339-254.- La última parte de la explicación anterior sirve para dar un significado profundo a la desconcertante amnesia de Jesús que encontramos en este capítulo, donde Bartolomé pregunta a Jesús si no sería mejor marchar pasando del otro lado del Jordán. Jesús, pasando la mano por la frente, con aire de cansado, como quien no logra comprender bien y en voz baja dice: “No lo sé. No lo sé todavía, Bartolomé”. ■ ¡Qué desconsuelo, dolor, tristeza ondea en la voz de Jesús! Bartolomé, preocupado le pregunta: “Maestro, ¿qué te pasa? ¿Qué quieres que haga por Ti el viejo Natanael?”. Y Jesús le contesta: “Nada, Bartolomé… Tus oraciones… Para que vea bien lo que tengo que hacer…”.
* 5-317-113.- Por último, en este episodio, hay una afirmación clara que debe tenerse en cuenta cada vez que en esta Obra se habla del conocimiento que Jesús tiene como Dios y como hombre. ■ Jesús llora por la partida a Antioquía de Juan de Endor y de Síntica, partida causada por las insidias del Sanedrín con la complicidad de Judas Iscariote. Jesús se ha recluido en un pasaje solitario, concretamente en un monte para llorar su pena.  “Han partido… ¿Y por qué? ¿Y por quién? ¿Por qué he tenido que dar este dolor, y a Mí mismo también, si ya el mundo me llena de dolor mis jornadas?… Judas…”. ■ Luego perece responder a un interlocutor invisible. Para hacerlo se yergue en pie: “Soy hombre, Padre. Soy el Hombre. La virtud de la amistad, herida y arrancada de Mí, se lamenta y se retuerce dolorosamente… Sé que debo sufrir todo. Lo sé. Como Dios, lo sé, y, como Dios lo quiero por el bien del mundo. También como hombre lo sé, porque mi Espíritu divino le comunica a mi humanidad. Y también como hombre lo quiero, por el bien del mundo. ¡Pero, qué dolor, Padre mío! Esta hora es más penosa que la que viví con mi Espíritu y el tuyo en el desierto… Y es mucho más fuerte la tentación presente de no amar y no soportar a mi lado a ese ser legamoso y tortuoso que tiene por nombre Judas, causa de mucho dolor que hasta la saciedad como y bebo y que tortura las almas a las que Yo había dado paz”.

b) En cuanto a la «omnisciencia» de Jesús. Las referencias de «ignorancias» de Jesús en la Obra Valtortiana no están en contradicción con las frecuentes declaraciones de su «omnisciencia». Éstas últimas, entre otras muchas, se encuentran, por ejemplo en:
* 1-48-264.- Juan y Santiago Zebedeo, y Andrés han comunicado a Pedro su encuentro con Jesús. Le dicen es “el Mesías porque ¡sabe todo! ¡Te oye!”. Pedro, a pesar de que no comprende cómo a “tres ignorantes haya podido manifestarse el Mesías”,  se pone en camino con ellos y va donde Jesús. Pero Pedro, después de algunos metros, se detiene, coge a Juan por un brazo, y pregunta: “Has dicho que sabe todo y que oye todo…”. Juan le dice: “Sí, imagínate que cuando nosotros, viendo la luna alta, dijimos: «¡Quién sabe lo que estará haciendo Simón!», Él contestó: «Está echando la red y no sabe resignarse a tener que estar haciéndolo solo, porque vosotros no habéis salido con la barca gemela en una noche tan buena como ésta para pescar. No sabe que dentro de poco ya no pescará sino con otras redes y no conseguirá sino otros peces»”.
* 1-54-300.- Jesús se dirige a sus discípulos: “Amigos, ¿y quién es perfecto sino Dios? En verdad os digo que no por Mí soy perfecto, si creéis que soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre. Sale de Dios su Pensamiento que se hace Palabra. Tengo la perfección en Mí. Y como tal me debéis creer, si creéis que soy el Verbo del Padre. Y, no obstante, a pesar de todo lo que estáis viendo, amigos, Yo quiero que se me llame el Hijo del hombre, porque me aniquilo al tomar sobre Mí todas las miserias del hombre para llevarlas —mi primer patíbulo— y anularlas después de haberlas llevado, ¡sin ser mías! («llevarlas», no «tenerlas»). ¡Qué peso, amigos! Mas lo llevo con alegría. Es una alegría para Mí llevarlo porque, siendo Yo, el Hijo del hombre, haré del hombre un hijo de Dios como el primer día. Como el primer día”. ■ Jesús está hablando con dulzura, sentado a la pobre mesa, gesticulando serenamente con las manos sobre la mesa, el rostro un poco inclinado, iluminado de abajo a arriba por la lamparita de aceite que está colocada sobre la mesa. La sonrisa da expresión al rostro de Jesús. Cuando enseña es majestuoso, pero al mismo tiempo amigable en su trato. Los discípulos le escuchan atentos.
* 2-80-9.- Jesús ha llegado con Judas Iscariote, Juan Zebedeo  y Simón Zelote al monte donde Él, durante cuarenta días, se había preparado con el ayuno y la oración para la misión. Judas Iscariote no comprende este proceder de Jesús. Jesús le dice: “Judas, ¿a dónde querrías que hubiera ido a prepararme?”. Judas, perplejo, desorientado, al fin responde: “No sé… pensaba… con algunos rabíes… con los esenios… no sé”. Jesús:  “¿Y podía encontrar un rabí que me dijese más de lo que me decía la Potencia y Sabiduría de Dios?… ¿Y podía Yo, —Yo, Verbo Eterno del Padre, Yo, que era cuando el Padre creó al hombre, y que sé de qué espíritu inmortal y animado, y de qué poder de juicio libre y capaz ha dotado Dios al hombre— podía ir a procurarme ciencia y adiestramiento a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y perversas, al destino, que consideran fatal e invencible? ¡No! No”.
* 2-80-13.- Esta escena es continuación de la anterior. Jesús con Juan, Simón Zelote y Judas Iscariote, una vez que han visitado el monte del ayuno,  han llegado a la peña de las tentaciones. Jesús les dice: “Una vez hubo un hombre que me preguntó si alguna vez había sido tentado; que me preguntó si no había pecado nunca; que me preguntó si, en la tentación no había cedido nunca; y que se maravilló porque Yo el Mesías, había solicitado, para resistir, la ayuda del Padre diciendo: «Padre no me dejes caer en la tentación»”. ■ Jesús está hablando, despacio, con calma, como si estuviera contando un hecho ignorado… Judas baja la cabeza como molesto (él fue quien había hecho hace unos días las preguntas), pero los otros están tan centrados en mirar a Jesús que eso les pasa desapercibido. ■ Jesús prosigue: “Ahora vosotros, amigos míos, podéis saber lo que tan sólo superfluamente supo aquel hombre. Después del bautismo —estaba Yo limpio, pero no se está nunca suficientemente limpio respecto al Altísimo, y la humildad en decir: «soy hombre y pecador» (expresión que se refiere a los hombres en general) es ya bautismo que hace limpio el corazón— vine aquí. Me había  llamado el «Cordero de Dios» aquel que —santo y profeta— veía la Verdad y veía bajar al Espíritu sobre el Verbo y ungirle con su crisma de amor, mientras la voz del Padre llenaba los cielos de su sonido al decir: «He aquí a mi Hijo amado en quien me he complacido». Tú, Juan estabas presente cuando el Bautista repitió las palabras… Después del bautismo, a pesar de estar limpio por Naturaleza y limpio por figura, quise «prepararme». Sí, Judas, mírame, que mi ojo te diga lo que aún la boca no dice. Mírame, Judas. Mira a tu Maestro que no se sintió superior al hombre por ser el Mesías y que, por el contrario, sabiendo que era el Hombre, quiso serlo en todo, excepto en condescender al mal. Eso es. Así… Para prepararse a ser maestro, es menester haber sido discípulo. Yo, como Dios, sabía todo, con mi inteligencia, incluso, Yo podía comprender las luchas del hombre, debido a mi poder intelectivo e intelectualmente. Pero un día algún pobre amigo mío, algún pobre hijo mío,  habría podido decir y decirme: «Tú no sabes qué es ser hombre y tener sentidos y pasiones». Habría sido un justo reproche. Vine aquí, mejor dicho, allí, a aquel monte para prepararme… no sólo a la misión… sino también a la tentación. ¿Veis? Aquí, donde estáis vosotros, Yo fui tentado. ¿Por quién? ¿Por un mortal? ¡No! Demasiado débil habría sido su poder. Fui tentado por Satanás directamente. Estaba ya agotado. Hacía cuarenta días que no probaba alimento… Pero, mientras había estado sumergido en la oración, todo se había anulado en el gozo que significa el hablar con Dios; más que anulado, el dolor se había hecho soportable.  Lo sentía como una molestia de la materia, circunscrito a la sola materia… Después volví al mundo… a los caminos del mundo… y sentí las necesidades de quien está en el mundo: tuve hambre, tuve sed, sentí el frío hiriente de la noche del desierto, sentí el cuerpo agotado por la falta de descanso y de lecho y por las largas caminatas hechas en condiciones de debilidad tal, que me impedían continuar. Porque Yo también tengo un cuerpo, amigos, un cuerpo verdadero, sujeto a las mismas debilidades que tiene todo cuerpo, y con el cuerpo tengo un corazón…”.
* 2-136-354.- Jesús habla sobre el pasaje Lucas: 2,52 «Jesús crecía  en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres»: “No tengáis miedo. Soy pequeño, un Niño; mas, si bien crezco, según la humanidad, en estatura, sabiduría y gracia ante los ojos de los hombres, Yo soy el Perfecto en cuanto que soy el Hijo del Padre y, por eso, sé conducirme con perfección, sirviendo al Padre haciendo resplandecer su luz, sirviendo a Dios conservándole el Salvador”.
* 3-203-280.- Jesús que ha llegado a Jerusalén con todos sus apóstoles, excepto Judas Iscariote, para celebrar la Pascua, se dirige ahora más allá del Getsemaní, al Monte de los Olivos, donde les va a enseñar por primera vez el «Padrenuestro». Les dice: “Venid conmigo. Os llevo a que coronemos la Pascua con una perla singular y deseada. Por este motivo he querido estar con vosotros, ¡mis apóstoles! Gracias, amigos, por el amor que me profesáis; si pudieseis ver cómo me consuela, os quedaríais asombrados. Lo estoy viendo: Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros. Convenceros de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar… También por esta razón os aconsejo que os dejéis guiar por Mí. Si permito esto o aquello, no pongáis ningún obstáculo; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros. Cada cosa a su debido tiempo. Tened sobre todo confianza en Mí…”.
* 3-204-290.- En el encuentro con las romanas Plautina, Valeria, Lidia, el soldado romano Publio Quintiliano etc… Jesús les hace una descripción minuciosa de los templos romanos, al comparar la fe y el alma con la parábola de los templos. Ellos le dicen: “Pero si nos consta que no has salido nunca de Palestina…”. Jesús contesta: “Nunca he salido para ir a Roma o a Atenas, pero no ignoro su arquitectura. En el genio del hombre que decoró el Partenón Yo esteba presente, porque Yo estoy dondequiera que haya vida y manifestación de vida; dondequiera que un sabio piense, un escultor esculpa, un poeta componga, una madre cante curvada hacia su cuna, un hombre trabaje, un ser vivo respire, un animal viva, un árbol vegete, allí estoy Yo, junto a Aquel de quien procedo. En el estruendo del terremoto o el fragor de los rayos, en la luz de las estrellas o en el curso de las mareas, en el vuelo del águila y en el zumbido del mosquito, Yo estoy presente con el Creador Altísimo… Yo sé todo, tanto el pensamiento como las obras humanas…”.
* 3-218-388.- Jesús ha llegado con sus apóstoles a Ascalón, una ciudad filistea. Sus apóstoles le preguntan: “¿Por dónde entramos, Señor?”. “Venid, sé por dónde entrar”.  “¿Has estado alguna vez aquí?”.  “Una vez, de niño. No creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa”.  Santiago Zebedeo observa: “¡Extraño! He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino; alguna vez te hemos hecho confundir nosotros. ¡Tú… parece como hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves!”.  Jesús sonríe pero no responde.
* 5-317-114.- Jesús sigue orando por Judas. “¡Padre! Lo sé. Lo veo… Mientras aquí sufro y sufriré, y te ofrezco mi sufrir por su conversión y por los que me han sido arrancados de los brazos, que con el corazón traspasado del dolor se dirigen a su destino, él se vende para ser más grande que Yo. ¡Más que el Hijo del hombre! ¡¿Soy Yo, no es verdad, el Hijo del hombre?! Sí. Pero no soy el único que lo es. La Humanidad, la Eva fecunda ha engendrado hijos, y, si Yo soy Abel, el Inocente, no falta un Caín en la descendencia de la Humanidad. Y, si soy el Primogénito, porque soy como deberían haber sido los hijos del Hombre, sin mancha ante tus ojos, él, el engendrado en pecado, es el primero de aquello que vinieron a ser después de que mordieron el fruto envenenado. Y ahora, no contento con tener dentro de sí los incentivos repugnantes y blasfemos de la mentira, la anticaridad, la de sed de sangre, la ambición de dinero, la soberbia y la lujuria, se entrega a Satanás para ser, él, que podía convertirse en ángel, un demonio… «Y Lucifer quiso ser semejante a Dios, y por esto fue arrojado del paraíso. Convertido en demonio, vive en el infierno».  ¡Padre! ¡Oh Padre mío! Yo le amo… todavía le amo. Es un hombre… Es uno de aquellos por los cuales te dejé… Por mi  humillación, sálvale… ¡Concédeme que le redima, Señor Altísimo! Esta penitencia es más por él que por los demás: ¡Oh! comprendo la inutilidad de lo que pido, Yo, que conozco todo cuanto existe… Pero, Padre mío, no veas en Mí por un momento a tu Verbo. Contempla solo mi Humanidad de hombre justo… y permite que Yo, por un instante, pueda ser solo «el Hombre» en gracia tuya, el Hombre que no conoce el futuro, que puede forjarse ilusiones…”.
* 5-339-254.- Judas, que no sabe (ha estado ausente todo ese tiempo) que Juan de Endor y Síntica están ya a buen recaudo en Antioquía, se ha puesto a buscarlos recorriendo lugares y amistades para dar con su paradero. Por otra parte, también ha vuelto a sus correrías lujuriosas, como esta pasada noche. Por la mañana, aparece con una cara muy deslucida. Y llama la atención de los apóstoles. Judas dice: “La penitencia da un corazón alegre, y también humildad y generosidad. Maestro, perdona a tu necio Judas…”. Y Jesús: “Habríamos podido orar juntos…”. Judas se ríe y dice: “No, no podías orar conmigo esta noche, estar donde estaba yo…”. Y Jesús: “No podía. No podía y no podré nunca, en efecto, compartir abrazos de mi Espíritu y mi Padre con un tercero, todo carne y sangre, como eres tú, y en los lugares a donde tú vas. Amo la soledad poblada de ángeles, para olvidar que el hombre es un hedor de carne corrompida por la sensualidad, el oro, el mundo y Satanás”.  Judas, ya no se ríe. Responde serio: “Tienes razón. Tu Espíritu ha visto la verdad”.
* 5-340- 258.- Este episodio es continuación del anterior. Judas le dice: “Maestro, ayer me pasé de la raya. Te he insultado. Te he dicho que acabaré odiándote. He dicho estas blasfemias ¿Pueden acaso serme perdonadas?”. Jesús: “El mayor pecado, Judas, es desesperar de la misericordia divina… Tengo dicho: «Todo pecado contra el Hijo del hombre será perdonado…» porque Yo he venido para perdonar, salvar, llevar al Cielo. Judas, ¿por qué quieres perder el Cielo?”. Judas: “¿Pero no te causo repulsa?”. Jesús: “Sí… Pero el amor es mayor que la repulsa. Judas, pobre leproso, el mayor leproso de Israel, ven a invocar la salud a Aquel que te la puede dar…”. Judas: “Dame la salud, Maestro”. Jesús: “No. No así. No hay arrepentimiento verdadero y voluntad firme. Hay solo un conato de amor sobreviviente por Mí, pero enteramente humano. No es malo. Es el primer paso. Cultívalo e injértalo en lo sobrenatural, haz de ello un verdadero amor por Mí… Yo espero. Sé esperar. Y oro. Soy Yo quien suple, en esta espera a tu ángel disgustado. Mi piedad, mi amor, mi paciencia siendo perfectos, son superiores a los angélicos, y pueden permanecer a tu lado, en medio de los desagradables hedores de lo que te fermenta en el corazón, para ayudarte…”. ■ Judas se estremece y pálido pregunta: “¿Pero Tú sabes realmente lo que he hecho?”. Jesús: “Todo, Judas. Quieres que te lo diga o prefieres que te ahorre esta humillación?”. Judas: “Bueno… es que no puedo creer…”. Jesús: “Bien entonces, vamos a recorrer hacia atrás el camino y a decirle al incrédulo la verdad. Esta mañana ya has mentido, más de una vez, sobre el dinero y sobre cómo has pasado la noche. Tú ayer por la noche has tratado de ahogar en la lujuria todos tus otros sentimientos, todos los odios, los remordimientos, tú…”. Judas: “¡Basta! ¡Basta!¡Por caridad, no sigas. O huiré de tu presencia”. Jesús: “Deberías, por el contrario, abrazarte a mis rodillas pidiendo perdón…”. Judas: “¡Sí! ¡Sí! ¡Perdón, Maestro mío, perdón! ¡Ayúdame! ¡Ayúdame! ¡Es más fuerte que yo! Todo es más fuerte que yo”. Jesús: “Todo menos el amor que deberías tener por tu Jesús… Pero, ven aquí, para vencerte la tentación y librarte de ella”. Y le toma entre sus brazos y llora silenciosamente encima de la cabeza morena de Judas.
* 5-351-334.- Por último, el sorprendente episodio sobre el tributo que Jesús debía pagar al Templo. Para lo cual, Jesús, mostrando una soberanía sobre todo lo creado,  da esta encomienda a Pedro: “Simón de Jonás, ve a la orilla del mar y echa lo más lejos que puedas un sedal provisto de un anzuelo resistente. En cuanto pique el pez, tira hacia ti.  Será un pez grande. En la orilla, ábrele la boca. Encontrarás dentro un estáter. Tómalo, ve donde aquellos dos y paga por Mí y por ti. Luego trae el pez. Lo asaremos y comeremos…”.

n. 10.- La expresión  «No puedo» como otras iguales o semejantes en Jesús, deben insertarse a la luz de Mc. 6,1-6; Lc. 22,42; Filip. 2,8; y del mismo contexto, en que se les da suma importancia a tres principios:
.  1º.- Necesidad de sujetarse al decreto eterno de Dios. Jesús no puede porque debe seguir su destino, que es cumplir con la voluntad del Padre. Como ejemplo citamos:
* 5-359-401.- Cuando los de Pela le dicen: “¡Ven con nosotros!”,  Jesús responde: “No puedo. Voy a Jerusalén”.  Jesús no puede porque debe seguir su destino, que es cumplir con la voluntad del eterno Padre y Pastor.
* 6-368-45.- Cuando no puede con algunas posesiones demoníacas, porque eso supondría hacer violencia al libre albedrío de la persona poseída, Jesús lo explica: “Porque ahora ha recibido dentro de sí a un demonio inteligente. Antes era una posada tomada por la fuerza por una legión de demonios. Pero faltaba en él el consenso de tenerlos. Ahora su inteligencia ha querido a Satanás y Satanás ha puesto en él una fuerza demoníaca inteligente. Contra esta segunda posesión no puedo hacer nada. Debería hacer violencia a la libre voluntad del hombre… Son mis angustias… mis derrotas… y si me aflijo es porque son almas que se pierden. Solo por esto. No por el mal que me hacen a Mí”. ■ Derrotas. Expresión delicada de humildad y amor, porque tales «derrotas» no se deben a la impotencia del Omnipotente, sino a la libre voluntad de Dios de no violentar la libre voluntad del hombre.
.  2º.- Necesidad del sufrimiento. No puede redimir sino a través del sufrimiento. Jesús se doblegó ante la voluntad del Padre eterno, llevó la Cruz y por eso fue glorificado. A los discípulos verdaderos no les puede caber suerte diferente.
.  3º.- Necesidad de la fe. No puede hacer milagros donde falta la fe.

n. 11.- «Hermanos de Jesús».- ■ Es verdad que en los Evangelios como en esta Obra se habla de «los hermanos y hermanas de Jesús». Pero eso no quiere decir que sean hermanos de sangre de Jesús, o hijos e hijas de la Virgen María. ■ Jesús, en su tiempo, hablaba el idioma arameo (que es como un dialecto del hebreo) y en las lenguas arameas y hebreas se usaba la misma palabra para expresar los distintos grados de parentesco cercano, como «primo», «hermano», «tío», «sobrino», «primo segundo», «cuñado, cuñada»… Y para indicar estos grados de parentesco, simplemente, usaban la palabra «hermano o hermana». Ahora bien, para evitar confusiones, la Biblia usa varios modismos. Por ejemplo: si se trataba de hermanos verdaderos, hijos de una misma madre, se usaba la expresión: “Tu madre y los hijos de tu madre”. Esta es la única manera correcta de expresarse. En Mateo 16,17 se usa la expresión: “Simón, hijo de Jonás” para decir que el padre de Simón es Jonás.
Veamos ahora lo que nos dicen los Evangelios:
1º.- En ningún lugar del Evangelio se habla de los hermanos de Jesús en sentido estricto, como «hijos de María». Por tanto en el Evangelio no aparece ningún hermano o hermana de Jesús según la carne.
.   a.- En el Evangelio de Lucas leemos que Jesús subió a Jerusalén en la fiesta de la Pascua junto con María y José. El niño Jesús tenía ya 12 años. Este relato no menciona ningún hermano de Jesús que les acompañara. Así el texto nos hace entender que Jesús es el hijo único de María. (Lc. 2, 41-52).
.  b.- Al momento de morir, Jesús confió su madre María al apóstol Juan, hijo de Zebedeo, precisamente porque María quedaba sola, sin hijos propios y sin esposo. Para los judíos una mujer que se quedaba sola era signo de maldición. Por eso Jesús confía María a Juan y también Juan a María. «Cuando Jesús vio a su madre, y de pie junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, Jesús dijo a su madre: «Madre, ahí tienes a tu hijo. Luego le dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde entonces ese discípulo la recibió en su casa» (Jn. 19, 26-27). Por otra parte, la Virginidad perpetua de María ha sido siempre una verdad creída firme y explícitamente proclamada por el Magisterio universal ordinario de la Iglesia. Baste ver la Liturgias de Oriente  y Occidente que parece no sepan alabar a María sin cantar himnos a su inviolable virginidad y a su divina maternidad
2º.- ¿Quiénes son estos «hermanos de Jesús»? El Evangelio (Mt. 13,55-56) nombra a hermanos y hermanas: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no se llama María y sus hermanos Santiago y José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros?”. Nombra como hermanos a José, Simón, Santiago (o Jacobo) y Judas. De estos cuatro hermanos, dos eran apóstoles: Santiago «el hermano del Señor» (Gál. 1,19) —que es el apóstol Santiago «el Menor» (Mc. 15,40)— y Judas «servidor de Jesucristo y hermano de Santiago» (Judas 1,1). ■  María la de Cleofás es llamada «hermana» de María Virgen: «María, la madre del apóstol Santiago el Menor y de José» (Mc. 15, 40), «hermana de María la Madre de Jesús, estaba junto a la cruz de Jesús» (Jn. 19, 25). Cuñada de la Virgen María. Por tanto, tía de Jesús. Es la que el Evangelista llama María la de Cleofás (Jn. 19, 25). ■ Comparando, pues, los textos bíblicos entre sí, está claro que ni Santiago ni Judas ni los otros dos nombrados «hermanos de Jesús» eran hijos de la Virgen María y José, sino primos hermanos de Jesús. Y María la de Cleofás era la tía de Jesús, cuñada de la Virgen María.
3º.- ¿Qué pensar entonces de la frase del Evangelio, cuando Lucas dice: “Y dio a luz a su primogénito (Lc. 2,7), nombrando a Jesús como el «primogénito», o sea, el «primer hijo de María»? ¿Es señal de que María tuvo más hijos? De ninguna manera quiere decir eso el Evangelio. El hecho de que Jesús sea «primer hijo» no significa que la Virgen tuviera más hijos después de Jesús; “Y dio a luz a su primogénito” quiere decir que «antes de nacer Jesús, la Virgen no había tenido otro hijo». Y esto era muy importante para los judíos, porque siendo Jesús el primogénito, o sea, el primer hijo, quedaba consagrado completamente a Dios (Éx.13,2). Y es que la Ley del Señor mandaba que el primer hijo fuera consagrado u ofrecido totalmente a Dios (Éx.13,12 y Éx. 34,19). Por eso Jesús, por ser el primogénito o primer hijo, ya desde su nacimiento quedaba ofrecido y consagrado totalmente al servicio de Dios. Eso y no otra cosa significa el Evangelio al decir que Jesús fue «primer hijo» (Primogénito) de la Virgen María. En ningún caso quiere decir el primero entre otros hermanos.
4º.- Por lo demás, el verdadero sentido de estos parentescos queda definitivamente aclarado en esta Obra de María Valtorta, al decirnos que José, esposo de la Virgen María, era hermano de Alfeo-Cleofás, casado con María de Alfeo-Cleofás. De este matrimonio de Alfeo y María de Alfeo son los cuatro hijos: Santiago, Judas Tadeo —ambos apóstoles de Jesús— José y Simón, que son llamados «hermanos» tanto en los Evangelios como en esta Obra de María Valtorta. Son, por tanto, primos de Jesús.
.  El mismo Jesús —en el episodio 2-100-129 de «El Evangelio como me ha sido revelado»—se refiere al uso del término  «tío» «tía» empleado por Él en el episodio anterior:  “Y digo, para los doctores de la argucia, que he usado el término «tío» y «tía», inusitado en las lenguas palestinas, para aclarar y definir una irrespetuosa cuestión sobre mi condición de Unigénito de María y sobre la Virginidad «pre» y «post» parto de mi Madre, quien me tuvo por espiritual y divino connubio y, repítase una vez más, no conoció otras uniones, ni tuvo otros partos; carne inviolada, la cual ni siquiera Yo laceré, cerrada sobre el misterio de un seno-tabernáculo, trono de la Trinidad y del Verbo Encarnado”.

n. 12.- El libre albedrío.- La doctrina del libre albedrío puede compendiarse de este modo:
1º.- Dios es quien da al hombre la libre voluntad, esto es, el libre albedrío, y lo respeta.
2º.- Dios es quien da al libre albedrío la fuerza de querer, y, con ayudas sobrenaturales, lo ayuda a querer el bien.
3º.- Pero el querer de hecho el bien o el mal depende del hombre, esto es, del libre albedrío que libremente escoge y va detrás del bien o del mal; mereciendo por el bien la vida eterna, y por el mal, el privarse de ella. Para convencerse que tal sea el genuino pensamiento de la Obra, baste recordar:
6-422-389.- En este episodio aparece un pequeño trozo de diálogo entre Jesús y Judas Iscariote. Jesús le dice: “…Yo soy Dios y respeto tu libre albedrío. Te daré las fuerzas para que llegues a «querer». Pero el no querer ser esclavo debe salir de ti”.
6-425-409.- En este lugar de esta Obra, Jesús dice: “Las dos monedas dadas por el Padre a todos los hijos antes de mandarlos al mundo son el tiempo y la libre voluntad… A todos, dones iguales. Pero cada hombre los usa como su voluntad quiere… así cada uno se ha construido su destino…. No malgastéis nunca las dos monedas; antes bien, usadlas con justicia para estar a la derecha del Padre, y, si habéis faltado, arrepentíos y tened fe en el misericordioso Amor”.
6-409-305.- Aquí le dice Jesús a Juan, miembro del Sanedrín: “Mucho has pecado, y debes trabajar por ti mismo para que te levantes. Los que Yo convierto han venido a Mí con voluntad decidida de llegar a ser nuevos, de verse libres. Ellos con sus solas fuerzas habían ya dado los primeros pasos de su redención. Por ejemplo Mateo, María Magdalena y otros más que con sus solas fuerzas habían dado ya los primeros pasos de su redención”.
6-428-434.- En este episodio se ofrece una breve y sumaria exposición de lo más sustancial de la doctrina del libre albedrío. En él se habla de la viña (alma) y de su cultivador (libre albedrío). ■ Jesús dice: “El hombre confía su viña sin cultivar a su trabajador, el libre arbitrio, y éste empieza a cultivarla. El alma, la viña, tiene, no obstante, voz, y se la hace oír al arbitrio. Una voz sobrenatural, nutrida de voces sobrenaturales que Dios no niega nunca a las almas: la del Ángel Custodio, la de los espíritus enviados por Dios, la de la Sabiduría, la de los recuerdos sobrenaturales que toda alma recuerda aun sin que el hombre tenga de ellos una conciencia completa. Y habla al arbitrio, con voz suave, incluso suplicante, para rogarle que la adorne con buenas plantas, y que sea activo y sabio para no hacer de ella un zarzal agreste, malo, venenoso. ■ Pero el libre albedrío no siempre es un buen cultivador; no siempre vigila la viña y la defiende con un seto infranqueable, o sea, con una voluntad firme y buena en actitud de defender al alma de ladrones y parásitos y de todas las cosas perniciosas. ¡Qué atención hay que tener para que no sea forzado! ¡Cuántas virtudes perecen por estar mezcladas con las sensualidades, por falta de cultivo, porque, en una palabra, el libre albedrío no está sostenido por el amor! ¡Cuántos ladrones entran a robar, a profanar, a devastar, porque la conciencia duerme en vez de velar, porque la voluntad se debilita y se corrompe, porque el libre albedrío se deja seducir y, siendo libre, se hace esclavo del Mal. ¡Fijaos. Dios le hace al albedrío libre, y éste se hace esclavo de las pasiones, del pecado, de las concupiscencias, en definitiva, del Mal! Soberbia, ira, avaricia, lujuria, primero mezcladas, luego triunfadoras sobre las plantas buenas… ¡Un desastre! Este es el estado de un alma que tiene como custodio y cultivador a un libre albedrío desordenado y vuelto hacia el Mal. ■ Mientras que el alma que tiene un libre albedrío que vive en el orden, y por tanto en la obediencia de la Ley —que ha sido dada para que el hombre sepa lo que es el orden, cómo es el orden y cómo se conserva—, y que es heroicamente fiel al Bien —porque el Bien eleva al hombre y le hace semejante a Dios, mientras que el Mal le afea y le hace semejante al demonio—, es una viña regada por las aguas puras, abundantes, útiles, de la fe, y adecuadamente sombreada por los árboles de la esperanza, y calentada por el sol de la caridad, corregida por la voluntad, abonada por la mortificación, ligada con la obediencia, podada por la fortaleza, conducida por la justicia, vigilada por la prudencia y por la conciencia. Y la gracia crece, ayudada por tantas cosas, crece la santidad, y la viña viene a ser un maravilloso jardín al que baja Dios a gustar sus delicias hasta que, conservándose la misma viña siempre como jardín perfecto, hasta la muerte de la criatura, Dios manda a sus ángeles que lleven esta realización de un libre albedrío, lleno de voluntad y bondad, al grande y eterno jardín de los Cielos. ■ Ciertamente, vosotros queréis este destino. Pues entonces velad para que el Demonio, el Mundo, la Carne no seduzcan a vuestro libre albedrío y devasten vuestra alma. Velad porque en vosotros haya amor, y no amor propio, que apaga el amor y arroja al alma a merced de las distintas sensualidades y del desorden. Velad hasta el final, y las tempestades podrán mojaros pero no dañaros, y, cargados de frutos, iréis a vuestro Señor para el premio eterno”´
4º.- De hecho Dios, que es amor, quiere siempre, promueve y ayuda a la redención de todos (1 Tim. 2,36-6); desde el momento en que el hombre libremente empieza a amar tal voluntad de Dios y a colaborar con ella, ha empezado de hecho a dar los primeros pasos para su redención.

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