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-Reencarnación (doctrina pitagórica) .

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El tema de “Salvación-Condenación”,  2ª parte,  comprende:
a)  Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
.         «El Evangelio como me ha sido revelado»
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b)  Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»
c) Dictados extraídos de las «Lecciones sobre la Epístola de San Pablo a los  Romanos»

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a)  Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
«El Evangelio como me ha sido revelado»
(«El Hombre-Dios»)
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7-494-422  (9-189-405).- La mujer adúltera  y la hipocresía de los acusadores (1).
* «Quien de vosotros esté sin pecado, que tire contra la mujer la primera piedra».- ■ Veo el interior del recinto de Templo, o más bien uno de los muchos patios rodeados de pórticos. Veo también a Jesús, el cual, muy arropado en su manto, que cubre su vestido de color rojo (parece hecho de lana gruesa), habla a la gente que le rodea. Yo diría que es una mañana invernal, porque veo que todos están muy envueltos en sus mantos; y que hace más bien frío, porque en vez de estar parados, todos caminan deprisa como para entrar en calor. Sopla viento, que agita los mantos y levanta el polvo de los patios. El grupo que rodea a Jesús —único grupo parado, mientras que todos los otros grupos, en torno a éste o a aquel maestro, van y vienen— se abre para dejar pasar a un pelotón de escribas y fariseos gesticulantes y  más venenosos que nunca. Lanzan veneno a través de los ojos, del color de la cara, por la boca. ¡Qué víboras! Más que traer, arrastran a una mujer de unos treinta años, despeinada, con sus vestidos desarreglados, como persona maltratada. La mujer llora. La arrojan a los pies de Jesús como si fuese un montón de andrajos o despojos de algún muerto. Y ella queda ahí, acurrucada, tirada por el suelo, apoyado el rostro en los dos brazos, oculto por éstos, que le sirven de defensa contra el suelo. “Maestro, ésta ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Su marido la amaba, nada le faltaba. Era la reina de su hogar. Pero le ha traicionado porque es una pecadora, una viciosa, una ingrata, una sacrílega. Es una adúltera y como a tal se la debe lapidar. Moisés lo prescribió (2). Manda en su Ley que tales mujeres sean lapidadas como inmundos animales. Y son inmundas. Porque traicionan la fidelidad y al hombre que las ama y las cuida, porque como tierra nunca saciada siempre están hambrientas de lujuria. Son peores que las meretrices, porque sin el aguijón de la necesidad se dan para dar alimento a su impudicia. Están corrompidas. Son contaminadoras. Deben ser condenadas a muerte. Moisés lo dijo. Y tú, Maestro, ¿qué dices de esto?”. ■ Jesús —que había dejado de hablar al llegar tumultuosos los fariseos y que había mirado a la jauría aviesa con mirada penetrante, y luego había bajado su mirada a la mujer humillada, arrojada a sus pies— calla. Se ha agachado, quedando en posición de sentado,  y con un dedo escribe en las piedras del patio, que el polvo levantado por el viento cubre de tierrilla. Ellos hablan y Él escribe. “Maestro, te estamos hablando. Escúchanos. Respóndenos. ¿No has entendido? Esta mujer fue sorprendida en flagrante adulterio. En su casa. En el lecho de su marido. Ella lo ha ensuciado con su pecado”.  Jesús continúa escribiendo. Un fariseo exclama: “¡Pero este hombre es un deficiente! ¿No veis que no comprende nada y que traza signos en el polvo como un pobre demente?”. E insisten: “Maestro, por tu buena reputación, habla. Que tu sabiduría responda a nuestra pregunta. Te repetimos: a esta mujer nada le faltaba; tenía vestidos, comida, amor; y ha traicionado”. Jesús continúa escribiendo. Y los fariseos vuelven a acusar: “Ha mentido al hombre que confiaba en ella. Su mentirosa boca le saludó al despedirse y con una sonrisa le acompañó hasta la puerta y luego introdujo a su amante. Y, mientras su marido estaba ausente para trabajar para ella, ella, como un animal inmundo, se echó en brazos de la lujuria”. Y se explican: “Maestro: es una profanadora de la Ley además del lecho nupcial; una rebelde, una sacrílega, una blasfema”. Jesús continúa escribiendo. Escribe y borra lo escrito con el pie calzado con sandalia; y escribe más allá, dando vuelta sobre Sí mismo buscando espacio nuevo. Parece un niño jugando. Pero lo que escribe no son palabras de juego. Ha ido escribiendo: «Usurero», «Falso», «Hijo irrespetuoso», «Fornicador», «Asesino», «Profanador de la Ley», «Ladrón», «Lujurioso», «Usurpador», «Marido y padre indigno», «Blasfemo», «Rebelde ante Dios», «Adúltero». Lo escribió una y otra vez mientras nuevos acusadores siguen hablando. Los fariseos apremian: “¡Pero, en fin, Maestro! Tu juicio. Esta mujer debe ser juzgada. No puede seguir contaminando la Tierra con su presencia. Su aliento es veneno que turba los corazones”. ■ Jesús se levanta ¡Pero qué rostro veo! Es algo así como si despidiese rayos que arrojase contra los acusadores. Tiene erguida la cabeza, que parece aún más alto. Perece un rey en su trono. Su severidad y majestad son indescriptibles. El manto se le ha descolgado de un hombro y forma detrás de Él una especie de cola; pero Él no se preocupa de ello. En su rostro es imposible descubrir la más mínima sonrisa. Fija sus ojos en la cara de esa gentuza, que se echa para atrás como frente a dos puñales puntiagudos. Mira fijamente a cada uno, con una tal intensidad de escudriñamiento que infunde miedo. Los mirados tratan de retroceder entre la gente y de esconderse entre ella. El círculo, así, se va ensanchando cada vez más y se va rompiendo como minado por una fuerza oculta. Hasta que habla: «Quien de vosotros esté sin pecado, que tire contra la mujer la primera piedra». Y su voz es un trueno acompañado de un aún más vivo centelleo de sus ojos. Jesús cruza los brazos sobre su pecho y así continua, derecho como un juez, esperando. Su mirada no da paz; escudriña, penetra, acusa. Primero uno, luego dos, después cinco, luego en grupos, los presentes se retiran cabizcaídos. No sólo los escribas y fariseos, sino también los que antes estaban alrededor de Jesús y otros que se le habían acercado para oír el juicio y la condena y que, tanto aquellos como éstos, se habían unido para injuriar a la culpable y pedir la lapidación. ■ Jesús queda solo con Pedro y Juan. No veo a los otros apóstoles. Jesús se ha puesto otra vez a escribir, mientras los acusadores huyen. Ahora escribe: «Fariseos», «Víboras», «Sepulcros de podredumbre», «Mentirosos», «Traidores», Enemigos de Dios», «Insultadores del Verbo»…
*  Jesús no condena a la adúltera pero ni la bendice ni le da la paz.- ■ Una vez que todo el patio se ha vaciado y se ha hecho gran silencio —a excepción del ruido del viento y el de la fuentecilla en un ángulo— Jesús levanta su cabeza, y mira. Ahora su rostro se ha calmado. Es un rostro triste, pero ya no enojado. Dirige una mirada a Pedro que se ha alejado un poco y se ha apoyado contra una columna; y también a Juan, que casi detrás de Jesús, le mira con su mirada enamorada. En sus ojos se dibuja una sonrisa al mirar a Pedro, y una sonrisa más marcada al mirar a Juan. Dos sonrisas distintas. ■ Luego mira a la mujer, todavía postrada y llorosa, a sus pies. La observa. Se alza, se coloca el manto, como si fuera a ponerse en camino. Hace una señal a los dos apóstoles para que se encaminen hacia la salida. Cuando está solo, llama a la mujer: “Mujer, escúchame. Mírame”. Repite la orden, porque ella no se atreve a levantar la cara. “Mujer, estamos solos. Mírame”. La desgraciada levanta una cara, a la que el llanto y el polvo han desfigurado. “¿Dónde están, mujer, los que te acusaban? Jesús habla en tono bajo, con seriedad compasiva; su rostro y cuerpo están ligeramente inclinados hacia el suelo, hacia esa miseria: Y sus ojos están llenos de una indulgente y sanadora expresión: “¿Nadie te ha condenado?”. La mujer, entre sollozos, responde: “Nadie, Maestro”. Jesús: “Y tampoco Yo te condeno. Vete. Y no peques más. Ve a tu casa. Procura que te perdone tu marido, que te perdone Dios. No abuses de la benignidad de Dios. Vete”. Y la ayuda a incorporarse tomándola de una mano. Pero no la bendice ni le da la paz. La mira mientras se pone en camino, cabizbaja, levemente tambaleante bajo el peso de su vergüenza; y luego, cuando ya no se la ve, Jesús se pone a su vez en camino con sus discípulos. (Escrito el 20 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  Ju.  8,1-11.   2  Nota  : Cfr.  Lev. 20,10;  Deut. 22,22-24.
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7-494-425 (9-190-408).- “Yo indico a la culpable el camino para  redimirse”.- El pecado contra natura.
* “No basta no hacer el mal, también hay que desear no hacerlo: Quien se complace en pensamientos de sensualidad y los enciende con lecturas… es tan impuro como el que los comete materialmente, e incluso más…”.- ■ Dice Jesús: “Lo que más me dolía era la falta de caridad y sinceridad en los acusadores. No mentían al acusarla. La mujer era realmente culpable, pero eran insinceros al escandalizarse de algo que ellos miles de veces habían cometido y que sólo una mayor astucia o su buena estrella habían permitido que quedase oculto. La mujer, era la primera vez que pecaba,  había sido menos astuta y menos afortunada. Pero ninguno de sus acusadores y acusadoras —porque también las mujeres, aunque no levantaban su voz, la acusaban en el fondo de su corazón— estaba libre de culpa. ■ Adúltero es el que pasa al acto y el que a él se inclina y lo desea con todas sus fuerzas. La lujuria existe tanto en quien peca como en quien desea pecar. No basta no hacer mal, es menester no desear hacerlo. Recuerda, María, la primera palabra de tu Maestro cuando te llamé desde el borde del precipicio en que estabas: «No basta no hacer el mal, también hay que no desear hacerlo». Quien se complace en pensamientos de sensualidad y enciende, con lecturas y espectáculos buscados de propósito y con costumbres malsanas, sensaciones de la carne, es tan impuro como el que comete materialmente la culpa. Me atrevo a decir: es mucho más culpable. Porque con el pensamiento va contra la naturaleza, además de contra la moral”.
.   ●  Pecado contra natura: su único atenuante es una enfermedad orgánica o psíquica.-Jesús: “No me refiero aquí a aquel que pasa a verdaderos actos contrarios a la naturaleza. El único atenuante de éste es una enfermedad orgánica o psíquica. El que no tiene este atenuante es diez veces inferior al animal más sucio y repugnante”.
.  ● “Para condenar con justicia se requeriría ausencia de toda culpa. Y, entre las muchas acusaciones contra aquellos fariseos, hubiera prevalecido la de «adúlteros» de  hecho o de deseo”.-  Jesús: “Para condenar con justicia se requeriría la ausencia de toda culpa. Os remito a dictados anteriores, cuando hablé de las condiciones para ser juez. No me eran desconocidos los corazones de aquellos fariseos y escribas; ni los de los que se habían unido a ellos en el ataque contra la culpable. Pecadores contra Dios y contra el prójimo, había en ellos culpas contra el culto, culpas contra sus padres, culpas contra el prójimo, culpas, y muy numerosas, contra sus esposas. Si, por un milagro, hubiese ordenado a su sangre escribir en su frente su pecado, entre las muchas acusaciones hubiera prevalecido la de «adúlteros» de  hecho o de deseo. Yo dije: «Lo que sale del corazón del hombre es lo que contamina al hombre». Y, aparte de mi corazón, no había ninguno entre los jueces que hubiese tenido su corazón incontaminado. Sin sinceridad ni caridad. Ni siquiera el hecho de ser semejantes a aquella mujer en el hambre concupiscente los llevaba a la caridad. Yo era el que tenía caridad con la humillada. Yo, el Único que habría debido sentir asco.  Pero acordaos de esto: «Que cuanto más bueno es uno, más compasivo es para con los culpables». No es indulgente con la culpa en sí misma. Eso no. Pero se compadece de los débiles que no pudieron resistir a la culpa”.
.  ● Tanto el afecto estúpido como el desatender los afectos son incentivo para adulterio y prostitución”.-Jesús: “¡El hombre! Más frágil que una caña y que una tierna florecilla, se puede doblar fácilmente a las tentaciones y ser movido a abrazarse a aquello en que espera encontrar confortación. Porque muchas veces la culpa se produce, especialmente en el sexo más débil, por esta búsqueda de confortación. Por esto Yo digo que quien carece de afecto hacia su mujer, y también hacia la propia hija, es en noventa de cien partes responsable de la culpa de su mujer o de su hija, por quienes responderá. Tanto el afecto estúpido —que es sólo una esclavitud estúpida de un hombre para con una mujer o de un padre para con una hija—, como el desatender los afectos —o, peor, una culpa de propia libídine que lleva a un marido a otros amores y a unos padres a otros cuidados que no son los hijos— son incentivo para adulterio y prostitución. Y, como tales, Yo los condeno. Sois seres dotados de razón y guiados por una ley divina y por una ley moral. Envilecerse, por tanto, hasta llevar una conducta de salvajes o de animales debería horrorizar a vuestra gran soberbia. Pero la soberbia, que, en este caso sería hasta útil, vosotros la tenéis para otras cosas muy distintas”.
.   ● Mi mirada fue distinta a Pedro y a Juan”.- ■ Jesús: “Miré a Pedro y a Juan de forma distinta, porque al primero, hombre, quise decirle: «Pedro, tampoco faltes tú a la caridad y a la sinceridad» y decirle también como a futuro pontífice mío: «Recuerda esta hora y juzga como tu Maestro en el futuro»; mientras que al segundo, joven en años, corazón de niño, le quise decir: «Tú puedes juzgar y no juzgas, porque tienes mi mismo corazón. Gracias, amado, porque eres tan mío que eres muy semejante a Mí». ■ Alejé a los dos antes de llamar a la mujer para no aumentar su mortificación con la presencia de dos testigos. Aprended, ¡hombres inmisericordes! Por más que uno sea culpable, hay que tratarle con respeto y caridad. No alegrarse de su aniquilamiento, ni ensañarse contra él, ni siquiera con miradas curiosas. ¡Piedad, piedad para el caído!”.
.   ● Por qué no le di ni la paz ni la bendición”.- Jesús: “Señalo a la culpable el camino que tiene que seguir para redimirse: volver a su casa, pedir humildemente perdón y obtenerlo con una vida honesta, no volver a ceder a las tentaciones de la carne, no abusar de la bondad divina y de la bondad humana, para no pagar después más duramente que entonces la dúplice o múltiple culpa. Dios perdona y perdona porque es la Bondad. Pero el hombre por más que Yo haya dicho: «Perdona a tu hermano setenta veces siete», no sabe perdonar dos veces. ■ No le di la paz ni la bendición, porque no existía en ella todavía aquella completa separación de su pecado, y ello se requiere para ser perdonados. Todavía no existía en su carne, y ni siquiera en su corazón, la náusea por el pecado. María de Magdala, al haber saboreado mi palabra, había experimentado repulsa por el pecado y había venido a Mí con la voluntad total de ser otra. En ésta otra había todavía vacilación entre las voces de la carne y las del espíritu. Y, además, en medio de la turbación del momento, no había podido poner todavía el hacha contra la raíz de su carne y cortarla para ir, mutilado su peso de avidez, al Reino de Dios; mutilado lo que significa destrucción, pero crecido en ella lo que significa salvación. ■ ¿Quieres saber si luego se salvó? No fui para todos Salvador. Quise serlo para todos, pero no lo fui, porque no todos tuvieron la voluntad de ser salvados. Y éste fue uno de los más penetrantes dardos en mi agonía del Getsemaní. Quédate en paz, María”. (Escrito el 20 de Marzo de 1944).
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 ———– (9-190-411).- “Aun en la muerte el seno de María es más dulce que la cuna. ¿Quién se atreverá a arrebatar de los brazos de María al moribundo?”.
* “Ella con sus caricias os guía mejor que Yo. Su tocar, un sello ante el que Satanás huye”.- ■ Dice Jesús a María Valtorta: “Quédate en paz, María de María, y no quieras volver a faltar más ni siquiera en las cosas más insignificantes. Bajo el manto de María no hay más que cosas puras. Recuérdalo. Un día María mi Madre te dijo: «Yo ruego con lágrimas a mi Hijo». Y en otra ocasión: «Dejo a mi Jesús el cuidado de que me amen… Cuando me amáis vengo. Y mi llegada siempre es alegría y salvación». ■ Mi Madre te ama. Te he entregado a ella. Más bien te llevé conmigo, porque sé que donde puedo obtener lo que quiero con mi autoridad, Ella os guía con sus caricias amorosas y os lleva mejor que Yo. Su tocar es un sello delante del que huye Satanás. Tienes ahora su hábito y si eres fiel a las oraciones de ambas Ordenes (1) medita diariamente sobre toda la vida de nuestra Madre. Sus alegrías, sus dolores son mis alegrías, mis dolores, porque desde el momento en que el Verbo se hizo Jesús en Ella,  me he alegrado y llorado por los mismos motivos que Ella”.
* Quien expira en Ella no oye más que los coros de las voces angelicales, no ve tinieblas sino los rayos de la Estrella matutina, no ve lágrimas sino su sonrisa”.-Jesús: “Mira, pues, que amar a María es amar a Jesús. Es amarle más fácilmente. Porque Yo te hago que lleves la cruz y te pongo sobre ella. Por el contrario, mi Madre te lleva a la cruz o está a los pies de la cruz para recibirte sobre el corazón que no sabe otra cosa más que amar. Aun en la muerte, el seno de María es más dulce que la cuna. Quien expira en Ella no oye más que las voces de los coros angelicales que vuelan alrededor de María. No ve tinieblas sino los rayos de la Estrella matutina. No ve lágrimas, sino su sonrisa. No conoce el miedo. ¿Quién se atreverá a arrebatar de nosotros, de los brazos de María al moribundo que amamos y que es nuestro? ■ No me des «gracias» a Mí. Dáselas a Ella que no ha querido acordarse de otra cosa, fuera del poco bien que has hecho y del amor que tienes por Mí y que por eso te quiere, para poner bajo sus pies, lo que tu buena voluntad no logra hacerlo. Grita: «¡Viva María!». Y quédate a sus pies, a  los pies de la Cruz. Te adornarás tu vestido con rubíes de mi Sangre y de perlas de su llanto. Tendrás un vestido de reina para entrar en mi Reino.  Quédate en paz. Te bendigo”. (Escrito el 20 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : Esto es, de la Orden de San Francisco y  de la Orden de los Siervos de María, de los cuales, con permiso de la Autoridad Eclesiástica, María  Valtorta es terciaria al mismo tiempo.
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7-495-427 (9-191-412).- Enseñanza a los apóstoles y discípulos acerca del perdón de los pecadores, tomando como tema el suceso de la mujer adúltera.
* “Esta mañana hice: Un perdón y una defensa. Salvé a la mujer, que había cometido adulterio, porque no había quien la lapidase… Ni siquiera Yo la lapidé. Habría sido justicia pero no misericordia. Por más que ni siquiera estaba arrepentida”.- ■ Jesús ha reunido a los diez apóstoles y a los discípulos principales en las faldas del Monte de los Olivos, cerca de la fuente de Siloán. Cuando ellos ven venir, a paso largo, a Jesús entre Pedro y Juan, van a su encuentro, y se juntan al pie de la fuente. Ordena Jesús: “Subimos al camino de Betania. Dejo la ciudad por un tiempo. En el camino os diré lo que debéis hacer”. Entre los discípulos están Mannaén y Timoneo, que, tranquilizados, han vuelto a tomar su lugar. También están Esteban y Hermas, Nicolás, Juan de Éfeso, Juan el sacerdote y en una palabra todos los más destacables por su sabiduría, además de los otros, sencillos pero muy activos por gracia de Dios y voluntad propia. Muchos le preguntan: “¿Te vas de la ciudad? ¿Te ha pasado algo?”. Jesús: “No. Pero hay otros lugares que me esperan…”. Siguen preguntando: “¿Qué has hecho esta mañana?”. Jesús: “He hablado… Los profetas… Una vez más. Pero no entienden…”. ■ Mateo pregunta: “¿Ningún milagro, Maestro?”. Jesús: “Ninguno. Un perdón. Y una defensa”. Mateo: “¿Quién era? ¿Quién ofendía?”. Jesús: “Unos que se creían sin pecado acusaron a una pecadora. La salvé”. Mateo: “Si era pecadora, tenían ellos razón”. Jesús: “En su cuerpo era realmente pecadora. Pero su alma… Muchas cosas podía deciros acerca de las almas. No llamo pecadores solo a aquellos cuya culpa es clara. Son también pecadores los que empujan a otros a pecar. Y su pecado es más astuto. Hacen al mismo tiempo la función de la Serpiente y del Pecador”. Mateo: “¿Qué había hecho la mujer?”. Jesús: “Había cometido adulterio”. Iscariote exclama: “¿Adulterio? ¿Y la salvaste? ¡No debiste!”. Jesús le mira detenidamente, luego le pregunta: “¿Por qué no debí?”.  Iscariote: “Pues porque… Te puede acarrear algún mal. Sabes bien cuánto te odian y que buscan acusaciones contra Ti. Ciertamente… Salvar a una adúltera es ir contra la Ley” (1). Jesús: “Yo no dije que la salvé. Dije a ellos que solo aquel que estuviese sin pecado lanzase la piedra contra ella. Y ninguno la lapidó porque ninguno estaba libre de pecado. Así pues confirmé la Ley que ordena la lapidación a los adúlteros; pero también salvé a la mujer porque no hubo nadie que la lapidase”. Iscariote: “Pero Tú…”. Jesús:  “¿Querías que la hubiera Yo lapidado? Habría podido, y hubiera sido un acto de justicia, pero no de misericordia”. ■ Iscariote: “¡Ah, se arrepintió! Te suplicó y Tú…”. Jesús: “No. No estaba ni siquiera arrepentida. Estaba solo humillada y llena de miedo”. Iscariote: “¿Pero entonces… por qué? ¡Cada vez te comprendo menos! Antes lograba comprender lo que habías hecho con una María Magdala, con Juan de Endor, en una palabra… con muchos peca…”. Mateo, con calma y dignidad, dice: “Dilo claro: con Mateo. No me lo tomo a mal. Es más, te agradezco que me ayudes a recordar mi deuda de gratitud para con mi Maestro”. Iscariote: “Bueno, también con Mateo… Pero ellos estaban arrepentidos de su pecado, de su vida licenciosa. ¡Pero ésta!… ¡Te comprendo cada vez menos! Y no soy el único que no te comprende…”. Jesús: “Lo sé. No me comprendes… Siempre me has comprendido poco. Y no has sido el único. Pero eso no cambia mi modo de obrar”. Iscariote: “El perdón se da a quien pide”. Jesús: “¡Oh, si Dios debiera dar el perdón solo a quien se lo pide! ¡Si debiera castigar inmediatamente a quien a la culpa no hace seguir el arrepentimiento! ¿Tú no te has sentido nunca perdonado antes de haberte arrepentido? ¿Puedes con certeza afirmar que te has arrepentido y que por eso has sido perdonado?”. Iscariote: “Maestro, yo…”.
* No fui insensato en el perdón: no he dicho lo que dije a otras almas a las que perdoné porque estaban del todo arrepentidas. Pero he dado manera y tiempo para llegar al arrepentimiento. Dos cosas son necesarias para ser verdaderos y dignos maestros…”.- ■ Jesús: “Escuchadme todos, porque muchos de vosotros pensáis que hice mal y que Judas tiene razón. Aquí están Pedro y Juan. Oyeron lo que dije a la mujer y lo pueden repetir. No fui un insensato en el perdón. No he dicho lo que dije a otras almas, a las que perdoné porque estaban del todo arrepentidas. Pero he dado manera y tiempo a esa alma de llegar al arrepentimiento y a la santidad, si se quiere alcanzar esas cosas. Recordadlo para cuando seáis maestros de las almas.  Dos cosas son necesarias para poder ser verdaderos maestros y dignos de ser maestros. Primera: llevar una vida austera respecto a nosotros mismos, de forma que podamos juzgar sin las hipocresías de condenar en los otros lo que a nosotros nos perdonamos. Segunda: una misericordia paciente para dar a las almas la forma de sanar y fortalecerse. No todas las almas se curan instantáneamente de sus heridas. Algunas lo hacen por etapas sucesivas, y a veces lentas y con riesgo de recaídas. Alejarlas, condenarlas, infundirles miedo, no es arte de un médico del espíritu. Si las alejáis de vosotros, volverán, por rechazo, a arrojarse a los brazos de falsos amigos y maestros. ■ Abrid siempre vuestros brazos y el corazón a las pobres almas. Que vean en vosotros a un verdadero y santo confidente, sobre cuyas rodillas no se avergüenzan de llorar. Si las condenáis y las priváis de las ayudas espirituales, cada vez más las haréis que se enfermen y se debiliten. Si les infundís temor en vosotros y en Dios, ¿cómo podrán levantar sus ojos a vosotros y a Dios? El hombre encuentra como primer juez al hombre. Solo el ser que vive espiritualmente sabe encontrar primero a Dios. Pero la criatura que ya ha logrado vivir espiritualmente no cae en culpa grave. Su parte humana puede todavía tener debilidades, pero su espíritu robusto vigila y las debilidades no pasan a ser culpas graves. Mientras que el hombre, que todavía es mucho carne y sangre, peca, y encuentra al hombre. Ahora bien, si el hombre que debe señalarle a Dios y formar su alma, le infunde miedo, ¿cómo puede el culpable confiar en él? ¿Y cómo puede decir: «Me humillo porque creo que Dios es bueno y que perdona» si ve que uno que es como él no es bueno? ■ Vosotros debéis ser el término de la comparación, la medida de lo que es Dios, de la misma forma que un céntimo es la parte de lo que hace un millón. Pero si  vosotros —pequeños, que sois una parte del Infinito y lo representáis— sois crueles con las almas, ¿qué creerán ellas, entonces, que es Dios? ¿No pensarán acaso que Él es duro e intransigente? ■ Judas, tú que juzgas con severidad, si en este momento te dijese: «Te voy a denunciar al Sanedrín por práctica de magia…»”. Iscariote: “¡Señor, no lo harías! Sería… sería… Tú sabes que es…”. Jesús: “Sé y no sé. Pero ves que inmediatamente invocas piedad sobre ti… y tú sabes que ellos no te condenarían porque…”. Iscariote, muy agitado, interrumpiendo a Jesús: “¿Qué insinúas, Maestro? ¿Por qué dices esto?”. Con tono muy tranquilo, pero con ojos que atraviesan el corazón de Judas, y al mismo tiempo para calmar a su apóstol agitado sobre quien convergen todas las miradas de los once apóstoles y de muchos discípulos, Jesús dice: “Pues porque ellos te aman. Tienes buenos amigos allá dentro. Lo has dicho muchas veces”. Judas da un suspiro de alivio, se seca el sudor, un sudor extraño porque el día está frío y sopla viento. Dice: “Es verdad. Viejos amigos. Pero no creo que si pecase…”. Jesús: “¿Y entonces pides piedad?”. Iscariote: “Ciertamente. Soy todavía imperfecto y quiero ser perfecto”. Jesús: “Tú lo has dicho. También aquella mujer es muy imperfecta. Le he dado tiempo para que sea buena, si quiere”. Judas no replica. (Escrito el 17 de Septiembre de 1946).
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1  Nota  :  Cfr. Lev. 20,10; Deut. 22,22-24.
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(<Jesús ha pasado por las tierras de Emmaús de la montaña, de Beterón, y se dirige hacia Gabaón>)
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8-515-109 (9-212-539).- Por qué Él, inocente de todo pecado, debe sufrir tanto.- En el principio del dolor hay una desobediencia.- “Todo hombre puede llegar a la verdad: pero la soberbia y la perversión de la carne hacen desviar de Dios y ahogar la voz de la conciencia”.
* Razones del dolor salvífico de Jesús.
.   ● Diversos puntos de vista, al respecto, expresados por los apóstoles.- ■ Jesús no dispone de mucho tiempo para estar con sus pensamientos. Juan y su primo Santiago, después Pedro y Simón Zelote, le alcanzan y atraen su atención hacia el panorama que se ve desde lo alto del monte. Y, quizás con intención de distraerle, porque está visiblemente triste, evocan hechos acontecidos en esos lugares que se muestran a sus ojos… Sí, son cosas, todas ellas, que tienen intención de alegrar… pero que contienen, para todos o para Él solo, un hilo de tristeza y un recuerdo de dolor. ■ Caen en la cuenta los mismos apóstoles y murmuran: “Verdaderamente que en todas las cosas de la Tierra se encuentra el dolor. Es un lugar de expiación…”. Pero, justamente, Andrés, que se ha unido al grupo con Santiago de Zebedeo, observa: “Es ley justa para nosotros los pecadores, pero para Él ¿por qué tanto dolor?”. Surge una discusión amigable, y sigue así también cuando, atraídos por las palabras de los primeros, que hablan en tono alto, se unen al grupo todos los otros. Menos Judas Iscariote que está ocupadísimo con algunas personas modestas —a las cuales está enseñando—, imitando al Maestro en la voz, en el gesto, en las ideas. Pero es una imitación teatral, pomposa, falta del calor del convencimiento. Y los que le escuchan se lo dicen, incluso sin rodeos, lo que pone nervioso a Judas, que les echa en cara el ser obtusos y el que no comprendan nada por eso. Y Judas declara que los deja porque «no es justo arrojar perlas de la sabiduría a los cerdos». Pero se detiene, porque esta gente sencilla, mortificada, le ruega que sea indulgente, confesándose «inferiores a él, como un animal es inferior a un hombre». ■ Jesús está distraído de lo que dicen en torno a Él los once, para escuchar lo que dice Judas; y, ciertamente, no le agrada lo que oye… Suspira y se queda callado hasta que Bartolomé directamente le llama la atención señalándole los diversos puntos de vista de por qué Él, que es inocente de todo pecado, debe sufrir. Dice: “Yo sostengo que esto sucede porque el hombre odia a quien es bueno. Hablo del hombre culpable, o sea, de la mayoría. Y esta mayoría comprende que, comparada con quien está libre de pecado, resaltan aún más su culpabilidad y sus vicios, y por rabia se venga haciendo sufrir al bueno”. Judas Tadeo dice: “Yo, sin embargo, sostengo que sufres por el contraste entre tu perfección y nuestra miseria. Aunque ninguno te despreciase en ningún modo, igualmente sufrirías, porque tu perfección debe sentir una dolorosa repulsa de los pecados de los hombres”. Mateo dice: “Yo, por el contrario, sostengo que Tú, no careciendo de humanidad, sufres por el esfuerzo de deber dominar con tu parte sobrenatural los impulsos de tu humanidad contra tus enemigos”. Andrés dice: “Yo, que sin duda me equivoco por ser un ignorante, afirmo que sufres porque tu amor es rechazado. No sufres porque no puedas castigar como tu lado humano puede desear, sino que sufres por no poder hacer el bien como querrías”. Zelote dice: “Bueno. Yo aseguro que sufres porque debes padecer todo el dolor para redimir todo el dolor. No predominando en Ti una u otra naturaleza, sino estando igualmente estas dos naturalezas tuyas en Ti, fundidas, con un perfecto equilibrio, para formar la Víctima perfecta (tan sobrenatural, que puede ser válida para aplacar la ofensa hecha a la Divinidad; tan humana, que puede representar a la Humanidad y llevarla de nuevo al estado inmaculado del primer Adán, para anular el pasado y engendrar una nueva Humanidad; volver a crear una humanidad nueva, conforme al pensamiento de Dios, o sea, una humanidad en que esté realmente la imagen y semejanza de Dios y el destino del hombre: la posesión, el poder aspirar a la posesión de Dios, en su Reino),  debes sufrir sobrenaturalmente, y sufres, por todo lo que ves hacer y por lo que te rodea —podría decir— con perpetua ofensa a Dios, y debes sufrir humanamente, y sufres, para arrancar las inclinaciones perversas de nuestra carne que envenenó Satanás. Con el sufrimiento completo de tus dos naturalezas perfectas borrarás completamente la Ofensa hecha a Dios, la culpa del hombre”. ■ Los otros callan. Jesús pregunta: “¿Y vosotros no decís nada? ¿Cuál es según vosotros la mejor opinión?”. Unos dicen que ésta, otros aquélla. Santiago de Alfeo y Juan no dicen nada. Jesús, para hacerlos hablar, les dice: “¿Y vosotros dos? ¿No os gustó ninguna?”. Santiago de Alfeo dice: “Sí. En cada una de ellos encontramos algo de verdad. Mejor dicho, mucho de verdad. Pero nos parece que todavía falta que se diga la verdad completa”. Jesús: “¿Y no podéis encontrarla?”. Santiago de Alfeo: “Tal vez Juan y yo la hemos encontrado. Pero nos parece casi una blasfemia el decirla, porque… Somos buenos israelitas y tememos tanto a Dios que no nos atrevemos a pronunciar su Nombre. Y el pensar que, si el hombre del pueblo elegido, el hombre hijo de Dios, no se atreve a pronunciar casi el Nombre bendito y crea nombres sustitutivos para nombrar a su Dios, el que pueda Satanás atreverse a hacer daño a Dios, nos parece un pensamiento blasfemo. Y, con todo, vemos que el dolor siempre es activo en Ti porque Tú eres Dios y Satanás te odia. Te odia como ningún otro. Te topas con el odio, hermano mío, porque eres Dios”. Juan dice: “Sí, te topas con el odio porque eres el Amor. No son los fariseos, ni los rabinos, ni esto o aquello, los que te causan dolor. Sino que es el Odio el que se apodera de los hombres y los lanza contra Ti,  ciegos de odio, porque con tu amor le arrancas muchas presas al Odio”.
.   ●  A las muchas definiciones, en las que hay algo de verdad, falta la razón principal: en el principio del dolor hay una desobediencia. Satanás fue expulsado del Cielo por haberse rebelado contra Dios: por no obedecer. Satanás fue el que echó a perder el corazón del hombre. Por ser muy envidioso: no pudo soportar que el hombre fuese destinado al Cielo del que él fue expulsado. Es lógico que para restablecer el orden debe haber una obediencia perfecta. Obedecer es difícil, sobre todo si se trata de una materia tan grave. Lo difícil causa dolor a aquel que lo lleva a cabo.- ■Jesús, insistiendo, dice: “A las muchas definiciones les falta todavía una cosa. Buscad la razón verdadera por la que soy…”. Pero nadie encuentra algo más que añadir. Piensan y piensan. Se rinden diciendo: “No encontramos nada más…”. Jesús: “Es muy sencillo. Está ante los ojos. Resuena en las palabras de nuestros Libros, en las figuras de nuestras narraciones… ¡Ea, buscad! En todo lo que habéis dicho hay algo de verdad, pero falta la razón principal. Buscadla no en el momento actual, sino en el pasado, más allá de los profetas, más allá de los patriarcas, más allá de la creación del Universo…”. Los apóstoles piensan, pero… no encuentran. Jesús sonríe. Luego dice: “Si os acordareis de mis palabras, encontraríais la razón. Pero no podéis hacerlo por ahora. Eso sí, un día la recordaréis. Escuchad. Atravesemos la corriente de los siglos, hasta más allá de los límites del  tiempo. Vosotros sabéis quién fue el que echó a perder el corazón del hombre. Fue Satanás, la Serpiente, el Adversario, el Enemigo, el Odio. Llamadlo como queráis. Pero, ¿por qué le echó a perder? Por ser muy envidioso (1); no pudo soportar que el hombre fuese destinado al Cielo del que había sido él expulsado. ¿Por qué fue expulsado? Por haberse rebelado contra Dios. Esto lo sabéis. ¿En qué se rebeló? No obedeciendo. ■ En el principio del dolor hay una desobediencia. ¿No es pues lógico que, lo que restablezca el orden, que es siempre alegría, sea una obediencia perfecta? Obedecer es difícil, sobre todo si se trata de una materia grave. Lo difícil causa dolor a aquel que lo lleva a cabo. Pensad, pues, si Yo, a quien el Amor solicitó si quería devolver la alegría a los hijos de Dios, no tendré que sufrir infinitamente para cumplir la obediencia al Pensamiento de Dios. Yo, debo, pues, sufrir, para vencer, para borrar no uno o mil pecados, sino el propio Pecado por excelencia que, en el espíritu angélico de Lucifer o en el que animaba a Adán, fue y será siempre, hasta el último hombre, pecado de desobediencia a Dios. ■ Vosotros debéis obedecer limitadamente a eso poco –os parece mucho, pero es muy poco– requerido por Dios, que, en su justicia, os pide solamente aquello que podéis dar. Vosotros, de lo que Dios quiere, conocéis solamente lo que podéis cumplir. Pero Yo conozco todo su Pensamiento, respecto de los grandes y pequeños acontecimientos. Yo no tengo puestos límites en el conocimiento ni en la ejecución. El Sacrificador amoroso, el Abraham divino (2), no perdona a su Víctima e Hijo suyo. Es el Amor no satisfecho y ofendido el que exige reparación y ofrecimiento. Y, aunque viviese millares de años, nada sería, si no consumara el Hombre hasta la última fibra; de la misma forma que nada habría sido, si ab eterno no hubiese dicho Yo «sí» a mi Padre, disponiéndome a obedecer como Dios Hijo y como Hombre, en el momento que mi Padre considerara oportuno”.
* “Si la caridad es la virtud en que uno encuentra al Dios Uno y Trino, la obediencia es la virtud en que soy hallado”.-Jesús: “La obediencia es dolor y es gloria. La obediencia, como el espíritu, jamás muere. En verdad os digo que los verdaderos obedientes serán dioses, pero después de una lucha continua contra sí mismo, contra el mundo, contra Satanás. La obediencia es luz: cuanto más se es obediente, más luminoso se es y más se ve. La obediencia es paciencia: y, cuanto más se es obediente, más se soportan las cosas y a las personas. La obediencia es humildad: y, cuanto más obediente se es, más humilde se es para con nuestro prójimo. La obediencia es caridad, porque es un acto de amor: y, cuanto más obediente se es, más numerosos y perfectos son los actos. La obediencia es heroísmo. Y el héroe del espíritu es el santo, el ciudadano de los Cielos, el hombre divinizado. ■ Si la caridad es la virtud en que uno encuentra al Dios Uno y Trino, la obediencia es la virtud en que soy hallado Yo, vuestro Maestro. Haced que el mundo os reconozca como mis discípulos por una obediencia absoluta a todo lo santo. Llamad a Judas. Tengo que decirle algo también a él…”.
* Para los futuros maestros del espíritu una pequeña parábola: tanto más se ve cuanto más se sube y tanto menos cuanto más se baja.- ■ Judas acude. Jesús señala el panorama que se empequeñece a medida que bajan. Dice: “Os voy a proponer una pequeña parábola a vosotros, futuros maestros del espíritu. Cuanto más subáis por el camino de la perfección, que es arduo y penoso, más veréis. Antes veíamos las dos llanuras: la filistea y la de Sarón, con sus muchos pueblos y campos y huertas, e incluso un azul lejano, que era el gran mar, y el Carmelo verde allá en el fondo. Ahora no vemos más que un poco. El horizonte se ha reducido y seguirá reduciéndose, hasta desaparecer cuando lleguemos a la llanura. Lo mismo sucede con quien baja en el espíritu, en vez de subir. Su virtud y su sabiduría se van haciendo cada vez más limitadas, y restringido su modo de juzgar, hasta que desaparecen. En ese momento,  un maestro de espíritu ha muerto en orden a su misión. No es capaz de discernir ni de guiar. Es un cadáver y, de la misma manera que se ha corrompido, puede corromper. La bajada, algunas veces, es estimulante, casi siempre lo es, porque abajo hay satisfacción de los apetitos. También nosotros bajamos al valle para encontrar descanso y comida. Pero, si ello es necesario para nuestro cuerpo, no es necesario satisfacer los apetitos de la carne y la desgana del espíritu,  bajando a los valles de la sensualidad moral y espiritual. ■ Solo en un valle es permitido poner pie: en el de la humildad. Y es porque a éste el mismo Dios desciende a raptar al espíritu humilde para elevarle hasta Él. Quien se humilla será exaltado. Cualquier otro valle es letal, porque aleja del Cielo”. Iscariote dice: “¿Para esto me llamaste, Maestro?”. Jesús: “Para esto. Has hablado mucho con los que te hacían preguntas”. Iscariote: “Sí, pero no vale la pena. Son más duros de cabeza que unos mulos”. Jesús: “Y Yo he querido depositar un pensamiento donde todo quede reflejado. Para que puedas nutrir tu espíritu”.  Judas le mira confundido. No sabe si es una alabanza o un regaño. Los otros, que no habían oído la conversación de Judas con los seguidores, no comprenden que Jesús está reprendiendo a Judas su soberbia.
 Todo hombre puede llegar a la Verdad (Dios). Obstáculos: soberbia de mente y depravación de la carne, que les hace ahogar y alterar la voz de su conciencia.- ■ Y Judas piensa que es mejor desviar la conversación por otros caminos. Y pregunta a Jesús: “Maestro ¿qué piensas? ¿Esos romanos, como el hombre de Petra, que han tenido un contacto muy limitado contigo, podrán llegar alguna vez a tu doctrina? ¿Y aquel Alejandro? Se fue… no lo volveremos a ver. También éstos. Se puede decir que en ellos existe un instinto para buscar la verdad, pero están sumergidos hasta el cuello en su paganismo. ¿Lograrán alguna vez llegar a decidirse por alguna cosa buena?”. Jesús: “¿Quieres decir encontrar la Verdad?”. Iscariote: “Eso es Maestro”. Jesús: “¿Y por qué no iban lograrlo?”. Iscariote: “Porque son pecadores”. Jesús: “¿Sólo ellos son pecadores? ¿Entre nosotros no hay pecadores?”. Iscariote: “Muchos, lo admito. Pero precisamente lo que yo digo es que si nosotros, alimentados con la sabiduría y verdad seculares, somos pecadores y no logramos hacernos justos y seguidores de la Verdad que representas, ¿cómo podrán lograr ellos, si están repletos de impurezas?”. Jesús: “Todos los hombres, cualquiera que fuera el punto del que partieran, pueden llegar a poseer la Verdad, esto es, a Dios. Cuando no haya soberbia en la mente ni depravación de la carne, sino búsqueda sincera de la Verdad y de la Luz, pureza de finalidad y anhelo de Dios, cualquier hombre está ya en el camino de Dios”. ■ Iscariote repite: “Soberbia de la mente… depravación de la carne… Maestro… entonces…”. Jesús: “Continúa tu pensamiento, que es bueno…”. Judas Iscariote elude y tergiversa todo, y concluye: “Luego ellos no podrán alcanzar a Dios, porque son depravados”. Jesús: “No era esto lo que querías decir, Judas. ¿Por qué has tergiversado tu pensamiento y tu conciencia? ¡Oh, cuán difícil es que el hombre suba a Dios! El obstáculo se encuentra en sí mismo que no quiere confesar y reflexionar sobre sí mismo y sus defectos. Es verdad también que muchas veces se calumnia a Satanás, echando sobre él la culpa de cualquier ruina espiritual. Y mucho más calumniado lo es Dios a quien se achaca todo lo que sucede. Dios no viola la libertad del hombre. Satanás no puede vencer una voluntad firme en el bien. ■ En verdad os digo que setenta veces sobre cien el hombre peca por su voluntad. Y —no se tiene esto en cuenta, pero es así— y no se levanta de su pecado porque evita el examinarse. Y cuando la conciencia, con imprevisto impulso, se yergue dentro de él y le grita las verdades que él no ha querido meditar, el hombre ahoga ese grito, borra esa figura que, severa y dolorosa, se yergue ante su inteligencia, modifica con esfuerzo su pensamiento influido por la voz acusadora, y no quiere decir, por ejemplo: «Pero entonces nosotros, yo, no podemos alcanzar la Verdad porque tenemos soberbia en la inteligencia y corrupción en la carne». Sí, en verdad, en nuestro pueblo no se camina hacia la senda de Dios, porque en nuestro pueblo hay soberbia de inteligencia y corrupción de la carne. Una soberbia que es verdaderamente imitadora de la satánica, tanto que se juzgan u obstaculizan las acciones de Dios, cuando son contrarias a los intereses de los hombres y de los partidos. Y este pecado hará que muchos de Israel se condenen”. Iscariote: “Pero no todos somos así”. Jesús: “Es verdad. Hay corazones buenos todavía, y en todas las clases sociales. Más numerosos los hay entre la gente humilde del pueblo que entre los doctos y ricos. Pero sí los hay. ¿Cuántos? ¿Cuántos, teniendo en cuenta este pueblo de Palestina al que ya hace casi tres años que evangelizo y hago bien y por el cual muero? Se ven más estrellas en un cielo nublado que en Israel corazones deseosos de venir a mi Reino”.
Cuando digan «no» a Dios y a sus hermanos que los quieren salvar, y se echen en brazos de Satanás, muriendo impenitentes, bajemos la cabeza y ofrezcamos a Dios nuestro dolor por no haberle dado el gozo de haber salvado”. ■  Iscariote: “¿Y los gentiles, esos gentiles entrarán?”. Jesús: “No todos, pero sí muchos. También entre mis discípulos no todos perseverarán hasta el fin. Pero no nos preocupemos de la fruta podrida que cae de las ramas. Procuremos con la dulzura, con la  firmeza, con la recriminación y el perdón, con paciencia y caridad, que no se echen a perder. Cuando digan «no» a Dios y a sus hermanos que los quieren salvar, y se echen en brazos de la muerte, de Satanás, muriendo impenitentes, bajemos la cabeza y ofrezcamos a Dios nuestro dolor por no haberle dado el gozo de haber salvado esa alma. Cualquier maestro conoce estas derrotas. Y sirven también, para tener mortificado el orgullo de maestro de las almas y para probar su constancia en el ministerio. ■ La derrota no debe detener la voluntad del educador de espíritu, antes bien espolearlo a hacer en lo futuro más y mejor”. (Escrito el 18 de Octubre de 1946).
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1  Nota  : Cfr. Sab. 2,23-24.   2  Nota  : Gén. 22.
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8-516-116 (9-213-546).- Salomón pidió la Sabiduría y no los bienes materiales: petición justa. La acción buena de Salomón,  hecha antes del pecado, permanece activa y sirve para el perdón.
*  La sabiduría de Salomón.- ■ En primavera, verano y otoño, Gabaón, situada sobre la cima de una colina en medio de una fertilísima llanura, debe ser una ciudad atractiva, aireada y con un bellísimo panorama. Sus blancas casas están escondidas casi entre el follaje de los árboles —de todas clases— de hoja perenne, que están mezclados con árboles desnudos ahora por la estación del año, pero que en la estación propicia transformarán la colina en una nube de ligeros pétalos y, más tarde, en exhuberancia de frutas. Ahora, con el tono gris del invierno, se ven por sus laderas vides sin hojas y olivos grises, o bien salpicadas de huertos, donde solo se ven desnudos troncos de árboles. Y con todo, es hermosa y bien aireada. ■ Jesús va a una gran cisterna o pozo que me trae a la memoria el de la Samaritana o el de En Rogel, y mucho más, los depósitos cercanos a Hebrón. Hay mucha gente allí, unos se apresuran a sacar agua suficiente para el sábado, que está ya cerca; otros se dan prisa en terminar sus últimos quehaceres; otros, habiendo ya terminado sus ocupaciones, se entregan al descanso sabático. En medio de ellos están los ocho apóstoles que anuncian al Maestro y que han tenido éxito porque veo que se reúnen en torno a ellos enfermos, mendigos y gente que sale de las casas. Cuando Jesús llega donde está la cisterna, se forma un murmullo que se transforma en un grito unánime: “¡Hosanna, hosanna! ¡Entre nosotros está el Hijo de David! ¡Bendita la Sabiduría que viene al lugar donde fue invocada!”. Y Jesús: “Benditos vosotros que sabéis acogerla. ¡Paz, paz y bendición!”. E inmediatamente se dirige hacia los enfermos y los paralíticos, por desgracias o enfermedades, hacia los ciegos que nunca faltan o que están en camino de serlo, y los cura. ■ Qué hermoso es el milagro que se realiza en un niño mudo que su madre presenta a Jesús y que le cura al darle un beso en la boca, y después el niño repite los bellos nombres de: «¡Jesús! ¡María!». Y desde los brazos en los que tenía su madre se echa en los de Jesús, apretándose al cuello, hasta que Jesús le devuelve a su feliz madre que explica a Jesús cómo este primogénito, destinado desde antes que naciera, en el corazón de sus padres, para ser levita, podrá serlo ahora que no tiene ya defecto alguno: “Mi esposo Joaquín y yo no le habíamos pedido al Señor para nosotros, sino para que le sirviera a Él. Y no he pedido para él la palabra para que me llamase madre y me dijera que me ama. Sus ojos y sus besos ya me lo decían. Pedía el milagro, para que pudiera,  cordero sin defecto, ser consagrado enteramente al Señor y alabar su Nombre”. A lo cual Jesús le responde: “El Señor oía las palabras de tu corazón, porque Él, cual una madre, hace de los sentimientos palabras y actos. Pero bueno ha sido tu deseo y el Altísimo lo ha acogido. Ahora esfuérzate en educar a tu hijo para la alabanza perfecta, para que sirva siempre con perfección al Señor”. La madre del niño dice: “Sí, Rabí. Pero ¿qué debo hacer?”. Jesús: “Haz que ame al Señor Dios con todo su ser y espontáneamente florecerá en su corazón la alabanza perfecta y será perfecto en el servicio de Dios”. ■ Un gabaonita, de majestuoso aspecto, abriéndose paso hasta donde está Jesús, le dice: “Has dicho bien, Rabí. La sabiduría está en tus labios. Háblanos a todos nosotros, te lo ruego”. E invita para que vaya a la sinagoga.  Él es el sinagogo. Jesús, seguido de todos, se dirige hacia ella, y dado que es imposible hacer que entren todos los de la ciudad, mas los que ya estaban con Él, acepta el consejo del sinagogo de hablar desde la terraza de su casa, contigua a la sinagoga. Es una casa ancha y baja, fajada por dos lados por un cercado de verdes jazmines.  Y la voz de Jesús, potente y armoniosa, se expande en el aire apacible de la tarde que declina, y se propaga por la plaza y por las  tres calles que en ella desembocan, mientras un pequeño mar de cabezas está con la cara alzada escuchando. “La mujer de vuestra ciudad que ha pedido la palabra para su hijo, no por un deseo de oír de los labios de su hijo dulces palabras, sino que pudiese entrar al servicio de Dios, me recuerda otras palabras, ya lejanas, brotadas de los labios de un gran hombre en esta ciudad. Dios escuchó aquella petición como la de esta mujer, porque en ambas encontró una petición de justicia, cosa que debería haber en todas las plegarias para que Dios las acoja y las conceda. ■ ¿Qué cosa es necesaria, durante la vida, para obtener después el premio eterno, la verdadera Vida eterna feliz? Ante todo amar al Señor con todo el ser y al prójimo como a uno mismo. Esto es lo más necesario para tener a Dios como amigo, y para alcanzar de Él las gracias y bendiciones. Cuando Salomón, hecho rey después de la muerte de David, asumió de hecho el reino, subió a esta ciudad y ofreció un gran sacrificio de víctimas. Y en esa noche el Altísimo se le apareció y le dijo: «Pídeme lo que desees de Mí» (1) Gran benignidad por parte de Dios. Gran prueba por parte del hombre. Porque a todo don le corresponde una gran responsabilidad por parte de quien lo recibe, responsabilidad que es tanto mayor cuanto mayor es el don. Y ésta es una prueba del grado de formación alcanzada por el espíritu. Si un espíritu, favorecido por Dios, en lugar de perfeccionarse, desciende hacia la materialidad, ha fallado la prueba y muestra con esto su no formación o su parcial formación. ■ Hay dos cosas que son índice del valor espiritual del hombre: su modo de comportarse en la alegría y el modo de comportarse en el dolor. Sólo el que está formado en la justicia sabe ser humilde en la gloria, fiel en la alegría, agradecido y constante aun después de haber recibido algo, aun cuando no desea ya nada más. Y solo el que es realmente santo sabe ser paciente y perseverante en su amor para con Dios cuando las penas se ensañan con él.”
* Las buenas acciones —aunque parezcan pasadas, y por tanto  se pueda pensar que ya no estimulan en nosotros  y crean nuevos estímulos y fuerzas para las cosas buenas— están  siempre activas. Así, una buena acción, hecha antes del pecado permanece,  y sirve para el perdón, con la condición de que el pecador, después de su falta, se arrepienta”.- ■ Uno de Gabaón dice: “Maestro, ¿puedo hacerte una pregunta? Es verdad todo lo que has dicho. Y, si he entendido bien, quisiste decir que Salomón superó felizmente la prueba. Pero luego pecó. Respóndeme ahora: ¿por qué Dios le favoreció tanto si luego iba a pecar? (2). Sin duda, el Señor conocía el futuro pecado del rey. ¿Y entonces, por qué le dijo: «Pídeme lo que quieras»? ¿Fue un bien o un mal?”. Jesús: “Fue siempre un bien, porque Dios no comete acciones malas”. Gabaonita: “Pero acabas de decir que a todo don corresponde una responsabilidad. Ahora bien, al haber Salomón pedido y alcanzado la sabiduría…”. Jesús: “Tenía la responsabilidad de ser sabio y no lo fue, quieres decir. Tienes razón. Yo te digo que ciertamente esta falta suya respecto a la sabiduría fue castigada, y con justicia. Pero el acto de Dios de concederle la sabiduría que había pedido fue bueno. Como también fue bueno el acto de Salomón de pedir la sabiduría y no otras cosas materiales. Y, puesto que Dios es Padre y es Justicia, en el momento del error buena parte del error le perdonó, porque tuvo presente que el pecador en el pasado había amado la Sabiduría más que a ninguna otra cosa o criatura. Un acto habrá disminuido el otro acto. Una buena acción hecha antes del pecado permanece, y sirve para el perdón, con la condición de que el pecador, después de la falta, se arrepienta. ■ Por eso os digo que no dejéis escapar ocasión de hacer acciones buenas, que sirvan como monedas para pagar vuestros pecados, cuando por gracia de Dios, os arrepentís de ellos. Las buenas acciones —aunque parezcan pasadas, y por tanto se pueda pensar erróneamente que ya no estimulan en nosotros y crean nuevos estímulos y fuerzas para las cosas buenas— están siempre activas, aunque solo sea con el recuerdo que resurge desde el fondo de un alma humillada y suscita una añoranza del tiempo en que la persona era buena. Y la añoranza con frecuencia es un primer paso por el camino del regreso a la Justicia. He dicho que incluso un vaso de agua dado con amor a un sediento no queda sin premio. Un sorbo de agua no es nada, en cuanto al valor material, pero la caridad le hace grande. Y no queda sin premio. Algunas veces el premio puede significar regreso al Bien que se forma con el recuerdo de esa acción, de las palabras del hermano sediento, de los sentimientos del corazón que se tuvieron en aquélla ocasión, de ese corazón que daba de beber en nombre de Dios y por amor. Y entonces Dios, por sucesión de recuerdos, vuelve, como un sol que renace después de la oscura noche, para brillar en el horizonte de un pobre corazón que lo perdió y que, fascinado por su inefable Presencia, se humilla y grita: «¡Padre, he pecado! Perdóname. Te amo de nuevo»”.
* El amor a Dios es la sabiduría de las sabidurías”.- ■  Jesús: “El amor a Dios es  Sabiduría. Es la sabiduría de las sabidurías, porque quien ama conoce todo, posee todo. Aquí, mientras la tarde cae y el viento vespertino hace tiritar a los cuerpos arropados y agita las antorchas que habéis encendido, no os repito lo que sabéis: los puntos del Libro sapiencial donde se describe cómo obtuvo Salomón la sabiduría y la oración que pronunció para alcanzarla. Pero, como recuerdo mío, para ir por un sendero seguro, para tener luz de guía, os exhorto a que meditéis con vuestro sinagogo esas páginas. El Libro de la Sabiduría debería ser un manual de la vida espiritual. Como mano materna os debería guiaros —e introduciros en él— al perfecto conocimiento de las virtudes y de mi doctrina. Porque la Sabiduría me prepara los caminos y hace de los hombres «seres de corta vida e incapaces de comprender los juicios y las leyes, siervos e hijos de siervas de Dios» (3)— los dioses del Paraíso de Dios. Buscad, ante todo, Sabiduría para honrar al Señor y oír que Él, en el día eterno, os diga: «Porque has amado sobre todo esto y no riquezas, bienes, gloria, vida larga ni triunfo sobre tus enemigos, que se te conceda la Sabiduría» (4), o sea, Dios mismo, porque el espíritu de Sabiduría es Espíritu de Dios. ■ Buscad, ante todo, la Sabiduría santa y, Yo os digo que todas las demás cosas os serán dadas, y en un modo en que ninguno de los grandes del mundo puede procurárselas. Amad a Dios. Preocupaos solo de amarle. Y amad al prójimo vuestro para honrar a Dios. Consagraos al servicio de Dios, a su triunfo en los corazones. Convertid a quien no es amigo de Dios, convertidlo al Señor. Sed santos. Acumulad las obras santas para defensa vuestra contra las posibles debilidades del hombre. Sed fieles al Señor. No critiquéis ni a los vivos ni a los muertos. Pero esforzaos en imitar a los buenos, y, no para alegría vuestra terrena, sino para alegría de Dios, pedid al Señor gracias y os serán dadas. Vamos. Mañana oraremos juntos y Dios estará con nosotros”. Jesús los bendice y los despide. (Escrito el 22 de Octubre de 1946).
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1  Nota  : Cfr.  2 Par.  1,1-12;  y también 1 Rey. 3,4-15.   2  Nota  : Cfr.  1 Rey.  11.   3  Nota  : Cfr.  Sab. 8, 17-9,18.   4  Nota  : Cfr. 2 Par. 1,11-12.
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8-519-134  (9-216-563).-  Jamás es tarde para intentar salvar un alma. En el umbral de la muerte, entre la última agonía y la muerte, hay tiempo de obtener un perdón.- El fatalismo de los fariseos.
* “El prever el futuro de un corazón no dispensa de perseverar hasta el final para arrancarle de la ruina. No caigáis en el fatalismo de los fariseos que sostienen que lo destinado debe cumplirse. Con este razonamiento avalan sus culpas y avalarán incluso el último acto de su odio contra Mí”.- ■ Jesús despide a los discípulos Leví, José, Matías y Juan —no sé dónde los ha encontrado— y les confía a Sidonia, llamado Bartolmai (1), el nuevo discípulo. Esto sucede en las primeras casas de Betania. Los discípulos pastores se van con Sidonia y con los otros siete que tenían con ellos. Jesús los mira mientras se marchan. Luego se vuelve a sus apóstoles y les dice: “Ahora vamos a esperar aquí a Judas de Simón…”. Los apóstoles preguntan sorprendidos: “¡Ah! ¿Habías caído en la cuenta de que se había ido? Creíamos que no te habías fijado en ello. Había mucha gente joven y has estado hablando siempre,  primero con el joven, luego con los pastores y…”. Jesús: “Lo noté desde el primer momento en que se fue. Nada se me oculta. Por esto entré en las casas amigas y les dije que enviasen a Judas de Keriot a Betania, si es que me buscaba…”. ■ El otro Judas refunfuña entre dientes: “Dios quiera que no”. Jesús le mira, pero muestra no haber dado importancia a sus palabras. Al ver que todos son del parecer de Tadeo —sus caras hablan mejor que sus palabras— dice: “Nos hará bien descansar en espera de su regreso. Nos hacía falta. Luego iremos a Tecua. Hace frío, pese al sol. Iré a hablar en aquella ciudad. Luego subiremos de nuevo pasando por Jericó e iremos a la otra orilla. Los pastores me han dicho que muchos enfermos me buscan y les he mandado a decir que no se pongan en viaje, sino que me esperen en esos lugares”.  Pedro suspira: “Vamos, pues”. Tomás le pregunta: “¿No estás contento de ir a casa de Lázaro?”. Pedro: “Lo estoy”. Tomás: “¡Lo dices de una manera!…”. Pedro: “No lo digo por Lázaro, sino por Judas de Keriot…”. Jesús le advierte: “Eres un pecador, Pedro”. Encolerizado, dice Pedro: “Lo soy. Pero… él, Judas de Keriot, que se va… es un descarado, un tormento, ¿o acaso no?”. Jesús: “Lo es. Pero si él lo es, no debes serlo tú. Ninguno de nosotros debe serlo. ■ Acordaos que Dios nos pedirá cuenta: nos pedirá, porque antes que a vosotros, a Mí, me lo ha confiado y nos pedirá cuenta de lo que hicimos para redimirle”. Judas Tadeo pregunta: “¿Y crees que lo lograrás, hermano? No puedo creerlo. Tú, esto sí lo creo, Tú conoces el pasado, el presente y el futuro. Y por esto no puedes engañarte respecto de él. Y… es mejor que no diga lo demás”. Jesús: “Efectivamente, el saber callar es una gran virtud. Pero ten en cuenta que, el prever más o menos exactamente el futuro de un corazón, no dispensa a nadie de perseverar hasta el final para arrancar un corazón de la ruina.  No caigas también tú en el fatalismo de los fariseos que sostienen que lo que está destinado debe cumplirse y  nada puede impedir el cumplimiento de lo que está destinado; con este razonamiento avalan sus culpas, y avalarán incluso el último acto de su odio contra Mí”.
* Muchas veces Dios, el Omnipotente, espera que una criatura, una nada, haga o no haga un sacrificio, una oración para salvar o condenar… Entre la última agonía y la muerte hay tiempo de obtener el perdón para un alma”.-Jesús: “Muchas veces Dios acepta el sacrificio de un corazón —que se supera sus náuseas y sus rencores, sus antipatías, incluso justificadas— para sacar a un alma del pantano en que está sumergida. Os lo digo. Es verdad. Muchas veces Dios, el Omnipotente, el Todo, espera a que una criatura, una nada, haga o no haga un sacrificio, una oración, para firmar o no firmar la condenación de un alma. ■ Jamás es tarde. Jamás es demasiado tarde para intentar y esperar salvar un alma.  Y os daré pruebas de ello. Incluso a las puertas de la muerte, cuando tanto el pecador como el justo que por él se preocupa, están próximos a dejar la tierra para ir al primer juicio de Dios, siempre es posible salvar y ser salvados. Entre la copa y los labios, dice el proverbio, hay siempre lugar para la muerte. Y Yo os digo: entre la última agonía y la muerte hay siempre tiempo para obtener un perdón, para uno mismo o para aquellos que queremos que sean perdonados”. Nadie replica. (Escrito el 28 de Octubre de 1946).
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1  Nota  :  Sidonia o Bartolmai.- Ciego de nacimiento curado por Jesús: Ju. 9,1-34.
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(<Ante la inexplicable ausencia de J. Iscariote, Jesús camina visiblemente triste. Esta situación provoca la conversación entre Tomás y Judas Tadeo sobre la extraña conducta de Judas. Y se ciernen sobre ellos negros presentimientos>)
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8-520-141 (9-217-570).- “¿No podría Dios convertir sin nuestra voluntad de conversión?”.
* Encontraréis muchos Judas y poquísimos Jesús (es). Debéis de tratar de transformar al primero (Judas) en el segundo (Jesús)… Que mi paciencia sea vuestra norma. Libradles del monstruo que les oprime.- ■ Tomás dice: “Tengo el corazón lleno de angustia y de sospechas. Hago mal porque juzgo al compañero y no con caridad. Y soy pecador porque debería creer en las palabras del Maestro… Él disculpa a Judas… Tú… ¿crees eso de tu hermano?”. Judas Tadeo: “Lo creo en todo menos en eso. Pero, no te aflijas. Todos pensamos lo mismo. También Pedro se muere de dolor, se esfuerza en pensar bien de él; lo mismo Andrés, que es más suave que un cordero; dígase de Mateo, el único de nosotros que no siente ninguna repugnancia por algún pecador o pecadora. Juan, el buen Juan, que no ha conocido el mal ni el vicio, que está lleno de caridad y de pureza, lo mismo piensa. También abriga el mismo pensamiento mi hermano, me refiero a Jesús, que ciertamente tiene otros pensamientos además de éste, pensamientos por los que ve la necesidad de tener a Judas… hasta haber agotado todo intento de hacerle bueno”. Tomás: “Está bien esto. Pero, ¿cuándo terminarán esos intentos? Él tiene muchas… No tiene… En una palabra, tú ya me comprendes lo que quiero decir. ¿A qué punto llegará?”. Judas Tadeo: “No lo sé… puede ser que se separe de nosotros… Tal vez se quede para ver quién es más fuerte en esta lucha trabada entre Jesús y el mundo hebreo…”.  Tomás:  “¿No pensará en otra cosa? ¿No crees que sirve ya desde ahora a dos patrones?”. Judas Tadeo: “Esto es seguro”. Tomás: “¿Y no crees que pueda servir a los más numerosos, de modo que pueda hacer un gran daño al Maestro?”. Judas Tadeo: “No. No le amo. Pero no puedo pensar que él… Al menos por ahora, no. Pero sí temería esto el día en que el favor de las multitudes abandonara al Maestro. Mas si una aclamación popular le consagrase como rey y jefe nuestro, estoy seguro que Judas abandonaría a todos por Él. Es un oportunista… Que Dios le detenga, y proteja a Jesús y a todos nosotros…”. ■ Los dos caen en la cuenta de que han venido caminando muy despacio y que se han separado de sus compañeros y, sin hablar, se ponen a andar más ligeros para alcanzarlos. Mateo les pregunta: “¿De qué venís hablando entre vosotros? El Maestro os requería…”. Tomás y Tadeo se apresuran a acercarse al Maestro. Jesús les pregunta, mirándoles a la cara: “¿De qué veníais hablando?”. Los dos se miran. ¿Confesar? ¿No hacerlo? Gana la sinceridad. “De Judas” dicen al mismo tiempo. Jesús: “Lo sabía. Pero quise conocer vuestra sinceridad. Me hubieseis causado un dolor si me hubieseis mentido… No volváis a hacerlo sobre todo así. Hay tantas cosas buenas de las que se puede hablar. ¡Por qué hay que descender siempre a considerar cosas muy  materiales! Isaías dice: «Retiraos del hombre cuya vida es un soplo» (1). Yo os digo que dejéis de analizar a este hombre y que os preocupéis de su espíritu. Lo animal que hay en él, su monstruo, no debe llamar vuestra atención ni vuestros juicios. Amadlo, amad con compasión y con fuerza su corazón. Libradle del monstruo que le oprime. ■ No sabéis…”. Se vuelve para llamar a los otros siete: “Venid aquí todos, que a todos servirá lo que voy a decir, pues todos pensáis lo mismo… ¿No sabéis que aprendéis más por medio de Judas que por medio de cualquier otra persona? Encontraréis muchos Judas y poquísimos Jesús(es) en vuestro ministerio apostólico. Los Jesús(es) serán buenos, delicados, puros, fieles, obedientes, prudentes, no ambiciosos. Serán muy pocos… Pero, ¡cuántos, cuántos Judas de Keriot encontraréis vosotros y vuestros seguidores y sucesores por los caminos del mundo! Y, para ser maestros y aprender debéis pasar por esta escuela. Él, con sus defectos, os muestra lo que es el hombre; Yo os muestro al hombre como debería ser. Dos ejemplos igualmente necesarios. Vosotros conociendo bien al uno y al otro, debéis de tratar de transformar al primero en el segundo… Que mi paciencia sea vuestra norma”.
* Dios podría convertir sin nuestra voluntad de conversión, pero luego se requeriría, en todo caso, la voluntad del hombre para persistir en la conversión obtenida milagrosamente”.- Mateo: “Señor, fui un gran pecador y no cabe duda que seré también un ejemplo. Pero yo quisiera que Judas, que no es un pecador como fui yo, fuese un convertido como lo soy. ¿Es soberbia decirlo?”. Jesús: “No, Mateo, no  lo es. Das honor a dos verdades al decirlo. La primera es que es veraz la sentencia que dice: «La buena voluntad hace milagros». La segunda, es que Dios te ha amado infinitamente, ya desde antes de que tú te lo hubieras imaginado, y lo hacía porque no desconocía tu capacidad de heroísmo. Eres el fruto de dos fuerzas: tu voluntad y el amor de Dios. Pongo en primer lugar la voluntad porque sin ella, vano habría sido el amor de Dios. Vano, inoperante…”. ■ Santiago de Alfeo pregunta: “¿Pero no podría Dios convertir sin nuestra voluntad?”. Jesús: “Sí. Pero luego se requeriría, en todo caso, la voluntad del hombre para persistir en la conversión obtenida milagrosamente”. Felipe dice impetuosamente: “Entonces en Judas nunca ha existido ni existe esa voluntad; ni siquiera antes de conocerte, ni ahora…”. Unos se ríen, otros se callan apesadumbrados. Jesús es el único que defiende al apóstol ausente: “¡No digáis eso!  La tuvo y la tiene. Pero la mala ley de la carne se sobrepone a ella en algunos momentos. ■ Es un enfermo… Un pobre hermano enfermo. En cualquier familia existe el débil, el enfermo, el que causa pena, aflicción, que es carga para ella. ¿Y no es acaso al debilucho a quien ama más la madre? ¿No es el hermanito desdichado el más cuidado por sus hermanos? ¿No es aquél a quien el padre da un bocado, quitándoselo de su propio plato, para darle una alegría, para no darle a entender que es un peso y no hacerle, por tanto, pesada su enfermedad?“. Tomás: “Es verdad. Así es. Mi hermana gemela era débil de pequeña. Yo le había robado toda la robustez. Pero el amor de todos la sostuvo, tanto es así que ahora es esposa fuerte y también madre”. Jesús: “Pues bien, haced con vuestro hermano débil espiritualmente lo que haríais con un hermano carnal enfermo. No diré una sola palabra de reproche. Vosotros no sois más que Yo. Vuestro amor perseverante es el reproche más fuerte que podáis hacerle, un reproche contra el que no podrá reaccionar. Dejaré en Tecua a Mateo y a Felipe para que esperen a Judas… el primero que se acuerde de que fue un pecador y el segundo de que es padre…”. Ambos: “Sí, Maestro, lo recordaremos”. (Escrito el 29 de Octubre de 1946).
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1  Nota  : Cfr. Is. 2,22.
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8-524-169 (9-221-596).- En Jericó, en casa de Zaqueo, Zaqueo y pecadores convertidos han formado una comunidad.- Reencarnación (teoría de la escuela pitagórica).
* “Estaré en medio de hombres en quienes ha resucitado la buena voluntad”.- Están todos recogidos en casa de Zaqueo en una habitación grande y desnuda, en otros tiempos, sin duda hermosa. Ahora es solo un local grande. Han traído asientos y lechos del comedor o de las alcobas y se han sentado alrededor del Maestro a quien han hecho que se sentase sobre una especie de sillón todo de madera labrada, cubierto con una alfombra de grueso hilo de bramante. Es el mueble más lujoso de la casa. Zaqueo habla de una propiedad de labranza comprada con el dinero de una colecta hecha entre ellos: “¡Algo teníamos que hacer, ¿no?! La ociosidad no es buena medicina para evitar el pecado. La propiedad es un lugar poco fértil todavía porque estaba desatendido, como nosotros, y, como nosotros, lleno de zarzas, piedras, hierbas inútiles y otras cosas más. Nique nos ha prestado a los campesinos que están a su servicio para que nos enseñen cómo hay que hacer para abrir los pozos abandonados, para limpiar las tierras, podar los pocos árboles que había y plantar otros nuevos. Nosotros sabíamos hacer muchas cosas… pero no las santas obras del hombre. Pero en este trabajo tan nuevo para nosotros encontramos una vida realmente nueva. A nuestro alrededor nada nos recuerda el pasado. Sólo la conciencia lo recuerda, pero eso está bien… Somos pecadores… ¿Quieres venir a ver esa propiedad?”. Jesús:  “Saldremos juntos de aquí para dirigirnos al Jordán, y me detendré en ese lugar. Me has dicho que está situado al lado del camino que lleva al río…”. Zaqueo: “Así es, Maestro. Pero es un lugar feo. La casa está que se cae. No tiene  muebles, está vacía. No teníamos dinero para todo… después de haber compensado  —siempre que ha sido posible hacerlo— a nuestro prójimo por nuestros delitos. Éstos, para dormir, se arreglan encima del heno; menos Demetes, Valente y Leví, que son demasiado ancianos para ciertas privaciones y que duermen aquí, Señor”. Jesús: “Muchas veces yo no tengo ni eso. También Yo dormiré en el heno, Zaqueo, que es donde dormí mis primeros sueños, dulces sueños porque los velaba el amor. Puedo también dormir allí, y no me molestará porque estaré en medio de hombres en quienes ha resucitado la buena voluntad”. ■ Y Jesús les mira, con unos ojos que son una caricia, a estas primeras flores de redimidos de varios países. Y ellos le miran… No son hombres que fácilmente lloren. Al contrario, ¡quién sabe cuántas lágrimas hicieron derramar! Cada cara de estos hombres es un libro en que está escrito su pasada conducta, y, si ahora su nueva vida vela la brutalidad de las palabras escritas, éstas todavía son descifrables lo suficiente como para permitir intuir desde qué abismos se han levantado a la Luz. Bueno, pues, a pesar de todo, su rostro se hace claro, se ilumina; su mirada toma nuevo vigor, resplandeciendo en ella una luz de esperanza sobrenatural, de satisfacción moral, al oír que el Maestro les considera resucitados a la buena voluntad.
* En la comunidad de convertidos por Zaqueo, cada uno confiesa su vida pecaminosa.- ■ Zaqueo dice: “¿Entonces apruebas todo lo hecho? Mira, Maestro, te había dicho: «Te seguiré» y quería seguirte. Pero esa misma tarde vino a mi casa Demetes, para una de esas… para uno de sus infames negocios… y  necesitaba dinero.  Había llegado de Jerusalén… porque se la llama santa, pero en ella hay toda clase de vergüenzas, y los primeros que las promueven son los que luego arremeten furiosamente contra nosotros como si fuésemos leprosos… Bueno, pero debo hablar de nuestros pecados, no de los de ellos. Yo ya no tenía dinero. Te lo había dado. Todo. Incluso el dinero que todavía quedaba en casa ya era como si hubiera sido dado, porque  había hecho ya las partes que debía devolver a aquellos a quienes se lo había arrebatado con usura. Le dije: «No tengo dinero. Pero tengo algo que vale más que todos los  tesoros». Y le conté mi conversión, tus palabras, la paz que había en mí…  Hablé tanto, que, mientras todavía hablaba, la luz del nuevo día entró a blanquecer las caras y a hacer inútiles las lámparas. No sé exactamente lo que dije. Sé que él dio un puñetazo sobre la mesa junto a la cual estábamos sentados y exclamó: «Mercurio ha perdido un seguidor y los sátiros un compañero. Toma incluso estas monedas, insuficientes para el delito que había meditado, pero útiles para comprar un pan para el mendigo, y tómame contigo. Quiero conocer un perfume después de tantos hedores». Y se ha quedado. Fuimos juntos a Jerusalén: yo, para vender objetos; él, para librarse de todos… sus compromisos. Al regreso, me dije  —había orado en el Templo, después de tanto tiempo, con el corazón puro y tranquilo de un niño—, me dije a mí mismo: «¿No es esto también seguir al Maestro, y quizás seguirle mejor, quedándome en Jericó, donde mis desdichados amigos —publicanos como yo, tahúres, alcahuetes, usureros, después  de haber sido superintendentes de galeotes y de hombres forzados al remo, de esclavos, atormentadores de todo desventurado, soldados sin ley ni compasión, juerguistas para olvidar los remordimientos de su conciencia en las comilonas— vienen a buscarme para emplear su maldito dinero, o a proponerme nuevos negocios, o a invitarme a banquetes y a otras infames porquerías? La ciudad me desprecia. Los hebreos me tendrán siempre como un pecador. Pero ellos no. Son como yo basura, pero pueden tener algo, dentro de sí, algo que los empuja hacia el bien, y no encuentran a nadie que les eche una mano. Yo les he ayudado en el mal. Tal vez pecaron también por mis consejos, por las cosas que alguna vez les he pedido. Tengo el deber de ayudarlos para que vengan al bien. Así como he restituido a los que hice mal, así como he indemnizado a mis conciudadanos, así debo buscar cómo poder reparar con ellos». Y me he quedado aquí. Uno después de otro han venido a esta ciudad y han hablado conmigo. No todos han sido como Demetes. Algunos, tras burlarse de mí, huyeron; otros han dado largas; otros se habían detenido, pero, pasado un tiempo, han vuelto a su infierno. Éstos se han quedado. Y… bueno pues ahora siento que debo seguirte de este modo, que debemos seguirte así, luchando con nosotros mismos, soportando los desprecios del mundo que no nos sabe perdonar. No faltan las lágrimas del corazón cuando vemos que el mundo no nos perdona, así como cuando vuelven los recuerdos… y son muchos y penosos. En algunos son…”. ■ Uno detrás de otro van diciendo: “La terrible Némesis que nos echa en cara nuestros crímenes y que nos promete la venganza en el ultramundo”. “Son los lamentos de los que estaban agotados y yo los golpeaba para hacerles trabajar”. “Son las maldiciones de los que hice esclavos, después de haberles arrebatado lo que poseían”. “Son las súplicas de las viudas y huérfanos que no podían pagar y les confiscaba sus últimos bienes en nombre de la Ley”. “Son las horribles atrocidades cometidas en los países conquistados, con personas inermes aterrorizadas tras la batalla”. “Son las lágrimas de mi madre, de mi mujer, de mi hija, muertas de debilidad, mientras yo derrochaba todo en banquetes”. El último de ellos confiesa: “Son… ¡Oh, mis crímenes no tienen nombre! Señor, no tengo sangre en mis manos, no he robado dinero, no he impuesto tasas odiosas ni intereses asfixiantes, no he matado a los vencidos, pero sí he disfrutado de todos los desdichados, de las inocentes jovenzuelas de los derrotados, de las huérfanas, de las vendidas como mercancía por un pedazo de pan. De todas ellas recogí dinero. He dado vuelta al mundo buscando estas ocasiones, detrás de los ejércitos, yendo a los lugares donde había una carestía, o a donde un río desbordado anegaba todo y destruía las cosechas, o a donde una epidemia había dejado jovencitas sin protección y las convertí en mercancía, una mercancía inocente pero infame: infame para mí, que obtenía dinero de ella, inocente ella porque aún no conocía el horror. Señor, por mis manos pasaron la virginidad de jovencitas deshonradas y la honra de jóvenes esposas, cuando las ciudades eran conquistadas. Mis negocios… mis prostíbulos eran célebres, Señor. ¡No me maldigas, ahora que sabes!…”.  Los apóstoles, involuntariamente, se han apartado de este último que acaba de hablar. ■ Jesús se levanta y se le acerca. Le pone la mano en el hombro y le dice: “¡Es verdad! Tu delito es grande. Tienes mucho que reparar. Pero Yo, la Misericordia, te aseguro que aunque fueras el mismo demonio y hubieses cometido todos los crímenes de la tierra, si tú quieres, puedes reparar todo y Dios te perdonará. Dios es muy grande, es como un padre. Si tú quieres, une tu voluntad a la mía. También quiero Yo que seas perdonado. Únete a Mí. Dame tu pobre corazón cubierto de infamia, quebrantado, tu corazón que, después que has dejado el pecado, está lleno de cicatrices y humillación. Yo le pondré en mi corazón, en el lugar que pongo a los mayores pecadores, y lo llevaré conmigo al Sacrificio Redentor. La sangre más santa de la Víctima, la de mi Corazón, la última Sangre del Inmolado por los hombres, se esparcirá sobre las peores piltrafas humanas y las regenerará. Ten esperanza. Una esperanza mucho mayor que tus grandes delitos, fundada en la Misericordia de Dios, porque es una Misericordia sin límites, hombre, para quien sabe confiar en ella”. ■ El hombre casi querría coger y besar esa mano que está puesta en su hombro, esa mano tan pálida y descarnada sobre su túnica oscura y su hombro fuerte. Pero no se atreve. Jesús comprende esto y le ofrece la mano, diciéndole: “Hombre, besa su palma. Encontraré ese beso como alivio para una tortura. Mano besada, mano herida: besada por amor, herida por el amor. ¡Oh, si todos supiesen besar a la gran Víctima, y Ella muriera cubierta de llagas sabiendo que en cada una están los besos y  el amor de todos los hombres redimidos!”, y tiene su palma apretada contra los labios de este hombre que, por todo el conjunto, yo diría que es romano. Y la tiene ahí, hasta que el antiguo pecador, como saciado, se separa de ella, después de haber apagado sus remordimientos bebiendo la misericordia del Señor en el cuenco de la mano divina.
* Entre los convertidos hay un joven, un bandido de las cuevas de Carit, que un día rehusó el dinero ofrecido por venderse contra Jesús. “El amor de quien no quiso odiar será mi consuelo en la hora de las Tinieblas”.- ■  Jesús vuelve a su lugar y al pasar pone la mano sobre la cabeza rizada de uno muy joven. Yo diría que no tiene más de veinte años. Uno que no ha hablado en todo este tiempo, uno que es, sin duda, de raza hebrea. Jesús le hace esta  pregunta: “Y tú, hijo mío, ¿no tienes nada que decir a tu Salvador?”. El joven levanta la cabeza, le mira… Su mirada es todo un discurso: una historia de dolor, de odio, de arrepentimiento, de amor. Jesús, un poco agachado hacia él,  fijos los ojos en los ojos, lee alguna de estas historias mudas y dice: “Por este motivo te he llamado, «hijo». Ya no estás solo. Perdona a todos, a los de tu raza y a los extraños, como Dios te perdona. Y ama el Amor que te ha salvado. ■ Ven un momento conmigo. Quiero decirte unas palabras aparte”.  El joven se levanta y le sigue. Cuando están solos le dice: “Quiero decirte lo siguiente, hijo. El Señor te ha amado mucho, aunque no lo parezca a primera vista. La vida te ha probado mucho. Los hombres te han hecho mucho daño. Ambos habrían podido convertirte en una ruina irreparable. Detrás de ellos estaba Satanás envidioso de tu alma, pero sobre ti estaban los ojos de Dios. Y esos ojos benditos han contenido a tus enemigos. Su amor puso a Zaqueo en tu camino; y con él a Mí que te estoy hablando. Ahora, Yo, que te hablo, te digo que debes encontrar en este amor todo aquello que no has tenido;  y debes olvidar todo lo que te ha herido. Perdonar, perdonar a tu madre, perdonar al patrón infame, perdonarte a ti mismo. No te odies de mala manera, hijo. Odia tu tiempo de pecado, pero no odies tu corazón, que ha decidido no pecar más. Que tus pensamientos sean buenos amigos de tu corazón y que juntos lleguen a la perfección”. Joven: “¡Perfecto, yo!”. Jesús: “¿Has oído lo que le he dicho a aquel hombre? ¡Y también ha estado él en el fondo del abismo!… ■ ¡Y gracias, hijo!”. Joven: “¿Por qué cosa, Señor mío? Soy yo quien debo darte gracias…”. Jesús: “Por no haber querido ir con quien compra a hombres para traicionarme”. Joven: “Oh, señor, ¿crees que lo iba a hacer cuando sé que no desprecias ni siquiera a los bandidos? Estuve entre aquellos que te llevaron el cordero al Carit, y uno de los nuestros, que ahora está en poder de los romanos —al menos eso se dice, y lo creo porque desde antes de los Tabernáculos no le vimos más en nuestras cuevas de bandidos—  me refirió las palabras que dijiste en un valle cerca de Modín… Porque yo no estaba todavía con los bandidos. Me fui con ellos a finales de Adar y los dejé a principios de Etanim. Pero no he hecho nada que merezca tu gratitud. Tú eres bueno. Quise ser bueno y advertir a un amigo tuyo… ¿Puedo llamarle así a Zaqueo?”. Jesús: “Lo puedes. Todos los que me aman, son amigos míos. También tú lo eres”. Joven: “¡Bueno!… quise advertir para que estuvieras en guardia. Pero advertir no merece las gracias…”. Jesús: “Te repito, que te doy las gracias por no haberte vendido contra Mí. Esto es lo que vale”. Joven: “¿Y el haber avisado a Zaqueo no vale?”. ■ Jesús: “Hijo mío, ninguna cosa podrá impedir al Odio para que no me ataque. ¿Has visto alguna vez desbordarse a un río?”. Joven: “Sí. Estaba en Yabés Galaad y vi la destrucción causada por el río, salido de su cauce antes del Jordán”. Jesús: “Y pudo alguna cosa detener las aguas?”. Joven: “No. Todo lo cubrieron y lo destruyeron. Hasta arrastraron las casas”. Jesús: “Así es el Odio. Pero no me arrastrará. Quedaré sumergido, pero no destruido. Y, en la hora más amarga, el amor de quien no quiso odiar al Inocente será mi consuelo, mi luz en las tinieblas de horas oscurísimas, mi dulzura en el cáliz del vino mezclado con hiel y mirra”. Joven: “¿Tú?… Hablas, hablas de Ti como si… Ese cáliz está destinado a los ladrones, para los que mueren en la cruz. ¡Pero Tú no eres un ladrón! ¡Tú no eres un criminal! Tú eres…”. Jesús: “El Redentor. Dame tu beso, hijo”. Le toma  la cabeza entre las manos, le besa en la frente, y luego se inclina para recibir el beso del joven, un beso tímido, que apenas  toca la mejilla enjuta… Y luego el joven se deja caer, llorando, en el pecho de Jesús. Jesús: “No llores, hijo mío. El amor me sacrifica. Y siempre es un dulce sacrificio, aun cuando no le gusta a la naturaleza humana”. Le tiene entre los brazos hasta que el llanto cesa. Y luego, llevándole cogido de la mano, regresa al lugar donde antes estaba Pedro.
* El alma no es pensamiento sino espíritu, el principio inmaterial de la vida, que anima todo el hombre y perdura después del hombre”.- ■ Jesús vuelve a hablar: “Mientras comíamos, uno de vosotros, que no es de Israel, dijo que quería preguntarme algo. Puede hacerlo ahora, porque pronto volveremos donde la gente y luego nos separaremos”. Uno, Demetes, levanta la voz: “Soy yo el que ha dicho eso. Pero muchos desean saberlo. Zaqueo no supo explicarlo, y tampoco otros de los nuestros que son de tu religión. Hicimos la misma pregunta a tus discípulos cuando pasaron por aquí, pero no nos dieron una respuesta clara”. Jesús: “¿Y qué es lo que queréis saber?”. Demetes: “No sabíamos que teníamos alma. O sea… al menos nosotros habríamos debido saberlo, porque nuestros antepasados… Pero no leímos a los antiguos. Éramos unos animales… Y ya no sabíamos qué cosa era esta alma. Ni siquiera ahora lo sabemos. ¿Qué cosa es el alma? ¿Es acaso nuestra razón? No lo creemos que lo sea, porque en tal caso nosotros estaríamos sin ella, y hemos oído decir que sin alma no hay vida. ¿Qué es, entonces, el alma —que nos dicen que es incorpórea, inmortal—, si no es la razón? El pensamiento es incorpóreo pero no es inmortal porque cesa con nuestra vida. Ni el más sabio piensa después de la muerte”. Jesús: “El alma, hombre, no es el pensamiento. El alma es el espíritu, es el principio inmaterial de la vida, el principio impalpable, pero verdadero, que anima todo el hombre y perdura después del hombre. Por eso se la llama inmortal. Es algo tan sublime, que hasta el más poderoso pensamiento es nada respecto a ella. El pensamiento tiene fin; el alma, por el contrario, tiene, ciertamente, un principio, pero no un fin. Bienaventurada o condenada, continúa existiendo. Felices aquellos que saben conservarla pura, o hacerla de nuevo pura después de haberla hecho impura, para devolverla a su Creador como Él se la entregó al hombre para animar su humanidad”. ■ Demetes: “Pero ¿está en nosotros, o por encima de nosotros, como el ojo de Dios?”. Jesús: “En nosotros”. Demetes: “¿Entonces prisionera en nosotros hasta la muerte? ¿Esclava?”. Jesús: “No. Reina. En el pensamiento eterno, el alma, el espíritu, es la cosa que reina en el hombre, en el animal llamado hombre. Ella, viniendo del Rey y Padre de todos los reyes y padres, siendo hálito e imagen de Él, don y derecho de Él, teniendo como misión hacer de la criatura llamada hombre un rey del gran Reino eterno, un dios después de esta vida, un «habitante» de la Morada del sublimísimo, único Dios, es creada reina, y con autoridad y destino de reina. Siervas suyas, todas las virtudes y las facultades del hombre; ministra suya, la buena voluntad del hombre. Siervo suyo, el pensamiento: siervo y alumno, el pensamiento del hombre. ■ Desde el espíritu el pensamiento adquiere potencia y verdad, justicia y sabiduría, y puede elevarse a una perfección real. Un pensamiento privado de la luz del espíritu tendrá siempre lagunas y tinieblas; jamás podrá caer en la cuenta de verdades que son más incomprensibles que misterios para quien, habiendo perdido la realeza del alma, está separado de Dios. El pensamiento humano estará ciego, sufrirá idiotez, si le falta este punto base, este fermento indispensable para comprender, para —dejando la Tierra y lanzándose hacia  arriba— alzarse al encuentro de la Inteligencia, de la Potencia, de… en una palabra, de la Divinidad. Te hablo de este modo, Demetes, porque no has sido siempre simplemente un cambista, y puedes comprender y explicarlo a los demás”. Demetes: “Verdaderamente eres un vidente, Maestro. No. No he sido solamente un cambista, como has dicho… Es más, éste ha sido el último peldaño de mi bajada…”.
* No hay reencarnación (doctrina pitagórica) sino que las almas, después de su viaje por Tierra, no vuelven ya jamás a la Tierra en ningún cuerpo”.-Demetes: “Dime Maestro, si el alma es reina ¿por qué no reina y no frena el mal pensamiento y la carne del hombre?”. Jesús: “Al frenar o domar quitaría la libertad y el mérito. Sería una opresora”. Demetes: “Pero también el pensamiento y la carne oprimen al alma —hablo de mí, de nosotros— y la hacen esclava muchas veces. Por esto, si está en nosotros como esclava, te pregunto ¿cómo puede permitir Dios que una cosa tan sublime —la definiste «hálito de Dios e imagen suya»— se humille hasta obedecer lo que es inferior?”. Jesús: “El pensamiento divino quería que el alma no conociese la esclavitud. Pero ¿olvidas al enemigo de Dios y del hombre? Los espíritus infernales a vosotros también os son conocidos”. Demetes: “Sí, y todos con crueles deseos. Puedo afirmar que, recordando al niño que era yo, solo a estos espíritus infernales puedo atribuir el hombre que vine a ser y que he sido hasta los umbrales de la vejez. Ahora encuentro otra vez a aquel niño pequeño que perdió el camino de aquellos años. ■ ¿Podré hacerme tan niño como para volver a la pureza de entonces? ¿Se puede retroceder en el tiempo?”. Jesús: “No se puede. Imposible. Tiempo pasado, tiempo que jamás regresa. No puede uno volver a él, mas no es necesario.  Algunos de vosotros sois de lugares donde se conoce la teoría de la escuela pitagórica. Teoría de errores. Las almas, después de su viaje por Tierra, no vuelven ya jamás a la Tierra en ningún cuerpo. Ni de animal, pues no es conveniente que una cosa tan sobrenatural, venga a vivir en el cuerpo de un animal; ni de hombre, porque ¿cómo podría premiarse al cuerpo reunido con el alma en el último Juicio, si esa alma hubiera tenido diversos cuerpos, cual vestidos?  Dicen los seguidores de tal teoría que es el último cuerpo el que goza, porque, a través de purificaciones, en sucesivas vidas, el alma sólo en la última reencarnación alcanza el estado perfecto digno de premio. ■ ¡Error y ofensa! Es un error y ofensa contra Dios: porque se admite que Dios no ha podido crear sino un número limitado de almas; error y ofensa contra el hombre, al juzgarle tan corrompido que difícilmente puede ser premiado. No recibirá el premio inmediatamente; la mayor parte de las veces deberá sufrir una purificación al final de la vida (1). Pero purificación es prepararse al gozo. Por tanto, quien se purifica es uno que ya se ha salvado. Y, una vez salvado, gozará, pasado el último Día, con su cuerpo. No podrá tener más que un cuerpo para su alma, ni más de una vida aquí, y, con el cuerpo que le hicieron sus procreadores y el alma que le creó el Creador para vivificar a la carne, gozará el premio”.
* “Ni el reencarnarse y ni el retroceder en el tiempo es posible pero sí el recrearse a sí mismo con actos de libre voluntad”.-Jesús: “No se hace posible la reencarnación ni la retrocesión en el tiempo. Pero sí se hace posible volver a crearse a sí mismo con actos de libre voluntad, y Dios bendice a estas voluntades y las ayuda. Todos las habéis tenido. Veréis entonces que el pecador, el vicioso, el sucio, el delincuente, el ladrón, el corrompido, el corruptor, el homicida, el sacrílego, el adúltero, bajo el lavacro del arrepentimiento, renace espiritualmente, destruye la carne corrompida del hombre viejo, deshace el «yo» mental aún más corrompido  —como si la voluntad de redimirse fuese un ácido, ácido que ataca y destruye la envoltura malsana tras la cual se oculta un tesoro— y se pone al descubierto el espíritu purificado, sano, revestido, con un nuevo pensamiento (2), con un vestido nuevo de pureza, de bondad, de niñez. ¡Oh! Un vestido con el que puede acercarse a Dios, con el que puede cubrir dignamente al alma recreada y protegerla y ayudarla hasta su super-creación, que es la santidad alcanzada y que el día de mañana —un mañana tal vez lejano, si se considera a la manera humana; muy cercano, si se le contempla con el pensamiento de la eternidad— será gloriosa en el Reino de Dios. ■ Y todos pueden, si quieren, volver a crear en sí al niño puro de los años infantiles, que era amoroso, humilde, franco, bueno, al que su madre estrechaba contra su pecho, a quien su padre miraba orgulloso gloriándose de él, amado por el ángel de Dios y mirado por Dios con amor. ¡Vuestras madres! Tal vez fueron mujeres virtuosas… Dios no dejará sin premio su virtud. Tratad pues, de alcanzar las mismas virtudes para poder reuniros con ellas cuando habrá para todos los virtuosos una sola casa: el Reino de Dios para los buenos. Tal vez ellas no fueron buenas y contribuyeron a vuestro hundimiento. Pero, si ellas no os han amado, si no conocéis el amor, si esta carencia os ha hecho malos, ahora, que un Amor divino os ha recogido, sed santos para poder gozar algún día del Amor que a todo amor supera. ■ ¿Hay algo más que preguntar?”. Demetes: “No, Señor. Todo lo tenemos que empezar a aprender. Pero, por el momento, no tenemos otra cosa…”. Jesús: “Durante algunos días os dejaré a Juan y a Andrés. Después os mandaré aquí a discípulos buenos y sabios. Quiero que los potros salvajes conozcan los caminos del Señor y sus pastos, como los de Israel, porque he venido para todos y amo a todos de igual modo. Levantaos y vámonos”.
* El arte para conquistar un alma. ■ Y Jesús es el primero en salir al jardín, seguido muy de cerca por sus discípulos, que dulcemente se lamentan: “Maestro, has hablado a estos, como raras veces hablas a tus elegidos…”. Jesús, con una sonrisa divina, les dice: “¿Y eso os duele? ¿No sabéis que así se hace aun en el mundo, cuando se quiere conquistar a alguien que nos ama? Sin embargo, con aquellos que sabemos que nos aman con todo su ser, y ya forman parte de nuestra familia, no hay necesidad de arte de conquista;  basta que nos veamos, para estar los unos en los otros con gozo y paz”. ■ Y, esa sonrisa divina, tanto comunica la alegría, que hay que decirla efectivamente divina. Los apóstoles no se lamentan más; es más, le miran dichosos, y se pierden arrobados en esa comunicación de amor. (Escrito el 3 de Noviembre de 1946).
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1  Nota  : Cfr. 2 Mac. 12,38-46.   2  Nota  : La “metanoia” de la que se habla en el Viejo y en el Nuevo Testamento trae consigo un “nuevo pensar”, un cambio en él. Cfr. 2 Tim. 2,24-26.
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(<La romana Valeria, acompañada de su hijita ha ido a Nobe a visitar a Jesús. Necesitaba hablar con Jesús pues estaba atravesando momentos dolorosos dentro de su matrimonio. Ella ha querido hacer de su hogar un hogar virtuoso  y su marido, sin embargo,  ha encontrado la manera de ser trasladado a Antioquía llevando consigo a las esclavas favoritas. Pero ella ahora está decidida a abrazar las nuevas enseñanzas de Jesús>)
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8-531-230 (9-228-655).- El valor de las religiones paganas practicadas como verdaderas.
* El bien, la fe, la religión tienen su valor de bien, fe y religión si el que los practica está convencido de estar en la verdad”.- ■ Jesús le dice: “No todo es censurable en vuestras costumbres. Cuando Roma estaba menos corrompida, sus mujeres eran castas, trabajadoras y servían a las divinidades con vida virtuosa y fiel. Aunque su mísera condición de paganas las hiciera servir a falsos dioses, la intención era buena. Entregaban su virtud al Ideal de su religión, a la necesidad de un respeto a una religión, a una Divinidad cuyo nombre les era desconocido, pero cuya existencia sentían, como sentían que era mayor que el licencioso Olimpo y que las envilecidas deidades que, según las leyendas mitológicas, lo poblaban. Vuestro Olimpo no existe, vuestros dioses tampoco. Pero vuestras antiguas virtudes eran fruto de la convicción sincera de tener que ser virtuosos para ser mirados por los dioses con amor; eran fruto de ese deber que sentían para con las divinidades que adorabais. ■ A los ojos del mundo, sobre todo de nuestro mundo judío, no habéis dejado de ser unos necios al honrar a quien no existe. Pero a los ojos de la Justicia eterna y verdadera, a los del Dios Altísimo, Único y Omnipotente Creador de todos los seres, esas virtudes, ese respeto, esas obligaciones y deberes no eran en vano. El bien es siempre bien, la fe tiene siempre valor de fe, la religión tiene siempre valor de religión si el que los sigue y practica y posee está convencido de estar en la verdad. Te exhorto a que imites a vuestras antiguas mujeres castas, trabajadoras y fieles, quedándote en tu lugar, columna y luz en tu casa y de tu casa. No creas que los siervos dejarán de respetarte por haberte quedado sola. Hasta ahora te han servido por miedo, y alguna vez con un celado sentido de odio y rebelión. De hoy en adelante te servirán de corazón. Los infelices aman a sus iguales. Tus esclavos saben lo que es el dolor. Tu alegría fue en otros tiempos para ellos un aguijón amargo. Tus penas, al despojarte del frío resplandor de patrona  —en el sentido odioso de esta palabra—  te revestirán de una luz amorosa de piedad. Te amarán, Valeria. Te amará Dios, te amará tu hija, te amarán tus siervos”. (Escrito el  15 de Noviembre de 1946).
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 (<Jesús ha acudido a la sinagoga de los libertos romanos, que está justo frente al Templo de Jerusalén, atendiendo al ruego de un desconocido. Se encuentra con Sira, una mujer que ha perdido a su esposo>)
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8-534-255  (9-231-680).- “Yo prometo la Vida eterna a quien cree en Mí y obra según lo que enseño, amando a su Salvador, propagando este amor, practicando, mientras puede, mis enseñanzas”.
* “Habrá obreros que trabajarán una sola hora, su última hora, y que tendrán más inmediato el premio que aquellos que hayan trabajado desde la primera, pero siempre con tibieza”. ■ Dice Jesús: “La verdadera vida no es este día en que vive el cuerpo. La vida es la que se alcanza creyendo y siguiendo en pos de quien es Camino, Verdad, Vida y obrando según lo que he enseñado. Aunque este creer y seguir fuera durante poco tiempo, y obrar por poco tiempo, un tiempo pronto truncado por la muerte del cuerpo,  aunque fuese un solo día, una sola hora, en verdad te digo que esa criatura ya jamás conocerá la muerte. Porque mi Padre, y Padre de todos, no tendrá en cuenta el tiempo transcurrido en mi Ley y Fe, sino la voluntad del hombre de vivir hasta la muerte en esa Ley  y Fe.  Yo prometo la Vida eterna a quien cree en Mí y obra según lo que enseño, amando a su Salvador, propagando este amor, practicando, mientras puede, mis enseñanzas. Los obreros de mi viña son todos los que vienen a decir: «Señor, acéptame entre tus trabajadores», y siguen con la misma voluntad hasta que mi Padre juzga que terminó su jornada. En verdad, en verdad os digo que habrá obreros que trabajarán una sola hora, su última hora, y que tendrán más inmediato el premio que aquellos que hayan trabajado desde la primera, pero siempre con tibieza, movidos al trabajo sólo por la idea de no merecer el Infierno, o sea movidos por el miedo al castigo. No es éste el modo de trabajar que mi Padre premia con una gloria inmediata. A esta clase de tipos egoístas, que tiene prisa en hacer el bien pero sólo aquel bien que baste a librarles del castigo eterno, el Juez divino les hará expiar ampliamente. Tendrán que aprender, a sus propias expensas, después de una larga expiación, a estar prontos en el amor, y en un verdadero amor, que no busca sino la gloria de Dios. Aún más, os diré en el futuro muchos serán, sobre todo entre los gentiles, los obreros de una sola hora, y aún menos, que entrarán en mi Reino porque en aquella hora única de correspondencia a la gracia que les invitaba a trabajar en la viña de Dios,  habrán alcanzado la perfección heroica de la caridad”. (Escrito el 26 de Noviembre de 1946).
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(<Jesús, después de haber resucitado a Lázaro, conversa con éste en Betania>)
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8-550-399 (10-11-74).- “Tu arrepentimiento, perfecto después de la visión de Dios y del juicio, Lázaro, ha recreado tu alma”. 
* Lázaro, si tienes el alma inocente de un recién nacido ¿por qué quieres poner sobre esta infancia espiritual los vestidos pesados del hombree adulto?”.- ■ Los apóstoles se alejan en dirección a la casa de Simón en Betania. Jesús, sin embargo, se acerca con su amigo. Los oigo. Dice Lázaro: “Es así. Había comprendido que había una finalidad grande, benigna, sin duda, en el hecho de dejarme morir. Pensaba que era porque quizás querías evitarme ver la persecución de que eres objeto. Y, Tú sabes que digo la verdad, estaba contento de morir para no verla. Me desespera. Me turba. Mira, Maestro. He perdonado muchas cosas a los jefes de nuestro pueblo. Tuve que perdonar hasta en los últimos días… Elquías… Pero la muerte y la resurrección han borrado lo que había antes de ellas. ¿Para qué recordar las últimas acciones de ellos para causarme dolor? ■ Todo he perdonado a María. Ella parece que no lo cree. No sé por qué, pero desde que resucité ha tomado una cierta actitud… no sabría explicarla. Hay una dulzura y sumisión, extrañas en ella… Ni siquiera en los primeros días que regresó, redimida por Ti, se comportaba de este modo… Bueno, quizás, Tú sabes, y me puedes decir al respecto… Quizás sabes que los que vinieron aquí le echaron en cara algo y con dureza. Yo, siempre, cuando la veía absorta en la idea de su pasado, trataba de disminuir el recuerdo de su error, para aliviar su sufrimiento. No puede encontrar la calma. ¡Y parece tan… por encima de cualquier tipo de abatimiento! A algunos les podrá parecer incluso poco arrepentida… pero yo la comprendo… Lo sé. Lo hace todo por expiar. Creo que hace grandes penitencias, y de toda clase. No me extrañaría que bajo sus vestidos llevase un cilicio, ni que su carne conociera las dentelladas de los azotes… Pero el amor fraterno que tengo yo y que quiere sostenerla interponiendo un velo entre el pasado y el presente, no lo tienen los demás. ¿Sabes acaso si alguien le dijo palabras duras, alguien que no sepa perdonar, a ella que tiene tanta necesidad de perdón?”. Jesús: “No lo sé, Lázaro. María no me ha hablado de ello. Solo me dijo que había sufrido mucho al oír ciertas insinuaciones de los fariseos de que Yo no soy el Mesías, porque no te curaba o no te resucitaba”. ■ Lázaro: “¿Y… de mí no dijo nada? Sabes… me sentía mal… y recuerdo que mi madre en sus últimas horas nos manifestó cosas que tanto a Marta como a mí nos habían pasado desapercibidas: fue como si el fondo de su alma y de su pasado flotasen a la superficie. Mi temor es… Mi corazón sufrió mucho por María… y ha hecho mucho esfuerzo para que no percibiera nunca lo que por ella he sufrido… Mi temor es el haberla herido ahora que es buena, mientras que, antes por amor de hermano y luego por amor a Ti, nunca la había herido en el tiempo infame, cuando ella era una vergüenza. ¿Qué te ha dicho de mí, Maestro?”. Jesús: “Me ha manifestado su dolor por haber tenido demasiado poco tiempo para mostrarte su cariño como hermana y condiscípula. Al perderte comprendió la pérdida del tesoro de afectos que en el pasado había pisoteado… y ahora se siente feliz de poderte dar todo el amor que quiere darte, para decirte que para ella eres un hermano santo, un hermano bueno”. Lázaro: “¡Ah, lo había intuido! Esto me da gozo. Pero temía haberla ofendido… Desde ayer pienso… pienso… ■ me esfuerzo en recordar… pero no lo logro”. Jesús: “¿Y para qué quieres recordar el pasado, Lázaro? Tienes ante tu vista el futuro. El pasado se quedó en la tumba. Es más, ni siquiera se quedó allí. Se ha quemado junto con las vendas con que estuviste atado. Pero si esto te tranquiliza, te diré las últimas palabras que tuviste para tus hermanas,  sobre todo para María. Dijiste que por María Yo había venido aquí y vengo, porque María sabe amar más que todos los demás. Es verdad. Le dijiste que ella te ha amado más que todos los que te han amado. Y también esto es verdad porque ella te ha amado al renovarse por amor a Dios y a ti. Le dijiste, y con toda razón, que toda una vida de placeres no te hubiera proporcionado la alegría que tienes ahora gracias a ella. Y las bendijiste como un patriarca bendice a sus seres amados. También bendijiste a Marta, a la que llamaste «tu paz»; y a María a quien  llamaste «tu alegría». ¿Estás contento ahora?”. Lázaro: “Sí, Maestro. Ahora estoy contento”. Jesús: “Pues entonces, dado que la paz da misericordia, perdona también a los jefes del pueblo que me persiguen; ya que dabas a entender que puedes perdonar todo, menos el mal que me hacen”. Lázaro: “Es así, Maestro”. Jesús: “No Lázaro. Yo los perdono. Tú debes perdonarlos si quieres ser semejante a Mí”. Lázaro: “¡Oh, semejante  a Ti no puedo! ¡Soy un hombre cualquiera!”.
* El arrepentimiento, perfecto después del juicio de Dios, Lázaro, ha recreado tu alma”.- ■ Jesús: “El hombre se quedó allá abajo. ¡El hombre! Tu corazón… Tú sabes lo que sucede al hombre después de la muerte…”. Lázaro interrumpe con energía: “No, Señor, no recuerdo nada de lo que sucedió”. Jesús sonríe y le responde: “No me refería a tu saber personal, a tu experiencia propia. Me refería a lo que cualquier creyente sabe lo que le sucede cuando muere”. Lázaro: “¡Ah!, el juicio particular. Lo sé. Creo. El alma se presenta ante Dios y la juzga”. Jesús: “Es así. El juicio de Dios es justo e inmutable. Es de infinito valor. Si el alma juzgada es mortalmente culpable, es condenada eternamente. Si es levemente culpable se le envía al Purgatorio. Si es justa va a la paz del Limbo en espera de que Yo abra las puertas del Cielo. Así, pues, yo he llamado a tu espíritu habiendo sido ya juzgado él por Dios. Si hubieras sido un condenado no te habría podido llamar a la vida porque al hacerlo, habría anulado el juicio de mi Padre: para los condenados no hay cambio. Son sentenciados para siempre. No estabas, pues, en el número de los condenados. Por lo tanto: o estabas en la categoría de los bienaventurados o en la de los que lo serán después de la purificación. ■ Piensa bien, amigo mío. Si la voluntad sincera de arrepentimiento que puede tener el hombre, siendo todavía hombre, o sea, carne y alma, tiene un valor de purificación; si un rito simbólico de bautismo en las aguas, que el corazón aceptó por contrición, tiene para nosotros los hebreos fuerza purificadora de las fealdades contraídas en el mundo y por la carne ¿qué valor no tendrá el arrepentimiento, más real y perfecto, mucho más perfecto, de un alma ya liberada de la carne, que comprende lo que es Dios, iluminada acerca de la gravedad de sus errores, iluminada acerca de la inmensidad de la alegría que ha alejado de sí por horas, años o siglos: la alegría de la paz del Limbo, que poco después será la alegría de la posesión de Dios?; ¿qué será la purificación doble, triple del arrepentimiento perfecto, del amor perfecto, del baño en el ardor de las llamas encendidas por el amor de Dios y por el amor a los espíritus, en el cual y por el cual los espíritus se despojan de toda impureza y surgen bellos como serafines, con una corona que ni siquiera los serafines tienen: con la de su martirio terreno y ultraterreno contra los vicios y por el amor? ¿Qué será? Dilo, pues, amigo mío”. ■ Lázaro: “No sé… una perfección. Mejor… una re-creación”. Jesús: “Has dicho la palabra exacta. El alma queda como recreada. Se hace semejante a la de un niño. Es nueva. Desaparece todo el pasado, su pasado de hombre. Cuando desaparezca la Culpa Original, el alma, ya sin mancha o sombra de ella, será super-creada y digna del Paraíso: Yo llamé a tu alma que ya se había re-creado, porque amaba el Bien, por la expiación de los sufrimientos y de la muerte, y por tu perfecto arrepentimiento y perfecto amor alcanzados aun después de la muerte. ■ Tú tienes, pues, el alma completamente inocente, de un recién nacido. Si eres un niño recién nacido ¿por qué quieres poner sobre esta infancia espiritual los vestidos pesados del hombree adulto? Los niños tienen alas y no cadenas para su espíritu alegre. Los niños me imitan fácilmente, porque no han adquirido todavía ninguna personalidad. Se hacen como Yo soy, porque en su alma limpia de huellas se puede imprimir, sin confusión de rasgos, mi figura y mi doctrina. Tienen el alma libre de humanos recuerdos, resentimientos, prejuicios. No hay nada en ella. Y puedo Yo estar en ellas, perfecto, absoluto, como estoy en el Cielo. Tú, que te encuentras como un recién nacido, uno que ha nacido nuevamente, porque en tu nueva carne la capacidad motora es nueva, no tiene pasado, ni mancha, ni huellas de lo que fue;  tú que has vuelto para servirme, solo para esto, debes, más que todos, ser como Yo soy. Mírame. Mírame bien. Mírate en Mí cual en un espejo. Dos espejos que se miran para reflejar mutuamente la presencia de lo que aman. Tú eres un adulto y un infante. Adulto por la edad, infante por la limpieza de corazón. Superas a los infantes porque conoces el Bien y el Mal, y porque supiste escoger el bien aún antes del bautismo en las llamas del amor”.
.   ● Misión de amor para Lázaro: “Perdona. Lázaro, fuiste sumergido en las llamas del amor. Debes ser «amor»”.-Jesús: “Pues bien, Yo te lo digo, a ti, que te has purificado: «Sé perfecto como lo es nuestro Padre celestial, y como lo soy Yo. Sé perfecto, esto es, sé semejante a Mí que te amé tanto, que he ido contra todas las leyes de la vida y de la muerte, del Cielo y de la Tierra (un milagro sin igual) para  tener de nuevo en la Tierra a un siervo de Dios, a un verdadero amigo mío; y en el Cielo a un bienaventurado, a un gran bienaventurado». Esto lo digo a todos: «Sed perfectos». Y ellos, la mayoría, no tienen el corazón que tú tenías, digno del milagro, digno de ser tomado como instrumento para esta glorificación de Dios en su Hijo. Y ellos no tienen tu deuda de amor para con Dios… Puedo decírtelo, puedo exigírtelo a ti. Y en primer lugar lo exijo en una cosa: en no guardar rencor a quien te ha ofendido y me ofende. Perdona. Perdona, Lázaro. Fuiste sumergido en las llamas del amor. Debes ser «amor», para que no tengas otra cosa más que el abrazo de Dios”. ■ Lázaro: “Y si hago así ¿habré cumplido la misión para la que me resucitaste?”. Jesús: “La habrás realizado”. Lázaro: “Basta, Señor. No quiero preguntar ni saber más. Mi ideal es servirte. Si te he servido en lo poco que pude, cuando estuve enfermo o muerto, si logro servirte mucho ahora que estoy sano, mi sueño se habrá realizado y no pido más. ¡Sé bendito, Jesús y Maestro mío! Y que también lo sea Aquél que te envió”. Jesús: “Bendito sea siempre el Señor Dios Omnipotente”.  (Escrito el 30 de Diciembre de 946).
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(<Jesús, que está en Efraín, se encuentra en estos momentos rodeado de las discípulas, que se encargan de limpiar y coser los vestidos. Juan y Judas Iscariote están también con ellos. Judas dice que tiene en su alforja un pedazo de tela para un vestido cuyo remiendo están llevando a cabo las mujeres. Jesús aprovecha la ocasión para contar una parábola, comparando el alma con un trozo de tela>)
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9-567-98 (10-28-196).- Judas no entiende la parábola de la tela desgarrada.- Razón de condenación de muchas almas.
* “Si la tela (el alma) está muy rasgada, es más, está tan rasgada que ha perdido un trozo, no debe uno, con soberbia, pretender anular el daño por sí solo, sino que debe ir a Aquel que puede restituir nueva integridad al alma y decirle: «Padre he pecado. Si quieres puedes curarme»”.- ■ Dice Jesús: “Comparo el alma con un trozo de tela. Cuando el alma es infundida, es nueva, sin desgarrones: solo la mancha original, y no presenta en su textura ninguna herida, ni otra mancha o deterioro. Después con el tiempo, y por acoger en sí una serie de vicios, se desmedra, llegando a veces a desgarrarse; por las imprudencias se mancha, por los desórdenes se rasga. Una vez rasgada, no se debe hacer un remiendo malhecho, que sería origen de otros, más numerosos desgarrones, sino que hay que hacer un paciente y lento remiendo, perfecto, para anular lo más posible el daño creado. Y, si la tela está muy rasgada, es más, si está tan rasgada que ha perdido un trozo, no debe uno, con soberbia, pretender anular el daño por sí solo, sino que debe ir a Aquel que se sabe que puede restituir nueva integridad al alma, porque todo se le ha concedido y todo lo puede. Estoy hablando de Dios, mi Padre, y de Mí, que soy el Salvador. Pero el orgullo del hombre es tal, que cuanto mayor es el desperfecto de su alma, tanto más trata de remendarlo de cualquier manera con remedios imperfectos que lo que hacen es causar un daño cada vez mayor. ■ Me podréis objetar que un desgarrón siempre se verá. Esto también Salomé lo ha dicho. Sí, se verán siempre las heridas que un alma ha sufrido. Pero el alma pelea su batalla y, consecuentemente, recibe heridas. Muchos son, en efecto, los enemigos que la atacan. Pero nadie, al ver a un hombre cubierto de cicatrices, señales de gloriosas heridas recibidas en la batalla por conseguir la victoria, puede decir: «¡Este hombre es un cobarde!». Dirá, más bien: «Éste es un héroe. He ahí las señales de valor». Y nunca se verá que un soldado evite las curas avergonzándose de una herida gloriosa; antes al contrario, irá al médico y le dirá con santo orgullo: «Mira, he combatido y vencido. No evité ninguna fatiga. Cúrame ahora para estar preparado para otras batallas y victorias». ■ Sin embargo, quien tiene llagas causadas por enfermedades inmundas, causadas en él por vicios indignos, se avergüenza de sus llagas ante sus familiares y amigos, e incluso ante los médicos, y, a veces,  es tan completamente necio, que las mantiene escondidas hasta que el hedor las pone de manifiesto. Pero entonces es ya demasiado tarde para poner remedio. Los humildes son siempre sinceros, y también son personas valientes, que no se avergüenzan de las heridas que tuvieron en la lucha. Los soberbios son siempre mentirosos y cobardes; por su orgullo, por no querer ir a Aquel que puede curarlos —y decirle: «Padre, he pecado. Pero si Tú quieres puedes curarme»—, llegan a la muerte”.
* Las almas de los orgullosos, cuando se dan cuenta de haber despreciado todo medio de salvarse, caen en la desesperación porque están sin Dios, y, diciéndose «Es demasiado tarde», se dan la última muerte: la de la condenación”.- ■ Jesús continúa: “Y son muchas las almas que, por orgullo de no confesar una primera culpa, llegan a la muerte. Y entonces también para éstas es demasiado tarde. No reflexionan en que la misericordia divina es más poderosa y vasta que cualquier gangrena, por poderosa y vasta que ésta sea, y que todo lo puede curar. Pero ellas,  las almas de los orgullosos, cuando caen en la cuenta de haber despreciado todo medio de salvarse, caen en la desesperación, porque están sin Dios, y, diciendo: «Es demasiado tarde», se proporcionan la última muerte: la de la condenación. ■ Puedes ir por tu tela…”. Iscariote: “Voy por ella, pero te diré que esta parábola no me ha gustado. No la entendí”. María de Salomé replica: “¡Pero si ha sido clara! La entendí yo, que soy una pobre mujer”. Iscariote: “Pues yo no. Antes decías unas cosas muy bellas. Ahora… las abejas… la tela… las ciudades que cambian de nombre… las almas barcas… Cosas tan pobres de sentido y tan confusas, que ya ni me gustan ni las entiendo. Pero voy por el trozo de tela porque, desde el punto de vista práctico, opino que es necesario, aunque también digo que seguirá siendo una túnica echada a perder”. Se levanta y se va. ■ María ha bajado cada vez más la cabeza sobre su labor mientras Judas hablaba. Juana, al contrario, la ha levantado mirando con ojos desdeñosos al imprudente. También Elisa hizo lo mismo, pero luego imitó a María, lo mismo Nique. Susana, estupefacta, ha abierto desmesuradamente sus grandes ojos, y luego ha mirado, en vez de a Judas,  a Jesús, como preguntándose por qué no reacciona. Pero ninguna ha hablado ni ha hecho gestos. María Salomé y María de Alfeo, más de pueblo, se han mirado, moviendo la cabeza, y apenas salido Judas, Salomé comenta: “Es él quien tiene la cabeza ya acabada”. Y María de Alfeo sentencia: “Claro, y por eso no comprende nada. Y no sé si ni siquiera Tú vas a poder arreglársela. Si mi hijo fuese así, se la rompería yo. Así como se la hice, así se la puedo romper. ¡Es mejor tener desfigurada la cara que no el corazón!”. Jesús dice: “Sé indulgente, María. No puedes comparar a tus hijos, que crecieron en medio de una familia honrada, en una ciudad como Nazaret, con  él”. María de Alfeo: “Su madre es buena. Su padre he oído decir que no era un hombre malo”. Jesús dice: “Sí. Pero el orgullo no le faltaba en el corazón. Por eso alejó de la madre demasiado pronto al hijo, y contribuyó a desarrollar la herencia moral que él mismo había dado a su hijo mandándole a Jerusalén. Es doloroso decirlo, pero el Templo no es un lugar donde el orgullo hereditario pueda disminuir…”. (Escrito el 15 de Febrero de 1947).
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(<Este dictado de Jesús tiene lugar después de la muerte de Judas por ahorcamiento>)
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10-605-39 (11-25-541).- Judas de Keriot habría podido salvarse todavía si se hubiera hecho del remordimiento un arrepentimiento.
*  Juicio sobre dos caídas: la de Judas y la de Pedro.- ■ Dice Jesús: “Horrible muerte, pero no inútil. Muchos creen que Judas haya cometido una acción insignificante. Algunos han llegado a decir que fue un benemérito porque sin él la Redención no se hubiera realizado, y que, por esto, está justificado a los ojos de Dios. En verdad os digo que si el Infierno no hubiera existido antes, con una existencia perfecta en cuanto a los tormentos, habría sido creado para Judas, incluso mucho más horrible y eterno. Porque de todos los pecadores condenados él es el más réprobo y pecador (1); y para él no habrá, para siempre jamás, mitigación en su condenación (2). El remordimiento habría podido incluso salvarle, si hubiera hecho del remordimiento un arrepentimiento. Pero no quiso arrepentirse, sino que al primer delito de traición —del que todavía la gran misericordia que es mi amorosa debilidad podía compadecerse—, unió blasfemias, la resistencia a las voces de la Gracia, que le hablaban por mi mirada, por medio de los restos de la Eucaristía instituida, de las palabras de mi Madre. Él resistió a todo. Quiso resistir, de la misma manera que quiso traicionar y quiso maldecir y quiso suicidarse. ■ La voluntad es la que vale en las cosas, ya sean buenas ya malas. Yo perdono cuando alguien cae sin voluntad de caer. Fíjate lo que pasó con Pedro. Me negó. ¿Por qué? No lo sabía claramente ni siquiera él mismo. ¿Fue Pedro culpable? No. Mi Pedro nunca lo fue. Ante los soldados y guardias del Templo tuvo el valor de atacar a Malco para defenderme y se puso en peligro de que le hubieran matado por ello. Luego huyó, por falta de voluntad. Después me negó, sin tener la voluntad de hacerlo. Bien supo después permanecer y seguir adelante por el camino sangriento de la Cruz, por mi camino, hasta llegar a su muerte de cruz. Bien supo después dar testimonio de Mí, hasta el punto de que le mataron por su fe intrépida. Su negación fue el último extravío de su flaqueza humana. Pero la voluntad espiritual no estaba presente en esos momentos. Oprimida bajo el peso de la debilidad humana, dormía. Cuando despertó, no quiso permanecer en el pecado y quiso ser perfecto. Le perdoné enseguida. Judas no quiso”.
* Arrojar las monedas fue fruto de la ira no de la voluntad de arrepentirse”.-Jesús: “Dices que parecía loco e hidrófobo. Lo era de rabia satánica. El terror que experimentó al ver el perro, animal en realidad raro en Jerusalén, le vino de que desde tiempos antiguos se atribuía a Satanás esa forma de aparecerse a los hombres. En los libros de magia se dice incluso ahora que una de las formas que prefiere Satanás para aparecerse es la de un perro misterioso o la un de gato o de un macho cabrío. Judas, a merced del terror nacido por causa de su crimen, convencido de pertenecer a Satanás por su delito, ve a Satanás en la forma de un perro callejero. ■ El culpable ve en todo sombras de miedo. La conciencia las crea. Y luego Satanás azuza estas sombras, que podrían todavía dar el arrepentimiento, y hace de ellas espectros horrendos que llevan a la desesperación.  Y la desesperación lleva a cometer el último crimen: el suicidio.  ¿De qué sirve arrojar el precio de la traición, si este despojo es solo el fruto de la ira, y no de una voluntad de arrepentimiento? En este último caso, el desprenderse de los frutos del mal se hace mérito. Pero así, como Judas hizo, no estuvo bien. Inútil sacrificio”.
La Madre, Sacerdotisa y Tesorera, le habría traído a los pies de la cruz… pero Judas no quiso y mi Sangre no cayó sobre él”.- Jesús: “Mi Madre —y era la Gracia la que hablaba y mi Tesorera la que ofrecía el perdón en mi nombre— se lo dijo: «Arrepiéntete, Judas. Él perdona…». ¡Oh, claro que le habría perdonado! Si se hubiera arrojado a los pies de mi Madre diciendo: «¡Piedad!», Ella, la Misericordiosa, le habría recogido como a un  herido, y en las heridas que Satanás le había hecho, en las que él había inoculado el traicionarme, habría derramado su llanto que salva, me le habría traído, a los pies de la cruz, tomándole de la mano para que Satanás no le pudiera arrebatar, y no le golpearan los discípulos; me lo habría traído para que mi Sangre hubiera caído primeramente sobre él, el más grande de los pecadores. ■ Y habría estado Ella, Sacerdotisa admirable en su altar, entre la pureza y la culpa, porque es Madre de las vírgenes y de los santos, pero también de los pecadores. Pero Judas no quiso. Reflexionad sobre el poder de la voluntad, de la cual sois dueños absolutos. Por ella podéis recibir el Cielo o el Infierno. Reflexionad qué quiere decir persistir en la culpa”.
* El Crucificado, esperanza de los que se arrepienten y pavor de los impenitentes.-Jesús: “El Crucificado, el que está con los brazos abiertos y clavados para deciros que os ama, que no quiere, que no puede castigaros porque os ama, que prefiere no poderos abrazar  —único dolor en su actitud de crucificado— antes que estar libre para castigaros; el Crucificado, esperanza divina para los que se arrepienten y quieren dejar la culpa, para los impenitentes es objeto de un pavor tal, que les hace blasfemar y usar la violencia contra sí mismos. Son éstos asesinos de su propio cuerpo y alma por su persistencia en el pecado. Y el aspecto del Bueno, que se dejó inmolar con la esperanza de salvarlos, toma la forma de un espectro de horror”.

* Dice Jesús:
“María, te has quejado de esta visión. Pero es Viernes de Pasión, hija. Debes sufrir. A los sufrimientos por mis sufrimientos y los de María, debes unir los tuyos por la amargura de ver a los pecadores persistir siendo pecadores. Ha sido éste un sufrimiento nuestro. Debe ser también el tuyo. María sufrió y  sufre todavía por esto, como por mis tormentos. Por esto debes sufrir. Ahora descansa. Dentro de tres horas pertenecerás a Mí y a María. Te bendigo, violeta de mi Pasión y pasionaria de María” (5 ¼ del día). (Escrito el 31 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : “De todos los condenados, él es el más réprobo y pecador”.- Si de forma cuidadosa y desapasionada se examinan lo pasos bíblicos que más o menos se refieren a la suerte de Judas Iscariote, parece que se condenó. Cfr. Mt. 26,20-25; Mc. 14,17-21; Lc. 22,21-23; Ju. 6,67-71;13,1-32; Hech.1,15-26. ■ Los exégetas modernos, sin embargo, no están de acuerdo. Algunos al comentar el cap. 1º de los Hechos, al llegar al v. 25: “Señor, muéstranos a cuál de éstos dos (Matías o José) has elegido para ocupar el lugar que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía”, guardan silencio; otros, no afirman que Judas se haya condenado (Jacquier); otros, en fin, lo afirman (Bíblico de Roma). La antigua Glossa interlinearis, un eco de los santos Padres y Escritores, sobre la palabra griega “lugar” (locum) ponen la palabra lapidaria “Infierno”. ■ Fuera de estos lugares escriturísticos en que se habla directamente del estado de Judas, no tenemos ningún dato para afirmar con claridad que Judas se haya condenado. Ni tampoco la Iglesia ha dicho cosa alguna al respecto. Con todo, en esta Obra se afirma la eterna condenación de Judas, deicida, y suicida impenitente.  2  Nota  : Al leerse en esta Obra: “Para él, no habrá, para siempre jamás, mitigación en su condenación” se refiere directa y claramente a Judas, el traidor del divino Maestro; pero no respecto de los demás condenados. Y aun cuando con ello se entendiese que el sufrimiento eterno de los demás condenados, o de algunos, por algunos motivos o en algunas circunstancias Dios lo aminora en su misericordia, esta Obra no podría ser tachada de herejía. Consultar al gran teólogo D. Petavius S. J. Aunque hoy en día muchos ilustres teólogos son contrarios a la disminución de los sufrimientos de los condenados, no faltan, con todo, quienes la aceptan.
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(<Los apóstoles han recorrido los caminos de la Pasión. Ahora con Jesús Resucitado visitan el Huerto del Getsemaní>)
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10-630-245 (11-16-720).- Jesús resucitado con los apóstoles en el Getsemaní: remordimiento-confianza-desesperación.
* En Judas el remordimiento produjo desesperación; en vosotros confianza”.- ■ Entran en el Getsemaní. Jesús tiene que abrir antes una puerta que ahora impide la entrada al Huerto de los Olivos. Una puerta nueva. Una fuerte valla, con estacas agudas, con una nueva cerradura. Jesús tiene la llave; una llave tan nueva que resplandece como el acero; y abre la cerradura sirviéndose de la luz de una rama encendida que Felipe ha prendido para ver, pues ya es ya del todo noche. Al notar la valla que aísla el Getsemaní, los apóstoles murmuran: “No estaba antes…  ¿Por qué ahora?… Está claro que Lázaro no quiere ya a nadie aquí. Mira allí: piedras, ladrillos, cal. Ahora es madera, después será un muro…”. Jesús dice: “Venid. No os ocupéis de cosas muertas, os lo digo… Ved. Aquí estuvisteis… Aquí me rodearon y apresaron. De allí huisteis… Si hubiera estado esta valla entonces, no hubierais podido huir tan rápidamente. Pero ¿cómo iba a pensar Lázaro, que se moría de ansias por seguirme, que ibais a huir? ¿Os hago sufrir? Primero sufrí Yo. Quiero borrar aquel dolor. Bésame, Pedro…”. Pedro se niega: “¡No, Señor, no! Repetir lo que hizo Judas, aquí, a la misma hora, ¡no, no, no!”. Jesús: “Bésame. Tengo necesidad de que hagáis con amor sincero lo que Judas no hizo. Después seréis felices. Acércate, Pedro. Bésame”.  Pedro no solo besa. Lava con sus lágrimas la mejilla del Señor, y se retira, cubriéndose la cara, y se sienta en el suelo para llorar. Los demás, uno tras otro, le besan en el mismo lugar. Quien más, quien menos todos tienen lágrimas en los ojos… ■ Jesús: “Ahora vámonos. Esa noche os separé de Mí, por pocas horas, después de que os robustecí con mi Cuerpo; pero enseguida caísteis. Recordad siempre cuán débiles fuisteis y que sin la ayuda de Dios no podríais permanecer en justicia ni siquiera una hora. Ved. Aquí dije que se velara. Se lo dije a aquellos que se creían los más fuertes; tan fuertes que creyeron que podían beber de mi cáliz, y que dijeron que estaban dispuestos a cualquier sacrificio antes que negarme. Los dejé, diciéndoles que velaran… Los dejé y ellos se durmieron. Recordad, y enseñad que quien se separa de Jesús, que quien no se mantiene en contacto con Él por medio de la oración, cae en el sopor y puede ser apresado. Si no os hubiera despertado, os hubieran podido incluso matar durante el sueño, y hubierais debido comparecer ante el juicio de Dios cargados de vuestra flaqueza humana. Venid… Ved. Baja, Felipe, la rama. Ved. Quien quiera ver Sangre mía que mire. Aquí, en medio de la mayor angustia, semejante a la del agonizante, sudé sangre. Mirad… Tanta, que la tierra está endurecida y, todavía, roja la hierba, porque la lluvia no pudo disolver los coágulos que se secaron entre tallos y corolas. Ved. Y allí me apoyé. ■ Y aquí el ángel del Señor estuvo para darme fuerzas para cumplir con la voluntad de Dios. Porque —recordad esto—  si siempre quisierais hacer la Voluntad de Dios, en aquellos momentos en que la criatura no puede resistir, Dios viene con su ángel a sostener al héroe agotado. Cuando os encontréis en medio de la angustia, no temáis de caer en la cobardía o en la abjuración si persistís en querer lo que Dios quiere. Dios os convertirá en gigantes de heroísmo si permanecéis fieles a su Voluntad. Recordadlo, recordadlo. Una vez os dije que después de las tentaciones en el desierto, los ángeles me auxiliaron. Ahora sabed que también aquí después de la más grande tentación, un ángel me auxilió. Y esto mismo sucederá con vosotros, y con todos mis fieles. Porque en verdad os digo que los auxilios que tuve, también vosotros los tendréis. Yo mismo os los obtendría, si el Padre en su amorosa justicia, no os lo concediese. Solo el dolor será siempre inferior al mío… Sentaos. Allá en el oriente se asoma la luna. Habrá luz. ■ No creo que esta noche durmáis, aun cuando todavía seguís siendo tan humanos y solamente humanos. No. No dormiréis porque ha entrado en vosotros un elemento que antes no teníais. Es el remordimiento. Una tortura, es verdad. Pero sirve para pasar a estadios más altos, tanto en el bien como en el mal. En Judas de Keriot, que se alejó de Dios, produjo la desesperación y su condenación. En vosotros, que no habéis salido jamás de las cercanías de Dios  —os lo aseguro, porque en vosotros no existía voluntad ni la advertencia clara de lo que hacíais— el remordimiento producirá un arrepentimiento de confianza que os llevará a la sabiduría y a la justicia. ■ Quedaos donde estáis. Yo me retiro hacia allá, a la distancia del tiro de una piedra, en espera del amanecer”. Andrés suplica de rodillas: “¡Oh, no nos dejes, Señor! Tú has dicho lo que somos, si estamos lejos de Ti”. Y suplica  con  las manos juntas, como si pidiese una limosna de piedad. Jesús: “Tenéis el remordimiento. Es un buen amigo en los buenos…”.
* “Sin arrepentimiento y reparación el pecado es un mal insanable”.- ■  Tadeo, que no se atreve a comportarse como pariente, suplica: “No te alejes, Señor. Nos dijiste que oraríamos juntos…”. Y en señal de veneración tiene la cabeza un poco inclinada. Jesús: “¿Y no es la meditación la oración más activa? ¿Y no os he movido a la contemplación y meditación?, ¿no os he dado tema de meditación desde que me llegué a vosotros por el camino, moviendo vuestros corazones con verdaderos actos de santos sentimientos? En esto consiste la oración,  hombres: en ponerse en contacto con el Eterno y con las cosas que sirven para llevar al espíritu mucho mas allá de la Tierra; y, a partir de la contemplación de las perfecciones de Dios y de la miseria del hombre, del propio ser, suscitar actos de voluntad amorosa o reparadora, siempre pronta a adorar… aun cuando si dicha voluntad surgiera de una meditación sobre una culpa o un castigo. El mal y el bien sirven para el fin último, si se saben usar. ■ Os lo he dicho muchas veces. El pecado es un mal insanable si no le sigue el arrepentimiento y la reparación; en caso contrario, con la contrición del corazón se hace fuerte argamasa para tener compactos los fundamentos de la santidad, cuyas piedras son las buenas resoluciones. ¿Podríais mantener unidas piedras sin mortero? ¿Sin esto que aparentemente es feo, pero sin el cual las hermosas piedras, los relucientes mármoles no podrían estar unidos para formar el edificio?”.  (Escrito el 11 de Abril de 1947).
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(<La Virgen y Juan van recorriendo los caminos de la Pasión. En estos momentos, han atravesado el puentecillo del Cedrón, camino al Gólgota, sin entrar en la ciudad>)
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10-643-383 (11.28-834).- “Los leprosos de Hinnón, símbolo de los que no se convertirán al Cristo, símbolo de aquellos por los que Él inútilmente murió”.
* “Madre, vuestro (Tú y Él) llanto, oración, amor activo, dolor no puede no dar fruto…”.- ■ Y, junto con Juan, reanuda el camino. No entra en la ciudad. Bordea el Valle de Hinnón y las cavernas donde viven los leprosos. Alza los ojos hacia esos antros de dolor. Ha­ce una seña a Juan, quien inmediatamente dispone encima de una piedra unos alimentos que llevaba en una bolsa mientras lanza un grito de llamada. Algunos leprosos se asoman y se acercan a la pie­dra. Dan las gracias, pero ninguno pide curación. María observa esto y dice: “Saben que Él ya no está, y, como están profundamente perturbados por su horrenda Muerte, ya no saben tener fe en Él y en sus discípulos. ¡Dos veces desdichados! ¡Dos veces leprosos! ¿Dos? No, totalmente desdichados, leprosos, muertos. En la Tierra y en el otro mundo”. Juan: “¿Quieres que intente hablar con ellos, Madre?”. Virgen: “¡Es inútil! Lo intentaron Pedro, Judas de Alfeo, Simón Zelote… Y se burlaron de ellos. Vino María de Lázaro, que siempre los socorre en memoria de Jesús, y también se rieron de ella. También vino Lázaro, con José y Nicodemo, para, hablándoles de su resurrección por obra de Jesús después de cuatro días de sepulcro, y de la del Hombre Dios por su propio poder, y de la Ascensión de Jesús, con­vencerles de que Él era el Cristo. Fue todo inútil. Respondieron: «Son mentiras. Los que saben la verdad dicen que son mentiras»”. Juan: “Y estos últimos son los fariseos y los sacerdotes, seguro. Son ellos los que trabajan para destruir la fe en Él. ¡Estoy seguro de que son ellos!”. Virgen: “Puede ser, Juan. Lo cierto es que los leprosos que no se convirtieron antes, ni siquiera ante los milagros de Jesús, ya no se conver­tirán. Nunca. Son signo y símbolo de todos los que, a lo largo de los siglos, no se convertirán al Cristo y serán, por libre voluntad, leprosos de pecado y estarán muertos a la Gracia que es Vida; símbolo de todos aquellos por los que Él inútilmente murió… ¡y de esa manera!…”, y llora, serenamente, sin sollozos, pero con verdadero caudal de lágrimas. ■ Juan, cuando María, para esconder su llanto a unas personas que pasan y que la observan, se cubre el rostro con su velo, la toma de un brazo, y, mientras amorosamente la guía, le dice: “Tu llanto, tu ora­ción, tu… vuestroamor por todos los hombres, vuestro, porque tu amor es activo como lo es  —perfectamente activo— el de Jesús glorio­so en el Cielo; vuestro dolor, el tuyo, por la sordera de los hombres; el suyo, por la obstinación de demasiados en pecar, no puede no dar fru­to. ¡Mantén la esperanza, Madre! Mucho dolor te han dado y te darán todavía los hombres, pero también amor y alegría. ¿Quién no te que­rrá cuando sepa de ti? Ahora estás aquí, ignorada por el mundo, des­conocida. Pero cuando la Tierra sepa, porque se haya hecho cristiana, ¡cuánto amor recibirás! Estoy seguro de ello, Madre santa”. (Escrito el 8 de Septiembre de 1951).
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.         b)  Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»

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Mañana del Viernes Santo (1)
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43-13.- Pequeños redentores para salvar almas y “suplir al 2º martirio que el Padre no quiere que Yo cumpla”.
* A toda criatura que se inmola le es concedido salvar alguna alma. Alguna. No sorprenderse de que sean pocas las concedidas a cada pequeño redentor si se piensa que Yo, el Redentor divino, en el Calvario, de todos los miles de personas presentes a mi morir, tan solo conseguí salvar al ladrón, a Longinos y a pocos más…”.-  ■ Dice Jesús: “La primera vez mi Padre, para purificar la tierra, mandó un lavacro de agua; la segunda, uno de Sangre y ¡de qué Sangre! Ninguno de los dos ha servido para hacer de los hombres hijos de Dios. Ahora el Padre está cansado y, para hacer perecer a la raza humana, deja que se desencadenen los castigos del Infierno porque los hombres han  preferido el Infierno al Cielo; y su dominador, Lucifer, los tortura para inducirles a blasfemar de Nosotros haciendo así de ellos sus hijos absolutos. Yo querría morir por segunda vez a fin de salvarlos de una muerte más atroz todavía… Mas mi Padre no lo permite… Mi Amor lo permitiría, la Justicia, no. Sabe que sería inútil. ■ Por eso vendré a la última hora tan solo. Mas ¡ay de aquellos que en aquella hora me han de ver tras haber escogido por su señor a Lucifer! No habrá necesidad de que mis ángeles empuñen sus armas para vencer en la batalla contra los anticristos. Bastará mi mirada. ¡Oh, si los hombres supiesen, ahora al menos, volver a Mí que soy la salvación! No deseo sino esto y lloro porque veo que nadie es capaz de hacer suyo el alzar la mirada al Cielo desde donde Yo les tiendo los brazos. ■ Sufre, María, y di a los buenos que sufran para suplir el segundo martirio que el Padre no quiere que Yo cumpla. A toda criatura que se inmola le es concedido el salvar alguna alma. Alguna… y no hay por qué sorprenderse de que sean pocas las concedidas a cada pequeño redentor si se piensa que Yo, el Redentor divino, en el Calvario, a la hora de la inmolación, de todos los miles de personas presentes a mi morir, tan solo conseguí salvar al ladrón, a Longinos y a pocos más…”. (Escrito el 23 de Abril de 1943)
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1  Nota  : Es el primer dictado recibido por María Valtorta. Refiere Marta Diciotti que tuvo lugar hacia el mediodía del 23-4-43 Viernes Santo, y que María, sorprendida, le confió lo sucedido y le pidió que fuese a buscar al Padre Migliorini. Marta salió de casa alegando cualquier pretexto a fin de no despertar la curiosidad en la madre de María, mujer autoritaria y no inclinada a cosas de religión. El Padre Migliorini vino inmediatamente y estuvo en confidente coloquio con la enferma.
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Sábado Santo
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43-15.- Reflexión de María Valtorta sobre la doctrina de misericordia de Dios en el episodio de la aparición de Jesús Resucitado a María Magdalena.
*  Consoladora escena de Misericordia Divina para los pecadores.- ■ Mientras se canta el «Gloria» en las iglesias… Una de las cosas que más me hace reflexionar sobre la doctrina de misericordia de mi Jesús es el episodio que se lee en el Evangelio de San Juan: «María, que estaba fuera llorando junto al sepulcro… se volvió hacia atrás y vio derecho, en pie, a Jesús… Y Jesús le dijo: ‘¡María!’». No contento aún con  haber amado tanto a los pecadores hasta el punto de dar su vida por ellos, Jesús reserva su primera manifestación, tras la Pasión, para una pecadora convertida. No es seguro que Jesús se hubiera presentado ya a su Madre (1). El corazón nos induce a creerlo; pero ninguno de los cuatro evangelistas lo dice. Es segura, por el contrario, esta aparición a María de Magdala. A ella, que personifica a la inmensa cohorte de los redimidos por el amor de Cristo, se aparece Él por primera vez y se manifiesta en su segundo ropaje de Dios-Hombre para siempre. Primero era el Hombre en el que se ocultaba un Dios. Antes todavía, en los tiempos de la espera, el Verbo era solo Dios. Ahora es Dios-Hombre que lleva en los Cielos nuestra carne mortal. Y esta obra maestra de la Divinidad, por la que la carne nacida de mujer alcanza a ser inmortal y eterna, se manifiesta a una criatura que fue pecadora… ■ No solo eso sino que a ella, precisamente a ella, confía el mensaje para sus mismos apóstoles: «Ve donde mis hermanos y diles que subo a mi Padre y Padre vuestro, mi Dios y Dios vuestro». ¡Aún antes que al Padre, a María la pecadora! ¡Qué río de confianza se vierte en mí al considerar esto! ¡Cómo debiera decirse, volverse a decir y decir continuamente a las pobres almas titubeantes y vergonzosas por saber que han pecado, que Jesús las ama tanto, hasta el punto de anteponerlas al Padre y a su Madre! Porque pienso que si aún no había subido al Padre, no se habría mostrado ni a su Madre en aquella primera hora de la resurrección. En el fondo es una necesidad de amorosa justicia. Jesús vino por los pecadores. Procede, por tanto, que la primicia de su resurrección vaya a aquella que encabeza a los pecadores redimidos. «A mis hermanos —a mi Padre y vuestro— Dios mío y vuestro». ■ Resuenan en mi corazón estas palabras como otras tantas campanas jubilosas. Hermanos y discípulos, hermanos nosotros que descendemos de ellos. Si aún nos queda alguna duda, ésta se derrumba como la piedra del sepulcro removida por este torbellino de amor y surge la confianza en los corazones, aún en los más estrechados y oprimidos por el recuerdo de sus errores y para la consideración de la inmensa distancia que nos separa a nosotros, polvo,  de Dios. Lo dice Jesús: seamos hermanos, tengamos un único Padre en Cristo. ¡Oh! Él nos toma con sus manos traspasadas —es el primer ademán que hace después de su muerte— y nos lanza sobre el corazón de Dios en los Cielos ya no más cerrados sino abiertos por el amor, a fin de que allí se lloren las dulces lágrimas de la reparación con nuestro Padre. ¡Alleluya! ¡Gloria a Ti, Maestro, y Dios, que nos salvas con tu dolor y nos das el Amor como camino de salvación! (Escrito el 23 de Abril de 1943).
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1  Nota  : En la Obra Magna «El Evangelio como me ha sido revelado» se dice que la primera aparición de Jesús Resucitado fue para su Madre.
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43-24.- La “voz” sin sonido y con la voz una visión mental, para referirse a dos hechos: respecto a su primo  y  respecto a la perdición de una dilecta amiga.
*  Una “voz”, divina advertencia, respecto a la dura respuesta dada por ella a su primo espiritista.- ■ Me decía usted (1) que escribiera acerca de las sensaciones pasadas. Le he contestado que no podría repetir ahora exactamente aquellas palabras y, por tanto, no las repito. Nada debe ser mío en esto. Mas, con todo, le puedo hacer una breve enumeración de cuanto he advertido… ■ Hace ya dos años que, por primera vez, advertí una “voz” sin sonido que respondía a mis preguntas (preguntas que me hago a mí misma cuando medito sobre esto o aquello) y con la voz una visión (mental). Lo recuerdo perfectamente. Era a seguido de la discusión que tuve con mi primo (el espiritista) (2). Le había contestado a una carta suya burlona e hiriente. Tres horas después, mientras recapacitaba sobre lo escrito, ya cursado, y me complacía aduciendo razones humanas y algo más que humanas en confirmación de mi fogosa carta, advertí la “voz” que me decía: “No juzgues. Nada puedes saber tú. Hay cosas que Yo permito. Hay otras que Yo provoco. Y ninguna carece de fin. Y ninguna es captada por vosotros, los hombres, con justicia. Sólo Yo soy Juez y Salvador. Piensa cuántos de mis siervos fueron tachados de endemoniados porque hablaron repitiendo palabras venidas de zonas de misterio. Piensa cuántos otros, cuya vida pareció discurrir siempre en la más sumisa observancia de la Ley de Dios y de mi Iglesia, se encuentran ahora entre los condenados por Mí. No juzgues y no temas. Yo estoy contigo. Mira: ten un instante de percepción de mi Luz y verás que la luz humana más viva es tenebrosidad respecto de mi Luz”. ■ Y vi como abrirse una puerta, una gran puerta de bronce, alta, pesada… Giraba sobre sus goznes con un sonido de arpa. No veía quién la impelía a abrirse lentamente. Se filtró de la hendidura una luz tan viva, tan festiva, tan… no hay adjetivos para describirla, que me colmó de Cielo. La puerta continuaba abriéndose y del vano, cada vez más amplio, un río de rayos de oro, de perlas, de topacios, de brillantes, de todas las piedras preciosas hechas luz, me rodeó toda, me inundó. Y en aquella luz comprendí que es preciso amar a todos, no juzgar a nadie, perdonarlo todo y vivir sólo de Dios. Han transcurrido dos años y aún veo aquel fulgor…
*  El hijo de perdición.- ■ Más tarde, en la semana santa de 1942. Mejor dicho, en la semana de Pasión. De improviso, el miércoles de Pasión, me sonó una frase al oído. Fue tan viva la impresión que puedo con propiedad decir que “me sonó” por más que no percibiese sonido alguno y que decía: “De aquellos que yo te he dado ninguno ha perecido, excepto el hijo de perdición y esto a fin de que tú conocieses igualmente la amargura de no poder conseguir salvar a todos los tuyos”. Como usted ve, una frase mitad evangélica, antigua por tanto, y mitad nueva. Una frase capaz de dejarnos perplejos, ya que Jesús me ha confiado muchos —parientes, amigos, maestros, condiscípulas y discípulas— muchos por los que he sufrido, obrado, rogado. Entre estos muchos ha habido más de uno que me ha desilusionado en mi sed de amor espiritual. Por eso era para quedarme perpleja acerca de la persona definida como hijo de perdición. ■ Mas cuando Jesús habla, por más que la frase sea en apariencia misteriosa para los demás, va unida a tal luz especial, que el alma a la que se dirige entiende exactamente a quién alude Cristo. Comprendí pues que el “el hijo de la perdición” era una de mis niñas de la Asociación. Una por la que tanto había hecho llevándola de verdad sobre mi corazón para salvarla, ya que me había dado cuenta de su natural… Aparentemente, el año pasado, nada había que hiciese pensar un desvarío suyo. Mas yo lo comprendí. Aumenté entonces mis oraciones por ella y… no pude sino impedir un delito de infanticidio. (Escrito el 13 de Mayo de 1943).
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1  Nota  : Se dirige al Padre Migliorini, su director espiritual.   2 Nota  : José Felfanti. primo de la madre de María Valtorta.
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43-28.- “El hijo de perdición”.
*  Confirmación de la “voz” del miércoles de Pasión.- ■ En Junio, una tarde en que me encontraba entre la vida y la muerte, llegué a sentirme llamar por aquella niña—“el hijo de  perdición”— que estaba en Roma. Fue un grito de invocación infinita: “¡Señorita, señorita!”. Lo percibí distintamente. Ninguno otro lo oyó. Mes y medio después supe por ella, de vuelta ya en su casa, el verdadero motivo de su ausencia: un hijo. Y aquella tarde, desesperada, había estado a punto, a punto de suicidarse… y me había llamado para resistir la tentación.  Me había llamado con su alma a mí que nada sabía en concreto, que la creía ausente por motivos de trabajo y que no quería dar crédito a aquella “voz” del miércoles de Pasión. (Escrito el 17 de Junio de 1943).
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43-42.- “«El que vive en caridad y en pureza está ya sobre un calvario y me agrada. Toca a Mí el dar a cada uno, del modo que quiero, la cruz que le corresponde»”.
* “Cuando Yo estoy en paz con un corazón, le doy paz y gozo. Ésta es la señal. Respecto al futuro… agradece a mi misericordia que, por ahora te la oculta en buena parte. Reza”.- ■ Dice Jesús: “Estamos en tiempo de alarmas (1) y si no vigiláis, el enemigo os hiere. Mas ¿qué son las bombas y los ataques enemigos, que solo matan el cuerpo, comparados con las asechanzas del Enemigo que pretende matar vuestra alma? ¡Esa alma que yo compré al precio de un Dolor y de una Sangre que no tiene precio! Sube a mi monte, aférrate a mi Cruz y vigila por ti, sobre ti, sobre muchos. Y ruega. Yo te amo y la alegría que sientes en ti es la prueba de mi amor y de que tú me contentas cumplidamente. Cuando Yo estoy en paz con un corazón, le doy paz y gozo. Ésta es la señal. Respecto al futuro… ¿qué es lo que quieres saber, pobre alma? No estás lejos de la verdad y esta mañana la has rozado. Pero ¿tendrías el valor de conocerla plenamente? Agradece mi misericordia que, por ahora, te la oculta en buena parte. Reza. Está cerca Pentecostés. ■ En cuanto al Padre (2), dile: «El que vive en caridad y en pureza está ya sobre un calvario y me agrada. Toca a Mí el dar a cada uno, del modo que quiero, la cruz que le corresponde»”.  (Escrito el 31 de Mayo de 1943).
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1  Nota  : Las señales de alarma por las incursiones aéreas en la guerra.    2  Nota  : Se trata del Padre Romualdo M. Migliorini, al cual se refiere María Valtorta con frecuencia en sus escritos. Nacido en Volegno (Lucca) el año 1884, ingresó en la Orden de los Siervos de María en 1900.
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43-47.-  “Yo salvo a los que en un naufragio invocan mi Nombre y el de mi Madre”.
* “Mas en el naufragio de vuestra filiación divina matáis vuestras almas”.- ■ Dice Jesús: “Sí. Habéis progresado. Mas, como uno que ya no ve la luz, habéis progresado, no hacia la meta: Dios, sino hacia el punto opuesto. Habéis retrocedido hacia la bestialidad. Estáis matando vuestra alma. Cómo, ¿sabéis gritar al público: «Salvad vuestras almas» y sois después vosotros los que matáis? ■ Cuando en un naufragio se hunde una nave, tan sólo mueren vuestros cuerpos y mis ángeles están prontos a llevar al Cielo las almas de los que han expirado con mi Nombre y el de María, mi Madre, en los labios. Vosotros, por el contrario, en el naufragio de vuestra filiación de hijos de Dios, matáis vuestras almas. ¡Oh, pobre Corazón mío!”. (Escrito  el 2 de Junio de 1943).
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A las 12 horas
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43-55.- “Vendré, mas mi 2ª venida será de Juicio severo y, para la mayor parte de vosotros, será juicio de condenación”.
* Una nueva manifestación mía no cambiaría las cosas, provocaría más insultos e injurias”.- ■ Dice Jesús: “Querríais que viniera y me mostrase para aterrorizar y pulverizar a los culpables. ¡Oh miserables! No sabéis lo que pedís. Vendré, bien a pesar mío. Digo «a pesar mío» porque mi venida será de Juicio y juicio tremendo. Si hubiera de venir para salvaros no me expresaría así y no buscaría el alejar los tiempos de mi venida, antes, por el contrario, me apresuraría ansiosamente a salvaros todavía. Mas mi segunda venida será de Juicio severo, inexorable, general y, para la mayor parte de vosotros, será juicio de condenación. No sabéis lo que pedís, ya que, por más que Yo me mostrase ¿dónde está en los corazones y, particularmente, en los mayormente culpables de las maldades de hoy, aquel corto residuo de fe y de consideración que les haría postrarse con el rostro en tierra para pedirme piedad y perdón? No, hijos, pedís venganza al Padre cuando Él es Padre del perdón. ■ Aunque mi Rostro fulgurase en vuestro cielo y mi Voz, que creó mundos, tronase de oriente a occidente, no cambiarían las cosas sino que un nuevo coro blasfemo de insultos, una nueva vorágine de injurias serían lanzadas contra mi Persona. Repito: podría hacer un milagro y lo haría si supiese que después os ibais a arrepentir y ser mejores. Vosotros, los grandes culpables, que lleváis a los pequeños a desesperar y a pedir venganza; y vosotros, los pequeños culpables, que pedís venganza. Pues bien, ni vosotros, los grandes culpables, ni vosotros, los pequeños culpables, os arrepentiríais ni seríais mejores después del milagro. Pisotearíais incluso, con un furor de gozo culpable, los cuerpos de los castigados, desmereciendo con ello ante mi presencia y os subiríais arriba para oprimir vosotros, a vuestra vez, desde aquel trono estribado sobre un castigo”.
* Los grandes culpables están ya juzgados. Mas a vosotros intento salvaros. Y esta hora es para vosotros criba de salvación”.-Jesús: “Esto es lo que querríais: que Yo hiriese para poder herir vosotros a vuestra vez.  Yo soy Dios y veo en el corazón de los hombres y por eso no os escucho en esto. No quiero que os condenéis todos. Los grandes culpables están ya juzgados. Mas a vosotros intento salvaros. Y esta hora es para vosotros criba de salvación. Caerán en poder del Príncipe de los demonios aquellos que tienen ya en sí la cizaña del demonio, mientras que aquellos que tienen en el corazón el grano de trigo germinador del eterno Pan, germinarán en Mí para la vida eterna”. (Escrito el 5 de Junio 1943).
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43-171.- “Tu amor espiritual de hija, que salva almas, debes emplear con tu madre (1)… Con mi amor espiritual Yo salvé a muchos, excepto a los poseídos completamente” (Anás-Caifás-Judas).
* “Los padres olvidan que son depositarios y custodios de un prodigio de Dios Creador. Cada hijo es un talento confiado por el Señor mas ¡ay de aquel siervo que no le hace fructificar, o peor, le corrompe y mata el alma de un hijo!”.-Dice Jesús: “Escucha, María. ¿Conoces la parábola de aquel padre que tiene dos hijos de los que uno dice: «Sí, padre mío», y después nada hace; y el otro dice: «No, padre mío» y hace después lo que su padre le pide?  No quiero aquí hacerte meditar sobre los deberes de los hijos y sobre la excelencia de la obediencia. No. Digo tan solo que tal vez aquel padre no era un modelo de padres. Prueba de ello, que los hijos no le amaban: el uno miente y el otro responde con una negativa que supera después con esfuerzo sobrenatural. No todos los hijos son perfectos, como tampoco es verdad que todos los padres lo sean. Dice el mandamiento: «Honra al padre y a la madre». Y el que quebranta, peca y será castigado por la Justicia divina. Mas la Justicia no sería tal si no emplease idéntica medida con quien no honra a sus hijos. Honrar, en el lenguaje antiguo, quiere decir: tratar con la consideración reverencial debida a su persona. Ahora bien, si es un deber honrar a quienes nos dieron la vida y atendieron a nuestras necesidades en la infancia y en la niñez, no es menos cierto que también se debe, por parte de los padres, honrar a los hijos que Dios les concedió tener, confiándoselos a aquellos que los puedan educar santamente. ■ Con harta frecuencia olvidan los padres y las madres que son depositarios y custodios de un prodigio de Dios Creador. Porque toda nueva existencia es un prodigio del Creador. Con frecuencia dejan de pensar los padres en que, dentro de aquella carne engendrada por la carne y la sangre humanas, se oculta un alma creada por Dios que ha de crecer conforme a una doctrina de espíritu y de verdad para ser devuelta a Dios dignamente. Cada hijo es un talento confiado por el Señor a un siervo suyo. Mas, ¡ay de aquel siervo que no lo hace fructificar, lo deja baldío desentendiéndose de él, o, lo que es todavía peor, lo deshace y corrompe! Si Dios, conminándole con prolongado castigo al que no se preocupa por enriquecer el talento vivo del buen Dios, le reclamará con voz severa por qué, Dios, dueño y juez de cuanto existe, al que destruye y mata el  alma de un hijo, conminará eterna pena con inexorable veredicto pues es un progenitor homicida, homicida de la parte más preciosa del hijo: su alma. Va todo esto en un plano general. Paso al ámbito particular”.
* “Amor espiritual para tu madre. El otro, en este caso es inútil… Los padres y madres que pecan contra sus hijos, necesitan, en orden a la vida eterna, de ayuda y perdón de sus hijos”.- Jesús: “¿Sabes tú, María, cómo debes tú amar a tu madre para que puedas seguir amándola? Con un amor exclusivamente espiritual. El otro… es inútil. Ella no lo ve ni lo comprende ni lo siente. Y lo que es más: lo desprecia haciéndote sangrar en tu humanidad. Por eso te digo: ámala espiritualmente tan sólo. Ámala, pues, y preocúpate de su pobre alma. No te digo más porque eres hija y no quiero que, por encima de eso, se menoscabe el honor de tu madre. Yo soy Dios y Juez. Lo podría hacer. Mas no lo quiero hacer contigo. Aun cuando un padre falte, debe ser respetado por ser «padre». ■ Ama su pobre alma pues tiene gran necesidad de tu caridad de hija. Los padres y las madres que pecan contra sus hijos, necesitan, en orden a la vida eterna, de la ayuda y del perdón de sus hijos para que se les aligere la pena. Recapacita mucho sobre cuanto te digo sin que Yo tenga que añadir más. Si te paras a considerarla como mujer, no la puedes honrar. Convengo contigo en esto. Pero considera que es un alma, hija de Dios, y muy, muy, muy rudimentaria. Tu caridad de hija debe emplearse en reparar sus deficiencias y has de enriquecerla tú para que no se presente excesivamente pobre ante Dios Juez. Te compadeces de los enfermos y amas a los niños. Mas ¿qué niñez espiritual es más niñez que la de tu madre? Y ¿qué enfermedad espiritual es más enfermedad que la de tu madre? Toma, pues, en brazos su espíritu oscuro y pesado y elévalo hacia la Luz”.
* A muchos, excepto a los poseídos completamente (Judas-Anás-Caifás), salvé con amor espiritual”.- ■ Jesús: “Amor difícil es el espiritual. Lo sé. Mas es amor de perfección. Es el amor que Yo tuve para tantos mientras fui mortal. Yo sabía quién me habría de traicionar. Sabía quién habría de renegar de Mí. Sabía quién habría de huir en la hora tremenda. Nada se me ocultaba. Y, sin embargo, llevé a cabo prodigios inmensurables de amor espiritual —pues mi Carne y mi Sangre se estremecían de repulsión cuando sentían junto a sí a los cobardes, a los renegados y, sobre todo, al traidor— para intentar salvar sus espíritus. ■ A muchos de ellos logré salvar así. Sólo los poseídos completamente por el demonio, completamente digo, fueron impermeables a mi ablución de amor espiritual. Los demás, poseídos de una sola pasión, fueron salvados antes o después de mi Muerte. Judas, Caifás, Anás y algún otro, no, porque los siete príncipes de los demonios los tenían amarrados con siete maromas, y cohortes de demonios estaban en ellos para completar la labor que hizo de ellos las perlas del Infierno. Ama tú así. Con ello cumplirás con tu deber y te mostrarás ante Mí como verdadera discípula. En cuanto a ella, deja para Mí el oficio de Juez. Vete en paz, alma querida, y no peques”.

 * María Valtorta habla del carácter violento de su madre para con ella.- ■ ¡Qué deseos sentía de palabras y de caricias…! Porque si hubiese de tener que mirar a la parte humana… tendría que escapar a la cima del Mont Blanc.  Este fragmento último me lo ha dictado a las 7 de la mañana y a las 11 he estado a punto de ir al Creador, pues hasta tal punto se desencadenó la injusta y cruel violencia de mi madre. ¿No le decía ayer a usted (2) que se encuentra en un período de ferocidad? No le exageré. Ahora que me ha puesto mala —es ya la tarde y aún tengo el corazón agitado, según el dictamen médico he estado expuesta a la muerte y la he sentido— está contenta. (Escrito el 10 de Julio de 1943).
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1  Nota  : Iside Fioravanzi  fue muy adusta con María Valtorta, su única hija.   2  Nota  : Se dirige al Padre Migliorini.
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43-179.- La obra de Misericordia más grande: evangelizar a las gentes.
* Sta. Teresita hizo más que 100 misioneros y su gloria en el Cielo es 100 veces mayor”.- ■ Dice Jesús: “No titubees ni dudes. Cuanto te he dicho es verdad. Dios por ser el Creador, se encuentra aun donde no parece que esté. ¿Que no se le adora de verdad o que se le adora deficientemente? Por eso Él se encuentra lo mismo. ¿Quién dio la vida al patagón lejano, al chino, al africano idólatra? ¿Quién sostiene con vida al infiel para que tenga tiempo y manera de encontrar la fe? El que es y Al que nada le puede hacer mermar. El ser vida de las criaturas, el producir todas las cosas es una prueba ante el cual, por más que se la quiera negar, ha de inclinar cabeza todo ser viviente. ■ Al presente, el llevar a Dios las almas alejadas que lo sienten por instinto pero que no le conocen ni le sirven en la Verdad, es la obra más grande de misericordia. Dije yo: «Llevad el Evangelio a todas las gentes». Mas ¿crees tú que diera Yo ese mandato a aquellos doce tan sólo y a sus directos sucesores en el sacerdocio? No. Quiero que toda alma verdaderamente cristiana sea alma apostólica. El traerme a Mí almas aumenta mi gloria, pero, a la vez, aumenta la gloria del siervo bueno y fiel que obtuvo con su sacrificio el acrecentamiento de mi grey. La santa a la que tú amas (Sta. Teresita) hizo más que cien misioneros y su gloria en el Cielo es cien veces mayor porque alcanzó la perfección de la misericordia sobre la tierra y se consumió a sí misma por dar la Vida verdadera a los idólatras y pecadores”.
* “Ante las lágrimas del que llora por los muertos a la Gracia doy suelta a mi poder infinito… Almas víctimas deben sufrir por ellos hasta que Yo pronuncie las palabras de Vida”.- ■ Jesús: “Me dices tú: «Pero, Señor, cuando uno peca contra Ti y sigue en el pecado, ese tal se halla muerto a la vida de la Gracia». Es cierto. Mas Yo soy el Resucitador y, ante las lágrimas del que llora por los muertos a la Gracia, doy suelta a mi poder infinito. ■ Tres son los muertos que aparecen en el Evangelio a los que volví a la vida porque no supe resistir a las lágrimas de un padre, de una madre y de una hermana (1).  Las almas víctimas y apostólicas han de ser hermanas, madres y padres de los pobres muertos a la Gracia y venir a Mí con el cadáver del desgraciado entre sus brazos, sobre sus brazos, cual si fuera su cruz más pesada, y sufrir por él hasta que Yo pronuncie las palabras de Vida”. (Escrito el 14 de Julio de 1943).
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1  Nota  : Lágrimas del sinagogo Jairo,  de la viuda de Naím y  de Marta, hermana de Magdalena.
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43-190.- “Para conseguir el bien de tu madre: la táctica de los «contrarios»”.
*  Las almas se conquistan por los contrarios.- ■ Dice Jesús: “¿Sabes qué has de hacer para conseguir el bien de tu madre? Trabajar por los contrarios: opón a su impaciencia, tu paciencia; a su modo injusto y taimado de ver, tu sinceridad; a su rebeldía, tu sumisión; a su rencor, tu amor y a su insoportabilidad en todo, tu alegre resignación. Así se conquistan a las almas: por los contrarios. ■ Mas, en modo alguno se te ocurra dárselo a entender a ella. Trabaja en silencio ofreciéndomelo todo a Mí. Unidos conseguiremos lo que hayamos de conseguir. Y, aunque de nada sirviese, tú habrías cumplido con tu deber y recibirías el premio por ello”. (Escrito el 18 de Julio de 1943).
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43-198.- El valor de un alma es tal que no bastan todos los tesoros de la tierra para comprarla. Es necesaria la Sangre de un Dios.
* El mundo, que se repite tanto en errores (perfeccionados ahora) como en rectificaciones (más embrionarias ahora) —porque han crecido su malicia y su soberbia hasta alcanzar ya la cumbre—, se encuentra en el ápice de su edad. Mas la parábola descendente es más veloz que la ascendente, siendo la malicia y la soberbia las que embotan vuestro espíritu para detener la bajada con sincero arrepentimiento.- ■ Dice Jesús: “Ya te dije que cuanto se contiene en los libros antiguos dice relación con el presente. Es como si una serie de espejos fuese repitiendo, llevándola cada vez más adelante, una escena vista antes. El mundo se repite a sí mismo tanto en los errores como en rectificaciones, aunque con esta diferencia: que los errores se perfeccionan cada vez más con la evolución de la raza hacia la así llamada civilización, mientras que las rectificaciones vienen a ser siempre más embrionarias. ¿Por qué? Porque, al pasar el mundo de la edad de la infancia a otra más completa, han crecido su malicia y su soberbia. ■ Os encontráis ahora en la cumbre de la edad del mundo habiendo alcanzado también la cumbre de la malicia y de la soberbia. No penséis por ello que habréis de vivir todavía otro tanto más de lo que habéis vivido. Si estáis en la cúspide habría que decir que os queda otro tanto por vivir. La parábola descendente del mundo hacia su fin no será tan larga como la ascendente. Será un precipitarse hacia el fin y las que os precipitan son precisamente la malicia y la soberbia, dos pesos que os empujan al abismo del fin, al juicio tremendo. La soberbia y la malicia, además de empujaros por la parábola descendente, os embotan de tal suerte el espíritu que os hacen cada vez más incapaces de detener la bajada con un arrepentimiento sincero”.
* Dios en cambio ha permanecido en su exacta medida desde el inicio del mundo: estableció el código eterno del Bien y del Mal. La única mutación, una vez creados el mundo y el hombre: en primer lugar, haberos dado la Ley y los Profetas y mandado después al Verbo Redentor.-Jesús: “Ahora bien, si vosotros habéis procedido así: dando la espalda al Bien y la cara al Mal, Yo, el Eterno, he permanecido firme en mi exacta medida, tanto del Bien como del Mal. Desde que fue hecha la luz y con ella inicióse el mundo, establecí con mente que no yerra lo que es el Bien y lo que es el Mal. Y la fuerza humana, la limitada fuerza humana, no puede cambiar ni romper ese código eterno escrito por el dedo de Dios sobre páginas intangibles que no son de esta tierra. La única mutación, a partir del instante en que por mi Querer fueron creados el mundo y el hombre, radica en esto: en que, al principio, debíais regiros y guiaros por las tablas de la Ley y por la palabra de los Profetas. Mas después me tuvisteis a Mí, Verbo Redentor, para explicaros la Ley, para daros mis enseñanzas y mi Sangre, para traeros con mi espíritu que disipa sombras, para sosteneros más tarde, a través de los siglos, con los Sacramentos y sacramentales.  Mas ¿qué habéis hecho con mi venida? Un nuevo peso de culpas de las que habréis de responder”.
* Las antiguas páginas explican la hora actual.- ■ Jesús: “¿Quieres que contemplemos juntos las antiguas páginas en las que se dan explicaciones sobre la hora actual? Tú las has sentido como aguijón; mas Yo te las mostraré mejor. ¿Qué se promete al que observa la Ley? Prosperidad, abundancia, paz, descendencia sana y numerosa, triunfo sobre los enemigos ya que el Señor habría de estar en el filo de las espadas de sus siervos contra los que quisieran alzar su mano contra los hijos del Altísimo. ¿Con qué se amenaza al que la infringe? Con hambre, carestía, guerras, derrotas, pestes, abandono por parte de Dios, opresión de los enemigos en virtud de la cual los que antes eran hijos del Altísimo llegarán a ser como rebaño de ovejas perseguidas y espantadas, destinadas a la matanza. ■ Os lamentáis de la hora que os toca vivir. Mas ¿la encontráis injusta? ¿Os parece excesivo el rigor? No. Es justa y menos dura de lo que merecéis. Os salvé y volví a salvaros de mil maneras. Os perdoné y volví a perdonaros siete mil y otros siete mil delitos más. Vine de intento a daros Vida y Luz. Yo, Luz del mundo, vine a estar entre vuestras tinieblas para traeros la Palabra y la Luz. Ya no he hablado más entre torbellinos y fuego por boca de los profetas. No. Vine Yo; Yo personalmente. Partí mi pan con vosotros en la fatiga; me consumí a Mí mismo evangelizándoos; morí por vosotros; con mi Palabra disipé toda duda acerca de la Ley; con mi Resurrección disipé toda duda acerca de mi Naturaleza; os dejé a Mí mismo a fin de ser vuestro alimento espiritual, apto para daros la Vida. Mas vosotros me disteis la muerte.  Os di la Palabra, el Amor, la Sangre de un Dios, y vosotros habéis cerrado vuestros oídos a la Palabra, vuestra alma al Amor y maldecido mi Sangre. El antiguo Tabernáculo en el que había dos tablas de piedra escritas por el dedo de mi Profeta y un poco de maná, los sustituí por el nuevo Tabernáculo en que está el Pan verdadero bajado del Cielo y mi Corazón en el que está escrito el Pacto de amor que vosotros, no Yo, transgredís. ■ Ya no podéis decir: «No sabemos cómo sea Dios». Al no ser conforme con vuestra torpeza el amar a un espíritu, tomé Carne a fin de que tuvieseis Carne a la que amar. Y bien ¿qué habéis hecho? ¿Qué hicisteis siempre? Habéis vuelto vuestras espaldas a Dios, a su altar, a su Persona. Nada habéis querido con Dios, el Dios Uno y Trino, el Dios verdadero.  Habéis querido dioses, y vuestros dioses actuales son más ignominiosos que los dioses antiguos o que los fetiches de los idólatras. En éstos aún incuba el respeto a la imagen de Dios tal como su mentalidad o ignorancia aciertan a concebirla. Y así, en verdad, en verdad os digo que los idólatras naturales serán juzgados mucho menos severamente que vosotros, idólatras por malicia, vendidos a la peor de las idolatrías: la autoidolatría. Sí, os habéis creado dioses de carne, de carne putrefacta, y ante ellos habéis sabido entonar himnos y doblar la cabeza y la espalda que no supisteis doblar ante Dios. Habéis despreciado, repudiado, escarnecido y quebrantado mi Ley mientras habéis aceptado y obedecido como esclavos y como fieras domesticadas por el domador, la ley mentida que os han propuesto unos cuantos hombres más extraviados aún que vosotros, cuyo destino es tal que hace temblar de horror al Cielo entero. ¡Idólatras, paganos, vendidos a la carne, al dinero, al poder, a Satanás, que es el señor de estos tres reinos nefandos: la carne, el dinero y el poder!”.
* Soy Padre y Salvador, y aun en la última hora trataré de salvaros”.- El valor de un alma: no bastan los tesoros de la tierra para comprarla.- Jesús: “Mas ¿por qué, pueblo mío, has abandonado el Reino que te había dado? ¿Por qué has huido de tu Rey de Perfección y Amor y preferido la barbarie del Reino de Satanás? ¿Así pagas al Altísimo que es para ti Padre y Salvador? ¿Y te extrañas de que brote fuego de la tierra y llueva fuego del cielo para reducir a cenizas la raza proterva y traidora que ha renegado de Dios y acogido a Satanás y a sus ministros? ■ No. Satanás no necesita trabajar ni fatigarse para engulliros. Soy Yo el que debo fatigarme para ver de atraeros todavía; porque si vosotros habéis renegado de vuestro origen, Yo tengo presente que soy Padre y vuestro Salvador. Ni aun la última hora en la que habéis de ser congregados para la selección inexorable repudiaré a mis hijos desgraciados y entonces intentaré todavía salvaros. ■ Este castigo, María, no es inmerecido. Es justo. Y grave, puesto que son gravísimas vuestras culpas. Mas no, no ha sido dado por malquerencia de un Dios que todo es bondad. Daríaselo a Sí mismo vuestro Dios por evitároslo a vosotros si supiese que os había de aprovechar. Mas debe, debe dejar que seáis vosotros mismos los que os castiguéis con vuestras locuras y con vuestros contubernios con la Bestia. Millares y decenas de millares perecerán por todos los rincones de la tierra; ■ mas alguno, en la agonía que os ahogue, sentirá resonar la voz de Dios, y desde las tinieblas alzará su faz hacia la Luz. Ese uno que vuelva justificará el castigo porque  —sábelo y piensa cuánta es la obligación de guardarla—  el precio y el valor de un alma es tal que no bastan todos los tesoros de la tierra para comprarla. Es necesaria la Sangre de un Dios. La mía”. (Escrito el 21 de Julio de 1943).
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43-209.- “Han trocado una eternidad de gloria por una hora de gloria terrena. Son Judas de su alma. Ayúdame a salvarlos de la última culpa”.
* “Todo el mal que os oprime es fruto del abandono de mi Ley por parte de los individuos y de los sociedad. Mi palabra —semilla y agua de Vida y Vida verdadera— no puede descender sobre las almas.- ■ Dice Jesús: “Te tengo dicho ya que todo el mal que ahora os oprime es fruto del abandono de mi Ley por parte de los individuos y de la sociedad. La falta de fe, la falta de caridad, la falta de esperanza, la falta de todas las virtudes tienen un único origen: la deserción de mi milicia, de la milicia cristiana. Como de un tronco de raíces sanas, han brotado, en lugar de mis virtudes, tendencias, vicios, pasiones peor que humanas: demoníacas. La planta de la vida cristiana se encuentra muerta en casi todos los corazones; en muchos vegeta a duras penas, en pocos se mantiene florida, nutrida con el jugo de la Vida y adornada de robustas ramas. Es en vano esperar que las cosas cambien. Por el contrario, irán siempre empeorando como bosque invadido por plantas parásitas e insectos nocivos que va perdiendo día a día su frondosidad y sus frutos y acaba por morir; otro tanto ocurre con la sociedad de ahora cada vez más abrasada, sofocada, corroída por mil tendencias viciosas y pecados, siendo los principales: el odio, la lujuria, la arbitrariedad, el fraude, y de las primeras: la negación de Dios, doctrinas contrarias a la mía, culto exagerado de sí mismo, egoísmo y otras más. ■ Mi Palabra —semilla y agua de Vida y Vida verdadera— no puede descender sobre las almas. Estas se encuentran demasiado ocupadas en otras cosas. La mayoría de los cristianos han rechazado a Cristo al poner en su lugar a sí mismos o al poder, al dinero, a la carne. El que menos falta, falta siempre, por cuanto no tiene verdadera misericordia con su prójimo. ¿Quién es el que no maldice ni lanza imprecaciones en el día de hoy? ■ Mas tú, amada hija, no maldigas ni lances imprecaciones. Deja a tu Dios al cuidado de castigar. Tú ama y ten misericordia con todos, aún con los culpables, los primeros. ¡Son desgraciados, unos desgraciados! Al dar acogida al mal de Satanás han desbaratado todo el bien de que disponían. Han trocado una eternidad de gloria por una hora de gloria terrena. Han vendido por treinta denarios su alma a Satanás. Son Judas de su alma. Me causan repugnancia y compasión, porque Yo soy el Dios de la misericordia y siento compasión. Sí, también compasión, porque Yo soy el Dios de la misericordia y siento compasión de mis hijos extraviados. Ayúdame a salvarlos de la última culpa. ¡Cómo querría poderles perdonar! Perdona tú, hija querida. Que de tu corazón que me posee a Mí y a mi Palabra, no salgan sino palabras de paz y de perdón. Ya sé lo difícil que esto resulta para vuestra humanidad. Mas sobre ella está el espíritu y el espíritu es el reino del Señor. Ahora bien, ¿cómo podréis tener al Señor en vosotros si vuestro espíritu no tiene las mismas inclinaciones de su Rey? Y mis inclinaciones, como mis palabras, son santas, misericordiosas, y buenas. Todas tienen el sello del Amor, del verdadero Amor que nunca es tan amor como cuando se inmola por los hermanos y los perdona”.
Todos tenéis vuestra culpa en la hora actual. El que de todos tiene la menor, por no haber cometido pecado de adoración a un hombre, tiene el de no haber rogado mañana y tarde por él. Los grandes tienen necesidad de las oraciones de los pequeños para conservarse grandes en el Bien”.-  Jesús: “No me agrada los que gritan: «¡A la muerte!» tras haber gritado «¡Hosanna!». Si aquellos contra los que se lanzó el grito de condena os hubieran entregado aquel botín y aquellos bienes injustamente arrebatados que Yo no pude permitir que se os dieran, para que ni a vosotros ni a ellos os llevasen a un exceso de orgullo, vosotros les habríais aclamado sin pensar que otros, en vuestro lugar, sufrían siendo hijos míos como vosotros. ■ Dejad para Mí el juzgar, el castigar y el premiar. Procurad para vosotros tan sólo el merecer mi premio y sed coherentes y honestos. Es incoherente, inmoral, indigno, ensañarse con los vencidos, sea cualquiera su derrota, bien justa como castigo o dolorosa como fruto de inmerecidas circunstancias. Es incoherente, porque no va contra el hombre sino contra la acción del hombre, acción, repito, que habríais aprobado, por más que no fuese buena, en el supuesto de que os hubiese reportado alguna utilidad. Y, por la misma razón, inmoral. Todos, recordadlo bien, tenéis vuestra parte de culpa en la hora actual. El que de todos la tiene menor, por no haber cometido pecado de adoración a un hombre no habiéndole seguido en contra de mi Ley, tiene el de no haber rogado mañana y tarde por él. Los grandes tienen necesidad de las oraciones de los pequeños para conservarse grandes en el Bien. Y es, por fin, indigno, porque ensañarse contra quien ya no puede, antes, por el contrario, es el más desgraciado de todos, odiado del mundo, castigado por Dios, es culpa igual a la del que oprime al débil. Estas cosas, inconcebibles para la masa, son siempre el meollo de mi Ley. Y que mi Ley es seguida superficial y no sustancialmente, lo prueba el hecho del modo cómo las masas se revuelven contra los que no os dieron todo aquello que vuestro egoísmo esperaba” (1). (Escrito el 24 de Julio de 1943).
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1  Nota  : En una copia mecanografiada continúa el texto con el siguiente párrafo, entre paréntesis, al término del cual precisa María Valtorta, anotándolo a lápiz, que se trata de una nota del P. Migliorini: “El dictado precedente resultaba de difícil aplicación el día en que se dio, 24 de Julio de 1943. El 26 se difundió la noticia de que Mussolini había puesto su dimisión en manos del rey. Y cuanto sucedió y estuvo a punto de suceder en ese mismo día como reprobación del hombre caído, no sólo justifica ampliamente las recomendaciones del Señor sino que lleva a la conclusión de que fue ciertamente Él quien dictó cuanto aparece escrito”.
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43-216.- Aclaración sobre «culpables de la última culpa».  “Un gran mal se ha evitado y el ídolo ha caído… Uno solo es Dios. Yo lo soy y no hay otro Dios fuera de Mí”.
*  Tanto confidentes (discípulos capacitados para obrar en mi Nombre) como confiados (aquellos que como párvulos que se dejan conducir por el Padre) son necesarios para consuelo de mi Corazón.- ■ Dice Jesús: “No hace mucho te dije (1) que me ayudaras a salvar a los culpables del último pecado. Aunque no entendiste lo que quería decir, has suplicado. Esto me basta porque, en verdad, sólo es preciso que Yo lo entienda todo. Para vosotros, en cambio, no es necesaria la revelación absoluta. Todo cuanto os digo es un don al que no tenéis derecho, un don espontáneo del Padre a sus más queridos, puesto que es grato a mi Corazón haceros mis confidencias, tomaros de la mano e introduciros en el secreto del Rey. Mas no debéis pretenderlo. ¡Es tan hermoso ser confidentes de un Dios…! ¡Pero, asimismo, es tan hermoso y santo también ser sus hijos total y ciegamente entregados al Padre que obra por su cuenta y dejarse conducir sin que los hijos quieran saber a dónde los lleva el Padre…! Hijos, estad seguros, Yo os guío por senderos de Bien. Vuestro Padre no quiere sino vuestro bien. ■ Tanto los confidentes como los confiados son necesarios para consuelo de mi Corazón y es, por tanto, suma perfección ser «confidentes-confiados». Es entonces cuando sois mis discípulos capacitados ya para obrar en nombre del Maestro y párvulos que se dejan conducir por el Padre. Entonces sois mi consuelo y mi alegría. ¡Es tan difícil para Mí encontrar almas de discípulos en un mundo como el vuestro…! ¡Y más difícil aún encontrar, incluso entre los párvulos, almas de párvulos! El hálito de la Bestia hasta tal punto os ha corrompido que ha matado en las propias almas de los niños la simplicidad, la confianza y la inocencia sobre la que Yo descansaba. ■ Nada te dije ayer, María, pues te hallabas turbada como quien perdió el camino. Y Yo soy, no tan solo tu Maestro sino también tu médico y médico, no ya del espíritu, sino también de tu carne. Vi ayer que te encontrabas por demás cansada y callé, reservando para hoy una mayor abundancia de palabras para ti. No quiero que mi pequeño portavoz se quiebre en un esfuerzo superior a sus fuerzas. Hoy hablo por ayer y por hoy. ■ Tú has rezado, ofrecido y sufrido secundando mis deseos de impedir la comisión de la última culpa. Y has acertado en ello por más que tú pensaras una cosa y, en realidad, «la última culpa» fuese otra. Había inspirado en las almas mejores grandes deseos de rezar y sufrir por este fin ya que había necesidad de mucho, mucho, mucho esfuerzo para vencer el peligro. Y todavía hay necesidad de mucho, mucho, mucho esfuerzo para llevar a término este empeño, sin las peores perversiones del primitivo mal”.
*  El Libro, a distancia de siglos, habla del tiempo actual… Un gran mal se ha evitado.- Jesús: “Ayer, la única señal de que me encontraba contigo a fin de ser para ti Luz y Voz, fue la de guiarte la mano cuando abriste el Libro por las páginas que, a distancia de siglos, hablan del tiempo actual. Las leeremos juntos y Yo te las comentaré. Pero desde ayer has comprendido que en ellas estaba «el hoy». Un gran mal se ha evitado, María, un gran mal. He tenido compasión de vosotros, pueblo que tiene por corazón a la Roma cristiana. Pero ahora más que nunca hay gran necesidad de rezar y sufrir, María; y, si fuese posible, hacer que se rece y se sufra —si bien esto es más difícil porque los héroes del sufrimiento son muy pocos— para que el «gran mal» vencido no retoñe como planta maligna en otros mil pequeños males que acabarían por formar un bosque de maldición en el que todos pereceríais con un horror inimaginable. ■ He tenido compasión de vosotros. Mas ¡ay si a esta compasión arrancada a la Justicia a instancias de mis plegarias, de las de mi Madre, de los Protectores y de las víctimas, respondéis, vosotros, pueblo mío, con actos que os harían desmerecer mi gracia! ¡Ay si a la única gran «autoidolatría» sucediese la pequeña y la gran «autoidolatría»! Uno solo es Dios. Yo lo soy y no hay otro Dios fuera de Mí. Ha de recordarse esto. Dios es paciente; mas, en su infinita paciencia, no es culpable para consigo mismo. Y lo sería si forzase su paciencia con la inhibición a decir: «¡Basta!», llegando así a un estado de indiferencia en relación con la consideración debida a Sí mismo”.
* Si sois buenos, aun cuando hayáis llegado hasta el fondo, os salvaré”.-Jesús: “Por un ídolo caído no alcéis tantos idolillos marcados todos ellos con los mismos signos satánicos de lujuria, soberbia, fraude, violencia, y semejantes. Si sois buenos, aun cuando hayáis llegado hasta el fondo, os salvaré. Os lo prometo; y es promesa de Dios. Y, en mi Inteligencia a la que nada se le oculta  —ni el más secreto de los delitos ni el más insignificante de los movimientos humanos— no pretendo que todo un pueblo sea perfecto. Sé que si debiese premiaros cuando todos alcanzaseis la Bondad, nunca os premiaría. Mas comprendo que, si bien es inevitable el que alguno peque, la masa debería ser tal que impusiese a los Cabezas una conducta digna de mi premio. Porque, recordadlo siempre: los Cabezas completan los Pecados; pero es la masa la que, con sus pecados menores, empuja a los Cabezas al gran Pecar. Y basta por ahora, alma mía. Más tarde volveremos a leer juntos a Isaías y, lo mismo que en la sinagoga y en el Templo, Yo te lo comentaré”. (Escrito el 28 de Julio de 1943).
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1  Nota  : Se refiere al dictado 43-209.
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43-275.- “Lo único que salva: mi Ley. Satanás impide que sea mi Ley en vosotros agente del Bien”.
* No habrá fuerza humana capaz de detener la marcha del mundo hacia el abismo. Satanás os amaestra y dirige, os sala y vapulea para haceros dignos del Infierno”.- ■ Dice Jesús: “El mundo perece por no haber guardado mi Palabra, ha­berla desatendido y burlarse de ella. No habrá fuerza humana capaz de detener la marcha del mundo hacia el abismo por­que al mundo y a las fuerzas del mundo les falta lo único que salva: mi Ley. Se ha producido un hueco en la mística floresta que para vosotros cultivé a fin de que pudieseis morar a la sombra de mi providente amor. Son vuestras culpas las que lo han for­mado y en ese hueco se ha instalado, como amo y señor, la eterna Serpiente que os envenena con su hálito y os mata con su mordedura e impide que sea mi Ley en vosotros agente del Bien. Humo, veneno, horror y desesperación, eso es lo que te­néis en vosotros y en torno vuestro cuando podíais tener Luz, Paz, Esperanza y Alegría. Eso es lo que podíais tener de haber seguido a mi Palabra porque Yo apuré todo el horror de la vida para preservaros de él y lo realicé con aquella ago­nía atroz que padecí por vosotros. Mas arrojasteis mi dádiva y aclamasteis por maestro y rey a Satanás. Y Satanás os amaestra y dirige, os sala y vapulea para haceros dignos de su Infierno”.  (Escrito el 19 de Agosto de 1943).
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Referente a la señora Curie (1867-1934)
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43-296.-  A la hora del Juicio, aparecerán mucho más excelsas pequeñas criaturas iletradas (al estar inflamadas por el amor) que no lumbreras de la ciencia (serán simples nebulosas en mi Paraíso).
* Descubridores de fuerzas secretas, pero indiferentes para con la Fuerza de las fuerzas: Dios. Esto no lo buscan antes intencionadamente lo niegan o, cuando menos, se  desentienden. En el corazón y en la mente de los científicos falta el fuego del amor que hace respetar y amar a Dios, y al prójimo”.- ■ Dice Jesús: “Hay personas humanamente perfectas. Todo en ellas alcanzó la perfección, a excepción de su espíritu que fue retrocediendo cada vez más hasta convertirse en un embrión de espíritu. Tienen un genio perfecto, una circunspección perfecta. Pero todo humanamente perfecto. Su virtud es llama que no calienta; es fuego frío. Para Mí carece de valor. Prefiero una espiritualidad imperfecta a una humanidad perfecta. ■ Tanto fulgor de perfección humana es como la luminosidad de 100, de 1.000 lámparas eléctricas. Producen luz, innegable; pero es luz artificial que, al menor mecanismo que le estropee, se apaga en el acto sin que nada quede de ella. Mientras que el espíritu, por más que sea imperfecto, es siempre un pequeño sol que vive con luz propia que brota de la Gracia que está en él. Hablo del espíritu vivo, o sea, que vive en Mí, vivificado por la Gracia. ■ El haber poseído una inteligencia superior que le permitió adentrarse en los misterios de la naturaleza, debiera, incluso, haberles llevado a ver el poder de Dios y su existencia, ya que su ser aparece impreso en todas las cosas creadas. Por el contrario, nada de esto vieron. Son seres llenos de ciencia, mas faltos del hilo que lleva al exacto conocimiento de cuan­to existe. Inventores de lo nuevo, pero negadores de lo eterno. Descubridores de fuerzas secretas, pero indiferentes para con la Fuerza de las fuerzas: Dios. Esto no lo buscan antes intencionadamente lo niegan o, cuando menos, se  desentienden. Esta es la causa de que la ciencia humana que, innegablemente, ha progresado, no dé frutos buenos sino envenenados. En el corazón y en la mente de los científicos falta el fuego del amor que hace respetar y amar a Dios, que hace amar y respetar al prójimo”.
* Si bien no las habré de condenar en atención al bien que hicieron humanamente, serán simples nebulosas en mi Paraíso. Serán los salvados por mi Misericordia sin mérito alguno de su parte, salvados más por las plegarias de aquellos a quienes beneficiaron”.-Jesús: “En este caso particular, esa señora no perjudicó antes be­nefició a sus hermanos. Esto ya es mucho. Pero reflexiona sobre el impulso tan grande que hubiera impreso a su escuela, a los discípulos de éstos, si a la fascinación de su yo hubiera añadido una religiosidad profunda. Ten ciertamente por seguro, alma mía, que, a la hora del juicio, aparecerán mucho más excelsas pequeñas criaturas iletradas que no lumbreras de la ciencia. Las primeras, al estar inflamadas por el amor, serán estrellas vivas de mi Cielo. Las otras, si  bien no las habré de condenar en atención al bien que hicieron humanamente, serán simples nebulosas en mi Paraíso. Serán los salvados por mi Misericordia sin mérito alguno de su parte, salvados más por las plegarias de aquellos a quienes beneficiaron   que no por ellos  mismos. Dime ahora: ¿Qué prefieres: ser una nada insignificante en el campo del saber y ser mía, muy mía en esta y en la otra vida, o te gustaría ser astro aquí abajo y nebulosa opaca allá arriba. Sé tu respuesta y por eso te digo: «Sagazmente has res­pondido. Vete en paz»”. (Escrito el 24 de Agosto de 1943)
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43-372.- “No salgáis de entre mis brazos”.
* Os tengo como la clueca que tiembla por su prole”.- Dice Jesús: “Sedme fieles, hijos queridos. Aceptad mi Palabra sin ánimo de censura y en lo que vuestra debilidad no alcance a entender, volveos a Mí: Luz del mundo. Por millonésima vez Yo, Dios, os aseguro que no quiero vuestra ruina sino vuestra salvación. Y como la clueca tiembla por su prole, así Yo os tengo bajo mis brazos porque me apremia vuestra vida eterna. No salgáis de entre mis brazos, Yo, fiel a mis hijos y vosotros, fieles a Mí. ■ ¡Qué hermoso será aquél día en que, tras habernos amado, una vez transpuesta tanta distancia de éter, vengáis a Mí para siempre y nos podamos amar eternamente: luces que tornan a la Luz;  vidas que tornan a la Vida;  espíritus que tornan al Espíritu; hijos que tornan al Padre;  desterrados que tornan a la Patria; herederos de un Rey asuntos al reino de vuestro Dios, Rey de reyes y Señor del Universo!”. (Escrito el 27 de Septiembre de 1943).
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(<Este dictado tuvo lugar el 3 de Octubre 1943 y la madre de María Valtorta murió el 4 de octubre, al día siguiente>)
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43-384.- «El que cree en Mí no morirá eternamente». La fe, la moneda que da el Cielo.
* María Valtorta anegada de dolor por la soledad a la muerte de su madre.- ■ Comprendo, Jesús mío, toda la justicia de tu obrar; pero siento también todo el tormento de este nuevo dolor. ¡Qué dolorosos son, amor mío, ciertos «fiat»! Se me ocurre pensar que Tú, sobre la Cruz, veías, la veías por lo menos a tu Madre, mientras yo, a lo largo de mi prolongada agonía, la he tenido tan poco cercana, ya por causas justas como injustas motivadas por su manera de pensar. Y en la hora de la muerte me veré sola en manos extrañas. Pienso asimismo que Tú asististe a tu padre putativo y yo no. Por ello me viene al pensamiento que en esto no me parezco al Maestro antes le he superado con un sufrimiento moral que Tú no lo tuviste. Miro a tu Madre que probó dolor de no asistir a su padre y madre… Mas, en modo alguno digo que conoció el dolor de no tenerte a su lado en su última hora porque pienso que estarías Tú con Ella para prestarle el amoroso servicio de acunar su último sueño como Ella acunó el tuyo primero. ■ A mí, en cambio mi madre me acunó al nacer y al morir me encontré sola.  Estáte, Jesús, a mi lado. Jamás te pedí que Tú te hicieras presente a mí porque pienso que es lo mejor dejarte en libertad de hacer como te plazca; pero ahora, sí, te pido, te lo suplico porque no puedo resistir a mi dolor tan falto de todo consuelo. ¡Ayúdame, Jesús!  Ayúdame a saber sufrir y a no enloquecer porque sabes Tú mejor que yo lo que a esa pobre cabeza mía, tan llena de sufrimientos y de dolor moral, le puede acaecer. Tómamela, Jesús, entre tus manos queridas. Me prometiste ser para mí madre, padre, además de hermano y esposo. Llegó la hora de serlo (1). Tómame, pues Tú ves cuanto sufro…
* El sufrir tuyo y el de tu madre no carecen de razón. Sabe que el sufrir suyo en la tierra con esta larga enfermedad es para acortar su expiación del más allá y que el sufrir tuyo tiene idéntico fin”.- ■ Jesús responde a María Valtorta: “Nada más deseo que tomar entre mis manos esta tu cabeza coronada de dolor y ese tu corazón traspasado por el mismo. Yo nunca falto a mis promesas. Estoy contigo y en modo alguno te digo: «No llores» sino que, por el contrario, te digo: «Llora entre mis brazos». Hay dolores que requieren lágrimas y Yo nunca me opongo a lo que es justo. Llora y escucha. Tus lágrimas se enjugarán al calor de mis palabras.  Es verdad que tú tienes lo que Yo no tuve: el alejamiento de tu madre. Pero piensa, hija mía, que tú no eres inocente como tampoco es ella. Yo y mi Madre lo éramos, y con todo, estuvimos juntos y separados en la muerte. Ya te dije: que el verme izado en la cruz  era para mi Madre desgarro sobre desgarro. ¡Y eso que éramos inocentes!  ■ El sufrir tuyo y el de tu madre no carecen, María, de razón. ¿Te parece que tu Jesús pueda hacer algo inútilmente? ¿Cómo puedes ni sospechar siquiera que Él, que tanto te ama y ama a tu madre, pues también ella es una hija de mi Redención, pueda dar dolores sin un fin santo? No, María. ¿No me pediste que use de toda mi misericordia con el alma de tu madre?  Sabe, pues, ahora que el sufrir suyo en la tierra con esta larga enfermedad es para acortar su expiación del más allá y que el sufrir tuyo tiene idéntico fin.  Sé que esto te tritura. Mas si la oliva no fuese machacada, ¿cómo podría dar el óleo que nutre, que sana y que consagra?”.
* Necesito que haya quienes crean no como 1 sino como 7 por aquellos que creen con tibieza. Voy mendigando para los operarios de la última hora heroísmos de fe y de generosidad que paguen por estos operarios que carecen de la moneda del Cielo”.-Jesús: “Dije a la hermana de Lázaro: «El que cree en Mí no morirá eternamente». No todos llegan a tener aquella fe en Mí necesaria para una inmediata resurrección a la gloria de mi Paraíso. Necesito que haya quienes crean, no como uno sino como siete, por aquellos que creen con tibieza, a fin de dar a los tibios un último destello de fe tan absoluto que les haga aparecer ante mi vista revestidos de este último resplandor. Voy mendigando para los operarios de la última hora heroísmos de fe y de generosidad que paguen por estos operarios que carecen de la moneda del Cielo. Y como ya te dije esta limosna espiritual ha de hacerse en primer término a los de la propia sangre. Nunca te dio las «gracias» con su boca mortal en esta tierra. Mas piensa en tu dicha futura cuando, reuniéndose contigo el alma inmortal de tu madre, te diga: «Gracias, María, por la vida verdadera que me diste».  Será como si tu madre naciese de ti y esto para toda la eternidad. ■ Deja tu corazón entre mis manos. Así querría poder tener todos vuestros pobres corazones débiles, enfermos, lacerados y doloridos para fortificarlos, curarlos, sanarlos y consolarlos. ¡Si los hombres me entregaran su corazón! No se daría ya el pecado sobre la tierra, desaparecerían los vicios que hacen enfermar a vuestra carne y a vuestro espíritu, no se conocería esa ferocidad recíproca con que os herís mutuamente ni se percibiría ese dolor espasmódico del que llora solo e incomprendido. El darme vuestros corazones sería la salvación del mundo. Hijos a los que amo como a Mí mismo, confiadme, como os enseñé, vuestros afectos, vuestros intereses, vuestras esperanzas y vuestros dolores. Ved en Mí no al Señor sino al Amigo, al Hermano, a Aquel que os ama con un amor perfecto como perfecta es su naturaleza divina. Pequeña discípula que sufres y me escuchas, piensa que tu Maestro sufre más que tú. Consolémonos mutuamente. Yo soy Todo para ti y te tengo sobre mi Corazón”. (Escrito el 2 y 3 de Octubre de 1943).
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1  Nota  : Efectivamente,  al día siguiente,  el 4 de Octubre de 1943, moría la madre de María Valtorta, Isabel Fioravanzi. Nacida en Cremona el año 1861, fue profesora de francés antes de casarse en el año 1893 con el suboficial de caballería José Valtorta (nacido en Mantua el año 1862 y fallecido en Viareggio el año 1935). De carácter autoritario, fue siempre muy adusta con su dócil marido y con María, su hija única. María Valtorta tampoco pudo asistir a la muerte de su padre debido a la enfermedad que la tenía recluida.
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Noche del 4 al 5 de Octubre, 1ª noche de huérfana de María Valtorta
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43-388.- Poder del Sacramento a la hora de la muerte: parábola de la higuera estéril, y su fertilización “mediante mi Sacramento, mejor, Sacramentos”, aplicada a la madre de María Valtorta.
* La hora del juicio estaba señalada por 2 veces. Soy Misericordia y mandé a un siervo mío para que realizara la mística fertilización de esa alma mediante los Sacramentos en los que fluyen mi Sangre y Carne”.- ■ Dice Jesús: “En esta coyuntura te presento una de mis parábolas. Es la de la higuera estéril. No llores, María. Sabes a quién voy a referirme. No llores. He tenido con tu madre los mismos cuidados del viñador para con la planta improductiva. Agradéceme, María, el que haya usado de infinita misericordia con esa alma para ti tan querida. Su hora de juicio estaba señalada para mucho antes de ahora. Por dos veces, durante el curso de estos tus años de dolor, vine a observar esta planta espiritual a la que ni tus plegarias inducíanle a producir frutos de vida eterna. Y en esas dos ocasiones se hallaba preparada ya la segur en mi Mano para abatir aquella vida que se resistía a las invitaciones de la Gracia. Y en ambas detuve el golpe, a fin de dar ocasión a aquella alma para que no viniese a Mí desprovista de obras buenas realizadas con su alma reconciliada conmigo. ■ Soy el Jesús misericordioso y tenía compasión de ella como también de ti que por ella te consumías. Preparé los medios para una última labor y así mandé a un Siervo mío (1) que realizara la mística fertilización de aquella alma mediante el Sacramento, o mejor, los Sacramentos, en los que fluye mi Sangre y mi Carne y que se convierten en manjar para comunicaros la salvación, el perdón y la vida eterna. He llevado a cabo cuanto en un elemento como éste cabía hacer para realizar el milagro y aderezar con frutos ese espíritu próximo a presentarse ante Mí. Y tú me has ayudado a ello. ■ La he tomado ahora porque, darle más largas no me era posible, ya que, de dejarla para más adelante, la ventolera del sentimiento humano habría de agostar, con el ardor de sus resentimientos y de sus egoísmos, los frutos provocados por mi amor y por el tuyo. Ella no te ha dado las «gracias»; pero te las doy Yo por ella, que ahora, al fin, te las da porque mi Luz le ha iluminado horizontes que su humanidad le ocultaba. No llores, hija, que lo demás vendrá más tarde. Continúa pidiendo y sufriendo por ella y espera en Mí. Vete en paz, alma fiel. Yo no te abandono. Estás entre mis brazos que son más dulces que los de todas las madres”. (Escrito el 4-5 de Octubre de 1943).
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1  Nota : El Padre Migliorini habíale administrado la comunión en los días anteriores a la Señora Iside, fallecida al mediodía del 4 de Octubre.
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43-390.-Difícilmente se perderá para siempre quien se nutrió del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
* “¿No vivís tal vez vosotros en Mí constituyendo la parte de mi Cuerpo Místico que vive en la Tierra? Sabed que aquel por quien lloráis vive en Mí; y que ese mismo Pan, que sació vuestra alma, mantiene la comunión de vuestros espíritus, que viven aquí abajo, con los transhumanados que viven en Mí”.- ■ Dice Jesús: “¡Oh tú que lloras porque te apena la separación (1), que se te figura definitiva!, piensa en lo que te dice tu Jesús y verás que, al no ser total esa separación, disminuye el dolor. Mi apóstol dice una frase inspirada: «La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso la comunión de la Sangre de Cristo? Y el Pan que partimos, ¿no es la comunión de la Carne de Cristo? Uno es el Pan y por eso formamos todos un solo cuerpo, porque participamos todos del mismo Pan» (2). A esta frase, de ordinario, se le da un significado referido tan sólo a los vivientes de la tierra. Mas tiene otro mucho más amplio y profundo que Yo os desvelo a todos vosotros, hijos que lloráis, a todos vosotros, dolientes que sufrís por la muerte de un ser querido. Aquel o aquellos que ya murieron, ¿acaso no se nutrieron con mi Sangre y con mi Carne hecha Pan para los hombres? Y si con ellas se nutrieron, ¿no permanece tal vez en los mismos, aún después de la muerte, la virtud de la Sangre y de la Carne de vuestro Salvador? Y ¿qué hace la muerte humana en relación con el espíritu sobrehumano? ¿Por ventura tiene poder la pequeña muerte para apartar de Mí, que vivo eternamente, partes de mis miembros, sólo porque éstos murieron en la Tierra? Y ¿no vivís tal vez vosotros en Mí constituyendo la parte de mi Cuerpo Místico que vive en la Tierra? ¿Acaso no son indiscutibles estas verdades? Sí que lo son.  Sabed, sabed vosotros que lloráis por el dolor de un luto reciente, que aquel por quien lloráis no ha muerto sino que vive en Mí. Sabed que ese mismo Pan que sació vuestra alma, mientras estuvisteis unidos en la Tierra, mantiene la vida y la comunión de vuestros espíritus, que viven aquí abajo, con los transhumanados que viven en Mí. ■ Ningún mal puede ocasionar la pequeña muerte a los espíritus inmortales. La gran muerte es la que ha de temerse, la que de veras os quita, y para siempre, a vuestro pariente, a vuestro cónyuge, a vuestro amigo. La gran muerte, o sea, la condenación del alma, es la que separa realmente de Mí las células de mi cuerpo místico caídas, como presa, por las gangrenas de Satanás. Mas por aquellos que murieron en mi Nombre y nutrieron la vida de su espíritu con el Manjar eucarístico que es imperecedero y preserva siempre de la muerte eterna, no, no hay que llorar por ellos antes alegrarse, puesto que salieron del peligro de morir para entrar en la Vida. Conforme a su capacidad de asimilación espiritual, mi Pan, es decir, Yo mismo, hecho alimento para dar a los hombres la fuerza con la que conquistar el Cielo y la moneda para entrar en él, les dará una entrada más o menos rápida en el Reino de gloria, si bien el 99 por 100 de los casos sea siempre la salvación del alma”.  (Escrito el 7 de Octubre de 1943).
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1  Nota  : La muerte de la madre de María Valtorta.   2  Nota  : Cfr. 1 Cor. 10,10-17.
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43-392.- “Mi Misericordia es tan infinita que obra prodigios de conquista. Son pocos, los Judas no son masa, aquellos en los que mi Sangre no produce ese mínimum de méritos capaz de salvar”.
* “En la hora extrema, esa alma que fue esclava de la carne, al trasponer los umbrales de la muerte que libera al espíritu de la carne, se vuelve a Dios cuyo recuerdo aún conserva y se refugia en Él. Para los salvados en la última hora terrena soy doblemente Salvador: Salvador de Justicia y de Amor”.- Dice Jesús: “Mi Misericordia es tan infinita que obra prodigios de conquista con el mayor número posible de almas destinadas a la Resurrección de la carne en Cristo, prodigios cuya fuerza y forma sólo en la otra vida conoceréis. No quiero que vosotros, marcados como estáis con mi Nombre, muráis eternamente. Yo os quiero resucitar. Para poder resucitaros morí. Para poder resucitaros exprimí la Sangre de mis carnes como racimo prensado. Las gotas de mi Sangre están en vosotros y anhelan volver al Corazón del que salieron. ■ Repito cuanto ayer dije. Son pocos aquellos en los que mi Sangre, no por culpa de la Sangre, sino por falta de correspondencia a Ella, no produce ese mínimum de méritos capaz de salvar un alma. Los Judas no constituyen la masa porque, muchas veces, tras una vida infame vivida por un cuerpo en el que el alma estuvo como esclava, se produce el triunfo del alma sobre la materia cuando, en la hora extrema, al transponer esa alma los umbrales de la muerte que libera al espíritu de la carne, se vuelve a Dios cuyo recuerdo aún conserva y se refugia en Él. Y creedme: basta ciertamente un latido de amor, de confianza y de arrepentimiento para hacer que descienda sobre el pecador la ablución de mis méritos llevándole a la salvación. ■ Mi Justicia no es la vuestra y es muy distinta de la vuestra mi Piedad. Cuando se haga manifiesto el número de salvados por mi amor, todo misericordia, serán proclamadas con voces de júbilo las virtudes del Cordero por todos los espíritus que viven en el Reino. Pues bien, vosotros sois los salvados por el Cordero que se hizo inmolar por vosotros. Y si aquellos que vivieron siempre en Él y por Él, sin conocer la sensualidad, le han de seguir entonando el cántico sólo por ellos conocido, los salvados por su misericordia en la última hora terrena, postrados en adoración de amor, le bendecirán eternamente por ser Él para ellos doblemente Salvador: Salvador de Justicia y Salvador de Amor. Por la Justicia, murió para lavaros con su Sangre. Por el Amor, os entrega su Corazón, abierto para acogeros, aun cuando estáis manchados de culpas, y purificaros en el incendio de su amor cuando, al morir, llamáis al que os ama y os promete un Reino”. (Escrito el 8 de Octubre de 1943).
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A la 1 de la mañana
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43-393.-  “Descuidad en Mí la suerte de vuestros seres queridos”.
La separación actual es breve. Viene después el volver a juntarse los espíritus en la Luz y, más adelante, la feliz resurrección”.-  Dice Jesús: “No os entristezcáis, por tanto, todos vosotros que lloráis. Confiad en Mí y descuidad en Mí la suerte de vuestros seres queridos. Es breve, hijos, el tiempo de la tierra. Pronto os llamaré adonde la vida es duradera. Sed pues santos para conseguir la vida eterna en la que ya os esperan vuestros seres queridos o donde se juntarán con vosotros tras la purgación. La separación actual es breve, como instante que pronto pasa. Viene después el volver a juntarse los espíritus en la Luz y, más adelante, la feliz resurrección, por la que, no sólo gozaréis del encuentro con vuestros seres queridos, mas también de la visión de aquellos rostros para vosotros tan amados cuya desaparición os hace llorar cual si os hubiesen robado la perla para vosotros más querida. ■ Nada, hijos, ha cambiado. La muerte no os separa si vivís en el Señor. Aquel que marchó al otro lado de la vida terrena no se separó de vosotros. Eso no puede ser porque vive en Mí al igual que vivís vosotros. Sucedió sólo, por traeros un símil humano, que, dentro del mismo cuerpo, subió de los miembros inferiores a otros más elevados y  nobles, y por eso os ama con mayor perfección al hallarse más unido todavía a Mí y participar de mi perfección. Sólo están «muertos» los condenados. Sólo ellos. Pero todos los demás «viven». Viven, María. Entiéndelo bien: viven. No llores (1), ruega. Pronto vendré”.
* Soy un Amo que retribuye bien. No temas que Yo te deje sola. Tienes contigo a tu Jesús y donde Jesús está se encuentra todo el Paraíso”.- ■ Jesús: “El operario, cuando la tarde declina, apresura la labor a fin de terminar su jornada y marchar después satisfecho al descanso tras haber obtenido digna recompensa.  Así también, cuando declina para una criatura la tarde de su vida terrena, ha de acelerar la labor a fin de dar los últimos toques a la obra casi terminada. Y debe darlos con alegría pensando que está próximo el descanso después de tanta fatiga y que la recompensa será copiosa por haber trabajado mucho. Soy un Amo que retribuye bien. Soy un Padre que te espera para premiarte. Soy Aquel que te ama, que siempre te amó y siempre te amará. Ni una sola de tus lágrimas desconozco y ninguna de ellas quedará sin premio. Estate cada vez más en Mí y no temas. No temas que Yo te deje sola. Aun cuando no hablo estoy contigo. ¿Sola tú? ¡Oh, no lo digas! Tienes contigo a tu Jesús y donde Jesús está se encuentra todo el Paraíso. No estás sola. María no estaba sola en su casita de Nazaret. Los ángeles la rodeaban en su soledad humana. Tú, María, no te encuentras sola. Me tienes a Mí por Padre, a María por Madre, a mis santos por hermanos y a los ángeles por amigos. El que vive en Mí lo tiene todo, hija mía. No te digo «no llores». Yo también lloré y lloro, María. Ahora bien, te digo: No llores con ese llanto humano que es negación de fe y de la esperanza. Nunca llores así. ■ Ten fe, no sólo en los grandes dogmas de la Fe mas también en mis palabras secretas. Son mías, estate segura de ello. Y espera en mis promesas. Cuando venga a darte la Vida, verás cómo no resultó perdido cuanto lloraste. Aquel que muere sin Jesús en el corazón, ése es el que está perdido. Tú quédate en Jesús. En Él encontrarás todo aquello por lo que suspiras. Yo enjugaré para siempre todas las lágrimas de tus ojos lo mismo que consuelo ahora tu dolor que no te lo puedo evitar porque sirve para la gloria de tu Dios y para la tuya. Pronto pasa,  paloma mía, el invierno de la vida y cuando llegue la primavera eterna, vendré Yo a coronarte de flores arrancándote de las espinas que llevaste clavadas por mi amor”. (Escrito el 8 de octubre de 1943).
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1  Nota  : Por la muerte de tu madre.
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43-406.- El mundo ensombrece siempre el candor del alma revestida con la gracia bautismal. Las palabras del Cantar (1) ya lo advierten: “Has venido a mí un tanto morena”.- Fulgor del alma después  del Bautismo.
* El alma revestida con la gracia del bautismo es como un espejo que refleja a Dios. Es un pequeño dios. Mas pocas son las almas que no llegan a Dios un tanto morenas”.-Dice Jesús: “Al igual de la esposa de los Cantares, también tú has venido a Mí un tanto morena. Son rarísimas las almas que, atraídas por mi amor, no vengan a Mí un tantico morenas. La vida del mundo despoja al alma de aquel candor de lirio que posee al salir de las moradas del Cielo para bajar a animar una carne nacida por obra de dos amores hechos uno. Y la tierra, la atmósfera de la tierra, no la atmósfera astronómica creada por mi Padre sino la atmósfera moral de la tierra —esa atmósfera creada por vosotros que, por hallaros originariamente envenenados por el Espíritu del Mal, lleváis en la sangre gérmenes del mal inoculados a vuestros progenitores— es la que oscurece el candor esplendente sobre el que hay una mancha que tan solo lava mi Bautismo. ■ ¡Oh fulgor del alma tras la ablución bautismal! Si os fuere dado ver aquel luminoso candor, veríais algo capaz de arrebatar vuestros sentidos. El lirio es oscuro y la perla grisácea frente al alma envuelta en luz bautismal. Es como la luz de los dos Primeros, antes de la seducción de Satanás, al infundírsela el Padre para hacerles semejantes a Él. Y, en verdad, el alma revestida de la gracia bautismal es como un espejo que refleja a Dios, es un pequeño dios que, amando, espera tornar al Cielo en el que su Amor creador le espera. Si el hombre reflexionase —y por esto no toma en cuenta mi Bondad las culpas cometidas antes del uso de la razón— si el hombre, capaz ya de distinguir el Bien del Mal —y advierte que los instintos del sentido se despiertan después del uso de la razón; primero actúan únicamente los instintos de la vida que impelen al niño a buscar el pezón o alimento, el calor de la madre o el del sol, la mano de la madre o el apoyo de los objetos— si advirtiese el hombre lo que hace, lo que pierde con sus actos, qué delito, qué robo comete al privar a su alma de su candor bautismal, qué sacrilegio realiza profanando en sí la verdadera imagen de Dios: Espíritu de Gracia, de Hermosura, de Bondad, de Pureza, de Caridad infinita; si pensase en el deicidio que perpetra matando su alma, ¡oh, no!, el hombre, ser dotado de razón, no pecaría. Mas el hombre es un rey estólido que desbarata con su dañada voluntad los tesoros de su reino poniendo en peligro la posesión del mismo. ■ Y advierte, María, que, al hablar, no me refiero a Mí. No digo que, al pecar, me ofendéis a Mí, que morí por vosotros. Al hablar, defiendo tan sólo los intereses y sentimientos de mi Padre que os creó semejantes a Él, que os ama con perfección de amor paterno y al que el hombre ofende con su desamor y le defrauda en sus esperanzas que no son otras que la de poder estrecharos en su seno el día de vuestra entrada a la Vida. ■ Pocas son las almas que no llegan a Dios un tanto morenas, puestas así por la vida que no supieron llevar con aquella santa y atenta reflexión que exige el respeto debido al alma que tiene derechos superiores a los de la carne. Tenéis muy en cuenta vosotros los derechos de la carne, algo que muere y que solo viviendo como sierva del espíritu y no como dueña de él,  puede llegar a ser a su tiempo morada del alcázar de los Cielos”.
* El hombre, que tanto se preocupa de su cuerpo y de lo que perece, no se cuida del alma y de los valores eternos olvidándose de las enseñanzas de Cristo: ¿No dije: «El que quiera salvar su vida la perderá…»? ¿No dije: «Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si…»? ¿No dije: «El grano de trigo sembrado, si so muere, no da fruto…»?.-Jesús: “Os preocupáis de vuestra estética, de vuestra salud física, de prolongar lo más posible vuestra vida sobre la tierra. Pero no os preocupáis de vuestra alma, de conservarla hermosa, de adornarla cada vez más para añadir a su belleza creada por Dios las perlas conquistadas por vuestra buena voluntad de hijos que tienen puesto el pensamiento en su Padre al que quieren volver enriquecidos de méritos: auténticas joyas, riquezas verdaderas que jamás perecen. Os preocupáis de la salud física, mas nada hacéis por preservar vuestra alma de las enfermedades espirituales. Os preocupáis de alargar lo que llamáis «vivir», pero que sería más justo llamar «esperar», y no os preocupáis de emplear la espera en conquistaros en este periodo la Vida verdadera que jamás termina. De todo os preocupáis en este período oscuro de vuestra permanencia en la tierra que tan luminoso se os antoja —y que ya te expliqué cómo es semejante a una gestación cuyo final es daros a Luz, daros a la Vida— y miráis con horror la fosa, hueco oscuro en el que este vuestro cuerpo, al que tanto amáis y del que sois idólatras, vuelve a su verdadero origen: el lodo. Lodo del que se desencarcela una llama, una luz: el alma. ■  Ahora bien, ¿cómo vosotros, que os preciáis de cristianos, no recordáis las palabras de Cristo, de la Verdad?  ¿No dije Yo: «El que quiera salvar su vida la perderá y quien por mi amor la pierda se salvará»? ¿No dije también: «Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma»? ¿Por ventura no dije: «El grano de trigo sembrado, si no muere, no da fruto; mas, si muere, da fruto abundante»? Y todo esto ¿no os ha abierto los ojos del espíritu? Pero bien, ¿cómo ha de abrir los ojos en vuestro espíritu si lo habéis sepultado bajo las piedras de vuestra carnalidad? Viene a ser como un mártir lapidado, con la diferencia de que en el mártir lapidado lo que muere es la carne, entrando su espíritu en la gloria, mientras que, por el contrario, vosotros lapidáis vuestro espíritu privándole de la Luz que se da en la Vida verdadera. ¡Y aún tenéis miedo de la lobreguez de la tumba, para vuestra carne, insensible ya como pella de barro! Sí, de esto tenéis miedo. Y, en cambio, no os horroriza condenar al antro eterno lo que en vosotros es luz y tiende a la Luz infinita: vuestro espíritu. Y no os percatáis de que, buscadores insaciables de riquezas como sois, perdéis la riqueza verdadera. Y no caéis en la cuenta de que, contrariando vuestra hambre de vida, os dais la Muerte, esa muerte que no muere: la del espíritu. Extinguís en vosotros mismos esa vuestra inmortalidad de ciudadanos del Cielo. ■ Y aún hacéis algo todavía peor: entregáis en mano a Satanás vuestra luz para que ella alumbre siniestramente su Reinado Tenebroso. ¡Profanadores! Eso es peor que si con vuestros demoníacos inventos, dirigidos al mal, lograrais derribar, a una charca inmunda, estrellas de mi firmamento apagando su luz de vivo diamante. Sabed dar muerte, no al alma sino a la carne a fin de  que germine una espiga eterna. Vuestra posteridad en la tierra es siempre caduca. La sucesión de los siglos ha hecho desaparecer estirpes que parecían inmortales y de ellas tan solo sobrevive el recuerdo y de muchas, ni aun éste. Mas cuanto hacéis en relación con el espíritu, no muere. No muere ni aún lo que se refiere a la tierra. Y si no, mirad a mis santos. Se suceden los siglos y su culto continúa casi como en el primer día. Mas nunca hagáis, para vuestra gloria, ser conocidos sobre los altares. Esto es todavía humanidad y el verdadero santo no piensa en ello. Él piensa únicamente en aumentar el júbilo de Dios añadiendo a las praderas eternas una nueva flor esplendorosa y dando satisfacción a su propia alma que clama y se agita en él por el ansia de poseer completamente a Dios”.
* Yo, Piedad perfecta, no miro si venís a Mí «un poco morenos». Levantad defensas en torno a vuestra humanidad y sean éstas preparadas por vuestra asidua atención, vuestra voluntad de ser buenos, vuestro deseo de complacerme. Esto me basta”.- ■ Jesús: “Seamos dos que con una misma sed se anhelan; seamos dos que con un mismo amor se buscan. El alma y Dios, Dios y el alma: he aquí dos perennes amadores. ¿A qué defraudar a Dios y al alma en su fin que es el de unirse, tras el día terreno, en la morada eterna? Yo, la Piedad perfecta, no miro si venís a Mí «un poco morenos» por reverberos del sol terreno de vuestras inclinaciones. Solo quiero que luchéis para que el sol abrasador de vuestra carnalidad no os haga irreconocibles a mi mirada y repelentes a mis ojos. ■ Levantad defensas en torno a vuestra humanidad y sean éstas preparadas por vuestra asidua atención, por vuestra voluntad de ser buenos, por vuestro deseo de complacerme. Esto me basta. Y si esto lo hacéis, ya lo habéis hecho todo porque la atención, la voluntad y el deseo son como los tres pilotes sobre los que se despliega la tienda que preserva el corazón de cuanto pueda disgustar a Dios. ■ Y bien, si más tarde una súbita tormenta desatada por Satanás, envidioso de Dios, desarbola vuestras defensas dando lugar a que el temporal y los rayos os enfanguen y ennegrezcan, Yo, que lo veo y lo sé, no os culpo de ello antes os justifico y acudo en vuestro auxilio. Soy Yo entonces, pobres hijos, el que os defiendo, os estrecho contra mi seno y os digo: «No lloréis. Os compadezco. Aquí estoy para purificaros y para ayudaros. Venid. El Dios del amor os da su Sangre para limpiaros del fango y su Corazón como asilo seguro. Venid, hombres a los que Satanás asecha. Satanás no se acerca al que se encuentra a mi lado. Alzad hacia Dios vuestra cabeza. No os acobardéis»”.
* Me basta con que no queráis pecar y que no desesperéis después del pecado”.-Jesús: “Quise ser tentado para probar, como hombre, qué cosa es la seducción de Satanás y compadeceros en vuestras tentaciones, no con mentalidad de Dios sino con experiencia de hombre. No os desalentéis. Me basta con que no queráis pecar. Me basta con que no desesperéis tras el pecado. Lo primero me ofende a Mí como Dios y lo segundo me ofende como Salvador. ■ Jamás dudéis de vuestro Salvador. Jamás. A quien tiene fe en el poder del Salvador le está reservado todo perdón. Os lo digo Yo que soy Verdad. ¿Ves, pequeña María, cuánto hay para decir sobre una simple frase del Cantar? Y ¿no ves cómo ha cesado tu sufrimiento? No, no has perdido una madre. Aquí estoy Yo que te acuno y te canto las nanas más sublimes para consolar tu corazón que llora. Aquí me tienes a Mí que te tomo de la mano y hago que te pasees conmigo por los jardines eternos. Te prometí  y mantengo mi promesa. Soy para ti madre y padre además de hermano y esposo. En tu madre pienso Yo como Redentor y en ti como amor.  Vete en paz. Yo siempre estoy contigo”. (Escrito el 12 de Octubre de 1943).
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1  Nota  : Cfr. Cant. 1,6.
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43-410.- El amor y el dolor para salvar.
* “Cuanto mayor es la humildad de la criatura, tanto más desciende a ella Dios”.- ■ Dice Jesús: “El que Yo esté contigo es un acto de mi bondad. Es deseo de un Dios de amor estar con sus criaturas y cuando éstas no le rechazan con su traición, Dios no se aleja. En ciertos casos y por especiales correspondencias del alma, la cercanía es más sensible. Mas, ¡ay si el alma que goza de la bendición de la presencia sensible de Dios cayese en pecado de soberbia! Perdería súbitamente a Dios por cuanto Él no está donde hay soberbia. Cuanto mayor es la humildad de la criatura, tanto más desciende a ella Dios. ■ María tuvo a Dios en sí, no solo espiritualmente, mas también como Carne viva, porque alcanzó el ápice de la santa humildad”.
* Sí, existe el grito que salva ¿pero sabéis si tendréis tiempo y ocasión de llamarme?”.- Jesús: “Ahora bien, si Dios desea estar con sus criaturas, éstas, a su vez, deberían desear estar con Dios. ¡Cuántas divagaciones tienen las almas! Corren tras los intereses humanos, se extravían por pistas de humanos placeres, se desvían en pos de falsas doctrinas y se alucinan con demasiados espejismos de ciencia humana. ¡Llega la tarde de su vida y se encuentran tan alejadas de Mí…! Cansadas, con náuseas, corroídas, carecen ya de fuerza para acercarse al Señor. Es ya mucho si aún les queda un residuo de nostalgias celestiales y de recuerdos de Fe que les haga lanzar el grito de los antiguos leprosos: «¡Jesús, ten compasión de mí!». Es el grito que salva pues nunca se invoca en vano mi Nombre. Yo, que velo a la espera de ser llamado, acudo presuroso hacia quien me invoca y por mi Nombre, ante el que se estremecen de júbilo los Cielos y de terror los abismos, opero el  milagro. ■  Mas no debería hacer falta, hijos desamorados e imprudentes, acudir a Mí en la última hora tan sólo. Porque, ¿ya sabéis vosotros por anticipado si habéis de tener tiempo y ocasión de llamarme? Y ¿sabéis si Satanás, con una última añagaza, os jugará el postrer engaño al ocultaros la proximidad de la muerte y hacer así que ésta os coja como ladrón que llega de improviso?”.
* Habéis multiplicado el placer-muerte y el saber-muerte. Si Salomón descubrió que quien acrece el saber aumenta el dolor, ¿qué diría de este mundo, hecho un caos del saber, donde falta el freno de la Ley de Dios?.- Jesús: “El mundo está lleno de muertes imprevistas. Son uno de los productos de vuestro género de vida. Habéis multiplicado el placer y la muerte y multiplicado así mismo el saber y la muerte.  El primero, el placer, os lleva a la muerte, no sólo a vosotros que pecáis, mas también a vuestros hijos y a los hijos de esos hijos, del modo como vosotros purgáis los pecados de los padres de vuestros padres a través de las consecuencias de vuestras liviandades y de vuestras crápulas. El segundo, el saber, os lleva a la muerte a través de lo que llamáis vuestro «progreso» del que las tres cuartas partes es obra de la enseñanza de Satanás, ya que las realizaciones y medios de refinada destrucción que vosotros creáis son fruto de vuestro progreso y la cuarta parte restante se debe a un desmedido afán de comodidades bajo el cual se oculta, además del epicureismo, la antigua soberbia de querer emular a Dios en la velocidad, en el vuelo y en otras cosas por encima de la capacidad del hombre que son mal empleadas por él. ■ Y si Salomón descubrió que quien acrece el saber aumenta el dolor y esto lo encontró ya entonces, ¿qué habría de decir ahora que habéis hecho del mundo un caos del saber en el que falta el freno de la Ley de Dios y de la caridad?”.
*  En vez de seguir doctrinas malsanas, producto del pecado, el hombre debería leer en el Universo que obedece a una ley de amor y reconducir su espíritu, por el que murió un Dios, al amor que proviene de la Cruz.- Jesús: “¡Cuánto tendríais para estudiar sin necesidad de devanaros los sesos con abstrusidades dañosas o buscando realizaciones homicidas! Hay en mi Universo páginas incontables en las que el ojo del hombre podría leer, y Yo querría que así fuese. Lecciones y leyes sobrenaturales de belleza y de bondad. Yo, Dios Uno y Trino, Yo creé este Universo que os circunda y nada malo puse en él para vosotros. Todo el Universo obedece a una ley de amor para con Dios y para con el hombre. Mas nada aprendéis vosotros del curso ordinario de los astros, del sucederse de las estaciones, del fructificar del suelo. Nada que os sirva para conquistar el Cielo. Sois los únicos que no obedecéis, sois el desorden del Universo y pagáis vuestro desorden con ruinas continuas en las que perecéis cual rebaños espantados que se precipitan barranco abajo hasta un río mugiente. ■ ¡Hombres míseros, que habéis embotado vuestro espíritu con el pecado hasta el punto de no saber ya captar la armonía de las cosas del universo que cantan todas las alabanzas de su Dios Creador, que hablan de Él y le obedecen con un amor que en vano busco en el hombre! Dejad vuestro inútil vagar tras tanto saber humano, tras tanta humana ambición y venid a Mí. Por algo está mi Cruz tan alta sobre el mundo. Mirad a esta Cruz sobre la que un Dios se inmola por vosotros y si tenéis entrañas de hombres y no de fieras, conducíos de acuerdo con este mi amor por vosotros. Yo no os di mi vida para que vosotros continuarais perdiendo la vuestra. Os la entregué para daros la Vida. Por esto debéis vosotros querer la posesión de esta vida eterna, obrando en consecuencia, y no emular a los animales más inmundos viviendo en la ciénaga. Recordad que estáis en posesión de un espíritu. Recordad que por ese vuestro espíritu murió un Dios. Tenéis tanto miedo a una desgracia que dura poco y no os horroriza la condenación cuyos tormentos carecen de término. ■  Volved, pobres hijos, al camino de la Vida. El que os ama, os conjura a ello. Y a ti que me escuchas y escribes, te enseño el modo seguro de venir a Mí a fin de que tú, a tu vez, se lo enseñes a tus hermanos. Imitar en todo al Maestro: he aquí el secreto que salva. Si Él ora, orar; si Él trabaja, trabajar; y si Él se sacrifica, sacrificarse. Ningún discípulo es más que su Maestro ni distinto de Él. Y ningún hijo, de ser buen hijo se diferencia de su padre. ¿No te has fijado cómo les gusta a los niños imitar a su padre en las acciones, en las palabras y hasta en el andar? Ponen sus piececitos en las pisadas de los padres y con eso les parece haber llegado a ser mayores porque, para ellos, imitar al padre que aman es alcanzar la perfección”.
* El mundo, si ha de ser salvado, necesita de sufrimientos y de amor.-Jesús: “Haz, María mía, como esos pequeñines. Hazlo siempre. Sigue las pisadas de tu Jesús. Hazlo siempre. Son pisadas sangrientas, pues tu Jesús fue herido por amor a los hombres. Sangra también tú por ellos de mil heridas que en el Cielo se cambiarán a perlas que serán otros tantos testimonios de tu caridad y la caridad es la perla del Cielo. Tráeme almas. Son esquivas como cabritos. Mas si tú las atraes con dulzura, ellas se darán. ¡Qué difícil resulta ser dulces entre tantas amarguras como, de continuo, destila el prójimo! Mas se impone filtrarlo todo por el tamiz de mi amor. Es menester pensar que, por cada alma que viene a Mí, es grande mi alegría haciéndome olvidar las amarguras que el hombre, de continuo, me proporciona. Es preciso pensar que la Justicia se halla por demás irritada y que, ■ más que nunca, son necesarias víctimas redentoras para aplacarla. No quiero que tú me sigas únicamente con amor. Quiero que también me sigas con dolor. Yo sufrí para salvar al mundo. Necesita el mundo, por tanto, de sufrimientos si ha de ser todavía salvado. Esta doctrina que el mundo no quiere aceptar es verdadera. Es necesario echar mano de todos los medios para salvar a la humanidad que muere. El sacrificio oculto y la dulzura  manifiesta son dos armas para vencer en esta lucha por la que Yo te premiaré. Al igual que tu Señor, sé heroica en la caridad, heroica en el sacrificio, dulce en las pruebas y con tus hermanos. Tomarás entonces el semblante y la vestimenta de tu Rey y, cual bruñido espejo, reflejarás mi Rostro. Hay que saber imitar a María que llevaba entre las gentes a Cristo: Salud del mundo”. (Escrito el 13 de Octubre de 1943).
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43-462.- La Cruz, la última tabla de salvación, por deseo de Jesús, debería ser sacada a la calle.
* “Los signos escritos en los Libros son tremendos. Echadlos atrás con la Cruz”.- ■ Dice Jesús: “Has adorado (1) al becerro que creías de oro siendo solo de oropel. Has servido a los precursores de la Bestia y Ésta te entrega los frutos de su reino tenebroso que son: muerte, ruinas, miseria, hambre, venganza, esclavitud, quiebra de la fe, de la libertad y del honor y si no os estrecháis a la Cruz, vuestra última tabla de salvación, llegaréis a ser como las fieras a las que el hambre y la desesperación las hacen hidrófobas; os despedazaréis los unos a los otros y creeréis saciaros dando muerte a los siervos de Dios. Pero con ello no haréis más que destruir el Bien y convertiros en hienas con ropaje de hombre y en demonios con vestimenta humana. ■ Y ¿no sentís gritar la voz de Dios en vuestras conciencias? ¿No la oís retumbar en los Cielos llamándoos una vez más para salvaros? No, no la oís. Y lo que constituye el mal de los males es que ni aquellos que por su cargo y condición debieran percibirla y conocerla, la sienten ya. Tienen vestido consagrado, pero profanado su corazón. Están sordos. Y si ellos no oyen, ¿cómo van a hacer oír a los demás? ■ ¡Atención!, os digo una vez más. Observad los signos, vosotros que leéis los libros de Dios y también vosotros, simples fieles. Los signos son tremendos. Echadlos atrás con la Cruz. Sacad a la calle cruces y mis imágenes. Poned en fuga a Satanás con el Cristo Vencedor. Tened fe, tened fe. Morís por falta de fe. Querría que bendijeseis todas las regiones, todas las provincias, todas las ciudades con mi Imagen Redentora. Nada de fiestas. No es tiempo de ellas sino de adoración sincera y también de bendiciones para veros libes de Aquello que a vosotros os tiene obsesionados, lo mismo que a vuestros amos de ahora y de antes”. ■ Me da a entender Jesús que desearía se dirigiesen plegarias a sus efigies de Redentor por esta calamidad y, en especial, a su Santa Faz; pero sin fiestas: ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, aldea por aldea. Resulta tormentoso tener que escribir ciertas páginas dolorosas. Siento que se me contraen los nervios; pero ¿qué hacer? (Escrito el 23 de Octubre de 1943).
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1  Nota  : Se refiere a Italia,  a sus regidores y gobernantes, inmersos en la 2ª guerra mundial.
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43-509.-En la Cruz está: la salvación (“Y el que volvía aquella señal…”) y en la Comunión Eucarística: Vida y Gracia. Hasta tanto no ha muerto el amor en vosotros, sois siempre míos”.
* Perdonaré al que caiga y me diga «Piedad, Señor» pero seré severo con el que diga «y a mí ¿qué me importa Dios?».-Dice Jesús: “Sé que estáis asechados y sois débiles. Lo sé y os juzgo teniendo esto en cuenta. En modo alguno sería justo si no tuviera en cuenta vuestra debilidad y las obras del Maligno. Lo que me fuerza a la severidad es que muchas veces no caéis por debilidad o por asechanza del demonio sino que caéis conscientemente, os lanzáis voluntariamente al abismo diciéndoos: «Y a mí ¿qué me importa Dios?». Y es entonces cuando Yo os llamo «Judas». Me vendéis con mi Sangre preciosa. Me entregáis en manos de Satanás al darle a Él vuestra alma que es mía por haberla vuelto a comprar con mi muerte. Me traicionáis cuando, llamándoos, lleváis a cabo obras de anticristianos. También Judas comió la Eucaristía y, conmigo en el pecho, marchó a recoger el dinero contratado y, con sus manos contaminadas con aquel dinero, me abrazó para señalarme a los enemigos. Judas os produce repugnancia. Mas ¿obráis de otra suerte vosotros que tratáis de explotar en provecho propio vuestra condición de cristianos no sirviendo los intereses de Cristo? Tan poco servís a esos intereses, que le dejáis para ir tras el Seductor. ■ ¡Cuánta misericordia habré de tener con aquellos que caen con el deseo de no caer y se arrepienten de su caída! Una, dos, diez, cien caídas desprovistas de malicia no hieren de muerte al Amor. Son rasguños repetidos que vuestras lágrimas curan y mi Amor termina de sanar. Me decís vosotros: «¡Piedad, Señor!» y Yo a vosotros: «¡Ven a tu Padre, pobre hijo mío!». Hasta tanto no ha muerto el amor en vosotros, sois siempre míos. Es por mis hijos heridos por los que derramé mi Sangre. Sed pues buenos y compasivos con vosotros como Yo lo soy. Empeñaos en conocerme y en amarme a fin de no defraudar a vuestra alma de su derecho a la felicidad eterna”.
* Retornad al camino de la Vida. Mis mandamientos constituyen ese camino”.-Jesús: “Retornad al camino de la Vida. Mis mandamientos constituyen ese camino. Procurad tenerlos presentes durante vuestra jornada. Y si la debilidad os hace incurrir tal vez en ligeras equivocaciones, Yo os aseguro que no debéis desanimaros. Mañana lo haréis mejor y pasado mañana mejor que mañana. Toda planta crece lentamente. Cada día echa una raicilla nueva, una nueva hoja. Mas, ¡qué hermosa es cuando ya completó su crecimiento! Así es, hijos, la perfección. Es por grados como se va conquistando. ■ O ¿acaso creéis que Yo haya de dar premio menor al que no se encumbró de súbito? No, todo lo contrario. Entre quien alcanzó la santidad por gracia mía y el que quiso ser santo contrariando su naturaleza, Yo miraré con ojos doblemente amorosos a este héroe del amor. El premio en la eternidad es único: la visión de Dios. Mas el abrazo inicial de unión con el combatiente victorioso contra la carne, el mundo y el demonio que, a lo largo de la vida, habrán agitado en él su naturaleza serpentina mil veces cercenada y otras tantas resurgida, será particularmente efusivo en un éxtasis especial”.
* Ni males individuales ni colectivos se curan porque no saben mirar a la Cruz. En Ella está la salvación. “Como la serpiente izada sobre la cruz tenía poder para sanar a los hebreos, lo mismo Yo lo tendré”.-Jesús: “Yo os digo: Creed en Mí, que soy la Verdad. ¡Cuán apremiante es ahora la necesidad de tal recuerdo en vosotros! Morís de no recordar vuestra condición de cristianos. Volveos a Cristo. Dice la Sabiduría: «Y el que se volvía hacia aquella señal, no quedaba curado por lo que veía sino por ti, Salvador de todos»Ya veis, hijos: No curáis de vuestros males individuales y públicos porque no sabéis mirarme. No cuentan las prácticas, las retorsiones dan pie a males mayores. Las venganzas matan antes al que las ejecuta que al que las recibe (1), y las defensas caen sin poneros a cubierto. Mas si vinieseis a Mí seríais salvos, no sólo por lo que hace a la vida de esta tierra sino también a la de más allá. ■ Reitero mi deseo (2): Llévense a cabo multitud de adoraciones a la Cruz que es trono del imperio de Jesús Salvador vuestro. Como la serpiente izada sobre la cruz tenía poder para sanar a los hebreos, lo mismo Yo lo tendré. Aquel que es inmortal, al ser izado sobre la cruz, tendrá poder para poner en fuga a cuanto os empavorece y atormenta puesto que Yo soy el Señor de la vida y de la muerte y puedo insuflar vida donde incuba la muerte y vencer la muerte haciendo retornar la vida”.
* “Ese Pan, dentro de vosotros, se transforma en Vida y en Gracia, en Salud, en Luz, en Felicidad y en Sabiduría”.-Jesús: “Ninguno, fuera de Mí, puede hacer esto. Satanás puede daros todos los poderes, mas no el poder de hacer retornar el movimiento vital. Y aun esto os mueve a destruir las vidas por odio al Dador de la vida, el cual, para alimentaros, no sólo en la vida corporal para la que hace germinar y espigar al grano, sino también en la vida espiritual, os suministra el Pan que adoran los ángeles por ser la Carne del Hijo de Dios. Y os lo da no exigiéndoos, a cambio, sino amor y fe y hasta os pide, cual Mendigo santo, que le acojáis en vosotros ya que en estar con vosotros encuentra gozo. Ese Pan, dentro de vosotros, se transforma en Vida y en Gracia, en Salud, en Luz, en Felicidad y en Sabiduría. Todo eso venís a ser cuando formáis un todo con el Hijo de Dios. Cuando la Palabra del Padre está del modo que lo está en el corazón, dentro de vuestro ser, habla suavemente. Y es mi Palabra la que guarda para la Vida eterna a todos aquellos que no abjuran de su filiación sobrenatural”.
* En verdad te digo que quien con el más hermoso acto de fe sabe esperar en Dios mientras caen sobre él las tinieblas que llevan consigo la desesperación, conocerá el Sol eterno”.- Jesús: “Dichosos los que te aman, Pensamiento del Padre al que el Amor hace Palabra, no ya en las horas de gozo sino también antes de que éste llegue y bajo los nubarrones, incluso, del huracán, te bendicen a Ti, Luz que no conoces intermitencias en tu esplendor. Dichosos aquellos que saben alabarte con los ojos arrasados de lágrimas pero con la confianza en el corazón por estar seguros de tu piedad.  En verdad te digo que quien con el más hermoso acto de fe sabe esperar en Dios mientras caen sobre él las tinieblas que llevan consigo la desesperación, conocerá el Sol eterno. ■ Pocos, cuán pocos hay de estos creyentes verdaderos. En esta noche de esterilidad salida del Infierno, los espíritus enfermos caen cual hojas marchitadas por el agua y arrastradas por el viento. Su mismo peso les hace rastrear y, por encima de la carne, tienen a Satanás que los mantiene ciegos y apisonados para impedirles todo conato de elevación que sería bastante a salvarlos. El miedo y el desaliento les embota, el vicio les paraliza y la desesperación les abrasa. Son ruinas que tiemblan de las sombras fatuas sin saber que de lo que deberían temblar es de sí mismos, asesinos como son de su inmortalidad”.
* Iglesias vacías, no se busca el Pan, muertas las virtudes, despreciados los hijos de la Luz y las señales ultraterrenas. La señal que ha de aterrar la dará el Señor. Mas son pocos los que le escuchan y comprenden.- Jesús: “Las Iglesias se van vaciando, no acuden a los altares, no se busca el místico Pan. Languidecen o están muertas las tres virtudes teologales y lo mismo las cardinales. Hay un rabioso y desordenado empeño de buscar la salvación y un desprecio grande, enorme desprecio hacia los hijos de la Luz y, más que desprecio, deseo de oprimirlos por ver de apagar esa Luz tan odiosa para ellos. Pero cuanto más os desprecien y os ultrajen, hijos queridos que sois mi luz traída a los hombres, más se precipitará en las tinieblas este mísero mundo. El Delito (3) y los delitos formarán un muro y una barrera frente a la Luz. Y bajo esas incómodas defensas la humanidad, como en una cárcel, perecerá desesperada. Rechazáis ciertamente las señales que os envío desde el Cielo y os burláis de los avisos ultraterrenos. Todo os antoja lícito. ■ Cuando menos lo penséis os daré a conocer una señal ante la que os precipitareis aterrados y la cólera que ahora descargáis sobre los inermes se volverá contra vosotros.  Esa señal soy Yo. Ante mi aparición, no sobre la tierra —aún no ha llegado el tiempo— sino espiritualmente a los hijos de la ira y al padre del exterminio, vuestras armas y las suyas caerán igual que el polvo frente al viento. Y si en lugar de maldiciones, ¡oh desgraciados que tembláis y no sabéis acudir a quien os ama!, subieran oraciones desde la tierra, esa mi aparición hubiera tenido ya realización y os encontraríais libres de vuestros terrores. Yo soy el vencedor. Yo soy el que soy. Y me produce pena grande veros más despavoridos de un lado para otro siguiendo los consejos más disparatados y obedeciendo a quien, además de necio, es un malvado. ■ Querría morir de nuevo a fin de abriros los ojos del alma y hacer de vosotros aquel pueblo santo, grande y glorioso que Dios se propuso hacer cuando creó al primer Padre. Querría crearos por segunda vez y así no tener que veros tan distintos de cómo erais en mi Pensamiento. Mas… lo que es, es. Hablo a todos. Seré escuchado por pocos y de menos todavía comprendido. La Sabiduría ya no es amada ni comprendida. Mas la Sabiduría siempre dará a sus fieles fortaleza y luz sobre la tierra y salvación y gozo mas allá de la tierra. Se dará a sí misma y el hombre que la sirvió y la mereció será contado entre los ciento cuarenta y cuatro mil de que habla Juan siendo suya la Jerusalén santa en la que se halla el trono de la Sabiduría que se inmoló para entregarse a los hombres de buena voluntad”. (Escrito el 6 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : María Valtorta anota a lápiz: (¿Alude también aquí al bombardeo de esta noche sobre el Vaticano?).   2  Nota  : “Reitero mi deseo”:  Expresado ya en el  escrito del 23 de Octubre de 1943, dictado 43-462.   3  Nota  : “El Delito”: María Valtorta anota a lápiz:  (¿una nueva alusión tal vez al bombardeo sobre la ciudad del “hijo de la Luz”?).
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43-537.- Visión intelectual del “Amor del Padre”.
* Jesús conforta a María Valtorta haciéndole sentir el amor del Padre.-Dice Jesús: “El Padre te mira. Como pajarillo que se siente abrigado y seguro bajo los vigilantes cuidados de sus padres, así te encuentras tú bajo la mirada de Dios que te contempla con amor. Piensa que estás cobijada, caldeada,  nutrida por el Amor. El Dios Eterno, nuestro Padre, está sobre ti. Mira y siente esta fuerza que se derrama sobre ti desde lo alto de los Cielos, esta sonrisa que te inunda de alegría sobrenatural, esta luz que te calienta y dirige. Necesitas verla con el ojo de la mente para poder hacer hoy de ella tu pan. ■ Otro alimento te será dado y bien amargo por cierto. Mas él de tal manera nutrirá tu espíritu, que su amargura será incapaz de ocasionarte la muerte”.
*  Visión:
■ Esta comunicación la tuve de improviso mientras estaba corrigiendo unos folios mecanografiados, habiéndola recibido en unos momentos en que leía folios nada placenteros y otros míos personales. Y al mismo tiempo tuve la visión intelectual del “Amor del Padre”. Digo “Amor del Padre” por cuanto no podría decir haber visto al Eterno Padre del modo que veo al Hijo: humanamente. Mas, ciertamente, lo vi. Y si, al hablar un día de María Santísima (1), dije que vi el cuerpo espiritualizado de María al modo de una emanación de luz en la luz, aunque siempre en forma de cuerpo, ■ ahora podría decir que he visto una luz inmensa, de una alegría incomparable en la que se transparentaba una idea de rostro. Digo idea porque era como si esa inmensa luz lo velase acumulando sobre él estratos y más estratos de esplendor a fin de hacérmelo capaz de ver con mis pobres ojos humanos. Un rostro vuelto hacia mí y dos brazos extendidos como para protegerme o abrazarme. Nada más. ■ Eso que entreví era de una belleza incomparable. La mirada viva, de una perenne juventud y, a la vez, penetrada de una dignidad propia de edad madura con un mirar bondadoso de anciano. Su semblante, igualmente, era majestuoso aunque sin muestras de vejez o de excesiva juventud. Un rostro, en fin, perfecto en la edad y en la forma. ¡Pobres palabras mías, qué pena me causa vuestra insuficiencia para la descripción! Mas lo que, de verdad, resulta indescriptible es lo que mi Jesús denomina “la sonrisa” del Padre. Es un rictus carente de voz, pero que encierra en sí todas las palabras más reconfortantes. Y yo, lo mismo que un pajarillo llegado hasta el trance de temblar de soledad y de miedo, de frío y de inanición, me siento penetrar y caldear por ella, perfectamente segura.  Sea bendito el Altísimo que, a una pobre criatura como yo, le permite comprender su paternidad santísima. (Escrito el 15 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : En el dictado 43-333 del 12 de Septiembre de 1943, relatado en el tema “María Stma. Virgen-Madre”
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43-539.- “El mundo perecerá porque quiere perecer pero la Justicia y los justos podrán decir: «Se os dio cuanto necesitabais para salvaros y hasta más».
* “Sea éste tu pensamiento continuo: «vela sobre mí el Padre de Jesús que es así mismo mi Padre»”.- ■ Dice Jesús: “Deja todo a un lado y ocúpate únicamente de Dios, de la Luz, de la Gracia, del Amor de Dios. Nada de cuanto es de la tierra te turbe. Eres hija de Dios. Te he concedido ver esta sublime condición (1) a fin de revestirte de fortaleza y de serenidad. Los cuidados del Altísimo, a modo de dos brazos amorosos, están extendidos sobre ti. Llegará el momento en que se cerrarán para llevarte más allá de estas miserias terrenas, para llevarte a aquella Luz que ahora con amor te contempla. Sea éste tu pensamiento continuo: «Vela sobre mí el Padre de Jesús que es así mismo mi Padre. El Amor que unió al Padre con el Hijo es el que me ha dado el amor del Padre. Al tener su amor, tengo, por tanto, en mí al Dios Uno y Trino». Con este pensamiento sentirás elevarte como en vuelo de águila y penetrarás en el Fuego que te quiere abrasar toda para hacerte digna de Él”.
* “Para saber regular su conducta escrutan el futuro pero el futuro sólo está en mi Palabra, que enseña el Bien y la Verdad. Repito: dejad a los muertos donde están”.- Jesús: “Y ahora, ¡adelante!, mi pequeña voz. El tiempo es breve y copiosa la Palabra. Y, con todo, aún es mayor la ignorancia de la Palabra. Demos cuanto sea posible a estos desgraciados y así no tengan por qué acusarnos de su ruina. El mundo, de todos modos, perecerá lo mismo porque quiere perecer; mas la Justicia y los justos del Señor podrán decir: «Se os dio todo cuanto necesitabais para salvaros y hasta más de lo que os era debido puesto que el amor es un pródigo que jamás se sacia de dar». No te induzca a desaliento la convicción de la inutilidad de las fatigas que soportas viendo cómo las palabras santas caen sobre almas insensibles y cerradas cual cofres de acero, puesto que para aquel Rostro tres veces santo que la Bondad te mostró y que es para ti una sonrisa de amor, para aquel Rostro al que los hombres han forzado a ocultarse bajo el cúmulo de una avalancha de delitos que, tras haber devastado la tierra, se precipita contra el Cielo, sigues siendo la mano que sirve la Palabra. ■ Han ocultado el Rostro de Dios. Le niegan. No creen en Él. Os lo han sustituido por lo que representa su ruina. Están bajo el poder de las fuerzas ocultas, rebeldes a la enseña de Dios y a ellas sirven, en ellas creen y a ellas obedecen. Salen voces y más voces de fuentes engañosas sin que haya una siquiera que diga la verdad o un atisbo de ella. Las palabras que escuchan no son sino risotadas de los demonios que se burlan de los hombres y que las truecan en palabras engañosas con las que poder extraviarlos cada vez más. Para saber cómo regular su conducta pretenden escrutar el futuro. Mas el futuro se encuentra aquí: en mi Palabra. Para eludir este presente, peor que un encanto y una condenación, era preciso haber estudiado esta Palabra, haberla sabido leer y atemperar los actos a sus enseñanzas morales, históricas y sobrenaturales. Y, aun ahora, por hacer menos atroz el futuro, debiera estudiarse esta Palabra que enseña el Bien y la Verdad. Repito, dejad a los muertos donde están. Si son bienaventurados, no pueden deciros sino lo que la Palabra ya os dice puesto que los santos del Señor hablan su mismo lenguaje. Y si son condenados, no pueden transmitiros sino las palabras de su padre: maestro y rey de la mentira. ¿Cómo podéis creer que el Mentiroso haya de tener un átomo de piedad y os conceda una luz que sea de salvación? En manera alguna, ya que sin perder de vista el fin que persigue, os presenta encantos entre los que oculta el abismo infernal”.
*  Yo soy el que puedo daros la paz con mi arma santa: la Cruz. No hagáis demasiado breve la pausa entre el tiempo del Anticristo y el de Cristo. Es necesario disponer de una tregua de paz para aprestaros a la última lucha satánica, tras la derrota de la Bestia y de sus secuaces, para ser rebautizados en la Palabra del Señor.- Jesús: “Y al abismo os estáis precipitando al no tener ya por guía la luz matutina que es Dios, vuestro Padre santo. Ciegos guiados por ciegos, vagan vuestros espíritus de error en error y de ruina en ruina. Chocáis y de continuo os causáis mutuamente nuevos dolores y os producís nuevas heridas y nuevas desgracias; os odiáis por el mal que os causáis y, tomando a manos llenas de ese odio que os fermenta en el corazón, lo lanzáis contra Dios haciéndole responsable de vuestro mal. Y el odio, al no poder alcanzar el Cielo, torna a caer sobre vosotros convertido en fuego, en llama, en hambre, en mortandad, en desolación, en desesperación y en tinieblas. ■ Y no habrá tregua para vosotros mientras no lleguéis a comprender, a vuestras expensas, que de nada sirve la violencia, que la sangre está de más y no nutre y que el odio nada crea sino que destruye. No conoceréis tregua hasta tanto no se vuelvan vuestros corazones a Dios. Yo soy el que puedo daros paz y no mediante el empleo de esas vuestras armas homicidas sino con mi arma santa: la Cruz y destruyendo con mi amor esas mismas armas vuestras homicidas. ■ No precipitéis el Juicio de Dios con vuestro sobrepasar la medida en el pecar. No hagáis que sea excesivamente breve la pausa entre el tiempo del Anticristo y el de Cristo porque, si bien es verdad que, por amor a los elegidos, se abreviarán los últimos días, también es verdad que os es necesario disponer de una tregua de paz para aprestaros a la última lucha satánica. Tras la derrota de la Bestia y de sus secuaces, Yo haré volcar la losa sobre el antro de Lucifer; mas vosotros, con vuestras aclamaciones al Mal, no hacéis sino dar fuerza al Demonio para quebrantar ese cierre. No hagáis de vuestros espíritus, entregados por completo a la carne y a Satanás, palancas con las que abrir las mazmorras infernales haciendo salir de ellas al Maldito para que se cobre la última presa antes de que los corazones de los hombres sean rebautizados en la Palabra del Señor”. (Escrito el 16 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : Se refiere a  la visión relatada en  43-537,  del día 15 de Noviembre de 1943.
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43-556.- La buena voluntad para buscar a Dios y salvarse.- (1).
 Yo soy el que opero en vosotros las ¾ partes y el resto lo hacéis vosotros con vuestra voluntad. Esa voluntad mínima me basta para salvar.-  ■ Dice Jesús: “Yo siempre doy el doble, el triple, el céntuplo, el infinito para compensar cuanto no dais vosotros. Y esto porque os amo y os juzgo con un rigor suavizado por el amor. Así, pues, no os pago como vuestras iniquidades reclaman, ya que siento con mayor fuerza la necesidad de ayudaros que la de castigaros y, al veros desgraciados, no me incomoda contemplaros tales. Parad mientes en mis castigos desde que el hombre existe y advertiréis que con ellos siempre busqué salvar a cuantos guardaban algo de bueno en sí. No eran perfectamente justos los salvados en los azotes con que castigaba a los hombres prevaricadores, sacrílegos, ladrones y homicidas; pero veía en ellos su esfuerzo por ser justos y aquel empeño, aunque mínimo, de justicia que para los mismos representaba toda su capacidad de llegar a serlo, me bastaba. Un padre que tenga un hijo enfermizo, ¿puede acaso menospreciarlo porque no sea un operario resistente, un caminante incansable, un muchacho fuerte al que nada le arredra? De ninguna manera, antes se ingenia para suplir la insuficiencia de su hijo y lo hace con suma cautela para que no lo advierta y se disguste por ello. Pues bien, el Padre que vosotros tenéis en el Cielo, vuestro Padre santo, ¿podrá obrar de otra suerte? Yo os prevengo, os pongo los auxilios en las manos y lo hago con  tal cuidado que no os percatéis de ello, creyéndoos capaces de realizarlo. No, hijos. ■ Yo soy el que opero en vosotros las tres cuartas partes y el resto lo hacéis vosotros con vuestra voluntad. ¿Crees, María, que por ti sola habrías podido lo que puedes? ¡Ay, pobre hija! Aún estarías en el a, b, c del amor y dando los primeros pasos en el camino de la perfección, Mas Yo te tomé, te instruí y te llevé. Cual flor arrebatada por el viento al borde de un sendero, Yo te levanté del polvo y del lodo y te conduje a la Luz; y tanto más te llevaré a Ella cuanto más tú me secundes con tu voluntad. Ahora bien, ¿cuántos hay que tengan una voluntad recta? Pocos, excesivamente pocos. De ahí que, a pesar de todos mis cuidados, no adelantéis”.
* Reunidos en torno al cayado de la Palabra y de la Cruz, enseña de la victoria, para disponer los caminos del Señor (Isaías) y vencer enemigos externos (guerras…) e internos (espíritu de mundo, racionalismo, triple concup., intrigas de Satanás).- Jesús: “Han pasado ya veinte siglos desde que una «Voz» proclamó lo que ya dijo Isaías: «Disponed los caminos del Señor». Y, con todo, los caminos se hallan cada vez más obstruidos para con el Señor por vuestra mala voluntad puesta al servicio de la Bestia que os hace acumular montañas de orgullo, abrir socavones de culpas, vías tortuosas de mentiras y valles de indolencia. ¿Cómo podrá el Pastor santo congregar a su grey dispersa si antes no se reúnen las ovejas en torno al cayado de su Palabra? Heme aquí. Una vez más vengo a apacentar a mis corderos y a sostener a las ovejas que están lactando, es decir, a los ministros de Cristo que os suministran la leche de su Palabra. ■ Dad de lado a  cuanto no es pasto mío. Reuníos en torno a la Cruz. Es la enseña de la victoria sobre todos los enemigos del hombre. Todos los enemigos: Los externos, proporcionados por guerras, pestilencias, y hambres. Los internos, doble e incalculablemente destructores proporcionados por el espíritu del mundo, el racionalismo, la triple concupiscencia y las intrigas de Satanás”.
* Para llegar a creer no son precisos libros de ciencia. El Libro más hermoso es el Universo. Hay que saber leer en él el nombre de Dios y hacerse humildes para tornar al Señor.-Jesús: “Abrid, hombres, los ojos y desprended de ellos la costra acumulada por tantos errores y vedme a Mí, pero tal cual soy: con todo mi poder de Dios Uno y Trino, Creador, Redentor y Vivificador vuestro. Doblad vuestra cerviz altiva, incapaz de nada que sea eterno y reconoced que esta vuestra nada es grande tan solo cuando Dios alienta en ella al estar dentro de vuestro espíritu. Humillad vuestra inteligencia que es mía porque Yo os la infundí y pensad siempre en lo que Yo soy y en lo que sois vosotros. ■ Para llegar a creer no son precisas trabajosas obras de ciencia. El libro más hermoso es el Universo que Yo creé de la nada sin el concurso del hombre. Sabed leer en el mismo el nombre de Dios y, al contemplar la inmensidad del firmamento, comenzaréis a descubrir la mía y, observando el movimiento de los astros, lograréis a comprender mi poder. Átomos de polvo posado sobre el granillo rodante por los espacios al que llamáis tierra  —polvillo lanzado por el soplo de Dios que cruza raudo al lado de otros infinitos polvillos semejantes a él—  ¿no sentís derrumbarse vuestra soberbia al contemplar el firmamento tras del cual estoy Yo? Seres efímeros que duráis lo que un instante de eternidad, ¿cómo no acabáis de comprender mi Eternidad cuya duración es un abismo insondable en el que se hunden los milenios que otra cosa no son que pulsaciones de mi actividad? Tornad al Señor, que abandonasteis. Él, en su triple condición, volverá a ser Creador del Bien que destruisteis, Salvador del Bien que todavía os quedó y Vivificador del Bien al que aún ahora no sabéis servir. Venid. Yo seré quien os lleve, si por entero, os entregáis a Mí”. (Escrito el 23 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : Añade a lápiz María Valtorta: Isaías cap. 40º.
Isaías 40: “¡Confortad a mi pueblo! Hablad al corazón de Jerusalén… que ha sido perdonada en su culpa… Una voz que clama: despejad en el desierto el camino de  Yavé… He aquí que viene vuestro Dios… como Pastor pastorea su rebaño… todas las naciones son como nada ante Él… ¿A quien me compararéis?… Levantad los ojos y mirad: ¿quién os ha creado?… ¿Por qué decís: mi camino está oculto a Yave, mi derecho se le escapa?… Dios es eterno, no desfallece, da fuerza al desfallecido y al impotente vigor. Y los que esperan en Yavé renuevan sus fuerzas, remontan el vuelo como el águila…”.
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43-681.- El Eterno Padre celebra el Nombre de su Hijo, Dios encarnado, y pide esculpir de nuevo ese Nombre Santo de Jesucristo sobre el ara del corazón sin Dios.
*  Hay muchos cristianos desprovistos de su Dios, con tal desnudez religiosa que se muestran más paganos que los atenienses que erigieron un altar «al Dios desconocido». Es conocido ese Dios al que el Padre le dio un Nombre. Nombre santo por cuanto en su Nombre está el compendio de su Perfección y de su misión sublime.- Dice el Padre Eterno: “Escribe, pues hay quien lo está deseando y piensa en ello. Pablo de Tarso, un tiempo sinedrita convencido y perseguidor encarnizado de los discípulos de Cristo, vuelto ya a la Luz por obra de una fulguración divina y convertido en apóstol incansable de mi Hijo, anunció a los Atenienses en su Areópago a aquel Dios desconocido al que ellos habíanle dedicado un altar. También ahora hay muchos altares vivos desprovistos de su Dios sobre cuya desnudez religiosa podrían escribirse estas palabras al menos: «al Dios desconocido». Pues ni aún estas palabras describen a esos tales, que superan en su paganismo a los Atenienses de un tiempo, los cuales, no sintiéndose satisfechos con sus simulacros desprovistos de auténtica vida y, no hallándose ofuscados por la anemia religiosa que a vosotros os invade, percibían que, más allá del mentido Olimpo de sus dioses a los que habían atribuido sus propias pasiones y vicios, existía un Dios verdadero y santo al que invocaban dándole a conocer mediante aquel altar a Él dedicado sobre el que aún no había estatua ni nombre alguno a la espera de que la Revelación divina se los ofreciese. Mas vosotros conocéis a ese Dios verdadero porque Yo os revelé hace siglos y siglos y, no contento con habéroslo revelado, os mandé al mismo Dios, no mediante una falaz aparición o fugaz permanencia, sino revestido de Carne humana y viviendo entre vosotros por espacio de toda una vida. A aquella Perfección de la Perfección de Dios, —y recordad, hombres, que Dios es Caridad y que el compendio y la perfección de la Caridad se halla en Cristo que se encarna para daros Vida— a aquella Perfección que bajó para actuar entre vosotros, ■ Yo le di un Nombre, nombre santo elegido por Mí por cuanto en su Nombre está el compendio de su Perfección y de su misión sublime. Nombre solo por Dios conocido en su verdadero significado. Nombre ante el cual palpita con más encendido ardor la Divinidad, brilla con más beatífico esplendor el Paraíso con su teoría de ángeles y de santos, se estremece el abismo y las fuerzas del Universo doblegan su poder reconociendo el nombre del Rey por el que todas las cosas fueron hechas”.
*  En el nombre tres veces santo de Jesús está, como en el Templo de Dios, el Dios vivo… El aniquilamiento del Hijo (tomó forma para vuestra Redención) no fracciona la unión de las Tres Personas ya que la perfección de Dios no conoce límites ni separaciones. Solo Dios mismo podía ser el Templo para Dios.- ■ Dice el Padre Eterno: “En el nombre tres veces santo y poderoso de Jesús está el esplendor y la gloria de Dios, Uno y Trino, ya que Él es el Santo de los santos en el que está, como en el Templo de Dios, el Dios vivo, verdadero y perfecto lo mismo que en el Cielo, eterno y operante cual rueda continua sin soldadura alguna que no cesa en su movimiento por espacio de los siglos y siglos anteriores al hombre, como tampoco durante los siglos y siglos subsiguientes a él. Por lo que, con propiedad, se dice en el Libro: «La casa a mi Nombre no me la edificarás tú, hombre, sino el hijo tuyo que saldrá de tus entrañas, él será el que edifique una casa a mi Nombre» (1). El Hijo del hombre nacido de una mujer de estirpe santa y a Mí consagrada, concebido por querer del Espíritu Santo sin gravamen de carnalidad sino por la sola infusión del amor, el Nacido de María que no abrió, al nacer, el seno virginal, como tampoco al concebirlo violó nadie aquel seno a Mí consagrado, el hijo, ¡oh Humanidad!, tuyo por parte de Madre e Hijo mío por su origen divino, será el que de Sí mismo haga la Casa sobre la que aparece grabada la Gloria de mi Nombre. Al ser inseparables en nuestra Trinidad, en Cristo se encuentran el Padre, el Hijo y el Divino Espíritu. El Hijo no es sino la Palabra del Padre que tomó forma para ser vuestra Redención. Mas su aniquilamiento no fracciona la unión de las Tres Personas ya que la Perfección  de Dios no conoce límites ni separaciones. ¿Cómo ibais a poder albergar vosotros a Dios en un templo que no fuese infinito y santo cual a la Divinidad corresponde? Solo Dios mismo podía ser templo para Dios y llevar su Nombre sin menoscabo ni ofensa. Solo Dios podía habitar en Sí mismo y vivificar Él mismo los templos del hombre sobre los que ya no resulta mendaz el nombre puesto por el hombre por cuanto es el Nombre que Yo os indiqué”.
*  Su Nombre es señal de salvación, señal que leerán los ángeles sobre las frentes que no han de morir. La Muerte, la verdadera Muerte aguarda a los desconocedores del Nombre de Jesús. Es necesario tornar a Dios esculpiendo de nuevo el Santo Nombre de Jesucristo sobre el ara del corazón sin Dios.- ■ Dice el Padre Eterno: “Solo Dios podía, ¡oh cristianos!, daros su Nombre como señal de salvación para todas las castas de la Tierra, ese Nombre que han de leer los ángeles sobre la frente de los que no han de morir para siempre y que, en virtud de tal Nombre, serán preservados de los azotes de la última hora al igual que preservó de la segunda muerte a los elegidos que, en la morada del Cielo, cantan la santidad del Nombre de mi Hijo. ■ ¡Ay de aquellos que reniegan de ese Nombre y le ofenden sustituyendo su marca santa por la demoníaca de Satanás o que, debido tal vez a la postración de su espíritu, llegan a olvidarlo como si una sustancia corrosiva lo borrase de su yo que recibe Vida de tal Nombre! La Muerte, la verdadera Muerte aguarda a los desconocedores del Nombre de mi Hijo al que conferí todo poder y todo juicio y ante cuyo Nombre se pliega mi Majestad a todo milagro, lo mismo que en el Universo deberían doblarse todas las criaturas en adoración santa y suave. ¡Oh hijos de mi Hijo! —al que su Nombre le llevó hasta empurpurarse de Sangre divina sobre la cima del Calvario y destellar, como única luz del mundo oscurecido ante las tinieblas del Viernes Santo, a fin de ser advertencia que desde lo alto de la cruz os indica el Cielo para el que fuisteis hechos y brilla a través de los siglos para seguir recordándoos el Cielo y nunca como ahora relampaguea para llamaros a Sí en esta ira por vosotros provocada, invocada y querida en la que perecéis entre borbotones de sangre y risotadas de demonios— ■ ¡oh hijos de mi Hijo!, esculpid de nuevo con vuestro dolor que torna a Dios, con vuestra esperanza que nuevamente se eleva a Dios, con vuestra fe a la que las lágrimas rebautizan, con vuestro amor que vuelve a encontrar el camino de la Caridad, el Santo Nombre de Jesucristo sobre el ara de vuestro corazón sin Dios, sobre el templo profanado de vuestra mente. Despojad, tanto ésta como a aquel de los simulacros de un culto que os ocasiona la muerte del espíritu y en su lugar, poned encima de ellos al Dios verdadero… Amad, cantad, invocad, bendecid, y creed en el Nombre de mi Hijo. En el Nombre del Justo, del Santo, del Fuerte, del Dominador y del Vencedor. En el Nombre de Aquel ante quien no resiste el Padre y por quien el Espíritu derrama sus ríos de gracia santificante. En el Nombre del Misericordioso que os ama hasta el extremo de haber querido conocer la vida y la muerte de la tierra y hacerse Alimento para nutrir vuestra debilidad y Sacramento para permanecer entre vosotros aún después de su retorno al Cielo llevando en vosotros a Dios. ■ Os lo juro por mi Santidad: no hay, no hubo ni habrá otro Nombre más excelso que Éste. Yo, Uno y Trino, estoy en Él con mi suprema manifestación de poderío y de amor”. (Escrito el 29 de Diciembre de 1943).
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1  Nota  : Cfr. 1 Rey. 8,19.
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43-693.- Dios nunca abandona al que recurre a Él con fe y humildad.
* Para los que están sobrecogidos de terror, recordad el episodio de Sara.- ■ Dice Jesús: “No te quiero cansar más de lo que ya estás pues te encuentras exhausta de fuerzas. Dos palabras únicamente para ti y para todos aquellos que se sienten sobrecogidos de terror. Haced vuestras las palabras de Sara (1) a las que te he guiado y extraed de ellas pensamientos de fe y de esperanza. Mi misericordia se halla dispuesta a perdonar siempre que recurráis a ella con fe y con humildad; mi bondad estará más para libraros del mal y de las desventuras que por dejaros abandonados con tal de que no dudéis de Mí. Sabe muy bien mi sabiduría hasta dónde puedo llegar en la prueba con cada uno de mis hijos. Si me sobrepasase sería imprudente y, por tanto, ya no sería perfecto ni tampoco Dios. No temáis, os digo, no temáis. Creed en Mí y en mi Nombre”. (Escrito el 30 de Diciembre de 1943).
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1  Nota  : Cfr. Tobías 3,20-22.
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Hechos de los Apóstoles Cap. 10, v. 15 (1)
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44-65.- El Espíritu Santo prepara el camino de los paganos que buscan a Dios con pureza de corazón y son amaestrados y bautizados por el Espíritu.
* El espíritu de Dios no sabe de limitaciones y hácese Maestro de la Verdad para muchos a quienes tenéis por contrarios a Dios. Y los purifica. Porque el Espíritu Santo es el Purificador, Preparador y el Perfeccionador de la obra del Verbo”.-Dice Jesús: “Aquel a quien Dios purificó, por más que pueda ser aparentemente impuro, es un espíritu que busca a Dios con pureza de intención. Ya te dije y, a través de ti a tantos todavía menos evangelizados que tú en mi doctrina, que nunca debéis juzgar. Dios sólo es el juez. Cuando, desde lo alto de  mi trono, veo a un espíritu recto que va tras de su anhelo y busca a este Dios por todos los medios tratando de servir y amar a este Dios con todas sus fuerzas, Yo le justifico y le hago puro y agradable a mis ojos como a un hijo mío, y donde los hombres encuentran falta, Yo suplo dando luces de espíritu. ¡Cuántas veces, cristianos-católicos, brilla mi Palabra y llega a iluminar el corazón de alguno que no es hermano vuestro de catolicismo y, sin embargo, os supera en el amor a Cristo, por más que no le conozca, al amar al Dios verdadero —para él ignorado— al que reconoce como viviente eterno en su Creación! En verdad os digo que el Espíritu de Dios no sabe de limitaciones y hácese Maestro de la Verdad para muchos a quienes tenéis por contrarios a Dios. Como marea que cubre esta playa dejando al descubierto la opuesta que, por su excesiva acumulación de arena no hace posible que suba el oleaje a limpiarla y regarla, así el Espíritu Santo, al que muchos de vosotros, católicos, le impedís venir por vuestra forma de vida, derrama sus luces entre otros más merecedores que vosotros de recibirlas y los purifica para Dios puesto que Él es el Purificador, el Preparador, y el Perfeccionador de la obra del Verbo. ■ Lo mismo que hizo el Espíritu en la historia de la humanidad que, por boca de los profetas, preparó a los hombres para mi venida y, después de mi retorno a Dios, perfeccionó en vosotros la capacidad de comprender mi Palabra, así también es cómo Él, la tercera Persona divina, me prepara siempre el camino en los corazones que todavía no me han recibido como Verdad y los riega para que mi Verdad se haga en ellos árbol frondoso sobre el que aniden todas las virtudes. Él bautiza de Mí, antes que nada a los paganos de ahora ( y por paganos entiendo a todos los no católicos); y ¡ojalá! que vuestra buena voluntad le permitiera rebautizaros igualmente a vosotros que os estáis volviendo, si ya no lo sois, paganos. Él bautiza con el fuego del amor verdadero. Así pues, vuelvo a deciros: No tengáis por profano lo que Dios purificó y tened entrañas de caridad fraterna con todos”. (Escrito el  14 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Hechos de los Apóstoles: Cap. 10,15: Y Pedro dijo: “… de ningún modo porque aún no comí nada profano e impuro. La voz por 2ª vez: «Lo que Dios purificó no lo tengas tú por profano»”.
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44-67.- “La malicia satánica promueve la teoría sacrílega de que Judas, el más grande de los pecadores de la Humanidad, pueda redimirse y llegar a Mí en fases sucesivas”.
* La misión de María Valtorta: hacer presentes las verdades eternas. Del olvido de estas verdades se derivan tantos males de los hombres.- ■ Dice Jesús: “Te hice ver el monstruo del Abismo (1) y hoy te voy a hablar de su reino. Tu misión es hacer presentes a tus hermanos las verdades que en demasía se han olvidado, y que de este olvido que, en realidad, es un desprecio de las verdades eternas, se derivan tantos males a los hombres. Escribe, pues esta página dolorosa y mientras escribes mira a tu Jesús en la cruz entre tales tormentos que se les puede comparar con los del Infierno y que quiso semejante muerte para salvar a los hombres de la Muerte. ■ Los hombres de este tiempo ya no creen en la existencia del Infierno y se han forjado un más allá de su gusto. Discípulos más o menos fieles de Satanás saben que la conciencia de los hombres retrocedería ante ciertos malhechos, el remordimiento les llevaría a la conversión, el miedo al arrepentimiento y con el arrepentimiento encontrarían el camino por el que volver a Mí. Su malicia aleccionada por Satanás, no quiere tales retornos y así anula la fe en el Infierno como realmente es. ■ Ésta su teoría llega hasta el extremo de hacer creer sacrílegamente que el más grande de los pecadores de la humanidad, el hijo amado de Satanás, el Iscariote, pueda redimirse y llegar hasta Mí en fases sucesivas. No. Perdonar a Judas sería cometer un sacrilegio contra mi Divinidad traicionada por él; sería una injusticia contra todos los demás hombres siempre menos culpables que él y que ciertamente son castigados por sus pecados; sería menospreciar mi Sangre y sería, en fin, hacer de menos a mis leyes. ■ Yo, Dios Uno y Trino, tengo dicho que lo que se halla destinado al Infierno permanece por toda la eternidad ya que de esa muerte no se sale a nueva resurrección. Tengo dicho así mismo que aquel fuego es eterno y que a él serán echados todos los operadores de escándalos e iniquidades. Ni creáis que esto sea hasta el trance del fin del mundo. No, sino que tras la imponente revista del Juicio Final, más cruel aún resultará aquella morada de llanto y tormento porque lo que al presente se les concede a sus huéspedes como infernal solaz —el poder dañar a los vivientes y ver precipitarse en el abismo a nuevos condenados—, ya no será desde entonces y así la puerta del reino nefando de Satán será remachada y enclavijada por mis ángeles para siempre, para siempre, para siempre, un siempre cuyo número de años carece de número y respecto al cual, si los años vinieran a ser granitos de arena de todos los océanos de la tierra, sería menos que un día de esta mi eternidad inmensurable, hecha de luz y de gloria en lo alto para los benditos y de tinieblas y horror para los malditos en lo profundo”. (Escrito el 15 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Dictado 43-196 en tema “Demonio-Infierno”.
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44-87.- Oración de los oprimidos, salvación de sus torturadores: “Ruega. Es la caridad más grande”.- Perseverancia.
* Por las penas superadas, me poseerás a Mí más poderosamente; porque toda pena superada sin plegarse supone aumento de fusión en el Cielo”.- Dice Jesús: “Quiero explicarte la epístola y el evangelio de la Misa de ayer. Ayer te encontrabas por demás cansada para que Yo lo hiciera. «Quien perseverare hasta el fin se salvará», dice el fragmento evangélico (1).Y en la Epístola: «No queráis, pues, malograr vuestra confianza a la que le está reservada una gran recompensa. Así pues os es necesaria la paciencia a fin de que, haciendo la voluntad de Dios, podáis conseguir lo que os fue prometido; porque, un tantico no más, y quien ha de venir vendrá y no tardará; empero el justo vive de la fe, mas, si se vuelve atrás, ya no será  agradable a mi alma» (2). ■ Mira, hija: ten siempre presentes, lo mismo en este como en otros muchos abatimientos futuros, fruto todos ellos de la anticaridad que te rodea, estas luminosas palabras. Son las que dieron la fortaleza a los martirizados por los tiranos, por sus familiares o superiores. Hay que perseverar hasta el final salvando todos los desprecios, todos los choques, presiones y penas. Yo soy el premio que se da a quienes perseveran. Piénsalo bien, María: Yo, tu Jesús. Pero, ¿qué serán entonces para ti estas espinas que ahora te punzan y tanto te hacen sufrir? Nada, menos que nada: un gozo. Las mirarás con amor y las besarás con reconocimiento porque precisamente, por ellas, me poseerás a Mí más poderosamente. ■ Toda pena superada sin plegarse supone aumento de fusión en el Cielo. Recuérdalo. Allí se ve todo bajo una nueva luz. Aun en aquellos a los que ahora amas únicamente por mi amor, pues su modo de obrar movería tu humanidad a no amarlos, allí los amarás espontáneamente porque los verás como medios que te proporcionaron el infinito Tesoro que soy Yo”.
* “Ahora mis ángeles ven juntos al oprimido y al opresor. La luz de estos espíritus que salvaron a sus atormentadores es una luz especial que deriva de mi costado abierto, de mi corazón que rogó desde la cruz por sus crucifixores. Se asemejan a Mí”.-Jesús: “La última plegaria de los mártires era para sus verdugos, ya que por ellos alcanzaron la Luz; y la última de los santos era por sus opresores, puesto que por ellos alcanzaron la Caridad. No sabes, no lo sabes tú, pero Yo te lo digo: Muchos superiores conventuales a los que la humanidad viva en ellos, a pesar de su vestido de renuncia a la carne, les llevaba a la soberbia y, por tanto, a la anticaridad para con sus subordinados, llegaron al arrepentimiento y de éste a un renacimiento espiritual, origen de su nacimiento para el Cielo, precisamente por las oraciones de un «santo» encomendado a él, el cual logró cambiar su dureza y sus injusticias con actos de amor sobrenatural, rogando y sufriendo por la redención de aquel corazón que para ellos era tan poco benévolo. Ahora en el  Cielo ven juntos mis ángeles al oprimido y al opresor; y el superior no es ahora el opresor sino el oprimido que, cual padre amoroso, contempla con gozo a su salvado que entró en la vida eterna gracias a su verdadero amor. ■ La luz de estos espíritus que salvaron a sus atormentadores es una luz especial que deriva del rayo de mi costado abierto, de mi corazón que rogó desde la cruz por sus crucifixores, porque aquellos que ruegan por quien les hace sufrir se asemejan a Mí que rogué por mis verdugos (3). ■ Confianza en Mí que lo veo, y paciencia con los demás y con las cosas que os acaecen en contra. La recompensa es tal que merece cualquier sacrificio y no tardará en llegar. No te desanimes. Deja a los demás que sean lo que quieran. Tú sé mía y basta. O, más bien, ruega  —es la caridad más grande—  para que los demás sean lo que Yo quiero que sean. Y sé cada vez más mía. Vete en paz. Yo te bendigo”. (Escrito el 20 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Mt. 24 ,13.   2  Nota  :  Cfr. Hebreos 10,35-38.   3  Nota  :  Cfr. Lc. 23,34.
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Ezequiel cap. X y XI (1)
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44-120.- El signo TAU, señal de los salvados.- Las culpas contra la Caridad, castigadas con el fuego de la Caridad rechazada. El Gran Juicio y la Caridad.
* Del libro de Ezequiel. EL signo  «TAU», una cruz desmochada, es propio de los súbditos; la Cruz lo es del Primogénito que es Rey. Con todo, el verdadero signo de salvación, que nos hará semejantes al Salvador, será el que marquen nuestras obras sobre nuestro espíritu.- ■ Dice Jesús: “El signo TAU es una cruz desmochada como es justo que así sea la que marca a los súbditos que no pueden poner baldaquino a su trono arrogándose nombre de rey. Son hijos de Dios, mas no «primogénitos del Padre». Sólo el Primogénito se sienta en el trono real. Sólo Cristo, cuyo trono terreno fue la Cruz, lleva en alto en la misma, sobre el tablero que levanta por encima de la cabeza, su enseña gloriosa: «Jesucristo, Rey de los Judíos». Los cristianos llevan el signo de Cristo humildemente cortado por arriba, como así conviene a hijos de estirpe real pero que no son primogénitos del Padre. ■ ¿En qué consiste el signo TAU? ¿Dónde está puesto? ¡Oh, dejad a un lado la materialidad de las formas cuando os adentráis en el conocimiento de mi Reino que es todo él espiritual! No será una marca material la que os ha de inmunizar del fallo a ejecutar por los ángeles. Será una señal marcada con caracteres invisibles al ojo humano, pero bien visibles para mis ministros, los ángeles, sobre vuestros espíritus y serán vuestras obras, esto es, vosotros mismos quienes durante la vida habréis grabado esa señal que os hace dignos de ser llevados salvos a la Vida. Edad, posición social, nada será todo eso a los ojos de mis ángeles. Lo único que tendrá valor será esa señal. Ella igualará a los reyes con los mendigos, a los hombres con las mujeres, a los sacerdotes con los soldados. Todos la llevarán igual siempre que cada uno, en su respectiva forma de vida, hayan servido igualmente a Dios y obedecido su Ley, e igual será el premio de ver a Dios y gozar de Él eternamente, para todos aquellos que se presenten ante Mí con esa fúlgida señal en su espíritu. ■  La mera convicción vuestra de la necesidad y obligación de dar a Dios toda la gloria y obedecerle en todo, marca en vuestra alma esa señal santa que os hace míos y os comunica una dulce semejanza conmigo, Salvador, de suerte que vosotros, lo mismo que Yo, os afligís por los pecados de los hombres, por sus ofensas contra el Señor y por la muerte espiritual que causan a los hermanos. Con ello la Caridad se enciende y donde hay caridad está la salvación”.
* No es una acción simbólica la del fuego (carbones encendidos) que están entre los querubines y lanzarlos sobre la ciudad para castigar a los culpables, empezando por los del santuario. ¿A qué se falta delinquiendo? A la caridad: para con Dios (los 3 primeros mandamientos), para con el prójimo (los otros siete). Las culpas contra la caridad serán castigadas con el fuego de la caridad rechazada.-Jesús: “Dice Ezequiel que oyó al Señor ordenar al hombre vestido de lino que cogiese los carbones encendidos que estaban entre los querubines y los lanzase sobre la ciudad para castigar a los culpables, comenzando por los del santuario, por cuanto el ojo del Señor estaba canso de ver las obras del hombre que piensa poder hacer el mal impunemente porque Dios se lo deja hacer, figurándose que Dios vea tan sólo el hipócrita aspecto exterior. No. Con su poder infinito Dios lee en el fondo de vuestros corazones. Sabedlo bien: vosotros, ministros del santuario; vosotros, poderosos de la tierra; vosotros, cónyuges que pecáis; vosotros, hijos que faltáis al cuarto mandamiento; vosotros, profesionales que mentís; vosotros, vendedores, que robáis; vosotros todos que desobedecéis a mis diez mandamientos. Es inútil toda ocultación. El ojo de Dios, al igual que vuestros rayos X, de los que tanto os ufanáis, cada vez más, os sondea, os penetra, os traspasa, os lee y os desentraña por lo que realmente sois. ■ Recordadlo. No es una acción simbólica la del fuego tomado de entre los querubines para castigar. ¿A qué faltáis delinquiendo? A la caridad. Ya os expliqué, al hablar del Purgatorio y del Infierno, estas dos verdades, que vosotros las tenéis por cuentos. Caridad para con Dios, los tres primeros mandamientos y caridad para con el prójimo, los otros siete. ¡Oh!, muchas veces serán las veces que me oiréis volver sobre este tema y ¡ojalá que no hubiese tanta necesidad de hacerlo!, pues ello querría decir que habíais mejorado. Pero no mejoráis sino que, por el contrario, os precipitáis a velocidad de meteorito hacia la anticaridad. Vuestras acciones, o mejor, vuestras «malas acciones» contra la caridad, pululan más numerosas que los hongos en un terreno descompuesto. Observo este germinar cada vez más vasto y vigoroso, este prosperar de malas acciones sobre otras malas acciones preexistentes, como si de un estrato de podredumbre surgiese otro aún más venenoso y así sucesivamente. Es la atmósfera de pecado y de delito en que vivís, sobre el que posáis, del que surgís, el que nutre con su corrupción al nuevo y más corrompido y sanguinario estrato, terreno y atmósfera. Es un movimiento continuo, un caos rotante de mal como el de ciertos microbios patógenos que van reproduciéndose sin cesar y cada vez con más virulencia en una sangre contaminada. ■ Es justo, por tanto, que seáis castigados por vuestras culpas contra la Caridad con el fuego de la Caridad que rechazasteis. Lo que antes fue Amor es ahora Castigo. No debe despreciarse el don de Dios, y vosotros lo despreciasteis. El don se cambia a castigo. Dios os retira la Caridad y os deja en vuestra anticaridad. Dios os lanza, a modo de saeta, la Caridad que despreciasteis y os castiga a fin de llamaros, si no a muchos, al menos a aquellos que aún son susceptibles de arrepentimiento y de meditación. Los querubines, símbolos de la Caridad, sobrenatural, guardan entre ellos las brasas de la Caridad. Esta acción, que parece únicamente simbólica, oculta una verdad real”.
* En el gran Juicio, los cuatro evangelistas estarán a ambos lados del Juez, que nos juzgará por haber o no haber vivido el Evangelio. Aunque, en verdad, seremos nosotros mismos los que nos juzguemos pues nos “veremos”. Tremendo o gozoso “ver” según la forma de vida de cada uno, que nos destinará a la oscuridad o a la luz eternas.-Jesús: “Cuando seáis llamados al gran Juicio, los que vivieron en la Caridad no aparecerán ardiendo con el fuego punitivo. Habiendo ya ardido ellos en el santo amor del que estuvieron llenos, no conocerán el mordisco de los encendidos castigos divinos sino tan sólo el beso divino que les prestará una mayor belleza. Mientras que aquellos que fueron carne, únicamente carne, llevarán marcadas en ella las cicatrices de los rayos divinos porque la carne, ella tan sólo, es la que puede estar marcada con tales cicatrices y no el espíritu que es fuego que vive en el Fuego del Señor. ■ A este Juicio, a los lados del Juez, que soy Yo, asistirán mis cuatro Evangelistas. Se consumieron a sí mismos por llevar la ley de la Caridad a los corazones y continuaron su obra más allá de la muerte con sus Evangelios, en los que el mundo tiene vida, ya que conocer a Cristo es tener en sí la Vida. Justo es, por tanto, que Juan, Lucas, Mateo, y Marcos, estén conmigo cuando seáis juzgados por haber o no haber vivido el Evangelio. No soy Yo un Dios celoso y avaro. Si os llamo a vosotros a condividir mi gloria, ¿cómo no he de hacer copartícipes de la gloria del Juicio a estos mis siervos fieles que os divulgaron mi Palabra y la rubricaron con su sangre y con sus sufrimientos? ■ No en la vida, sino por la vida que vivisteis, os juzgaré al término de la misma, es decir, en el punto preciso en que la vida ha de cesar para cambiarse a eternidad. Os juzgaré a todos, desde el primero hasta el último, definitivamente, por el bien que hubieseis hecho o dejado de hacer; y todos, tú ya lo has visto (2), resucitaréis de igual manera, pobres huesos desligados, vapor mísero que se recondensa en carne, cosas que tanto os ensoberbecen, como si esos huesos y esa carne os hiciesen superiores a Dios. Nada, absolutamente nada sois como materia. Sólo mi espíritu, infundido en vosotros, hace que seáis algo, y sólo conservando en vosotros mi espíritu que viene a ser alma en vosotros, merecéis ser revestidos con aquella luz imperecedera que será el indumento de vuestra carne incorruptible para la eternidad. ■ Os juzgaré, pero ya vosotros, antes de que Yo aparezca, os habréis juzgado a vosotros mismos, porque entonces os veréis. Muerta la Tierra de la que tan ávidos estáis y, con ella, todos sus gustos, saldréis de la embriaguez con que os hartáis y veréis. ¡Oh tremendo «ver» para quien vivió únicamente de la Tierra y de sus embustes! ¡Oh festivo «ver» para quien, cerrando sus oídos a las voces de la Tierra «quiso» escuchar las del Cielo permaneciendo fiel a ellas! Muertos los primeros y vivos los segundos, serán oscuridad o luz, según su respectiva forma de vida, bien con la Ley o contra la Ley a la que opusieron la ley humana o demoníaca, e irán al abrazo tremendo de la Oscuridad eterna o al beatífico de la Luz Trinitaria que arde en deseos, ¡oh, santos míos, amadores míos! de fundiros a Sí por toda la Eternidad”. (Escrito el 31 de Enero de 1944).
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1  Nota  : O más exactamente: Ezequiel del 9,1 al 11,21. Ezequiel 9:  “Yavé gritó: «Se acerca el castigo a los idólatras… Y  he aquí que vienen 6 hombres portando cada uno un instrumento de destrucción y en medio de ellos un hombre vestido de lino con lo necesario para escribir… entonces la Gloria del Dios de Israel llamó al hombre vestido de lino: ‘Pasa por Jerusalén y pon un TAU en las frentes de los que gimen con martirio por las abominaciones de las ciudades y en cuanto a los otros que no llevan el Tau no os apiadéis de ellos… empezad por mi Santuario…’»”. Ezequiel 10: (nueva visión de la Gloria de Yavé, que abandona el Templo) “Yavé dijo al hombre vestido de lino: «Métete por entre las ruedas que están bajo los querubines, saca las manos llenas de carbones encendidos y desparrámalos por la ciudad...». Ezequiel 11: (castigo de los malos consejeros de Jerusalén y promesa de nueva alianza con los desterrados)  «…les congregaré… les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo, arrancaré su corazón de piedra, para que caminen conforme a mis leyes…»”.   2  Nota  : En el dictado 44-113 del 29 de Enero de 1944, relatado en el tema “Muerte-Resurrección”.
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44-322.- “El Padre se ha cansado. El mundo está perdido para Dios, mas las almas se pueden salvar todavía…”.
* El Padre dejará que se desencadenen los castigos del Infierno”.-Dice Jesús y me lo dice con tanto dolor y se trata de algo tan penoso que lo escribo aparte (1).
■ Dice Jesús: “Te dije el año pasado (2) y fue aquel el primer dictado: «El Padre se halla cansado y para hacer que perezca la raza humana dejará que se desencadenen los castigos del Infierno». Dije, y era Viernes Santo: «Yo querría morir por segunda vez para salvaros de una muerte todavía más atroz… Mas el Padre no lo permite… Sabe que sería inútil… ¡Oh, si los hombres aún supieran volverse a Mí que soy la salvación!». Os remito al conjunto de mis anteriores dictados en estos últimos tiempos. En ellos hablé sirviéndome de las profecías del Libro sagrado que os las expliqué acomodándolas a los tiempos actuales y si después he callado sobre esto, ha sido por comprender que resultaba inútil para los fines del Bien y al mismo tiempo peligroso, ya que esas palabras divinas podían convertirse en arma de tortura diabólica contra mis siervos que las oían, las repetían, las difundían y las acogían. Mas mi Pensamiento, siquiera no se exprese con la Palabra, es ése y no cambia”.
 “No puedo daros esta señal: esta manifestación de mi Poder. Porque es la hora del poder de las Tinieblas que los hombres espontáneamente han querido. El reinado del Mal está instaurado. Cualquier Bien sería destruido por el Mal”.-Jesús: “María, te dije a finales de mayo pasado (3): «En relación con el futuro… ¿qué es lo que quieres saber, pobre alma? Da gracias a mi Misericordia que, por ahora, te oculta en buena parte la verdad acerca del futuro». ¡Pobre, pobre alma! Os dije otra vez: «Querríais que apareciera y me mostrase… Mas, aunque me mostrase, ¿dónde hay en los corazones ese pequeño residuo de fe y de respeto que les haga postrarse, rostro en tierra, para pedirme perdón y piedad?» (4). También ahora me pedís una manifestación de poder que, al ser Poder de un Santo, —del Santo de los santos— habría de ser castigo inexorable, tremendo, para un número incalculable de individuos, porque —repito lo dicho mil veces— si se dan los grandes culpables es porque la masa es toda ella más o menos culpable también de los mismos pecados de los grandes. ■ Ahora bien, Yo —te lo digo a ti, pobre alma, a la que concedí verme triunfante para infundir fortaleza a tu ser postrado en un cuerpo mortal y en un espíritu desolado por la prueba a que está sometida y por los horrores que te rodean— Yo no puedo daros esta señal: esta manifestación de mi Poder. Me es imposible hacerlo. No porque Dios haya perdido su facultad de hacer, pues nada me es imposible como Dios, sino porque ésta es la hora del poder de las Tinieblas que los hombres espontáneamente han querido. El reinado del Mal se encuentra ya instaurado. Cuanto Yo hiciese se vería desbaratado por la voluntad de los hombres y cualquier Bien destruido por el Mal. ■ Asisto impotente a esta carrera hacia la muerte espiritual emprendida por la humanidad. No hay don, beneficio, llamada ni castigo capaz de detener este espontáneo naufragio en Satanás de la humanidad redimida por Mí. Está cual toro furioso, da contra todo: razón, moral, fe, yendo a topar contra lo que le causa la muerte. La mano profanadora del hombre se alza con un nuevo delito que no merece perdón.  El Padre se niega a perdonar dejándoos perecer como lo habéis querido”.
El mundo está perdido ya para Dios, mas las almas se pueden salvar todavía: aquellos que aún tienen un alma languideciente pero viva. Yo, mendigo de amor, suplico tu caridad por ellas”.-Jesús: “Lo único que puedo hacer y que hago —y lo hago por compasión de los santos que, raros como las flores en un desierto, ruegan aún, ruegan con sinceridad y sin hipocresía— es detener la ira de mi Padre, el cual, cansado de los delitos de una raza por la que resultó inútil mi derramamiento de sangre, quiere, quiere hacer uso de la justicia con vosotros. Y justicia, al ser vosotros culpables, equivaldría a castigos espantosos por encima de los que vosotros os proporcionáis. ■ María, sé que te hiero y te desaliento. Ayer, ante mi Pascua, esperabas alegrías. Mas, eres víctima y por ello hay espina y lágrimas aún en el tiempo pascual, porque es obligado seguir en la Cruz para esta humanidad perversa. Te pido que sigas en la cruz por Mí. Salvar al mundo siempre es mi señal y salvar almas mi gozo. El mundo está ya perdido para Dios, mas las almas se pueden salvar todavía; las almas, esto es, aquellos que aún tienen un alma languideciente pero viva. Suplico tu caridad por ellas. Es Jesús, mendigo de amor, en su vestimenta de Resucitado glorioso, el que te pide este óbolo de almas para que su Reino pueda todavía disponer de súbditos. Vete en paz”. (Escrito el 9 de Abril de 1944).
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1  Nota  : En efecto,  el dictado aparece escrito  en un folletito de cuatro páginas, unido y cosido con hilo de algodón a este punto del cuaderno.   2  Nota  : Se refiere al dictado 43-13, del 23 de Abril de 1943.    3  Nota  :  Se refiere al dictado  43-42, del 31 de Mayo de 1943.  4  Nota  : Se refiere al dictado  43-55  del 5 de Junio de 1943.
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44-324.- El Espíritu Santo habla en Pascua de Resurrección: “Soy el Consolador, medicina que endulza la amargura de la Palabra”.
* “Confía, por más que todo parezca que está perdido. Siempre triunfó el Amor”.- ■ Dice el Espíritu Santo: “Yo soy el Consolador. Yo consuelo a quienes hoy el espanto abate y les tortura. Soy Yo el que medicina y endulza la amargura de la Palabra que expone la verdad, hoy bien amarga por cierto. En este día, en el que se celebra el triunfo de la Caridad al igual que la Navidad es la más alta manifestación de la misma —porque la Navidad es el inicio de la Redención que es la Caridad operante, mientras que la Pascua es la Redención ya cumplida, la victoria de la Vida sobre la Muerte por medio del Amor sublimado hasta el holocausto voluntario para daros la vida, y el acto que a Mí hízome posible descender a vosotros al estar de nuevo santificados por la Sangre del Dios-Hijo, para volver a reuniros a Dios-Padre mediante la Caridad sin la cual Dios no puede estar en vosotros ni vosotros en Dios— vengo Yo a decirte: sigue confiando. Confía por más que parezca todo perdido. Aunque el abismo del Mal está vomitando sus demonios para destrozar la Tierra y fecundarla con el fin de hacer posible el nacimiento del Anticristo, y aunque parezcan cerradas las profundidades del Cielo por decreto del Padre del que procedemos, Nosotros: el Verbo y el Espíritu seguimos operantes, empeñados en salvaros y defenderos. Yo-Caridad y el Verbo-Caridad. Yo-Santificación y el Verbo-Redención no cesamos de esparcir para vuestro bien, el Uno los  méritos de su Sangre y el Otro los carismas de su poder. Confía, siempre triunfó el Amor”. (Escrito el 9 de Abril de 1944).
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(<La Virgen María va describiendo los diferentes dolores de su vida. Ahora va a hablar del episodio de Lc.2,41-50 donde se refiere cómo Jesús a los 12 años de edad tras una angustiosa búsqueda fue encontrado por su padre y madre entre los doctores: 3º dolor>)
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44-370.- “El pecador muerto a la Gracia no es feliz… sentirá su condición de separado de Dios”.
*  A Dios se le pierde por culpa propia o por un querer de Dios: Dios, cuando muere la Gracia, se desvanece o cuando lleva a un alma a una Gracia mayor, se esconde (el abandono de Dios).- ■ Dice María Virgen recordando este hecho: “Mira, Yo buscaba a Jesús, extraviado, no por mi culpa o la de mi esposo. Mi Niño quiso hacer aquello para lanzar su primera llamada a los corazones diciéndoles: «La hora de Dios ha llegado». Mas de entre los millones de seres que habrían de existir, ¡cuántos no habrían de perder a Dios! Se le pierde bien por culpa propia o por un querer suyo. Cuando muere la Gracia se desvanece Dios y cuando Dios quiere llevar a un alma a una Gracia mucho mayor, entonces Él se esconde. En uno como en otro caso, esto es la desolación. ■ El pecador muerto a la Gracia no es feliz. Parece que lo sea, pero no lo es. Y si bien tiene momentos de embriaguez que no le dejan conocer su estado, nunca faltan horas en las que un suceso de la vida le hace sentir su condición de separado de Dios. Entonces es cuando le llega la desolación, esa tortura que Dios hace gustar a sus predilectos para que sean como su Verbo: salvadores. Qué sea esto, tú lo sabes (1). ¡El abandono de Dios! ¡Un horror más grande que la muerte! Y si es horror para aquellos en los que únicamente constituye «prueba», piensa y medita qué haya de ser para quienes constituye auténtica realidad. ■ Mi tercer dolor fue por ver cómo tantos habrían de tener que beber de este cáliz para perpetuar la obra redentora y, aún más amargo que esto, por ver a muchísimos perecer en la desesperación. ¡María! ¡Si los hombres supiesen siempre buscar a Jesús! Entonces la planta de la desesperación dejaría de rezumar su tóxico desapareciendo para siempre… ■ Cuando en tus plegarias te dirijas a mí como Dolorosa, piensa en estas palabras mías. Y en tus dolores, para imitarme, desecha todo egoísmo. Yo extendí mis dolores de Madre de Jesús a todos los nacidos. Para eso soy la nueva Eva. Tú ofrece los tuyos para todos tus hermanos. Llévalos a Dios, a mí”. (Escrito el 20 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Se refiere al abandono de Dios sufrido por María Valtorta, durante 40 días, a partir del 9 de abril hasta el 17 de Mayo de 1944, descrito en el tema “Dios-Reino de Dios” en diez episodios, comenzando en el episodio 44-325.
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44-385.- “¿Cómo se consigue estar «vivos» en el Paraíso?: con el espíritu de justicia y caridad”.
* “Con el espíritu de justicia y caridad se hacen desaparecer las manchas y se preserva de nuevas corrupciones. Os mantendrán a la sombra del Tabernáculo eterno”.- Dice Jesús: “En el Paraíso que el Amor te ha hecho contemplar están únicamente los «vivos» de que te habla Isaías en el cap. 4,4 (1) una de las profecías que se leerá pasado mañana. Y cómo se consigue estar «vivos» lo declaran las palabras subsiguientes: con el espíritu de justicia y caridad se hacen desaparecer las manchas ya existentes y se preserva de nuevas corrupciones. Esta justicia y esta caridad que Dios os da y que vosotros le debéis dar a Él, os conducirán y os mantendrán a la sombra de Tabernáculo eterno. Allí el calor de las pasiones y las sombras del enemigo resultarán inofensivos porque los neutralizará vuestro Protector Santísimo que, con más amor que una clueca para sus polluelos, os tendrá al abrigo de sus alas defendiéndoos contra todos los asaltos sobrenaturales. ■ Mas nunca os alejéis del que tanto os ama. Piensa, alma mía, en la Jerusalén que te ha sido mostrada. ¿No es merecedora de cualquier empeño por poseerla? Vence. Yo te espero. Te esperamos Nosotros. ¡Oh, esto que querríamos decir a todos los creados, al menos a todos los cristianos o cuando menos a todos los católicos, que sean tan pocos a los que se lo podemos decir…! Basta, pues te encuentras cansada pensando en el Paraíso”. (Escrito el 25 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Isaías 4,4: “Y sucederá que cuando Adonáy haya levantado las inmundicias de los hijos de Sión y limpiado la sangre de Jerusalén mediante el espíritu de justicia y de caridad, Yave creará sobre todo el paraje del monte Sión y sobre sus asambleas una nube durante el día y humo y resplandor de fuego durante la noche… la gloria de Yavé será un dosel…. y una cabaña servirá de sombra contra el calor y de abrigo y cubierta contra el aguacero y la lluvia”.
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44-393.- Los miércoles para los desesperados, los jueves para idolatras y los sábados por los pecadores.
*  Programa de sufrimientos para los días de la semana.-Dice Jesús: “Ven, mi pequeño Juan. ¡Tengo tantas cosas para decirte para calmar tus sufrimientos…! Bueno, lo primero ven y bebe. Eres más afortunada que Juan. Él apoyó su cabeza sobre mi pecho cuando éste aún no había sido herido. Tú, en cambio, te estrechas a mi pecho traspasado pudiendo beber el amor que brota del Corazón herido. Estate en paz y tranquila. Como tiene una madre entre sus brazos a su niño enfermo para consolarle cuando sufre, así te tengo Yo a ti. ¡Oh, tu sabes cuánto has hecho y haces con tus padecimientos! Te parece no haber hecho nada porque nada sabes hacer sino sufrir. Pues bien, haces mucho, mucho más que cuando enseñabas, rogabas y trabajabas para Mí. Entonces eras tú la que hacía y me daba lo que hacías o querías hacer, y Yo lo aceptaba porque soy bueno y nada rechazo. Lo aceptaba porque tus pobres cosas Yo las enriquecía con mis méritos.  Ahora, en cambio, soy Yo el que hago. Y lo hago todo, me hago cargo de todo y lo quiero todo. No te dejo ni una brizna de la riqueza de tu vida, de tu salud, de tu vigor, de tu tranquilidad ni de tu libertad. Vida, salud, vigor, tranquilidad y libertad humanos, se entiende. Lo anulo todo y lo suprimo todo. A ti, mujer, nada; pero a ti, alma, me doy a Mí: todo. ■ Oye a tu Maestro y, antes de decirte dos cosas que deseas saber, voy a presentarte el programa de tus sufrimientos para los días de la semana. Ante todo, veamos las grandes categorías por las que se debe sufrir, esas categorías por las que también Yo lo hice en mi Pasión: los sacerdotes, los desesperados, los pecadores, los idólatras y las almas que están esperando tornar a Dios, que para ti son las almas del Purgatorio y para Mí fueron un día los justos del Limbo. Son siete los días de la semana. Ahora bien, por la necesidad de tres categorías deberían ser cuando menos siete veces siete; mas… tan sólo son siete días y así, conforme a ese número, habrán de ser tus sufrimientos.  El Domingo, lunes y martes deberá ser por los sacerdotes.
*  Miércoles para los desesperados.- ■ Jesús: “El miércoles se lo darás a tu Señor por «tus pobres desesperados» como tú los llamas. Hermanos, sí. Nadie debe ser para ti tan hermano como el que, además de pobre, se ve solo y enfermo, pues los desesperados son pobres de la mayor de las pobrezas, ya que, al perder la esperanza en Dios, lo perdieron todo. Se encuentran solos. No hay soledad más real que ésta. Es la única soledad verdadera. Se encuentran sin Dios. Están aquejados de una enfermedad que proporciona la muerte. La verdadera muerte. Es preciso curarlos, volverlos a Dios y enriquecerlos de Dios. ■  Ahora bien, tu paternidad con ellos no es natural sino de amor. Tú no estás «desesperada». Crees, creíste hallarte en el Infierno (1) pero… estabas en el Paraíso porque a quien servías era a Mí. A Mí me sirves, ya lo sabes. Estás en el Getsemaní y pasas de éste a la Cruz y de la Cruz al Getsemaní. En cada elevación me pones sobre tu corazón, siendo el corazón de María, y después tornas a tu Getsemaní y a tu cruz, si bien tornas a ellos saboreando mi amor y con el perfume del corazón inmaculado de la Madre”.
*  Jueves para los idólatras.-Jesús: “El Jueves sufrirás por la gran categoría de los idólatras. Idolatría no es sólo adorar a un ídolo. Idolatría, para Mí, es el culto de cuanto no es el verdadero Dios. Son los idólatras, tanto los salvajes, —que lo son menos aún que muchos civilizados, los cuales, no obstante saber que hay un Dios Uno y Trino, adoran a mil ídolos, que van desde su yo al yo de otro semejante a ellos y, a lo largo de esta vía, han levantado multitud de altares a falsos dioses que tienen por nombre: dinero, poder, sentido, ciencia racionalista, etc.—. Son para Mí tan idólatras los salvajes como los civilizados que rinden cultos nacionales o individuales que no son verdaderos. ■ Incluye, por tanto, en las intenciones del Jueves a todos aquellos que deben conocer el Nombre Santísimo de Dios y el mío, a todos cuantos aún no conocen la Cruz como flecha indicadora del Cielo, a los que profesan una religión revelada, pero no es la Religión, a los que son «cristianos» mas no católicos, porque una es la Iglesia: la de Roma, y ofrece y sufre por aquellos a quienes una ciencia equivocada hace idólatras de la mente y a quienes una pasión les hace idólatras del corazón. Haz que vuelvan a Mí. Yo soy el verdadero Dios y no hay otro superior fuera de Mí. A Mí me deben tributar amor y culto las criaturas creadas por el Padre, redimidas por el Hijo y amadas por el Espíritu. El Jueves debe ser el día del dolor para todas ellas. ■ En la ya lejana tarde del Jueves con la herida, viva aún de la traición en el corazón, con el eco del adiós de mi Madre resonando en él y la presencia del próximo complejo martirio en el mismo, Yo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, rogué por todos: por los que eran «míos» y habrían de serlo por la Palabra que pronuncié y dejé confiada a mis amigos y discípulos; rogué por aquellos que, debido a la herejía de un desgraciado, habrían de desgajarse del tronco vivo de la Iglesia Romana, a fin de que volviera a ser una sola cosa con ella y, por tanto, conmigo y con el Padre; rogué, en fin, por todos los hombres puesto que por todos iba Yo a morir. Dios, mi Padre, me había confiado toda la raza humana. Yo me hice hombre para redimir y salvar a los hijos de Adán. Y Adán fue uno. No hubo tantos adanes cuantas son las razas de la tierra, sino un solo Adán. Y Yo vine a salvar su descendencia, fuese cual fuese su color, su punto de latitud o de longitud, y su grado de civilización. Y es mi voluntad que en donde Yo estoy, es decir, en el seno del Padre, lo estén ellos, todos los hombres. Esto sería mi gozo como viene a ser mi aspiración. ■ Ruega pues por éstos que no se hallan en Mí o que me dejaron, bien por errores de sus antepasados o por error de sus mentes orgullosas con la ciencia que poseen”.
* Sábado para los pecadores.-Jesús: “El sábado es el día de la Madre y Ella ya te pidió que sufrieras por los pecadores (2) Sean, pues, tus sábados un manojo de espinas que estrechen tu corazón y florezcan en rosas con las que obsequiar a María. Cada pecador que vuelve a Dios es una rosa que tú depositas a los pies de la Madre, una rosa con la que se enjuga el llanto que vierten sus ojos desde que la constituí Madre de este género humano tan contrario a Mí”. (Escrito el 29 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Se refiere al abandono de Dios sufrido por María Valtorta, durante 40 días, a partir del 9 de abril hasta el 17 de Mayo de 1944, relatado en el tema “Dios-Reino de Dios” en 10 episodios comenzando en el episodio 44-325.   2  Nota  : Por ejemplo, al final del dictado 44-370.
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44-503.- Tentación de María Valtorta por imitar con palabras suyas el estilo del Maestro y venganza de Satanás.
* Yo escribo lo que recibo de las “voces”. Nada más. Nada es mío.- ■ Hoy, ningún dictado; no por ausencia de la Voz sino por mi incapacidad para recibirla. Turbada en exceso, casi delirando, con una crisis idéntica a la de aquellos días de Viareggio (1), no me hallo en disposición de entender. No están ya para ello mi corazón ni mi pobre cabeza. ¡No están para ello! ¡Señor, piedad! Tú pasaste una agonía en el Getsemaní… pero a mí ¿cuántas me das? ¿Cuántas son las almas desesperadas que han de recobrar la paz a través de mi tormento? (2) ■ Para colmo de mi tortura, desde las 16 a la 17 he tenido que sostener una desagradable tentación. El Tentador trataba de persuadirme a hacer, con fines humanos, una simulación. Me decía: “Escribe con palabras tuyas, pues con un poco de cuidado puedes imitar muy bien el estilo del Maestro. Escribe lo que te convenga para poner en evidencia, más que nada, a quien te ha proporcionado tanto dolor. Él es un credulón y caerá enseguida”. Le he respondido: “No. Jamás me valdré de la mentira para cosa alguna y menos para ésta. Aun en contra de mi conveniencia, yo escribo tan sólo lo que recibo de las diversas «voces» y nada más. Nada mío. ¡Atrás!”. Ha sido una lucha prolongada… Sudaba como si estuviese en un horno. Por fin he vencido, si bien el demonio se ha vengado agudizándome todas las nostalgias, pavores y desconsuelos…  ¿Quién sabe de estas luchas? Si la razón y la vida se prolongan y llegamos a vernos, ya le explicaré mejor. Ahora no le digo más porque, con la crisis de esta mañana y la lucha de hoy, me encuentro aniquilada. (Escrito el 4 de Julio de 1944).
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1  Nota  : “de donde hubo de ser evacuada”. ■ El año 1944 estuvo marcado por 8 meses de evacuación (Segunda guerra Mundial) que obligó a María  Valtorta a dejar su casa de Viareggio para refugiarse en S. Andrés de Cómpito, barrio del Municipio de Campannori en la provincia de Lucca. ■ El 21 de Diciembre de 1944, una carta del Padre Migliorini, llevada por su hermano religioso Padre Fantoni, le avisaba de que había sido ya autorizado el tan suspirado retorno a casa, retorno que, efectivamente, pudieron realizar dos días después, el 23 de Diciembre, María Valtorta y Marta. El Padre Migliorini estaba esperándolas en Viareggio.  2  Nota  : María Valtorta había hecho el propósito de ofrecer todos los días una penitencia por los desesperados, a los que en el dictado 44-393 del 29 de mayo 1944, se les reserva particularmente los sufrimientos del miércoles.
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44-506.- Almas abismales.
* “Son ciegos de espíritu por su mala voluntad. Son abismos de tenebrosidad. Hay que pronunciar para ellos: «Padre, perdónales, no saben lo que hacen». Su único atenuante. No saben”.- Dice Jesús: “¿Qué es lo que hay que hacer? Aquello que Yo hice: callar y perdonar. Para eso te presto mi vista. No hay microscopio, rayo eléctrico o radiológico que posea la potencia de mis ojos para ver el verdadero semblante de las criaturas. Deben engañarse cuantos creen que Yo-Hombre no conociera a las personas. No había en ellas interioridad que para Mí no fuese clara y manifiesta cual página de un libro abierto y expuesto a una clara luz. Con estos ojos te hago mirar cuanto quiero que tú puedas conocer. ■ Hay almas abismales. ¿Puede acaso haber luz en un abismo? No. En las profundidades marinas o terrestres solo hay tinieblas. Si acaso un atisbo de luz. Mas, por lo general, tiniebla absoluta en la que incluso viven seres ciegos. Ciegos precisamente por cuanto para ellos resultaría inútil la vista, envueltos como se hallan de tinieblas. Y, más que inútil, resultaría atormentadora ya que sufrirían al no ver. Son ciegos por su destino y en ese destino aún hay un fin de amor.  Entre los hombres hay ciegos (de espíritu), aunque no por su destino y mucho menos por voluntad amorosa antes por su mala voluntad. La Luz brilla para todos los hombres. La Voz llama a todos los hombres. La Verdad se halla pronta para instruir a todos los hombres. La mayoría de los hombres se tapa los ojos y los oídos para no ver la Luz ni oír la Voz y se alejan de la Verdad que amaestra. Toman caminos opuestos del todo al Camino y se condenan a una existencia efímera rechazando la Vida. Son abismos de tenebrosidad. Hay que pronunciar para ellos mis palabras: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (1). Es su única atenuante: no saben. Si supieran exactamente lo que hacen y lo quisieran seguir haciendo, no bastaría el Infierno para castigarles. ■ Mas, con todo, son abismos y responderán de haber querido continuar siendo abismos a pesar de que Yo y mis corredentores nos hayamos hecho redes para descender al abismo aceptando la amargura de las tinieblas, nosotros, hijos de la Luz, para llevarles un atisbo de Luz, envolverles en ella y traerlos a la misma”.
* Sacarlos de las tinieblas, he ahí la obra de los redentores. Para poseer el heroísmo de ser redentores es preciso estar totalmente encendidos e identificados con la Luz”.- Jesús: “Sacarlos de las tinieblas, he ahí la obra de los redentores por más que nos parezca estar nosotros en las tinieblas, no siendo tinieblas —porque para poseer el heroísmo de ser redentores es preciso estar totalmente encendidos e identificados con la Luz—  pues tenemos siempre tanta luz en nosotros que parecemos un fulgor respecto de las verdaderas tinieblas de los espíritus ciegos. Deberían amarnos por la luz que les llevamos, y, por el contrario, aún nos odian por esto. ■ Mas, ¡oh, no importa! Subamos nosotros de su abismo al nuestro, ya que también nosotros nos encontramos en un abismo. En Dios, abismo de Perfección. Salgamos nosotros y no solo perdonemos sino que roguemos así mismo para que sean perdonados y se les despierte el deseo de Luz, pues el deseo es el primer escalón de la subida a la Luz. ¡Oh, sé generosa! ¡Qué ricos estamos nosotros y qué míseros ellos! Nosotros, al estar unidos con el Padre, poseemos sus espirituales, sus eternas riquezas. Ellos… ellos así tengan todos los tesoros del mundo son unos miserables porque no tienen más que humo y polvo que el viento disipa. No tienen a nuestro Padre. ■ Sé generosa. La generosidad del sufrimiento y de la renuncia misma, son fruslerías respecto de esta perfección de generosidad que es despojarse de todo fermento humano para contemplar, compadecer, perdonar y amar a los hermanos que, créelo, por más que orgullosamente se muestren seguros y felices, no lo son ni están. Aquí, sobre este corazón que te ama, deposita una lágrima, un beso y un perdón para tus pobres hermanos. ¿No es verdad que ahora todo te duele menos? ¡Qué diferentes son mis palabras de aquellas otras que ayer pretendía sugerirte el Enemigo! (2) ¿No es cierto? Y la misma dulzura y descanso actuales ¿no son bien diferentes de lo que probabas ayer cuando él giraba en torno tuyo? Sentías lo desagradable de su aliento, te quemaba su odio y sufrías porque no le amas y te repugna. Pero ¿ya ves ahora? Esto es lo que emana de Mí, tu Dios: Paz, dulzura, bondad. Está segura de que has merecido esta doble difusión de amor porque ayer amaste la Verdad por encima de todo cálculo humano. Vete en paz, bendita mía. El amor de Dios está siempre contigo”. (Escrito el 5 de Julio de 1944).
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1  Nota  :  Cfr.  Lc. 23,34.   2  Nota  :  Relatado en el dictado 44-503, del 4 de Julio de 1944.
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Salmo 34,22 (1)

44-519.- La muerte del pecador obstinado e impenitente, como dice el Salmo, es un horror.
* “Una hora tan sólo de la paz del justo es incalculablemente más rica en felicidad que la más larga vida del pecador”.- ■ Dice Jesús: “No sólo la muerte del pecador es horrible, mas también su vida. No hay que engañarse con las apariencias. Éstas son un barniz, un toldo que se tiende para ocultar la realidad. En verdad te digo que una hora, una hora tan sólo de la paz del justo —en modo alguno digo una hora del gozo de un predilecto que descansa sobre mi pecho, sino del justo— es incalculablemente más rica en felicidad que la más larga vida del pecador. ¿Que son distintas las apariencias? Es cierto. Mas, como a los ojos del mundo no aparece la inmensidad del gozo de un santo mío, tampoco aparece el abismo de inquietud y de descontento que anida en el corazón del injusto y que, como del cráter de un volcán en erupción, emanan de continuo vapores acres, corrosivos y venenosos que van intoxicando a aquel desventurado. Porque aquel que no obra bien, para ver de apagar su inquietud, trata de procurarse las satisfacciones que pueda apetecer su ánimo extraviado. Esta es la clave que explica ciertas vidas tan oscuras en la que la oscuridad va aumentando de día en día cual si fuera cayendo dando tumbos hasta los abismos más profundos. Es el mismo peso de sus obras realizadas fuera de la Ley —me refiero a mi Ley sobre la que se basan todas las leyes humanas encaminadas a contener a los hombres dentro de normas de moralidad— el que les impele cada vez más bajo. ■ Aquellos que ven —puesto que los que ya están absortos en Dios pueden ver al que es invisible a los ojos de los vivientes— se horrorizan al contemplar la perfección en el mal de los pecadores obstinados e impenitentes. Su muerte, como dice el salmo, es un horror. Horror que los lanza a la otra vida para que se hunda en el Horror mucho mayor. Son éstos los gigantes del pecado por más que su condición social les haga aparecer como los gigantes de la sociedad. Mas hay otros que, siendo igualmente gigantes del pecado, pasan inadvertidos entre las gentes al no distinguirse exteriormente por obras especiales, pero que, por dentro, se hallan corroídos por culpas que claman contra Dios y contra el prójimo. ¡Cuántos son éstos! Los buenos, cuando por una gracia especial llegan a conocerlos espiritualmente, se horrorizan de ellos como de una podredumbre. Y, efectivamente, son una podredumbre que altera colores y rasgos, apestando con su hedor en el que se destaca sensibilísimamente el olor de Satanás y del Infierno”.
* Amor sobrenatural (despojado de todo humano atractivo) para salvarles.-Jesús: “Mas cuantos sois buenos recordad a vuestro Maestro. ¿Os repugnan a vosotros? ¿A vosotros? Y a Mí, puro y santo, ¿qué me habrán de producir? Asco. Y, con todo, les amé hasta morir por ellos tratando de salvarlos. Amadlos, pues con el amor más grande: con el que supera todo por salvar. ¿Que no salváis? No importa. Vosotros amáis lo mismo a esa alma por ser obra de Dios. ¿Que ahora se encuentra manchada con los excrementos de Satanás? Limpiadla con una lluvia constante de amor sobrenatural. De un verdadero amor, despojado de todo humano atractivo, y heroico más bien, ya que persiste a pesar de las bascas que a vuestro cuerpo y hasta vuestra alma produce la contemplación de su gusanera fétida. Si la salvarais, tendríais un gozo muy grande. Y si no, vuestro mérito será igual y os lo encontraréis porque habréis amado de acuerdo con mi mandato” (2).  (Escrito el 3 de Julio de 1944).
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1  Nota  : Salmo 34, 22:  “Al malvado le da muerte  la malicia y los que odian al justo serán castigados”.    2  Nota  : Ju. 13,34-35
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44-662.- El mundo va en busca de su paz, que no es la paz de Jesús, que es paz de santidad y justicia.
* “Tengo dicho: ésta no es una guerra entre pueblos sino de Satanás contra Dios. Una de las guerras preparatorias del advenimiento del Anticristo del que ahora están sus precursores”.-  ■ Dice Jesús: “El final de la visión (1) podría venir a ser un dictado dirigido a todos, por cuanto ahora, igual que hace veinte si­glos, dirijo a todos esas mismas palabras. Mas hay demasia­dos fariseos que no quieren admitirlas. El mundo va en busca de su paz, que no es la mía, pues la mía es paz de santidad y de justicia y la del mundo de superchería y corrupción. ¿Es horrendo, verdad, lo que ha pasado y está pasando? De siempre os tengo dicho que ésta no es una guerra entre pueblos sino de Satanás con­tra Dios (2). Una de las guerras preparatorias del advenimiento del Anticristo del que ahora están sus precursores. ■ Siempre os dije que Satanás movía guerra a espíritus mediante los horrores infligidos a los cuerpos y que muchos habrían de ceder porque los espíritus de los hombres, tan desnutridos de gracia y de fe, se encuentran muy debilitados para hacer frente al mal. Dije que mis ángeles, debido al sacrificio de los buenos, habrían de luchar para impedir una siega general de la raza humana por parte de los demonios. ■ Dije, ciñéndome al caso particular de los italianos, que si no hubieran sabido hacer un uso recto de la primera gracia y adorado después como a un dios a quien era menos que ídolo obedeciéndole con un servilismo bestial, hubieran llegado a emplear sus mismos métodos crueles y hubiera caído sobre ellos el castigo. Porque una gracia requiere de par­te del hombre, un esfuerzo hacia la bondad y no hacia la maldad. Y vosotros habéis gozado maldiciendo y odiando, convirtiéndoos en judas de vuestro pequeño maestro y de sus más íntimos. Ayer, tan sólo ayer, postrados como escla­vos y hoy ya con los puños apretados y maldicientes y con uñas rapaces dispuestos a arrebatar aquello que ayer os dolía ver en manos de otros. Dije que este castigo consistiría en probar el horror toda la nación. Un horror que, de haberlo pensado vosotros, lo hubierais tomado por una pesadilla fe­bril. ¿Ya veis cómo era cierto? Pero, ¿ya os corregiréis?”.
* Ahora sucede lo propio. En los grandes como en los pequeños, el 90% vive como los fariseos de entonces y em­plea los mismos métodos. No os horroricéis de la dureza de Is­rael, pues vosotros hacéis otro tanto con quien no se os somete. La Caridad y la caridad yacen muertas”.- Jesús: “Los fariseos, escribas y saduceos de mi tiempo tocaron con sus manos el fruto de sus repetidos pecados. Israel, hu­millado, perseguido, dominado y disperso clamaba con voz llorosa diciendo: “Esto es el castigo de no haber sido verda­deros hijos de Dios” (3). Con todo, ninguno de sus dirigen­tes o, al menos, alguno rarísimo de entre ellos hubo que se convirtiera a Mí. Envites y regaños, dulzura y severidad, con­descendencia e intransigencia, sonrisas y tristeza, prontitud en obrar el milagro o insensibilidad ante su deseo del mis­mo, de todo eché mano para conmoverles y persuadirles. No conseguí sino un más profundo y completo comercio suyo con Satanás, llegando hasta el punto de menospreciar a los profetas, negándome a Mí ser el Cristo como los hechos lo atestiguaban y confirmaban las profecías, terminando por ma­tar a Cristo, el Verbo de Dios. ■ Ahora sucede lo propio. En los grandes como en los pequeños, el 90% vive como los fariseos de entonces y em­plea los mismos métodos. Los intereses, la soberbia, la dure­za de corazón, la lujuria, la avaricia, la gula, todos los egoís­mos en fin, constituyen la base de vuestra vida y la norma de vuestros actos. No os horroricéis de la dureza de Is­rael (4), pues vosotros hacéis otro tanto con quien no se os somete. La Caridad y la caridad yacen muertas en vosotros que no amáis sino a vosotros mismos”.
* Mas la Caridad, que no queréis, se derrama sobre aquellos que, siendo despreciados por vosotros, hacen del amor el fin de su vida y se sacrifican por la salvación de todos”.- Jesús: “Pues bien, digo Yo ahora: la Caridad que vosotros no queréis se derrama precisamente sobre aquellos a quienes despreciáis, abandonáis y burláis tras haberles tal vez explota­do. Son los que no tienen otra vida que la Caridad y que, al amar a Dios más que a sí mismos, os aman igualmente a vosotros más que a sí mismos. Os aman como ama Dios: socorriéndoos en el alma y en el cuerpo. Vosotros no sabéis, no entendéis ni os preguntáis nada. Dios, en cambio, sabe, ve y comprende sin necesidad de preguntar. Sabe porque aún vela sobre vosotros la soberana piedad en atención a  esos caritativos que me aman y os aman, haciendo del amor el fin de su existencia, no por vosotros como vosotros, sino por cumplir una obra que me es grata a Mí”.
.  ● “La Vida, la verdade­ra Vida,  que os  dura  para daros  tiempo a convertiros, se la debéis a éstos. Y si muchos de vosotros no mueren eterna­mente es por estos héroes desconocidos”.- Jesús: “¿Ya sabéis cuántas lagrimas, cuantos dolores, cuántas penitencias, cuántos sacrificios vienen a constituir el precio de vuestra existencia? Creéis deber la vida a la madre que os engendró y al padre que os proporcionó el pan. Cierta­mente: Si vosotros hacéis vuestros cálculos a la medida de los brutos, a ellos les debéis la vida. Mas la Vida, la verdade­ra Vida que os dura para daros tiempo a convertiros, se la debéis a éstos. Y si muchos de vosotros no mueren eterna­mente es porque estos héroes, desconocidos para vosotros, interponiéndose con los brazos alzados entre vosotros y Dios, alejan los castigos divinos y os transfunden a vosotros, desangrados por las enfermedades morales, un poco de esa sangre espiritual que circula por el gran Cuerpo místico y que es sangre de gracia. Mas es a través del tamiz de su yo sacrificado por el que se filtra este bien para vosotros, mal­vados”.
*  La severidad del dictado queda endulzada con un consuelo para María Valtorta a la que Jesús le asegura ayuda y la invita a vivir para su misión, dándole entrever la felicidad de su pasar de este pobre mundo de los hombres al mundo de Jesús.-Jesús: “Es éste un dictado severo que, si me duele, es por mi pequeño Juan. Mas Yo le conforto con una caricia. Con ésta: Aunque todos te abandonen, Yo me quedaré contigo. Aun­que todos te olviden, Yo me acordaré de ti. Aunque todos te odien, Yo te amaré. ¿No ves cómo, llegado el momento, te ayudo materialmente hasta con fuerzas físicas? Tú estás en mis manos, instrumento amado y precioso. No tengas miedo. Vive en paz y para tu misión. Haz como esos niños a los que se les regala un juguete que muestra vistas maravillosas si se tienen los ojos aplicados a los lentes, pero que es tan sólo una caja negra si de él se aparta la mirada. Permanece tú con la mirada fija en Mí y en tu misión. Al mundo lo tienes en torno tuyo. En torno tuyo debe estar que no den­tro de ti. El que tienes dentro es mi mundo. Da al mundo, al pobre mundo ignorante y ciego las lecciones y las luces que te vienen de mi mundo. ¡Si tú pudieses ver cuánto Cielo hay en torno a tu labor…! ■ ¡Ah, qué feliz serás cuando te des cuenta de encontrar­te en mi mundo para siempre y de haber venido de ese po­bre mundo sin apenas advertirlo, pasando de una visión a la realidad, lo mismo que un niño que está soñando con su ma­má y se despierta con ella que le está estrechando contra su corazón! Así haré Yo contigo (5). Sé buena, paciente, caritativa y no temas. Te doy mi paz, te la doy a raudales hoy, día del Nombre de María (6), y sea éste mi don de gracia para el pequeño Juan”. (Escrito el 12 de Septiembre de 1944).
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1  Nota  : Se refiere a la visión del once de septiembre sobre el pasaje de Ismael Ben Fabi que pertenece a la Obra magna sobre el Evangelio: relatado en el episodio 5-335-225 de «El Evangelio como me ha sido revelado» y relatado, en nuestro trabajo, en el tema “Dios-Reino de Dios”.   2  Nota  : Se refiere a la 2ª guerra mundial.   3  Nota   : Como en Lamentaciones 5.   4  Nota  : Indicado  en la nota  N. 1.   5  Nota  : Palabras que adquieren  un conmovedor sentido profético  si se recuerda que María Valtorta murió el 12 de octubre de 1961 des­pués de algunos años de gradual y creciente aislamiento psíquico que la llevó á un irremediable aislamiento del mundo exterior cual si estuviese toda absorta en la vida interior, pasando de este modo, con la muerte, de una visión contemplada a una realidad que habría de vivir para siempre.   6  Nota  :  Del que se celebra la fiesta el 12 de Septiembre.
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Sábado Santo
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46-228.- La vida terrena es una cadena de continuas misericordias por parte de Dios y una tutela constante por parte del espíritu angélico. Al final de la vida es cuando la Justicia sucede a la Misericordia, y esto por justicia hacia Sí misma y hacia los justos que no deben ser equiparados a los pecadores.
Yo soy la Misericordia y el Amor. Enseñé el perdón porque todos los que yerran están embriagados por una pasión perversa. Eso no les justifica pero la Misericordia les da tiempo para salir del error”.- ■ He aquí las palabras del gloriosísimo Resucitado que, no obstante, me hace compartir hasta el amanecer del día siguiente el desgarro de la Virgen Madre, apareciéndoseme tan solo para devolverme la vida con la belleza triunfal de su Cuerpo resucitado de la muerte.
■ Dice Jesús: “A quienes no puedan comprender las razones de infinita misericordia por las que no manifiesto, no acuso, no señalo, en contra de vuestro por demás fácil desprecio, a las almas que son imperfectas y hasta culpables, les recuerdo las palabras finales de la profecía de Jonás, aquel que fue figura mía al ser engullido en el cuerpo de la ballena: «¿Cómo no habré de tener compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir su mano derecha de la izquierda?» (1).  El que hablaba a Jonás era el Señor, y el Señor del tiempo de la ira y del rigor era el Dios-Padre… ■ Mas Yo soy el Hijo que se encarnó y murió para traeros el perdón y el amor. Yo soy la Misericordia. Yo soy el Amor. Yo soy el Perdón. Yo soy la Compasión. Yo defendí a la adúltera, no porque me pareciese leve su pecado sino porque quienes la acusaban no estaban sin él y no se puede condenar cuando el que acusa no es inocente. Así lo enseñé con este acto. Perdoné a los grandes pecadores que aparecen en el Evangelio porque, tomarlos bajo mi protección, era darles tiempo a redimirse. Esto es lo que os enseñé con estos perdones y protecciones. Perdoné a mis crucifixores porque  «no sabían lo que hacían». Se hallaban embriagados con los fermentos de sus pasiones. Esa verdad es la que os enseñé con dicho perdón, porque todos los que yerran se hallan embriagados con alguna pasión perversa. Ello no les justifica su mal obrar, pero, con todo, la Misericordia les otorga el perdón dándoles tiempo y ayuda para salir del error. Tan solo cuando «todo quedó cumplido», incluso para ellos también, o sea, al término de la vida terrena que es una cadena de continuas misericordias por parte de Dios y una tutela constante por parte del espíritu angélico que lucha contra el espíritu infernal, entonces es cuando la Justicia sucede a la Misericordia y esto por justicia hacía Sí misma y hacia los justos que no deben ser equiparados a los pecadores”.
* “Usad de mis medios para redimir: «Oración, sufrimiento, amor»”.-Jesús: “Que esto te haga recapacitar a ti y a cuantos pudieran sorprenderse de mi comportamiento con las almas que tú sabes (Federeci, Dora, Antonio, Pía y otras más), y así para estas almas prevalezca todavía la Misericordia que redime sobre la Justicia que condena. E imitadme para que seáis como Yo, mansos, dulces de corazón y caritativos con el prójimo pecador. Usad de mis medios para redimir a los pecadores: «oración, sufrimiento y amor». Y no pretendáis quejaros de Mí ni discutir mis juicios que son todos justos, como tampoco mis actos que son todos santos, puesto que carecéis de la capacidad necesaria para comprender con vuestros sentidos y afectos limitados”. (Escrito el 20 de Abril de 1946).
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1  Nota  : Cfr. Jonás  4,10-11.
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c) Dictados extraídos de las «Lecciones sobre la Epístola de San Pablo a los Romanos»

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A los Romanos  2º, vv. 9-10-11 (1)

48-17.- El remordimiento y el arrepentimiento en el hombre culpable.- El horror del Infierno y de la condenación.- La salvación de los justos de otros credos (los separados del Cuerpo Místico, los  mahometanos,  los budistas…), en los que no se hallan la Gracia ni la Vida.
* El remordimiento viene de Dios y de Satanás. El 1º les estimula a salvarse. El 2º les impulsa a terminar de perderse, por odio, desprecio. El hombre culpable, ya pertenencia de Satanás, no culpa a éste sino a Dios del remordimiento e intenta demostrar que no teme a Dios, que lo da por inexistente al aumentar sus culpas sin temor alguno”.- ■ Dice el Autor Santísimo: “La tribulación y la angustia son siempre las compañeras del alma del hombre que obra mal por más que no aparezca así a los ojos de los demás hombres.  El que es culpable no goza de esa paz que es fruto de la buena conciencia. Las satisfacciones de la vida, cualesquiera que sean, no son bastantes a dar paz. El monstruo del remordimiento acomete a los culpables con asaltos imprevistos, a horas que menos lo esperan y les tortura. A veces sirve para hacerles arrepentirse, otras para hacerles mayormente culpables moviéndoles a desconfiar de Dios y a arrojarlo totalmente de sí. Porque el remordimiento viene de Dios y de Satanás. El primero les estimula a salvarse. El segundo a terminar de perderse, por odio, por desprecio. ■ Ahora bien, el hombre culpable, que es ya pertenencia de Satanás, no considera que sea su tenebroso rey el que le tortura tras haberle seducido para que fuera su esclavo. Y culpa a Dios únicamente del remordimiento que siente agitarse dentro de sí e intenta demostrar que no teme a Dios, que lo da por inexistente al aumentar sus culpas sin temor alguno, con la misma avidez malsana con que el bebedor, aun sabiendo que le perjudica el vino, bebe más y más; con el mismo frenesí con que el lujurioso no acaba de saciarse del sórdido placer; y el que se habitúa a drogas tóxicas aumenta la dosis de las mismas a fin de gozar más aún de la carne y de las drogas estupefacientes. Todo ello con la intención de aturdirse, de embriagarse de vino, de drogas, de lujuria, hasta el extremo de idiotizarse y no ­sentir ya el remordimiento ni la culpabilidad de querer ahogar en sí la voz que le hablaba de triunfos más o menos grandes y temporales. Pero queda la angustia, queda la tribulación. Son éstas las confesiones que ni a sí mismo se hace un culpable o espera a hacerlas en el último momento, cuando, caídas las bambalinas del escenario, el hombre se ve desnudo, solo ante el misterio de la muerte y de su encuentro con Dios. Y estos últimos son ya los casos buenos, los que alcanzan la paz más allá de la vida  tras la justa expiación. Y a veces, como en el caso del buen ladrón (2), junto a la contrición perfecta está la paz inmediata”.
.  ● Es difícil que un culpable grande y obstinado alcance en su último momento el arrepentimiento perfecto ni siquiera el parcial”.-Autor Santísimo: “Mas es harto difícil que los grandes ladrones —todo gran culpable es un gran ladrón puesto que le roba a Dios un alma: la suya de culpable, y otras muchas más: las arrastradas a la culpa por el gran culpable, que será llamado a responder de estas almas, buenas tal vez e inocentes antes de su encuentro con el culpable y por él hechas pecadoras, con mucha mayor severidad que la suya; y es un gran ladrón asimismo por robar al alma su bien eterno y, a la vez que a la suya, a las almas de aquellos a quienes indujo al mal— es difícil, digo, que un ladrón grande y obstinado alcance en su último momento el arrepentimiento perfecto. De ordinario, no alcanza ni el arrepentimiento parcial, bien porque la muerte le cogió de improviso o porque rechazó hasta el último instante su salvación”.
* El Infierno y la condenación son horrores cuya exacta descripción dada por el mismo Dios es siempre inferior a la que en sí son”.- ■ Autor Santísimo: “Mas la tribulación y la angustia de esta vida apenas si son una muestra insignificante de la tribulación y de la angustia de la otra vida, ya que el Infierno y la condenación son horrores cuya exacta descripción dada por el mismo Dios es siempre inferior a la que en sí son. No podéis vosotros, ni aún a través de una descripción divina, concebir exacta­mente qué sean la condenación y el Infierno. Porque, del mismo modo que la visión y descripción divina de lo que es Dios no puede proporcionaros aún el gozo infinito del exacto conocimiento del día eterno de los justos en el Paraíso, así tampoco la visión y la descripción divina del Infierno puede daros una idea de aquel horror infinito. Vosotros, vivientes, tenéis establecida fronteras en el conocimiento del éxtasis paradisíaco lo mismo que de la angustia del Infierno, porque si los conocieseis tal cual son moriríais de amor o de horror”.
* Para Dios no hay acepción de personas. Él juzgará por los actos realizados. Si uno cree hallarse en la verdadera fe, su fe se justifica, y si obra bien para conseguir a Dios, su Bien supremo, recibirá un día el premio de su fe.- ■ Autor Santísimo: “Y el castigo o premio se dará con justa medida tanto al judío como al griego, es decir, tanto al que cree en el verdadero Dios como al que es cristiano pero está desgajado del tronco de la eterna Vid (3), como al hereje, como al que siga otras religiones reveladas o la suya propia si se trata de persona que ignora toda religión. Premio a quien sigue la justicia. Castigo a quien hace el mal. Porque todo hombre hállase dotado de alma y razón y con ellas tiene en sí lo bastante para exigirle norma y ley. Y Dios, en su justicia, premiará o castigará en la medida en que el espíritu fue consciente, más severamente, por tanto, en la medida que el espíritu y la razón son de individuos civilizados en contacto con sacerdotes o ministros cristianos o de religiones revelas y según la fe de cada espíritu. Porque si uno, aunque de iglesia cismática o separada tal vez, cree firmemente hallarse en la verdadera fe, su fe se justifica, y si obra bien para conseguir a Dios, Bien supremo, recibirá un día el premio de su fe y de la rectitud de sus obras con mayor benignidad divina concedida que la concedida a los católicos. Porque Dios ponderará cuánto mayor esfuerzo habrán tenido que realizar para ser justos los separados del Cuerpo-místico, los mahometanos, brahmánicos, budistas, paganos, esos en los que no se hallan la Gracia ni la Vida y con ellas mis dones y las virtudes que de dichos dones se derivan. Para Dios no hay acepción de personas. Él juzgará por los actos realizados, no por el origen humano de los hombres. Y habrá muchos que, creyéndose elegidos por ser católicos, se verán precedidos por otros muchos que, al practicar la justicia, sirvieron al Dios verdadero en el suyo desconocido”. (Escrito el 14 de Enero de 1948)
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1  Nota  : Romanos 2, 9-10-11:  “Habrá sufrimientos y  angustias para cualquier hombre que hace el mal, primero al judío y después al griego. 10.- En cambio Dios dará gloria, honra y paz a cualquier hombre que hace el bien, primero al judío y después al griego. 11.- Porque Dios no hace acepción de personas”.   2  Nota  :   Cfr. Lc. 23,39-43.   3  Nota  :  Cfr. Ju. 15,1-6.
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A los Romanos cap. 2º, vv.  12-16 (1)

48-19.-“Pablo, inspirado, proclama cómo únicamente perecerán aquellos que no reconocen ley alguna”.-  El Limbo.
* En el juicio divino observamos tres grandes categorías y por ellas resplandecen una misericordia y justicia perfectas”.- ■ Dice el Autor Santísimo: “La gran misericordia de Dios resplandece más luminosamente aún en las palabras de Pablo que, inspirado, proclama cómo únicamente perecerán aquellos que no reconocen ley alguna —natural, sobrenatural ni racional— mientras que aquellos que conocieron la Ley y no la cumplieron,  serán condenados por la misma Ley que salva; y más aún: que los gentiles que no tienen la Ley sino que, natural y racionalmente, hacen lo que la Ley para ellos desconocida prescribe —entregándose, por la sola luz de la razón, por su rectitud de corazón, por sumisión a las voces del Espíritu, desconocido pero presente, único maestro para su espíritu de buena voluntad, por obediencia, a aquellas inspiraciones que ellos siguen porque su virtud las ama sin saber que, de modo inconsciente, sirven a Dios— que estos gentiles, que con sus actos dan a entender que la Ley se halla en su corazón virtuoso, serán justificados en el día del Juicio. ■ Estas tres grandes categorías las observamos en el juicio divino y por ellas resplandecen una misericordia y justicia perfectas:
.  ●  Primera categoría: “Aquellos que no reconocen ley alguna: natural, sobrenatural ni racional, perecerán”.- ■ Autor Santísimo: “Los que no reconocen ley alguna natural, humana, y por tanto racional, ni sobrenatural, ¿quiénes son? ¿Los salvajes? No. Son los Luciferes de la tierra cuyo número va creciendo progresivamente con el correr de los tiempos cuando, por el contrario, la civilización y la difusión del Evangelio con la predicación inexhausta del mismo deberían hacer que su número se fuera reduciendo cada vez más. Mas la paz, la justicia y la luz están prometidas a los hombres de buena voluntad (2) y ellos lo son de mala voluntad. Son los rebeldes a toda ley, aún la natural, y, por tanto, inferiores a los brutos. Reniegan voluntariamente de su naturaleza de hombres, seres racionales dotados de inteligencia y de alma. Hacen cosas contra la naturaleza y contra la razón. No merecen sino desaparecer de entre el número de los hombres que fueron creados a imagen y semejanza de Dios (3) y, en efecto, perderán su condición de hombres tomando la de demonios querida por ellos”.
.   ●  Segunda categoría: “Aquellos que conocieron la Ley y no la practicaron serán condenados por la misma Ley que salva”.-Autor Santísimo: “Segunda categoría: los hipócritas, los falaces, los que se burlan de Dios, los que, teniendo la Ley, teniéndola sólo, no la practican. Y ¿puede decirse que la tienen de verdad sacando beneficio alguno de Ella? Son semejantes a aquellos que, poseyendo un tesoro lo dejan improductivo y abandonado (4). No extraen del mismo frutos de vida eterna ni ventajas para antes de su muerte; y Dios les condenará porque tuvieron el don de Dios y no hicieron uso de él en reconocimiento al Donante que les puso en la parte escogida de la Humanidad: en la de su Pueblo marcado con el signo cristiano”.
.   ●  Tercera categoría: “Los gentiles  —que no tienen Ley sino que hacen lo que la Ley prescribe—,  y que —llevados por la sola luz de la razón y sumisión a la voces del Espíritu, desconocido y único maestro para su espíritu de buena voluntad—, sirven a Dios, serán justificados.- Será la muchedumbre inmensa sobre la que en el último día aparecerá impreso el sello del Dios vivo.- ■ Autor Santísimo: “Tercera categoría: los gentiles. Hoy en día damos tal calificación a quienes no son cristianos católicos. Llamémosles así mientras meditamos las palabras de Pablo. Ellos que, sin tener la Ley, hacen na­turalmente lo que la Ley prescribe —y es para ellos su ley, mostrando así cómo su espí­ritu ama la virtud y tiende al Bien supremo— ellos, cuando juzgue Dios por medio del Salvador las secretas acciones de los hombres, serán justificados. Estos son muchos, en gran número. ■ Será la muchedumbre inmensa… de toda nación, tribu, pueblo, lengua, sobre la cual, en el último día, por los infinitos méritos de Cristo inmolado hasta el derramamiento de la última gota de sangre y humor acuoso, aparecerá impreso, como prenda de salvación y premio, antes del último e inapelable juicio, el sello del Dios vivo (5). Su virtud, su obediencia espontánea a la Ley les habrá bautizado sin más bautismo, les habrá consagrado sin otro crisma que los infinitos méritos del Salvador”
* El Limbo para los gentiles y: “en la tarde los Tiempos, en atención a su fe, Cristo, por sus méritos, les absolverá del hecho de no haber pertenecido a su grey”.-Autor Santísimo: “El Limbo no será ya en adelante morada de los justos, pues, como sucedió en la tarde del Viernes Santo (6), que el Limbo se vació de los justos que en Él había porque la Sangre derramada por el Redentor habíales purificado de la Mancha Original (7), así será en la tarde de los Tiempos ­en que los méritos de Cristo, triunfador de todos sus enemigos, les absolverá del hecho de no haber sido de su Grey en atención a su fe firme de pertenecer a la religión justa; y les premiará las virtudes que ejercitaron en vida. ■ Si así no fuese, Dios defraudaría a estos justos que se impusieron una ley de justicia y defendieron la justicia y la virtud. Y Dios no defrauda jamás, por más que, a veces, se demore su realización; pero siempre es cierto su premio”. (Escrito el 16 de Enero de 1948).
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1  Nota  :  Romanos 2,12-16: “Quienes sin conocer la Ley pecaron, sin Ley morirán, y los que conociendo la Ley pecaron serán, juzgados según esta Ley. 13: Pues no son justos delante de Dios los que oyen la Ley, sino los que la cumplen. 14: Cuando los paganos, que no tienen Ley, cumplen naturalmente con lo que manda la Ley, se están dando a sí mismos una Ley; pues muestran con su actitud que tienen la Ley en su corazón. 15: Lo demuestra también la conciencia que habla en ellos, cuando se condenan o se aprueban entre sí mismos. 16: Así sucederá el día en que Dios, según mi Buena nueva, juzgará por Cristo Jesús las acciones secretas de los hombres”.   2  Nota  :  Cfr. Lc. 2,14.   3  Nota  :  Cfr. Gén.1,27.   4  Nota  :  Cfr. Mt. 25,14-30.   5  Nota  :  Cfr. Ap. 5,9-10: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, ya que fuiste Tú degollado y por tu Sangre compraste para Dios a hombres de toda raza, de toda lengua, pueblo y nación. Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios y dominarán toda la tierra”.    6  Nota  :  Cfr.  Mt.  27,45-50.   7  Nota  :  Cfr.  Gén. 3; Rom. 5,12-21
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S. Pablo. A los Romanos, cap. 8º, vv. 20-21 (1)

50-110.- “Dios no quiso vuestra caída, sino que, queriendo proporcionarse un pueblo de hijos, creó y, sabiendo que no habríais de perseverar en la Gracia, predispuso, aún antes de crearos, el Medio más santo y poderoso, con el que salvaros y daros vuestra parte en su Reino”.
* A Adán, después de la caída, le faltaba la Gracia pero le quedaban la conciencia y su voz: la llamada paternal de Dios hacia Sí mismo y hacia el fin último”.- ■ Dice el Espíritu Santo: “«La creación estuvo sujeta a la vanidad», dice Pablo. Ya expliqué cómo fue la desmesurada vanidad de pretender ser como Dios, que fue causa de la Culpa y de sus consecuencias. Toda la creación, por culpa de la loca vanidad del hombre, obra maestra de la creación, quedó afeada por el Pecado y por los pecados contra Dios y contra el prójimo. El más afectado de toda la creación, más que las otras criaturas inferiores, fue el hombre, la criatura superior por ser la única criatura de naturaleza racional, libre, inteligente, capaz de desarrollo, en el sentido humano de la palabra, no sólo físico, sino también intelectual, y capaz asimismo de desarrollo espiritual por ser él, el hombre, según la acertada sentencia del gran teólogo (2): un infinito en potencia y una capacidad que sólo Dios puede colmar. Ciertamente es así. Y lo es desde que existe el hombre. Y si bien la Culpa redujo grandemente tal capacidad, con todo no pudo privar al hombre de estas dos cualidades de las que Dios le había dotado al crearle. En la propia pareja primigenia, una vez que el dolor de la muerte de Abel (3) disipara los humos locos del orgullo que hasta aquel momento habían tenido al hombre bajo la sugestión del Rebelde eterno, volvió a despertar de nuevo esta capacidad aletargada a resultas del golpe recibido del pecado y del castigo. Y el hombre, alzando otra vez su mirada al Cielo que perdiera, buscando a Aquel que tan justamente habíale echado, comprendió nuevamente que sólo Dios podía consolar su dolor, colmar su deseo de amor, levantar sus fuerzas morales con las esperanzas eternas y con la promesa depositada en Adán a la vez de la condena (4): de que su seductor habría de ser vencido y de que la liberación de su ruin penuria, esto es, la restitución de su estado de Gracia y, por ende, de la herencia del Reino de los Cielos, habríase de realizar mediante la Mujer (5) que, siendo Virgen, daría a luz al Emmanuel (6), al Salvador y Redentor.  ■ He aquí entonces cómo la creación sujeta a la vanidad y, podría decirse, obstaculizada para progresar hacia su perfección final —la del espíritu cada vez más triunfador sobre la materia—, reemprendió su camino en dirección a la Luz, a lo alto, hacia Dios, hacia su fin, a todos los cuales habíales vuelto la espalda, bajando no sólo la pendiente que va del Paraíso terrenal a la Tierra, sino también la que va de ésta al reino de las tinieblas y del pecado. Faltaba, es cierto, la Gracia, sol del alma que por ella ve distintamente y por ella germinan las virtudes y crece en perfección; mas permanecían la conciencia y su voz: la llamada paternal de Dios hacia Sí mismo y hacia el fin último. Es decir, que permanecía en el hombre, a una con el alma espiritual y, unido a ella, ese mínimo suficientemente apto para hacerle capaz de tender a su fin, este terreno dispuesto a acoger, ya que no la reintegración a la Gracia, sí, al menos, aquellas luces que Dios jamás escatimó a hombre alguno, por culpable que fuese, con las que pudiera mantener vivos aquel conocimiento y aquel amor de Dios que de Él recibiera el hombre a una con su existencia y que en él seguían latentes”.
* Para los ángeles caídos no hubo promesa de salvación, mas para el hombre Dios dispuso el Medio de salvarse. Hay una teoría herética (nacida de las ramas, miembros rebeldes, separados del tronco de la mística Vid y del cuerpo Místico) que asegura que el hombre, por sentirse con tendencia al pecado, no puede salvarse. Doctrina contraria al amor divino que creó al hombre con predestinación a la Gracia y la Gloria”.-Espíritu Santo: “Escribe Pablo —y es ésta una frase mal entendida, ya  por la dificultad que entraña, o bien por el deseo de entenderla mal con el fin de desalentar a los hombres en la persecución del Bien para conseguir el Cielo, asegurando que el hombre, por sentirse con tendencia al pecado, no puede salvarse. Teoría ésta herética, nacida de las ramas desgajadas del tronco de la mística Vid y de miembros rebeldes que se separaron del Cuerpo Místico. Profesión contraria al amor divino que creó con predestinación a la Gracia y la Gloria y no a la condenación. Profesión justamente condenada por la Iglesia docente—, escribe Pablo: «Sujeta a la vanidad, no por voluntad propia sino por la de Aquel que la sujetó con la esperanza de que también ella  sea liberada de la servidumbre de la corrupción para tener parte en la libertad gloriosa de los hijos de Dios». ■ Ahora bien, muchos que son ciertamente sacrílegos, herejes, negadores del atributo principal de Dios, nuevos satanases, como odiadores del amor y de la verdad, hacen de esta frase fundamento de su pseudo-religión y así dicen: «¿Veis quién es el que quiere vuestra caída, vuestra debilidad y vuestra ruina? Él, Ése al que llaman Padre». No. A esta horrenda blasfemia, a esta insinuación de la astucia diabólica más sutil, respondo Yo; y respondo así: Dios sometió al hombre a prueba para confirmarle en Gracia. Y esto va, incluso, con aquellos que acertaron a ser justos aún después de una o más caídas momentáneas purificadas por un sincero arrepentimiento y una caridad ardiente. Mientras que para los ángeles rebeldes, cuya naturaleza angélica era superior a la humana  —tanto que se dijo de Cristo: «Le hiciste un poco inferior a los ángeles» (7)— no hubo promesa de perdón ni existía en ellos cuanto pudiera servirles para llevarles de nuevo, a través de la contrición y del amor perfectos, a su primer estado bienaventurado. Para el hombre hubo todo esto y mucho más: las voces de los Patriarcas y de los Profetas confirmando una y otra vez la promesa del Redentor contenida en el Protoevangelio (8), las revelaciones de Dios a través de sus manifestaciones e inspiraciones a los Patriarcas, a Moisés —el libertador y legislador del pueblo hebreo— a Josué, a los Profetas y, como culminación del prodigio de su donación, el amaestramiento e inmolación del Hijo de Dios. Jamás retiró la predestinación a la Gracia para todos los hombres. Jamás. Porque Dios no es voluble en su voluntad y lo que una vez quiere, quiérelo para siempre porque se atiene al querer de su Voluntad. Jamás. Por cuanto Dios nunca obra, según impropiamente se escribe, como «esperando», sino «sabiendo», ya que Dios nada ignora. De aquí que en Él no cabe el esperar. Espera aquel que ignora el futuro total o parcialmente, mas no el que, como Dios, nada ignora y todo lo conoce desde su eternidad, incluso el destino de cada uno. ■ De aquí que se haya de decir y creer que Dios sometió la creación a prueba en la criatura más perfecta de la misma, sabiendo bien que ésta habría de pecar de soberbia y de rebeldía por su vanidad de querer llegar a ser como Dios, pero queriendo darle a la misma la medida sin medida de su amor a los hombres. Antes de la creación del hombre, y de la prueba, por tanto, Dios había dispuesto el Medio con el que el hombre habría de librarse, en un principio, de la servidumbre de la corrupción y de letificarse después con la libertad gloriosa de los hijos de Dios, una vez conseguida su parte de herencia en el Reino celestial. Dios, pues, no quiso vuestra caída, vuestra debilidad ni vuestra ruina, sino que, habiendo querido proporcionarse un pueblo de hijos, creó y, sabiendo que no habríais de perseverar en la Gracia, predispuso, aún antes de  crearos, el Medio santísimo, el más santo y poderoso que hubiera de resultar para vosotros, con el que salvaros y daros vuestra parte en su Reino. De donde también aquí puede decirse que resplandece en toda su verdad la infinita e insaciable Caridad de Dios hacia los hombres, sus hijos de adopción”. (Escrito el 30 de Marzo de 1950).
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1  Nota  : Rom. 8, 20-21: «La Creación está sujeta a la vanidad,  no por voluntad propia sino por la de Aquel que la sujetó. Por eso, tiene que esperar hasta que ella misma sea liberada de la servidumbre de la corrupción que pesa sobre ella para tener parte en la libertad gloriosa de los hijos de Dios».   2  Nota  : S. Agustín,  en su libro “Las Confesiones”, libro I Cap. I, n.º 1, expresa un pensamiento equivalente: “Fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te”: (“Hicístenos, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”).   3  Nota  : Cfr.Gén. 4,1-16.   4  Nota  : Cfr Gén. 3,14-19.   5  Nota  :  Cfr. Gén. 3,15.   6  Nota  : Cfr. Is. 7,14.   7  Nota  : Cfr. Sal. 8,6; Hebr. 2,5-9.   8  Nota  : Cfr. Gén.3,15.

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