Correlación con el Evangelio de San Lucas

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Esta sección recoge la correlación que existe entre los episodios del Evangelio de San Lucas, y sus equivalentes en la Obra de María Valtorta: «El Evangelio como me ha sido revelado». En la siguiente tabla se señala la ubicación de los diferentes episodios o pasajes del Evangelio de San Lucas tanto en los diez Volúmenes de la Obra (indicando Volumen, Capítulo y Página inicial), como en el Tema al que pertenecen, conforme a la composición temática propuesta para la lectura de esta Obra.

Índices Evangelio Lucas Episodios del Evangelio de San Lucas En los
Volúmenes
Obra MV
En los Temas
1,1-4 Prólogo
1,1-4

Puesto que muchos han intentado componer un relato de los sucesos cumplidos entre nosotros, según nos han transmitido los que, desde el principio, fueron testigos oculares, convertidos después en ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de informarme exactamente de todo desde los orígenes, ordenadamente escribirte, óptimo Teófilo, para que conozcas la firmeza de las enseñanzas que tú has recibido de viva voz.

1,5-25 Anunciación del Precursor Juan el Bautista
1,5-10

Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, cuya mujer, de la descendencia de Aarón, se llamaba Isabel. Eran ambos justos en la presencia de Dios, e irreprensibles caminaban en los preceptos y observancias del Señor. No tenían hijos, pues Isabel era estéril y los dos ya avanzados en edad. Sucedió, pues, que ejerciendo él sus funciones sacerdotales delante de Dios según el orden de su turno, conforme al uso del servicio divino, le tocó entrar en el santuario del Señor para ofrecerle el incienso, y toda la muchedumbre del pueblo estaba orando fuera durante la hora de la oblación del incienso.

1,11-20

Se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verle se turbó Zacarías y el temor se apoderó de él. Díjole el ángel: “No temas, Zacarías, porque tu plegaria ha sido escuchada, e Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, al que pondrás por nombre Juan. Será para ti gozo y regocijo, y todos se alegrarán en su nacimiento, porque será grande en la presencia del Señor. No beberá vino ni licores y desde el seno de su madre será lleno del Espíritu Santo; y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor su Dios, y caminará delante del Señor en el espíritu y poder de Elías para reconciliar a los padres con los hijos, y hacer que los rebeldes vuelvan a la sabiduría de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”. Dijo Zacarías al ángel: ¿De qué modo sabré yo esto? Porque yo soy ya viejo y mi mujer muy avanzada en edad. El ángel le contestó diciendo: “Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios y he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena nueva. He aquí que tú estarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se cumpla, por cuanto no has creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo”.

1,21-25

El pueblo esperaba a Zacarías y se maravillaba de que se retardase en el templo. Cuando salió no podía hablar, por donde conocieron que había tenido alguna visión en el templo. Él les hacía señas, pues se había quedado mudo. Cumplidos los días de su servicio, volvióse a su casa. Y después de algunos días concibió Isabel, su mujer, que se ocultó durante cinco meses, diciendo: Porque así ha obrado conmigo el Señor, al tiempo que quiso quitar mi oprobio entre los hombres.

1,26-38 Anunciación de Jesús a María
1,26-33

En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: Salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras y discurría qué podría significar aquella salutación. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su Reino no tendrá fin.

1-16-79 “Jesús Niño”
1,34-38

Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, y será llamado Hijo de Dios. E Isabel, tu parienta, también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el mes sexto de la que era estéril, porque nada hay imposible para Dios. Dijo María: He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y se fue de ella el ángel.

1-16-79 “Jesús Niño”
1,39-56 Visitación de María a su prima Isabel
1,39-45

En aquellos días se puso María en camino y con presteza fue a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Así que oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel se llenó del Espíritu Santo, y clamó con fuerte voz: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque así que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, exultó de gozo el niño en mi seno. Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor.

1-21-101 “Jesús Niño”
1,46-55 46 Entonces dijo María: Mi alma magnifica al Señor 47 y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, 48 porque ha mirado la humildad de su sierva; por eso, todas las generaciones me llamarán bienaventurada, 49 porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nombre es Santo. 50 Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. 51 Desplegó el poder de su brazo y dispersó a los hombres de soberbio corazón. 52 Derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes. 53 A los hambrientos los llenó de bienes, y a los ricos los despidió vacíos. 54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia. 55 Según lo que había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre. 1-21-101 “Jesús Niño”
1,56-56

María permaneció con ella como tres meses y se volvió a su casa.

(1-22-105)
(1-22-109)
(1-22-111)
(“Jesús Niño”)
(“Jesús Niño”)
(“Jesús Niño”)
1,57-80 Nacimiento y circuncisión de Juan el Bautista
1,57-58

Le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz, y parió un hijo. Oyendo sus vecinos y parientes que el Señor le había mostrado su misericordia, la felicitaban.

1-23-114 “Jesús Niño”
1,59-63

Al octavo día vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarle con el nombre de su padre, Zacarías. Pero la madre tomó la palabra y dijo: No, se llamará Juan. Le decían: ¡Si no hay ninguno en tu parentela que se llame con ese nombre! Entonces preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamase; y, pidiendo unas tablillas, escribió: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

1-24-119 “Jesús Niño”
1,64-66

Y al instante se abrió su boca (y se soltó) su lengua, y, empezando a hablar, bendecía a Dios. Se apoderó el temor de todos los vecinos, y en toda la montaña de Judea se contaban todas estas cosas. Cuantos las oían, pensativos, se decían: ¿Qué vendrá a ser este niño? Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

1-24-119 “Jesús Niño”
1,67-75

Zacarías, su padre, se llenó del Espíritu Santo y profetizó diciendo: Bendito el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo y suscitó en favor nuestro un poder salvador en la casa de David, su siervo, como había prometido por la boca de sus santos profetas desde antiguo, salvándonos de nuestros enemigos y del poder de todos nuestros opresores. Ahora nos manifiesta su misericordia con nuestros padres, y se acuerda de su alianza santa, pues juró a Abraham, nuestro padre, darnos la liberación del poder de nuestros enemigos, para que sin temor le sirvamos en santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

1-24-119 “Jesús Niño”
1,76-79

Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues tú irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar a conocer la salvación a su pueblo, con la remisión de sus pecados, por las entrañas misericordiosas de nuestro Dios, en las que nos visitará el (astro) que surge de lo alto, para iluminar a los que están sentados en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pies por el camino de la paz.

1-24-119 “Jesús Niño”
1,80-80

El niño crecía y se fortalecía en espíritu, y moraba en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

(1-77-417) (“Judas Isc.”)
2,1-20 Nacimiento de Jesús en Belén
2,1-3

Aconteció, pues, en los días aquellos que salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Este empadronamiento primero tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad.

1-27-133


(1-73-384)

“Jesús Niño”


(“Jesús Niño”)

2,4-5

José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

1-28-137 “Jesús Niño”
2,6-7

Estando allí se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio en el mesón.

1-29-142 “Jesús Niño”
2,8-14

Había en la región unos pastores que vivían en el campo, y de noche se turnaban velando sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor. El ángel les dijo: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, Señor, en la ciudad de David. En esto le reconoceréis: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

1-30-149 “Jesús Niño”
2,15-20

Así que los ángeles se fueron al cielo, se dijeron los pastores unos a otros: Vamos a Belén a ver esto que el Señor nos ha anunciado. Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, y, viéndole, contaron lo que se les había dicho acerca del Niño. Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores. María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho.

1-30-149 “Jesús Niño”
2,21-21 Circuncisión del Niño al octavo día
2,21-21

Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno.

2,22-40 La presentación de Jesús en el templo
2,22-24

Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la Ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito en la Ley del Señor que “Todo varón primogénito sea consagrado al Señor” *, y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor un par de tórtolas o dos pichones.*

1-32-163 “Jesús Niño”
2,25-32

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu Santo, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre Él, Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel.*

1-32-163 “Jesús Niño”
2,33-35

Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción; y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

1-32-163 “Jesús Niño”
2,36-38

Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en días, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios y hablaba de Él a cuantos esperaban la redención de Jerusalén.

1-32-163 “Jesús Niño”
2,39-39

Cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret.

2,40-40

El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en Él.

(2-136-347) (“Jesús Niño”)
2,41-52 El Niño Jesús con doctores en el templo.
2,41-45

Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando era ya de doce años, al subir sus padres, según el rito festivo, y volverse ellos, acabados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo echasen de ver. Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un día. Buscáronle entre parientes y conocidos, y al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en busca suya.

1-40-215 “Jesús Niño”
2,46-47

Al cabo de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.

1-41-220 “Jesús Niño”
2,48-51

Cuando sus padres le vieron, quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. Bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre conservaba todo esto en su corazón.

1-41-227 “Jesús Niño”
2,52-52

Jesús crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres.

(2-136-347) (“Jesús Niño”)
3,1-2 Presentación de Juan el Bautista a Israel
3,1-2

El año quintodécimo del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilatos gobernador de Judea, Herodes tretarca de Galilea, y Filipo su hermano tetrarca de Iturea y de la Traconítide, y Lisania tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

3,3-17 Predicación del Bautista
3,3-6

Juan empezó a predicar el bautismo de penitencia, por toda la región del río Jordán, en remisión de los pecados. Se cumplía lo dicho por Isaías: “Una voz grita en el desierto. Preparad el camino del Señor, enderezad sus caminos. Todo barranco será rellenado y todo monte y collado allanado, y los caminos tortuosos rectificados y los ásperos igualados. Y toda carne verá la salvación de Dios”. *

1-45-247 “Iglesia”
3,7-9

Decía, pues, a las muchedumbres que venían a ser bautizadas por él: Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que llega? Haced, pues, frutos dignos de penitencia y no andéis diciéndoos: Tenemos por padre a Abraham. Porque yo os digo que puede Dios suscitar de estas piedras hijos a Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz del árbol; todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.

1-45-247 “Iglesia”
3,10-14

Las muchedumbres le preguntaban: Pues ¿qué hemos de hacer? Él respondía: El que tiene dos túnicas, dé una al que no la tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo. Vinieron también publicanos a bautizarse y le decían: Maestro, ¿qué hemos de hacer? Y les contestaba: No exigir nada fuera de lo que está tasado. Le preguntaban también los soldados: Y nosotros, ¿qué hemos de hacer? Y les respondía: No hagáis extorsión y contentaos con vuestra soldada.

1-45-247 “Iglesia”
3,15-17

Hallándose el pueblo en ansiosa expectación y pensando todos entre sí de Juan si sería él el Mesías, Juan respondió a todos, diciendo: Yo os bautizo en agua, pero está llegando otro, más fuerte que yo, a quien no soy digno de soltarle la correa de las sandalias; Él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar la era y almacenar el trigo en su granero, mientras quemará la paja con fuego inextinguible.

1-45-247 “Iglesia”
3,18-20 Prisión de Juan el Bautista
3,18-20

Y, con otras muchas exhortaciones, evangelizaba al pueblo. Pero el tetrarca Herodes, reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y por todas las maldades que cometía, añadió ésta a todas las otras, encarcelando a Juan.


(1-47-258)

(“Iglesia”)
3,21-22 Bautismo de Jesús. Paloma y voz
3,21-22

Aconteció, pues, cuando todo el pueblo se bautizaba, que, bautizado Jesús y orando, se abrió el cielo, y se vio descender el Espíritu Santo, en forma corporal, como una paloma, sobre Él, y se dejó oír del cielo una voz: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

1-45-247 “Iglesia”
3,23-38 Genealogía de Jesús
3,23-38

Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y era, según se creía, hijo de José, hijo de Helí, hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Janai, hijo de José, hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Esli, hijo de Nagai, hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semein, hijo de Josec, hijo de Joda, hijo de Joanán, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, hijo de Melqui, hijo de Addi, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er, hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim, hijo de Melca, hijo de Menna, hijo de Mattata, hijo de Natam, hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Jobed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón, hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arni, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de Falec, hijo de Eber, hijo de Sala, hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, hijo de Matusalá, hijo de Enoc, hijo de Jaret, hijo de Maleleel, hijo de Cainán, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.

4,1-2a Jesús ayuna cuarenta días en el desierto
4,1-2a

Jesús, lleno del Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días.

1-46-252 “Demonio/Inf.”
4,2b-13 Jesús es tentado en el desierto
4,2b-13

Y fue tentado allí por el diablo. No comió nada en aquellos días, y pasados, tuvo hambre. Díjole el diablo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: “No de sólo pan vive el hombre”. * Llevándole a una altura, le mostró desde allí, en un instante, todos los reinos del mundo, y le dijo el diablo: Todo este poder y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo. Jesús, respondiendo, le dijo: Escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”. * Le condujo luego a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: “A sus ángeles ha mandado sobre ti que te guarden y te tomen en las manos para que no tropiece tu pie contra las piedras”. * Respondiendo, Jesús le dijo: Dicho está: “No tentarás al Señor tu Dios”.* Acabado todo género de tentaciones, el diablo se retiró de Él hasta el tiempo determinado.

1-46-252 “Demonio/Inf.”
4,14-15 Vuelta de Jesús a Galilea
4,14-15

Jesús, impulsado por el Espíritu, se volvió a Galilea. Su fama corrió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas, siendo celebrado por todos.

1-49-269 “Salv./Cond.”
4,16-30 En Nazaret, Jesús proclama su misión.- Incredulidad de Nazaret
4,16-19

Vino a Nazaret, donde se había criado, y, según costumbre, entró el día de sábado en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron un libro del profeta Isaías, y desenrollándolo, dio con el pasaje donde está escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor”. *

2-106-156 “Fe”
4,20-22

Y enrollando el libro, se lo devolvió al servidor y se sentó. Los ojos de cuantos había en la sinagoga estaban fijos en Él. Comenzó a decirles: Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír. Todos le aprobaban, y maravillados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, decían: ¿No es éste el hijo de José?

2-106-156 “Fe”
4,23-23

Y les dijo: Seguro que me diréis este proverbio: Médico, cúrate a ti mismo; todo cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaúm, hazlo aquí en tu patria.

2-106-156 “Fe”
4,24-27

Él les dijo: En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Pero en verdad os digo también que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y sobrevino una gran hambre en toda la tierra, y a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Elíseo, y ninguno de ellos fue limpiado sino el sirio Naamán.

2-106-156 “Fe”
4,28-30

Al oír esto se llenaron de cólera cuantos estaban en la sinagoga, y levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, le llevaron a la cima del monte sobre el cual está edificada su ciudad, para precipitarle de allí; pero Él, atravesando por medio de ellos, se fue.

2-106-156 “Fe”
4,31-37 El endemoniado en la sinagoga de Cafarnaúm.- Jesús confirmado como el Mesías Salvador
4,31-37

Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y les enseñaba los días de sábado, y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra iba acompañada de autoridad. Había en la sinagoga un hombre poseído del espíritu de un demonio impuro que gritaba a grandes voces: ¡Ah! ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Bien sé quién eres, el Santo de Dios. Jesús le ordenó diciendo: Cállate y sal de él. El demonio, arrojando al poseso en medio, salió de él sin hacerle daño. Quedaron todos pasmados, y mutuamente se hablaban, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y poder impera a los espíritus impuros y salen? Por todos los lugares de la comarca se divulgó su fama.

1-59-322 “Salv./Cond.”
4,38-39 Curación de la suegra de Simón Pedro
4,38-39

Saliendo de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con una gran calentura, y le rogaron por ella. Acercándosele, mandó a la fiebre, y la fiebre la dejó. Al instante se levantó y les servía.

1-60-328 “Iglesia”
4,40-41 Numerosas curaciones: Imponía las manos
4,40-41

Puesto el sol, todos cuantos tenían enfermos de cualquier enfermedad los llevaban a Él, y Él, imponiendo a cada uno las manos, los curaba. Los demonios salían también de muchos gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero Él les reprendía y no les dejaba hablar, porque conocían que era el Mesías.

1-61-335 “Salv./Cond.”
4,42-44 La gente busca a Jesús que está orando
4,42-44

Cuando amaneció, salió y se fue a un lugar desierto; las muchedumbres le buscaban, y viniendo hasta Él, le retenían para que no se partiese de ellos. Pero Él les dijo: Es preciso que anuncie también el Reino de Dios en otras ciudades, porque para esto he sido enviado. Iba predicando por las sinagogas de Judea.

1-62-339 “Oración”
5,1-11 Pesca milagrosa
5,1-3

Agolpándose sobre Él la muchedumbre para oír la palabra de Dios, y hallándose junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban al borde del lago; los pescadores, que habían bajado de ellas, lavaban las redes. Subió, pues, a una de las barcas, que era la de Simón, y le rogó que se apartase un poco de tierra, y sentándose, desde la barca enseñaba a las muchedumbres.

1-65-352 “Iglesia”
5,4-7

Así que cesó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro y echad vuestras redes para la pesca. Simón le contestó y dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada, mas porque tú lo dices echaré las redes. Haciéndolo, capturaron una gran cantidad de peces, tanto que las redes se rompían, e hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudar. Vinieron y llenaron las dos barcas, tanto que se hundían.

1-65-352 “Iglesia”

Llamada al seguimiento a Simón y compañeros

5,8-11

Viendo esto Simón Pedro, se postró a los pies de Jesús, diciendo: Señor, apártate de mí, que soy hombre pecador. Pues así él como todos sus compañeros habían quedado sobrecogidos de espanto ante la pesca que habían hecho, e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Dijo Jesús a Simón: No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres. Y atracando a tierra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.

1-65-352 “Iglesia”
5,12-16 Curación de un leproso
5,12-16

Estando en una ciudad, un hombre cubierto de lepra, viendo a Jesús, se postró de hinojos ante Él y le suplicó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Extendiendo Él la mano, le tocó, diciendo: Quiero, sé limpio. Y luego desapareció la lepra. Y le encargó: No se lo digas a nadie, sino vete y muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio. Cada vez se extendía más su fama, y concurrían numerosas muchedumbres para oírle y ser curados de sus enfermedades, pero Él se retiraba a lugares solitarios y se daba a la oración.

1-63-341 “Fe”
5,17-26 Curación de un paralítico
5,17-20

Sucedió un día que, mientras enseñaba, estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y de Jerusalén, y la virtud del Señor estaba en Él para curar. Y he aquí que unos hombres que traían en una camilla un paralítico buscaban introducirle y presentárselo; pero no encontrando por dónde meterlo, a causa de la muchedumbre, subieron al terrado y por el techo le bajaron con la camilla y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo su fe, dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.

1-64-346 “Fe”
5,21-21

Comenzaron a murmurar los escribas y fariseos, diciendo: ¿Quién es éste, que así blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?

1-64-346 “Fe”
5,22-26

Conociendo Jesús sus pensamientos, respondió y les dijo: ¿Por qué murmuráis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados —dijo al paralítico—: A ti te digo, levántate, toma la camilla y vete a casa. Al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a casa, glorificando a Dios. Quedaron todos fuera de sí, glorificando a Dios, y llenos de temor decían: Hoy hemos visto cosas increíbles.

1-64-346 “Fe”
5,27-32 Llamamiento al publicano Leví
5,27-28

Después de esto, salió y vio a un publicano por nombre Leví, sentado al telonio, y le dijo: Sígueme. Él, dejando todo, se levantó y le siguió.

2-97-100 “Iglesia”
5,29-32

Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y había con ellos a la mesa gran número de publicanos y de otra clase de personas. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido yo a llamar a los justos sino a los pecadores para que se arrepientan.

2-97-100 “Iglesia”
5,33-39 Por qué no ayunan los discípulos de Jesús
5,33-35

Entonces ellos le dijeron: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; pero tus discípulos comen y beben. Respondióles Jesús: ¿Queréis vosotros hacer ayunar a los convidados a la boda mientras con ellos está el esposo? Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán.

2-159-444 “Iglesia”
5,36-39

Y les dijo una parábola: Nadie pone un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo; de lo contrario, romperá el nuevo, y el remiendo tomado del vestido nuevo no ajustará sobre el viejo. Ni echa nadie vino nuevo en cueros viejos; de lo contrario, el vino nuevo romperá los cueros y se derramará, y los cueros se perderán; sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos, y nadie, cuando bebe vino añejo, quiere el nuevo, porque dice: El añejo es mejor.

2-159-444 “Iglesia”
6,1-5 Espigas arrancadas, en sábado
6,1-5

Aconteció que un sábado, atravesando Él por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, las comían. Algunos fariseos dijeron: ¿Cómo hacéis lo que no está permitido en sábado? Jesús les respondió: No habéis leído lo que hizo David cuando tuvo hambre él y sus acompañantes? Cómo entró en la casa de Dios y, tomando los panes de la proposición, comió y dio a los que venían con él, siendo así que no es lícito comerlos sino sólo a los sacerdotes? Y les dijo: Dueño es del sábado el Hijo del hombre

3-217-383 “Dios/Reino”
6,6-11 Curación de la mano seca, en sábado
6,6-10

Otro sábado, entrando en la sinagoga, enseñaba; y había allí un hombre que tenía una mano seca. Le observaban los escribas y fariseos para ver si curaría en día de sábado, a fin de tener de qué acusarle. Él, que conocía los pensamientos suyos, dijo al hombre de la mano seca: Levántate y ponte en medio. Él, levantándose, se quedó en pie. Jesús les dijo: Voy a haceros una pregunta: si es lícito hacer bien o mal en sábado, salvar una vida o perderla. Y dirigiendo su mirada a todos ellos, le dijo: Extiende tu mano. Él lo hizo, y su mano quedó sana.

4-263-225 “Oración”
6,11-11

Ellos se llenaron de furor y trataban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

6,12-16 Elección de los doce
6,12-16

Aconteció por aquellos días que salió Él hacia la montaña para orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando llegó el día llamó a sí a los discípulos y escogió a doce de ellos, a quienes dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien puso también el nombre de Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás, Santiago el de Alfeo y Simón llamado el Zelote, Judas de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

(3-164-21)
3-165-23
(“Sacerdotes”)
“Sacerdotes”
6,17-19 Jesús se prodiga en milagros.- Después de la elección apostólica
6,17-19

Bajando con ellos de la montaña, se detuvo en un rellano, y con Él el numeroso grupo de sus discípulos y una gran multitud del pueblo de toda la Judea, de Jerusalén y del litoral de Tiro y de Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades; y los que eran molestados de los espíritus impuros eran curados. Toda la multitud buscaba tocarle, porque salía de Él una virtud que sanaba a todos.

3-166-30 “Sacerdotes”
6,20-23 Las Bienaventuranzas
6,20-23 20 Él, levantando sus ojos sobre los discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. 21 Bienaventurados los que ahora padecéis hambre, porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 22 Bienaventurados seréis cuando, aborreciéndoos los hombres, os excomulguen, y maldigan, y proscriban vuestro nombre como malo por amor del Hijo del hombre. 23 Alegraos en aquel día y regocijaos, pues vuestra recompensa será grande en el cielo. Así hicieron sus padres con los profetas. 3-170-67 “Dios/Reino”
6,24-26 Las imprecaciones
6,24-25

Pero ¡ay de vosotros, ricos, porque habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!

3-174-112 “Riqueza/Pobr.”
6,26-26

¡Ay cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas!

6,27-38 El amor hacia los enemigos.
6,27-28

Pero yo os digo a vosotros que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,29-30

Al que hiere en una mejilla ofrécele la otra, y a quien te tome el manto no le impidas tomar la túnica; da a todo el que te pida y no reclames de quien toma lo tuyo.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,31-34

Tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados. Si amáis a los que os aman, ¿qué gracia tendréis? Porque los pecadores aman también a quienes los aman. Y si hacéis bien a los que os lo hacen, ¿qué gracia tendréis? También los pecadores hacen lo mismo. Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracia tendréis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos igual favor.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,35-36

Pero amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada, y será mucha vuestra recompensa, pues seréis hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso para con los ingratos y malos. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,37-37

No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.

3-174-118 “Amor”
6,38-38

Dad y se os dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro regazo. La medida que con otros usareis, ésa se usará con vosotros.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,39-45 Espíritu de benevolencia
6,39-39

Les dijo también una parábola: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?

5-301-34 “Dios/Reino”
6,40-40

Ningún discípulo está sobre su maestro; para ser perfecto ha de ser como su maestro.

4-265-236 “Sacerdotes”
6,41-42

¿Por qué ves la brizna en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga en el tuyo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame quitarte la paja que tienes en el ojo, cuando tú no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás de quitar la paja que hay en el de tu hermano.

3-174-118 “Amor”
6,43-44

Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé fruto bueno, pues cada árbol se conoce por su fruto; y no se toman higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian racimos.

3-171-77 “Dios/Reino”
6,45-45

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas, y el malo saca cosas malas de su mal tesoro, pues de la abundancia del corazón habla la lengua.

3-172-86 “Oración”
6,46-49 Conclusión final: La verdadera sabiduría para entrar al Reino
6,46-46

¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?

3-176-127 “Palab. Dios”
6,47-49

Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone por obra, es semejante al hombre que, edificando una casa, cava y profundiza y cimienta sobre roca; sobreviniendo una inundación, el río va a chocar contra la casa, pero no puede conmoverla, porque está bien edificada. El que oye y no hace es semejante al hombre que edifica su casa sobre tierra, sin cimentar, sobre la cual choca el río, y luego se cae y viene a ser grande la ruina de aquella casa.

3-174-118 “Palab. Dios”
7,1-10 La fe del centurión de Cafarnaúm
7,1-5

Cuando hubo acabado de pronunciar estos discursos al pueblo, entró en Cafarnaúm. Estaba a punto de morir un siervo de cierto centurión que le era muy querido. Éste, oyendo hablar de Jesús, envió a Él algunos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a salvar a su siervo. Llegados éstos a Jesús, le rogaban con instancia, diciéndole: Merece que le hagas esto, porque ama a nuestro pueblo y él nos ha edificado la sinagoga.

3-177-129 “Fe”
7,6-10

Jesús echó a andar con ellos. Ya no estaba lejos de la casa, cuando el centurión envió algunos amigos, que le dijeron: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Ni yo me he creído digno de ir a ti. Pero di sólo una palabra y mi siervo sanará. Porque también yo soy hombre sometido a la autoridad, pero tengo a la vez soldados bajo mi mando, y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Oyendo esto Jesús, se maravilló de él y, vuelto a la multitud que le seguía, dijo: Yo os digo que fe como ésta no la he hallado en Israel. Vueltos a casa los enviados, encontraron sano al siervo.

3-177-129 “Fe”
7,11-16 Resurrección del hijo de la viuda en Naím
7,11-12

Aconteció tiempo después que iba a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaban a las puertas de la ciudad vieron que llevaban un muerto, hijo único de su madre, viuda, y una muchedumbre bastante numerosa de la ciudad la acompañaba.

3-189-200 “Fe”
7,13-16

Viéndola el Señor, se compadeció de ella y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; los que lo llevaban se detuvieron, y Él dijo: Joven, a ti te hablo, levántate. Sentóse el muerto y comenzó a hablar, y Él se lo entregó a su madre. Se apoderó de todos el temor y glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo.

3-189-200 “Fe”
7,17-23 Jesús responde a los enviados del Bautista
7,17-20

La fama de este suceso corrió por toda Judea y por todas las regiones vecinas. Los discípulos de Juan dieron a éste noticia de todas esas cosas, y llamando Juan a dos de ellos, los envió al Señor para decirle: ¿Eres tú el que viene o esperamos a otro? Llegados a Él, le dijeron: Juan el Bautista nos envía a ti para preguntarte: ¿Eres tú el que viene o esperamos a otro?

4-266-248 “Iglesia”
7,21-23

En aquella misma hora curó a muchos de sus enfermedades y males y de los espíritus malignos e hizo gracia de la vista a muchos ciegos, y tomando la palabra, les dijo: Id y comunicad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados; y bienaventurado quien no se escandaliza de mí.

4-266-248 “Iglesia”
7,24-28 Panegírico sobre el Bautista
7,24-27

Cuando se hubieron ido los mensajeros de Juan comenzó Jesús a decir a la muchedumbre acerca de él: ¿Qué habéis salido a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Los que visten suntuosamente y viven con regalo están en los palacios de los reyes. ¿Qué salisteis, pues, a ver? ¿Un profeta? Sí, yo os digo, y más que profeta. Este es aquel de quien está escrito: “He aquí que yo envío delante de tu faz a mi mensajero, que preparará tu camino delante de ti”. *

4-266-251 “Iglesia”
7,28-28

Yo os digo: no hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan; pero el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.

4-266-251 “Iglesia”
7,29-35 Actitud de los fariseos y de los publicanos ante la misión de Juan el Bautista
7,29-30

Jesús dijo: Todo el pueblo que lo escuchó y hasta los publicanos reconocieron el llamado de Dios y recibieron el bautismo de Juan. En cambio, los fariseos y los doctores de la Ley despreciaron la invitación de Dios y se perjudicaron a sí mismos al no hacerse bautizar por él.

4-266-251 “Iglesia”
7,31-35

¿A quién, pues, compararé yo a los hombres de esta generación? ¿Y a quién son semejantes? Son semejantes a los muchachos que, sentados en la plaza, invitan a los otros, diciendo: Os tocamos la flauta, y no danzasteis; os cantamos lamentos, y no llorasteis. Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decíais: Tiene demonio. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Es comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores. Pero los que tienen la sabiduría de Dios lo han reconocido en su manera de actuar.

4-266-251 “Iglesia”
7,36-50 Absolución de la pecadora, durante el convite, en la casa de Simón el fariseo
7,36-38

Le invitó un fariseo a comer con él, y entrando en su casa, se puso a la mesa. Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa en casa del fariseo, con un vaso de alabastro de ungüento se puso detrás de Él, junto a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el ungüento.

4-236-39 “M.Magdalena”
7,39-43

Viendo lo cual, el fariseo que le había invitado dijo para sí: Si éste fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, porque es una pecadora. Tomando Jesús la palabra, le dijo: Simón, tengo una cosa que decirte. Él dijo: Maestro, habla. Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios; el otro, cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar, se lo condonó a ambos. ¿Quién, pues, le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Supongo que aquel a quien condonó más. Díjole: Bien has respondido.

4-236-39 “M.Magdalena.”
7,44-50

Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua a los pies; mas ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el ósculo; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con óleo, y ésta ha ungido mis pies con ungüento. Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Comenzaron los convidados a decir entre sí: ¿Quién es éste para perdonar los pecados? Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

4-236-39 “M.Magdalena”
8,1-3 Mujeres que viajaban con Jesús y los doce
8,1-3

Yendo por ciudades y aldeas, predicaba y evangelizaba el Reino de Dios. Le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y de enfermedades. María llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, y Susana y otras varias, que le servían de sus bienes.

(4-247-112)
(4-285-374)
(4-285-377)
(4-290-411)
(“Judas Isc.”)
(“Judas Isc.”)
(“Judas Isc.”)
(“Mujer”)
8,4-8 Parábola del sembrador
8,4-8

Reunida gran muchedumbre de los que venían a Él de cada ciudad, dijo en parábola: Salió un sembrador a sembrar su semilla, y al sembrar, una parte cayó junto al camino y fue pisada, y las aves del cielo la comieron. Otra cayó sobre la peña, y, nacida, se secó por falta de humedad. Otra cayó en medio de espinas, y creciendo con ella las espinas, la ahogaron. Otra cayó en tierra buena, y, nacida, dio un fruto céntuplo. Dicho esto, clamó: El que tenga oídos para oír, que oiga.

3-179-134 “Sacerdotes”
8,9-10 Razón de las parábolas
8,9-10

Sus discípulos le preguntaban qué significaba aquella parábola y Él contestó: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de Dios, a los demás, solo en parábolas, de manera que “viendo no vean y oyendo no entiendan”. *

3-180-146 “Sacerdotes”
8,11-15 Explicación de la parábola del sembrador
8,11-15

He aquí la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Los que están a lo largo del camino son los que oyen; pero en seguida viene el diablo y arrebata de su corazón la palabra para que no crean y se salven. Los que están sobre peña son los que, cuando oyen, reciben con alegría la palabra; pero no tienen raíces, creen por algún tiempo y al tiempo de la tentación sucumben. Lo que cae entre espinas son aquellos que, oyendo, van y se ahogan en los cuidados, la riqueza y los placeres de la vida y no llegan a madurez. Lo caído en buena tierra son aquellos que, oyendo con corazón generoso y bueno, retienen la palabra y dan fruto por la perseverancia.

3-180-146 “Sacerdotes”
8,16-18 Parábola de la lámpara: El misterio del Reino debe ser conocido
8,16-16

Nadie, después de haber encendido una lámpara, la cubre con una vasija ni la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre el candelero para que los que entren vean.

3-169-61 “Sacerdotes”
8,17-17

Pues nada hay oculto que no haya de salir a la luz, ni secreto que no llegue a conocerse claro.

4-265-236 “Sacerdotes”
8,18-18

Fijaos bien cómo escucháis. Pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.

3-180-146 “Sacerdotes”
8,19-21 La verdadera familia de Jesús
8,19-21

Vino su madre con sus hermanos y no lograron acercarse a Él a causa de la muchedumbre, y le comunicaron: Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y desean verte. Él contestó diciéndoles: Mi madre y mis hermanos son éstos, los que oyen la palabra de Dios y la ponen por obra.

4-269-267 “Demonio/Inf.”
8,22-25 Tempestad calmada. Jesús es el Salvador
8,22-24

Sucedió, pues, un día que subió con sus discípulos a una barca y les dijo: Pasemos a la otra ribera del lago. Y se dieron a la mar. Mientras navegaban se durmió. Vino sobre el lago una borrasca y la barca se fue llenando de agua. Sintiendo el peligro, se llegaron a Él y le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Despertó Él e increpó al viento y al oleaje del agua, que se aquietaron, haciéndose la calma.

3-185-175 “Salv./Cond.”
8,25-25

Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Llenos de pasmo, se admiraban y se decían unos a otros: ¿Pero quién es éste, que manda a los vientos y al agua y le obedecen?

3-185-175 “Salv./Cond.”
8,26-39 Curación de endemoniado y muerte de la piara
8,26-31

Arribaron a la región de los gerasenos, frente a Galilea, y bajando Él a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído de los demonios, que en mucho tiempo no se había vestido ni morado en casa, sino en los sepulcros. Cuando vio a Jesús, gritando se postró ante Él y en alta voz dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te pido que no me atormentes. Y era que Él ordenaba al espíritu impuro que saliese del hombre. Muchas veces se apoderaba de él, y le ataban con cadenas y le sujetaban con grillos, pero rompía las ligaduras y era arrebatado por el demonio a los desiertos. Preguntóle Jesús: ¿Cuál es tu nombre? Contestó él: Legión. Porque habían entrado en él muchos demonios, y le rogaban que no les mandase volver al abismo.

3-186-178 “Demonio/Inf.”
8,32-33

Había allí una piara de puercos bastante numerosa paciendo en el monte, y le rogaron que les permitiese entrar en ellos. Se lo permitió, y, saliendo los demonios del hombre, entraron en los puercos, y se lanzó la piara por un precipicio abajo hasta el lago y se ahogó.

3-186-178 “Demonio/Inf.”
8,34-37

Viendo los porquerizos lo sucedido, huyeron y lo anunciaron en la ciudad y en los campos. Salieron a ver lo ocurrido, y vinieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado, vestido y en su pleno juicio, a los pies de Jesús, de lo que se quedaron espantados. Los que habían visto cómo el endemoniado había sido curado lo contaban, y toda la gente del territorio de los gerasenos le rogó se retirase de allí, porque estaban dominados de un gran temor. Él, subiendo a la barca, se volvió.

3-186-178 “Demonio/Inf.”
8,38-39

El hombre de quien habían salido los demonios le suplicaba quedarse con Él, pero Él le despidió, diciendo: Vuélvete a tu casa y refiere lo que te ha hecho Dios. Y se fue por toda la ciudad pregonando cuanto le había hecho Jesús.

3-186-178 “Demonio/Inf.”
8,40-56 Curación de la hemorroísa/Resurrección de la hija de Jairo
8,40-42

Cuando Jesús estuvo de vuelta, le recibió la muchedumbre, pues todos estaban esperándole. Llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrase en su casa, porque tenía una hija única, de unos doce años, que estaba a punto de morir. Mientras iba, la multitud le ahogaba.

4-230-10 “Fe”
8,43-48

Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años y que en médicos había gastado toda su hacienda, sin lograr ser de ninguno curada, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al instante cesó el flujo de su sangre. Jesús dijo: ¿Quién me ha tocado? Como todos negaban, dijo Pedro y los que le acompañaban: Maestro, las muchedumbres te rodean y te oprimen. Pero Jesús le dijo: Alguno me ha tocado, porque yo he sentido que una virtud ha salido de mí. La mujer, viéndose descubierta, se llegó temblando, y, postrándose ante Él, le dijo ante todo el pueblo por qué le había tocado, y cómo al instante había quedado sana. Él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.

4-230-10 “Fe”
8,49-56

Aún estaba hablando, cuando llegó uno de casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, no molestes ya al Maestro. Pero Jesús, que lo oyó, le respondió: No temas, cree tan sólo y será sana. Llegado a la casa, no permitió que entrasen con Él más que Pedro, Juan y Santiago y el padre y la madre de la niña. Todos lloraban y plañían por ella. Les dijo Él: No lloréis, porque no está muerta; es que duerme. Se burlaban de Él, sabiendo que estaba muerta. Él, tomándola de la mano, le dijo en alta voz: Niña, levántate. Volvió a ella el espíritu y al instante se levantó, y Él mandó que le diesen de comer. Los padres se quedaron fuera de sí; pero Él les mandó que no contasen a nadie lo sucedido.

4-230-10 “Fe”
9,1-6 La misión de los doce
9,1-2

Habiendo convocado a los doce, les dio poder sobre todos los demonios y de curar enfermedades, y les envió a predicar el Reino de Dios y a hacer curaciones.

4-265-236 “Sacerdotes”
9,3-5

Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni llevéis dos túnicas. En cualquier casa en que entréis, quedaos allí, sin dejarla hasta partir. Cuanto a los que no quieran recibiros, saliendo de aquella ciudad, sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.

4-265-236 “Sacerdotes”
9,6-6

Partieron y recorrieron las aldeas anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

4-271-285 “Judas Isc.”
9,7-9 La opinión de Herodes sobre Jesús.
9,7-9

Tuvo noticias Herodes el tetrarca de todos estos sucesos, y estaba vacilante por cuanto algunos decían que era Juan, que había resucitado de entre los muertos; otros, que era Elías, que había aparecido, y otros, que había resucitado alguno de los antiguos profetas. Dijo Herodes: A Juan le degollé yo: ¿quién puede ser éste, de quien oigo tales cosas? Y deseaba verle.

5-348-307 “Judas Isc.”
9,10-11 Regreso de los discípulos y va a lugar apartado
9,10-10

A su vuelta, los apóstoles le contaron cuanto habían hecho. Él, tomándolos consigo, se retiró a un lugar apartado cerca de una ciudad llamada Betsaida.

4-271-284 “Iglesia”
9,11-11

Pero la muchedumbre se dio cuenta y fue en pos de Él. Habiéndolos recibido, les hablaba del Reino de Dios y curaba a todos los necesitados. *

(4-272-288) (“Muerte/Res.”)
9,12-17 Multiplicación de los panes y de los peces
9,12-17

Empezaba ya a declinar el día, y acercándosele los doce, le dijeron: Despide a la muchedumbre para que vayan a las aldeas y alquerías de alrededor, donde se alberguen y encuentren alimentos, porque aquí estamos en el desierto. Él les contestó: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar alimentos para todo este gentío. Porque eran unos cinco mil hombres. Y dijo a sus discípulos: Hacedlos recostarse por grupos como de cincuenta. Lo hicieron así, diciéndoles que se recostasen todos, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y se los dio a los discípulos para que los sirviesen a la muchedumbre. Comieron, se saciaron todos, y se recogieron de las sobras doce cestos de mendrugos.

4-273-293 “Eucaristía”
9,18-21 Pedro proclama su fe
9,18-21

Aconteció que, orando Él a solas, estaban con Él los discípulos, a los cuales preguntó: La gente, ¿quién dice que soy yo? Respondiendo ellos, le dijeron: Juan Bautista; otros, Elías; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, dijo: El Ungido de Dios. Él les prohibió decir esto a nadie.

5-343-280 “Iglesia”
9,22-22 Primer anuncio de la Pasión
9,22-22

Y les añadió: Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y que sea rechazado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y sea muerto y resucite al tercer día.

5-346-295 “Jesús Red.”
9,23-27 Condiciones para seguir a Jesús.
9,23-25

Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame. Porque quien quisiere salvar su vida, la perderá; pero quien perdiere su vida por amor de mí, la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si él se pierde y se condena?

5-346-295 “Jesús Red.”
9,26-27

Porque quien se avergonzare de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles. En verdad os digo: entre los presentes hay algunos que no morirán sin haber visto el Reino de Dios.

5-346-295 “Jesús Red.”
9,28-36 Transfiguración del Señor
9,28-33

Aconteció como unos ocho días después de estos discursos que, tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subió a un monte a orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó, su vestido se volvió blanco y resplandeciente. Y he aquí que dos varones hablaban con Él, Moisés y Elías, que aparecían gloriosos y le hablaban de su partida, que había de cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos varones que con Él estaban. Al separarse éstos, dijo Pedro a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía.

5-349-319 “Jesús Red.”
9,34-36

Mientras esto decía, apareció una nube que los cubrió, y quedaron atemorizados al entrar en la nube. Salió de la nube una voz que dijo: Éste es mi Hijo elegido, escuchadle. Mientras sonaba la voz estaba Jesús solo. Ellos callaron, y por aquellos días no contaron nada de cuanto habían visto.

5-349-319 “Jesús Red.”
9,37-43 Curación del niño endemoniado, a pie de monte
9,37-40

Al día siguiente, al bajar del monte, vino a su encuentro mucha gente, y uno de entre la multitud gritó, diciendo: Maestro, te ruego que eches una mirada sobre este mi hijo, porque es mi hijo único, y el espíritu se apodera de él, y súbitamente grita, y lo retuerce entre espumarajos, y a duras penas se retira de él después de haberle magullado. He suplicado a tus discípulos que le echasen y no han podido.

5-349-325 “Demonio/Inf.”
9,41-43a

Jesús, respondiendo, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo habré de estar con vosotros y soportaros? Traédmelo acá. Al acercarse, el demonio le echó por tierra y le agitó fuertemente. Pero Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño y se lo entregó a su padre. Todos se maravillaron al ver la grandeza de Dios.

5-349-325 “Demonio/Inf.”
9,43b-45 Segundo anuncio de la Pasión
9,43b-45

Admirándose todos de cuanto hacía, dijo Él a sus discípulos: Estad atentos a lo que voy a deciros: El Hijo del hombre ha de ser entregado en poder de los hombres. Pero ellos no sabían lo que significaban estas palabras. Estaban para ellos veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas.

5-355-368 “Jesús Red.”
9,46-48 Discutían quién era el más importante
9,46-47

Surgió entre ellos una discusión sobre quién sería el mayor de ellos. Conociendo Jesús los pensamientos de su corazón, tomó a un niño, le puso junto a sí.

5-352-339 “Dios/Reino”
9,48-48

Jesús les dijo: El que recibiere a este niño en mi nombre, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió; y el menor de entre todos vosotros, ése será el más grande.

5-352-343 “Dios/Reino”
9,49-50 Invocación del nombre de Jesús por los extraños
9,49-50

Tomando la palabra Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno echar los demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no era de nuestra compañía. Contestóle Jesús: No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros está con vosotros.

5-352-346 “Demonio/Inf.”
9,51-56 Mala acogida de los samaritanos
9,51-56

Estando para cumplirse los días de su salida de este mundo, se dirigió resueltamente a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que en su camino entraron en un pueblo samaritano para prepararle albergue. No fueron recibidos, porque iban a Jerusalén. Viéndolo los discípulos Santiago y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma? Volviéndose Jesús, los reprendió, y se fueron a otra aldea.

9-575-159 “Judas Isc.”
9,57-62 Tres vocaciones: Condiciones para seguir a Jesús
9,57-62

Cuando iban de camino, vino uno que le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le respondió: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. A otro le dijo: Sígueme, y respondió: Señor, déjame ir primero a sepultar a mi padre. Él le contestó: Deja a los muertos sepultar a sus muertos, y tú vete y anuncia el Reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes despedirme de los de mi casa. Jesús le dijo: Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás es apto para el Reino de Dios.

3-178-132 “Sacerdotes”
10,1-12 Misión de los setenta y dos discípulos
10,1-2

Después de esto, designó Jesús a otros setenta y dos y los envió de dos en dos, delante de sí, a toda ciudad y lugar adonde Él había de venir, y les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al amo que mande obreros a su mies.

4-278-333 “Sacerdotes”
10,3-9

Id, yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y a nadie saludéis por el camino. En cualquiera casa que entréis, decid primero: La paz sea con esta casa. Si hubiere allí un hijo de la paz, descansará sobre él vuestra paz; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en esa casa y comed y bebed lo que os sirvieren, porque el obrero es digno de su salario. No vayáis de casa en casa. En cualquiera ciudad donde entrareis y os recibieren, comed lo que os fuere servido y curad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: El Reino de Dios está cerca de vosotros.

4-278-333
(4-265-236)
“Sacerdotes”
(“Sacerdotes”)
10,10-12

En cualquiera ciudad donde entréis y no os recibieren, salid a las plazas y decid: Hasta el polvo que de vuestra ciudad se nos pegó a los pies lo sacudimos sobre vosotros. Pero sabedlo: el Reino de Dios está cerca. Yo os digo que aquel día Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad.

4-278-333
(4-265-236)
“Sacerdotes”
(“Sacerdotes”)
10,13-16 Ciudades incrédulas
10,13-15

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechos los milagros que en vosotras se han hecho, tiempo ha que en saco y sentados en ceniza hubieran hecho penitencia. Pero Tiro y Sidón serán más toleradas que vosotras en el juicio. ¿Y tú, Cafarnaúm, crees que por haberme dado alojamiento serás elevada hasta el cielo? Hasta el infierno serás precipitada.

4-266-251 “Iglesia”
10,16-16

El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros os rechaza, a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.

4-278-333 “Sacerdotes”
10,17-20 Regreso de los setenta y dos discípulos
10,17-20

Volvieron los setenta y dos llenos de alegría, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Y Él les dijo: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder enemigo, y nada os dañará. Mas no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

4-280-340 “Sacerdotes”
10,21-24 Revelación del Padre a los pequeños
10,21-21

En aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque tal ha sido tu beneplácito.

4-266-251 “Iglesia”
10,22-22

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo.

4-266-251 “Iglesia”
10,23-24

Vuelto a los discípulos, aparte les dijo: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron.

4-280-340 “Sacerdotes”
10,25-29 El mayor precepto
10,25-29

Levantóse un doctor de la Ley para tentarle, y le dijo: Maestro, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? Le contestó diciendo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente,* y al prójimo como a ti mismo”. * Y le dijo: Bien has respondido. Haz esto y vivirás. Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

4-281-347 “Dios/Reino”
10,30-37 Parábola del buen samaritano
10,30-35

Tomando Jesús la palabra dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que después de haberle despojado de todo, y de haberle cargado a golpes, se fueron, dejándole medio muerto. Por casualidad bajó un sacerdote por el mismo camino, y, viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, le vio también y pasó adelante. Pero un samaritano que iba de camino llegó a él, y, viéndole, se movió a compasión; se acercó, le vendó las heridas, derramando en ella aceite y vino; le hizo montar sobre su propia cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él. A la mañana, sacando dos denarios, se los dio al mesonero y dijo: Cuida de él, y lo que gastares, a la vuelta te lo pagaré.

4-281-347 “Dios/Reino”
10,36-37

¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo de aquel que cayó en poder de ladrones? Él contestó: El que hizo con él misericordia. Contestóle Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

4-281-347 “Dios/Reino”
10,38-42 Marta y María
10,38-42

Yendo de camino, entró en un pueblo, y una mujer, Marta de nombre, le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta andaba afanada en los muchos cuidados del servicio, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te preocupa que mi hermana me deje a mí sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude. Respondió el Señor y le dijo: Marta, Marta, tú te inquietas y te turbas por muchas cosas; pero pocas son necesarias, o más bien una sola. María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada.

6-377-111 “M.Magdalena”
11,1-4 El Padrenuestro
11,1-4

Acaeció que, hallándose Él orando en cierto lugar, así que acabó, le dijo uno de los discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñaba a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu Reino; danos cada día el pan cotidiano; perdónanos nuestras deudas, porque también nosotros perdonamos a todos nuestros deudores, y no nos pongas en tentación.

3-203-279 “Oración”
11,5-13 Parábola del amigo importuno
11,5-8

Y les dijo: Si alguno de vosotros tuviere un amigo y viniere a él a medianoche y le dijera: Amigo, préstame tres panes, pues un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo qué darle. Y él, respondiendo de dentro, le dijese: No me molestes; la puerta está ya cerrada y mis niños están ya conmigo en la cama; no puedo levantarme para dártelos. Yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, a lo menos por su desvergüenza, se levantará y le dará cuanto necesite.

3-203-279 “Oración”
Eficacia de la oración
11,9-13

Os digo, pues: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si el hijo le pide un pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará, en vez del pez, una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión? Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

3-203-279 “Oración”
11,14-26 Origen del poder de Jesús sobre los demonios
11,14-18

Estaba expulsando a un demonio mudo, y así que salió el demonio, habló el mudo. La gente quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: Por el poder de Belcebú, príncipe de los demonios, expulsa éste los demonios; otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido por luchas internas, corre a su ruina, y sus casas caerán unas sobre otras. Si, pues, Satanás se halla dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Puesto que decís que por virtud de Belcebú expulso yo a los demonios.

4-269-267 “Demonio/Inf.”
11,19-20

Si yo expulso a los demonios por Belcebú, vuestros hijos, ¿por quién los expulsan? Por esto ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si expulso a los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.

4-269-267 “Demonio/Inf.”
11,21-22

Cuando un fuerte bien armado guarda su palacio, seguros están sus bienes; pero si llega uno más fuerte que él, le vencerá, le quitará las armas en que confiaba y repartirá sus despojos.

4-288-394 “Dios/Reino”
11,23-23

El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge, derrama.

4-288-394 “Dios/Reino”
11,24-26

Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, recorre los lugares áridos buscando reposo, y no hallándolo, se dice: Volveré a la casa de donde salí; y viniendo, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y, entrando, habitan allí, y viene a ser el estado final de aquel hombre peor que al principio.

4-269-267 “Demonio/Inf.”
11,27-28 Alabanza de una mujer a la madre de Jesús
11,27-28

Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la multitud y dijo: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste. Pero Él dijo: Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.

4-288-394 “Dios/Reino”
11,29-32 Juicio severo sobre la presente generación
11,29-32

Como la gente seguía juntándose, comenzó a decir: Esta generación es una generación mala; pide una señal, y no le será dada otra señal que la de Jonás. Porque como fue Jonás señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y hay aquí algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque hicieron penitencia a la predicación de Jonás, y hay aquí algo más que Jonás.

5-344-286 “Jesús Red.”
11,33-36 Parábola de la lámpara. El ojo es la lámpara del cuerpo
11,33-33

Nadie enciende la lámpara y la pone en un rincón, ni bajo el celemín, sino sobre un candelero, para que los que entren tengan luz.

6-413-323 “Salv./Cond.”
11,34-36

Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo; si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si fuese malo, también tu cuerpo estará en tinieblas. Cuida, pues, que la luz que hay en ti no tenga parte de tinieblas, porque si tu ojo es luminoso, sin parte alguna tenebrosa, todo en ti será plena luz como cuando la lámpara te ilumina.

6-413-323 “Salv./Cond.”
11,37-54 Reprensión a fariseos y a doctores de la Ley
11,37-41

Cuando terminó de hablar, un fariseo le invitó a comer con él; entró y se puso a la mesa. Viendo esto, el fariseo le manifestó su asombro porque no se había lavado antes de comer. Pero el Señor le dijo: Mira, vosotros los fariseos limpiáis la copa y el plato por defuera, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que ha hecho lo de fuera no ha hecho también lo interior?Pero, según vosotros, basta dar limosna, sin reformar lo interior, y todo será puro.

6-414-331 “Jesús Red.”
11,42-44

¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, y de la ruda, y de todas las legumbres, y descuidáis la justicia y el amor de Dios! Hay que hacer esto sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que amáis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, que sois como esas tumbas que no se notan, y que los hombres pisan sin saberlo!

6-414-331 “Jesús Red.”
11,45-45

Tomando la palabra un doctor de la Ley, le dijo: Maestro, hablando así, nos ofendes también a nosotros.

6-414-331 “Jesús Red.”
11,46-52

Pero Él le dijo: ¡Ay también de vosotros, doctores de la Ley, que echáis pesadas cargas sobre los hombres, y vosotros ni con uno de vuestros dedos las tocáis! ¡Ay de vosotros, que edificáis tumbas a los profetas, a quienes vuestros padres dieron muerte! Vosotros mismos demostráis con eso que consentís en la obra de vuestros padres; pues ellos los mataron, pero vosotros les edificáis sepulcros. Por eso, dice la sabiduría de Dios: Yo les envío profetas y apóstoles, y ellos los matan y persiguen. Y con justicia será pedida cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde el principio del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario. Sí, os digo que le será pedida cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia; y ni entráis vosotros ni dejáis entrar!

6-414-331 “Jesús Red.”
11,53-54

Cuando salió de allí comenzaron los escribas y fariseos a acosarle terriblemente y a proponerle muchas cuestiones, armándole insidias para sorprenderle en algo que saliera de su boca.

12,1-12 Endemoniado curado asediado por los fariseos.- Blasfemia contra el Espíritu Santo 
12,1-3

Entre tanto se fue juntando la muchedumbre por millares, hasta el punto de pisarse unos a otros, y comenzó Él a decir a sus discípulos: Ante todo guardaos del fermento de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay oculto que no haya de descubrirse, y nada escondido que no llegue a saberse. Por esto, todo lo que decís en las tinieblas será oído en la luz, y lo que habláis al oído en vuestros aposentos será pregonado desde los terrados.

6-421-378 “Demonio/Inf,”
12,4-5

A vosotros, mis amigos, os digo: No temáis a los que matan el cuerpo y después de esto no tienen ya más que hacer. Yo os mostraré a quién habéis de temer; temed al que, después de haber dado la muerte, tiene poder para echar en la gehena. Sí, yo os digo que temáis a ése.

6-421-378 “Demonio/Inf”
12,6-7

¿No se venden cinco pájaros por dos ases? Y, sin embargo, ni uno de ellos está en olvido ante Dios. Aun hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados todos. No temáis; vosotros valéis más que muchos pájaros.

6-421-378 “Demonio/Inf.”
12,8-9

Yo os digo: A quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios. El que me negare delante de los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.

6-421-378 “Demonio/Inf.”
12,10-12

A quien dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o qué habéis de responder o decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora lo que habéis de decir.

6-421-378 “Demonio/Inf.”
12,13-21 Cuidado con la avaricia: Parábola del rico necio
12,13-15

Díjole uno de la muchedumbre: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Él le respondió: Pero, hombre, ¿quién me ha constituido juez o partidor entre vosotros? Les dijo: Mirad de guardaros de toda avaricia, porque, aunque se tenga mucho, no está la vida en la hacienda.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,16-20

Y les dijo una parábola: Había un hombre rico, cuyas tierras le dieron gran cosecha. Comenzó él a pensar dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, pues no tengo dónde encerrar mi cosecha? Y dijo: Ya sé lo que voy a hacer; demoleré mis graneros y los haré más grandes, y almacenaré en ellos todo mi grano y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, regálate. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te pedirán el alma, y todo lo que has acumulado, ¿para quién será?

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,21-21

Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,22-34 Abandono en las manos de la Providencia
12,22-23

Dijo a sus discípulos: Por esto os digo: No os preocupéis de vuestra vida, por lo que habéis de comer; ni de vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir, porque la vida es más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,24-24

Mirad a los cuervos, que ni siembran ni cosechan, que no tienen ni despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¿cuánto más valéis vosotros que un ave?

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,25-26

¿Quién de vosotros, a fuerza de cavilar, puede añadir un codo a su estatura? Si, pues, no podéis ni lo menos, ¿por qué preocuparos de lo más?

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,27-28

Mirad los lirios cómo crecen; ni trabajan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, así la viste Dios, ¿cuánto más hará a vosotros, hombres de poca fe?

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,29-31

No andéis buscando qué comeréis y qué beberéis, y no andéis ansiosos, porque todas estas cosas las buscan las gentes del mundo, pero vuestro Padre sabe que tenéis de ellas necesidad. Vosotros buscad su Reino, y todo eso se os dará por añadidura.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,32-34

No temas, rebañito mío, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino. Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos, adonde ni el ladrón llega ni la polilla roe; pues donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,35-48 Necesidad de la vigilancia
12,35-38

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas, y sed como hombres que esperan a su amo de vuelta de las bodas, para que, al llegar él y llamar, al instante le abran. Dichosos los siervos aquellos a quienes el amo hallare en vela; en verdad os digo que él mismo se ceñirá, y los sentará a la mesa, y se prestará a servirlos. Ya llegue a la segunda vigilia, ya a la tercera, si los encontrare así, dichosos ellos.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,39-40

Vosotros sabéis bien que, si el amo de casa conociera a qué hora habría de venir el ladrón, velaría y no dejaría horadar su casa. Estad, pues, prontos, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,41-48

Dijo Pedro: Señor, ¿es a nosotros a quienes dices esta parábola o a todos? El Señor contestó: ¿Quién es, pues, el administrador fiel, prudente, a quien pondrá el amo sobre su servidumbre para distribuirle la ración de trigo a su tiempo? Dichoso ese siervo a quien el amo, al llegar, le hallare haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Pero si ese siervo dijere en su corazón: Mi amo tarda en venir; y comenzase a golpear a siervos y siervas, a comer, y beber, y embriagarse, llegará el amo de ese siervo el día que menos lo espere y a la hora que no sabe, y le mandará azotar y le pondrá entre los infieles. Ese siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparó ni hizo conforme a ella, recibirá muchos azotes. El que no conociéndola hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos. A quien mucho se le da, mucho se le reclamará, y a quien mucho se le ha entregado, mucho se le pedirá.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,49-53 Un Evangelio molesto: Por Jesús o contra Jesús
12,49-50

Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda? Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me siento constreñido hasta que se cumpla!

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,51-53

¿Pensáis que he venido a traer la paz a la tierra? Os digo que no, sino la disensión. Porque en adelante estarán en una casa cinco divididos, tres contra dos y dos contra tres; se dividirán el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre, y la madre contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra.

4-276-318 “Riqueza/Pobr.”
12,54-57 Las señales del tiempo
12,54-57

A la gente le decía también: Cuando veis levantarse una nube por el poniente, al instante decís: Va a llover. Y así es. Cuando sentís soplar el viento sur, decís: Va a hacer calor. Y así sucede. Hipócritas; sabéis juzgar del aspecto de la tierra y del cielo; pues ¿cómo no juzgáis del tiempo presente? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

5-342-269 “Jesús Red.”
12,58-59 Reconciliación con el adversario antes de ir al juez
12,58-59

Por eso, cuando vayas, con tu adversario al magistrado, procura en el camino de ponerte a bien con él, no sea que te entregue al juez, y el juez te ponga en manos del alguacil, y el alguacil te arroje en la cárcel. Te digo que no saldrás hasta que hayas pagado el último ochavo.

4-277-328 “Amor”
13, 1-5 Necesidad de la conversión
13,1-5

Por aquel tiempo se presentaron algunos, que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilatos con la de los sacrificios que ofrecían, y respondiéndoles, dijo: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los otros por haber padecido todo esto? Yo os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis. Aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿creéis que eran más culpables que todos los hombres que moraban en Jerusalén? Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis.

4-281-357 “Salv./Cond.”
13,6-9 Parábola del buen labrador
13,6-9

Y les dijo esta parábola: Tenía uno plantada una higuera en su viña y vino en busca del fruto y no lo halló. Dijo entonces al viñador: Van ya tres años que vengo en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; córtala; ¿por qué ha de ocupar la tierra en balde? Le respondió y dijo: Señor, déjala aún por este año que la cave y la abone, a ver si da fruto para el año que viene…; si no, la cortarás.

5-338-249 “Dios/Reino”
13,10-17 Curación de la mujer encorvada, en sábado
13,10-13

Enseñaba en una sinagoga un sábado. Había allí una mujer que hacía dieciocho años que tenía un espíritu que la tenía enferma. Estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse. Viéndola Jesús, la llamó y le dijo: Mujer, estás libre de tu enfermedad. Le impuso las manos y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.

5-337-243 “Fe”
13,14-17

Interviniendo el jefe de la sinagoga, lleno de ira porque Jesús había curado en sábado, decía a la muchedumbre: Hay seis días en los cuales se puede trabajar; en ésos venid y curaos, y no en día de sábado. Respondióle el Señor y dijo: Hipócritas, ¿cualquiera de vosotros no suelta del pesebre su buey o su asno en sábado y lo lleva a abrevar? Pues esta hija de Abraham, a quien Satanás tenía ligada dieciocho años ha, ¿no debía ser soltada de su atadura en día de sábado? Y diciendo esto, quedaban confundidos todos sus adversarios, y toda la gente se alegraba de las obras prodigiosas que hacía.

5-337-243 “Fe”
13,18-19 Parábola del grano de mostaza
13,18-19

Decía, pues: ¿A qué es semejante el Reino de Dios y a qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto, y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas.

3-184-173 “Dios/Reino”
13,20-21 Parábola de la levadura
13,20-21

De nuevo dijo: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda.

5-327-173 “Dios/Reino”
13,22-30 Las dos puertas: La estrecha y la ancha
13,22-25

Recorría ciudades y pueblos, enseñando y siguiendo su camino hacia Jerusalén. Le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Él le dijo: Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos serán los que busquen entrar y no podrán; una vez que el amo de casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: Señor, ábrenos. Él os responderá: No sé de dónde sois.

5-363-432 “Salv./Cond.”
13,26-28

Entonces comenzaréis a decir: Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas. Él dirá: Os repito que no sé de dónde sois. Apartaos de mí todos, obradores de iniquidad. Allí habrá llanto y crujir de dientes cuando viereis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros seréis arrojados fuera.

5-363-432 “Salv./Cond.”
13,29-30

Vendrán de oriente y de occidente, del septentrión y del mediodía, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios, y los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.

5-363-432 “Salv./Cond.”
13,31-33 La astucia de Herodes
13,31-33

En aquella hora se le acercaron algunos fariseos, diciéndole: Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte. Él les dijo: Id y decid a esa raposa: Yo expulso demonios y hago curaciones hoy, y las haré mañana, y al día tercero habré llegado a mi término. Pues he de andar hoy, y mañana, y al día siguiente, porque no conviene que un profeta perezca fuera de Jerusalén.

5-363-432 “Salv./Cond.”
13,34-35 Apóstrofe sobre Jerusalén
13,34-35

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como el ave a su nidada debajo de las alas, y no quisiste! Se os deja vuestra casa. Os digo que no me veréis hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”.*

5-363-432 “Salv./Cond.”
14,1-6 Hidrópico curado, en sábado
14,1-6

Habiendo entrado en casa de uno de los principales fariseos para comer en día de sábado, le estaban observando. Había delante de Él un hidrópico. Y tomando Jesús la palabra, habló a los doctores de la Ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado o no? Ellos guardaron silencio. Y asiéndole, le curó y le despidió, y les dijo: ¿Quién de vosotros, si su hijo o su buey cayere en un pozo, no saca al instante en día de sábado? Y no podían replicar a esto.

5-335-228 “Dios/Reino”
14,7-11 Invitación a la modestia
14,7-11

Decía a los invitados una parábola, observando cómo escogían para sí los primeros puestos: Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que venga otro más honrado que tú, invitado por el mismo, y llegando el que al uno y al otro os invitó, te diga: Cede a éste tu puesto, y entonces, con vergüenza, vayas a ocupar el último lugar. Cuando seas invitado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces tendrás gran honor en presencia de todos los comensales, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

5-335-228 “Dios/Reino”
14,12-14 Sobre la elección de los invitados
14,12-14

Dijo también al que le había invitado: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a los parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te inviten y tengas ya tu recompensa. Cuando hagas una comida, llama a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos, y tendrás la dicha de que no puedan pagarte, porque recibirás recompensa en la resurrección de los justos.

5-335-228 “Dios/Reino”
14,15-24 Parábola de los invitados descorteses
14,15-24

Oyendo esto, uno de los invitados dijo: Dichoso el que coma pan en el Reino de Dios. Él le contestó: Un hombre hizo un gran banquete e invitó a muchos. A la hora del banquete envió a su siervo a decir a los invitados: Venid, que ya está preparado todo. Pero todos unánimemente comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado un campo y tengo que salir a verlo; te ruego que me des por excusado. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y tengo que ir a probarlas; ruégote que me des por excusado. Otro dijo: He tomado mujer y no puedo ir. Vuelto el siervo, comunicó a su amo estas cosas. Entonces el amo de la casa, irritado, dijo a su siervo: Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad, y a los pobres, tullidos, ciegos y cojos tráelos aquí. El siervo le dijo: Señor, está hecho lo que mandaste y aún queda lugar, y dijo el amo al siervo: Sal a los caminos y a los cercados, y obliga a entrar, para que se llene mi casa, porque os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados gustará mi cena.

5-335-228 “Dios/Reino”
14,25-35 Necesidad de la abnegación para tomar la cruz
14,25-27

Se le juntó numerosa gente, y, vuelto a ella, les decía: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no toma su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

4-281-347 “Sacerdotes”
14,28-32

¿Quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, echados los cimientos y no pudiendo acabarla, todos cuantos lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar. ¿O qué rey, saliendo a campaña para guerrear con otro rey, no considera primero y delibera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Si no, hallándose aún lejos aquél, le envía una embajada haciéndole proposiciones de paz.

4-281-347 “Sacerdotes”
14,33-33

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.

4-281-347 “Sacerdotes”
14,34-35

Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra es útil, ni aun para el estercolero; la tiran fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga.

3-169-61 “Sacerdotes”
15,1-2 Censura de los fariseos.
15,1-2

Se acercaban a Él todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y escribas murmuraban: Éste acoge a los pecadores y come con ellos.

2-97-100 “Iglesia”
15,3-7 Parábola de la oveja perdida
15,3-7

Les propuso esta parábola, diciendo: ¿Quién habrá entre vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en el desierto y vaya en busca de la perdida hasta que la halle? Y una vez hallada, la pone alegre sobre sus hombros, y vuelto a casa convoca a los amigos y vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja perdida. Yo os digo que en el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia.

4-233-27 “M.Magdalena”
15,8-10 Parábola de la dracma perdida
15,8-10

¿O qué mujer que tenga diez dracmas, si pierde una, no enciende la luz, barre la casa y busca cuidadosamente hasta hallarla? Y una vez hallada, convoca a las amigas y vecinas, diciendo: Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido. Tal os digo que será la alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia.

4-241-68 “M.Magdalena”
15,11-32 Parábola del hijo pródigo
15,11-19

Y añadió: Un hombre tenía dos hijos, y dijo el más joven de ellos al padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Les dividió la hacienda, y pasados pocos días, el más joven, reuniéndolo todo, partió a una tierra lejana, y allí disipó toda su hacienda viviendo disolutamente. Después de haberlo gastado todo sobrevino una fuerte hambre en aquella tierra, y comenzó a sentir necesidad. Fue y se puso a servir a un ciudadano de aquella tierra, que le mandó a sus campos a apacentar puercos. Deseaba llenar su estómago de las algarrobas que comían los puercos, y no le era dado. Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo aquí me muero de hambre! Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.

3-205-295 “M.Magdalena”
15,20-24

Y levantándose, se vino a su padre. Cuando aún estaba lejos, le vio el padre, y, compadecido, corrió a él y se arrojó a su cuello y le cubrió de besos. Díjole el hijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, traed la túnica más rica y vestídsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies, y traed un becerro bien cebado y matadle, y comamos y alegrémonos, porque este mi hijo, que había muerto, ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y se pusieron a celebrar la fiesta.

3-205-295 “M.Magdalena”
15,25-32

El hijo mayor se hallaba en el campo, y cuando, de vuelta, se acercaba a la casa, oyó la música y los coros; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar un becerro cebado, porque le ha recobrado sano. Él se enojó y no quería entrar; pero su padre salió y le llamó. Él respondió y dijo a su padre: Hace ya tantos años que te sirvo sin jamás haber traspasado tus mandatos, y nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos, y al venir este hijo tuyo, que ha consumido su fortuna con meretrices, le matas un becerro cebado. Él le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todos mis bienes tuyos son; mas era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.

3-205-295 “M.Magdalena”
16,1-13 Parábola del administrador infiel y astuto
16,1-7

Decía a los discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, el cual fue acusado de disiparle la hacienda. Llamóle y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir de mayordomo. Y se dijo para sí el mayordomo: ¿Qué haré, pues mi amo me quita la mayordomía? Cavar no puedo, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que he de hacer para que, cuando me destituya de la mayordomía, me reciban en sus casas. Llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo, siéntate al instante y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él dijo: Cien quintales de trigo. Díjole: Toma tu recibo y escribe ochenta.

6-381-131 “Riqueza/Pobr.”
16,8-8

El amo alabó al mayordomo infiel por haber obrado sagazmente, pues los hijos de este siglo son más astutos que los hijos de la luz para tratar a sus semejantes.

6-381-131 “Riqueza/Pobr.”
16,9-12

Y yo os digo: Con las riquezas injustas, haceos amigos, para que, cuando éstas falten, os reciban en los eternos tabernáculos. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho; y el que en lo poco es infiel, también es infiel en lo mucho. Si vosotros, pues, no sois fieles en las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si en lo ajeno no sois fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

6-381-131 “Riqueza/Pobr.”
16,13-13

Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

6-381-131 “Riqueza/Pobr.”
16,14-15 Reprensión a los fariseos
16,14-15

Oían estas cosas los fariseos, que son avaros, y se burlaban de Él. Y les dijo: Vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es para los hombres estimable, es abominable ante Dios.

6-381-140 “Dios/Reino”
16,16-17 La Ley y los Profetas
16,16-17

La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia el Reino de Dios y cada cual ha de esforzarse para entrar en él. Pero es más fácil que pasen el cielo y la tierra que dejar a un lado una sola letra de la Ley.

6-381-140 “Dios/Reino”
16,18-18 Divorcio-Adulterio
16,18-18

Todo hombre que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio. Y el que se casa con una mujer divorciada de su marido, comete adulterio.

6-381-140 “Familia”
16,19-31 El rico Epulón y el pobre Lázaro.- Entre nosotros y vosotros hay un gran abismo
16,19-22

Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros venían a lamerle las úlceras. Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

3-191-207 “Demonio/Inf.”
16,23-26

En el infierno, en medio de los tormentos, levantó sus ojos y vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lázaro recibió males, y ahora él es aquí consolado y tú eres atormentado. Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros.

3-191-207 “Demonio/Inf.”
16,27-31

Y dijo el rico: Te ruego, padre, que siquiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento. Y dijo Abraham: Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. Él dijo: No, padre Abraham; pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se dejarán persuadir si un muerto resucita.

3-191-207 “Demonio/Inf.”
17,1-2 El escándalo. Escándalo a los pequeños
17,1-2

Dijo a sus discípulos: Es inevitable que haya escándalos; sin embargo, ¡ay de aquel por quien vengan! Mejor le fuera que le atasen al cuello una rueda de molino y le arrojasen al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeños.

5-352-343 “Dios/Reino”
17,3-4 El perdón del prójimo
17,3-4

Fijaos bien. Si peca tu hermano contra ti, corrígele, y si se arrepiente, perdónale. Si siete veces al día peca contra ti y siete veces se vuelve a ti diciéndote: Me arrepiento, le perdonarás.

6-423-391 “Judas Isc.”
17,5-6 El poder de la fe
17,5-6

Dijeron los apóstoles al Señor: Acrecienta nuestra fe. Dijo el Señor: Si tuvierais fe tanto como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate y trasplántate en el mar, y él os obedecería.

6-408-294 “Fe”
17,7-10 Siervos inútiles ante el Señor
17,7-10

¿Quién de vosotros, teniendo un siervo arando o apacentando el ganado, al volver él del campo le dice: Pasa en seguida y siéntate a la mesa, y no le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete para servirme hasta que yo coma y beba, y luego comerás y beberás tú? ¿Deberá gratitud al siervo, porque hizo lo que se le había ordenado? Así también vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: Somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer, eso hicimos.

6-422-386 “Judas Isc.”
17,11-19 Los diez leprosos curados
17,11-14

Yendo hacia Jerusalén, atravesaba por entre la Samaria y la Galilea, y entrando en un pueblo, le vinieron al encuentro diez leprosos, que a lo lejos se pararon, y levantando la voz, decían: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. Viéndolos, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. En el camino quedaron limpios.

7-483-356

“Fe”

17,15-19

Uno de ellos, viéndose curado, volvió glorificando a Dios a grandes voces; y cayendo a sus pies, rostro a tierra, le daba las gracias. Era un samaritano. Tomando Jesús la palabra, dijo: ¿No han sido diez los curados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete, tu fe te ha salvado.

7-483-356

“Fe”

17,20-21 La venida del Reino de Dios
17-20-21

Preguntado por los fariseos acerca de cuándo llegaría el Reino de Dios, respondióles y dijo: No viene el Reino de Dios ostensiblemente. Ni podrá decirse: Helo aquí o allí, porque el Reino de Dios está dentro de vosotros.

7-486-371 “Dios/Reino”
17,22-37 La segunda venida del Hijo del hombre
17,22-25

Dijo además a los discípulos: Llegará tiempo en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. Os dirán: Helo allí o helo aquí. No vayáis ni le sigáis, porque así como el rayo relampaguea y fulgura desde un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes ha de padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

7-486-371 “Jesús Red.”
17,26-30

Como sucedió en los días de Noé, así será en los días del Hijo del hombre. Comían y bebían, tomaban mujer los hombres, y las mujeres marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban; pero en cuanto Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, que los hizo perecer a todos. Así será el día en que el Hijo del hombre se revele.

9-596-367 “Fin Mundo”
17,31-35

Aquel día, el que esté en el terrado y tenga en casa sus enseres, no baje a tomarlos; e igualmente el que esté en el campo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. El que busque guardar su vida, la perderá, y el que la perdiere, la conservará. Dígoos que en aquella noche estarán dos en una misma cama: uno será tomado y otro dejado. Estarán dos moliendo juntas: una será tomada y otra será dejada.

9-596-367 “Fin Mundo”
17,36-37

Y, tomando la palabra, le dijeron: ¿Dónde sucederá eso, Señor? Y les respondió: Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres.

9-596-367 “Fin Mundo”
18,1-8 Parábola del juez inicuo y la viuda
18,1-5

Les dijo una parábola para mostrar que es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer, diciendo: Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había asimismo en aquella ciudad una viuda que vino a él, diciendo: Hazme justicia contra mi adversario. Por mucho tiempo no le hizo caso; pero luego se dijo para sí: Aunque, a la verdad, yo no tengo temor de Dios ni respeto a los hombres, mas, para quitarme de encima tanta molestia, le haré justicia a la viuda.

8-505-31
8-505-31
“Oración”
“Fe”
18,6-8

Y el Señor dijo: ¿Os habéis fijado en las palabras que dice este juez inicuo? Ahora bien, ¿Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aun cuando los haga esperar? Os digo que hará justicia prontamente. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

8-505-31
8-505-31
“Oración”
“Fe”
18,9-14 Parábola del fariseo y del publicano
18,9-14

Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: ¡Oh Dios!, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo. El publicano se quedó allá lejos y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo, y hería su pecho, diciendo: ¡Oh Dios, sé propicio a mí, pecador! Os digo que bajó éste justificado a su casa y no aquél. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

8-523-165 “Amor”
18,15-17 Los niños vienen a Jesús
18,15-17

También le presentaban niños para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos los reprendían. Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis, que de ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

6-378-121 “Dios/Reino”
18,18-27 Encuentro con el joven rico
18,18-25

Cierto hombre importante le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los preceptos: No adulterarás, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre. Díjole él: Todos esos preceptos los he guardado desde la juventud. Oyendo esto Jesús, le dijo: Aún te queda una cosa: Vende cuanto tienes y repártelo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. Él, oyendo esto, se entristeció, porque era muy rico. Viéndolo Jesús, dijo: ¡Qué difícilmente entran en el Reino de Dios los que tienen riquezas! Porque más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.

9-576-176 “Riqueza/Pobr.”
18,26-27

Dijeron los que le oían: Entonces, ¿quién puede salvarse? Él respondió: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios.

9-576-176 “Riqueza/Pobr.”
18,28-30 Recompensa a quien todo renuncia por Cristo
18,28-30

Pedro le dijo entonces: Pues nosotros, dejando todo lo que teníamos, te hemos seguido. Él les dijo: En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por amor al Reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo y la vida eterna en el venidero.

9-576-176 “Riqueza/Pobr.”
18,31-34 Tercer anuncio de la Pasión
18,31-34

Tomando aparte a los doce, les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas del Hijo del hombre, que será entregado a los gentiles, y escarnecido, e insultado, y escupido, y después de haberle azotado, le quitarán la vida, y al tercer día resucitará. Pero ellos no entendían nada de esto, eran cosas ininteligibles para ellos, no entendían lo que les decía.

9-577-179 “Jesús Red.”
18,35-43 Curación del ciego de Jericó
18,35-43

Acercándose a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna. Oyendo a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Le contestaron que era Jesús Nazareno que pasaba. Él se puso a gritar, diciendo: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí. Los que iban en cabeza le reprendían para que callase, pero él gritaba cada vez más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. Deteniéndose Jesús, mandó que se lo llevasen, y cuando se le hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Dijo él: Señor, que vea. Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo, y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Todo el pueblo que esto vio daba gloria a Dios.

9-580-204 “Fe”
19,1-10 Conversión de Zaqueo el publicano
19,1-6

Entrando, atravesó Jericó. Había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Hacía por ver a Jesús, pero a causa de la muchedumbre no podía, porque era de poca estatura. Corriendo adelante, se subió a un sicómoro para verle, pues había de pasar por allí. Cuando llegó a aquel sitio, levantó los ojos Jesús y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy me hospedaré en tu casa. Él bajó a toda prisa y le recibió con alegría.

6-417-350 “Salv./Cond.”
19,7-10

Viéndolo, todos murmuraban de que hubiera entrado a alojarse en casa de un hombre pecador. Zaqueo, en pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuádruplo. Díjole Jesús: Hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto éste es también hijo de Abraham; pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

6-417-350 “Salv./Cond.”
19,11-27 Parábola de las minas
19,11-13

Oyendo ellos esto, añadió Jesús una parábola, por cuanto estaba próximo a Jerusalén y les parecía que el Reino de Dios iba a manifestarse luego. Dijo, pues: Un hombre noble partió para una región lejana a recibir la dignidad real y volverse; llamando a diez siervos suyos, les entregó diez minas y les dijo: Negociad mientras vuelvo.

4-281-347 “Sacerdotes”
19,14-14

Sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron detrás de él una comisión encargada de decir: No queremos que éste reine sobre nosotros.

19,15-26

Sucedió que, al volver él después de haber recibido el reino, hizo llamar a aquellos siervos a quienes había entregado el dinero para saber cómo habían negociado. Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha producido diez minas. Díjole: Muy bien, siervo bueno; puesto que has sido fiel en lo poco, recibirás el gobierno de diez ciudades. Vino el segundo, que dijo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Díjole también a éste: Y tú recibe el gobierno de cinco ciudades. Llega el otro, diciendo: Señor, ahí tienes tu mina, que tuve guardada en un pañuelo, pues tenía miedo de ti, que eres hombre severo, que quieres recoger lo que no pusiste y segar donde no sembraste. Díjole: Sabías que soy hombre severo, que tomo de donde no deposité y siego donde no sembré; ¿por qué, pues, no diste mi dinero al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido con los intereses? Y dijo a los presentes: Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez. Le dijeron: Señor, tiene ya diez minas. Díjoles: Os digo que a todo el que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

4-281-347 “Sacerdotes”
19,27-27

Cuanto a esos mis enemigos que no quisieron que yo reinase sobre ellos, traedlos acá y delante de mí degolladlos.

19,28-34 Preparativos de la entrada triunfal en Jerusalén
19,28-34

Después de haber dicho estas cosas, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, en el monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: Id a la aldea de enfrente, y, entrando en ella, hallaréis un pollino atado, que todavía no ha sido montado por nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguno os dijere: ¿Por qué lo soltáis?, diréis así: El Señor tiene de él necesidad. Fueron los enviados y lo hallaron así como les había dicho. Desatando ellos el pollino, les dijeron sus amos: ¿Por qué desatáis el pollino? Les respondieron: El Señor tiene necesidad de él.

9-590-291 “Jesús Red.”
19,35-40 Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén
19,35-40

Lo llevaron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, montaron a Jesús. Según Él iba, extendían sus vestidos en el camino. Cuando ya se acercaba a la bajada del monte de los Olivos, comenzó la muchedumbre de los discípulos a alabar alegre a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo: “¡Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor! * ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Algunos fariseos de entre la muchedumbre le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él contestó y dijo: Os digo que, si ellos callasen, gritarían las piedras.

9-590-297 “Jesús Red.”
19,41-44 El llanto de Jesús sobre Jerusalén
19,41-44

Así que estuvo cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora está oculto a tus ojos. Porque días vendrán sobre ti, y te rodearán de trincheras tus enemigos, y te cercarán, y te estrecharán por todas partes, y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo en que Dios te venía a visitar.

9-590-293 “Jesús Red.”
19,45-48 Expulsión de los mercaderes del templo
19,45-48

Entrando en el templo, comenzó a echar a los vendedores, diciéndoles: Escrito está: Y será mi casa, casa de oración; * pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones. * Enseñaba cada día en el templo; pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, así como las autoridades del pueblo, buscaban acabar con Él, y no sabían cómo hacerlo, porque el pueblo todo estaba pendiente de Él escuchándole.

9-590-297 “Jesús Red.”
20,1-8 Origen del poder Jesús y del bautismo de Juan
20,1-8

Aconteció uno de aquellos días que, enseñando Él al pueblo en el templo y evangelizándolo, se presentaron los príncipes de los sacerdotes y los escribas con los ancianos, y le dirigieron la palabra, diciendo: Dinos con qué poder haces estas cosas o quién te ha dado ese poder. Tomando la palabra, les dijo: También quiero yo haceros una pregunta; decidme, pues: El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de los hombres? Ellos comenzaron a cavilar entre sí, diciéndose: Si decimos: Del cielo, dirá: ¿Por qué no habéis creído en él? Si decimos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque está persuadido de que Juan era un profeta. Así, respondieron que no sabían de dónde procedía. Jesús les dijo: Tampoco yo os digo con qué poder hago estas cosas.

9-592-320 “Jesús Red.”
20,9-19 Parábola de los viñadores asesinos
20,9-15

Y comenzó a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos viñadores y se partió de viaje para largo tiempo. Al tiempo oportuno envió un siervo a los viñadores para que le diesen de los frutos de la viña; pero los viñadores le azotaron y le despidieron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo, y a éste también le azotaron, le ultrajaron y le despacharon de vacío. Aún les envió un tercero. Y también a éste le echaron fuera después de haberle herido. Dijo entonces el amo de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; a lo menos a éste le respetarán. Pero, en viéndole los viñadores, se hablaron unos a otros, diciendo: Éste es el heredero; matémosle y será nuestra la heredad. Y, arrojándole fuera de la viña, le mataron. Ahora bien, ¿qué hará, con ellos el amo de la viña?

9-592-320 “Jesús Red.”
20,16-17

Vendrá y hará perecer a esos agricultores y dará la viña a otros. En ese momento, los oyentes le dijeron: No ocurra tal. Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: Pues ¿qué significan estas palabras de la Escritura: “La piedra que desecharon los edificadores, ésa ha venido a ser la piedra principal”? *

9-592-320 “Jesús Red.”
20,18-19

Todo el que cayere contra esa piedra se quebrará, y aquel sobre quien ella cayere quedará aplastado. Los escribas y los príncipes de los sacerdotes quisieron echarle mano en aquella hora, porque conocieron que a ellos iba dirigida aquella parábola; pero temieron al pueblo.

9-592-320 “Jesús Red.”
20,20-26 El tributo al César
20,20-26

Entonces se pusieron a acecharlo y enviaron espías, que se presentaron como varones justos, para sorprenderle en su doctrina, y así entregarle a la autoridad y poder del gobernador. Le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y no tienes miramientos, sino que enseñas según la verdad los caminos de Dios. ¿Nos es lícito a nosotros pagar tributo al César o no? Viendo Él su malicia, les dijo: Mostradme un denario. ¿De quién es la efigie y la inscripción que tiene? Dijeron: Del César. Y Él les respondió: Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No pudiendo sorprenderle en sus palabras delante del pueblo, y maravillados de su respuesta, callaron.

9-594-332 “Jesús Red.”
20,27-40 Saduceos y la resurrección de los muertos
20,27-36

Se acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir con mujer, pero sin hijos, su hermano tome la mujer para dar descendencia a su hermano. Pues había siete hermanos, y el primero tomó mujer y murió sin dejar hijos. También el segundo y el tercero se casaron con la viuda, e igualmente los siete, y no dejaron hijos y murieron. Por fin murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer. Díjoles Jesús: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de los muertos, ya no se casarán. Y tampoco morirán porque serán semejantes a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

9-594-332 “Muerte/Res.”
20,37-40

En cuanto a la resurrección de los muertos, el mismo Moisés lo da a entender en el pasaje de la Zarza, en el que llama al Señor, “Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. * Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él siguen viviendo. Algunos escribas le dijeron: Maestro, has hablado muy bien. Y ya no se atrevían a proponerle ninguna cuestión.

9-594-332 “Muerte/Res.”
20,41-44 La cuestión del origen del Mesías
20,41-44

Entonces les dijo Él: ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies”. * Pues si David le llama Señor, ¿cómo es hijo suyo?

9-596-339 “Dios/Reino”
20,45-47 Guardaos de los escribas
20,45-47

Oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos: Guardaos de los escribas, que gustan de ir vestidos de largas túnicas, y buscan los saludos en las plazas, y los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los convites, mientras devoran las casas de las viudas y hacen ostentación de largas oraciones. Estos tendrán un juicio más severo.

9-596-345 “Jesús Red.”
21,1-4 El óbolo de la viuda
21,1-4

Levantando la vista, vio ricos que echaban sus ofrendas para el templo. Y vio también a una viuda pobre que echaba dos moneditas, y dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más que todos los otros, porque los demás echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba, mientras que ésta echó de su indigencia todo lo que tenía para el sustento.

9-596-342 “Riqueza/Pobr.”
21,5-38 Destrucción de Jerusalén y Fin del mundo

Destrucción del templo

21,5-6

Algunos le hablaban del templo, que estaba edificado de hermosas piedras y de ricos adornos regalados. Les dijo: De todo esto que veis, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea demolida.

9-596-367 “Fin Mundo”
21,7-7

Le preguntaron: ¿Y cuándo sucederá esto y cuál es la señal de que estas cosas estén a punto de suceder?

9-596-367 “Fin Mundo”

Tiempos de angustia

21,8-11 Él les dijo: Mirad que nadie os engañe, porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Soy yo” y “El tiempo está cerca”. No los sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revueltas, no os asustéis; pues es preciso que sucedan estas cosas primero, pero no vendrá luego el fin. Después les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos lugares, hambres, pestes, espantos y grandes señales del cielo. 9-596-367 “Fin Mundo”

Persecución de los discípulos

21,12-19

Pero antes de todo esto pondrán sobre vosotros las manos y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y metiéndoos en prisión, conduciéndoos ante los reyes y gobernadores por amor de mi nombre. Será para vosotros ocasión de dar testimonio. No os olvidéis entonces de lo que ahora os advierto: de no preocuparos de vuestra defensa, porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados aun por los padres, por los hermanos, por los parientes y por los amigos, y harán morir a muchos de vosotros, y seréis aborrecidos de todos a causa de mi nombre. Pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza. Con vuestra paciencia compraréis la salvación de vuestras almas.

9-596-367 “Fin Mundo”

La ruina de Jerusalén

21,20-24

Cuando viereis a Jerusalén cercada por los ejércitos, entended que se aproxima su desolación. Entonces los que estén en Judea huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, retírense; quienes en los campos, no entren en ella, porque días de venganza serán ésos, para que se cumpla todo lo que está escrito. ¡Ay entonces de las encintas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre la tierra y gran cólera contra este pueblo. Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos entre todas las naciones, y Jerusalén será hollada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.

9-596-367 “Fin Mundo”

La venida del Hijo del hombre

21,25-27

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, perturbación de las naciones, aterradas por los bramidos del mar y la agitación de las olas. Los hombres morirán de espanto por el terror y el ansia de lo que viene sobre la tierra, pues los poderes celestes se conmoverán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y majestad grandes.

9-596-367 “Fin Mundo”

Señales de la proximidad del Reino de Dios

21,28-33

Por eso, cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo una parábola: Ved la higuera y todos los árboles; cuando echan ya brotes, viéndolos, conocéis por ellos que se acerca el verano. Así también vosotros, cuando veáis estas cosas, conoced que está cerca el Reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación antes que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

9-596-367 “Fin Mundo”

Necesidad de velar

21,34-36

Estad atentos, no sea que se endurezcan vuestros corazones por los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y de repente venga sobre vosotros aquel día como un lazo; porque vendrá sobre todos los moradores de la tierra. Velad, pues, en todo tiempo y orad, para que podáis evitar todo esto que ha de venir y comparecer ante el Hijo del hombre.

9-596-367 “Fin Mundo”
21,37-38

Enseñaba durante el día en el templo, y por la noche salía para pasarla en el monte llamado de los Olivos. Todo el pueblo madrugaba para escucharle en el templo.

(9-593-325)
(9-595-337)
(9-597-375)
(“Jesús Red.”)
(“Jesús Red.”)
(“Jesús Red.”)
22,1-6 Conspiración contra Jesús: Judíos-Judas Iscariote
22,1-2

Estaba cerca la fiesta de los Ácimos, que se llama la Pascua. Los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo quitarle de en medio, porque temían al pueblo.

9-588-277 “Jesús Red.”
22,3-6

Pero entró Satanás en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los doce, y fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes y los oficiales sobre la manera de entregárselo. Ellos se alegraron y convinieron con él en darle dinero. Puestos de acuerdo, buscaba ocasión para entregárselo sin ruido.

9-588-277 “Jesús Red.”
22,7-13 Preparativos de la Última Cena
22,7-13

Llegó, pues, el día de los Ácimos, en que habían de sacrificar la Pascua, y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparadnos la Pascua para que la comamos. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Díjoles Él: En entrando en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre y decid al amo de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala en que he de comer la Pascua con mis discípulos? Él os mostrará una sala grande, aderezada; preparadla allí. E idos, encontraron al que les había dicho, y prepararon la Pascua.

9-598-382 “Jesús Red.”
22,14-38 La Última Cena

Cena ardientemente deseada

22,14-18

Cuando llegó la hora se puso a la mesa, y los apóstoles con Él. Y les dijo: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, porque os digo que no la comeré más hasta que sea cumplida en el Reino de Dios. Tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; porque os digo que desde ahora no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.

9-600-399 “Jesús Red.”

Institución de la Eucaristía

22,19-20

Tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Éste es mi Cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Asimismo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza en mi Sangre, que es derramada por vosotros.

9-600-399 “Jesús Red.”

El traidor está a la mesa

22,21-23

Mirad, la mano del que me entrega está conmigo a la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según está decretado, pero ¡ay de aquel por quien será entregado! Ellos comenzaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos sería el que había de hacer esto.

9-600-399 “Jesús Red.”

Cuestión de la primacía

22,24-27

Se suscitó entre ellos una discusión sobre quién de ellos había de ser tenido por mayor. Él les dijo: Los reyes de las naciones imperan sobre ellas, y los que ejercen la autoridad sobre las mismas son llamados bienhechores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros será como el menor, y el que manda como el que sirve. Porque ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está sentado? Pues yo estoy en medio de vosotros como quien sirve.

9-600-399 “Jesús Red.”
22,28-30

Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas, y yo dispongo del Reino en favor vuestro, como mi Padre ha dispuesto de él en favor mío, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos como jueces de las doce tribus de Israel.

9-600-399 “Jesús Red.”

La prueba de Pedro y el vaticinio de la negación

22,31-34

Simón, Simón, Satanás os busca para sacudiros como se hace con el trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. Pedro le dijo: Señor, preparado estoy para ir contigo no sólo a la prisión, sino a la muerte. Él dijo: Yo te aseguro, Pedro, que hoy mismo antes de que cante el gallo me habrás negado hasta tres veces el haberme conocido.

9-600-399 “Jesús Red.”

La gran prueba se acerca

22,35-38

Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforjas, sin sandalias, ¿os faltó alguna cosa? Dijeron ellos: Nada. Y les añadió: Pues ahora el que tenga bolsa, tómela, e igualmente las alforjas, y el que no la tenga, venda su manto y compre una espada. Porque os digo que ha de cumplirse en mí esta escritura: “Fue contado entre los malhechores”; * porque también lo que a mí toca llega a su término. Ellos le dijeron: Aquí hay dos espadas. Les respondió: ¡Basta ya!

9-600-399 “Jesús Red.”
(22-23) PASIÓN Y MUERTE DE JESUCRISTO
22,39-46 La oración en el huerto de Getsemaní
22,39-44

Saliendo, se fue, según costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron también sus discípulos. Llegado allí, les dijo: Orad para que no entréis en tentación. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Se le apareció un ángel del cielo que le confortaba. Lleno de angustia, oraba con más instancia; y sudó como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra.

9-602-433 “Jesús Red.”
22,45-46

Levantándose de la oración vino a sus discípulos, encontrándoles adormilados por la tristeza. Les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no os venza la prueba.

9-602-433 “Jesús Red.”
22,47-53 Prendimiento de Jesús
22,47-51

Aún estaba Él hablando, y he aquí que llegó una turba, y el llamado Judas, uno de los doce, los precedía, el cual, acercándose a Jesús, le besó. Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Los discípulos comprendieron lo que iba a suceder, y le dijeron: ¿Herimos con la espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Tomando Jesús la palabra, le dijo: Basta ya. Dejad; y tocando la oreja, le curó.

9-602-433 “Jesús Red.”
22,52-53

Dijo Jesús a los jefes de los sacerdotes, oficiales del templo y ancianos que hablan venido contra Él: ¿Como contra un ladrón habéis venido con espadas y garrotes? Estando yo cada día en el templo con vosotros, no me detuvisteis; pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.

9-602-433 “Jesús Red.”
22,54-65 En casa del sumo sacerdote

Las tres negaciones de Pedro

22,54-60

Apoderándose de Él, le llevaron e introdujeron en casa del sumo sacerdote; Pedro le seguía de lejos. Habiendo encendido fuego en medio del atrio y sentándose, Pedro se sentó también entre ellos. Viéndole una sierva sentado a la lumbre y fijándose en él, dijo. Éste estaba también con Él. Él lo negó, diciendo: No le conozco, mujer. Después de poco, le vio otro, y dijo: Tú eres también de ellos. Pedro dijo: Hombre, no soy. Transcurrida cosa de una hora, otro insistió, diciendo: En verdad que éste estaba con Él, porque es galileo. Dijo Pedro: Hombre, no sé lo que dices. Al instante, hablando aún él, cantó el gallo.

10-604-2 “Jesús Red.”
22,61-62

El Señor se volvió, y miró a Pedro. Entonces Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: Antes que el gallo cante hoy me negarás tres veces; y, saliendo fuera, lloró amargamente.

10-604-2 “Jesús Red.”

Jesús es escarnecido

22,63-65

Los que le guardaban se burlaban de Él y le maltrataban, y, vendándole, le preguntaban, diciendo: Profetízanos, ¿quién es el que te hirió? Y otras muchas injurias proferían contra Él.

10-604-2 “Jesús Red.”
22,66-71 Procesado ante el consejo judío
22,66-69

Cuando fue de día se reunió el consejo de los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le condujeron ante su tribunal, diciendo: Si eres el Mesías, dínoslo. Él les contestó: Si os lo dijere, no me creeréis; y si os preguntare, no responderéis; pero el Hijo del hombre estará sentado desde ahora a la diestra del poder de Dios.

10-604-2 “Jesús Red.”
22,70-71

Todos dijeron: Luego ¿eres tú el Hijo de Dios? Les dijo: Vosotros lo decís, yo soy. Dijeron ellos: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

10-604-2 “Jesús Red.”
23,1-25 Procesado ante Pilatos
23,1-5

Se levantó todo el consejo, le llevaron ante Pilatos. Ahí comenzaron a acusarle: Hemos encontrado a éste agitando a nuestro pueblo; prohíbe pagar tributo al César y dice ser Él el Mesías rey. Pilatos le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Él respondió: Tú lo dices. Pilatos dijo a los príncipes de los sacerdotes y a la muchedumbre: Ningún delito hallo en este hombre. Pero ellos insistían, diciendo: Subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde Galilea hasta aquí.

10-604-2 “Jesús Red.”

Presentación a Herodes

23,6-12

Oyendo esto Pilatos, preguntó si aquel hombre era galileo, y enterado de que era de la jurisdicción de Herodes, le envió a éste, que estaba también en Jerusalén por aquellos días. Viendo Herodes a Jesús, se alegró mucho, pues desde hacía bastante tiempo deseaba verle, porque había oído hablar de Él y esperaba que hiciera algún milagro en su presencia. Le hizo bastantes preguntas, pero Él no contestó nada. Estaban presentes los príncipes de los sacerdotes y los escribas, que insistentemente le acusaban. Herodes, con su escolta, le despreció, y por burla le vistió una vestidura blanca y se lo devolvió a Pilatos. En aquel día se hicieron amigos uno del otro, Herodes y Pilatos, pues antes eran enemigos.

10-604-2 “Jesús Red.”

Jesús o Barrabás

23,13-19

Pilatos, convocando a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo: Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo, y habiéndole interrogado yo ante vosotros, no hallé en Él delito alguno de los que alegáis contra Él. Y ni aun Herodes, pues nos lo ha vuelto a enviar. Nada, pues, ha hecho digno de muerte. Le corregiré y le soltaré. Tenía que soltarles uno por la fiesta. Pero todos a una comenzaron a gritar: Quítale y suéltanos a Barrabás. Barrabás había sido encarcelado por un motín ocurrido en la ciudad y por homicidio.

10-604-2 “Jesús Red.”

Jesús es condenado

23,20-25

De nuevo Pilatos se dirigió a ellos, queriendo librar a Jesús. Pero ellos gritaban diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Por tercera vez les dijo: ¿Qué mal ha hecho? Yo no encuentro en Él nada digno de muerte; le corregiré y le soltaré. Pero ellos, a grandes voces, instaban pidiendo que fuese crucificado, y sus voces prevalecieron. Decidió, pues, Pilatos acceder a su petición. Soltó al que por motín y homicidio había sido puesto en la cárcel, según le pedían, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

10-604-2 “Jesús Red.”
23,26-32 Camino del Calvario
23,26-26

Cuando le llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús.

10-608-53 “Jesús Red.”
23,27-31

Le seguía una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él. Vuelto a ellas Jesús, dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque días vendrán en que se dirá: Dichosas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojalá los montes caigan sobre nosotros! ¡Ojalá que los collados nos ocultaran!, * porque si así tratan al leño verde, ¿qué harán con el seco?

10-608-53 “Jesús Red.”
23,32-32

Con Él llevaban otros dos malhechores para ser ejecutados.

10-608-53 “Jesús Red.”
23,33-43 Crucifixión

Perdónalos porque no saben lo que hacen

23,33-34

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Mientras tanto, Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Después se repartieron sus vestidos, echando suerte sobre ellos.

10-609-69 “Jesús Red.”

Escarnecido por los judíos y los soldados

23,35-38

El pueblo estaba allí mirando, y los príncipes de los sacerdotes mismos se burlaban, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo si es el Mesías de Dios, el Elegido. Y le escarnecían también los soldados, que se acercaban a Él ofreciéndole vinagre y diciendo: Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también una inscripción sobre Él: Éste es el Rey de los judíos.

10-609-69 “Jesús Red.”

Hoy estarás conmigo en el paraíso

23,39-43

Uno de los malhechores crucificados le insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate, pues, a ti mismo y a nosotros. Pero el otro, le reprendía, diciendo: ¿Ni tú, que estás sufriendo el mismo suplicio, temes a Dios? En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el digno castigo de nuestras obras; pero éste nada malo ha hecho. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino. Él le dijo: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso.

10-609-69 “Jesús Red.”
23,44-52 Muerte de Jesús
23,44-46

Era ya como la hora de sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona, se oscureció el sol y el velo del templo se rasgó por medio. Jesús, dando una gran voz, dijo: Padre, en tus manos entrego mi espíritu; * y diciendo esto, expiró.

10-609-69 “Jesús Red.”
23,47-49

Viéndolo el centurión, glorificó a Dios, diciendo: verdaderamente, este hombre era justo. Toda la muchedumbre que había asistido a aquel espectáculo, viendo lo sucedido, se volvía hiriéndose el pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido de Galilea estaban a distancia y contemplaban todo esto.

10-609-69 “Jesús Red.”
23,50-52

Un varón de nombre José, que era miembro del consejo, hombre bueno y justo, que no había dado su asentimiento a la resolución y a los actos de aquéllos, originario de Arimatea, ciudad de Judea, que esperaba el Reino de Dios, se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

10-609-69 “Jesús Red.”
23,53-55 Sepultura de Jesús
23,53-55

José de Arimatea, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca, donde ninguno había sido aún sepultado. Era día de la Parasceve y estaba para comenzar el sábado. Las mujeres que habían venido con Él de Galilea le siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue depositado su cuerpo.

10-610-94 “Jesús Red.”
23,56-56 Ungüentos para embalsamar el cuerpo
23,56-56

A la vuelta prepararon aromas y mirra. Durante el sábado se estuvieron quietas por causa del precepto.

10-612-127 “Jesús Red.”
24,1-49 RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO 10-617-169 “Jesús Res.”
24,1-1 Mujeres, al sepulcro con aromas
24,1-1

Mas el primer día de la semana, las mujeres, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo los aromas que habían preparado.

10-619-175 “Jesús Res.”
24,2-8 Aparición de dos ángeles a las mujeres
24,2-8

Y encontraron removida del sepulcro la piedra, y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Estando ellas perplejas sobre esto, se les presentaron dos hombres vestidos de vestiduras deslumbrantes. Mientras ellas se quedaron aterrorizadas y bajaron la cabeza hacia el suelo, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí; ha resucitado. Acordaos cómo os habló estando aún en Galilea, diciendo que el Hijo del hombre había de ser entregado en poder de pecadores, y ser crucificado, y resucitar al tercer día. Ellas se acordaron de las palabras de Jesús.

10-619-175 “Jesús Res.”
24,9-12 Testimonio de las mujeres
24,9-11

Y, volviendo del sepulcro, comunicaron todo esto a los once y a todos los demás. Las que refirieron esto a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María de Santiago y las demás que estaban con ellas. Pero a ellos les parecieron desatinos tales relatos y no las creyeron.

10-619-175 “Jesús Res.”
24,12-12

Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro, e inclinándose vio sólo los lienzos, y se volvió a casa admirado de lo ocurrido.

10-619-175 “Jesús Res.”
24,13-35 Aparición a dos discípulos, camino de Emmaús
24,13-24

El mismo día, dos de ellos iban a una aldea, que dista de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emmaús, y hablaban entre sí de todos estos sucesos. Mientras iban hablando y razonando, el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. Y les dijo: ¿Qué discursos son estos que vais haciendo entre vosotros mientras camináis? Ellos se detuvieron entristecidos, y tomando la palabra uno de ellos por nombre Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no conoce los sucesos en ella ocurridos estos días? Él les dijo: ¿Cuáles? Le respondieron: Lo de Jesús Nazareno, varón profeta, poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado. Nosotros esperábamos que sería Él quien rescataría a Israel; mas, con todo, van ya tres días desde que esto ha sucedido. Nos dejaron estupefactos algunas mujeres de nuestro grupo que, yendo de madrugada al sepulcro, no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles que les dijeron que vivía. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron las cosas como las mujeres decían, pero a Él no le vieron.

10-625-201 “Jesús Res.”
24,25-27

Y Él les dijo: ¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era preciso que el Mesías padeciese esto y entrase en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a Él se refería en todas las Escrituras.

10-625-201 “Jesús Res.”
24,28-29

Se acercaron a la aldea adonde iban, y Él fingió seguir adelante. Obligáronle diciéndole: Quédate con nosotros, pues el día ya declina. Y entró para quedarse con ellos.

10-625-201 “Jesús Res.”
24,30-31

Puesto con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Se les abrieron los ojos y le reconocieron, y desapareció de su presencia.

10-625-201 “Jesús Res.”
24,32-35

Se dijeron uno a otro: ¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras? En el mismo instante se levantaron, y volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los once y a sus compañeros, que les dijeron: El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan.

10-625-201 “Jesús Res.”
24,36-43 Aparición a los apóstoles
24,36-43

Mientras esto hablaban, se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: ¿Por qué os turbáis y por qué suben a vuestro corazón esos pensamientos? Ved mis manos y mis pies, que yo soy. Palpadme y ved, que el espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Diciendo esto, les mostró las manos y los pies. No creyendo aún ellos, en fuerza del gozo y de la admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo que comer? Le dieron un trozo de pez asado, y tomándolo, comió delante de ellos.

10-627-211 “Jesús Res.”
24,44-49 Últimas instrucciones
24,44-49

Jesús les dijo: Esto es lo que yo os había dicho cuando aún estaba con vosotros. Que era preciso que se cumpliera todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos respecto de mí. Entonces les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras, y les dijo que así estaba escrito, que el Mesías padeciese y al tercer día resucitase de entre los muertos, y que se predicase en su nombre, a todas las naciones comenzando por Jerusalén, la penitencia para la remisión de los pecados. Vosotros daréis testimonio de esto. Pues yo os envío sobre vosotros al que mi Padre prometió; por eso, habéis de permanecer en la ciudad hasta que seáis revestidos del poder que viene de lo alto.

10-638-351 “Jesús Res.”
24,50-53 Ascensión
24,50-52a

Les llevó hasta cerca de Betania, y, levantado sus manos, les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo. Ellos se postraron ante Él.

10-638-351 “Jesús Res.”
24,52b-53

Y se volvieron con grande gozo a Jerusalén. Y estaban de continuo en el templo alabando a Dios.

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2,22-24: Éx. 13,2; Lev. 12,8.     2,25-32: Is. 42,6; 49,6.    3,3-6: Is. 40,3.    4,2b-13: Deut. 8,3; Deut. 6,13;  Sal. 91,11;  Deut. 6,16.    4,16-19:  Is. 61,1.   7,24-27: Mal. 3,1.    8,9-10:  Is. 6,9.    9,11-11:  Según la Obra valtortiana, la enseñanza de Jesús versó: sobre la Reencarnación, sobre el Purgatorio y sobre la Vida eterna.  Cfr. 4-272-288 en tema “Muerte/Res.”    10,25-29: Deut. 6,5;  Lev. 19,18.   13,34-35: Sal. 118,26.  19,35-40: Sal. 118,26.   19,45-48: Is. 56,7;  Jer. 7,11.    20,16-17: Sal. 118,22.    20,37-40:  Éx. 3,6.    20,41-44: Sal. 110,1.    22,35-38:  Is. 53,12.    23,27-31: Os. 10,8.  23,44-46:  Sal. 31,6.

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