Correlación con el Evangelio de San Juan

Descargar PDF aquí

Esta sección recoge la correlación que existe entre los episodios del Evangelio de San Juan, y sus equivalentes en la Obra de María Valtorta: «El Evangelio como me ha sido revelado». En la siguiente tabla se señala la ubicación de los diferentes episodios o pasajes del Evangelio de San Juan tanto en los diez Volúmenes de la Obra (indicando Volumen, Capítulo y Página inicial), como en el Tema al que pertenecen, conforme a la composición temática propuesta para la lectura de esta Obra.

Índices Evangelio Juan Episodios del Evangelio de San Juan En los
Volúmenes
Obra MV
En los
Temas
1,1-18 El Verbo de Dios se hizo carne
1,1-18

1 Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba al principio en Dios. 3 Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. 4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. 7 Vino éste a dar testimonio de la luz, para testificar de ella y que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz. 9 Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. 10 Estaba en el mundo y por Él fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoció. 11 Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. 12 Mas a cuantos le recibieron les dio poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre; 13 que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios, son nacidos. 14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan da testimonio de Él clamando: Éste es de quien os dije: El que viene detrás de mí ha pasado delante de mi, porque era primero que yo. 16 Pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia. 17 Porque la Ley fue dada por Moisés, la gracia y la verdad vino por Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, Ése le ha dado a conocer.

1,19-28 Primer testimonio de Juan.- Se presenta como la «voz del que clama en el desierto»
1,19-23

Este es el testimonio de Juan cuando los judíos, desde Jerusalén, le enviaron sacerdotes y levitas para preguntarle: Tú, ¿quién eres? Él confesó y no negó; confesó: No soy yo el Mesías. Le preguntaron: Entonces, ¿qué? ¿Eres Elías? Él dijo: No soy. ¿Eres el Profeta? Y contestó: No. Dijéronle, pues: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: “Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor”, según dijo el profeta Isaías. *

1,24-28

Los enviados eran fariseos, y le preguntaron, diciendo: Pues ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? Juan les contestó, diciendo: Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis, que viene en pos de mí, a quien no soy digno de desatar la correa de la sandalia. Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

 1,29-34 Segundo testimonio de Juan.- Presenta a Jesús, el «Cordero de Dios»
1,29-34

Al día siguiente vio venir a Jesús y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: Detrás de mí viene uno que es antes de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía; mas para que Él fuese manifestado a Israel he venido yo, y bautizo en agua. Y Juan dio testimonio diciendo: Yo he visto al Espíritu descender del cielo como paloma y posarse sobre Él. Yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo. Y yo vi, y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

1,35-51 Jesús llama a sus primeros discípulos
1,35-39

Al día siguiente, otra vez hallándose Juan con dos de sus discípulos, fijó la vista en Jesús, que pasaba, y dijo: He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos, que le oyeron, siguieron a Jesús. Volvióse Jesús a ellos, viendo que le seguían, y les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí, que quiere decir Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, pues, y vieron dónde moraba, y permanecieron con Él aquel día. Era como la hora décima.

1-47-258 “Iglesia”
1,40-41

Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos que oyeron a Juan y le siguieron. Encontró él luego a su hermano Simón y le dijo: Hemos hallado al Mesías, que quiere decir el Cristo.

1-48-262 “Iglesia”
1,42-42

Le condujo a Jesús, que, fijando en él la vista, dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro.

1-49-266 “Iglesia”
1,43-46

Al otro día, queriendo Él salir hacia Galilea, encontró a Felipe, y le dijo Jesús: Sígueme. Era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Encontró Felipe a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, a Jesús, hijo de José de Nazaret. Díjole Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le dijo: Ven y verás.

1-50-274 “Iglesia”
1,47-51

Vio Jesús a Natanael, que venía hacia Él, y dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Natanael le dijo: ¿De dónde me conoces? Contestó Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Natanael le contestó: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús y le dijo: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre.

1-50-274 “Iglesia”
2,1-11 Bodas de Caná
2,1-5

Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado. En esto dijo la madre de Jesús a éste: No tienen vino. Jesús le dijo: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? No es aún llegada mi hora. Dijo la madre a los servidores: Haced lo que Él os diga.

1-52-286 “Iglesia”
2,6-10

Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres metretas. Les dijo Jesús: Llenad las tinajas de agua. Las llenaron hasta el borde, y Él les dijo: Sacad ahora y llevadlo al maestresala. Se lo llevaron, y luego que el maestresala probó el agua convertida en vino —él no sabía de dónde venía, pero lo sabían los servidores, que habían sacado el agua—, llamó al novio y le dijo: Todos sirven primero el vino bueno, y cuando están ya bebidos, el peor; pero tú has guardado hasta ahora el vino mejor.

1-52-286 “Iglesia”
2,11-11

Éste fue el primer milagro que hizo Jesús, en Caná de Galilea, y manifestó su gloria y creyeron en Él sus discípulos.

2,12-12 Residencia en Cafarnaúm
2,12-12

Después de esto bajó a Cafarnaúm Él con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí algunos días.

2,13-22 Mercaderes expulsados del templo
2,13-17

Estaba ya próxima la Pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados; y haciendo de cuerdas un azote, los arrojó a todos del templo, con las ovejas y los bueyes; derramó el dinero de los cambistas y derribó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad de aquí todo eso y no hagáis de la casa de mi Padre casa de negocios. Se acordaron sus discípulos que está escrito: “El celo de tu casa me consume”. *

1-53-291 “Iglesia”
2,18-21

Los judíos tomaron la palabra y le dijeron: ¿Qué señal das para obrar así? Respondió Jesús y dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Replicaron los judíos: Cuarenta y seis años se han empleado en edificar este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días? Pero Él hablaba del templo de su cuerpo.

1-53-291 “Iglesia”
2,22-22

Cuando resucitó, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho.

2,23-25 Primeros frutos del ministerio de Jesús
2,23-25

Al tiempo en que estuvo en Jerusalén por la fiesta de la Pascua creyeron muchos en su nombre viendo los milagros que hacía, pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues Él conocía lo que en el hombre había.

(1-53-291)
(“Iglesia”)
3,1-21 Visita de Nicodemo: Hay que nacer de nuevo.- Para que todo el que crea en Él no perezca
3,1-6

Había un fariseo de nombre Nicodemo, principal entre los judíos, que vino de noche a Jesús y le dijo: Rabí, sabemos que has venido como maestro de parte de Dios, pues nadie puede hacer esos milagros que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad te digo que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el Reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer? Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los cielos. Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu.

2-116-217 “Fe”
3,7-8

No te maravilles de que te he dicho: Es preciso nacer de arriba. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo nacido del Espíritu.

2-116-217 “Fe”
3,9-12

Respondió Nicodemo y dijo: ¿Cómo puede ser eso? Jesús respondió y dijo: ¿Eres maestro en Israel y no sabes esto? En verdad, en verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos y de lo que hemos visto damos testimonio; pero vosotros no recibís nuestro testimonio. Si hablándoos de cosas terrenas no creéis, ¿cómo creeríais si os hablase de cosas celestiales?

2-116-217 “Fe”
3,13-13

Nadie sube al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

2-116-217 “Fe”
3,14-17

A la manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que creyere en Él tenga la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna; pues Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.

2-116-217 “Fe”
3,18-21

El que cree en Él no es juzgado; el que no cree, ya está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y el juicio consiste en que vino la Luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz, no sea que sus obras sean descubiertas y condenadas. Pero el que obra la verdad viene a la luz, para que sus obras sean manifestadas, pues están hechas en Dios.

2-116-217 “Fe”
3,22-36 Tercer y último testimonio de Juan el Bautista
3,22-24

Después de esto vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y permaneció allí con ellos y bautizaba. Juan bautizaba también en Enón, cerca de Salim, donde había mucha agua, y venían a bautizarse, pues Juan aún no había sido encarcelado.

2-127-291 “Iglesia”
3,25-31a

Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y cierto judío acerca de la purificación, y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, está ahora bautizando, y todos se van a Él. Juan les respondió, diciendo: No debe el hombre tomarse nada si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado ante Él. El que tiene esposa es el esposo; el amigo del esposo, que le acompaña y le oye, se alegra grandemente de oír la voz del esposo. Pues así este mi gozo es cumplido. Preciso es que Él crezca y yo mengüe. El que viene de arriba está sobre todos.

2-127-291 “Iglesia”
3,31b-36

El que procede de la tierra es no es más que un hombre terreno y sus palabras son también de la tierra; el que viene del cielo, da testimonio de lo que allá ha visto y oído. Sin embargo nadie hace caso de su testimonio. Pero quien recibe su testimonio, atestigua, con este acto suyo de creer, que Dios es verdadero. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, pues Dios le comunica su espíritu con plenitud. El Padre ama al Hijo y ha puesto en su mano todas las cosas. El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios.

2-127-291 “Iglesia”
4,1-4 Hacia Galilea por Samaria
4,1-4

Así, pues, que supo el Señor que habían oído los fariseos cómo Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan, aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos, abandonó Judea y partió de nuevo para Galilea. Tenía que pasar por Samaria.

(2-142-379) (“Iglesia”)
4,5-42 Encuentro con la samaritana
4,5-6

Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, próxima a la heredad que dio Jacob a José, su hijo, donde estaba la fuente de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó sin más junto a la fuente; era como la hora de sexta.

2-143-381 “Fe”

El agua viva

4,7-15

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. Pues en ese momento los discípulos habían ido a la ciudad a comprar provisiones. Dícele la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana? Porque no se tratan judíos y samaritanos. Respondió Jesús: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría a ti agua viva. Ella le dijo: Señor, no tienes con qué sacar el agua, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, te viene esa agua viva? ¿Acaso eres tú más grande que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebió él mismo, sus hijos y sus rebaños? Jesús le respondió: Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le diere no tendrá jamás sed, porque el agua que yo le dé se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna. Díjole la mujer: Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed ni tenga que venir aquí a sacarla.

2-143-381 “Fe”
4,16-18

Él le dijo: Vete, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y le dijo: No tengo marido. Díjole Jesús: Bien dices: No tengo marido; porque cinco tuviste, y el que ahora tienes no es tu marido; en esto has dicho verdad.

2-143-381 “Fe”

Adorar en espíritu y en verdad

4,19-26

Díjole la mujer: Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que es Jerusalén el sitio donde hay que adorar. Jesús le dijo: Créeme, mujer, que es llegada la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos; pero ya llega la hora, y es ésta, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran han de adorarle en espíritu y en verdad. Díjole la mujer: Yo sé que el Mesías, el que se llama Cristo, está para venir, y que cuando venga nos hará saber todas las cosas. Díjole Jesús: Soy yo, el que contigo habla.

2-143-381 “Fe”
4,27-30

En esto llegaron los discípulos y se maravillaban de que hablase con una mujer; nadie, sin embargo, le dijo: ¿Qué deseas? O: ¿Qué hablas con ella? Dejó, pues, su cántaro la mujer, se fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será el Mesías? Salieron los de la ciudad y vinieron a Él.

2-143-381 “Fe”

El sembrador y el segador

4,31-38

Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Díjoles Él: Yo tengo una comida que vosotros no sabéis. Los discípulos se decían unos a otros: ¿Acaso alguien le ha traído de comer? Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para la cosecha? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y contemplad los campos, que ya están blanquecinos para la siega. El que siega recibe su salario y recoge el fruto para la vida eterna, para que se alegren juntamente el sembrador y el segador. Porque en esto es verdadero el proverbio, que uno es el que siembra y otro el que siega. Yo os envío a segar lo que no trabajasteis; otros lo trabajaron y vosotros os aprovecháis de su trabajo.

2-143-381 “Fe”

Muchos samaritanos creyeron en Jesús

4,39-42

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: Me ha dicho todo cuanto he hecho. Pero así que vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y permaneció allí dos días y muchos más creyeron al oírle. Decían a la mujer: Ya no creemos por tu palabra, pues nosotros mismos hemos oído y conocido que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.

4,43-45 Buena acogida de los galileos
4,43-45

Pasados dos días, se partió de allí para Galilea. El mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria. Cuando llegó a Galilea, le acogieron los galileos, que habían visto cuántas maravillas había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

4,46-54 Curación del hijo de un cortesano
4,46-50

Llegó, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Oyendo que llegaba Jesús de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le rogó que bajase y curase a su hijo, que estaba para morir. Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creéis. Díjole el cortesano: Señor, baja antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Vete, tu hijo vive. Creyó el hombre en la palabra que le dijo Jesús y se fue.

2-151-407 “Fe”
4,51-53

Ya bajaba él a Cafarnaúm, cuando le salieron al encuentro sus siervos, diciéndole: Tu hijo vive. Preguntóles entonces la hora en que se había puesto mejor, y le dijeron: Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre. Conoció, pues, el padre que aquella misma era la hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive, y creyó él y toda su casa.

2-151-407 “Fe”
4,54-54

Éste fue el segundo milagro que hizo Jesús viniendo de Judea a Galilea.

5,1-47 Curación del paralítico de la piscina, en sábado
5,1-4

Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos y subió Jesús a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta Probática, una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, mancos, que esperaban el movimiento del agua, porque el ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua, y el primero que bajaba después de la agitación del agua quedaba sano de cualquiera enfermedad que padeciese.

3-225-435 “Fe”
5,5-9

Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo; Jesús le vio acostado, y conociendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado? Respondió el enfermo: Señor, no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la piscina, y mientras yo voy, baja otro antes de mí. Díjole Jesús: Levántate, toma la camilla y anda. Al instante quedó el hombre sano, y tomó su camilla y se fue. Era el día de sábado.

3-225-435 “Fe”

Discusión sobre el sábado

5,10-15

Los judíos decían al curado: Es sábado. No te es lícito llevar la camilla. Respondióles: El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y vete. Le preguntaron: ¿Y quién es ese hombre que te ha dicho: Toma y vete? El curado no sabía quién era, porque Jesús se había retirado de la muchedumbre que allí había. Después de esto le encontró Jesús en el templo, y le dijo: Mira que has sido curado; no vuelvas a pecar, no te suceda algo peor. Se fue el hombre y dijo a los judíos que era Jesús el que le había curado.

3-225-435 “Fe”
5,16-18 Los judíos perseguían a Jesús por haber hecho esto en sábado; pero Él les respondió: Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también. Por esto los judíos buscaban con más ahínco matarle, pues no sólo quebrantaba el sábado, sino que decía que Dios era su Padre, haciéndose igual a Dios. 3-225-435 “Fe”

El Hijo obra en unión con el Padre

5,19-20

Respondió, pues, Jesús, diciéndoles: En verdad, en verdad os digo que no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque lo que éste hace, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará aún mayores obras que éstas, de suerte que vosotros quedéis maravillados.

3-225-435 “Fe”
5,21-30

Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere les da la vida. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo todo el poder de juzgar. Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que le envió. En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene la vida eterna y no es juzgado, porque pasó de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es ésta, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escucharen vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, así dio también al Hijo tener vida en sí mismo, y le dio poder de juzgar, por cuanto Él es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto, porque llega la hora en que cuantos están en los sepulcros oirán su voz y saldrán: los que han obrado el bien, para la resurrección de la vida, y los que han obrado el mal, para la resurrección del juicio. Yo no puedo hacer por mí mismo nada; según lo oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

3-225-435 “Fe”

Testimonio del Padre a favor del Hijo

5,31-38

Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no seria verídico; es otro el que de mí da testimonio, y yo sé que es verídico el testimonio que de mí da. Vosotros habéis mandado a preguntar a Juan, y él dio testimonio de la verdad, pero yo no recibo testimonio de hombre; mas os digo esto para que seáis salvos. Aquél era la lámpara que arde y alumbra, y vosotros habéis querido gozar un instante de su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, porque las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo hago, dan en favor mío testimonio de que el Padre me ha enviado, y el Padre, que me ha enviado, ése da testimonio de mí. Vosotros no habéis oído jamás su voz, ni habéis visto su semblante ni tenéis su palabra en vosotros, porque no habéis creído en aquél que Él ha enviado.

3-225-435 “Fe”
5,39-47

Escudriñad las Escrituras, ya que en ellas creéis tener la vida eterna, pues ellas dan testimonio de mí, y no queréis venir a mí para tener la vida. Yo no recibo gloria de los hombres, pero os conozco y sé que no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me recibís; si otro viniera usurpando mi nombre, le recibiríais. ¿Cómo vais a creer vosotros, que recibís la gloria unos de otros y no buscáis la gloria que (procede) del único Dios? No penséis que vaya yo a acusaros ante mi Padre; hay otro que os acusará, Moisés, en quien vosotros tenéis puesta la esperanza; porque si creyerais en Moisés, creeríais en mí, pues de mí escribió él; pero si no creéis en sus Escrituras, ¿cómo vais a creer en mis palabras?

3-225-435 “Fe”
6,1-13 Multiplicación de los panes y de los peces
6,1-10

Después de esto partió Jesús al otro lado del mar de Galilea, de Tiberíades, y le seguía una gran muchedumbre, porque veían los milagros que hacía con los enfermos. Subió Jesús a un monte y se sentó con sus discípulos. Estaba cercana la Pascua, la fiesta de los judíos. Levantando, pues, los ojos Jesús y contemplando la gran muchedumbre que venía a Él, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para dar de comer a éstos? Esto lo decía para probarle, porque Él bien sabía lo que había de hacer. Contestó Felipe: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno reciba un pedacito. Díjole uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero esto, ¿qué es para tantos? Jesús le dijo: Mandad que se acomoden. Había en aquel sitio mucha hierba verde. Se acomodaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil.

4-273-293 “Eucaristía”
6,11-13

Tomó entonces Jesús los panes, y, dando gracias, dio a los que estaban recostados, e igualmente de los peces, cuanto quisieron. Así que se saciaron, dijo a los discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado para que no se pierdan. Los recogieron, y llenaron doce cestos de fragmentos que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

4-273-293 “Eucaristía”
6,14-15 Intento de proclamar rey a Jesús
6,14-15

Los hombres, viendo el milagro que había hecho, decían: Verdaderamente éste es el Profeta que ha de venir al mundo. Y Jesús, conociendo que iban a venir para arrebatarle y hacerle rey, se retiró otra vez al monte Él solo.

7-464-217 “Jesús Red.”
6,16-21 Jesús camina sobre las aguas del lago
6,16-21

Llegada la tarde, bajaron sus discípulos al mar, y subiendo en la barca, se dirigían al otro lado del lago, hacia Cafarnaúm. Ya había oscurecido y aún no había vuelto a ellos Jesús, y el mar se había alborotado por el viento fuerte que soplaba. Habiendo, pues, navegado como unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús, que caminaba sobre el mar y se acercaba ya a la barca, y temieron. Pero Él les dijo: Soy yo, no temáis. Querían ellos tomarle en la barca; pero al instante se halló la barca en la ribera, adonde se dirigían.

4-274-298 “Fe”
6,22-24 Concurso de los oyentes en busca de Jesús
6,22-24

Al otro día, la muchedumbre que estaba al otro lado del lago echó de ver que no había más que una barquilla y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la barca, sino que los discípulos habían partido solos. Pero llegaron de Tiberíades barcas cerca del sitio donde habían comido el pan, después de haber dado gracias al Señor, y cuando la muchedumbre vio que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos tampoco, subieron en las barcas y vinieron a Cafarnaúm en busca de Jesús.

5-354-352 “Eucaristía”
6,25-71 Jesús, para el que cree en Él: Pan de vida
6,25-27

Habiéndole hallado al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo has venido aquí? Les contestó Jesús y dijo: En verdad, en verdad os digo: Vosotros me buscáis no porque habéis visto los milagros, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado; procuraos no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que el Hijo del hombre os da, porque Dios le acreditó con su sello.

5-354-352 “Eucaristía”
6,28-40

Dijéronle, pues: ¿Qué haremos para hacer obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Para realizar las obras de Dios es necesaria la obra base: creer en aquel que Él ha enviado. Ellos le dijeron: Pues tú, ¿qué señales haces para que veamos y creamos? ¿Qué haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Díjoles, pues, Jesús: En verdad, en verdad os digo: Moisés no os dio pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que bajó del cielo y da la vida al mundo. Dijéronle, pues, ellos: Señor, danos siempre ese pan. Les contestó Jesús: Yo soy el pan de vida; el que viene a mí, ya no tendrá más hambre, y el que cree en mí, jamás tendrá sed. Pero yo os digo que vosotros me habéis visto y no me creéis; todo lo que el Padre me da viene a mí, y al que viene a mí yo no le echaré fuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga la vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

5-354-352 “Eucaristía”
6,41-47

Murmuraban de Él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que bajó del cielo, y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Pues ¿cómo dice ahora: Yo he bajado del cielo? Respondió Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí si el Padre, que me ha enviado, no le trae, y yo le resucitaré en el último día. En los Profetas está escrito: “Y serán todos enseñados de Dios”. * Todo el que oye a mi Padre y recibe su enseñanza, viene a mí; no que alguno haya visto al Padre, sino sólo el que está en Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: El que cree tiene la vida eterna.

5-354-352 “Eucaristía”

Pan de vida: Carne de Cristo: Pan eucarístico

6,48-51

Yo soy el pan de vida; vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo.

5-354-352 “Eucaristía”
6,52-59

Disputaban entre sí los judíos, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él. Así como el Padre que vive me envió, y vivo yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el pan que comieron los padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en una sinagoga de Cafarnaúm.

5-354-352 “Eucaristía”

Efecto del discurso del pan en los discípulos

6,60-65

Luego de haberlo oído, muchos de sus discípulos dijeron: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién puede oírlas? Conociendo Jesús que murmuraban de esto sus discípulos, les dijo: ¿Esto os escandaliza? Pues ¿qué sería si vierais al Hijo del hombre subir allí a donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida; pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque sabía Jesús desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que había de entregarle. Y decía: Por esto os dije que nadie puede venir a mí si no le es dado de mi Padre.

5-354-352 “Eucaristía”
6,66-71

Desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían, y dijo Jesús a los doce: ¿Queréis iros vosotros también? Respondióle Simón Pedro: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios. Respondióle Jesús: ¿No he elegido yo a los doce? Y uno de vosotros es un diablo. Hablaba de Judas Iscariote, porque éste, uno de los doce, había de entregarle.

5-354-352 “Eucaristía”
7,1-9 Estado de los ánimos en Galilea y Jerusalén
7,1-9

Después de esto andaba Jesús por Galilea, pues no quería ir a Judea, porque los judíos le buscaban para darle muerte. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos. Dijéronle sus hermanos: Sal de aquí y vete a Judea para que tus discípulos vean las obras que haces; nadie hace cosas en secreto si pretende manifestarse. Puesto que eso haces, muéstrate al mundo. Pues ni sus hermanos creían en Él. Jesús les dijo: Mi tiempo no ha llegado aún, pero vuestro tiempo siempre está pronto. El mundo no puede aborreceros a vosotros, pero a mí me aborrece, porque doy testimonio contra él de que sus obras son malas. Vosotros subid a la fiesta; yo no subo a esta fiesta, porque aún no se ha cumplido mi tiempo. Dicho esto, se quedó en Galilea.

7-478-325 “Jesús Red.”
7,10-53 Fiesta de los Tabernáculos, en el templo

Controversia sobre la persona de Jesús

7,10-13

Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces subió Él también, no manifiestamente, sino en secreto. Los judíos le buscaban en la fiesta y decían: ¿Dónde está ése? Y había entre las muchedumbres gran cuchicheo acerca de Él. Los unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, seduce a las turbas. Sin embargo, nadie hablaba libremente de Él por temor de los judíos.

7-486-371 “Jesús Red.”

Origen de la doctrina de Jesús

7,14-18

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al templo y enseñaba. Admirábanse los judíos, diciendo: ¿Cómo es que éste, no habiendo estudiado, sabe letras? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. Quien quisiere hacer la voluntad de Él conocerá si mi doctrina es de Dios o si es mía. El que de sí mismo habla, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ése es veraz y no hay en él injusticia.

7-486-371 “Jesús Red.”

Quebrantamiento del 5º mandamiento

7,19-20

¿Acaso no os dio Moisés la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué buscáis darme muerte? La muchedumbre respondió: Tú estás poseído del demonio; ¿quién busca darte muerte?

7-486-371 “Jesús Red.”

Quebrantamiento del sábado

7,21-24

Respondió Jesús y les dijo: Una obra he hecho, y todos os maravilláis. Moisés os dio la circuncisión —en realidad ya antes de Moisés los patriarcas practicaban la circuncisión—, y vosotros circuncidáis a un hombre en sábado. Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para que no quede incumplida la Ley de Moisés, ¿por qué os irritáis contra mí porque he curado del todo a un hombre en sábado? No juzguéis según las apariencias; juzgad según justicia.

7-486-371 “Jesús Red.”

Origen divino del Mesías

7,25-30

Decían, pues, algunos de los de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan matar? Y habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que de verdad habrán reconocido las autoridades que es el Mesías? Pero de éste sabemos de dónde viene; mas del Mesías, cuando venga, nadie sabrá de dónde viene. Jesús, enseñando en el templo, gritó y dijo: Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy; y yo no he venido de mí mismo; pero el que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conocéis yo le conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado. Buscaban, pues, prenderle, pero nadie le ponía las manos, porque aún no había llegado su hora.

7-487-380 “Jesús Red.”

Me buscaréis y no me hallaréis

7,31-36

De la multitud, muchos creyeron en Él, y decían: El Mesías cuando venga, ¿hará más milagros de los que éste hace? Oyeron los fariseos a la muchedumbre que cuchicheaba acerca de Él, y enviaron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos alguaciles para que le prendiesen. Dijo entonces Jesús: Aún estaré con vosotros un poco de tiempo, y me iré al que me ha enviado. Me buscaréis y no me hallaréis, y a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Dijéronse entonces los judíos: ¿Adónde va a ir éste que nosotros no hayamos de hallarle? ¿Acaso quiere irse a la dispersión de los gentiles a enseñarles a ellos? ¿Qué es esto que dice: Me buscaréis y no me hallaréis, y a donde yo voy, vosotros no podéis venir?

7-488-388

“Jesús Red.

Promesa de agua viva

7,37-38

El último día, el día grande de la fiesta, se detuvo Jesús y gritó, diciendo: Si alguno tiene sed venga a mí y beba. Al que cree en mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva manarán de sus entrañas.

7-491-407
7-491-407
“Jesús Red.”
“Fe”
7,39-39

Jesús, al decir esto, se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en Él, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.

Diversos pareceres sobre Jesús

7,40-44

De la multitud, algunos que escuchaban estas palabras decían: Verdaderamente que éste es el Profeta. Otros decían: Éste es el Mesías; pero otros replicaban: ¿Acaso el Mesías puede venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Mesías? Y se originó un desacuerdo en la multitud por su causa. Algunos de ellos querían apoderarse de Él, pero nadie le puso las manos.

7-491-407
7-491-407
“Jesús Red.”
“Fe”
7,45-53

Volvieron, pues, los alguaciles a los príncipes de los sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Respondieron los alguaciles: Jamás hombre alguno habló como éste. Pero los fariseos les replicaron: ¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar? ¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído en Él? Pero esta gente, que ignora la Ley, son unos malditos. Les dijo Nicodemo, el que había ido antes a Él, que era uno de ellos: ¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre antes de oírle y sin averiguar lo que hizo? Le respondieron y dijeron: ¿También tú eres de Galilea? Investiga y verás que de Galilea no ha salido profeta alguno. Y se fueron cada uno a su casa.

7-491-407
7-491-407
“Jesús Red.”
“Fe”
8,1-11 La mujer adúltera
8,1-6

Se fue Jesús al monte de los Olivos, pero de mañana volvió otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él, y sentado, los enseñaba. Los escribas y fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos ordena Moisés apedrear a éstas; tú, ¿qué dices? Esto lo decían tentándole, para tener de qué acusarle. Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en tierra.

7-494-422 “Pur./Cast.”
8,7-11

Como ellos insistieran en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero. E inclinándose de nuevo, escribía en tierra. Ellos, que le oyeron, fueron saliéndose uno a uno, comenzando por los más ancianos, y quedó Él solo y la mujer en medio. Incorporándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más.

7-494-422 “Pur./Cast.”
8,12-20 Jesús, Luz del mundo, atestiguado por el Padre
8,12-14

Otra vez les habló Jesús, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida. Dijéronle, pues, los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo, y tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y dijo: Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y a dónde voy, mientras que vosotros no sabéis de dónde vengo o a dónde voy.

8-506-36 “Jesús Red.”
8,15-18

Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy solo, sino yo y el Padre, que me ha enviado. En vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos es verdadero. Yo soy el que da testimonio de mí mismo, y el Padre, que me ha enviado, da testimonio de mí.

8-506-36 “Jesús Red.”
8,19-20

Pero ellos le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Estas palabras las dijo Jesús en el atrio del tesoro, enseñando en el templo, y nadie puso en Él las manos, porque aún no había llegado su hora.

8-506-36 “Jesús Red.”
8,21-59 Gran debate con los judíos: Los hijos de la verdad

Peligro para los judíos en desconocer a Jesús

8,21-30

Aún les dijo: Yo me voy y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; a donde yo voy no podéis venir vosotros. Los judíos se decían: ¿Acaso va a darse muerte, que dice: A donde yo voy no podéis venir vosotros? Él les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Os dije que moriríais en vuestro pecado, porque, si no creyereis, moriréis en vuestros pecados. Ellos decían: ¿Tú quién eres? Jesús les dijo: Es precisamente lo que os estoy diciendo. Mucho tengo que hablar y juzgar de vosotros, pues el que me ha enviado es veraz, y yo hablo al mundo lo que le oigo a Él. No comprendieron que les hablaba del Padre. Dijo, pues, Jesús: Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y no hago nada de mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado. Hablando Él esas cosas, muchos creyeron en Él.

8-507-41 “Jesús Red.”

Guardando mi palabra, conoceréis la verdad

8,31-41

Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Respondiéronle ellos: Somos linaje de Abraham, y de nadie hemos sido jamás siervos; ¿cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les contestó: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es siervo del pecado. El siervo no permanece en la casa para siempre; el hijo permanece para siempre. Si, pues, el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois linaje de Abraham; pero buscáis matarme, porque mi palabra no ha sido acogida por vosotros. Yo hablo lo que he visto en el Padre; y vosotros también hacéis lo que habéis oído de vuestro padre. Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero ahora buscáis quitarme la vida, a mí, un hombre que os ha hablado la verdad, que oyó de Dios; eso Abraham no lo hizo. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle ellos: Nosotros no somos nacidos de fornicación; tenemos por padre a Dios.

8-507-41 “Jesús Red.”

Por qué no entendéis mi lenguaje

8,42-47

Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a mí; porque yo he salido y vengo de Dios, pues yo no he venido de mí mismo, sino enviado por Él. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira. Pero a mí, porque os digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios.

8-507-41 “Jesús Red.”

Quien guarda mi palabra, jamás morirá

8,48-53

Respondieron los judíos y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano y tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí. Yo no busco mi gloria; hay quien la busque y juzgue. En verdad, en verdad os digo: Si alguno guardare mi palabra, jamás verá la muerte. Dijéronle los judíos: Ahora nos convencemos de que estás endemoniado. Abraham murió, y también los profetas, y tú dices: Quien guardare mi palabra no gustará la muerte nunca. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham, que murió? Y los profetas murieron. ¿Quién pretendes ser?

8-507-41 “Jesús Red.”

Antes que Abraham naciese, era yo

8,54-59

Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís que es vuestro Dios. Y no le conocéis, pero yo le conozco; y si dijere que no le conozco, sería semejante a vosotros, embustero; mas yo le conozco y guardo su palabra. Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró. Pero los judíos le dijeron: ¿No tienes aún cincuenta años y has visto a Abraham? Respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo: Antes que Abraham naciese, era yo. Entonces tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se ocultó y salió del templo.

8-507-41 “Jesús Red.”
9,1-41 Curación del ciego de nacimiento, en sábado
9,1-8

Pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron, diciendo: Rabí, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Es preciso que yo haga las obras del que me envió mientras es de día; venida la noche, ya nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo. Diciendo esto, escupió en el suelo, hizo con saliva un poco de lodo y untó con lodo los ojos, y le dijo: Vete y lávate en la piscina de Siloé —que quiere decir enviado—. Fue, pues, se lavó y volvió con vista.

8-510-67 “Jesús Red.”
9,9-12

Los vecinos y los que antes le conocían, pues era mendigo, decían: ¿No es éste el que estaba sentado pidiendo limosna? Unos decían que era él; otros decían: No, pero se lo parece. Él decía: Soy yo. Entonces le decían: Pues ¿cómo se te han abierto los ojos? Respondió él: Ese hombre llamado Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Vete a Siloé y lávate; fui, me lavé y recobré la vista. Y le dijeron: ¿Dónde está ése? Contestó: No lo sé.

8-510-67 “Jesús Red.”

Discusión sobre el valor del milagro

9,13-16

Llevan a presencia de los fariseos al antes ciego, pues era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. De nuevo le preguntaron los fariseos cómo había recobrado la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, me lavé y veo. Dijeron entonces algunos de los fariseos: No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el sábado. Otros decían: ¿Y cómo puede un hombre pecador hacer tales milagros? Y había desacuerdo entre ellos.

8-510-67 “Jesús Red.”
9,17-23

Otra vez dijeron al ciego: ¿Qué dices tú de ése que te abrió los ojos? Él contestó: Que es profeta. Los judíos no querían creer que aquél era ciego y que había recobrado la vista hasta que llamaron a sus padres, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, de quien vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo ahora ve? Respondieron los padres y dijeron: Lo que sabemos es que éste es nuestro hijo y que nació ciego; cómo ve ahora, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos; preguntádselo a él, edad tiene; que él hable por sí. Esto dijeron sus padres, porque temían a los judíos, pues ya éstos habían convenido en que, si alguno le confesaba Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por esto sus padres dijeron: Edad tiene; preguntadle a él.

8-510-67 “Jesús Red.”
9,24-34

Llamaron, pues, por segunda vez al ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. A esto respondió él: Si es pecador, no lo sé; lo que sé es que, siendo ciego, ahora veo. Dijéronle también ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él les respondió: Os lo he dicho ya y no habéis escuchado. ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que queréis haceros discípulos suyos? Ellos, insultándole, dijeron: Sé tú discípulo suyo; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; cuanto a éste, no sabemos de dónde viene. Respondió el hombre y les dijo: Eso es de maravillar: que vosotros no sepáis de dónde viene, habiéndome abierto a mí los ojos. Sabido es que Dios no oye a los pecadores; pero, si uno es piadoso y hace su voluntad, a ése le escucha. Jamás se oyó decir que nadie haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no fuera de Dios, no podía hacer nada. Le respondieron: Eres todo pecado desde que naciste, ¿y pretendes enseñarnos? Y le echaron fuera.

8-510-67 “Jesús Red.”

La fe y la ceguera

9,35-41

Oyó Jesús que le habían echado fuera, y encontrándole, le dijo: ¿Crees en el Hijo del hombre? Respondió él: ¿Quién es, Señor, para que crea en Él? Díjole Jesús: Le estás viendo; es el que está hablando contigo. Dijo él: Creo, Señor, y se postró ante Él. Jesús dijo: Yo he venido al mundo para un juicio, para que los que no ven vean y los que ven se vuelvan ciegos. Oyeron esto algunos fariseos que estaban con Él y le dijeron: ¿Conque nosotros somos también ciegos? Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora decís: Vemos, y vuestro pecado permanece.

8-518-125 “Jesús Red.”
10,1-16 El buen pastor
10,1-6

En verdad, en verdad os digo que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador; pero el que entra por la puerta, ése es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera; y cuando las ha sacado todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz; pero no seguirán al extraño; antes huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Les dijo esta semejanza; pero no entendieron qué era lo que les hablaba.

8-518-125 “Jesús Red.”
10,7-10

De nuevo les dijo Jesús: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas; todos cuantos han venido eran ladrones y salteadores, pero las ovejas no los oyeron. Yo soy la puerta; el que por mí entrare se salvará, y entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante.

8-518-125 “Jesús Red.”
10,11-16

Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, el que no es pastor dueño de las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas, y huye, y el lobo arrebata y dispersa las ovejas, porque es asalariado y no le da cuidado de las ovejas. Yo soy el buen pastor y conozco a las mías, y las mías me conocen a mí, como el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, y pongo mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que yo las traiga, y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

8-518-125 “Jesús Red.”
10,17-21 Jesús, dueño de la vida y de la muerte
10,17-18

Por esto el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, soy yo quien la doy de mí mismo. Tengo poder para darla y poder para volver a tomarla. Tal es el mandato que del Padre he recibido.

8-518-125 “Jesús Red.”

Pareceres contrarios

10,19-21

Otra vez se suscitó desacuerdo entre los judíos a propósito de estos razonamientos. Pues muchos de ellos decían: Está endemoniado, ha perdido el juicio: ¿por qué le escucháis? Otros decían: Estas palabras no son de un endemoniado, ni el demonio puede abrir los ojos a los ciegos.

8-518-125 “Jesús Red.”
10,22-39 Fiesta de la Dedicación, en el templo. Jesús, uno con el Padre
10,22-30

Se celebraba entonces en Jerusalén la Dedicación; era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Le rodearon, pues, los judíos y le decían: ¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si eres el Mesías, dínoslo claramente. Jesús les respondió: Os lo dije y no lo creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna, y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me dio es mejor que todo, y nadie podrá arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa.

8-537-282 “Jesús Red.”
10,31-39

De nuevo los judíos trajeron piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas obras os he mostrado de parte de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Respondiéronle los judíos: Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les replicó: ¿No está escrito en vuestra Ley: “Yo digo: Dioses sois”? * Si llama dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, ¿de Aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo decís vosotros: Blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. De nuevo buscaban apresarle, pero Él se deslizó de entre sus manos.

8-537-282 “Jesús Red.”
10,40-42 Huída de Jesús hacia el Jordán
10,40-42

Partió de nuevo al otro lado del Jordán, al sitio en que Juan había bautizado la primera vez, y permaneció allí. Muchos venían a Él y decían: Juan no hizo milagro alguno, pero todas cuantas cosas dijo Juan de éste eran verdaderas. Y muchos allí creyeron en Él.

(8-538-294)
(8-540-311)

(“Judas Isc.”)
(“Judas Isc.”)

11,1-4 Lázaro está enfermo
11,1-2

Había un enfermo, Lázaro, de Betania, de la aldea de María y su hermana. Era esta María la que ungió al Señor con ungüento y le enjugó los pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.

8-542-322 “Judas Isc.”
11,3-3
11,4-4

Enviaron, pues, las hermanas a decirle: Señor, el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

8-543-327
8-545-345
“Judas Isc.”
“Judas Isc.”
11,5-16 Vuelta a Betania: Lázaro duerme
11,5-16

Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro. Aunque oyó que estaba enfermo, permaneció en el lugar en que se hallaba dos días más; pasados los cuales dijo a los discípulos: Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le dijeron: Rabí, los judíos te buscan para apedrearte, ¿y de nuevo vas allá? Respondió Jesús: ¿No son doce las horas del día? Si alguno camina durante el día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Esto dijo, y después añadió: Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero yo voy a despertarle. Dijéronle entonces los discípulos: Señor, si duerme, sanará. Hablaba Jesús de la muerte de Lázaro, y ellos pensaron que hablaba del descanso de su sueño. Entonces les dijo Jesús claramente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos allá. Dijo, pues, Tomás, llamado Dídimo, a los compañeros: Vamos también nosotros a morir con Él.

8-547-362 “Judas Isc.”
11,17-32 Conversación con Marta
11,17-27

Fue, pues, Jesús y se encontró con que llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Estaba Betania cerca de Jerusalén como unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a Marta y a María para consolarlas por su hermano. Marta, pues, en cuanto oyó que Jesús llegaba, le salió al encuentro; pero María se quedó sentada en casa. Dijo, pues, Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano; pero sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo otorgará. Díjole Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dijo: Sé que resucitará en la resurrección, en el último día. Díjole Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees tú esto? Díjole ella: Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo.

8-548-365 “Judas Isc.”
11,28-32

Diciendo esto, se fue y llamó a María, su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está ahí y te llama. Cuando oyó esto, se levantó al instante y se fue a Él, pues aún no había entrado Jesús en la aldea, sino que se hallaba aún en el sitio donde le había encontrado Marta. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, viendo que María se levantaba con prisa y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Así que María llegó donde Jesús estaba, viéndole, se echó a sus pies, diciendo: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano.

8-548-365 “Judas Isc.”
11,33-44 Resurrección de Lázaro
11,33-44

Viéndola Jesús llorar, y que lloraban también los judíos que venían con ella, se conmovió hondamente y se turbó, y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Dijéronle: Señor, ven y ve. Lloró Jesús, y los judíos decían: ¡Cómo le amaba! Algunos de ellos dijeron: ¿No pudo éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que no muriese? Jesús, otra vez conmovido en su interior, llegó al sepulcro, que era una cueva tapada con una piedra. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Díjole Marta, la hermana del muerto: Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios? Quitaron, pues, la piedra, y Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que tú me has enviado. Diciendo esto, gritó con fuerte voz: Lázaro, sal fuera. Salió el muerto, ligados con fajas pies y manos, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Soltadle y dejadle ir.

8-548-365 “Judas Isc.”
11,45-57 Resolución del consejo judío: Muerte de Jesús
11,45-53

Muchos de los judíos que habían venido a ver a María y vieron lo que había hecho, creyeron en Él, pero algunos se fueron a los fariseos y les dijeron lo que había hecho Jesús. Convocaron entonces los príncipes de los sacerdotes y los fariseos una reunión, y dijeron: ¿Qué hacemos, que este hombre hace muchos milagros? Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ¿no comprendéis que conviene que muera un hombre por todo el pueblo y no que perezca todo el pueblo? No dijo esto de sí mismo, sino que, como era pontífice aquel año, profetizó que Jesús había de morir por el pueblo, y no sólo por el pueblo, sino para reunir en uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos. Desde aquel día tomaron la resolución de matarle.

8-549-385 “Jesús Red.”
11,54-54

Jesús, pues, ya no andaba en público entre los judíos; antes se fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí moraba con los discípulos.

8-550-407 “Jesús Red.”
11,55-57

Estaba próxima la Pascua de los judíos, y muchos subían del campo a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse. Buscaban, pues, a Jesús, y unos a otros se decían en el templo: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta? Pues los príncipes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes para que, si alguno supiese dónde estaba, lo indicase, a fin de echarle mano.

12,1-8 Unción en la cena de Betania
12,1-8

Seis días antes de la Pascua vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús habla resucitado de entre los muertos. Le dispusieron allí una cena; y Marta servía, y Lázaro era de los que estaban a la mesa con Él. María, tomando una libra de ungüento de nardo legítimo, de gran valor, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó del olor del ungüento. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que había de entregarle, dijo: ¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres? Esto decía, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón, y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban. Pero Jesús dijo: Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.

9-586-259 “Jesús Red.”
12,9-11 El consejo judío resuelto a matar a Lázaro
12,9-11

Una muchedumbre de judíos supo que estaba allí, y vinieron, no sólo por Jesús, sino por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los príncipes de los sacerdotes habían resuelto matar a Lázaro, pues por él muchos judíos se iban y creían en Jesús.

9-585-253 “Jesús Red.”
12,12-19 Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén
12,12-19

Al día siguiente, la numerosa muchedumbre que había venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús llegaba a Jerusalén, tomaron ramos de palmera y salieron a su encuentro gritando: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor y el Rey de Israel! * Habiendo Jesús encontrado un pollino, montó sobre él, según está escrito: “No temas, hija de Sión; he aquí que viene tu rey montado sobre un pollino de asna”. * Esto no lo entendieron, desde luego, los discípulos; pero cuando fue glorificado Jesús, entonces recordaron que de Él estaban escritas estas cosas que ellos le habían hecho. Le rendía testimonio la muchedumbre que estaba con Él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y le resucitó de entre los muertos. También por esto le salió al encuentro la multitud, porque había oído que había hecho este milagro. Entre tanto, los fariseos se decían: Ya veis que no adelantamos nada. Ya veis que todo el mundo se va en pos de Él.

9-590-297 “Jesús Red.”
12,20-50 El triunfo de Jesús en su aniquilamiento

Homenaje de los gentiles

12,20-22 Había algunos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; Andrés y Felipe vinieron y se lo dijeron a Jesús. 9-598-384 “Jesús Red.”

Si el grano de trigo no muere

12,23-26

Jesús les contestó diciendo: Es llegada la hora en que el Hijo del hombre será glorificado. En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrará.

9-598-384 “Jesús Red.”

La manifestación del Padre

12,27-28

Ahora mi alma se siente turbada. ¿Y qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Mas para esto he venido Yo a esta hora! Padre, glorifica tu nombre. Llegó entonces una voz del cielo: Le glorifiqué y de nuevo le glorificaré.

9-598-384 “Jesús Red.”
12,29-33

La muchedumbre que allí estaba y oyó, decía que había tronado; otros decían: Le habló un ángel. Jesús respondió y dijo: No por mí se ha dejado oír esta voz, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera, y yo, cuando fuere levantado de la tierra, atraeré todos a mí. Esto lo decía indicando de qué muerte había de morir.

9-598-384 “Jesús Red.”

Creed en la luz para ser hijos de la luz

12,34-36

La multitud le contestó: Nosotros sabemos por la Ley que el Mesías permanece para siempre: ¿Cómo, pues, dices tú que el Hijo del hombre ha de ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre? Díjoles Jesús: Por poco tiempo aún está la luz en medio de vosotros. Caminad mientras tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas, pues el que camina en tinieblas, no sabe por dónde va. Mientras tenéis luz, creed en la luz, para ser hijos de la luz. Esto dijo Jesús, y, partiendo, se ocultó de ellos.

9-598-384 “Jesús Red.”

Incredulidad judía prevista por Isaías

12,37-41

Aunque había hecho tan grandes milagros en medio de ellos, no creían en Él, para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dice: “Señor, ¿quién prestó fe a nuestro mensaje?, y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido revelado?” * Por esto no pudieron creer, porque también había dicho Isaías: “Él ha cegado sus ojos y ha endurecido su corazón, no sea que con sus ojos vean, con su corazón entiendan y se conviertan y los sane”. * Esto dijo Isaías porque vio su gloria y habló de Él.

12,42-43

Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no le confesaban, temiendo ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

9-598-384 “Jesús Red.”

Necesidad de creer en Jesús

12,44-50

Jesús, clamando, dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado, y el que me ve, ve al que me ha enviado. Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue; la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día, porque yo no he hablado de mí mismo; el Padre mismo, que me ha enviado, es quien me mandó lo que he de decir y hablar, y yo sé que su precepto es la vida eterna. Así, pues, las cosas que yo hablo, las hablo según el Padre me ha dicho.

9-598-384 “Jesús Red.”
(13-17) La Última Cena

Lavatorio de los pies

13,1-5

Antes de la fiesta de la Pascua, viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y comenzada la cena, como el diablo hubiese ya puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle; sabiendo que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y que había salido de Dios y a Él se volvía, se levantó de la mesa, se quitó los vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugárselos con la toalla que tenía ceñida.

9-600-399 “Jesús Red.”
13,6-11

Llegó, pues, a Simón Pedro, que le dijo: Señor, ¿tú lavarme a mí los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora; lo sabrás después. Díjole Pedro: Jamás me lavarás tú los pies. Le contestó Jesús: Si no te los lavare, no tendrás parte conmigo. Simón Pedro le dijo: Señor, entonces no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús les dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, está todo limpio; y vosotros ya estáis limpios, pero no todos. Porque sabía quién había de entregarle, y por eso dijo: No todos estáis limpios.

9-600-399 “Jesús Red.”
13,12-20

Cuando les hubo lavado los pies, se volvió a poner sus vestidos y sentándose de nuevo a la mesa, les dijo: ¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque de verdad lo soy. Si yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Señor y Maestro, también habéis de lavaros vosotros los pies unos a otros. Porque yo os he dado el ejemplo, para que vosotros hagáis también como yo he hecho. En verdad, en verdad os digo: No es el siervo mayor que su señor, ni el enviado mayor que quien le envía. Si esto aprendéis, seréis dichosos si lo practicáis. No lo digo de todos vosotros; yo sé a quiénes escogí; mas lo digo para que se cumpla la Escritura: “El que come mi pan, levantó contra mí su calcañar”. * Desde ahora os lo digo, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo que quien recibe al que yo enviare, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a quien me ha enviado.

9-600-399 “Jesús Red.”

Anuncio de la traición

13,21-30

Dicho esto, se conmovió Jesús en su espíritu, y demostrándolo, dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Se miraban los discípulos unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de ellos, el amado de Jesús, estaba recostado en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señal, diciéndole: Pregúntale de quién habla. El que estaba reclinado sobre el pecho de Jesús le dijo: Señor, ¿quién es? Jesús le contestó: Aquel a quien yo mojare y diere un bocado. Y mojando un bocado, lo tomó y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Después del bocado, en el mismo instante, entró en él Satanás. Jesús le dijo: Lo que has de hacer, hazlo pronto. Ninguno de los que estaban a la mesa conoció a qué propósito decía aquello. Algunos pensaron que, como Judas tenía la bolsa, le decía Jesús: Compra lo que necesitamos para la fiesta, o que diese algo a los pobres. Él, tomando el bocado, se salió luego; era de noche.

9-600-399 “Jesús Red.”

Un mandamiento nuevo

13,31-35

Así que salió, dijo Jesús: Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará a Él, y le glorificará enseguida. Hijitos míos, un poco aún estaré todavía con vosotros; me buscaréis, y como dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis venir, también os lo digo a vosotros ahora. Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis amor unos para con otros.

9-600-399 “Jesús Red.”

Anuncio de la negación de Pedro

13,36-38

Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Respondió Jesús: A donde yo voy, no puedes tú seguirme ahora; me seguirás más tarde. Pedro le dijo: Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré por ti mi vida. Respondió Jesús: ¿Darás por mí tu vida? En verdad, en verdad te digo que antes de que el gallo cante me habrás negado tres veces.

9-600-399 “Jesús Red.”

Volverán a encontrarse cerca del Padre

14,1-4

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo diría, porque voy a prepararos el lugar. Cuando yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros. Pues para donde yo voy, vosotros conocéis el camino.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,5-11

Díjole Tomás: No sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me habéis conocido, conoceréis también a mi Padre. Desde ahora le conocéis y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Jesús le dijo: Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo no las hablo de mí mismo; el Padre, que mora en mí, hace sus obras. Creedme, que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; a lo menos, creedlo por las obras.

9-600-399 “Jesús Red.”

Promesas a los discípulos para la ausencia

14,12-14

En verdad, en verdad os digo que el que cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre; y lo que pidiereis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo; si me pidiereis alguna cosa en mi nombre, yo la haré.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,15-17

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros y está en vosotros.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,18-20

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo vivo y vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,21-21

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,22-24

Díjole Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha sucedido para que hayas de manifestarte a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y les dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada. El que no me ama no guarda mis palabras y la palabra que oís no es mía, sino del Padre, que me ha enviado.

9-600-399 “Jesús Red.”
14,25-26

Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros; pero el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho.

9-600-399 “Jesús Red.”

Despedida y palabras de aliento

14,27-31

La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo. No se turbe vuestro corazón ni se intimide. Habéis oído lo que os dije: Me voy y vengo a vosotros. Si me amarais, os alegraríais, pues voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque viene el príncipe del mundo, que en mí no tiene nada; pero conviene que el mundo conozca que yo amo al Padre, y que, según el mandato que me dio el Padre, así hago. Levantaos, vámonos de aquí.

9-600-399 “Jesús Red.”

Alegoría de la vid

15,1-4

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto de sí mismo si no permaneciere en la vid, tampoco vosotros si no permaneciereis en mí.

9-600-399 “Jesús Red.”
15,5-8

Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. El que no permanece en mí es echado fuera, como el sarmiento, y se seca, y los amontonan y los arrojan al fuego para que ardan. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que quisiereis, y se os dará. En esto será glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos míos.

9-600-399 “Jesús Red.”

Discípulos, elevados a la categoría de amigos

15,9-14

Como el Padre me amó, yo también os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardé los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor. Esto os lo digo para que yo me goce en vosotros y vuestro gozo sea cumplido. Éste es mi precepto: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.

9-600-399 “Jesús Red.”
15,15-17

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os digo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

9-600-399 “Jesús Red.”

Odio del mundo contra Jesús y los suyos

15,18-19

Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece.

9-600-399 “Jesús Red.”
15,20-23

Acordaos de la palabra que yo os dije: No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán; si guardaren mi palabra, también guardarán la vuestra. Pero todas estas cosas las harán con vosotros por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece a mí, aborrece también a mi Padre.

9-600-399 “Jesús Red.”
15,24-25

Si no hubiera hecho entre ellos obras que ninguno otro hizo, no tendrían pecado; pero ahora no sólo han visto, sino que me aborrecieron a mí y a mi Padre. Pero es para que se cumpla la palabra que en la Ley de ellos está escrita: “Me aborrecieron sin motivo”. *

9-600-399 “Jesús Red.”

El Espíritu de verdad vendrá

15,26-27

Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí, y vosotros daréis también testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

9-600-399 “Jesús Red.”

Anuncio de la persecución judía

16,1-3

Esto os he dicho para que no os escandalicéis. Os echarán de la sinagoga, pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no conocieron al Padre ni a mí.

9-600-399 “Jesús Red.”
16,4-4

Pero yo os he dicho estas cosas para que, cuando llegue la hora, os acordéis de ellas y de que yo os las he dicho; esto no os lo dije desde el principio porque yo estaba con vosotros.

9-600-399 “Jesús Red.”

El Espíritu de verdad
Él guiará hacia la verdad completa

16,5-11

Mas ahora voy al que me ha enviado. Nadie de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os hablé estas cosas, vuestro corazón se llenó de tristeza. Pero os digo la verdad: os conviene que yo me vaya. Porque, si no me fuere, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré. Y al venir éste, amonestará al mundo sobre el pecado, la justicia y el juicio. De pecado, porque no creyeron en mí; de justicia, porque voy al Padre y no me veréis más; de juicio, porque el príncipe de este mundo está ya juzgado.

9-600-399 “Jesús Red.”
16,12-15

Muchas cosas tengo aún que deciros, mas no podéis entenderlas ahora; pero cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa, porque no hablará de sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por esto os he dicho que tomará de lo mío y os lo dará a conocer.

9-600-399 “Jesús Red.”

Gozo tras la tristeza

16,16-21

Todavía un poco, y ya no me veréis, y todavía otro poco, y me veréis. Dijéronse entonces algunos de los discípulos: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco, y no me veréis, y todavía otro poco, y me veréis? Y: Porque voy al Padre. Decían, pues: ¿Qué es esto que dice: Un poco? No sabemos lo que dice. Conoció Jesús que querían preguntarle, y les dijo: ¿De esto indagáis entre vosotros porque os he dicho: Todavía un poco, y no me veréis, y todavía otro poco, y me veréis? En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se volverá en gozo. La mujer, cuando pare, siente tristeza, porque llega su hora; pero cuando ha dado a luz un hijo, ya no se acuerda de la tribulación, por el gozo que tiene de haber venido al mundo un hombre.

9-600-399 “Jesús Red.”
16,22-24

Vosotros, pues, ahora tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría. En aquel día no me preguntaréis nada; en verdad, en verdad os digo: Cuanto pidiereis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que sea cumplido vuestro gozo.

9-600-399 “Jesús Red.”

Promesa de una revelación más clara

16,25-28

Esto os lo he dicho en parábolas; llega la hora en que ya no os hablaré más en parábolas. Antes os hablaré claramente del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre, y no será necesario que yo os recomiende ante el Padre, pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y creído que yo he salido de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre.

9-600-399 “Jesús Red.”
16,29-33

Dijéronle los discípulos: Ahora hablas claramente y no dices parábola alguna. Ahora sabemos que conoces todas las cosas y que no necesitas que nadie te pregunte; en esto creemos que has salido de Dios. Respondióles Jesús: ¿Ahora creéis? He aquí que llega la hora, y ya es llegada, en que os dispersaréis cada uno por su lado y a mí me dejaréis solo; pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Esto os lo he dicho para que tengáis paz en mí; en el mundo habéis de tener tribulación; pero confiad: yo he vencido al mundo.

9-600-399 “Jesús Red.”

Sublime oración de Jesús al Padre

Ruega por sí mismo

17,1-5

1 Esto dijo Jesús, y levantando sus ojos al cielo, añadió: Padre, llegó la hora; glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique, 2 según el poder que le diste sobre toda carne, para que a todos los que tú le diste les dé Él la vida eterna. 3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. 4 Yo te he glorificado sobre la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 5 Ahora tú, Padre, glorifícame cerca de ti mismo con la gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo existiese.

9-600-399 “Jesús Red.”

Ruega por los discípulos

17,6-19

6 He manifestado tu nombre a los hombres que de este mundo me has dado. Tuyos eran, y tú me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora saben que todo cuanto me diste viene de ti; 8 porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos ahora las recibieron, y conocieron verdaderamente que yo salí de ti, y creyeron que tú me has enviado. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que tú me diste; porque son tuyos, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y yo he sido glorificado en ellos. 11 Yo ya no estoy en el mundo: pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti. Padre santo, guarda en tu nombre a estos que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12 Mientras yo estaba con ellos, yo conservaba en tu nombre a estos que me has dado, y los guardé, y ninguno de ellos pereció, si no es el hijo de la perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora yo vengo a ti, y hablo estas cosas en el mundo para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció porque no eran del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal. 16 Ellos no son del mundo, como no soy del mundo yo. 17 Santifícalos en la verdad, pues tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los envié a ellos al mundo, 19 y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad.

9-600-399 “Jesús Red.”

Ruega por todos los creyentes

17,20-24

20 Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos creerán en mí por su palabra, 21 para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. 22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que tú me enviaste y amaste a éstos como me amaste a mí. 24 Padre, te ruego por todos aquellos que tú me has dado, quiero que donde esté yo estén ellos también conmigo, para que vean mi gloria, que tú me has dado, porque me amaste antes de la creación del mundo.

9-600-399 “Jesús Red.”

Promesa de una manifestación continua

17,25-26

25 Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conocí, y éstos a su vez han conocido que tú me has enviado. 26 Y yo les he dado a conocer tu Nombre y seguiré dándote a conocer, para que el amor con que tú me has amado permanezca en ellos, y yo en ellos.

9-600-399 “Jesús Red.”
(18–19) PASIÓN-MUERTE DE JESUCRISTO
18,1-11 Prendimiento de Jesús en Getsemaní
18,1-6

Diciendo esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Judas, el que había de traicionarle, conocía el sitio, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos. Judas, pues, tomando la cohorte y los alguaciles de los pontífices y fariseos, vino allí con linternas, y hachas, y armas. Conociendo Jesús todo lo que iba a sucederle, salió y les dijo: ¿A quién buscáis? Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Él les dijo: Yo soy. Estaba con ellos Judas, el traidor. Así que les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron en tierra.

9-602-433 “Jesús Red.”
18,7-11

Otra vez Jesús les preguntó: ¿A quién buscáis? Ellos dijeron: A Jesús Nazareno. Respondió Jesús: Ya os dije que yo soy; si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos. Para que se cumpliese la palabra que había dicho: “De los que me diste no se perdió ninguno”. Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió a un siervo del pontífice, cortándole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina; el cáliz que me dio mi Padre, ¿no he de beberlo?

9-602-433 “Jesús Red.”
18,12-14 Jesús, conducido a la casa de Anás
18,12-13

La cohorte, pues, y el tribuno y los alguaciles de los judíos se apoderaron de Jesús y le ataron, y le condujeron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, pontífice aquel año.

10-604-2 “Jesús Red.”
18,14-14

Era Caifás el que había aconsejado a los judíos: “Conviene que un hombre muera por el pueblo”.

10-604-2
(8-549-385)
“Jesús Red.” (“Jesús Red.”)
18,15-18 Primera negación de Pedro
18,15-18

Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del pontífice, y entró al tiempo que Jesús en el atrio del pontífice, mientras que Pedro se quedó fuera, a la puerta. Salió, pues, el otro discípulo conocido del pontífice y habló a la portera e introdujo a Pedro. La portera dijo a Pedro: ¿Eres tú acaso de los discípulos de este hombre? Él dijo: No soy. Los siervos del pontífice y los alguaciles habían preparado un brasero, porque hacía frío, y se calentaban, y Pedro estaba también con ellos calentándose.

10-604-2 “Jesús Red.”
18,19-23 Jesús ante Anás
18,19-23

El pontífice preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina. Respondióle Jesús: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre enseñé en las sinagogas y en el templo, a donde concurren todos los judíos; nada hablé en secreto. ¿Qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído qué es lo que yo les he hablado; ellos deben saber lo que les he dicho. Habiendo dicho esto Jesús, uno de los alguaciles, que estaba a su lado, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si hablé mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me pegas?

10-604-2 “Jesús Red.”
18,24-24 Jesús ante Caifás
18,24-24 Anás le envió atado a Caifás, el pontífice. 10-604-2 “Jesús Red.”
18,25-27 Segunda y tercera negación de Pedro
18,25-27

Entre tanto, Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: ¿No eres tú también de sus discípulos? Negó él y dijo: No soy. Díjole uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja: ¿No te he visto yo en el huerto con Él? Pedro negó de nuevo, y al instante cantó el gallo

10-604-2 “Jesús Red.”
18,28–19,16 Jesús conducido al pretorio, ante Pilatos

¿Qué cosa es la verdad?

18,28-32

Llevaron a Jesús de casa de Caifás, al pretorio. Era muy de mañana. Ellos no entraron en el pretorio por no contaminarse, para poder comer la Pascua. Salió, pues, Pilatos fuera y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Ellos respondieron, diciéndole: Si no fuera malhechor, no te lo traeríamos. Díjoles Pilatos: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Le dijeron entonces los judíos: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie. Para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, significando de qué muerte había de morir.

10-604-2 “Jesús Red.”
18,33-38

Entró Pilatos de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Por tu cuenta dices eso o te lo han dicho otros de mí? Pilatos contestó: ¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Jesús respondió: Mi Reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi Reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilatos: Luego ¿tú eres rey? Respondió Jesús: Tú dices que soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz. Pilatos le dijo: ¿Y qué es la verdad? Y dicho esto, de nuevo salió a los judíos y les dijo: Yo no hallo en éste ningún delito.

10-604-2 “Jesús Red.”

Jesús o Barrabás

18,39-40

Hay entre vosotros costumbre de que os suelte a uno en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos? Entonces de nuevo gritaron, diciendo: ¡No a éste, sino a Barrabás! Era Barrabás un bandolero.

10-604-2 “Jesús Red.”

Azotado, coronado, escarnecido

19,1-3

Tomó entonces Pilatos a Jesús y mandó azotarle. Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura y, acercándose a Él, le decían: ¡Salve, rey de los judíos!; y le daban de bofetadas.

10-604-2 “Jesús Red.”
Ecce Homo
19,4-7

Otra vez salió fuera Pilatos y les dijo: Aquí os lo traigo para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilatos les dijo: Ahí tenéis al hombre. Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus servidores, gritaron, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Pilatos les dijo: Tomadlo vosotros y crucificadle, pues yo no hallo delito en Él. Respondieron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.

10-604-2 “Jesús Red.”

La autoridad de Pilatos viene de lo alto

19,8-12

Cuando Pilatos oyó estas palabras, temió más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Jesús no le dio respuesta ninguna. Díjole entonces Pilatos: ¿A mí no me respondes? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? Respondióle Jesús: No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto los que me han entregado a ti tienen mayor pecado. Desde entonces Pilatos buscaba librarle; pero los judíos gritaron, diciéndole: Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César.

10-604-2 “Jesús Red.”

Jesús es condenado

19,13-16

Cuando oyó Pilatos estas palabras sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el sitio llamado litóstrotos, en hebreo gabbata. Era el día de la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Dijo a los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. Pero ellos gritaron: ¡Quita, quita! ¡Crucifícale! Díjoles Pilatos: ¿A vuestro rey voy a crucificar? Contestaron los príncipes de los sacerdotes: Nosotros no tenemos más rey que al César. Entonces se lo entregó para que le crucificasen.

10-604-2 “Jesús Red.”
19,17-17 Camino del Calvario
19,17-17 Tomaron, pues, a Jesús, que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota. 10-608-53 “Jesús Red.”
19,18-24 Crucifixión
19,18-18

Allí le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.

10-609-69 “Jesús Red.”
19,19-22

Escribió Pilatos un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Muchos de los judíos leyeron este título, porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Dijeron, pues, a Pilatos los príncipes de los sacerdotes de los judíos: No escribas «Rey de los judíos», sino que Él ha dicho: «Soy rey de los judíos». Respondió Pilatos: Lo escrito, escrito está.

10-604-2 “Jesús Red.”
19,23-24

Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: “No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quién le toca”, a fin de que se cumpliese la Escritura: Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes. * Es lo que hicieron los soldados.

10-609-69—

(10–614–141)

“Jesús Red.”
—(“Jesús Red.”)
19,25-30 Últimas palabras y muerte de Jesús
19,25-27

Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

10-609-69 “Jesús Red.”
19,28-30

Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un botijo lleno de vinagre. Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la llevaron a la boca. Cuando hubo gustado el vinagre, dijo Jesús: Todo está acabado, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

10-609-69 “Jesús Red.”
19,31-38 La lanzada
19,31-34

Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilatos que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua.

10-609-69 “Jesús Red.”
19,35-37

El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: “No romperéis ni uno de sus huesos”. * Y otra Escritura dice también: “Mirarán al que traspasaron”. *

19,38-38

Después de esto rogó a Pilatos José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por temor de los judíos, que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús, y Pilatos se lo permitió. Vino, pues, José de Arimatea y tomó su cuerpo

10-609-69 “Jesús Red.”
19,39-42 Sepultura de Jesús.
19,39-42

Llegó también Nicodemo, el mismo que había venido a Él de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo fajaron con bandas y aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Había cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido depositado. Allí, a causa de la Parasceve de los judíos, por estar cerca el sepulcro, pusieron a Jesús.

10-610-94 “Jesús Red.”
(20-21) RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO 10-617-169 “Jesús Res.”
20,1-2 Magdalena encuentra removida la piedra
20,1-2

El día primero de la semana, María Magdalena vino muy de madrugada, cuando aún era de noche, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. Corrió y vino a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: Han tomado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde le han puesto.

10-619-175 “Jesús Res.”
20,3-10 Comprobación por Pedro y Juan
20,3-10

Con esta nueva, Pedro y el otro discípulo fueron al sepulcro. Ambos corrían; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, vio los lienzos; pero no entró. Llegó Simón Pedro después de él, y entró en el sepulcro y vio las fajas allí colocadas, y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con las fajas, sino envuelto aparte. Entonces entró también el otro discípulo que vino primero al sepulcro, y vio y creyó; porque aún no se habían dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que Él resucitase de entre los muertos. Los discípulos se fueron de nuevo a casa.

10-619-175 “Jesús Res.”
20,11-18 Aparición a María Magdalena
20,11-18

María se quedó junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. Le dijeron: ¿Por qué lloras, mujer? Ella les dijo: Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde le han puesto. Diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí, pero no conoció que fuese Jesús. Díjole Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si le has llevado tú, dime dónde le has puesto, y yo le tomaré. Díjole Jesús: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboni!, que quiere decir Maestro. Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor”, y las cosas que le había dicho.

10-619-175 “Jesús Res.”
20,19-25 Primera aparición de Jesús a sus discípulos
20,19-23

La tarde del primer día de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los discípulos por temor de los judíos, vino Jesús y, puesto en medio de ellos, les dijo: La paz sea con vosotros. Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron viendo al Señor. Díjoles otra vez: La paz sea con vosotros. Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos.

10-627-211 “Jesús Res.”
20,24-25

Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.

10-628-222 “Jesús Res.”
20,26-29 Segunda aparición a sus discípulos: Tomás presente
20,26-29

Pasados ocho días, otra vez estaban dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Vino Jesús, cerradas las puertas, y, puesto en medio de ellos, dijo: La paz sea con vosotros. Luego dijo a Tomás: Alarga acá tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Respondió Tomás y dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron.

10-629-226 “Jesús Res.”
20,30-31 Otras señales (apariciones) milagrosas
20,30-31

Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

10-621-187
10-622-192
10-623-196
10-624-198
10-626-208
10-630-234
10-631-253
10-632-268

“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”
“Jesús Res.”

21,1-25 Postrera aparición a sus discípulos, en el lago
21,1-4

Después de esto se apareció Jesús a los discípulos junto al mar de Tiberíades, y se apareció así: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Caná de Galilea, y los de Zebedeo, y otros dos discípulos. Díjoles Simón Pedro: Voy a pescar. Los otros le dijeron: Vamos también nosotros contigo. Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no pescaron nada. Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús.

10-633-302 “Jesús Res.”
21,5-8

Díjoles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis en la mano nada que comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrar la red por la muchedumbre de los peces. Dijo entonces aquel discípulo a quien amaba Jesús: ¡Es el Señor! Así que oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la sobretúnica —pues estaba desnudo— y se arrojó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces.

10-633-302 “Jesús Res.”
21,9-13

Así que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas y pan. Dijoles Jesús: Traed de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes; y con ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres?, sabiendo que era el Señor. Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pez.

10-633-302 “Jesús Res.”
21,14-14

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitado de entre los muertos.

Otorgamiento de la misión a Pedro

21,15-18

Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas a donde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.

10-633-302 “Jesús Res.”
21,19-19a

Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios.

El discípulo amado

21,19b-22

Después añadió: Sígueme. Se volvió Pedro y vio que seguía detrás el discípulo a quien amaba Jesús, el que en la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Viéndole, pues, Pedro, dijo a Jesús: Señor, ¿y éste, qué? Jesús le dijo: Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.

10-633-302 “Jesús Res.”
21,23-24

Se divulgó entre los hermanos la voz de que aquel discípulo no moriría; mas no dijo Jesús que no moriría, sino: Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que venga, ¿a ti qué? Este es el discípulo que da testimonio de esto, que lo escribió, y sabemos que su testimonio es verdadero.

21,25-25

Muchas otras cosas hizo Jesús, que, si se escribiesen una por una, creo que este mundo no podría contener los libros.

.

.

.                         Citas bíblicas en el Evangelio de San Juan

 


1,19-23
: Is. 40,3.   2,13-17: Sal. 69,10.   6,41-47: Is. 54,13; Jer. 31,33.  10,31-39: Sal. 82,6.  12,12-19: Sal. 118,2;  Zac. 9,9.   12,37-41: Is. 53,1.  12,37-41: Is. 6,10.   13,12-20: Sal. 41,10.   15,24-25: Sal. 35,19.   19,23-24: Sal. 22,19.   19,36:  Éx. 12,46; .   19,37:  Zac. 12,10.

 

 

.                                                         *******

 

Comments are closed.