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El tema de “Palabra de Dios”, comprende:

a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna

.      «El Evangelio como me ha sido revelado»

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b) Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»

c) Dictado extraído del «Libro de Azarías»
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a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
«El Evangelio como me ha sido revelado«
(«El Hombre-Dios»)
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(<Una lección de Jesús para aquellos que ponen en duda o niegan las verdades de la Fe, en este caso el Pecado Original, que ha sido explicado también por María, su Madre>)
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———– (1-26-96).- “A la Sabiduría gusta —para desorientar la soberbia de la inteligencia— derramarse sobre estos desechos del mundo, que viven solo en el amor y en la pureza”.
* “Hay muchos que, atrapados por fórmulas, quieren, al tratarse de las cosas divinas, pensar con su medida humana y quisieran también que Dios pensase así”.- Dice Jesús: “Las palabras de mi Madre bastarían para quitar toda clase de duda, incluso a los más atrapados por las fórmulas. ¡Y, en verdad, hay muchos! Quieren, al tratarse de las cosas divinas, pensar con su medida humana y quisieran también que Dios así pensase. Pero qué hermoso es pensar que Dios reflexiona de una manera completamente sobrehumana, diferente a como el hombre lo hace. Y sería una cosa bella que os esforzaseis en reflexionar no según el modo humano sino según el espíritu y que siguieseis a Dios. No quedarse enclavados donde vuestro pensamiento se quedó. También esto es soberbia, porque presupone la perfección en la inteligencia humana. Pues nada perfecto existe fuera del Pensamiento divino el cual, puede, si quiere y cree que sea útil hacerlo, descender y convertirse en Palabra en la mente y en los labios de una criatura suya que el mundo desprecia porque a sus ojos es ignorante, debilucha, tenaz, pueril. A la Sabiduría gusta —para desorientar la soberbia de la inteligencia— derramarse sobre estos deshechos del mundo, que no tienen doctrina propia, ni aun una cultura adquirida, sino viven solo en el amor y en la pureza, grandes por su voluntad de servir a Dios haciéndole conocer y amar después de haber merecido conocerle y amarle con todas sus fuerzas. Ved ¡oh hombres! En Fátima, en Lourdes, en Guadalupe, en Caravaggio, en la Salette ha habido verdaderas apariciones y santas;  los videntes, los que fueron llamados para ver, han sido pobres criaturas por su edad, por su cultura, eran de los más humildes seres de la tierra. A estos desconocidos, a estos «nada» se revela la Gracia y los hace sus heraldos. ■ ¿Qué deben hacer entonces los hombres? Inclinarse como el publicano y decir: «Señor, yo era demasiado pecador para merecer conocerte. Sé bendito por tu bondad que me consuela a través de estas criaturas y me proporcionan un guía, un maestro, una salvación». Y no decir: «¡Supersticiones! ¡Herejías! ¡No es posible!»”.
* “¿Por qué no es posible que un ignorante llegue a ser docto en la ciencia de Dios?”.-Jesús: “¿Cómo que no es posible? ¿No es posible que un ignorante llegue a ser docto en la ciencia de Dios? ¿Y por qué no es posible? ¿No acaso resucité a muertos, curé a dementes, epilépticos, mudos, hice que los ciegos viesen, los sordos oyesen, entendiesen los retrasados mentales? ¿Qué cosa hay imposible para Dios?  ■ Y antes de que Dios, el Mesías, Hijo de Dios estuviese entre vosotros, ¿no obró acaso el milagro por medio de sus siervos que obraban en su Nombre? ¿No se convirtieron en fecundas las entrañas de Sarai la esposa de Abraham para que fuese Sara y en su vejez diese a luz a Isaac destinado para ser el que volviese a hacer el pacto? (1) ¿No se cambiaron en sangre las aguas del Nilo y se llenaron de animales inmundos por orden de Moisés? Y por su palabra, ¿no acaso murieron de peste los animales y úlceras destrozaron las carnes de los hombres, y sus trigales fueron devastados por el granizo terrible, sus árboles los dejaron sin follaje las langostas, y por tres días no hubo luz, y los primogénitos fueron muertos, y se abrió el mar para que pasase Israel, se endulzaron las aguas que eran amargas, y vino abundancia de codornices y maná, y brotó agua de la roca árida? (2) ¿No acaso Josué detuvo el sol en su carrera? (3)  ¿Y el joven David no echó por tierra al gigante (4), y Elías multiplicó la harina y el aceite y resucitó al hijo de la viuda de Sarepta? (5)  ¿No acaso a su mandato bajó la lluvia sobre la tierra árida y fuego del Cielo sobre el holocausto? (6) ¿Y el Nuevo Testamento no es acaso un bosque florido de milagros? ¿Quién es el Señor del milagro?  ¿Qué cosa, pues, es imposible para Dios? ¿Quién como Dios? Doblegad la frente y adorad”.
* No hagáis como los judíos de mi tiempo, cuando viví, que cerraron su corazón a mis instrucciones y no pudiendo comprender los misterios y las verdades sobrenaturales, me llamaron obseso y blasfemo”.-Jesús: “Y, si debido a que los tiempos ya empiezan a madurar para la gran cosecha, y todo debe conocerse antes de que el hombre cese de existir, todo: las profecías dichas después de Cristo, las proferidas antes de Él, y el simbolismo bíblico que tiene principio desde las primeras palabras del Génesis —y si os instruyo sobre un punto que hasta ahora no había sido explicado— aceptad este regalo y sacad el fruto, y no lo condenéis. No hagáis como los judíos de mi tiempo, cuando viví, que cerraron su corazón a mis instrucciones y no pudiendo comprender los misterios y las verdades sobrenaturales, me llamaron obseso y blasfemo”. (Escrito el 8 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  Gén.  17,15-21.   2  Nota  : Cfr.  Éx.  7,17… 17,7.   3  Nota  : Cfr.  Jos.  10,12-14.   4  Nota  : Cfr. 1  Sam.  17.   5  Nota  : Cfr. 1  Rey.  17,7-24.   6  Nota  : Cfr  1  Rey. 18,19-46
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(<Jesús, al inicio de su vida pública, en la sinagoga de Cafarnaúm llena de gente, proclama el Reino de Dios del que Él es su Rey. “Preparad el camino del Señor”. Viene a llamar en primer lugar al pueblo de Israel “porque sois vosotros los que en los padres de los padres recibisteis la promesa de esta hora… arrepentíos de vuestros pecados para entrar en este Reino que es inminente… que os encuentre limpios para pasar a ser merecedores del eterno día”>)
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1-59-324  (1-22-355).- El error del pueblo judío: interpretar la Escritura según el modo humano.
* Tú interpretas según el modo humano (la frase de los Macabeos). Yo según el del espíritu, con referencias a lo sobrenatural, eterno”.- ■ Se levanta a rebatirle un barbudo y seco israelita que dice: “Maestro lo que has dicho me parece que está en contradicción de lo que se lee en el libro segundo de los Macabeos, gloria de Israel (1). Allí está escrito: «Efectivamente, es signo de gran benevolencia el no permitir a los pecadores que sigan tras de sus caprichos durante largo tiempo, sino pasar enseguida al castigo. El Señor no se comporta con ellos como con las otras naciones, que las espera con paciencia, para castigarles en el día del Juicio, colmada ya la medida de los pecados». Sin embargo, Tú hablas como si el Altísimo pudiera ser muy tardo a la hora de castigarnos, esperándonos, como a los otros pueblos, para el tiempo del Juicio, cuando esté colmada la medida de los pecados. Verdaderamente los hechos te desmienten. Israel sufre el castigo, como dice el historiador de los Macabeos. Si fuera como Tú dices, ¿no habría desacuerdo entre tu doctrina y la contenida en la frase que te cité?”. ■ Jesús: “No sé quién eres, pero quien quiera que seas, te respondo: No hay desacuerdo en la doctrina, sino en el modo de interpretar las palabras. Tú las interpretas según el modo humano, Yo según el del espíritu. Tú, representante de la mayoría, ves todo con referencia a lo presente y caduco;  Yo, representante de Dios, todo lo explico, y aplico, a lo sobrenatural y eterno. Sí, Yeové os ha castigado en lo temporal, en la soberbia y en la justicia de ser un «Pueblo» según la tierra. Pero ¡cuánto os ha amado y cuánta  paciencia tiene con vosotros  —más que con cualquier otro pueblo—, concediéndoos el Salvador, su Mesías, para que le escuchéis y os salvéis antes de que llegue la hora de la ira divina. No quiere que seáis pecadores. Pero, si os ha castigado en lo caduco, viendo que la herida no se cura, antes al contrario insensibiliza cada vez más vuestro espíritu, he aquí que os manda no castigo sino salvación. Os manda a Aquel que os cura y os salva, Yo, quien os está hablando”. (Escrito el 2 de Noviembre de 1944).
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1  Nota  : Cfr. 2 Mac.  6,13-14.
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2-132-316 (2-99-820).- “Cada palabra de la historia de Israel, pues es el pueblo elegido, tiene un significado espiritual”.
* La historia de Israel tiene una enseñanza no solo para esta vida sino también para la conquista de los días eternos”.- ■ Dice Jesús: “Hijos míos en el Señor, la fiesta de la Purificación está ya a las puertas, y a ella Yo, Luz del Mundo, os envío preparados con lo mínimo necesario para que la celebréis bien, la primera lámpara de la fiesta, que podrá daros llama para todas las otras; porque sería muy necio quien pretendiese encender muchas lámparas no teniendo cómo encender la primera; y mucho más necio sería quien pretendiese iniciar su santificación partiendo de las cosas más difíciles, relegando lo que es la base del edificio inmutable de la perfección: el Decálogo. ■ Se lee en los Macabeos que Judas con los suyos, después que capturó con la ayuda del Señor el Templo y la Ciudad, destruyó los altares dedicados a los dioses extranjeros, así como los edificios de culto, y purificó el Templo. Después levantó otro altar, y con un pedernal prendió fuego y ofreció sacrificios, quemó el incienso, puso las lámparas y los panes de la proposición y luego, postrados todos por tierra suplicaron al Señor que no permitiera que volvieran a pecar, o si, por debilidad, cayeran de nuevo en el pecado, los tratara con divina misericordia. Sucedía esto el 25 del mes de Casleu. Reflexionemos y apliquémonos nosotros mismos lo referido, porque cada palabra de la historia de Israel, pues que es el Pueblo elegido, tiene un significado espiritual. La vida es siempre una enseñanza. La vida de Israel es enseñanza no sólo para los días en que se vive sobre la tierra, sino para la conquista de los días eternos”.   (Escrito el 17 de Marzo de 1945).
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3-160-2 (3-20-84).- Diálogo con el rabí Gamaliel en el camino a Gíscala: la buena voluntad para entender la Palabra, la naturaleza (Génesis) y los cimientos de la fe.- «El hombre es grande cuando se humilla»: lema del rabí Hilel.
* Créeme, si me aceptan y prestan oído a mis palabras, todo can­sancio cesa”.- ■ “¡Maestro! ¡Maestro! ¿Sabes quién nos precede? ¡El rabí Gama­liel! Está sentado con sus servidores en la sombra del bosque, prote­gido del viento. Es una caravana. Están asando un cordero. ¿Y ahora qué hacemos?”. Jesús: “Pues lo que queríamos hacer, amigos. Nosotros vamos por nues­tro camino…”. Discípulos: “Pero Gamaliel es del Templo”. Jesús: “Gamaliel no es malo. No tengáis miedo. Voy Yo adelante”. Los dos primos, todos los galileos y Simón, dicen al unísono: “¡Voy también yo!”. Sólo el Iscariote y un poco menos Tomás muestran po­cas ganas de continuar el camino, pero siguen a los otros. Unos metros todavía por un camino montañoso encajado entre las paredes boscosas del monte… Luego el camino gira y llega a una especie de pequeña meseta, a la que atraviesa, ensanchándose, para luego volver a estrecharse y a hacerse tortuoso bajo un techo de ra­mas entrelazadas. ■ En el claro soleado del bosque, amparados por la sombra de las primeras hojas de los árboles, hay, bajo una rica tien­da, un nutrido número de personas, y otros que, en un ángulo, están girando el cordero que tienen puesto sobre la llama. ¡Qué decir! ¡Gamaliel se cuida bien! Para un solo hombre que via­ja —es decir, él— ha movilizado un regimiento de servidores con no sé cuánto equipaje. Ahora está allí, sentado, en el centro de su tien­da: un telón extendido apoyado en cuatro palos dorados, una especie de baldaquino, bajo el cual hay unos asientos bajos cubiertos de coji­nes, y una mesa, que es una superficie montada sobre caballetes ta­raceados, aparejada con un finísimo mantel sobre el que los servido­res disponen una valiosa vajilla. Gamaliel parece un ídolo: con las manos abiertas sobre las rodillas, rígido, hierático, parece una esta­tua. En torno a él, los servidores se mueven y giran de un lado para otro como mariposas. Él está en otras cosas, está pensando: los pár­pados semicierran sus ojos severos; cuando los abre, dos oscurísimos ojos profundos y llenos de pensamiento se muestran en toda su seve­ra belleza, a ambos lados de una nariz larga y fina, bajo una frente un poco calva de viejo, alta, signada por tres arrugas paralelas, con una gruesa vena azulada que dibuja casi una V en el centro de la sien derecha. ■ Los sirvientes se vuelven por el rumor de los pasos de los que lle­gan; también Gamaliel, el cual, al ver a Jesús, que viene el primero, hace un gesto de sorpresa y se pone en pie. Se acerca al límite de la tienda, pero no lo sobrepasa. Desde allí, con los brazos recogidos so­bre el pecho, se inclina con gran reverencia. Jesús responde de la misma forma. Gamaliel dice: “¿Estás aquí, Rabí?”. Jesús responde: “Aquí estoy, rabí”. Gamaliel: “¿Se te puede preguntar a dónde te diriges?”. Jesús: “Con gusto te respondo: vengo de Neftalí y voy a Giscala”. Gamaliel: “¿A pie? Largo y penoso es el camino por estos montes. Te vas a cansar demasiado”. Jesús: “Créeme, si me aceptan y prestan oído a mis palabras, todo can­sancio cesa”. Gamaliel: “Concédeme entonces, por una vez, que sea yo quien te propor­cione descanso. El cordero ya está preparado. Habríamos dejado los restos a las aves, porque no acostumbro a llevármelos conmigo, así que no me supone ninguna dificultad invitaros a Ti y a los tuyos. Soy amigo tuyo, Jesús. No te considero inferior a mí; antes al contrario, mayor”. Jesús: “Lo creo. Acepto”. ■ Gamaliel habla con un sirviente, que parece el primero en autori­dad. Éste transmite la orden: prolongan la tienda y descargan de los muchos mulos que hay otros asientos para los discípulos de Jesús y otros objetos del servicio de mesa. Traen las copas para la purificación de los dedos. Jesús, con la máxima majestuosidad, procede al rito mientras los apóstoles —ob­servados con el rabillo del ojo, agudamente, por Gamaliel— lo hacen más mal que bien, excepto Simón, Judas de Keriot, Bartolomé y Ma­teo, más habituados a los refinamientos judaicos.  Jesús se ha puesto junto a Gamaliel, que está solo en uno de los lados de la mesa. Frente a Jesús, Simón Zelote. Después de la ora­ción de ofrecimiento, recitada por Gamaliel con lentitud solemne, los sirvientes trinchan el cordero y lo distribuyen a los invitados, y lle­nan de vino las copas, o de agua de miel para quien lo prefiere.
El viejo Israel (que se refleja en Gamaliel)  no aplica su voluntad a entender al Maestro… y otros, lo que es peor, a entender mal y alterar mi palabra. Toda alma que se desvía, o que es desviada —y desviar es alterar mi palabra y mi obra—  es un da­ño hecho a Dios en esa alma que se pierde”.- ■ Gamaliel dice: “El azar nos ha reunido, Maestro. No me podía imaginar que te iba a encontrar, y menos aún dirigido a Giscala”. Jesús: “Me dirijo a todo el mundo”. Gamaliel: “Sí. Eres el Profeta infatigable. Juan es el estable; Tú, el peregri­no”. Jesús: “Ello facilita a las almas el encontrarme”. Gamaliel: “No diría yo lo mismo, porque si te mueves pierden tu pista”. Jesús: “La pierden los enemigos, pero quienes desean acercarse a Mí, porque aman la Palabra de Dios, me encuentran. No todos pueden venir al Maestro; por lo cual, el Maestro, deseoso de todos, va a ellos, haciendo así el bien a los buenos y evitando las conjuras de quienes le odian”. Gamaliel: “¿Lo dices por mí? No te odio”. Jesús: “No lo digo por ti. Pero, siendo justo y sincero como eres, podrás corroborar lo que acabo de decir”. Gamaliel: “Sí, así es. De todas formas… es que nosotros los viejos te com­prendemos mal”. Jesús: “Sí. El viejo Israel me comprende mal. Por desgracia para él… y por propia voluntad”. Gamaliel: “¡Nooo!”. Jesús: “Sí, rabí; no aplica su voluntad a entender al Maestro. Y quien se limita a eso todavía hace un mal relativo. Pero es que otros aplican su voluntad a entender mal y a alterar mi palabra para dañar a Dios”. Gamaliel: “¿A Dios? Él está por encima de las insidias humanas”. Jesús:  “Sí, pero toda alma que se desvía, o que es desviada —y desviar es alterar mi palabra y mi obra a sí mismo o a los demás— es un da­ño hecho a Dios en esa alma que se pierde: toda alma que se pierde es una herida infligida a Dios”. ■ Gamaliel baja la cabeza y piensa con los ojos cerrados. Luego se aprieta la frente entre sus largos y delgados dedos con un movimien­to involuntario de aflicción. Jesús le escudriña con su mirada. Ga­maliel levanta la cabeza, abre los ojos, mira a Jesús y dice: “Pero Tú sabes que no soy uno de ellos”. Jesús: “Lo sé, pero eres uno de los primeros”. Gamaliel: “Sí, eso es verdad. Pero no es que no me aplique a entenderte. Lo que pasa es que tu palabra se detiene en mi mente y no va más aba­jo. La mente la admira, cual palabra de hombre docto, pero el espíritu…”. Jesús: “Pero el espíritu no puede recibirla, Gamaliel, porque tiene de­masiados estorbos; que además son cosas ya inservibles. Viniendo de Neftalí, hace poco he pasado por un monte que sobresale de la cade­na montañosa. He querido pasar por ese lugar para contemplar la belleza de los dos lagos de Genesaret y Merón desde lo alto, como los ven las águilas y los ángeles del Señor, para decir una vez más: «Gracias, Creador, por la belleza que nos regalas». Pues bien, mien­tras que toda la cadena es un fértil florecer, reverdecer, poblarse de ho­jas los prados, de frutos, de campos y de bosques, mientras los laureles desprenden su aroma junto a los olivos, preparando ya la nieve de las mil flores, y el robusto roble parece hacerse más bueno porque se viste de las coronas de las clemátides y madreselvas… allí no, allí no hay nada de verde ni fertilidad, ni de parte del hombre ni de la naturaleza: todo es­fuerzo del viento, todo esfuerzo de los hombres se malogra allí, por­que las ruinas ciclópeas de la antigua Hatzor escombran todo, y entre esas voluminosas piedras no puede sino crecer la ortiga y la zarza y anidar la serpiente. Gamaliel…”. Gamaliel: “Comprendo. También nosotros somos escombros… Comprendo la parábola, Jesús. Pero… no puedo… no puedo cambiar de línea de actuación: las piedras están demasiado profundas”. ■ Jesús: “Alguien en quien crees te dijo: «Las piedras se estremecerán cuando pronuncie mis últimas palabras» (1). Pero, ¿por qué esperar a las últimas palabras del Mesías? ¿No tendrás remordimientos por no haberme querido seguir antes? ¡Oh, las últimas!… Tristes palabras, si se trata de un amigo que muere y que hemos ido a escuchar dema­siado tarde. Y mis palabras son más que las de un amigo”. Gamaliel: “Tienes razón, pero no puedo. Espero ese signo para creer”. Jesús: “No basta un rayo para cultivar un campo yermado; no lo recibe la tierra, sino sólo las piedras que la cubren. Trabaja al menos en quitarlas, Gamaliel; si no, si continúan así, en lo profundo de tu ser, la señal no te llevará a creer”. Gamaliel calla, absorto.
* La naturaleza es mi libro vivo. El hombre tiene siempre ante sus ojos los cimientos de la fe. El Génesis vive en la naturaleza. Y quien sabe ver sabe también creer. ¡Mirar quiere decir creer, si se sabe ver!… Gamaliel, demasiada ciencia, poco amor y poca humildad”.- ■ La comida termina. Jesús se levanta y dice: “Te doy gracias, Dios mío, por esta comida y por haber podido hablar al sabio. Y gracias a ti, Gamaliel”. Gamaliel: “Maestro, no te vayas así. Temo que estés enfadado conmigo”. Jesús: “¡Oh!, ¡no! Debes creerme”. Gamaliel: “Entonces, no vayas. Yo me estoy dirigiendo a la tumba de Hilel. ¿Desdeñarías venir conmigo? Nos llevará poco tiempo porque tengo mulos y asnos para todos. Simplemente les quitamos las albardas. Las llevarán los sirvientes. Así te será más corto el camino en el trecho más duro”. Jesús: “No sólo no desdeño ir contigo, sino que me siento honrado de ello y de ir a visitar la tumba de Hilel. Vamos pues”. ■ Gamaliel da unas órdenes y, mientras todos se ponen a trabajar para desmontar el comedor provisional, Jesús y el rabí montan a ca­ballo de una mula, y, al lado el uno del otro, avanzan por el camino escarpado, silencioso, en que suenan fuerte las pezuñas herradas.  Gamaliel guarda silencio: sólo dos veces le pregunta a Jesús si va cómodo en la silla. Jesús responde y calla luego, absorto en su pensa­miento, hasta el punto de que no ve que Gamaliel, sujetando un poco a su mula, le deja pasar adelante —la largura de un cuello— para estudiar todos sus movimientos. Los ojos del anciano rabí están tan atentos y fijos, que parecen los de un halcón al acecho de la presa. ■ Pero Jesús no se da cuenta; va sereno, acompañando el paso ondula­do de la cabalgadura; piensa; y, no obstante, advierte todos los deta­lles de lo que le rodea. Alarga una mano para cortar una ramita de retama de color de oro; sonríe a dos pajarillos que se están haciendo el nido en un gigantesco enebro; detiene la mula para escuchar a una cu­rruca; hace un gesto de asentimiento, como bendiciendo, al grito im­paciente con que una tórtola salvaje insta a su compañero al trabajo. Gamaliel: “Quieres mucho a las plantas y a los animales, ¿no?”. Jesús: “Sí, mucho; es mi libro vivo. El hombre tiene siempre ante sus ojos los cimientos de la fe. El Génesis vive en la naturaleza. Y quien sabe ver sabe también creer. ¿Puede, acaso, esta flor de tan delicado perfume y delicada materia de sus colgantes corolas, y tan en contraste con este espinoso enebro y con aquella aulaga llena de punzantes hojas, haberse hecho sola? Y, mira allí, ¿puede, acaso, haberse hecho así, solo, aquel petirrojo, con esa pincelada de sangre seca en su blando cuello? ¿Y aquellas dos tórtolas?: ¿cómo van a haber podido pintarse ese collar de ónix sobre el velo de las plumas grises? ¿Y allí, esas dos mariposas?: una, negra con su dibujo de grandes ojos de oro y rubí; blanca con rayas azules la otra: ¿dónde habrán encontrado las piedras preciosas y las cintas para sus alas? ¿Y este riachuelo?: es agua, sí, pero ¿de dónde proviene?, ¿cuál es la fuente primera del agua-elemento? ¡Ah, mirar quiere decir creer, si se sabe ver!”. Gamaliel: “Mirar quiere decir creer. Miramos demasiado poco al Génesis vivo que tenemos ante nuestros ojos”. Jesús: “Demasiada ciencia, Gamaliel, y demasiado poco amor, y dema­siada poca humildad”. Gamaliel suspira y menea la cabeza.
Hilel debe enseñarte no solo a morir sino a vivir. «El hombre es grande cuando se humilla» era su lema preferido. Sube como Hilel. Él te precede porque ha sabido creer más humildemente que tú”.- ■ Gamaliel dice: “Bien, he llegado, Jesús. Allí está enterrado Hilel. Dejemos aquí las cabalgaduras y acerquémonos allí abajo. Un sirviente se ha­rá cargo de las mulas”. Se apean. Atan a un tronco las bestias. Se encaminan hacia un pequeño sepulcro que se destaca en la ladera del monte al lado de un vasto edificio completamente cerrado. Gamaliel, señalando la casa, dice: “Aquí vengo a meditar, como preparación a las fiestas de Israel”. Jesús: “La Sabiduría te dé todas sus luces”. Gamaliel: “Y aquí —y señala al sepulcro— para prepararme a la muerte: él era un justo”. Jesús: “Era un justo. Oro con gusto ante sus cenizas. Pero, Gamaliel, no sólo a morir debe enseñarte Hilel. Te debe enseñar a vivir”. Gamaliel: “¿Cómo, Maestro?”. Jesús: “«El hombre es grande cuando se humilla»: era su lema preferido…”. Gamaliel: “¿Cómo lo sabes, si no le has conocido?”. ■ Jesús: “Le he conocido… Y, además, aunque no hubiera conocido perso­nalmente a Hilel el rabí, su pensamiento lo hubiera conocido como de hecho lo conozco, porque nada ignoro del pensamiento humano”. Gamaliel inclina la cabeza y susurra: “Sólo Dios puede decir esto”. Jesús: “Dios y su Verbo. Porque el Verbo conoce al Pensamiento y el Pensamiento conoce al Verbo, y le ama, comunicándose a Él con sus tesoros para hacerle partícipe de Sí. El Amor estrecha los lazos y ha­ce de Ellos una sola Perfección. Es la Tríada que se ama y que divi­namente se forma, se genera, procede y completa. Todo pensamiento santo ha nacido en la Mente perfecta y se refleja en la mente del jus­to. ¿Puede, entonces, el Verbo ignorar los pensamientos de los justos, que son los pensamientos del Pensamiento?”. ■ Oran largamente ante el sepulcro cerrado. Se llegan a ellos los discípulos y luego los sirvientes: los primeros, a caballo; los otros, ba­jo el peso de los equipajes. Pero se detienen en los lindes del prado que precede al sepulcro. La oración termina. Jesús: “Adiós, Gamaliel. Sube como Hilel”. Gamaliel: “¿Qué quieres decir?”. Jesús: “Sube. Él te precede porque ha sabido creer más humildemente que tú. A ti la paz”. (Escrito el 10 de Mayo de 1945).
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1  Nota  : Gamaliel y la señal.- Jesús,  a los doce años,  estuvo en el Templo y se sometió a examen para adquirir la mayoría de edad según los preceptos de Israel. Terminados los días de Fiesta, mientras sus padres regresaban, Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo advirtieran, como nos narra Lucas 2,41-50. En el episodio analógico descrito por María Valtorta para la obra sobre el Evangelio, aparecen los personajes: Gamaliel y Hilel entre estos doctores. Jesús intervino en una disputa con ellos. Ese día, Gamaliel, impresionado por la ciencia de aquel Muchacho, oyó decirle: “Yo daré una señal…: Estas piedras del Templo se estremecerán  cuando llegue mi hora”. Gamaliel esperó esa señal para creer que Jesús era el Mesías  Se le dará el día de la Parasceve la señal, cuando Jesús moría en la Cruz, —la señal del velo del Templo al rasgarse—. Ese día, su espíritu de viejo y terco judío se abrirá y buscará afanosamente la luz, con el remordimiento de no haber comprendido jamás a Jesús en lo que realmente Él era.
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3-165-29 (———-).- Los hijos del Desorden y el Evangelio Apostólico.
* Empeño del Desorden para privar de partes al Evangelio. Errores de transcripción.- ■ Dice Jesús: “Estás mal. Te dejo tranquila. Observa solamente cómo puede cambiar todo una sola frase omitida o una palabra mal transcrita. Tú, escribiente, al fin y al cabo estás en vida y puedes corregir las cosas inmediatamente, pero piensa —y comprende— cómo veinte siglos han podido privar de partes, con daño deletéreo, no para la doctrina sino para la facilidad de comprensión, al Evangelio, al Evangelio apostólico. Esto —y si nos remontamos hasta el origen vemos en ello el empeño del Desorden— explica muchas cosas, y se presta a los hijos del Desorden para muchas otras cosas. Tú ves lo fácil que es caer en el error de transcripción… Pequeño Juan, estate tranquilo hoy. Eres una flor quebrada, mas Yo pasaré después a componer su pezón. Para hoy necesita las lágrimas de tu herida. Dios está contigo” (Escrito el 17 de Mayo de 1945).
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(<Es parte de un Discurso de la montaña>)
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3-174-118 (3-34-210).- Prudencia en revelar verdades eternas (1).- La casa edificada sobre roca (2).
* Los infectados de satanismo se apoderan de las verdades eternas para pasarse por profetas y corromper, ensuciar sacrílegamente las cosas de Dios… Las verdades eternas son como perlas y nunca se ha visto echar perlas a los cerdos…”.- ■ Dice Jesús: “No tengáis anticaridad, pero tampoco imprudencia. Os acabo del decir: «Extended vuestra mano a los que están cansados, a los que no saben, a los que se encuentran en las redes de súbitas desilusiones». Mas si es caridad enseñar a los que no saben, infundir ánimo a los que están cansados, dar nuevas alas a aquellos que por muchas co­sas las han roto, es imprudencia revelar las verdades eter­nas a los que están infectados de satanismo, que se apoderan de ellas para pasarse por profetas, infiltrarse entre las personas senci­llas, corromper, descarriar, ensuciar sacrílegamente las cosas de Dios. Respeto absoluto, saber hablar y callar, saber reflexionar y ac­tuar: éstas son las virtudes del verdadero discípulo para hacer prosé­litos y servir a Dios. Tenéis una inteligencia. Si sois justos, Dios os dará to­das sus luces para guiar aún mejor vuestra inteligencia. Pensad que las verdades eternas son semejantes a perlas, y nunca se ha visto arro­jar las perlas a los cerdos, que prefieren las bellotas y una papilla apestosa antes que perlas preciosas: las pisotearían sin piedad, para, des­pués, con la furia propia de quien hubiera sido despreciado y objeto de burla, revol­verse contra vosotros para despedazaros. No deis las cosas santas a los perros. Esto vale para ahora y para el futuro”.
* “El que escucha mi palabra es semejante al que construye su casa sobre roca”.-Jesús: “Muchas cosas os he dicho, hijos míos. Escuchad mis palabras: quien las escucha y las pone en práctica es comparable a un hombre reflexivo que, queriendo construir una casa, eligió un lugar rocoso. Sin duda le costó construir los cimientos. Tuvo que trabajar a base de pico y cincel, hacerse callos en las manos, cansar sus riñones. Pero luego pudo colar su argamasa en los huecos abiertos en la roca, y meter en ellos los ladrillos bien apretados, como se hace en la muralla de una fortaleza, y así la casa se fue alzando sólida como un monte. Vinieron las inclemencias del tiempo, los aguaceros; las lluvias desbordaron los ríos, silbaron los vientos, azotaron las olas… y la casa resistió todo. Así es el hombre que tiene una fe bien cimentada. Sin embargo, quien escucha con superficialidad y no se esfuerza en grabar en su corazón mis palabras —porque sabe que para hacerlo debería esforzarse, padecer dolor, extirpar demasiadas cosas— es semejante a aquel hombre que por pereza y necedad edifica su casa sobre la arena. En cuanto llegan las inclemencias, la casa, pronto construida, cae pronto, y el necio se queda mirando, desolado, sus ruinas y la ruina de su capital. Pues bien, en nuestro caso es peor que un derrumbamiento —que se podría, no sin gastos y esfuerzos, reparar todavía—; en este caso, una vez derrumbado el edificio mal construido de un espíritu, nada queda para volver a edificarlo. En la otra vida no se construye. ¡Ay de quien se presente allí con escombros! He terminado. Me encamino hacia el lago. Os bendigo en nombre de Dios Uno y Trino. Mi paz descienda sobre vosotros”.
* “¡Déjanos ir contigo! ¡Nadie habla como Tú!” (3).- Pero la muchedumbre grita: “Vamos también nosotros. ¡Déjanos ir contigo! ¡Nadie habla como Tú!”. Y se encamina también la gente siguiendo a Jesús, que baja no por la parte por la que ha subido sino por la opuesta, que va en línea recta hacia Cafarnaúm. La bajada es muy inclinada, pero se recorre muy rápidamente, y pronto llegan a los pies del monte, arrellanado sobre una verde y florida llanura. (Escrito el 29 de Mayo de 1945).
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1  Nota  : Cfr.  Mt.  7,6-6.   2  Nota  : Cfr.  Mt. 7,24-27;  Lc. 6, 47-49.    3  Nota  : Cfr.  Mt. 7,28-29.
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(<Es parte de un Discurso de la montaña>)
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3-176-127 (3-36-220).- Amar la Voluntad de Dios: es alimentarse de la Verdad y rechazar el Error. “No quien me dice «Señor, Señor», entrará en el Reino de los Cielos sino los que hacen la Voluntad de mi Padre” (1).
* “¿Si todo viene de la voluntad divina, también ésta quiere los errores de los hom­bres?”.- ■ Dice Jesús: “Hoy al amanecer se me ha hecho la observación de que, si todo viene de la voluntad divina, también ésta quiere los errores de los hom­bres. Es un error, un error además muy difundido. ¿Puede, acaso, un padre querer que el hijo se haga merecedor de condena? No, no pue­de. Y, a pesar de ello, vemos en las familias que algunos hijos se ha­cen tales, incluso teniendo un padre justo que les señala el bien que hay que hacer y el mal que hay que evitar: ninguna persona recta acusará a ese padre de haber estimulado al hijo al mal. Dios es el Padre, los hombres son los hijos. Dios señala el bien, y dice: «Mira, te pongo en esta circunstancia para tu bien»; o también, cuando el Maligno y los hombres que le sirven procuran desgracias a los  hombres, Dios dice: «Mira, en esta hora penosa actúa así, de forma que este mal sirva para eterno bien». Os aconseja, pero no os fuerza. Pues bien, entonces, si uno, aun conociendo cuál es la voluntad de Dios, prefiere hacer todo lo contrario, ¿se puede decir que tal cosa contraria es voluntad de Dios? No, no se puede. ■ Amad la voluntad de Dios; amadla más que a la vuestra, y seguidla contra las seducciones y los poderes de las fuerzas del mundo, de la carne y el demonio. También estas cosas tienen su voluntad, mas en verdad os digo que bien infeliz es quien ante ellas se doblega. Me llamáis Mesías y Señor. Decís que me amáis y me entonáis alabanzas. Me seguís, y tal cosa parece amor”.
* “Tras haber sido Pastor seré Juez. Entonces, separaré, no con dulzura sino con justicia inexorable, los que se alimentaron de la Verdad de aquellos que mezclaron Verdad y Error o se nutrieron sólo de Error”.-Jesús: “Y, sin embargo, en verdad os digo que no todos de entre vosotros entrarán conmigo en el Reino de los Cielos. Incluso entre mis más próximos y antiguos discípulos habrá quien no entre, porque muchos harán su voluntad, o la de la carne, el mundo y el demonio; no la de mi Padre. No quien me dice, «¡Señor! ¡Señor!» entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre mío; sólo éstos entrarán en el Reino de Dios. ■ Llegará un día en que Yo, quien os está hablando, tras haber sido Pastor, seré Juez. No os confiéis ilusamente en mi aspecto actual. Ahora mi cayado reúne a todas las almas dispersas y se muestra dulce para invitaros a venir a los pastos de la Verdad; entonces, el cayado será substituido por el cetro del Juez Rey y muy distinto será mi poder. Entonces, separaré, no con dulzura sino con justicia inexorable, las ovejas que se alimentaron de la Verdad de aquellas otras que mezclaron Verdad y Error o se nutrieron sólo de Error. Haré esto una primera vez y luego otra. Y ¡ay! de aquellos que entre la primera y la segunda comparecencia ante el Juez no se hayan purgado, no puedan purgarse de los venenos. ■ La tercera categoría no se purgará. Ninguna pena podría purgarla. Ha querido sólo el Error. En el Error permanezca. Pues en ese momento habrá incluso, entre éstos, quien gima: «¿Cómo es esto, Señor? ¿No hemos profetizado en tu nombre, no he­mos arrojado demonios y realizado muchos prodigios en tu nombre?». Pero Yo, en ese momento, muy claramente les diré: «Sí, habéis tenido la osadía de revestiros de mi Nombre para aparecer como no erais; habéis querido hacer pasar, como vida en Jesús, vuestro satanismo. El fruto de vuestras obras os acusa. ¿Dónde están los salvados por vosotros? ¿Dónde se cumplieron vuestras profecías? ¿A qué llevaron vuestros exorcismos? ¿Quién fue el cómplice de vuestros prodigios? ¡Oh, sí, muy poderoso es mi Enemigo, pero no puede más que Yo! Os ayudó, sí, para aumentar su botín; por obra vuestra se ensanchó el círculo de los que fueron arrastrados a la herejía. Realizasteis prodi­gios, sí, incluso aparentemente mayores que los de los verdaderos siervos de Dios, que no son payasos que dejan estupefactas a las muchedumbres, sino que son humildad y obediencia que dejan estupefactos a los ángeles. ■ Mis siervos verdaderos, con sus inmolaciones, no crean fantasmas, sino que los arrojan de los corazones; ellos, mis verdaderos siervos, no se imponen a los hombres, sino que muestran a Dios a los corazones de los hombres; lo único que hacen es cumplir la voluntad del Padre y llevan a otros a cumplirla, de la misma forma que una ola impulsa a la que la precede y atrae a la que la sigue, sin colocarse sobre un trono para decir: ‘Mirad’. Ellos, mis siervos verdaderos, hacen lo que Yo digo, sin pensar sino en hacerlo, y sus obras llevan esa señal mía de paz inconfundible, de mansedumbre, de orden. Por tanto puedo deciros: éstos son mis siervos; a vosotros no os conozco. Alejaos de mí todos vosotros, obradores de iniquidad». Esto diré entonces. Tremenda palabra será. Estad atentos a no merecérosla. ■ Id por el camino seguro de la obediencia —aunque sea penoso— hacia la gloria del Reino de los Cielos”. (Escrito el 1 de Junio de 1945).
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1  Nota  : Cfr.  Mt. 7,21-23;  Lc. 6,46-46.
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(<Después de la curación del paralítico en la piscina de Betsaida [Ju. 5,1-47] y de haber sido acusado de endemoniado por haber curado en sábado, Jesús se manifiesta “más que como un enviado: como Hijo, porque Dios es mi Padre. Si no me queréis respetar, no por eso interrumpiré el cumplimiento de mi misión”. Y continúa…>)
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3-225-442 (4-87-549).- “Los que oyen mi palabra y la acogen en su corazón y la ponen en práctica, aunque hayan muerto en el espíritu, volverán a vivir, pues mi Palabra es Vida que se infunde”.
* “Habéis humanizado de tal forma las cosas sobre­naturales, que ya sólo dais a las palabras un significado inmediato y terreno”.- ■ Dice Jesús: “En verdad os digo que quien escucha mi palabra y cree en quien me ha enviado tiene la vida eterna y no será condenado, sino que pasará de la muerte a la vida, porque creer en Dios y aceptar mi palabra quiere decir infundir en sí la Vida que no muere. Llega la hora —para muchos ya ha llegado— en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y aquel que la haya oído resonar, vivificadora, en el fondo de su corazón, vivirá. ¿Qué dices tú, escriba?”. Escriba: “Digo que los muertos no oyen y que estás desquiciado”. Jesús: “El Cielo te persuadirá de que no es así y de que tu saber es cero respecto al de Dios. Habéis humanizado de tal forma las cosas sobre­naturales, que ya sólo dais a las palabras un significado inmediato y terreno. Habéis enseñado la Haggadá (1) según fórmulas fijas, vuestras, sin esforzaros en comprender las alegorías en su auténtica verdad; y ahora, en vuestro ánimo, cansado del agobio de una humanidad que triunfa sobre el espíritu, no creéis ni siquiera en lo que enseñáis. Y ésta es la razón que explica el que ya no podáis luchar contra fuerzas ocultas”.
* La primera resurrección —la espiritual— realizo con mi Palabra. En verdad, no hay cosa mayor que la invisible —pero real— resurrección de un espíritu”.- ■ Jesús: “La muerte de que hablo no es la de la carne, sino la del espíritu.  Vendrán los que oyen con sus oídos mi palabra y la acogen en su corazón y la ponen en práctica. Éstos, aunque hayan muerto en el espíritu, volverán a vivir, pues mi Palabra es Vida que se infunde, y Yo la puedo dar a quien quiera, ya que poseo la perfección de la Vida, porque,  así como el Padre tiene en Sí la Vida perfecta, el Hijo recibió del Padre la Vida en Sí mismo, perfecta, completa, eterna, inagotable y fácil de transfundir. Junto con la Vida, el Padre me ha dado el poder de juzgar, porque el Hijo del Padre es el Hijo del hombre, y puede y debe juzgar al hombre. ■ No os maravilléis de esta primera resurrección —la espiritual— que realizo con mi Palabra. Veréis otras más asombrosas todavía, más asombrosas para vuestros sentidos pesados porque en verdad os digo que no hay cosa mayor que la invisible —pero real— resurrección de un espíritu. Se acerca la hora en que la voz del Hijo de Dios penetrará en los sepulcros y todos los que están en ellos la oirán: quienes hicieron el bien saldrán para ir a la resurrección de la Vida eterna; quienes hicieron el mal, a la resurrección de la condena eterna. ■ No digo que esto lo hago, y lo haré, por Mí mismo, sólo por mi propia voluntad, sino por la voluntad del Padre y la mía. Hablo y juzgo según lo que escucho, y mi juicio es recto porque no busco mi voluntad, sino la del que me ha enviado. Yo no estoy separado del Padre; estoy en Él y Él en Mí; conozco su Pensamiento y lo traduzco en palabras y en obras”.  (Escrito el 21 de Julio de 1945).
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1  Nota  : Haggadá. Esto es, los comentarios rabínicos sobre le la Biblia. Una clase de estos se encuentra en Sab. 16-19.
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(<Los apóstoles, Judas Iscariote sobre todo, no están de acuerdo con los sucesos del convite en casa de Simón el fariseo [Lc. 7,36-50] siendo la presencia de María Magdalena la causa principal del enfado del fariseo>)
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4-237-48 (4-100-600).- “En la verdad y en la honestidad, en la conducta moral, no existen adaptaciones ni transacciones”.
* “Merece la pena perder una pobre amistad humana por conquistar un alma”.- ■ Tomás pregunta: “Señor, ¿es verdad que María de Magdala pidió perdón en la casa del fariseo?”. Jesús: “Es verdad, Tomás”. Felipe: “¿Y Tú se lo concediste?”. Jesús: “Se lo di”. Bartolomé exclama: “Hiciste mal”. Jesús: “¿Por qué? Era un arrepentimiento sincero y merecía perdón”. Iscariote reprocha: “Pero no debías de habérselo dado en aquella casa, públicamente…”. Jesús: “No veo que me haya equivocado”. Iscariote: “En esto: Tú sabes quiénes son los fariseos, cuántas argucias tienen en su cabeza, cómo te espían, te calumnian, te odian. Tenías en Cafarnaúm un amigo, y era Simón el fariseo. Y llamas a su casa a una prostituta para profanarle la casa y hacer que se escandalicen de tu amigo Simón”. Jesús: “No la llamé Yo. Ella vino. No era prostituta. Era una arrepentida. Esto cambia mucho. Si antes no sentían asco en acercarse a ella, si no han sentido nunca asco de desearla, incluso en mi presencia, tampoco ahora que ella ya no es una carne sino un alma, deben sentir asco por verla entrar para arrodillarse a mis pies y llorar acusándose, humillándose con su humilde, pública confesión que manifestó con su llanto. La casa de Simón el fariseo se ha santificado con un gran milagro: «la resurrección de un alma». Hace unos cinco días me preguntó en la plaza de Cafarnaúm: “¿Has hecho solo este milagro?”, y él mismo me respondió por su cuenta: “Ciertamente no”, pues había deseado mucho ver uno. Pues se lo he dado. Le he elegido para ser testigo, paraninfo, de estos esponsalicios de un alma con la Gracia. Debería estar orgulloso”. Iscariote: “Pues, sin embargo,  está escandalizado. Has perdido un amigo”. Jesús: “Encontré un alma. Merece la pena perder la amistad de un hombre, la pobre amistad de un hombre, con tal de devolver a un alma la amistad de Dios”. ■  Iscariote: “Es inútil. Contigo no se puede reflexionar a la manera humana. Maestro, acuérdate de que estás en la tierra. Rigen las leyes y las ideas de la tierra. Tú obras con el método del Cielo, te mueves en tu Cielo al que tanto amas, todo lo ves a través de las luces de Cielo. ¡Pobre Maestro mío! ¡Cuán divinamente inepto eres para vivir entre nosotros los perversos!”. Judas Iscariote le abraza entre admirado y triste. Termina diciendo: “Y siento en el alma que te hagas de tantos enemigos por demasiada perfección”. Jesús: “No te acongojes, Judas. Está escrito que debe ser así. Pero ¿cómo sabes que Simón se ofendió?”.  Iscariote: “No dijo haberse ofendido, pero, a mí y a Tomás nos dio a entender que eso no estaba bien; no debías haberla invitado a su casa, donde solo entran personas honestas”. Pedro dice: “¡Bueno, sobre la honestidad de los que van a casa de Simón mejor no tocar!”. Mateo: “Podría asegurar que el sudor de las prostitutas se ha filtrado en el pavimento de Simón, en sus mesas y en otros lugares más”. Iscariote objeta: “Pero no públicamente”. Mateo: “No. Con hipocresía para ocultarlo”. Iscariote: “Entonces todo cambia”. Mateo: “Cambia también la entrada de una prostituta que entra para decir: «Dejo mi pecado infame», respecto a la de una que entra para decir: «Aquí me tienes para cometer juntos el pecado»”. Todos dicen: “Mateo tiene razón”. Iscariote: “Sí, tiene razón. Pero ellos no piensan como nosotros. Es necesario que hagamos transacciones con ellos, que nos adaptemos a ellos para que sean nuestros amigos”. Jesús dice con voz fuerte: “Esto jamás, Judas. En la verdad, en la honestidad, en la conducta moral, no existen adaptaciones ni transacciones”. Y concluye: “Por otra parte me consta que hice bien. Y es  suficiente”. (Escrito el 29  de  Julio de 1945).
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(<Jesús se encuentra en la ciudad de Tiberíades, acompañado de los apóstoles y de las mujeres, entre ellas María de Magdala. Naturalmente, el paso del grupo suscita curiosidad intensa, incluso morbosa al reconocer entre el grupo a María Magdalena, la antigua pecadora, a quien dirigen risotadas y burlas>)
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4-242-76 (4-105-630).- Jesús habla sobre la Verdad al romano Crispo, viejo epicúreo, el único de Tiberíades dispuesto a escucharle: “La clave para comprender cualquier cosa está en Dios porque la Verdad es Dios”.
* La mente cobra fuerzas en la Verdad”.- ■ Solo un viejo romano dice: “Respetad a una mujer. Es libre de hacer lo que quiera. Yo la defiendo”. Un joven le increpa: “¡El demagogo! ¡Oídlo!”, y le pregunta: “¿Te hizo mal el vino anoche?”. Otro le responde: “No. Tiene hipocondría porque le duele la espalda”. Y otro: “Vete con el Nazareno para que te la rasque”. El anciano responde: “Voy para que me rasque el fango que he cogido al contacto de vosotros”. Varios, en son de burla, acercándose a su alrededor: “¡Oh, Crispo, a los setenta años te has corrompido!”. ■ Mas el hombre al que han llamado Crispo no se preocupa de que se burlen de él y se echa a andar detrás de la Magdalena, la cual llega donde el Maestro, que se ha puesto a la sombra de un edificio bellísimo dispuesto en forma de exedra en dos lados de la plaza. ■ Y Jesús ya está batallando con un escriba que le está recriminando el hecho de su presencia en Tiberíades, y… con esa compañía. Jesús le responde: “¿Y tú? ¿por qué estás aquí? Esto respecto al hecho de estar en Tiberíades. Te digo, además, que en Tiberíades también hay almas a las que salvar, y más que en otros lugares”. Escriba: “No se las puede salvar: son gentiles, paganos, pecadores”. Jesús: “He venido para los pecadores. Para dar a conocer al Dios verda­dero. A todos. También para ti he venido”. Escriba: “No necesito maestros ni redentores: soy puro y docto”. Jesús: “¡Si al menos lo fueras como para conocer tu estado!”. Escriba: “Y Tú de saber cuánto te dañas con la compañía de una meretriz”. Jesús: “Te perdono. También en su nombre. Ella, humilde, anula su pe­cado; tú, por tu soberbia, doblas tus culpas”. Escriba: “No tengo culpas”. Jesús: “Tienes la culpa capital. No tienes amor”. El escriba dice: “¡Raca!” y se vuelve. Magdalena dice: “¡Por mi culpa, Maestro!”. Y, al ver la palidez de María Virgen, gime: “Perdóname. Hago que insulten a tu Hijo. Me retiraré…”. Jesús: “No. Tú te quedas donde estás. Lo quiero” y lo dice con voz in­cisiva y con un centelleo tal en los ojos, un no sé qué dominio en toda su persona, que le transforma en algo que infunde temor. Y luego más suavemente: “Tu te quedas donde estás, y si alguno no te sopor­ta a su lado será él, sólo él, quien se marchará”. ■ Jesús reanuda el paso en dirección a la parte occidental de la ciudad. El romano Crispo lo llama: “¡Maestro!”. Jesús se vuelve. Crispo: “Te llaman Maestro y también te llamo así. Tenía deseos de oírte hablar. Soy medio filósofo y medio epicúreo. Pero tal vez podrías hacer de mí, un hombre honesto”. Jesús le mira fijamente y le dice: “Dejo esta ciudad en que reina lo más bajo de los instintos humanos, y donde el escarnio manda”. Y vuelve a caminar. El hombre le sigue, sudoroso, anhelante porque el paso de Jesús es rápido, y él es grueso y entrado en años, además del peso de los vicios… ■ Tiberíades termina en las huertas de sus suburbios. Más allá está el camino polvoriento que conduce a Caná, entre huertos de árboles frutales por un lado y, por el otro lado, una serie de prados y campos agostados por el verano. Jesús se adentra en uno de los huertos. Se detiene bajo la sombra de los tupidos árboles. Llegan las mujeres y luego el jadeante roma­no, que realmente ya no puede más. Se pone un poco separado; no habla, pero mira. Jesús dice: “Mientras descansamos comemos. Allí hay un pozo y al lado un campesino. Id a pedirle agua”. Van Juan y Judas Tadeo. Vuelven con una jarra que gotea agua; seguidos del campesino, el cual ofrece unos espléndidos higos. “Que Dios te lo compense en salud y en cosecha”. Campesino: “Dios te proteja. ¿Eres el Maestro, verdad?”. Jesús: “Lo soy”. Campesino: “¿Vas a hablar aquí?”. Jesús: “No hay quien lo desee”. El romano Crispo grita: “Yo, Maestro. Más que el agua, que tan buena es para quien tie­ne sed”. Jesús: “¿Tienes sed?”. Crispo: “Mucha. He venido detrás de Ti desde la ciudad”. Jesús: “No faltan en Tiberíades fuentes de agua fresca”. Crispo: “No me entiendas mal, Maestro, o no aparentes no comprenderme. He venido siguiéndote para oírte hablar”. ■ Jesús: “¿Y por qué?”. Crispo: “No sé ni por qué ni cómo. Ha sido viéndola a ella (y señala a la Magdalena). No sé. Algo me ha dicho: «Ese hombre te dirá lo que to­davía no sabes». Y he venido”. Jesús: “Dad a este hombre agua e higos. Que conforte su cuerpo”. Crispo: “¿Y la mente?”. Jesús: “La mente cobra fuerzas en la Verdad”. Crispo: “Por esto te he seguido. He buscado la Verdad en todas partes. He encontrado la corrupción. Incluso en las mejores doctrinas hay siempre algo que no es bueno. Me he rebajado hasta acabar siendo un hombre nauseado y nauseabundo, sin más futuro que la hora que vivo”. Jesús le mira fijamente mientras come el pan y los higos que le han traído los apóstoles.  Pronto termina la comida.
.   ● Para encontrar la Verdad es necesario unir el intelecto con el amor y mirar las cosas no sólo con ojos sabios sino también con ojos buenos, porque la bondad vale más que la sabiduría. El que ama siempre encuentra una huella que conduce a la Verdad”.- ■Jesús, permaneciendo sentado, empieza a hablar, como si estuviera exponiendo una sencilla lección a sus apóstoles. El campesino también se queda cerca. “Muchos son los que se pasan la vida buscando la Verdad sin lle­gar a encontrarla. Parecen dementes que quieren ver teniendo una coraza de bronce que les tapa los ojos, y buscan con aspavientos es­pasmódicos, tan convulsamente, que se alejan cada vez más de la Verdad, o la tapan arrojando encima de ella cosas que su propia búsqueda necia remueve y hace que se caigan. Y es claro que así suceda, porque buscan donde la Verdad no puede estar. Para encontrar la Verdad es necesario unir el intelecto con el amor y mirar las cosas no sólo con ojos sabios sino también con ojos buenos, porque la bondad vale más que la sabiduría. ■ El que ama siempre encuentra una huella que conduce a la Verdad.  Amar no quiere decir gozar de una carne y para la carne. Eso no es amor. Es sensualidad. Amor es el afecto de corazón a corazón, de parte superior a parte superior, por el que en la compañera no se ve la esclava sino la generadora de los hijos, sólo eso, o sea, la mitad que forma con el hombre un todo que es capaz de crear una vida, va­rias vidas; o sea, la compañera que es madre, hermana, hija del hombre, que es más débil que un recién nacido o más fuerte que un león, según los casos, y que, como madre, hermana, hija, debe ser amada con respeto confidencial y protector. Lo que no es cuanto Yo digo no es amor, es vicio. No conduce hacia arriba sino hacia abajo, no a la Luz sino a las Tinieblas, no a las estrellas sino al fango. Amar a la mujer para saber amar al prójimo, amar al prójimo para saber amar a Dios. ■ He aquí la vía de la Verdad. La verdad está aquí, hombres que la buscáis. La Verdad es Dios. La clave para comprender cualquier cosa está aquí. Doctrina sin defecto sólo la de Dios. ¿Cómo podrá el hom­bre dar respuesta a sus porqués, si no tiene a Dios que le responda? ¿Quién podrá descubrir los misterios de la creación —aun sólo y simplemente éstos— sino el Hacedor supremo que la ha hecho? ¿Cómo comprender el prodigio vivo que es el hombre, ser en que se fusiona la perfección animal con aquella perfección inmortal que es el alma? Sí, dioses somos si tenemos viva en nosotros el alma, es decir, libre de aquellas culpas que envilecerían incluso al animal y que, no obs­tante, el hombre hace  y se gloría de ello. ■ A vosotros, buscadores de la Verdad, os digo las palabras de Job: «Pregunta a los jumentos y te instruirán, a las aves y te lo indicarán. Habla a la tierra y ella te responderá, a los peces y te lo darán a saber» (1). Sí, la tierra, esta tierra que verdea esta tierra florida, esta fruta que va creciendo en los árboles, estas aves que procrean, estas corrientes de viento que distribuyen las nubes, este sol que no yerra su alba desde hace siglos y milenios… todo habla de Dios todo da explicación de Dios, todo descubre y revela a Dios. Si la ciencia no se apoya en Dios se convierte en error, y no eleva; antes bien, degrada. El sa­ber no es corrupción si es religión. Quien tiene su saber en Dios no cae porque conoce su dignidad, porque cree en su futuro eterno. Mas es necesario buscar al Dios real, no fantasías, que no son dioses sino sólo delirios de hombres envueltos en las vendas de la ignorancia espiritual, por lo cual no hay traza de sabiduría en sus religiones ni de verdad en la fe de sus divinidades”.
.   ●  “Basta la buena voluntad de encontrar la Verdad, y antes o después la Verdad se dejará encontrar. Pero, una vez hallada, ¡ay de quien no la siga! imitando a los obstinados de Israel”.-Jesús: “Toda edad del hombre es buena para venir a la sabiduría. Es más, siguiendo con Job, se lee: «Al atardecer te nacerá como una luz meridiana y cuando te creas acabado, surgirás como la estrella de la mañana. Te verás lleno de confianza por la esperanza que te aguarda» (2). Basta la buena voluntad de encontrar la Verdad, y antes o después la Verdad se dejará encontrar. Pero, una vez hallada, ¡ay de quien no la siga! imitando a los obstinados de Israel, los cuales, teniendo ya en su mano el hilo conductor para encontrar a Dios —todas las cosas que de Mí afirma el Libro— no quieren rendirse a la Verdad, y la odian, y amontonan sobre sus inteligencias y corazones los escombros del odio y de las fórmulas, y no saben que la tierra, a causa del excesivo peso, se abrirá bajo su paso —que se cree victorioso cuando en realidad no es más que el  paso de un esclavo de los formulismos, del ren­cor, de los egoísmos— y se los tragará y caerán al lugar de los culpa­bles conscientes de un paganismo que es más culpable que el que al­gunos pueblos se han dado a sí mismos para tener una religión con que conducirse. Yo, de la misma forma que no rechazo al hijo de Israel que se arrepiente, no rechazo tampoco a estos idólatras que creen en aque­llo que les fue propuesto para que lo creyeran, y que, dentro, en su interior, gimen: «¡Dadnos la Verdad!». He dicho”.
* “Gracias, María. Fue un bien el conocerte. A tu viejo compañero de festines le has dado el tesoro que buscaba. Si llego a donde tú ya estás, será gracias a ti. Adiós”.- Jesús: “Ahora descansemos en esta hierba, si este hombre lo permite. Al atardecer iremos a Caná”. Crispo: “Señor, te dejo. Esta misma noche me iré de Tiberíades, pues no quiero profanar la ciencia que me has dado. Dejo esta tierra. Me re­tiraré con mi siervo a las costas de Lucania. Tengo allá una casa. Mucho es lo que me has dado. Comprendo que más no puedes darle al viejo epicúreo. Pero con lo que me has dado ya tengo como para re­construir un pensamiento. Y… pide a tu Dios por el viejo Crispo, el único de Tiberíades que te escuchó. Ruega porque antes del desfila­dero de Libitina pueda volver a escucharte, y, con la capacidad que espero poder crear en mí sobre la base de tus palabras, comprender­te mejor y comprender mejor la Verdad. Adiós, Maestro”. Y hace un saludo a la romana. ■ Pero luego, al pasar junto a las mujeres, que están sentadas un poco aparte, se inclina ante María de Magdala y le dice: “Gracias, María. Fue un bien el conocerte. A tu viejo compañero de festines le has dado el tesoro que buscaba. Si llego a donde tú ya estás, será gracias a ti. Adiós”. Y se marcha. La Magdalena se cruza las manos sobre su corazón con expresión asombrada y radiante. Luego, de rodillas, se arrastra hasta donde Jesús. “¡Oh! ¡Señor! ¡Señor! ¿Entonces es verdad que puedo conducir a otros al Bien? ¡Oh, mi Señor! ¡Esto es demasiada bondad!”. Y, curvándose hasta meter su rostro en la hierba, besa los pies de Jesús y los humedece de nuevo con el llanto —ahora de agradecimiento— de un gran amor que experimenta ella, la mujer de Magdala. (Escrito el 3 de Agosto de 1945).
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1  Nota  : Cfr.  Job. 12,7-8.   2  Nota  : Cfr.  Job. 11,17-18.
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4-243-83 (4-106-637).- Las expresiones, los gestos, y la voz de Jesús.
*  Pureza y paz de sus pupilas; nunca desabrido ni melancólico; sonrisa inimitable; sin prisas; ¿Y su voz?.- ■ Jesús ha llegado a Caná. En la casa de Caná la alegría por la venida de Jesús no es menor que cuando se realizaron las bodas en las que obró el milagro del vino. Faltan los músicos, no están los invitados, la casa no está adornada de flores y ra­mos verdes, no están las mesas para los muchos invitados, ni el ma­estro de ceremonias junto a los aparadores y las ánforas llenas de vino. Pero todo queda ampliamente compensado por el amor, ofrecido ahora en su forma y medida justas, o sea, no a un simple invitado —quizás también un poco pariente, pero al fin y al cabo un hombre—, sino al Invitado Maestro, cuya verdadera Naturaleza se conoce y reconoce y cuya Palabra se venera como cosa divina. Por ello los corazones de Caná aman con la totalidad de sí mismos al Gran Amigo que se ha asomado vestido de lino a la entrada del huerto, entre el verde de la tierra y el rojo de la puesta de sol, embelleciendo todas las cosas con su presencia, y comunicando su paz: no sólo a los corazones a los que dirige su saludo, sino incluso a las cosas. Verdaderamente parece —doquiera que se dirijan sus ojos azules— extenderse un velo de paz solemne y, con todo, llena de alegría. Pureza y paz ma­nan de sus pupilas, como la sabiduría, fluye de su boca y el amor de su corazón. ■ A los que lean estas páginas quizás les parecerá imposi­ble cuanto digo. Pues bien, el propio lugar, que antes de la llegada de Jesús era un lugar común y corriente, un lugar de agitación donde no hay tranquilidad, nada más Él presentarse, hay dignidad, y el propio trabajo se convierte en algo muy ordenado que no excluye la presencia de un pensamiento sobrenatural fundido con el trabajo manual. No sé si me explico bien. ■ Jesús no se muestra desabrido nunca, ni siquiera en los momentos más desagradables por algún hecho que le haya sucedido; se le ve, por el contrario, siempre majestuosamente digno, y comunica esta dignidad sobrenatural al lugar en que se mueve. Jesús jamás se muestra jocoso, riéndose a mandíbula batiente, ni siquiera en los momentos de mayor alegría; tampoco quejumbroso, con expresión descompensada, ni siquiera en los momentos de mayor desconsuelo. ■ Su sonrisa es inimitable. Ningún pintor podrá jamás representarla. Parece como si saliese de Él una luz que le brota del corazón, una luz radiante en las horas de mayor alegría por alguna alma que se redime o alguna otra que se acerca más a la perfección; es una sonrisa que yo diría de color de rosa cuando aprueba las acciones espontáneas de sus amigos o discípulos y goza de su presencia; una sonrisa —siguiendo en los colores— azul, angélica, cuando se inclina hacia los niños para escucharlos, adoctrinarlos o bendecirlos; mezclada de piedad cuando observa al­guna miseria de la carne o del espíritu; en fin, divina cuando habla del Padre o de su Madre, o mira y escucha a esta Madre purísima. ■ No puedo decir que le haya visto melancólico ni siquiera en los momentos más angustiosos. En medio de las torturas de la traición sufrida, en medio de las angustias del sudor de sangre, en medio de los espasmos de la Pasión, aunque la tristeza empañe el fulgor dulcí­simo de su sonrisa, no es suficiente para borrar esa paz que parece una corona de piedras preciosas, brillando en su frente lisa, y que baña con su luz toda la divina persona. De la misma forma, no pue­do decir que le haya visto alguna vez entregarse a alegrías desmedi­das. No contrario a una franca carcajada si el caso lo requiere, vuel­ve enseguida a su honorable serenidad. Y cuando ríe rejuvenece de manera sorprendente. Su rostro semeja a un joven de veinte años, y el mundo parece también rejuvenecer por su hermosa risa, franca, so­nora, entonada. ■ Igualmente, no puedo decir que le haya visto hacer las cosas a prisa. Sea que hable, sea que se mueva, lo hace siempre con sosiego, si bien nunca es lento ni actúa con desgana. Quizás sea porque, siendo alto, puede dar pasos largos sin tener por ello que co­rrer para recorrer mucho camino, de la misma forma que puede al­canzar con facilidad objetos distantes sin tener necesidad para ello de levantarse. Lo cierto es que hasta en su modo de moverse es seño­rial y majestuoso. ■ ¿Y la voz?… Va a hacer dos años que le oigo hablar, y, no obstante, algunas veces casi pierdo el hilo de lo que dice, de tanto como me abismo en el estudio de su voz. Y el buen Jesús, paciente, repite lo que ha dicho y me mira con su sonrisa de Maestro bueno, para no hacer que en los dictados resulten mutilaciones debidas a mi dicha que siento en  escuchar su voz, deleitarme en ella y estudiar su tono y hechizo. Y después de dos años, todavía no sé decir con exactitud cuál sea el tono de su voz. Excluyo en términos absolutos el tono de bajo, como también el de tenor ligero. Pero me queda siempre la duda de si se trata de una potente voz de tenor o de la voz de un perfecto barítono de gama vocal amplísima. Yo diría que es esto último, porque su voz adquiere a veces notas de bronce, casi apagadas de tan profundas como son, especialmente cuando habla de tú a tú con un pecador para llevarle a la Gracia, o señala las desviaciones humanas a las turbas; mientras que, cuando se trata de analizar y de indicar claramente las cosas prohibidas y descubrir las hipocresías, el bronce se hace más claro; y, cuando impone la Verdad y su voluntad, se hace cortante como el impacto de un rayo; adquiere canto de lámina de oro golpeada con martillo de cristal, cuando se eleva para celebrar la Misericordia o para exaltar las obras de Dios; o envuelve de amor este timbre cuan­do habla con su Madre o habla de Ella. Entonces esa voz suya queda envuelta en amor, en amor reverencial de hijo, un amor de Dios cantando las alabanzas de su obra mejor. Este tono, si bien menos marcado, es el que usa para hablar a sus predilectos, a los convertidos o a los niños. Y no cansa nunca, ni siquiera en su más largo discurso, porque es una voz que reviste y completa el pensa­miento y la palabra, poniendo de relieve su potencia o su dulzura, según las necesidades. Y algunas veces me quedo con la pluma en la mano, escuchando, y luego vuelvo al pensamiento cuando va ya demasiado adelantado, imposible de ser aferrado… y ahí me quedo, hasta que el buen Jesús lo repite, como hace cuando me interrumpen, para enseñarme a so­portar pacientemente las cosas o las personas molestas (y se puede hacer usted una idea de cuán molestas me resultan cuando me apartan de la dicha de escuchar a Jesús…). (Escrito el 4 de Agosto de 1945).
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(<Jesús se encuentra en la Sinagoga de Nazaret>)
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4-246-103 (4-109-659).- Nuevas enseñanzas sacadas de las palabras antiguas.
* “Porque si la letra de la palabra es eterna, las circunstancias cambian. Son raquíticos esos maestros que no saben saber querer el esfuerzo y satisfacción que supone el ir extrayendo gradualmente la enseñanza nueva, es decir, el espí­ritu que siempre está contenido en las palabras antiguas y sabias”.-  ■ Jesús ha leído el apólogo contra Abimélek, y termina con las palabras “«Salga de él fuego y devore los cedros de Líbano»”. Luego devuelve el rollo al sinagogo. Le dice el jefe de la sinagoga: “¿No lees lo demás? Sería conveniente para comprender el apólogo”. Jesús responde: “No hace falta. El tiempo de Abimélek está ya muy lejano, aplico al momento presente el viejo apólogo. ■ Escuchad, gentes de Nazaret. Ya sabéis, por la instrucción recibida de vuestro sinagogo —el cual, en su momento, fue instruido a su vez por un rabí, y éste a su vez por otro, y así sucesivamente desde hace siglos, siempre con el mismo método y las mismas conclusiones—, ya sabéis las aplicaciones del apólogo contra Abimélek. Yo os voy a hablar de otra aplicación. Y… os ruego que sepáis usar vuestra inteligencia, que no seáis como esas cuerdas que pasan por la polea de un pozo, que hasta que no se gastan van de la polea al agua y del agua a la polea, sin poder jamás cambiar. El hombre no es una soga obligada, ni un instrumento mecánico. El hombre está do­tado de cerebro inteligente y debe saber usarlo por sí mismo, según las necesidades y circunstancias. Porque, si bien la letra de la palabra es eterna, las circunstancias cambian. ■ Son raquíticos esos maestros que no saben saber querer el esfuerzo y satisfacción que supone el ir extrayendo gradualmente la enseñanza nueva, es decir, el espí­ritu que siempre está contenido en las palabras antiguas y sabias. Se asemejan  al eco, que lo único que puede hacer es repetir, in­cluso hasta el infinito, una sola palabra, sin decir ni siquiera una de su propia cosecha”. (Escrito el 7 de Agosto de 1945).
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(<Jesús despide a Marta y a María Magdalena que han acogido a la griega Síntica (1). María de Alfeo se queda triste con la despedida y llora en silencio>)
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4-255-174 (4-118-734).- “El Deuteronomio (portavoz de Dios) es intocable, incluso cuando triunfe mi Reino, y con mi Reino la nueva Ley”.
* “La nueva Ley es el fruto de la antigua, esto es, es la perfección a la que ha llegado el árbol de la Fe. Ninguno de nosotros desatiende el Deuteronomio, que Yo sepa, porque Yo soy el primero en respetarlo y en impedir que otros lo desatiendan”.-  ■ Dice Jesús a  María de Alfeo: “Vamos a buscar algo de sombra. Que Dios las acompañe… ¿Tanto te disgusta, María, que se hayan ido?”. María de Alfeo: “Sí… eran muy buenas…”. Jesús la consuela: “Las volveremos a ver pronto. Y numéricamente más. Tendrás muchas hermanas… o hijas, si lo prefieres. Todo es amor, tanto el materno como el fraterno”. Iscariote dice entre dientes: “Con tal de que no cree conflictos…”. Jesús: “¿Conflictos el amarse?”. Iscariote: “No. Conflictos el tener personas de otra raza y de otra pertenencia”. Jesús: “¿Síntica, quieres decir?”. Iscariote: “Sí, Maestro. Porque, en resumidas cuentas, ella es propiedad del romano y no es lícito apropiarse de ella. Ello le incitará contra nosotros y nos atraeremos el rigor de Poncio Pilatos”. Pedro dice: “Pero ¿qué le va a importar a Pilatos el que uno de sus subordinados pierda una esclava? ¡Sabrá cómo es! Y si es un poco honesto, como se dice serlo, por lo menos en lo que se refiere a su familia, dirá que esta mujer hizo bien en huir. Si es deshonesto dirá: «Eso te mereces. Así quizás la encuentro yo». Los deshonestos no son sensibles a los dolores de los demás. Y además… ¡pobre Poncio!… con todos los disgustos que le damos, fíjate tú si no va a tener otra cosa que hacer que perder el tiempo oyendo las quejas de uno que le diga que su sierva se le escapó”, y muchos de los presentes le dan la razón mientras ridiculizan las rabietas del lascivo romano. ■ Jesús lleva la disputa a un plano más alto. “Judas, ¿conoces el Deuteronomio?”. Iscariote: “Ciertamente, Maestro. Y no dudo en decir que lo sé como pocos”. Jesús: “¿Qué piensas de él?”. Iscariote: “Que es el portavoz de Dios”. Jesús: “Portavoz. Entonces repetidor de las palabras de Dios ¿o no?”. Iscariote: “Exactamente así”. Jesús: “Has respondido bien. ¿Entonces por qué no juzgas que se debe hacer lo que ordena?”. Iscariote:  “Jamás he dicho eso. Es más, me parece precisamente que lo descuidamos demasiado al seguir la nueva Ley”. Jesús: “La nueva Ley es el fruto de la antigua, esto es, es la perfección a la que ha llegado el árbol de la Fe. Ninguno de nosotros lo desatiende, que Yo sepa, porque Yo soy el primero en respetarlo y en impedir que otros lo desatiendan”. Jesús es muy incisivo al decir estas palabras. Continúa: “El Deuteronomio es intocable, incluso cuando triunfe mi Reino, y con mi Reino la nueva Ley con sus nuevos códigos y artículos, será siempre aplicado a los nuevos dictámenes, a la manera como las piedras labradas a escuadra de antiguas construcciones se usan para las nuevas porque son piedras perfectas que dan robustez a las murallas. Por ahora, todavía no existe mi Reino, y Yo, como fiel israelita, no ofendo ni descuido el libro mosaico. Es él base y fundamento de mi modo de obrar y de mi enseñanza. Sobre la base del Hombre y del Maestro, el Hijo del Padre edifica la celeste construcción de su Naturaleza y Sabiduría. Se dice en el Deuteronomio: «No entregues a su amo el esclavo que ha buscado refugio en ti. Habitará contigo en el lugar que él quiera, estará tranquilo en una de tus ciudades y no le infligirás ningún mal» (2). ■ Esto en el caso de que alguien se vea obligado a huir de una esclavitud inhumana. En mi caso, en el de Síntica, la fuga no persigue una libertad limitada, sino la libertad ilimitada del Hijo de Dios. ¿Y quieres tú, que a esta alondra, que huye de los lazos de los cazadores, le meta de nuevo el cordel y la devuelva a su prisión para quitarle no solo la libertad sino también la esperanza de ser libre? No. ¡Jamás!”. (Escrito el 17 de Agosto de 1945).
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1  Nota  :  Cfr. Personajes de la Obra magna:  Síntica.   2  Nota  :  Cfr. Deut.  23,15-16.
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(<Jesús y sus apóstoles se encuentran en la ciudad levítica y de refugio de Quedes. En su sinagoga, a la que asiste también un grupo numeroso de fariseos y saduceos hostiles, Jesús recuerda la profecía de Habacuc. Va a declararles que esta profecía tiene su cumplimiento en Él: Él, Jesús de Nazaret, es el Hijo de Dios, el Hijo del hombre predicho por el profeta>)

 5-342-271 (6-30-183).- “Las profecías, aunque parecen tener una referencia mate­rial, su contenido es siempre espiritual”.
* “Mire­mos solamente al gran vaticinio enteramente espiritual que contie­ne”. ■ Jesús está en su sitio. Tiene cerca al sinagogo y a otros de la sinagoga, no sé si hijos o colaboradores. Reanuda su discurso: “Haba­cuc dice —¡y con qué amor os invita a observar!—:«Extended vues­tra mirada sobre las naciones, y observad, maravillaos, asombraos,  porque en vuestros días ha sucedido una cosa que nadie creerá cuando se la cuenten» (1). También ahora tenemos enemigos materiales contra Israel. Pero dejad pasar este pequeño detalle de la profecía y mire­mos solamente al gran vaticinio enteramente espiritual que contie­ne. Porque las profecías, aunque parecen tener una referencia mate­rial, su contenido es siempre espiritual. La cosa, pues, que ha suce­dido —y es tal, que nadie podrá aceptarla si no está convencido de la infinita bondad del verdadero Dios— es que Él ha mandado a su Verbo para salvar y redimir al mundo. Dios que se separa de Dios para salvar a la criatura culpable. Pues bien, Yo he sido mandado a esto. Y ninguna fuerza del mundo podrá detener mi ímpetu de Vencedor sobre reyes y tiranos, sobre pecados e ignorancias. Venceré porque soy el Triunfador”. (Escrito el 26 de Noviembre de 1945).
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1  Nota  ; Cfr. Hab. 1,5.
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(<Jesús ha realizado la 2ª multiplicación de los panes [Mt. 15,32-39]>)
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5-353-351 (6-42-257).- Analogía del milagro de la multiplicación de los panes con la obra del Espíritu Santo: el milagro espiritual de la multiplicación de la Palabra.
* “También el Amor, Uno conmigo y con el Padre, tiene «compasión de vosotros que morís de hambre», y, con un milagro que se repite desde siglos, dobla, decuplica, centuplica los significados, las luces, el alimento de todas mis palabras”.- ■ Dice Jesús: “He aquí otra cosa que molestará a los doctores difíciles: la aplicación que Yo hago de esta visión evangélica. No te hago meditar en mi poder y bondad, ni en la fe y obediencia de los discípulos. Nada de esto. Te quiero hacer ver la analogía del episodio con la obra del Espíritu Santo. Mira. Yo doy mi palabra, todo aquello que podéis comprender y, por tanto, asimilar como alimento del alma. Pero la fatiga y el tedio os han vuelto tan tardos que no podéis asimilar todo el alimento que hay en mi palabra. Os haría falta mucha, mucha, mucha, mucha. Pero no sabéis recibir mucha. ¡Sois tan pobres de fuerzas espirituales! El alimento de la palabra os pesa sin daros sangre ni fuerza. He aquí que entonces el Espíritu obra el milagro para vosotros. El milagro espiritual de la multiplicación de la Palabra. Os ilumina —y, por tanto, la multiplica— todos sus más recónditos significados,  de manera que vosotros, sin cargaros con un peso que os aplastaría sin fortaleceros, os nutrís de ella, de forma que ya no caéis, desfallecidos, en el desierto de la vida. ¡Siete panes y unos pocos peces! Prediqué tres años, y, como dice mi discípulo amado Juan, «si se escribieran todas las palabras que dije y los milagros que llevé a cabo para daros un alimento abundante, capaz de llevaros sin debilidades hasta el Reino, no bastaría la tierra para contener los volúmenes» (1). Pero, aunque se hubiera hecho esto, no habríais podido leer una mole tan grande de libros. No leéis ni siquiera, como deberíais, lo poco que de Mí se ha escrito… Lo único que deberíais conocer, como conocéis las palabras más necesarias desde la más tierna edad. Y entonces viene el Amor y multiplica. También Él, Uno conmigo y con el Padre, tiene «compasión de vosotros que morís de hambre», y, con un milagro que se repite desde siglos, dobla, decuplica, centuplica los significados, las luces, el alimento de todas mis palabras. Y así tenéis un tesoro sin fondo de alimento celeste, que la Caridad os ofrece. Extraed de él sin miedo. Cuanto más extraiga vuestro amor de ese tesoro, éste, fruto del Amor, aumentará más su caudal. ■ Dios no tiene límites en sus riquezas ni en sus posibilidades. Vosotros sois relativos, Él no. Es infinito. En todas sus obras. También en ésta, o sea, en poderos dar en cada momento, en cada cosa que sucede, aquellas luces que necesitáis en ese determinado instante.  Y, de la misma forma que el día de Pentecostés, el Espíritu Santo derramado sobre los apóstoles hizo la palabra de éstos comprensible a Partos, Medos, Escitas, Capadocios, Pónticos y Frigios, y, como si fuera lengua nativa, a Egipcios y Romanos, Griegos y Libios; de igual modo el Espíritu os consolará si lloráis, os dará consejo si lo pedís, compartirá vuestra alegría si estáis alegres, con la misma Palabra. ■ Porque, verdaderamente, si el Espíritu os ilumina la frase: «Vete en paz y no queráis pecar más», esta frase significa premio para quien no ha pecado, ánimo para quien todavía es débil pero no quiere pecar, perdón para el culpable que se arrepiente, reprensión no sin misericordia para quien apenas tiene un germen de arrepentimiento. Y se trata de una sola frase. Y de las más sencillas. ¡Y cuántas hay en mi Evangelio! Cuántas que, como capullos de flor que después de un aguacero y un sol de abril se abren para poblar la rama en la que antes había uno solo florecido, y la cubren por entero, para gozo de quien la mira, se abren en nosotros con su espiritual perfume para traeros hacia el Cielo.  Ahora descansa. La paz del amor esté contigo”. (Escrito el 28 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  Ju. 21,25.
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(<Jesús y apóstoles van por la Transjordania. En estos momentos, Jesús viene hablando con Simón Zelote y Juan>)
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5-362-426 (6-52-329).- La misión de las “voces” en la Iglesia futura.
* En verdad, los que harán verdaderamente vital a la Iglesia, no pocas veces, serán los más humildes de la gran escala de las jerarquías, es decir, aquellos que parezcan simplemente «números»”.- ■ Dice Jesús: “El hombre se cansa. Quiere las cosas rápidas. Y sueña en cosas sin sentido. Cuando se percata de que el sueño es distinto de la reali­dad, se agita y, si no tiene buena voluntad, cede. Olvida que el Omni­potente, que hubiera podido, en un instante, hacer del Caos el Uni­verso, lo hizo en fases ordenadas y separadas en espacios de tiempo que se han llamado días. Yo debo sacar del Caos espiritual de todo un mundo el Reino de Dios. Y lo haré. Construiré sus bases. Ya las estoy construyendo. Y debo romper la roca durísima, para labrar dentro de ella los cimientos que no han de derrumbarse. Vosotros le­vantaréis lentamente los muros. Vuestros sucesores continuarán la obra, en altura y anchura. De la misma manera que Yo moriré en la obra, vosotros también moriréis, y habrá muchos otros que morirán cruenta o incruentamente, consumidos, de todas formas, por este trabajo que requiere espíritu de inmolación, de generosidad, y lágri­mas y sangre y paciencia sin medida…”. ■ Pedro introduce su cabeza entrecana entre Jesús y Juan, y pregunta: “¿Se puede saber qué decís?”. Jesús: “¡Hombre, Simón! Ven aquí. Hablábamos de la futura Iglesia. Es­taba explicando que, al contrario de vuestras prisas, cansancios, de­sánimos, etc. requiere calma, constancia, esfuerzo, confianza. Estaba explicando que requiere el sacrificio de todos sus miembros. Desde Mí, que soy su Fundador, su Cabeza mística, hasta vosotros, hasta todos los discípulos, hasta todos aquellos que lleven el nombre de cristianos y el de pertenecientes a la Iglesia universal. Y, en verdad, los que harán verdaderamente vital a la Iglesia, no pocas veces, se­rán los más humildes de la gran escala de las jerarquías, es decir, aquellos que parezcan simplemente «números». Verdaderamente, no pocas veces tendré que refugiarme en éstos para seguir manteniendo viva la fe y la fuerza de los colegios apostólicos que se renovarán siempre; y algunos de estos apóstoles serán el objeto del rencor de Satanás, de la envidia de los hombres soberbios e incrédu­los. Y su martirio moral no será menos penoso que el martirio mate­rial: sí, se verán entre la voluntad activa de Dios y la voluntad mala del hombre, instrumento de Satanás, que tratará con todas las artes y violencias de presentarlos embusteros, locos, obsesos, para parali­zar mi obra en ellos y los frutos de mi obra, cada uno de los cuales es un golpe victorioso contra la Bestia”. ■ Pedro: “¿Y resistirán?”. Jesús: “Resistirán. Incluso sin tenerme materialmente a su lado. Deberán creer no sólo en lo que se debe creer, sino también en su secreta misión; creerla santa, creerla útil, creerla proveniente de Mí. Y, mientras, en torno a ellos, Satanás, sibilante, tratará de aterrorizar­los, y el mundo gritará para convertirlos en objeto de burla y gritarán los no siempre perfectamente luminosos ministros de Dios para condenarlos. Éste es el destino de mis futuras voces. Y, con todo, no tendré otro modo de hacer reaccionar a los hombres y llevarlos al Evangelio y a Cristo”.
* En el Cielo hay un Libro cerrado, que solo Dios puede leerlo. Dios fuerza a los predilectos a leer este libro señalándoles con el índice lo renglones que quiera que lea”.- ■ Jesús: “Ahora bien, como contrapartida de todo lo que les pida y les imponga y de todo lo que reciba de ellos, ¡oh, les daré eterno gozo, una gloria especial! En el Cielo hay un libro cerrado. Sólo Dios puede leerlo. En él están todas las verdades. Pero Dios alguna vez quita los sellos y despierta las verdades ya dichas a los hombres, y obliga a un hombre, elegido para tal destino, a conocer el pasado, presente y fu­turo como están contenidos en el libro misterioso. ¿Habéis visto al­guna vez a un hijo, el mejor de la familia, o a un alumno, el mejor de la escuela, ser convocados por el padre o el maestro para leer en un libro de adultos y para escuchar la explicación? Está al lado de su padre o de su maestro, abarcado por uno de sus brazos, mientras la otra mano, del padre o maestro, señala con el índice los renglones que quiere que lea y conozca el predilecto. Lo mismo hace Dios con sus consagrados para tal destino. Los acerca hacia Sí, los tiene cogi­dos con su brazo, y los fuerza a leer lo que Él quiere, y a saber su sig­nificado, y luego a decirlo, y recibir a cambio burlas y dolor. Yo, el Hombre, encabezo la estirpe de los que dicen las Verdades del Libro celeste; y recibo burlas, dolor y muerte. Pero el Padre ya prepara mi Gloria. Y Yo, cuando haya subido a ella, prepararé la gloria de aque­llos a quienes haya forzado a leer en el Libro cerrado los puntos que quería que leyeran, y, en presencia de toda la Humanidad resucitada y de los coros angélicos, los señalaré como lo que fueron, y los invita­ré a acercarse; entonces abriré los sellos del Libro que ya será inútil tener cerrado, y ellos sonreirán al verlas de nuevo escritas, al volver a leer las palabras que ya les fueran iluminadas cuando sufrían en la tierra”. ■ Juan, que está atentísimo a la lección, pregunta:  “¿Y los otros?”. Jesús: “¿Qué otros?”. Juan: “Los otros, que como yo no han leído en la tierra aquel libro, ¿no sabrán nunca lo que dice?”. Jesús: “Los bienaventurados en el Cielo, absorbidos en la Sabiduría in­finita, sabrán todo”. Juan: “¿Inmediatamente? ¿Nada más morir?”. Jesús: “Nada más entrar en la Vida”. Juan: “¿Pero entonces por qué en el Último Día vas a hacer ver que los llamas para conocer el Libro?”. Jesús: “Porque no estarán sólo los bienaventurados viendo esto, sino to­da la Humanidad. Y muchos, en la parte de los condenados, serán de aquellos que se burlaron de las voces de Dios como de voces de locos y de endemoniados, y los atormentaron por causa de aquel don suyo. Tardía pero obligada revancha concedida a estos mártires de parte de la maldad de un mundo terco”. Juan, arrobado, exclama: “¡Qué bonito será verlo!”. Pedro dice: “Sí. Y ver a todos los fariseos rechinar sus dientes de rabia”, y se frota las manos. Juan responde: “¡Yo creo que miraré sólo a Jesús y a los benditos que lean con Él el Libro!…” y lo dice con una sonrisa de niño en sus labios ro­jos, soñando con esa hora, perdidos sus ojos en quién sabe qué visión de luz, ahora más brillantes debido a una furtiva lágrima de felicidad.
* “Si entre nosotros hay uno que será «voz de Dios» en la tierra y será llamado a leer los puntos del Libro sellado, ése eres tú, Juan”.- ■ El Zelote mira a Juan, también Jesús le mira. Pero Jesús no dice na­da. El Zelote, sin embargo, dice: “¡Te mirarás entonces a ti mismo! Porque si entre nosotros hay uno que será «voz de Dios» en la tierra y será llamado a leer los puntos del Libro sellado, ése eres tú, Juan, predilecto de Jesús y amigo de Dios”. Juan: “¡No digas eso! Yo soy el más ignorante de todos. Soy tan negado para todo, que, si Jesús no dijera que de los niños es el Reino de Dios, pensaría que no podría nunca alcanzarlo. ¿No es verdad, Maes­tro, que yo valgo sólo porque soy semejante a un niño?”. Jesús: “Sí, perteneces a la bienaventurada infancia. ¡Y bendito seas por ello!”. (Escrito el 16 de Diciembre de 1945).
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7-437-23 (8-129-28).- Coloquio de Jesús con su Madre: sobre la cerrazón de Israel y de los apóstoles.
 Origen de la cerrazón por la que Israel no acepta la idea mesiánica como es y ni los apóstoles la Pasión de Cristo: la fuerte fe israelita.- ■ Veo a Jesús y a María sentados en el asiento de piedra que hay contra la casa, junto a la puerta del comedor, de donde sale el débil resplandor de una lámpara de aceite que sube y baja según el aire sople o no, algo así como si respirase. Es la única luz en esta noche en que todavía no brilla la luna. Es una luz débil que ilumina la veredita del jardín que está a la entrada, y que desaparece entre el primer rosal. Sin embargo, esta débil luz es suficiente para iluminar los perfiles de los dos que están en íntimo coloquio en la noche serena llena del perfume de jazmines y otras flores de verano. Están hablando de sus familiares… de José de Alfeo (1) siempre testarudo, de su hermano Simón que no es muy valeroso en su fe, que se deja dominar del mayor de los hermanos, que es autoritario y pertinaz en sus ideas como lo era su padre. El mayor dolor de María es no poder que todos sus sobrinos sean discípulos de su Jesús… ■ Él la consuela, y para excusar a su primo, saca a colación la fuerte fe israelita. “Es un obstáculo, ¿sabes? Un verdadero obstáculo, porque todas las fórmulas y preceptos son una barrera para aceptar la idea mesiánica como es. Es más fácil convertir a un pagano, con tal de que su alma no esté del todo entregada al mal, porque él reflexiona y observa la diferencia que existe entre su Olimpo y mi Reino. Pero Israel… la parte más culta de Israel… trabajosamente comprende el nuevo concepto”. Virgen: “Y sin embargo es el mismo concepto”. Jesús: “Tienes razón. Es siempre el mismo Decálogo, son siempre las mismas profecías. Pero han sido profundamente alterados por el hombre, que los ha tomado de las esferas sobrenaturales donde estaban, y los ha bajado al nivel de la Tierra, al ambiente del mundo, los ha manipulado con su humanidad, y los ha alterado… El Mesías, Rey espiritual del gran Reino —que se llama de Israel porque el Mesías nace del tronco de Israel, pero que es más justo llamarle de Cristo, porque Cristo reúne en Sí lo mejor de Israel, actual y pasado, y lo sublima con su perfección de Dios-Hombre—, el Mesías, para ellos, no puede ser el hombre manso, pobre, sin aspiraciones al poder y a la riqueza, obediente para con los que nos están dominando por castigo divino; porque en la obediencia hay santidad cuando esta obediencia no quebranta la gran Ley. Y por esto se puede decir que su fe lucha contra la Fe verdadera. ■ ¿Personas así tercas y convencidas de ser justas?… Hay muchas… en todas las clases… y aun entre mis familiares y apóstoles. Créeme, Madre, su cerrazón respecto a creer en mi Pasión está en esto; el origen de su equivocación tiene su origen en esto… Y también su necia obstinación en considerar idólatras a los gentiles, mirando al hombre y no al espíritu del hombre,  ese espíritu que tiene un solo Origen, y al cual Dios querría dar un solo Destino: el Cielo, reside en lo mismo. Fíjate Bartolomé… Es un ejemplo. Es un buen hombre, inteligente, está dispuesto a todo para darme honor y consuelo… Pero ante —no digo una Aglae o una Síntica, que es una flor respecto a la pobre Aglae, a la que solamente la penitencia la está convirtiendo de fango a flor—, y ni siquiera ante una niña, una pobre niña (2) cuyo destino suscita todas las compasiones y cuyo pudor instintivo atrae a la admiración, ni siquiera ante ella cae su repugnancia hacia los gentiles; y ni siquiera mi ejemplo le vence, ni mis palabras con las que muestro que he venido para todos”. Virgen: “Tienes razón. Es más, precisamente los más resistentes son Bartolomé y Judas de Keriot, los dos más doctos, o, por lo menos, el docto Bartolmai, y Judas de Keriot, que no sé exactamente en qué clase colocar; pero que está embebido, saturado del ambiente del Templo. Pero… Bartolomé es bueno, su resistencia encuentra excusa. La de Judas… no”. (Escrito el 15 de Mayo de 1946).
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1  Nota  : José de Alfeo es  uno de los hijos de Alfeo. Alfeo, hermano de José, el esposo de María Santísima, estaba casado con María de Cleofás —María de Alfeo—. De este matrimonio de Alfeo y María de Cleofás eran los cuatro hijos: Santiago y Judas Tadeo —ambos apóstoles de Jesús—, José y Simón, que son llamados hermanos tanto en esta Obra como en los Evangelios. Son, por tanto, primos de Jesús. Alfeo padre y sus dos hijos, José y Simón, fueron acérrimos opositores al Mesías Jesús. Pero, tanto Alfeo padre, antes de su muerte, como estos dos hijos suyos llegaron a creer en Jesús. Cfr.  Personajes de la Obra magna: Alfeo y familia.   2  Nota  :  Tanto Aglae,  Síntica como la niña  Áurea eran de origen gentil. Cfr. Personajes de la Obra magna: Aglae, Síntica, Áurea.
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7-464-232 (8-157-227).- “Esta página de sabor tan evangélico y desconocida, pero muy ilustrativa, ha sido dada para los de corazón recto”: Jesús habla de Juan, su predilecto, obra maestra de la humildad.
* En lo que se refiere a él, nunca dice nada. Mas cuando se trata de hacer resplandecer la luz divina del Verbo, entonces alza los velos y secretos”.-Dice Jesús: “Esta página de sabor tan evangélico y desconocida, pero muy ilustrativa, ha sido dada para los rectos de corazón. ● Juan, al escribir después de muchos lustros su Evangelio, hace una breve alusión a este hecho (1). Obediente al deseo de su Maestro, cuya naturaleza divi­na ilustra más que ningún otro evangelista, descubre a los hombres este detalle ignorado, y lo descubre con esa discreción virginal suya que envolvía todas sus acciones y palabras con pudor humilde y re­servado. Juan, mi confidente de los hechos más graves de mi vida, nunca se enorgulleció de esta predilección mía. Antes al con­trario —leed bien—, parece sufrir cuando los revela, y parece decir: «Debo decir esto porque es una verdad que exalta a mi Señor, pero os pido perdón de tenerme que mostrar como el único que la sabe», y con breves palabras alude al detalle que sólo él conoce. ●  Leed el primer capítulo de su Evangelio, donde narra su encuen­tro conmigo: «Juan el Bautista se hallaba de nuevo con dos discípulos suyos… Los dos discípulos, oídas estas palabras… Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído las palabras de Juan y habían seguido a Jesús. El primero a quien encontró Andrés…». Él no se nombra; es más, trata de desaparecer tras Andrés, al que pone de relieve. ●  En Caná estaba conmigo, y dice: «Jesús estaba con sus discípu­los… y sus discípulos creyeron en Él». Eran los otros los que tenían necesidad de creer. Él ya creía. Pero se unifica con los otros, cual criatura que necesitara ver milagros para creer. ● Testigo de la primera expulsión de los mercaderes del Templo, y del coloquio con Nicodemo, del episodio de la Samaritana, nunca di­ce: «Yo estaba allí», sino que conserva la línea de conducta que había tomado en Caná, y dice: «Sus discípulos» incluso cuando estaba él só­lo o él y otro más. Y así continúa, no nombrándose nunca, antes al contrario, poniendo siempre delante a sus compañeros, cual si él no hubiera sido el más fiel, el siempre fiel, el perfectamente fiel. ● Recordad la delicadeza con que alude al episodio de la Cena, del cual resulta que él era el predilecto, reconocido como tal también por los demás, que a él recurren cuando quieren saber los secretos del Maestro: «Así pues, empezaron los discípulos a mirarse unos a otros, no sabiendo a quién aludía el Maestro. Estaba uno de ellos, el predi­lecto de Jesús, recostado en el pecho de Jesús. A éste le hizo una señal Simón Pedro y le preguntó: ‘¿De quién habla?’. Y aquél, estando recostado en el pecho de Jesús, le preguntó a Él: ‘¿Y quién es, Se­ñor?’». ● Ni siquiera dice su nombre en el Getsemaní cuando Yo llamé a él, a Pedro y a Santiago. Ni siquiera dice: «Yo seguí al Señor». Dice: «Le siguió Si­món Pedro y otro discípulo; y este otro, siendo conocido por el Pontífi­ce, entró con Jesús en el atrio del Pontífice». Sin Juan Yo no habría tenido el consuelo de verlos a él y a Pedro en las primeras horas de la captura. Pero Juan no se jacta de ello. Fue uno de los personajes principales en las horas de la Pasión, el único apóstol que en ella estuvo siempre presente, amorosamente, compasivamente, heroicamente presente cerca de Mí, cerca de mi Madre, haciendo frente a una Jerusalén que había perdido el control… Y calla su nombre aun en el episodio inolvidable de la Crucifixión y de las palabras del Moribundo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», «Ahí tienes a tu madre». Es el «discípulo», el sin nombre, sin otro nombre aparte del que, tras haber constituido su vocación, constituye su gloria: «el discípulo». Nombrado  «hijo» de la Madre de Dios, ni siquiera con esta honra se exalta y ●  en la Resurrección dice una vez más: «Pedro y el otro discípulo (a los que María de Lázaro había hablado del se­pulcro vacío) salieron y fueron… Corrían… pero aquel otro discípulo corrió más que Pedro y llegó antes y, agachándose, vio… pero no en­tró…». ¡Hechura de delicada humildad! Él, el predilecto, el fiel, deja que Pedro —pecador por cobardía, pero cabeza— sea el primero en entrar. No le juzga. Es su Pontífice. Antes al contrario, le socorre con su santidad, porque también los que son «cabeza» pueden ser apoyados por sus súbditos; y de hecho, tienen necesidad de ellos como apoyo. ¡Cuántos súbditos son mejores que sus «jefes»! ¡No neguéis nunca vuestra piedad, oh súbditos santos, a los «jefes» que se pliegan bajo el peso que no saben llevar, o a aquellos a los que el humo del honor produce ceguera y embriaguez! ¡Sed, oh súbditos santos, los cirineos de vuestros superiores; sed —sé, mi pequeño Juan, porque te hablo a ti para todos— esos «Juanes» que se adelantan corriendo y guían a los «Pedros», y luego se detienen dejándolos entrar, por respeto a su cargo, y que —¡oh obra maestra de humildad!—, y que, para no hu­millar a los «Pedros» que no saben comprender y creer, llegan al pun­to de dar de sí una imagen, y a que se crea, de que también ellos co­mo los «Pedros» son tardos e incrédulos! (2). ● Leed el último episodio sucedido en el lago de Tiberíades. Una vez más, es Juan el que, repitiendo lo que ha hecho otras veces, reconoce al Señor en el Hombre que está en pie en la orilla y, después de haber compartido juntos el alimento, ante la pregunta de Pedro: «¿Y de éste que será?», es siempre «el discípulo», nada más. En lo que se refiere a él, nunca dice nada. Mas cuando se trata de decir al­go que haga resplandecer con luz cada vez más divina al Verbo de Dios Encarnado, ¡ah! entonces Juan alza los velos y secretos”. (Escrito 31 de Julio de 1946).
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1  Nota  : El hecho al que Jesús se refiere  aquí no figura en ninguno de los cuatro evangelios. En «El Evangelio como me ha sido revelado» aparece en el episodio 7-464-217 (relatado en el tema “Jesús Redentor”), donde tanto amigos, con buenas intenciones, como enemigos, con aviesas intenciones, trataron de proclamarlo rey. Juan, en su Evangelio (Ju. 6,15), hace una brevísima alusión al hecho, después de la primera multiplicación de los panes. La multiplicación de los panes no fue contemporánea del intento de proclamar a Jesús rey, pero sirvió para suscitar la idea; tanto es así que el evangelista une en la narración esos dos hechos, distantes en el tiempo, porque en Tariquea, después de la primera multiplicación de los panes, surge en el pueblo la idea de hacer del Rabí nazareno el rey de Israel.  2 Nota : Como en los principios del cristianismo,  Juan, que no ocupaba  el primer lugar entre los enviados del Señor, no tuvo debilidades aun en las horas más difíciles y sí Pedro, cabeza suprema del Colegio apostólico; de igual modo puede suceder, hasta que regrese el Salvador al final de los tiempos; y a decir verdad, algunas veces se ha verifi­cado en la historia milenaria de la Iglesia. También por este motivo, la sagrada Litur­gia invita a todos a orar por los cabeza de familia cristiana, por los papas y obispos, para que no sucumban jamás bajo el peso de su grave responsabilidad. Ha sucedido y puede ser que suceda en el transcurso de los tiempos, que entre los más humildes fieles que oran, haya algunas veces algunos más santos que sus cabezas espirituales, pero ante quienes deberán siempre mostrar de corazón y con los hechos, la más grande comprensión, su más profundo respeto, su más rendida obediencia, como a represen­tantes de Dios. Los verdaderos santos de todos los tiempos se han distinguido y se dis­tinguen por esta triple característica.
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7-468-259 (8-161-253).- Orden de los Evangelios es bueno, no perfecto como orden cronológico.
*  Confección de los 4 Evangelios.-Dice Jesús: “Quiero que el episodio del miércoles (20-9),  si completáis una obra ordenada,  lo coloquéis un año antes de mi muerte porque sucedió en el tiempo de la mies del año treinta y dos de mi vida.  La necesidad de consolarte e instruirte, amada mía, lo mismo que a los demás, me han obligado a seguir un orden especial al dar las visiones y los dictados concernientes. Os indicaré a su tiempo, cómo debáis distribuir los episodios de los tres años de mi vida pública. ■ El orden de los Evangelios es bueno, pero no perfecto como orden cronológico. Un observador atento lo nota. El que hubiera podido dar un orden exacto de los hechos, por haber estado conmigo desde el principio de mi evangelización, hasta mi Ascensión, hubiera sido Juan, pero no lo hizo él, hijo verdadero de la Luz, porque se propuso hacer brillar la Luz a través del vestido de su Carne ante los ojos de los herejes que impugnaban la verdad de la Divinidad encerrada en carne humana. El Evangelio de Juan alcanzó su objetivo sobrenatural, pero la crónica de mi vida pública no lo alcanzó. ■ Los otros tres evangelistas muestran igualdades entre sí, en cuanto a los hechos; pero alteran el orden temporal de éstos, porque de los tres uno solo estuvo presente en casi toda mi vida pública: Mateo, que la escribió 15 años después. Los otros la escribieron más tarde, porque oyeron las narraciones de labios de mi Madre, de Pedro, de otros apóstoles y discípulos”. (Escrito el 23 de Septiembre de 1944).
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(<Pedro y los demás apóstoles están tristes por el rechazo, muchas veces acompañado de violencia, que sufre Jesús al pasar por las ciudades>)
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8-502-9 (9-198-444).- Posesión de Dios (inspiración) y posesión del demonio.
* “Hay posesiones más sutiles y peligrosas que las que se manifiestan solo con gritos, saltos, manías”.- ■ Apenas acaban de pasar el vado de Betabara. Desde el río de aguas azuladas y abundantes por recientes lluvias otoñales, se ve la otra ribera, la oriental, en que muchas personas gesticulan. En la occidental, donde está Jesús con los suyos, no hay más que un pastor con su ganado que pace por la ribera. Pedro se sienta sobre un resto de pared pequeña que hay allí, sin preocuparse de sus pies mojados en el vado. Porque en esta estación del año suelen usar las barcas, es verdad, pero, para que no se embarranquen en los arenales de poco fondo, las usan solo en la parte más profunda, deteniéndose a desembarcar a la gente allí donde se roza la quilla con las hierbas sumergidas. Y sucede así que el pasajero que atraviesa el río debe caminar algunos pasos en el agua. Le preguntan: “¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?”. Pedro: “No. Pero no puedo más. Esa violencia en el Nebo, y antes en Esebón, y antes en Jerusalén, y antes Cafarnaúm, y después del Nebo en Caliroe, y ahora acá en Betabara…” y mete la cabeza entre las manos y llora. Jesús, acercándosele y poniendo una mano sobre el grueso manto gris que lleva el apóstol, le dice: “No te acobardes, Simón. No me prives también de tu valor, de vuestro valor”. Pedro: “¡No puedo, no puedo ver que te traten así! Si me dejases reaccionar… tal vez podría. Pero así… tener que contenerme… y presenciar sus insultos, tus sufrimientos, como un impotente niño, ¡oh, siento que se me rompen las entrañas!, ¡me siento hecho un trapo!… ¡Fijaos vosotros, si es posible verle así! Parece un enfermo, como uno que muere de fiebre… Parece un criminal a quien se le persigue y que no encuentra dónde pueda detenerse para comer un pedazo de pan, beber un sorbo de agua, buscarse una piedra donde reclinar la cabeza. ¡Esa hiena de Nebo! ¡Esas serpientes de Caliroe! ¡Ese energúmeno que todavía está allí! (y señala la otra orilla). Es menos demonio que el de Caliroe, a pesar de que Tú dices que es al segundo al que Belcebú tiene dominado. ■ Yo tengo miedo de los endemoniados, pienso que, si Satanás los ha atrapado de ese modo, debieron haber sido muy malos. Pero… el hombre puede caer en sus garras sin saberlo. ¡Sin embargo, los que sin estar poseídos hacen lo que hacen, con toda su inteligencia… ¡oh! no los vencerás jamás, puesto que no los quieres castigar. Ellos… te vencerán…”. Y las lágrimas del fiel apóstol, que se habían calmado en su desahogo de ira, vuelven a estar más abundantes. Jesús: “Pedro mío, ¿y crees que ésos no estén poseídos? ¿Crees que para estarlo hay que estar como aquel de Caliroe y otros que hemos encontrado? ¿Crees que la posesión se manifiesta sólo con los gritos descompuestos, los brincos, los arrebatos de furia, la manía de vivir en cuevas, los mutismos, los miembros que no se mueven, la inteligencia entorpecida, de modo que el poseído habla y obra inconscientemente? No. Existen otras posesiones diabólicas, que, es más, son las más sutiles y fuertes, las más peligrosas porque no ponen obstáculos a la razón, ni la debilitan para que no haga cosas buenas, sino que la desarrollan, es más, la aumentan para que sea poderosa en su servicio a aquel que la posee”.
* Posesión de Dios (Dios transfunde una inteligencia sobrenatural: ejemplo del cáliz de la flor iluminado por el sol) y posesión del Demonio(el Demonio comunica su inteligencia superior siempre a hacer el mal).-Jesús: “Cuando Dios se apodera de una inteligencia y la emplea a su servicio, transfunde en ella, en las horas que está al servicio de Dios, una inteligencia sobrenatural que aumenta en mucho la inteligencia natural del sujeto. ¿Pensáis, por ejemplo, que Isaías, Ezequiel, Daniel y los demás profetas, si hubieran tenido que leer y explicar esas profecías como escritas por otros, no habrían encontrado las oscuridades indescifrables que en ellas encontraban sus contemporáneos? Y, sin embargo, Yo os digo que, mientras las recibían, ellos las comprendían perfectamente. Mira, Simón. Tomemos esta flor nacida cerca de tus pies. ¿Qué ves en la sombra que envuelve al cáliz? Nada. Ves un cáliz profundo y una pequeña boca y nada más. Mírala ahora que la tomo y la traigo para que le dé la luz del sol. ¿Qué cosa ves?”. Pedro: “Veo los pistilos, el polen, y, en torno a los pistilos, una coronita de pelitos que parecen pestañas, y una franjita que adorna el pétalo largo y los dos más pequeños… y veo una gotita de rocío en el fondeo del cáliz… y… ¡oh, mira! un mosquito ha bajado a beber dentro y se ha enviscado entre los pelillos, y no puede librarse… ¡Pero ahora! Déjame ver mejor. Oh, los pelillos parecen como si estuviesen untados con miel… se ha pegado… ¡Comprendido! Dios lo ha hecho así o para que la flor se nutra con él, o para que se nutran los pajarillos que vienen en busca de mosquitos, o para que se limpie de mosquitos el aire… ¡Qué maravilla!”. Jesús: “Pero sin la fuerte luz del sol no habrías visto nada, ¿no es así?”. Pedro: “¡No, claro!”. Jesús: “Lo mismo sucede en la posesión divina. La criatura, que de su parte pone únicamente su buena voluntad de amar totalmente a su Dios, el abandono a los deseos de Dios, la práctica de las virtudes y el dominio de sus pasiones, es absorbida en Dios, y en la Luz que es Dios, en la Sabiduría que es Dios, todo lo ve y todo lo comprende. Después, terminada la intervención divina, se produce en la criatura un estado en el que lo recibido se transforma en norma de vida y de santificación; pero lo que antes parecía tan claro se vuelve oscuro o, mejor, crepuscular. ■ El demonio, perpetuo mono que remeda a Dios, produce un efecto semejante en la inteligencia de sus poseídos, aunque limitado porque sólo Dios es infinito; en sus poseídos, que voluntariamente se le han entregado para triunfar, el demonio les comunica su inteligencia superior pero únicamente dirigida hacia el mal, a hacer daño, a ofender a Dios y al hombre. Y la acción satánica, al encontrar en el alma consentimiento, es continua, siendo así que, por grados, conduce a la total ciencia del Mal. Éstas son las peores posesiones. No se ve nada al exterior, por lo cual no se huye de estos endemoniados. Pero existen estas posesiones. Como he dicho muchas veces, serán los poseídos de esta manera los que descarguen su mano sobre el Hijo del Hombre”. Felipe pregunta: “¿Pero no podría Dios derrotar al Infierno?”. Jesús: “Sí. Dios es más fuerte”. Felipe: “¿Y por qué no lo hace para defenderte?”. Jesús: “En el Cielo se conocerán las razones de Dios. Ea, vámonos. No os acobardéis”. (Escrito el 25 de Septiembre de 1946).
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8-503-22 (9-200- 457).- “Los espíritus pueden venir a vosotros de dos modos: por mandato de Dios o por fuerza del hombre… No confundir lo sobrenatural con lo oculto”.
* Sobrenatural (viene de Dios) y oculto (viene de fuente extraterrena pero no de Dios).- ■ Dice Jesús: “El mundo —y por mundo entiendo no solo a los laicos— niega lo sobrenatural, pero luego, ante las manifestaciones de Dios, está pronto a acudir no a lo sobrenatural sino a lo oculto. Confunden una cosa con la otra. Escuchad ahora: sobrenatural es lo que viene de Dios. Oculto lo que viene de fuente extraterrena, pero no tiene su origen en Dios. ■ En verdad os digo que los espíritus pueden venir a vosotros. ¿Pero cómo? De dos modos. Por mandato de Dios o por fuerza del hombre. Por mandato de Dios vienen los ángeles y bienaventurados y los espíritus que están ya en la luz de Dios. Por la fuerza del hombre pueden venir los espíritus sobre los que un hombre puede tener poder, por estar sumergidos en regiones más bajas que las humanas, donde todavía hay un recuerdo de Gracia, aunque ya no hay Gracia activa. Los primeros vienen espontáneamente, obedeciendo a una orden: la mía. Y consigo llevan la verdad que quiero que conozcáis. Los otros vienen por un conjunto de fuerzas unidas: fuerzas del hombre idólatra, con fuerzas de Satanás-ídolo. ¿Pueden enseñaros la verdad? No. Jamás. Absolutamente no pueden. ¿Puede una fórmula aun cuando la enseñare Satanás, hacer que Dios se doblegue al capricho del hombre? No. Dios viene siempre espontáneamente. Una oración os puede unir con Él, pero no una fórmula mágica.  ■ Y si alguien objeta: «Samuel se apareció a Saúl» (1), Yo respondo: «No por mérito de la maga, sino por voluntad mía, con el objeto de hacer reaccionar al rey, rebelde a mi Ley»”.
* ¿En nombre de quién hablan los profetas?”.Jesús: “Algunos dirán: «¿Y los profetas?». Los profetas hablan por el conocimiento de la Verdad, que se infunde en ellos directamente o por ministerio angélico. ■ Otros objetarán: «¿Y la mano que escribió en el banquete del rey Baltasar?». Esos tales lean la respuesta de Daniel: «… también tú te has levantado contra el Dominador del Cielo… alabando a los dioses de plata, bronce, hierro, oro,  leña,  piedra, los cuales no ven ni oyen ni conocen; pero no glorificaste al Dios en cuyas manos está tu respiro y cualquier cosa que hagas. Por esto Él ha mandado el dedo —espontáneamente mandado, mientras que tú, rey necio y necio hombre, no pensabas en ello y te preocupabas de  llenar tu vientre y engreírte la mente—  de esa mano que ha escrito lo que allí se encuentra»” (2).
* ¿Y las manifestaciones de un medium?”. ■ Jesús: “Sí. Alguna vez Dios os llama con manifestaciones que vosotros consideráis de un medium (3), y que son en realidad manifestaciones de piedad de un Amor que quiere salvaros. Pero no debéis querer crearlas vosotros. Las que creáis no son jamás verdaderas, no son nunca útiles, nunca traen bien alguno. No os hagáis esclavos de lo que os destruye. No queráis llamaros y creeros más inteligentes que los humildes, que acatan la Verdad depositada de hace siglos en mi Iglesia, por el solo hecho de que sois unos soberbios que buscáis en la desobediencia permisos para vuestros ilícitos instintos.  Volved a entrar y permaneced en la Doctrina tantas veces secular: desde Moisés hasta Cristo, desde Cristo a vosotros, desde vosotros hasta el último día, es ésa y no otra. ■ ¿Es acaso ciencia lo vuestro? No. La ciencia está en Mí y en mi doctrina y la sabiduría del hombre consiste en obedecerme. ¿Curiosidad sin peligro? No. Es contagio de cuyas consecuencias podéis lamentaros luego.  Fuera Satanás si queréis tener a Cristo. Soy el Bueno. Pero no puedo convivir con el Espíritu del Mal.  O Yo o él. Escoged. ■ Oh, «portavoz» mía, di esto a quien hay que decírselo. Es la última voz que llegará a éstos. Tú y quien te dirige estad precavidos. Las pruebas se transforman en pruebas contrarias en manos del Enemigo y de los enemigos de mis amigos. ¡Estad atentos! Quedaos en paz”. (Escrito el 3 de Octubre de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  1 Sam.  28,3-25.   2  Nota  : Cfr.  Dan. 5.   3  Nota  : De un medium o telepáticas.
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(<En la sinagoga de Quedes, a la que asistía también un grupo numeroso de fariseos y saduceos hostiles, Jesús había proclamado que Él, Jesús de Nazaret, es el Hijo de Dios, el Hijo del hombre predicho por los profetas. El escriba de oro Sadoc, pidió entonces a Jesús para poder creer, tanto él como sus compañeros, una señal del Cielo que diga que es el Hijo de Dios: la resurrección de un cadáver pero corrupto. Jesús aceptó el reto: le prometió una única señal, la de Jonás. ■ En estos momentos, se encuentran en el Templo de Jerusalén. Jesús le recuerda aquel reto>)

 8-525-192 (9-222-619).- “Mientras haya hombres habrá siempre profetas”.
* “Traen al hombre la voz directa de Dios… ¡Ay, si no existieran estos espíritus que serán odiados por el mundo y amados especialmente por Dios!”.- ■ Jesús le dice: “Y te recuerdo, Sadoc, el reto que te propuse en Quedes. Dentro de poco verás cumplirse una parte de él. Cuando la luna vuelva a la fase con que ahora resplandece en el cielo, te daré esa prueba. Ésta es la primera (1). La otra la tendrás cuando el trigo, que ahora duerme en la tierra, cimbree sus espigas aún verdes con el leve viento de Nisán” (2). Y a los que dicen que son inútiles los profetas les respondo: «¿Quién podrá poner límites al Señor Altísimo?». En verdad, en verdad os digo que mientras haya hombres habrá siempre profetas. Son las antorchas en medio de las tinieblas del mundo; el fuego en medio del hielo del mundo; los toques de trompeta que despertarán a los que duermen; las voces que recuerdan a Dios y a sus verdades, caídas, con el tiem­po, en el olvido y la desatención, y traen al hombre la voz directa de Dios y suscitan vibrantes emociones en los olvidadizos, en los apáticos hijos del hombre. Tendrán otros nombres, pero igual misión e igual suerte de humano dolor y de sobrehumano gozo. ■ ¡Ay, si no existieran estos espíritus que serán odiados por el mundo y amados especialmente por Dios! ¡Ay si no existieran estos espíritus, para pa­decer y perdonar, amar y actuar en obediencia al Señor! El mundo perecería entre las tinieblas, entre el hielo, en un sopor de muerte, en un estado de deficiencia mental, de ignorancia salvaje y embrutecedora. Por eso, Dios los suscitará, y siempre los habrá. ¿Y quién podrá imponer a Dios que no lo haga? ¿Tú, Sadoc?, ¿o tú?, ¿o tú? En verdad os digo que ni los espíritus de Abraham, Jacob y Moisés, de Elías y Eliseo, podrían imponer a Dios esta limitación, y sólo Dios sabe cuán santos eran y en medio de qué luces eternas se encuentran”. (Escrito el 5 de Noviembre de 1946).
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1  Nota  :  La resurrección de Lázaro.     2  Nota  :  La Resurrección del propio Jesús en Nisán: Abril.
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(<Jesús se encuentra en el Templo en la fiesta de la Dedicación del Templo. Acaba de decir a los fariseos que no son de sus ovejas sino son en parte lobos y en parte machos cabríos salvajes>)
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8-537-289  (9-234-713).- “Hablaré siempre para que el mundo no se convierta en idólatra”.
* “Hablaré a los míos para que repitan mis palabras. El Espíritu de Dios hablará y ellos comprenderán lo que ni los sabios logran entender. Dios es misericordioso para con las almas que buscan y no encuentran, no por su culpa, sino por desidia de pastores ídolos. De la misma forma que envió a los profetas para su pueblo y me ha enviado a Mí para el mundo entero, así, después de Mí, también enviará a los servidores de la Palabra, de la Verdad y del Amor, para repetir mis palabras. Porque son mis palabras las que dan la Vida”.- ■ Añade Jesús: “Si llegaseis a ser buenos, me comprenderíais y entraríais a formar parte de mi rebaño, siendo semejantes a los que están en él. Nos amaríamos. Yo y mis ovejas nos amamos. Ellas me escuchan y reconocen mi voz. Vosotros no comprendéis lo que significa conocer mi voz. Significa no tener dudas sobre su Origen y distinguirla entre mil otras voces de falsos profetas, como voz verdadera y venida del Cielo. Ahora y siempre, incluso entre los que se creen, y en parte lo son, seguidores de la Sabiduría, habrá muchos que no sabrán distinguir mi voz de otras voces que os hablarán de Dios, con mayor o menor justicia, pero que serán, todas, voces inferiores a la mía… ■ Objeta un judío con desprecio, como si hablase a un deficiente mental: “Dices siempre que pronto te vas a ir, ¿y ahora pretendes decir que siempre hablarás? Si te marchas, ya  no hablarás”. Si la voz de Jesús ha sido un poco severa, fue al principio cuando se dirigió a los judíos y luego cuando respondió a las objeciones interiores del judío aquel. Pero su voz continúa siendo dulce y llena de dolor: “Hablaré siempre, para que el mundo no se haga todo él idólatra. Y hablaré a los míos, elegidos para que os repitan mis palabras. El Espíritu de Dios hablará y ellos comprenderán lo que aun los sabios no logran ni lograrán entender. Porque los estudiosos estudiarán la palabra, la frase, el modo, el lugar, el cómo, el instrumento a través de los cuales la Palabra habla, mientras que mis elegidos no se perderán en esos estudios inútiles; antes bien, me escucharán perdidos en el Amor y comprenderán, porque será el Amor el que hable. Serán capaces de distinguir las páginas adornadas de los doctos o las engañosas de los falsos profetas, de los rabinos hipócritas, que enseñan doctrinas no correctas, o enseñan lo que ellos no practican, de las palabras sencillas, verdaderas, profundas que procederán de Mí. Pero el mundo los odiará por esto, porque el mundo me odia a Mí-Luz y odia a los hijos de la Luz, el tenebroso mundo que desea las tinieblas que le favorecen para pecar. ■ Mis ovejas me conocen y me conocerán y me seguirán siempre, incluso por los caminos de sangre y dolor que Yo seré el primero en recorrer y ellas, detrás de Mí, también recorrerán. Los caminos que conducen las almas a la Sabiduría. Los caminos hechos luminosos por la sangre y el llanto de los perseguidos por enseñar la justicia, caminos hechos luminosos para que resplandezcan en la oscuridad del humo del mundo y de Satanás, y sean como estelas de estrellas para guiar a quienes buscan el Camino, la Verdad, la Vida, y no hallan a nadie que hacia ellos los guíe. Porque de esto tienen necesidad las almas: de alguien que las conduzca a la Vida, a la Verdad, al Camino bueno. ■ Dios es misericordioso para con las almas que buscan y no encuentran, no por su culpa, sino por desidia de pastores ídolos. Dios es piadoso para con aquellas almas que, abandonadas a sus propias fuerzas, se extravían y son acogidas por los ministros de Lucifer, dispuestos a acogerlas para hacerlas prosélitas de sus doctrinas. Dios es misericordioso para con aquellos que caen en el engaño por el simple hecho de que los rabíes de Dios, los llamados rabíes de Dios, se han desinteresado de ellos. Dios se muestra compasivo con todos estos que caminan hacia el desaliento,  la oscuridad,  la muerte por culpa de los falsos maestros, que de maestros no tienen más que las vestiduras y el orgullo de que así los llamen. ■ Y para estas pobres almas, de la misma forma que envió a los profetas para su pueblo, de la misma forma que me ha enviado a Mí para el mundo entero, así, después de Mí, también enviará a los servidores de la Palabra, de la Verdad y del Amor, para repetir mis palabras. Porque son mis palabras las que dan la Vida. De manera que mis ovejas de ahora y del futuro tendrán la Vida que les doy a través de mi Palabra, que es Vida eterna para quien la acoge, y no perecerán jamás y ninguno los podrá arrancarlas de mis manos”. (Escrito el 9 de Diciembre de 1946).
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(<Las palabras de Jesús, en la fiesta de la dedicación del Templo: “Yo y el Padre somos una cosa”, provocan a los fariseos a coger  piedras para lanzarlas contra Jesús. Pero Él se muestra tan majestuoso que los paraliza>)
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8-537-292 (9-234-715).- “¿No está escrito: «Dije: Sois dioses e Hijos del Altísimo?»”.
* Si la Escritura (“que, enteramente inspirada por Dios, no puede ser modificada ni anulada”) llamó «dioses» a los hombres, las obras de Jesús (ellas confirman que “el Padre está en Mí y Yo en el Padre”) atestiguan que Jesús es «el Hijo de Dios», el Enviado por el Padre.- ■ Los judíos le dicen: “No te lapidamos por las buenas obras que has hecho, sino por tu blasfemia; porque Tú, siendo hombre, te haces Dios”. ■ Jesús: “¿No está escrito en vuestra Ley: «Yo dije: vosotros sois dioses e hijos del Altísimo»? (1). Ahora bien, si Dios a aquellos a quienes habló llamó «dioses» dando un mandato: el de vivir de modo que la semejanza y la imagen respecto a Dios, que están en el hombre, aparezcan en modo manifiesto y que el hombre no sea ni demonio ni bruto; si la Escritura llama «dioses» a los hombres, la Escritura, palabra enteramente inspirada por Dios (y, por tanto, no puede ser modificada ni anulada según el gusto e interés del hombre); entonces ¿por qué me decís que blasfemo, Yo, consagrado y enviado al mundo por el Padre, porque digo: «Soy Hijo de Dios»? Si no hiciera las obras de mi Padre, razón tendrías en no creer en Mí. Pero las hago. Y vosotros no queréis creer en Mí. Creed, entonces, por lo menos en estas obras, para que sepáis y reconozcáis que el Padre está en Mí y que Yo estoy en el Padre”.   (Escrito el 9 de Diciembre de 1946).
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1  Nota  : Cfr.  Sal. 81,6.
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(<Jesús preguntó a los dos hijos de Zebedeo [Mt. 20,20-23] si eran capaces de beber de su cáliz,  después de su insensata petición a través de su madre Salomé que pidió que sus hijos se sentaran uno a su diestra y otro a su izquierda en su Reino>)
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9-577-188 (10-38-267).- El verdadero significado sobre «beber de mi cáliz».
* He dicho: «del mío», no «el mío», porque ningún hombre habría podido beber mi cáliz”.- ■ Me dice Jesús: “Señala mucho el punto: «… vosotros ciertamente beberéis de mi cáliz». En las traducciones se lee: «mi cáliz». He dicho: «del mío», no «el mío». Ningún hombre habría podido beber mi cáliz. Solamente Yo, Redentor, debí beber todo mi cáliz. A mis discípulos, a mis imita­dores, a los que me aman, ciertamente se les concede beber de ese cá­liz en que Yo bebí: esa gota, ese sorbo o esos sorbos que la predilec­ción de Dios les concede beber. Pero nunca ninguno lo beberá todo co­mo Yo lo bebí. Así pues, es correcto decir «de mi cáliz» y no «mi cáliz»”. (Escrito el 8 de Marzo de 1947).
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(<Sábado, el día anterior a la entrada en Jerusalén. Están en Betania. Jesús cura a un niño deforme y lisiado llamado Matusalem o Shalem, fruto del matrimonio entre Anás de Nahúm, el hijo consentido de Anás, el Sumo Sacerdote, y una mujer de edad, fea pero rica, a la que abandonó posteriormente con su hijo. Marta le da miel, con la que el niño tanto había soñado>)
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9-584-249 (10-45-318).- Valor de la Nueva Buena en el futuro de la humanidad.
* La doctrina del Maestro consolará todas las desventuras, amansará aun la ferocidad de los usos y costumbres pero… no eliminará el dolor. Lo hará soportable con sus promesas divinas de una alegría futura. Para que el dolor sea abolido, —o por lo menos mucha parte del dolor—, haría falta que todos tuviesen el corazón que tiene Jesús”.- ■ El niño comprende que más precioso que el vaso de miel es el amor con que se lo ofrece, y deja el vaso en las rodillas de Jesús para alzar sus brazos queriendo ceñir el cuello de Marta, que está inclinado hacia él, y besarla. Es todo lo que puede hacer para mostrar su agradecimiento, todo lo que puede dar él, el desamparado. Los demás dejan de hacer planes y miran la escena. Pedro dice: “Éste es todavía más infeliz que Marziam, que tenía al menos el amor de su abuelo y de los otros campesinos. ¡Verdaderamente hay que decir que hay siempre dolores mayores que los que hemos juzgado grandísimos!”. Bartolomé dice pensativo: “Sí. No se ha llegado a tocar aún el fondo del abismo del dolor humano. Quién sabe cuántos secretos nos oculta todavía… y ocultará en los siglos futuros”. ■ Iscariote, con una leve sonrisa irónica, grita: “Entonces tú no tienes fe en la Buena Nueva. ¿No crees que ella cambiará el mundo? Lo dijeron los profetas, y el Maestro lo repite. Eres un incrédulo, Bartolomé”. Zelote le responde: “No veo dónde esté la incredulidad de Bartolomé. La doctrina del Maestro consolará todas las desventuras, amansará aun la ferocidad de los usos y costumbres pero… no eliminará el dolor. Lo hará soportable con sus promesas divinas de una alegría futura. Para que el dolor sea abolido, —o por lo menos mucha parte del dolor; porque, en todo caso seguiría habiendo enfermedades y muertes y cataclismos naturales—, haría falta que todos tuviesen el corazón que tiene Jesús, pero…”.
* “¿Y pretendes que todo el mundo tuviese el corazón que tiene Él, si nosotros, nosotros los apóstoles, no lo poseemos?” “¿Y entonces a qué vino, si nada debe cambiar?”.- ■ Iscariote le interrumpe: “Efectivamente, eso debe suceder. Si no, ¿para qué habría servido el que hubiese venido el Mesías a la Tierra?”. Zelote dice: “Digamos que así debería suceder. Pero dime, Judas, ¿esto se ha verificado entre nosotros? Somos doce y por tres años hemos vivido con Él, absorbido su doctrina como el aire que respiramos, ¿y qué? ¿Somos los doce unos santos? ¿Qué cosa distinta hacemos de lo que hacen Lázaro, Esteban, Nicolás, Isaac, Mannaén, José, Nicodemo, las mujeres y los niños? Me refiero a los justos de nuestra patria. Todos éstos, bien sean sabios y ricos, o pobres e ignorantes, hacen lo que nosotros: un poco de bien, un poco de mal, pero sin renovarnos completamente. Es más, te diría que muchos de ellos nos superan. Sí. Muchos, que siguen a Jesús nos superan a nosotros: los apóstoles… ¿Y pretendes que todo el mundo tuviese el corazón que tiene Él, si nosotros, nosotros los apóstoles, no lo poseemos? Hemos mejorado más o menos… al menos, eso esperamos, porque el hombre difícilmente se conoce y conoce al hermano que vive a su lado. El velo de la carne es demasiado opaco y grueso, y demasiado atento está el corazón del hombre a no ser escrutado, como para que el hombre comprenda al hombre. Siempre observándose u observando, uno se queda en la superficie: cuando se trata del examen nuestro, porque no queremos conocernos para no sufrir en nuestro orgullo o en la necesidad de cambiar; cuando se trata del examen de los demás, porque nuestro orgullo de examinadores nos hace jueces injustos y el orgullo del examinado se cierra, como hace una ostra con sus valvas respecto a lo que tiene en su interior”. Judas Tadeo dice: “¡Bien dicho, Simón! ¡Verdaderamente que has tenido palabras de sabio!”. Los demás le hacen coro. Iscariote rebate: “¿Y entonces a qué vino, si nada debe cambiar?”.
* “Muchas cosas cambiarán. No todo. Porque contra mi doctrina habrá en el futuro lo que ahora es ya una realidad: el odio de los que no aman la Luz…Y ¡cuántas doctrinas heréticas opuestas a mi doctrina inmutable, por ser perfecta!… ¡Cuánto dolor proporcionarán estas doctrinas!”.-  ■ Jesús toma la palabra: “Muchas cosas cambiarán. No todo. Porque contra mi doctrina habrá en el futuro lo que ahora es ya una realidad: el odio de los que no aman la Luz; porque contra la fuerza de mis seguidores estará la de los seguidores de Satanás. ¡Cuántos! ¡Con cuántos aspectos! Y ¡cuántas doctrinas heréticas irán surgiendo nuevas, opuestas a mi doctrina inmutable, por ser perfecta! ¡Cuánto dolor proporcionarán estas doctrinas! Vosotros no conocéis el futuro. A vosotros os parece mucho el dolor que hay en el mundo ahora. Pero, Aquel que conoce, ve horrores que no los comprenderíais aunque Yo os explicase…”.
* “¡Ay de todos si no hubiera venido Yo…! La Tierra con el andar de los siglos se hubiera convertido en un infierno y la raza humana se hubiera despedazado… El Altísimo no enviará más flagelos universales como el diluvio, pero los hombres se crearán flagelos cada vez más atroces…”.- ■ Jesús prosigue: “¡Ay de todos si no hubiera venido Yo, si no hubiera venido para dar a los que han de venir unas Leyes que frenen los instintos en los mejores, y para dar una promesa de futura paz! ¡Ay, si el hombre no tuviera, por mi venida, elementos espirituales que pueden mantenerle «vivo» en la vida del espíritu, mantenerle con la seguridad de un premio!… Si no hubiera venido, la Tierra con el andar de los siglos se hubiera convertido en un infierno y la raza humana se hubiera despedazado y habría perecido maldiciendo al Creador…”. Iscariote le replica: “El Altísimo ha prometido que no enviará más castigos universales, como el diluvio. La promesa de Dios no falla”. Jesús: “Tienes razón. El Altísimo no enviará más flagelos universales como el diluvio (1), pero los hombres se crearán flagelos cada vez más atroces respecto a los cuales el diluvio y la lluvia de fuego que destruyó Sodoma y Gomorra no serán sino castigos misericordiosos. ¡Oh…!”. Jesús se pone de pie con un gesto compasivo por los hombres del futuro. Judas dice: “¡Bien! ¡Bien! Tú sabes…”. (Escrito el 26 de Marzo de 1947).
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1  Nota  : Gén.6,5-9,17.
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(<La escena tiene lugar en Betania, en la casa de Lázaro. Jesús —después de haber intentado una vez más hacerle recapacitar a Judas Iscariote sobre el peligro de frecuentar ciertas amistades en Jerusalén, y tras la marcha de éste desoyendo todos los consejos y ruegos— regresa lentamente, desde el jardín donde ha hablado con Judas, a la casa>)
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9-586-265 (10-47-331).- Jesús no teme, como Lázaro, que su doctrina se pierda o se altere porque “el Espíritu Santo es el complemento, coronamiento,  perfección de mi ministerio de Maestro”.
* Es el Espíritu de Dios el que habla por los labios del Cristo. Luego… Luego hablará directamente a los espíritus y les recordará mis palabras”.- ■ Cuando Jesús está cerca de la casa, alza la cabeza atraído por la mirada que Lázaro, en pie, erguido en el sitio de antes, tiene clavada en Él. Y bien pálido está ese rostro que se esfuerza en sonreír al amigo fiel. Vuelve a la sala en que cuatro apóstoles están hablando con Maximino, mientras María y Marta dirigen el trabajo de los siervos, que vuelven a poner en orden la sala, quitando todo lo que sirvió para el banquete. Lázaro ha ido a la puerta a esperarle y pasa su mano por la cintura de Jesús. Ahora, al pasar junto a un siervo, le dice: “Tráeme el rollo que está sobre la mesa de mi cuarto de trabajo”. Lleva a Jesús a uno de esos amplios sofás que hay cerca de las ventanas para que se siente, pero Jesús sigue de pie, esforzándose en poner atención a lo que Lázaro le dice… pero es claro que su pensamiento está en otra parte, que su corazón está muy afligido. Y cuando cae en la cuenta de que le están observando trata de sonreír.  El siervo vuelve con el rollo y Pedro al ver que en esos pergaminos hay cosas que su cabeza no puede entender, se retira diciendo: “Hay ciertos alimentos que los peces no pueden comer. Prefiero hablar con Maximino de plantas y cultivos”. Marta continúa su trabajo. ■ María, callada, escucha a Lázaro, quien señala al Maestro algunos puntos escritos en esos pergaminos, diciendo: “¿No posee una clarividencia singular este pagano? Más que muchos de los nuestros. Tal vez… si hubiese estado aquí contigo, mientras Tú eres el Maestro nuestro, habría sido uno de tus discípulos, y uno de los mejores. Y te habría comprendido como muchos de nosotros no sabemos hacer. ¡Y qué poema habría extraído, de su genio, la admiración por Ti! ¡Oh, tus palabras  recogidas y conservadas por un espíritu que es luminoso a pesar de ser pagano! ¡Tu vida descrita por esta inteligencia clara y brillante! Nosotros no tenemos ya escritores ni poetas. Tú has nacido tarde. Cuando el egoísmo de la vida y la corrupción religioso-social han apagado en nosotros la poesía y el genio. Lo que nuestros sabios y profetas han escrito, sin conocerte, no tiene eco en la voz viva de un seguidor tuyo. Tus predilectos y tus fieles, en su mayor parte, son personas sin instrucción. Y los otros… No. No tenemos ya ningún shoelet (1) (escribo como oigo pronunciar la palabra) que transmita a las gentes tu sabiduría y tu figura. Ya no los tenemos, porque faltan, más que la capacidad para hacerlo, el espíritu y la voluntad. La parte, humanamente hablando, más selecta de Israel tiene voz sorda, como la de una trompeta acabada, y no sabe ya cantar las glorias y maravillas de Dios. Mi miedo es de que todo se pierda o quede alterado, parte por incapacidad, parte por mala voluntad…”. Jesús le tranquiliza: “No sucederá eso. El Espíritu del Señor, cuando haya tomado posesión en el interior de los corazones, repetirá mis palabras y explicará el significado de ellas. Es el Espíritu de Dios el que habla por los labios del Cristo. Luego… Luego hablará directamente a los espíritus y les recordará mis palabras”.
* Yo no tengo miedo, como tú lo tienes, a que se pierda algo de lo que he dado. Es más, te digo en verdad que el Espíritu Santo arrojará rayos de luz sobre mis palabras, y comprenderéis el espíritu de ellas”.- ■ Magdalena con su ímpetu habitual dice: “¡Ojalá si esto fuera pronto! Pronto porque tus palabras son muy poco escuchadas y menos comprendidas. Yo creo que el rugido del Espíritu de Dios será violento, cual violento fuego que abrasa, para grabar en las mentes, con fuerza, aquello que no quisieron acoger por ser dulce y suave. Pienso que el Espíritu abrasador quemará con sus llamas las conciencias tibias o tardas y escribirá en ellas tus palabras. El mundo tendrá que amarte. ¡El Altísimo lo quiere! ¿Pero cuándo será?”. Jesús: “Cuando Yo me haya inmolado en el Sacrificio del amor. Entonces vendrá el Amor. Será como la hermosa llama que se alzará de la Víctima inmolada. Y esta llama no se apagará, porque no cesará el Sacrificio. Una vez establecido, durará todo el tiempo que dure la tierra” (2). Lázaro: “Pero entonces… ¿Tú, para que eso sucediera, deberías ser verdaderamente inmolado?”. Jesús: “Así es”. Jesús tiene la postura habitual de aceptar su suerte. Abre los brazos con las manos vueltas hacia fuera e inclina la cabeza. ■ Luego la levanta de nuevo para sonreír a Lázaro, que está afligido, y le dice: “Pero no será violenta, cual un rugido, la voz inmaterial del Espíritu de Amor, sino dulce como el amor, que es suave como el viento de Nisán aunque fuerte como la muerte. ¡El inefable misterio del Amor! El complemento y el coronamiento de mi ministerio. La perfección de mi ministerio de Maestro… Yo no tengo miedo, como tú lo tienes, a que se pierda algo de lo que he dado. Es más, te digo en verdad que arrojará rayos de luz sobre mis palabras, y comprenderéis el espíritu de ellas. Yo me voy serenamente, porque confío mi doctrina al Espíritu Santo, y mi espíritu a mi Padre”. ■ Inclina su cabeza pensativo. Coloca después el rollo que había originado la conversación sobre una especie de mesa alta de ébano, o de otra madera oscura, cuajada de incrustaciones de marfil amarillento, que cuatro siervos trajeron de la habitación de al lado y en el cual Marta está poniendo en orden la vajilla más preciosa. (Escrito el 28 de Marzo de 1947).
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1  Nota  : Shoelet: los hebreos −anota María Valtorta en una copia mecanografiada− llamaban así a los que hablaban en las asambleas. Loa libros sapienciales están compuestos por las palabras de los shoelets recogidas en los rollos de la Escritura.   2  Nota  :  “Será como la bella llama  que se levantará de la  Víctima Inmolada. Y no se apagará, porque no cesará el sacrificio”. Cfr. Hebr. 7,1-10,18; y sobre todo 7,20-28; 9,11-14; 10,11-18. Que el Sacrifico eucarístico tenga por efecto ser lleno del Espíritu Santo, lo afirma el Canon Romano y Ambrosiano: “Te rogamos suplicantes que al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos llenemos de bendiciones celestiales y de gracia”. Finalmente, por bendición celestial o gracia se debe entender el Espíritu Santo o sus dones, lo cual se desprende claramente de las Liturgias Orientales, las cuales en la oración correspondiente a la anteriormente citada dice así: “Espíritu Santo, plenitud del Espíritu Santo”. En igual sentido se expresa la Liturgia Bizantina, llamada San Juan Crisóstomo: “Manda a tu Espíritu santo sobre nosotros y sobre estos dones que están sobre el altar… y haz de este pan el precioso Cuerpo de tu Cristo… Y de lo que está en este cáliz, la preciosa Sangre de tu Cristo… Bendice… ambas dos santas especies, transformándolas por la virtud de tu Santo Espíritu… para que los que comulguen de ellas… participen del Espíritu Santo…”. La liturgia Etiópica, llamada liturgia de los Apóstoles, en vez de “participen del Espíritu Santo” dice: “plenitud del Espíritu Santo”.
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9-594-334  (10-13-405).- “Es profecía contra los enemigos de mi Iglesia. Dije «contra», no «sobre». Los que la atacan, arremetiendo contra ella, porque ella es la Piedra angular, quedan destrozados”.
* La historia de la Tierra lleva veinte siglos confirmando lo que dije. Aquel sobre el que caiga el peso de la condena de la Cabeza y Esposo de esta Esposa mía, de este Cuerpo místico mío, quedará triturado”.- ■ Me dice Jesús: “De la misma forma que hice que señalaras la frase «de mi cáliz» en la visión en que la madre de Juan y Santiago pide un lugar para sus hijos (1), así mismo te digo que señales en la visión de ayer el punto que dice: «El que caiga contra esta piedra quedará destrozado» (2). En las traducciones se usa siempre «sobre». Dije «contra», no «sobre» (3). Y es profecía contra los enemigos de mi Iglesia. Los que la atacan, arremetiendo contra ella, porque ella es la Piedra angular (4), quedan destrozados. ■ La historia de la Tierra lleva veinte siglos confirmando lo que dije. Los perseguidores de la Iglesia quedan destrozados al arremeter contra la Piedra angular. Pero también —y esto han de tenerlo presente los que por ser de la Iglesia se creen salvados de los castigos divinos— aquel sobre el que caiga el peso de la condena de la Cabeza y Esposo de esta Esposa mía, de este Cuerpo místico mío, quedará triturado”. (Escrito el 1 de Abril de 1947).
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1  Nota  : Cfr.  Episodio  9-577-188.   2  Nota  : Se refiere  a la Parábola de la viña  arrendada a unos trabajadores (Lc. 20,18) relatada en el tema “Jesús Redentor”.   3  Nota  : En las  traducciones  de Lengua española aparece casi siempre la preposición «contra», lo cual en las italianas  no sucede. (N.T.) Cfr. Is. 8,11-15 y 1 Ped. 2,7-8 donde parece desprenderse que quien pega «contra» esta piedra, que es Dios y su Mesías, después caiga «sobre».   4  Nota  : En el  Antiguo Testamento  como en el Nuevo Testamento se habla de piedra angular. He aquí algunos textos importantes: Sal. 117,22-24; Mt. 21,42 etc.
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9-594-334 (10-13-406).- Objeción de los eternos escribas y saduceos sobre las visiones donde aparecen frases que no existen en los Evangelios.
* Tened presente que los evangelistas eran de aquel pueblo y vivían en aquellos tiempos. Ellos, iluminados por el Espíritu Santo, omitieron voluntariamente cualquier palabra demasiado viva que podía causar repercusiones violentas y nocivas a los neófitos”.- ■ Dice Jesús: “Y adelantándome a una objeción de los eternos escribas y saduceos, mal intencionados con mis siervos, digo: si en las visiones aparecen frases que no existen en los Evangelios, tengan presente que los evangelistas eran de aquel pueblo y vivían en tiempos en que cualquier palabra demasiado viva podía causar repercusiones violentas y nocivas a los neófitos. Que lean los hechos apostólicos y verán que la mezcla de tantos pensamientos distintos no eran sino fricciones, y que, si unos a otros se tributaron admiración, reconociéndose recíprocamente los méritos, no faltaron disensiones entre ellos, porque el pensamiento humano es vario y siempre imperfecto. ■ Para evitar profundas divisiones entre uno y otro modo de pensar, los evangelistas, iluminados por el Espíritu Santo, omitieron voluntariamente de sus escritos alguna que otra frase que hubiera herido la susceptibilidad de los hebreos y escandalizado a los gentiles, que necesitaban creer perfecto al núcleo de hebreos de los que salió la Iglesia, para no alejarse diciendo: «Son iguales que nosotros». Está bien que se conozca lo que padecí Yo; pero conocer las enfermedades espirituales del pueblo israelita, que estaba corrompido, sobre todo en las clases altas, no. No era conveniente. Y lo ocultaron, lo mejor que pudieron. ■ Observad cómo los Evangelios se iban haciendo cada vez más explícitos, hasta llegar al claro Evangelio de mi Juan, a  medida que iban siendo escritos en épocas más lejanas respecto a mi Ascensión al Padre mío. Solo Juan reseña por entero aun las manchas más dolorosas del mismo núcleo apostólico, llamando con toda claridad «ladrón» a Judas, las bajezas de los judíos (voluntad fingida de hacerme rey, las disputas en el Templo, el abandono de muchos después del discurso sobre el Pan del Cielo, la incredulidad de Tomás). Habiendo él sobrevivido por mucho tiempo, cuando mi Iglesia se sentía ya fuerte, levanta los velos que otros no se habían atrevido a hacerlo. Pero ahora el espíritu de Dios quiere que conozcáis incluso estas palabras. Y bendigan al Señor por ello, porque todas ellas son luz y guía para los justos de corazón”. (Escrito el 1 de Abril de 1947).
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(<Se ha oído una voz más potente que el trueno, inmaterial, que no es humana, vibrando más poderosa que el acorde de un órgano gigante, melódicamente bella, que proclama: “Le he glorificado y le seguiré glorificando” [Ju. 12,28-30]. Ha sido la manifestación del Padre. Ha sido tan potente que ha hecho vibrar el suelo; aterroriza a los hebreos y asombra a los paganos. Escribas y fariseos, Gamaliel… agitados y desconcertados>)
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9-598-391 (11-17-456).- Jueves Santo, en el Templo, después de la manifestación del Padre, Jesús declara: “Sí, el que me desprecia y no reconoce la Palabra de Dios y no recibe la palabra del Verbo, tiene a quien le juzgue: le juzgará en el último día la propia Palabra que he anunciado”.
El que cree en Mí no cree en realidad en Mí sino en Aquel que me ha enviado, y quien me ve a Mí ve a Aquel que me ha enviado, que justamente es el Dios de Israel, porque no existe ningún otro Dios aparte de Él”.- ■ La muchedumbre está perpleja y dividida. Una parte marcha meneando la cabeza. Otra parte observa la actitud de los principales dignatarios: fariseos, jefes de los sacerdotes, escribas… especialmente observan la actitud de Gamaliel, y según estas actitudes orientan sus reacciones. Otros hacen un gesto de aprobación con la cabeza, inclinándose ante Jesús con clara señal de querer decirle: «¡Creemos! Te honramos por lo que eres». Pero no se atreven a ponerse abiertamente de su parte. Tienen miedo de los ojos atentos de los enemigos del Mesías, de los poderosos, que los vigilan desde lo alto de las terrazas que dominan las soberbias galerías que ciñen los patios del Templo. También Gamaliel —se ha quedado pensativo unos minutos, pareciendo interrogar a los mármoles que pavimentan el suelo, para obtener una respuesta a sus íntimas preguntas— continúa su marcha hacia la salida, no sin antes menear la cabeza y encogerse de hombros, como en señal de desacuerdo o de desprecio… y pasa derecho por delante de Jesús sin mirarle. Jesús, sin embargo, le mira con compasión… y alza de nuevo la voz, fuertemente —es como un tañido de bronce— para superar todo ruido y ser oído por el grande escriba que se marcha desilusionado. Parece hablar para todos, pero es evidente que habla sólo a él. ■ Dice con voz altísima: “El que cree en Mí no cree en realidad en Mí sino en Aquel que me ha enviado, y quien me ve a Mí ve al que me ha enviado, que justamente es el Dios de Israel, porque no existe ningún otro Dios aparte de Él. Por esto digo: si no podéis creer en Mí en cuanto hijo de José de David, y que es hijo de María, de la estirpe de David, de la virgen vista por el profeta, nacido en Belén, como dicen las profecías precedido por Juan el Bautista, como también está anunciado desde hace siglos, creed al menos en la Voz de vuestro Dios que os ha hablado desde el Cielo. Creed en Mí como Hijo de este Dios de Israel. Porque si no creéis en Aquel que os ha hablado desde el Cielo, no me ofendéis a Mí, sino a vuestro Dios, de quien soy Hijo. No queráis permanecer en las tinieblas. Yo he venido —Luz para el mundo— para que el que cree en Mí no permanezca en las tinieblas. No queráis crearos remordimientos que no podríais aplacar nunca, una vez vuelto Yo al lugar de donde he venido, y que serían un duro castigo por vuestra obstinación. Yo estoy dispuesto a perdonar mientras estoy con vosotros, mientras no se haya cumplido el juicio, y, por mi parte, tengo el deseo de perdonar. Pero distinto es el pensamiento de mi Padre, porque Yo soy la Misericordia y Él es la Justicia. En verdad os digo que si uno escucha mis palabras y no las observa Yo no le juzgo. No he venido al mundo para juzgar, sino para salvar al mundo. Pero aunque Yo no juzgue, en verdad os digo que hay quien os juzga por vuestras acciones. El Padre mío, que me ha enviado, juzga a los que rechazan su Palabra. Sí, el que me desprecia y no reconoce la Palabra de Dios y no recibe la palabra del Verbo, tiene a quien le juzgue: le juzgará en el último día la propia Palabra que he anunciado. De Dios nadie se burla, está escrito. Y el Dios objeto de burla será terrible para aquellos que le juzgaron loco y mentiroso. ■ Recordad todos que las palabras que me habéis oído pronunciar son de Dios. Porque no he hablado de cosas mías, sino que el Padre que me ha enviado, Él mismo, me ha ordenado lo que debo decir y de qué debo hablar. Y Yo obedezco su orden porque sé que su mandato es justo. Toda orden de Dios es vida eterna. Yo, vuestro Maestro, os doy ejemplo de cómo obedecer las órdenes del Señor. Por tanto, estad seguros de que las cosas que os he dicho y os digo las he dicho y las digo como mi Padre me ordenó. Y el Padre mío es el Dios de Abraham, Isaac, Jacob; el Dios de Moisés, de los patriarcas, de los profetas, el Dios de Israel, el Dios vuestro”. ■ ¡Palabras luminosas que caen en las tinieblas que se van apoderando poco a poco de los corazones! Gamaliel, que de nuevo se había detenido, cabizbajo, reanuda su marcha… Otros le siguen, meneando la cabeza o haciendo risitas… También Jesús se marcha… (Escrito el 3 de Abril de 1947).
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(<Jesús Resucitado está dando sus últimas lecciones a los apóstoles en el Monte Tabor, donde muchos se habían reunido a requerimiento del mismo Jesús, aunque algunos, después de un tiempo de espera, siguiendo rumores de otros, se habían marchado>)

10-634-314 (11-20-777).- Promesa de su Presencia permanente y directa, o indirecta por medio de sus elegidos: para conservar a la Humanidad en el conocimiento de la Verdad.
* “En verdad os digo: Estoy para volver al Padre mío. Pero la Tierra no perderá mi Presencia. La raza humana tendrá necesidad de una continua manifestación”.- ■ Jesús les dice: “Así, pues, volviendo a lo que dije antes, habéis hecho bien en tratar de retener a los que, semejantes a niños engañados por un rumor de músicas o por un brillo extraño, corren despreocupados lejos de las cosas seguras. Pero ¿veis? Tienen su castigo, porque pierden mi palabra. De todas formas, también vosotros habéis tenido vuestra parte de error. Os habíais acordado de que Yo os había dicho de que no fuerais de acá para allá ante cualquier voz que dijera que estaba en determinado lugar. Pero no os habéis acordado de que también os había dicho que, en la segunda venida, el Mesías sería semejante al relámpago que sale de oriente, y retorciéndose llega al occidente, en menos tiempo que dura un parpadeo de ojos. Ahora bien, esta segunda venida mía ha empezado desde el momento de mi Resurrección, y culminará con mi aparición, cual Juez de todos los resucitados. ■ Pero antes, ¡cuántas veces me apareceré para convertir, curar, consolar, enseñar, dar órdenes! En verdad os digo: estoy para regresar a mi Padre, pero la Tierra no se verá privada de mi presencia. Estaré, en actitud vigilante y como amigo, como Maestro y como Médico, en donde cuerpos o almas, pecadores o santos, tengan necesidad de Mí o sean elegidos por Mí para transmitir a otros mis palabras. Porque, y también esto es verdad, la raza humana tendrá necesidad de una continua manifestación de mi amor por mi parte, pues es muy dura de doblegarse, fácil de enfriarse, pronta para olvidar, deseosa de seguir la bajada en vez de la subida, que, si Yo no la sujetara con los medios sobrenaturales, de nada servirían la Ley, el Evangelio, las ayudas divinas que mi Iglesia proporcionará, para conservar a la Humanidad en el conocimiento de la Verdad y en su voluntad de alcanzar el Cielo. Y hablo de la Humanidad que crea en Mí… siempre poca respecto a la gran masa de los habitantes de la Tierra”.
* “Nadie desee lo extraordinario. Contentaos con lo que Dios os da.  Él sabe lo que es útil y en qué medida”. ■ Jesús: “Vendré. Quien me tenga, que sea humilde. Quien no, no lo haga sólo para que con ello sea alabado. Nadie desee lo extraordinario. Dios sabe cuándo y dónde darlo. Para entrar al Cielo no es ni siquiera necesario lo extraordinario, es más, ello es un arma que si se le usa mal puede llevar al Infierno en vez del Cielo. Y ahora os voy a decir cómo. Porque la soberbia puede surgir. Porque puede venir un estado de espíritu abyecto ante los ojos de Dios (abyecto porque es semejante a un entorpecimiento en que uno se acomoda para acariciar el tesoro recibido, considerándose ya en el Cielo por haber recibido ese don). No. En ese caso, en lugar de llama y ala, el don se transforma en hielo y pesada piedra, y el alma se hunde y se muere. Además, un don mal usado puede provocar avidez de tener más para ser alabado. En este caso podrá entrar el Espíritu del Mal en lugar del Señor, para seducir a los imprudentes con prodigios necios. ■ Procurad estar siempre lejos de cualquier tipo de seducción. Contentaos con lo que Dios os da.  Él sabe lo que es útil y en qué medida. Pensad siempre que cualquier don es una prueba más que un don, una prueba de vuestra justicia y voluntad. A todos os he dado las mismas cosas. Lo que a vosotros os sirvió, a Judas arruinó. ¿Fue acaso una cosa mala el don?  No. La voluntad suya era mala…”. (Escrito el 20 de Abril de 1947).
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.             b)   Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»
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43-50.- “Son muchos lo que piden una señal: ¿la señal de la hora o la de mi poder? Os he mandado a mi Madre… y a mis enviados, almas víctimas, para repetir mis palabras y les habéis tratado de «locos» y «obsesos», como a Mí”.
* “La de la hora ya la tenéis. Yo no mudo mi Palabra. Lo que dije dicho está. Todo cuanto debía ocurrir se halla contenido en mi Evangelio. Sois vosotros los que ya no entendéis cuanto Yo dije. ¿Acaso no estáis salados con aquel fuego que salará eternamente a mis enemigos?”.-Dice Jesús: “Muchos piden una señal. ¿Qué señal? ¿La de la hora o la de mi poder?  La de la hora ya la tenéis. Repito: «Yo no vine a cambiar la Ley». Sois vosotros los que la habéis cambiado. Yo no mudo mi Palabra. Lo que dije, dicho está. Todo cuanto debía ocurrir, desde el momento en que Yo hablaba, como Hombre entre los hombres, hasta el momento en que venga como Dios-Hijo de Dios, a juzgar a los hombres, se halla contenido en mi Evangelio. Sois vosotros, necios, que tenéis la cabeza llena de mil ruidos inútiles y de pensamientos perversos, los que ya no entendéis cuanto Yo dije. ¿Acaso no estáis salados con el fuego, con aquel fuego que salará eternamente a mis enemigos? Este que ahora os quema y cae sobre vosotros para destruiros y arrastraros cada vez más a la blasfemia y a la herejía, no es más que un anticipo de lo que será aquel fuego del que os hablo, destinado a los escandalosos que no se convierten. Y de éstos sois vosotros. Tan sólo os preocupáis del cuerpo y de las riquezas inicuas y destrozáis conciencias y altares y profanáis todo cuanto tocáis, y por segunda vez matáis a Mí en vosotros. Estos son los dones que os da Lucifer bajo cuya enseña os ponéis. La bestia exhala de su boca el fuego tras haberos hundido en el mal de la corrupción. Estos son sus dones. No os puede daros otros. Mientras que Yo os di, junto conmigo mismo, todos los tesoros de la gracia”.
* “La hora de la manifestación de mi poder. Hace 20 siglos que os la vengo dando con miles y decenas de miles de milagros sanando, pacificando, prosperando empresas… he venido a repetir mi doctrina, os he mandado a mi Madre”.- Jesús: “¿Queréis una manifestación de mi poder? ¡Pero si hace ya veinte siglos que os vengo dando esta manifestación! ¿De qué ha servido? He abierto sobre vosotros los torrentes de mis gracias haciéndolas caer sobre la Tierra en miles y decenas de miles de milagros. He sanado vuestros enfermos, he pacificado vuestras guerras, he hecho prosperar vuestras empresas, he dado respuesta a vuestras dudas, incluso en cosas de fe, porque conozco vuestra debilidad que no cree si no ve, he venido a repetir mi doctrina, he mandado a mi Madre para que con su dulzura os inclinase a penitencia y al amor. ¿De qué ha servido? Me habéis tratado igual que a un necio abusando de mi poder y de mi paciencia, convencidos de que Yo, tras haber realizado el milagro, ya no me acordaría más de él. No, hijos de mi dolor. Todo está anotado en el gran libro de mi Inteligencia. Y para escribir en ella no se ha empleado tinta sino el carbón encendido del Amor. Todo está en el recuerdo. Habéis explotado la venida de mi Madre para fines humanos haciéndola objeto de risa y de comercio. ¿No sabéis que María es mi Templo y que mi Templo es casa de oración y no cueva de ladrones? Sus palabras, tan afectuosas, tan suplicantes, tan impregnadas de llanto por vosotros que le matasteis al Hijo y que no sabéis, por otra parte, sacar fruto de tanto sacrificio, os suenan inútiles cadencias. Habéis seguido vuestro camino de perdición. ■ A mis enviados, las almas que, viviendo cual debierais vivir todos, vienen a ser mis pregoneros para repetir una vez más la palabra de mi Corazón, les habéis tratado de «locos» y «obsesos» y alguna vez les habéis matado y siempre atormentando. También Yo fui llamado «loco» y «obseso» por la generación adúltera y homicida de mi tiempo mortal”.
* “Otra señal que ésta no se dará. Buscadla en mi Palabra y en vuestra conciencia”.- ■ Jesús: “¡La señal! Tenéis la señal y no sirve para devolveros mi paternidad. Otra señal que ésta no se os dará. Buscadla en mi Palabra y en vuestra conciencia si es que atináis tal vez a encontrarla viva bajo el montón de lujurias, adulterios, fornicaciones, hurtos, homicidios, envidias, blasfemias y soberbias bajo los que la habéis lapidado. ■ Hoy es la Ascensión. Antes de ascender, Yo bendije a mi Madre y a mis discípulos. No tenía otros a quienes bendecir porque los demás me habían rechazado y maldecido. También ahora bendigo a mis discípulos porque los demás no me quieren y blasfeman contra mi bendición”. (Escrito el 3 de Junio 1943).
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43-125.- En la parábola del convite a las bodas, diferencias entre Lucas y Mateo (1). Entre los evangelistas solo Juan es de mayor exactitud debido a su pureza y amor. Juan era un alma virginal.
* Podían cometer equivocaciones de forma, no de fondo. Solo Juan es de una exactitud fonográfica. Juan era un alma sobre la que el Amor, que no se posa sino en los puros de corazón, escribía sus palabras”.- ■ Dice Jesús: “Voy a explicaros ahora dos puntos del Evangelio. Uno es de Mateo y el otro de Lucas. En realidad constituyen ambos una misma parábola si bien expuesta con alguna diferencia. No debe sorprender que se den estas diferencias en mis evangelistas. Cuando escribían estas páginas eran hombres todavía, elegidos, es cierto, mas no aún glorificados. Por lo cual podían cometer equivocaciones y errores de forma, mas no de fondo. Sólo en la gloria de Dios no es posible ya el error. Mas, hasta alcanzarla, habían ellos de luchar y sufrir mucho todavía. Uno tan solo de los evangelistas es de una exactitud fonográfica completa al referir cuanto Yo dije. Mas éste era el puro, el amoroso. ■ Reflexiona sobre esto: La pureza y la caridad tienen tal poder que permiten captar, recordar y transcribir mi palabra sin el error de una coma ni de un concepto siquiera. Juan era un alma sobre la que el Amor escribía sus palabras y podía hacerlo porque el Amor no se posa ni tiene contacto sino con los puros de corazón, y Juan era un alma virginal, pura como la de un niño. No confié mi Madre a Pedro sino a Juan porque la Virgen debía estar con el virgen. Recuerda bien esto: que Dios no se comunica con quien no tiene pureza de corazón, ya conservada desde el nacimiento o bien recobrada con asidua labor de penitencia y de amor, sustancias espirituales que devuelven al alma aquella cándida lozanía que atrae mis miradas y consigue mi palabra”.
* Parábola del banquete de bodas, aplicada a mis elegidos”.- ■ Jesús: “Cuentan, pues, mis evangelistas que un personaje —uno le llama rey, el otro da a entender que se trata de un rico señor— preparó un gran convite, probablemente de bodas, invitando a muchos amigos. Mas éstos, dice Lucas, alegaron excusas y Mateo encarece: se burlaron de él. Por desgracia. Ni excusas aducís a vuestro Dios y, con frecuencia, respondéis con burlas a sus invitaciones. Entonces el señor del convite, tras haber castigado a los maleducados y por no dejar perder las viandas preparadas, mandó a sus criados que juntasen a todos los pobres, cojos, lisiados, ciegos, que estaban en torno de la casa a la espera de los residuos, o sea, que acudían de toda la comarca acuciados entre el temor y la necesidad. La orden era de abrirles a todos ellos la sala y hacerles sentar a la mesa después de haberlos aseado y vestido cual debía. Mas con todo, la sala aún no estaba llena. Entonces aquél rico manda salir a sus siervos de nuevo con orden de que inviten a quienquiera usando, incluso dulce violencia. De esta suerte entran, no sólo los pobres que vagan merodeando las casas de los ricos, sí que también los que ni se lo pensaban, convencidos como estaban de no ser conocidos del dueño y no tener necesidad de cosa alguna. Cuando estuvo llena la sala, entró en ella el rico señor y vio a uno —no se dice que fuese pobre o un viandante, detalle éste de poca monta—  que se había despojado del vestido de bodas, lo que le hace suponer que el tal fuese un viandante rico y soberbio y no un pobre convencido de ser menesteroso. Entonces el señor desdeñado, al ver despreciada su dádiva y hollada la consideración debida a la morada del anfitrión, le hace salir de allí por cuanto nada contaminado debe penetrar en la sala de bodas. Paso ahora a explicarte esta doble parábola. Los invitados son aquellos a los que Yo llamo con una vocación especial, gracia gratuita que concedo como invitación a la intimidad conmigo en mi palacio y elección para mi corte. Los pobres, ciegos, mancos y lisiados son aquellos que no tuvieron especiales llamadas ni ayudas y que con sus solos medios no pudieron conservar o conseguir riqueza alguna espiritual ni salud, antes con imprudencias naturales acrecentaron su desgracia. Son éstos los pobres pecadores, las almas débiles, menesterosas, deformes que no osan presentarse a la puerta sino que vagan por los aledaños del palacio a la espera de una limosna que les alivie. Los viandantes apresurados que no se preocupan de lo que acontezca en la mansión del Señor, son los que viven en las religiones más o menos reveladas o en la suya personal que tiene por nombre: dinero, negocios, riquezas. Estos creen no tener necesidad de conocerme. Hoy en día se da el hecho de que, con frecuencia, los por Mí llamados desatienden mi llamada, se desentienden de ella y prefieren ocuparse de las cosas humanas en lugar de dedicarse a las sobrenaturales. En tal caso Yo hago entrar a los pobres, a los ciegos, a los cojos y lisiados; los visto con el traje de bodas, les hago sentar a la mesa, los declaro huéspedes míos y los trato como amigos. Y llamo también a aquellos que se encuentran fuera de mi Iglesia, los atraigo con insistencia y cortesía forzándoles, incluso con dulce violencia”.
* “¡Ay, empero, de aquellos que, habiendo sido elegidos por Mí mediante vocación, me olvidan, prefiriendo dedicarse a cosas naturales!”.-Jesús: “En mi Reino hay puesto para todos y es mi gozo haceros entrar a muchos. ¡Ay, empero, de aquellos que, habiendo sido elegidos por Mí mediante vocación, me olvidan, prefiriendo dedicarse a cosas naturales! Y ¡ay de aquellos que, habiendo sido revestidos por magnanimidad mía con la gracia nupcial faltando al respeto debido a Mí y a mi mansión por la que nada indigno debe discurrir! Serán echados del Reino por haber despreciado el don de Dios. A veces, entre los pecadores y convertidos, veo almas tan bellas y reconocidas, que las elijo por esposas mías en el puesto de otras, ya llamadas, que me rechazaron”. (Escrito el 28 de Junio de 1943).
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1  Nota  : Cfr.  Mt. 22,1-14;  Lc. 14,15-24.
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43-168.- “En cada una de nuestras palabras está el Dios Uno y Trino y ha de ser comprendida con la ayuda del Dios Uno y Trino”.
* La palabra de Dios al primer pueblo hebreo no fue dada con la perfección con que la di Yo al mundo ya más adelantado, con civilización cada vez mayor. Civilización no significa perfección sino complicaciones, cada vez más, de los usos, costumbres, prohibiciones”.- ■ Dice Jesús: “Dijo el Señor hablando a Moisés: «No queráis contaminar vuestras almas con reptiles que se arrastran por la tierra. Yo soy el Señor que os saqué de Egipto para ser vuestro Dios y vosotros seréis santos porque Yo soy santo». Te han chocado estas palabras dirigidas a Moisés. ¿Quieres que las meditemos juntos? Es tu Maestro el que habla. Al pueblo hebreo de entonces no podía el Señor darle la perfección de la Ley como después la di Yo al mundo ya más adelantado y preparado para una civilización cada vez mayor. Civilización no quiere decir perfección. Quiere decir únicamente complicaciones. Os habéis ido complicando cada vez más los usos, costumbres, prohibiciones. ■ Las gentes vivían entonces, más que nada, siguiendo el instinto y si bien hacían cosas que a vuestra mentalidad actual parecen repugnantes, no eran responsables como lo sois vosotros de tantas otras. Ellos las realizaban sin malicia impulsados a ello por la necesidad y por su propia mentalidad. Mas vosotros las lleváis a cabo con malicia y aquí radica la culpa. Con todo, advierte tú que, por más que tuvieran muchos atenuantes en su modo de obrar, dado lo limitado de su cultura, fueron castigados cuando sobrepasaron la medida del mal cometido por su mentalidad infantil. El Señor les da preceptos minuciosos y, a la vez, externos más que internos. El Padre habla a Moisés para la envoltura de vuestras almas. Era una envoltura cuya aspereza hacíala casi ferina en el instinto y en el obrar. Por lo que el Creador hubo de continuar su labor creadora en vosotros, como personas morales, limando, puliendo, limpiando vuestra envoltura. De aquí las minuciosidades materiales de la Ley”.
.   ●  Al leer la palabra de Dios hay que fijarse no en la materia sino en lo que se oculta bajo la materia: en el espíritu de la palabra y cuanto con el espíritu se relaciona.- ■  Jesús: “Mas un alma perdida en Cristo-Luz no debe parar mientes en las cosas materiales. Ha de fijarse en lo que bajo la naturaleza se oculta, o sea: en el espíritu y en cuanto con él se relaciona.
.  «No queráis contaminar vuestras almas con reptiles que se arrastran por la tierra».
Lee: con reptiles espirituales que insidian vuestra alma. Las pasiones son los reptiles satánicos que salen del abismo fangoso para embaucar vuestro corazón y contaminároslo. Mas dije Yo: «No son las cosas que entran por la boca y salen por las vías naturales las que contaminan al hombre, sino lo que sale del corazón, y así salen del corazón las pasiones perversas que entraron para hacer nido en vosotros cual serpientes en la oquedad de una roca». Yo perfeccioné la Ley y os mostré cuáles son los reptiles que contaminan al hombre, futuro ciudadano de la Jerusalén eterna. Elevaos. No os arrastréis: no tengáis contacto con lo que rastrea. Yo di impulso a vuestro espíritu para subir. Mi gracia es ala.
.   «Yo soy el Señor que os saqué de Egipto».
El pueblo mosaico tenía contraída una gran obligación con el Señor que le sacó de la esclavitud. Mas considera, María, cuál y cuánta sea la gratitud que me debéis a Mí, Redentor. La esclavitud de Egipto oprimía a los hebreos sobre la tierra en el tiempo mortal. El Pecado Original y todos los demás pecados oprimían a todos los hombres para el tiempo eterno. Y Yo os libré de ellos. Yo soy el Libertador de la estirpe humana y te digo que entre los libertadores de toda la tierra no hubo ni habrá uno semejante a Mí. ■ ¡Qué obligación tenéis, por tanto, de amarme! Sí. De amarme. A cambio de cuanto os he dado, Yo no os pido sino amor. Yo os saqué del pecado para ser vuestro Dios. Mas no el Dios que aparece entre los torbellinos y rayos e incinera y hiere. Yo soy Jesús, el Dios de Bondad que aparece cual cándida flor de entre mullido césped para salvaros y pasa por entre vosotros sanándoos y bendiciéndoos, muriendo bendiciéndoos y dándoos perdón y Vida. Ahora bien, lo que quiero es que tratéis de imitarme. Como es Cristo así debe ser el cristiano, oh hijos a los que sumergí en mi Sangre, eterna Piscina Probática en la que se curan las enfermedades del espíritu. Dice el Señor: «Seréis santos porque Yo soy santo». Y Yo os digo: «Sed perfectos como es perfecto mi Padre». ¡Oh! No os pongo limitaciones en la santidad. Os doy la norma para conduciros: Negación de todo lo que es Mal. Os proporciono el arma para vencer: mi Cruz. Os entrego la medicina que conforta y sana: Mi Sangre. Os señalo la medida de perfección a alcanzar: la de Dios. Alcanzadla y haréis saltar de gozo mi Corazón”.
Toda palabra de Dios ha de ser comprendida con la ayuda de Dios”.-Jesús: “Aquí tienes, pequeña discípula de mi Corazón, aquí tienes contemplada, a través de la pupila del Hijo de Dios, la palabra del Padre; aquí la tienes explicada y entendida a la luz del Espíritu. Porque en cada una de nuestras palabras está el Dios Uno y Trino y toda palabra ha de ser comprendida con la ayuda de Dios Uno y Trino” (1). (Escrito el  9 de Julio de 1943).
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1  Nota  : Con respecto  de este dictado,  recordad también la epístola de 1 Pedro 2,20-21: “Nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios, movidos por el Espíritu Santo, dijeron sus mensajes”.
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43-259.- “Si te acosan con ideas, que mi Luz te hace comprender que son erradas, no te eches atrás”.
* “No penséis que es perdido cuanto decís. Ponedlos en contacto con el Agua Viva que baja del Cielo. Después Yo hago lo demás”.- Dice Jesús: No penséis que es perdido cuanto decís. No. Una tierra árida sobre la que cae la lluvia después de años y años de sequía, parece que no se bañe al caer sobre ella el agua que llueve del Cielo. En realidad tarda más en embeberse del agua que una tierra de cultivo. Pero siempre se baña. Igual sucede con los corazones. Es menester regarlos, ponerlos en contacto con el Agua viva que baja del Cielo y conduce a él. Después Yo hago lo demás. Los milagros de la Gracia en los corazones se realizan mediante un cúmulo de agentes cuya raíz está en Mí. ■ Podría hacerlo todo Yo sólo; pero me place asociar a mi obra de Redención a mis discípulos para que compartan conmigo mi gloria en el Cielo. Deseé sentarme con vosotros, mis amigos, al celestial banquete con que han de celebrarse mis glorias de Redentor. Lo deseé ardientemente desde cuando aún no existía el tiempo, ya que nada es ignoto a la Inteligencia eterna. Sé el nombre de los comensales, sé quiénes son los que, tras alimentarse de Mí en la tierra, recibirán  de Mí en el Cielo el pan troceado por mis manos en el ágape fraterno en el que el Maestro y discípulos estarán unidos para siempre sin la pesadilla de la Pasión inminente y de la vergonzosa traición”.
* Si te acosan… ofrece tus sufrimientos por este ataque a mi Luz”.-Jesús: “¡Animo, pues! Si te acosan con ideas, que mi Luz te hace comprender que son erradas, no te eches atrás. Ten, como una madre, sobre tu corazón a aquellos niños del espíritu, por más que se encuentren cubiertos de materias nada limpias. Ofrece tus sufrimientos por este ataque a mi Luz a fin de que ésta descienda a comunicar luz de verdadera fe a aquellos espíritus que la anhelan pero que todavía se sienten incapaces de acceder a ella”.
* Yo sé cuáles son las piedras a ensamblar para levantar las murallas de mi Ciudad”.-Jesús: “Quería haber terminado de hablarte de la parábola de la perla, mas he hablado de otra cosa para orientar al Padre (1) cuya obra contigo no ha sido inútil. Su hábito de hijo de María ha puesto en fuga al que te paralizaba oído y vista espirituales y azuzaba en ti la parte inferior. Te encuentras así porque has tenido la ayuda del Padre. Os tomé de dos puntos de la tierra y os conduje el uno hacia el otro porque así había de ser. Yo sé por qué tú, recuérdalo siempre, me has de ver a Mí en el sacerdote. Él en ti debe verme a Mí. Y no reservé para él las migajas sino todo el pan porque, precisamente, y contra tu voluntad misma, reservé para él la misión de ser tu ayuda fraterna y tú la ayuda fraterna a él. ■ Yo sé cuales son las piedras a ensamblar para levantar las murallas de mi Ciudad. Parece que actuasen por sí solas; mas, en realidad, una sirve para la otra encajando perfectamente. Yo lo sé. No es él quien levanta la mesa ni recoge las migajas. Si él es, tal vez, Lázaro que prepara la casa para el Maestro, la casa eres tú y eres también María… Mas, ¿cómo habría podido estar María escuchando a su Maestro si Lázaro no hubiera dispuesto la casa al huésped y Marta no hubiese atendido a las faenas? De María hice una santa. Y de Lázaro y de Marta ¿hice acaso menos? Todo el que me sirve me es igualmente grato, sea cual fuere la obra que lleve a cabo. Lo importante es hacer lo que Yo quiero”. (Escrito el 12 de Agosto de 1943).
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1  Nota  :  Padre Migliorini,  su padre espiritual.
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43-274.- “El «Maná escondido» corresponde a mi Palabra”.
* Maná, porque la Palabra reúne toda la dulzura del Amor de nuestra Trinidad. Escondido, porque se dice en el secreto del corazón a los dignos de gustarla. Doy «la piedrecita blanca en la que va escrito un nombre nuevo», o sea, en la que aparece revelada una verdad que se silencia a los no dignos”.- ■ Dice Jesús: “Consideradas siempre bajo mi punto de vista las palabras del Amado, se advierte también cómo el «maná escondido» corresponde a mi Palabra. Maná, porque reúne toda la dulzu­ra del amor de nuestra Trinidad que es para vosotros Padre, Hermano y Esposo del alma y os ama con los tres amores más excelsos. Escondido, porque se dice en el secreto del co­razón a los merecedores de gustarla. Bien querría Yo poder hacerla llover sobre todos y ali­mentar a todos con ella. Mas está dicho: «No echéis las per­las a los puercos ni las cosas santas a los canes». Y muchos que, en efecto, fueron lavados con mi Bautismo y redimidos con mi Sangre son más abyectos que los puercos y más carne que los propios canes. ■ ¿No has leído cómo para los antiguos hebreos, que no eran merecedores de poseerlo, se descomponía el maná en el desierto? Ellos no eran merecedores por su falta de fe y su ambición  humana. ¿Puedo, por ventura, Yo tener menos consideración a mi Palabra que la que tuve para el maná destina­do a nutrir el vientre cuando la Palabra se destina a nu­trir el espíritu? Por eso doy el maná a aquellos que vencen la parte inferior con todas sus tendencias a la negación de la fe, a la sensualidad, a las preocupaciones mezquinas y egoístas. Doy el maná de mi Palabra que llena de dulzura y de luz a vuestro espíritu. Doy la «piedrecita blanca en la que va escrito un nombre nuevo», o sea, en la que aparece revelada una verdad que se silencia a los no dignos. Es la Verdad que os abre las puertas de la Vida eterna, que os entrega las llaves de la misma y os pone en el Camino que os lleva hasta la Puerta de mi Ciudad celestial. ■ Yo soy Camino, Verdad y Vida. Fuera de Mí no se da otro camino, otra verdad ni otra vida. El que, por seguirme Mí, vence todos los obstáculos, llegará a ser columna de mi templo y por la palabra que guardó y practicó, tras haber sido salvado en la hora tremenda de la prueba, de la tenta­ción que mata, tendrá un puesto sobre mi mismo trono al lado del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  (Escrito el 19 de Agosto de 1943).
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43-275.- “Lo único que salva: mi Palabra, mi Ley. Satanás impide que sea mi Ley en vosotros agente del Bien”.
* No habrá fuerza humana capaz de detener la marcha del mundo hacia el abismo porque le falta lo único que salva: miLey. Satanás os amaestra y dirige, os sala y vapulea para haceros dignos del Infierno”.- ■ Dice Jesús: “El mundo perece por no haber guardado mi Palabra, ha­berla desatendido y burlarse de ella. No habrá fuerza humana capaz de detener la marcha del mundo hacia el abismo por­que al mundo y a las fuerzas del mundo les falta, lo único que salva: mi Ley. Se ha producido un hueco en la mística floresta que para vosotros cultivé a fin de que pudieseis morar a la sombra de mi providente amor. Son vuestras culpas las que lo han for­mado y en ese hueco se ha instalado, como amo y señor, la eterna Serpiente que os envenena con su hálito y os mata con su mordedura e impide que sea mi Ley en vosotros agente del Bien. Humo, veneno, horror y desesperación, eso es lo que te­néis en vosotros y en torno vuestro cuando podíais tener Luz, Paz, Esperanza y Alegría. Eso es lo que podíais tener de haber seguido a mi Palabra porque Yo apuré todo el horror de la vida para preservaros de él y lo realicé con aquella ago­nía atroz que padecí por vosotros. Mas arrojasteis mi dádiva y aclamasteis por maestro y rey a Satanás. Y Satanás os amaestra y dirige, os sala y vapulea para haceros dignos de su Infierno”.  (Escrito el 19 de Agosto de 1943).
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43-371.- “Si permanecéis en mi Palabra, conoceréis la Verdad y Ésta os hará libres”.  
* “Rechazar una parte de la Verdad puede producir el caos en vosotros. El mundo moderno ahora ¿no hace así? ¿No escoge de mis palabras las que más les acomoda rechazando las demás?”.- Dice Jesús: “Dije: «Si Permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad mis discípulos, conoceréis la Verdad y Ésta os hará libres». Permanecer fieles a mi Palabra quiere decir ser fieles a Cristo porque Jesucristo, Redentor vuestro, es la Palabra del Padre. Por eso, permaneciendo fieles a mi Palabra, permaneceréis fieles a nuestra Trinidad, ya que si amáis al Verbo, amáis también al origen del mismo y, amando a Éste, amáis igualmente al Espíritu Santo que, junto con el Padre, dispuso mandar a Cristo a la tierra para daros la Doctrina de Vida y la Redención… ■ Creed ciertamente, hijos míos, que basta rechazar una parte de la Verdad para producir en vosotros el caos. Que basta aceptar una verdad de menos en mi doctrina para que se cuartee todo el edificio de la Fe y os encontréis como entre las ruinas de un palacio derrumbado, lleno de socavones y peligros. El mundo moderno ahora ¿no hace por ventura así? ¿No escoge de mis palabras las que más le acomoda rechazando las demás? ¿No cree tal vez determinados puntos negando los otros? Mas reflexionad, hijos de mi amor: ¿Pude Yo haber venido a deciros palabras inútiles, mentirosas, imposibles de creer y de poner en práctica? No, hijitos de mi dolor. Yo no dije ni digo una sola palabra que no sea verdadera. No dije una sola palabra que el espíritu no pueda creer. Yo no dije una sola palabra que vosotros no podáis practicar, bastando que lo queráis hacer, porque Yo soy Inteligente, Justo, Bueno y no doy órdenes tontas, pesos superiores a vuestras fuerzas ni tengo exigencias que por su severidad estén en contraste con la bondad. ■ Sedme fieles, hijos queridos. Aceptad mi Palabra sin ánimo de censura y en lo que vuestra debilidad no alcance a entender, volveos a Mí: Luz del mundo. Por millonésima vez Yo, Dios, os aseguro que no quiero vuestra ruina sino vuestra salvación. Y como la clueca tiembla por su prole, así Yo os tengo bajo mis brazos porque me apremia vuestra vida eterna. No salgáis de entre mis brazos, Yo, fiel a mis hijos y vosotros, fieles a Mí. ¡Qué hermoso será aquél día en que, tras habernos amado, una vez transpuesta tanta distancia de éter, vengáis a Mí para siempre y nos podamos amar eternamente: luces que tornan a la Luz;  vidas que tornan a la Vida;  espíritus que tornan al Espíritu; hijos que tornan al Padre;  desterrados que tornan a la Patria; herederos de un Rey asuntos al Reino de vuestro Dios, Rey de reyes y Señor del Universo!”. (Escrito el 27 de Septiembre de 1943).
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43-418.- Los libros de la Sabiduría han de leerse atribuyéndoles referencias sobrehumanas.- Aquellos en los que no se apagó la luz de su espíritu: son los fuertes que saben resistir a las corrientes humanas.
* La seguridad es propia de esos benditos que saben creer aun en contra de las aseveraciones humanas. Nada les aparta de esa certeza. Como aves migratorias siguen al Sol. Saben dejar casa y parientes para ir tras el Sol de su alma. Se agotan defendiendo los intereses de Dios (también) en su familia con tal de obtener la Vida para los muertos del espíritu.-Dice Jesús: “Ya te dije (1) que han de leerse los libros de la Sabiduría atribuyéndoles referencias sobrehumanas. Lo contrario de lo que hacen precisamente el mundo y la ciencia del mundo, que no saben elevarse al plano sobrenatural sino que se esfuerzan en rebajar lo sobrenatural de las cosas a su nivel terreno. De esta forma, de las páginas inspiradas extraen tan sólo su sentido artístico, perciben y anotan la poesía, la música, todo aquello, en fin, que halaga sus sentimientos humanos; pero nada hacen por abrir las puertas tras las que se encierra su espíritu, que esa humanidad niega y olvida poseer, al preocuparse tan poco de él. Y el espíritu, oprimido como esclavo en lóbrega mazmorra, no recibe el reflejo —digo «reflejo» porque el rayo de luz no penetra a través de los angostos muros de la soberbia y de la lujuria humanas— no recibe ni siquiera el reflejo del sol de la Sabiduría que brilla para todos y también para él que se encuentra hundido en la sima oscura de la indiferencia hacia lo sobrenatural que se le presenta tan lejano. No recibe ni la más remota onda de aquel reflejo de luz que no se halla hecha de solas palabras sino de significados excelsos, idiotizándose cada vez más en un aislamiento delictivo. ¡Pobres espíritus encerrados en seres dominados por la triple concupiscencia de la carne! Cuando una palabra sobrenatural, a modo de eco que llega de lejos, penetra en su prisión, esos pobres espíritus se sobresaltan y hacen un esfuerzo para dejarse oír de la carne que les oprime. Mas son vanos esfuerzos de un débil que se ve oprimido por un gigante. ■ Para comprender la Palabra cual ella es y hacer del espíritu lo que debiera ser, esto es, dueño de la carne y no su esclavo, debería la humanidad asestar la segur al pie de bosques enteros abatiendo los árboles dañados que, tras haber sido plantados por la imprudencia de algunos o por rebelde pensamiento, se les dejó crecer libremente y hasta se les ayudó a crecer por otros imprudentes y rebeldes a la ley del Señor. Esto debería hacer la humanidad y hacer luz. Permitir a Luz que descienda de lo alto de los Cielos sobre las praderas de la tierra en donde vosotros, como hierba que pasa, despuntáis, florecéis pero os agostáis en breve. Y dichosos los que de tal modo florecen que llegan a hacerse dignos de ser trasplantados a mi Paraíso. Estos son aquellos para los que no se apagó ni se interrumpió la luz de su espíritu. Son los fuertes que saben resistir a las corrientes humanas. Son los fieles que saben creer aun en contra de las aseveraciones humanas. Son los firmes que saben continuar percibiendo el Sol aun a través de las sombras producidas por el hombre no habiendo nada que les aparte de esta su certeza. Como aguja sensible de brújula se orienta a la Luz y como aves migratorias siguen al Sol. Saben dejar casa y parientes para ir tras el Sol de su alma. ■ Y no aludo con ello, María, al que entra en un monasterio. Hay quienes, viviendo con la familia, «la dejan por mi amor» más que si se encerraran tras la doble reja de un monasterio. Tú sabes algo de esto, como sabes también cuántas lágrimas cuesta «seguirme» contra la voluntad hostil de los familiares. «Vienen a Mí» aquellos que saben seguir a su Rey de Amor contra el egoísmo, el desprecio y la incredulidad de sus parientes; aquellos que no se inmutan ni se detienen ante el diario asalto de los injustos comentarios de unos y la indiferencia religiosa de otros. Con todo, sufren por ello y se esfuerzan por aumentar en sí la Luz a fin de llevarla al interior de su propia familia entenebrecida. Se agotan defendiendo los intereses de su Dios en el seno de la primera de las sociedades humanas que es la familia y llegan a entregarme su vida con tal de obtener la Vida para los muertos de su familia que son los muertos del espíritu. ■ ¡Oh benditos, dichosos, heroicos hijos míos! Sé muy bien qué quiera decir ir contra los dulces lazos del amor y de la áspera cadena de los prejuicios familiares que es preciso romper para seguir las órdenes del Señor. Lo sé. Lo recuerdo. Y recompenso con un premio especial a los ocultos mártires del egoísmo y del amor familiar, a los santos mártires de mi Amor, tan potente en ellos como la muerte y tan devastador como el fuego”.
* “Sea que hayáis perdido mi proximidad por vuestra culpa o por mi voluntad sabed imitar a la esposa del Cantar”.-Jesús: “La frase del Cantar: «Buscaba de noche en mi lecho, sin encontrarle, al que ama mi alma», debe entenderse sobrenaturalmente así: muchas veces, y por causas diversas, se hace de noche para el alma. La necesidad de vivir que vosotros frecuentemente convertís en «preocupaciones de la vida», produce sombras crepusculares, tan profundas a veces, que semejan una noche sin estrellas. El querer de Dios suscita así mismo, a las veces, otras tinieblas nocturnas para probar vuestra constancia. Mientras dura esta oscuridad se retira «el amor de vuestra alma». El alma, de no estar muerta del todo, ama espontáneamente a su Dios Creador. Por más que no os deis cuenta de ello, esta vuestra luz, esta vuestra llama, escondida tras las opacas barreras de la carne, tiende con nostalgia al Reino del que procede y suspira por la unión con su Origen. El alma se siente perdida como entre extraños sobre la tierra y busca la proximidad del Único que le ofrece seguridad: Dios. Cuando por negligencia vuestra, se retira Dios al producir vosotros la noche con vuestros humanos cuidados, el alma sufre, le sobreviene a modo de un aturdimiento inicial.  Mas, acto seguido, llega el momento en que ella despierta y busca entonces a su «amor», sufriendo por sentirlo lejos y esto por culpa de su flojedad que permitió a la carne enseñoreársele con sus cuidados sin valor. ■ Cuando por el contrario, es Dios el que, para probar a un espíritu, se retira de él y permite que la noche le envuelva, entonces este espíritu vigilante se percata al momento de que su Amor le dejó y se pone en pie para buscarle, no encontrando descanso hasta dar con Él y estrecharle contra su corazón. A las preocupaciones de la tierra, este espíritu que alcanzó la luz, opone la única preocupación que deberíais tener: «la de buscar a Dios». Santa preocupación del alma enamorada a la que corresponde la divina preocupación del Dios enamorado de las almas de sus criaturas hasta el punto de darse a Sí mismo en salvación por ellas. ■ Sea que hayáis perdido mi proximidad por culpa vuestra o voluntad mía, sabed imitar a la esposa del Cantar. Levantaos sin tardanza y buscad sin desmayo, sin titubeos y sin temor. Si el alejamiento se debiera a vosotros, sería vergonzoso que no pusierais los medios de haceros perdonar siendo pacientes y constantes en la búsqueda. Y si es que depende de Dios, sería ofenderle el que vosotros mostraseis humana impaciencia y os atrevieseis a reprochar con ella al que es irreprochable. Y ni aun temor alguno debéis de tener. Cuando uno busca a Dios, por más que Dios se oculte, vela sobre él. Por eso, ningún mal, que sea «verdadero» mal, puede el mundo causar al que busca a Dios. Y así, por más que se ensañe con escarnios o persecuciones, pensad siempre que todo ello son cosas de una duración relativa, mientras que el fruto de vuestro amor intrépido no perece jamás. ■ Cuando vuestras amorosas pesquisas os conceden por fin poder reuniros con el Amor de vuestra alma, estrechaos a Él con un abrazo cada vez más fuerte hasta alcanzar la fusión total e indisoluble entre vosotros y Él. Mira, pequeña esposa mía, cuando se llega a este punto, Jesús ya nunca más se aparta. Basta que vuelvas la mirada de tu espíritu para que me veas a tu lado. Igual que un esposo enamorado que vaga por la casa nupcial, basta que la esposa se vuelva o se asome a la puerta para verle junto a sí o en la estancia contigua. ¿No es dulce todo esto? ¿No te da gran seguridad, paz y consuelo? Mas nada es esto todavía. Cuando Yo saque tu alma de esta tu casita y de la frágil morada de tu carne en la que está encerrada y la lleve a las moradas eternas, entonces conocerás lo que es la felicidad del amor. La dicha de ahora es como una gota de miel comparada con el río de dulzura que derramaré sobre ti”. (Escrito el 14 de Octubre de 1943).
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1  Nota  : Se refiere al dictado 43-168,  del 9 de julio de 1943.
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43-499.- Doctores de la ciencia sagrada. La Sabiduría vela los pasos del hombre desde Adán.
“En verdad te digo que si es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que no un rico se salve, aún más difícil será que un eclesiástico «humanamente» docto, o cualquiera que trata de cosas de religión con ciencia humana, se salve”.- Dice Jesús: “Has dicho bien. Es masticar paja y Yo quiero que te nutras con grano selecto. La paja no nutre sino que hincha sin nutrir. Así acaece con muchas de las ciencias. Lo que en toda ciencia es siempre un peligro, resulta particularmente pernicioso cuando se trata de la ciencia de las cosas de Dios. Así es hoy día. Los doctores de la ciencia sagrada olvidan con harta frecuencia de qué tratan, al servicio de quién están y de qué poderes hablan. Olvidan así mismo a quiénes hablan y las consecuencias de su enseñanza que, a modo de ondas, se propagan en extensión tras haber impresionado directamente a los primeros que les oyeron. Pudiendo ser «luces», son humo que oculta la luz hasta en su origen. Les agrada hacer ostentación de erudición humana. En verdad te digo que si es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que no un rico se salve, aún más difícil será que un eclesiástico «humanamente» docto, o cualquiera que trata de cosas de religión con ciencia humana, se salve. No sólo habrán de responder haberse hartado, llenos hasta rebosar, de humana erudición, no admitiendo antes expulsando de sí cuanto es ciencia santa, sino que tendrán que responder del mal incalculable que hicieron a los demás, empezando por sus hermanos religiosos y descendiendo hasta a los simples fieles y a los hombres en general. En verdad te digo que la luz que ha de nimbar la frente de un humilde creyente que únicamente sabe recitar sus oraciones sin más garambainas de cultura, hará sonrojar de vergüenza a estos tales, que, como Epulón, quisieron tener abastecida su mesa con toda suerte de alimentos olvidando uno tan sólo: la Caridad. Y la Caridad se hallará cerrada para ellos siendo extremadamente avara con los mismos, del modo que ellos se cerraron y fueron avaros con Ella”.
* “La Palabra no precisa de erudición humana sino de pureza de espíritu y de amor para ser comprendida”.- ■ Jesús:Los doctos no entienden el Cantar, que encubre las relaciones amorosas de Dios con su Iglesia y Dios con las almas. No es posible. Sólo los amadores de Dios perciben el sonido de la octava cuerda, ese sonido que es producido al toque del dedo de Dios movido por el amor. Los demás tienen los oídos cerrados a esa voz celestial que es la verdadera voz reina entre las voces que, como coro, la acompañan, siendo voces para los sentidos humanos. No lo entienden los doctos que levantan una nueva Babel allí donde se alza la Palabra que no precisa de erudición humana sino de pureza de espíritu y de amor para ser comprendida. Ni lo entienden aquellos para quienes el Amor se hace Pan, se hace Voz y se hace Luz. ■ Despojaos de las franjas y de las filacterias con las que os pavoneáis y vestíos una sencilla túnica de lino puro ceñida con franja de púrpura. Éste fue el vestido de Cristo Maestro y séalo también el vuestro. ¡Pureza, representantes de la religión! Sea la pureza vuestro vestido: Pureza de carne, doble pureza de corazón y triple pureza de pensamiento. A quien demanda pensamientos de Dios no le entreguéis pensamientos contaminados por el vuestro, apartado de Dios y saturado de erudición humana. Que haya amor, amor, amor en vuestro derredor y dentro de vosotros. En vuestro derredor, para que las gentes lo vean; y dentro, porque cuanto hay en el interior se irradia como esencia al exterior. Y mal podéis infundir lo que no poseéis ni hablar con justa voz de lo que no entendéis. Las almas no tienen necesidad de ciencia sino de luz. Para la ciencia hay ya excesivos volúmenes y doctos en demasía. Dad a las gentes las palabras de la Sabiduría y dádselas con palabras de sabiduría impregnada en Mí”.
* La Sabiduría continuó guiando a Adán tras su pecado: Dióle luces de instinto (para reinar sobre la cosas) y de arrepentimiento (para merecer la salvación) que otra cosa no son que Sabiduría… E instruyó al hombre recto… Fulguró en el milagro del Sinaí dando a los hombres la Ley que no cambia.- ■ Dice Jesús: “«La sabiduría protegió al padre del mundo, al primer hombre creado por Dios, cuando fue creado sólo. Ella le levantó de su caída y le dio el poder de dominar el universo» (1). Adán en el Paraíso terrenal, puro y obediente, era instruido directamente por Dios. Cuando Adán se manchó con la Culpa se hizo desmerecedor de la enseñanza de Dios. El último cuidado paternal fue el proveer a ambos de vestidos y enseñarles cómo cubrir lo que a la sazón, era estímulo para los sentidos contaminados. ¿Cómo habría podido desenvolverse la primera pareja sobre la tierra de no haberla guiado una fuerza espiritual?  ■ Dios, hijos que no pensáis en ello, es siempre Padre y hasta cuando hiere, no lo hace sino por bondad y con bondad. No os echa desnudos y abandonados a los caminos de perdición dejándoos solos. Aun cuando atraéis el castigo sobre vosotros, Él acompaña al mismo espirituales auxilios que vosotros, hechos de carne y sangre, no lo apreciáis. Tan solo apetecéis lo que satisface y nutre vuestra carne y vuestra sangre. ■ No oyó más Adán la voz del Ofendido. Ahora bien, Éste, porque le amaba como a obra de sus manos, no le dejó sin luces. Dióle luces de instinto y luces de arrepentimiento. Las primeras para su carne y las segundas para su alma. Con el arrepentimiento sincero mereció la salvación y con el instinto reinó sobre las cosas.  Las luces, que otra cosa no son que Sabiduría, fueron en sus hijos maestras de progreso; menos en quien, rechazando la Sabiduría, prestó oídos el Error, es decir, a Satanás que armó su mano con el sílex con que fue abatido el inocente. ■ La Sabiduría instruyó al hombre recto para que se salvase la estirpe humana y las especies animales en el castigo de las cataratas abiertas sobre el mundo convertido en cloaca. La Sabiduría impulsó a Abraham al gran sacrificio y puso a salvo su corazón de padre, como también condujo fuera del fuego venido del Cielo al justo y al obediente. La Sabiduría no abandona al que a Ella se confía con puro corazón y recto pensamiento. Y huye, en cambio, de aquel que se empeña en escogerse su pasto y su camino y así ese tal termina por conocer las sendas del error y por comer el manjar de la muerte. Como el sol que, cuando más alto sube en la bóveda del cielo, más brilla y calienta, así también, cuanto más supieron amarla, tanto más alta brilló la Sabiduría para los hombres. Proporcionó progreso de espíritu y de inteligencia. Fulguró en el milagro del Sinaí dando a los hombres la Ley que no cambia”.
* Si al menos ahora, como sucedió con los hebreos de Egipto, se quebrase vuestra dureza para acoger a la Sabiduría…! Contraviniendo la Ley se os cambia en castigo. Volved. De un siglo a esta parte vengo aumentando las «voces» y las apariciones. Y el peso de los castigos para haceros tornar a mi Ley…”.- Jesús: “Y si al menos ahora, ante la sangre que bebéis, se quebrase vuestra dureza —pues de sangre se han vuelto los ríos y los mares de la tierra y de sangre se nutren las espigas y los racimos que os proporcionan el pan y el vino— si al menos ahora, como sucedió con los hebreos de Egipto, se quebrase vuestra dureza para acoger a la Sabiduría…! Aun esto, hijos, es castigo de Misericordia. Sois vosotros quienes los transformáis en castigo de Justicia. Reconocedme por Padre y no por rey inexorable. Hacedme Rey; pero rey de amor, rey de vuestra casa: padre, vuestro padre y no Juez. Y —los que vivís en Mí, lo mismo que los que de Mí os alejasteis— ¿no os veis igualmente atormentados? Los primeros, por el dolor proporcionado por los hombres y los segundos, por el dolor no mitigado por Dios. ¿No sufrís, acaso, ahora todos sobre la tierra? Hay hambre hasta para los neutrales, mortandad por las pestilencias y peligros de nuevos azotes pesan sobre vosotros, aún sobre los más alejados y neutrales de todos. ¡Venid a Mí para salvaros! Llorad, no tanto por el sentimiento del bienestar material perdido, cuanto por el remordimiento de haber disgustado a Dios. Llorad, pero llorad golpeándoos el pecho, llorad en mis manos que, si os han herido, ha sido por amor, por despertaros del sueño morboso en el que habéis caído y en el que sin duda, pereceréis de continuar en él. Dejad de adorar a quien no es Dios. ¿No acabáis de convenceros de que cuanto adoráis contraviniendo la Ley se os cambia en castigo? No digáis que no lo creíais, que no lo sabíais. ■ De un siglo a esta parte vengo aumentando las «voces» y las apariciones, milagros, unas y otras, de la Bondad para haceros volver al Camino. De un siglo a esta parte voy aumentando el peso de los castigos para haceros tornar a mi Ley. De nada hacéis caso. Cuanto más Dios se aleja, tanto más vosotros, en vez de llamarle, os alejáis de Él. ¿Cómo habré de llamaros si he de daros un nombre que os cuadre? Os llamaré «Malicia» por cuanto de ella os encontráis repletos y a la Malicia os vendisteis”.
* En medio de los aguaceros de las desgracias os recuerdo que soy Dios. Que no hay otros fuera de Mí. Que quien se aparta de Mí cae en los excesos provocando su ruina. Que una sola es la Palabra y la Promesa que salva: la de vuestro Dios”.- ■ Jesús: “Y de nada podéis acusarme. No soy Yo el que os destruyo, sois vosotros los que habéis cerrado las puertas al Amor que velaba de vosotros como un padre inclinado sobre la cuna de su hijo y se las habéis abierto a Satanás. Aun dentro de mi Justicia, que no puede quedar impasible, soy indulgente. En medio de los aguaceros de las desgracias os recuerdo que soy Dios y que no hay otros fuera de Mí. Os recuerdo que soy el Poderoso, el Perfecto, y vosotros el lodo que únicamente es algo mientras permanece bajo la acción de la Gracia, rocío santo que impide al lodo reducirse a polvo. Os recuerdo que quien se aparta de Mí cae en los excesos provocando su ruina. Os recuerdo que la palabra y las promesas de los hombres son nube que pasa y, a menudo, se resuelven en rayos y que una sola es la Palabra y la Promesa que salva: la de vuestro Dios. Y si para fundamentar vuestra tesis de endemoniados me argüís que, al castigaros, caen también los justos con los culpables, os contesto que sus occisores sois vosotros y no Yo y que de esa sangre os pediré cuenta, ¡raza de hienas que solo vivís despedazando!, ¡raza de serpientes que pasáis estrangulando o contaminando mentes y corazones con vuestro veneno! No, en modo alguno me mostraré severo con quien no llegó a saber lo que era Dios. Mas con vosotros, cristianos que sois unos Judas, usaré de una severidad desprovista de piedad”. (Escrito el 4 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : Cfr. Sab.  10,1.
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43-531.- Enseñanza en Isaías para ser merecedores de transmitir la palabra de Dios: labios y corazón limpios (1).
* “El estado actual de las almas se debe en un 50 % a que vosotros,  sacerdotes, infieles a vuestro sublime ministerio (continuadores de los Doce) lesionáis el edificio de la fe en los corazones”.- ■ Dice Jesús: “Para ser merecedores de transmitir la Palabra de Dios es preciso tener los labios y el corazón limpios. Corazón limpio, por cuanto es del corazón del que parten los impulsos que mueven los pensamientos y la carne. ¡Ay de los que, sin ser puros ellos, se atreven  hablar en mi Nombre con el alma en pecado! No son esos tales discípulos ni apóstoles míos. Son mis depredadores porque me roban las almas para dárselas a Satanás. Las almas, ya sigan al sacerdote con respeto y con fe o le observen con desconfianza, al estar dotadas de razón, por fuerza les da que pensar la conducta del sacerdote. Y si ven que quien les dice: «Sé paciente, sé honrado, sé casto, sé bueno, sé caritativo, sé magnánimo, perdona, ayuda…», hace todo lo contrario, dejándose llevar de la ira, de la dureza, de la sensualidad, del rencor y del egoísmo, se escandalizan y si por ventura no se alejan al pronto de la Iglesia, nunca dejan de recibir en sí un fuerte impacto. Son como golpes de ariete que vosotros  —sacerdotes infieles a vuestro sublime ministerio que os hace continuadores de los Doce entre las turbas que, a distancia de veinte siglos, tienen siempre necesidad de ser evangelizadas puesto que Satanás destruye de continuo la obra de Cristo y es a vosotros a quienes se encomienda la reparación de los entuertos de Satanás— son golpes de ariete que vosotros asestáis al edificio de la fe en los corazones. Por más que no se derrumbe, queda lesionado y basta después un empujón de Satanás para hacerlo caer. ■ Es demasiado el número de los que entre vosotros imitan al duodécimo apóstol y por rastreros intereses humanos venden lo que se identifica conmigo —las almas que os confié bañadas en mi sangre— al Enemigo de Dios y del hombre. La situación actual, en un cincuenta por ciento —y me quedo muy corto— depende de vosotros, sal vuelta insípida, fuego que ya no calienta, llama que humea y no alumbra, pan que ha tomado sabor amargo y consuelo transformado en tormento porque a las almas ya heridas que acuden a vosotros en demanda de apoyo, les presentáis un cúmulo erizado de espinas: dureza, anticaridad, indiferencia, rigorismo; todo esto dais a las almas que vienen a vosotros para escuchar una palabra de padre que sea el eco de mi dulzura, de mi perdón y de mi misericordia. ¡Pobres almas! Tronáis contra ellas. Y ¿por qué no contra vosotros mismos? ¿Os ufanáis de parecer los émulos de los antiguos sanedristas? Pues bien, aquel tiempo ya pasó y sobre él coloqué una losa sepulcral ya que se imponía su sepultura a fin de que no dañase más, y sobre ella erigí mi trono de Consuelo y de Amor proporcionados por una Mesa y una Cruz en las que un Dios se hace Pan y Hostia para la redención de todos”. (Escrito el 13 de Noviembre de 1943).
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1  Nota  : Isaías (Cap. 6,6): “Entonces voló  hacia mí uno de los serafines  que tenía en la mano una brasa que había tomado de encima del altar con unas tenazas y tocó con ellas mi boca”.
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43-605.- La Virgen explica dos pasajes del Evangelio de  S. Lucas.
“El padre y  la madre se quedaban maravillados de las cosas que se decían del Niño.-Dice la Virgen: “Al hablar de la presentación en el Templo dice Lucas: «que el padre y la madre se quedaban maravillados de las cosas que se decían del Niño». La maravilla era diferente en ambos cónyuges: Yo, a quien el Espíritu Esposo había revelado todo el futuro, me maravillaba sobrenaturalmente adorando la Voluntad del Señor, que, en su deseo de redimir al hombre, se revestía de carne manifestándose a los vivientes del espíritu. Me maravillaba una vez más de que Dios me hubiera escogido a Mí, su humilde esclava, para ser la Madre de la Voluntad Encarnada. ■ José se maravillaba igualmente, si bien humanamente, por cuanto él no sabía más de lo que habíanle dicho las Escrituras y revelado el Ángel. Yo callaba. Los secretos del Altísimo se hallaban depositados dentro del arca cerrada en el Santo de los Santos y sólo yo, Sacerdotisa suprema, los conocía y la Gloria de Dios, con su destello cegador, ponía un velo ante los ojos de los hombres. Eran abismos de fulgor a los que sólo el ojo virginal besado por el Espíritu de Dios podía mirar fijamente. He aquí por qué, tanto José como Yo estábamos maravillados. Diversa, aunque igualmente maravillados”.
* Pero ellos no entendieron lo que les había dicho”.-Virgen: “Y de manera idéntica ha de ser interpretado el otro pasaje de Lucas: «Pero ellos no entendieron lo que les había dicho», cap. 2,50. Yo le entendí. Lo sabía mucho antes. Y si bien permitió el Padre la angustia de madre, no me ocultó el profundo significado de las palabras de mi Hijo. Con todo, callé por no mortificar a José a quien no se le había concedido la plenitud de la Gracia.  Yo era la Madre de Dios; mas esto no me eximía de ser mujer respetuosa para con el Bueno que para mí era compañero amoroso y hermano vigilante. ■ Nuestra familia no conoció fisuras en terreno alguno. Nos amábamos santamente siendo nuestra única preocupación ésta: el Hijo. ¡Oh! Jesús devolvió, como Él solo podía hacerlo, a mi José, en la hora de la muerte, todos los consuelos, en pago de cuanto recibiera de aquel Justo. Jesús es modelo de hijos como José lo es de maridos. Mucho fue el dolor que recibí del mundo; mas mi santo Hijo y mi justo Esposo no me hicieron derramar otras lágrimas que las motivadas por su dolor. ■ Desde que José no estuvo a mi lado y yo quedé constituida primera autoridad terrena de mi Hijo no tuve ya por qué aparentar, callando, que no entendía. Nadie, por tanto, podía sentirse mortificado de verse superado en comprensión y así dije en Caná: «Haced lo que Él os diga». Y lo dije porque sabía que Jesús nada me niega y que, tras sus solemnes palabras, estaba ya el primer milagro, suscitado por Mí, que mi Hijo me ofrecía como una blanca rosa de primavera. ■ Es preciso, María saber leer el Evangelio. Los hombres no saben leerlo. Yo te guiaré de la mano y te explicaré lo que Jesús no te explique. Soy la Madre, tanto de Él como tuya. Quiero que mi niña conozca a su dulcísimo Jesús, a nuestro Jesús, como pocos le conocen. Cuanto más le conozcas, más le amarás. Y cuanto más le ames, más felicidad me proporcionarás”. (Escrito el 5 de Diciembre de 1943).
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43-623.- Profecías sobre el Fin del mundo en el Nuevo Testamento: “¿No parece acaso, leyendo los Evangelios, que el fin del mundo haya de tener lugar poco después de la destrucción de Jerusalén?”.
* El ojo de mi siervo ve con mi Ojo y para Mí, el Señor, un día es como mil años y mil años como un día”.-Dice Jesús: “Creo haberte dicho muchas veces que: se cree o no se cree, que mi tiempo no se mide con vuestra medida y que serán bienaventurados los que crean sin exigir pruebas. Ahora añado que la profecía puede tener: períodos de repetición o períodos de aparente negación que, a la postre, viene a resultar tan sólo una prueba aportada por Dios a la fe de los hombres. Todas las profecías, así antiguas como modernas, (llamo antiguas a las que van de Adán hasta mi venida y modernas a las que se extienden desde mi venida hasta el momento actual, por cuanto vuestros 20 siglos son únicamente una fracción de hora respecto de mi eternidad) presentan puntos por los que parecen equivocadas, ya que según vosotros, deberían haberse cumplido en un tiempo determinado y no se cumplieron. ■ Mas el ojo de mi siervo ve con mi Ojo y vosotros en cambio veis con el vuestro. De donde resulta que mi siervo habla o transmite en mi Nombre y así, lo que vosotros creéis haber sido ya superado, puede muy bien ser un acontecimiento que esté por suceder en el futuro. Y esto es aplicable a todas las profecías, aún las de los espíritus más subidos. A quien mira con sus ojos humanos puede parecerle equivocada y contraria a los hechos, incluso, la misma Profecía perfecta que es la mía. ¿No parece acaso, leyendo los evangelios, que el fin del mundo haya de tener lugar poco después de la destrucción de Jerusalén? ¿Ahora bien, cuántos siglos han transcurrido desde entonces? Con todo, el fin del mundo vendrá precedido de las señales que Yo digo y que vuestra ignorancia y pavor tantas veces ha dado como cercanas. Sólo Yo sé el momento en que dará comienzo, momento que no juzgo necesario manifestar en bien, incluso, de quienes hayan de vivir en aquella hora. ■ ¡No pensaréis tal vez que Yo, Profeta perfecto como depositario de los secretos de la Divinidad, me haya equivocado! Como tampoco pensaréis que se haya equivocado Pedro, Pablo y, sobre todo, Juan que quedó identificado con su Maestro aún después de mi estancia entre los hombres. Y ¿no dice mi Pedro: «Está próximo el término de todas las cosas»? (1). Y Pablo «… nosotros, los vivientes, que quedaremos hasta la venida del Señor» (2). Y Pablo también: «Bien sabéis vosotros que quien lo detiene es el Señor a fin de que no se manifieste sino a su tiempo. El misterio de la iniquidad ya está en acción» (3). Parece, pues, como si el Anticristo estuviese en acción desde entonces y que fuese Dios tan sólo el que no lo permitiera manifestarse plenamente para ser aniquilado por Mí. Y exhorta a los cristianos de entonces a permanecer firmes en la fe a fin de resistir a la iniquidad en acción. Y por último, mi Juan, el más iluminado, aquel para quien los Cielos estuvieron patentes con perspectivas de acontecimientos por suceder sólo conocidos por Dios, y a quien le fue abierto mi Corazón con todos sus secretos más arcanos, ¿no termina así el Libro tan excelso que parece estar escrito con pluma arrancada a un arcángel:  «… el tiempo está próximo… He aquí que Yo vengo presto. El que da testimonio de estas cosas dice: Sí, vengo presto»? (4). Así pues, dígoos a vosotros, las mismas palabras de mis santos: «Ante el Señor un día es como mil años y mil años como un día. No es que Él retrase los acontecimientos sino que usa de paciencia porque no quiere que nadie perezca sino que todos lleguen a la conversión» (5). Hay cosas difíciles de entender que los ignorantes y los poco firmes trabucan en su daño. ■ ¡Oh!, bienaventurados los que creen y se conforman sin necesidad de excesivas pruebas. Bienaventurados los que descansan en la palabra del Señor por más que les resulte oscura, no procurándose los tormentos de Tomás que sufrió durante más días que los demás por no haber creído en mi resurrección y durante otros más días después por su pesar de no haber creído hasta comprobarla.  Como dice Pablo (6): «Por ser inútiles y vanas huid necias cuestiones, las genealogías, las disputas y las contiendas». Tened presente que Juan a renglón seguido dice: «…Si bien ahora son ya muchos los anticristos, de donde podemos colegir que es ésta la última hora… No os he escrito a vosotros (o para vosotros) como a quien desconoce la verdad sino como a quien la conoce y sabe que de la verdad no puede derivarse mentira alguna»” (7).
* El método exclusivamente humano para estudiar la palabra de Dios produce la muerte. Los escritos de María Valtorta solo tras su muerte serán íntegramente conocidos.-Jesús: “Os recuerdo por fin que quien repite las palabras de Dios o habla directamente, no lo hace por humano querer «sino inspirado por el Espíritu Santo», como dice Pedro en su 2ª carta (8).  Mi portavoz, de suyo, es una pobre nada que nunca mejor reconoce serlo que cuando le pongo delante un punto escriturístico y le digo: «Interprétalo». Parécele entonces ser un pajarillo caído en red y asustado. Yo, que escruto su corazón, lo veo deshacerse de miedo y tembloroso como aquel estudiante que se ve constreñido a responder a su examinador sobre lo que no sabe. Y me resulta grato este su no saber porque me la mantiene humillada y flexible como tela de seda. ■ En cuanto a los fragmentos que mi portavoz María Valtorta os da, es en vano desparramarlos como alimento de reptiles que pueden servirse de ellos como arma dañina y mordaza contra mis pequeños cristos. Tengo ya dicho y repito que es necesaria mucha prudencia porque vivís entre reptiles venenosos. ¿A qué saciar la necia curiosidad? Cuanto dicto no lo dicto para vuestro solaz ni para satisfacer vuestra sed morbosa de conocer el futuro. ¿Cambiáis acaso cuando lo sabéis? No. No seáis embusteros o ingenuos. No cambiáis. Los espíritus rectos tienen ya más que suficiente con lo dicho para todos sin tener por qué descorrer los velos más profundos. ¡Los otros!… ¡oh, los otros!… Cuando no se hacen instrumento de daño de muchos, hácense instrumento dañador de sí mismos porque estudian mi Palabra, pero no la aceptan, estudian mi nueva Palabra con luz y métodos exclusivamente humanos. Y ¿no tengo dicho que tal método produce la muerte? ■ Dije —y si no me canso de repetir mi Doctrina, sí he de reiterar mis mandatos en atención a mi «Portavoz»— que sólo cuando ella yo no esté en el mundo se conocerán sus fatigas. No tengáis desmedido afán de explicaciones. Ella no lo tiene. No le importa ser reconocida y admirada por su fatiga ni por la magnitud del trabajo. Con lágrimas de sangre os permite, incluso, utilizar las páginas «totalmente suyas» con miras al provecho de tantos y por mi amor. Nada más quiere sino lo que Yo quiero y en mi «Portavoz» no hay más que una sola voluntad: la mía. ■ Ahí, en mis dictados tenéis cofres con perlas bastante a colmar de esplendor al mundo. ¿A qué empeñaros a extraer hasta los diamantes que solo por algún tiempo han de poder ser utilizados sin que las Fuerzas del Mal se hagan con ellos para destruirlos? ¿No os dais cuenta de que estáis en manos de los enemigos de Cristo? La que escribe es conducida; pero el que copia (9) ha de saber distinguir qué deba poner a disposición de una sola que, al ser conducida por Mí, puede entender y bendecir. Conservad pues, hasta que Yo lo disponga, toda la labor de mi «portavoz» y dad a los pobres del mundo, conforme a su condición, lo que convenga darles. Y orad para que no os dejéis llevar de lo humano en la selección que hagáis. Por los hechos acaecidos en su día bien pudo el P. M. advertir la coincidencia y dar testimonio de la misma. ■ Por lo demás, repito, haga el mismo uso que el director de Benigna, al cual le tocaron mejores días que los actuales y tenía entre manos un material menos explosivo, diré así para acomodarme al modo del tiempo presente, todo él lleno de explosiones provocadas, no tanto por polvos químicos cuanto por sustancias infernales. No reiteréis vuestras peticiones porque no responderé. No pretendáis una excepción porque no la he de bendecir. Tomad vuestro trabajo y entregárselo a mi «Portavoz». Ella os indicará qué puntos no deben ponerse a disposición de los curiosos y de los malvados. Yo guiaré su mano en la elección. Son los niños los que, como pajarillos, advierten por instinto el peligro. Y mi «Portavoz» no es menos niño que lo fui Yo en el regazo de mi Madre. Por esto la amo”. (Escrito el  9 de Diciembre de 1943).
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1  Nota  : Anota aquí María Valtorta: 1 Pe.  4,7.   2  Nota  : Anota aquí María Valtorta: 1 Tes.  4,14  (pero se trata del versículo 15).   3  Nota  : Anota aquí María Valtorta: 2 Tes.  2,6-7.    4  Nota  : Cfr.  Apoc.  22.   5  Nota  :  Anota aquí María Valtorta: 3  Ped. 3,8-10. (Pero se trata de la carta 2 Ped.).   6  Nota  :  Anota aquí María Valtorta: a  Tito  9. Mejor: Tito 3,9.   7  Nota  :  Anota aquí María Valtorta: 1 Juan v. 18-21.  Mejor: 1 Ju. 2,18-21.   8  Nota  :  Anota aquí María Valtorta: 2  Pe. 1,21.   9  Nota  :  Se refiere aquí al Padre Migliorini,  lo mismo que unas líneas  más abajo al consignar la sigla  P. M.
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43-666.-  “A quienes, al leer humanamente estos dictados, encuentran que Yo repito”.
*  Si el Señor se repite en sus enseñanzas es porque los hombre persisten en el error. Mas estas repeticiones del Maestro las reciben con redoblado anhelo quienes menos necesitan de ellas, al tiempo que los otros se detienen y se alejan.-Dice Jesús: “A quienes, al leer humanamente estos dictados, encuentran que Yo repito, les respondo: A vuestra pertinacia en el error contrapongo la mía en enseñar. Los buenos maestros no se cansan de repetir una explicación hasta que están seguros de que la ha entendido toda la clase. No todos en una clase tienen la misma voluntad o idéntica capacidad de comprensión. Es más, son excepción los escolares que conjuntan voluntad e inteligencia. Estos tales constituyen las perlas de su maestro al que le compensan de las desilusiones de todos los demás. Yo soy el Maestro. Y sólo Yo, que además de Maestro soy Dios, poseyendo la omnividencia de Dios, sé cuán pocos hay en mi pueblo que escuchen, comprendan, guarden y pongan en práctica mi Palabra. Cuán pocos para los que el amor sea luz de su inteligencia y de su voluntad. Porque estos precisamente son los prendidos por el amor, los que comprenden y viven mi doctrina bastando que se le dé una sola vez la explicación para que hagan de la misma, norma de su vida. A los otros, embotados como están por la culpa o vueltos pesados a causa de la pereza espiritual, me veo en la precisión de enseñarles sin descanso, comenzando siempre del principio y así pueda insinuarse en ellos un mínimo al menos de luz y de doctrina germinando de este modo alguna minúscula planta de Vida. ■ Esta es la razón del por qué repito de mil maneras una misma enseñanza. Y esto con el resultado siguiente: El que menos la necesita, por ser ya una sola cosa conmigo, la acoge siempre con ansia renovada cual si nunca dejara de ser palabra nueva, no cansándose de recibirla ya que constituye para él comida y aire, al igual de la comida y del aire naturales, de los que siempre necesita hasta tanto no termine su estancia y llegue a la Vida en la que la contemplación de Dios ha de constituir el compendio de todas sus apetencias y será todo. Por el  contrario, aquellos que más la necesitan se cansan antes y se apartan de ella, bien porque tal doctrina les resulta aguijón y reproche o bien porque su imperfección espiritual les mantiene embotados incapacitándoles para advertir sus propias necesidades y la belleza de mi Palabra. Mas Yo cumplo igualmente mi obligación de Maestro. Y así, estrecho contra mi Corazón a los discípulos fieles para los que mi cariño es ya palabra y, consolándome con ellos, prosigo la dura tarea de hablar a los hostiles, a los indiferentes, a los débiles y a los distraídos”. (Escrito el 24 de Diciembre de 1943).
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43-676.- Jesús celebra la misión de los cuatro evangelistas que le presentan al mundo en una continua e indispensable evangelización.- María Valtorta, destinada a repetir las enseñanzas del Maestro.
* “Su palabra es eco de la Mía”.- ■ Dice Jesús: “Mis cuatro evangelistas son los que, cual focos irradiantes, lanzan mi Voz en la dirección buscada por sus espíritus ardientes. Llevan mi Gloria a las gentes a las que me dan a conocer y con su ardor imprimen movimiento al trono sobre el que fulgura mi Majestad de Dios, de Redentor y de Maestro. Su espíritu, viviente eterno en el seno de Dios, mueve las místicas ruedas y, sin medios humanos, comunica vida a las mismas por ser espíritu de Vida. ● ¿No son ellos acaso, a veinte siglos de distancia, los que aún hoy día evangelizan y me atraen la masa de los humanos y de los creyentes llenando con el fragor santo de mi enseñanza la Iglesia Romana en la que resuena mi Voz que retumba como el sonar de un órgano bajo las místicas bóvedas del inmenso Templo de Dios que os cobija a vosotros, los cristianos que no sois perjuros, apagados o renegados, y que se extiende sobre toda la Tierra y sobre todas las gentes agrupadas a la sombra de la Cruz y del Tabernáculo? ● ¿No es su palabra eco de la mía que penetró en sus corazones haciéndose en ellos Luz por un querer del espíritu de Dios, la misma que, con rumor de inmensas aguas os trae el acento de la voz sublime de Dios? ● ¿No está tal vez en el rumor de sus pasos el de las multitudes que su palabra atrajo a Mí, rumor semejante al de un ejército en marcha, del santo ejército de Cristo, su Jefe y su Señor, que vence con él a las fuerzas del Infierno y conquista para él y con él el Cielo? ● ¿No son ellos los que os presentan una apariencia (y no me refiero aquí a la apariencia del rostro sino a la del estilo) tan viva y perfecta de mi cuádruple figura de Hombre divino en mi Humanidad perfecta, no diferente a la vuestra en las necesidades y pasiones si bien sublimada a esa Perfección que os enseña hasta qué cimas hay que subir para pertenecer al Cielo y cuáles os había hecho el Padre para el Cielo? ● ¿No os muestran mi paciencia y mi fortaleza con las que vencí a Satanás, a la Muerte y al Mundo y os vencí a vosotros con el amor arrastrándoos como bloques de mármol de Paros hasta poneros sobre la rampa en cuya cima está el Cielo? ● ¿Y no os muestran mi heroísmo y mi valor, ante los que nada son el león, puesto que Yo no tengo el  arrojo del que asalta para nutrir su yo sino el valor heroico y sublime del que se deja asaltar y matar para hacer de Sí mismo alimento de Vida para los desfallecidos de la Tierra? ● ¿No es, sobre todo, mi Divinidad la que resplandece y fulgura con su Inteligencia trayéndoos de las profundidades del Cielo la Luz, la Caridad, la Sabiduría, el Conocimiento y al mismo Dios, Uno y Trino, haciéndoos conocedores del Padre y poseedores del Espíritu, arrebatándoos hasta las alturas en las que sólo quien transformó su pesantez humana en levedad espiritual vuela como águila atraída por el amor a uniones eternas en las que ya no sois hombres sino dioses? ● ¿No os enseñan, con su quedarse inmóviles en adoración, cuando retumba mi Voz en los Cielos, la gran verdad de que no hay otra voz más potente que la mía, ni más santa ni más verdadera, y que, cuando Ella habla, toda otra voz y todo otro poder deben enmudecer y detenerse para recibirla como perla de inestimable valor y llevarla consigo para mostrársela a las gentes a fin de llevarlas a Dios? ● ¿No descansa sobre ellos mi Gloria como sobre seguro trono y resplandece mi Luz sobre estos benditos que sembraron el Orbe con mi Palabra cristianizándolo y redimiéndolo con las enseñanzas del Redentor y Dios, Jesucristo?”.
* “Estás destinada a repetir las palabras del Verbo para asombro de los grandes y consuelo de los humildes”.-Jesús: “Aliméntate, hija querida, con esta santa Palabra y con la que Yo te regalo. Porque estás destinada a repetir las enseñanzas del Verbo, que toma tu poquedad para asombrar a los grandes y consolar a los humildes. Acepta el alimento que te ofrezco y no lo rehúses. Y si su contenido te parece áspero e indigesto cual pesado rollo de pergamino, sabe que Yo rompo sus sellos y desmenuzo sus partes porque te amo y quiero nutrirte con su alimento santo. Abre tu corazón  y harta su hambre insaciable porque el corazón que llegó a conocer a Dios tiene de Él  un hambre  insatisfecha. Mi Evangelio antiguo y el nuevo serán miel dulcísima para tu espíritu”. (Escrito el 27 de Diciembre de 1943).
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44-22.- Valor absoluto de la Palabra.
* “La Palabra de Dios es siempre la misma: ni cambia ni se renueva ni el progreso  incide en ella porque es perfecta”.- ■ Jesús dice: “Hombre que tan querido me eres a pesar de tus desvaríos, oveja perdida por la que caminé y vertí mi Sangre para marcarte el camino de la Verdad; este dictado va dirigida a ti. Es una instrucción, una luz para ti. No rechaces mi don. No cometas el sacrilegio de pensar que haya otra palabra más justa que ésta. Esta es mía. Es mi voz que desde hace siglos es siempre la misma: no cambia, no se contradice, no se renueva con el correr de los siglos porque es perfecta y el progreso no incide en ella. ■ En vosotros cabe el poneros al día; mas no en Mí que soy como el primer día en mi Doctrina, lo mismo que desde la eternidad y hasta la eternidad soy el mismo en mi naturaleza. Soy la Palabra de Dios y la Sabiduría del Padre”. (Escrito el 7 de Enero de 1944).
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44-45.- “En mi Evangelio es Cristo el que habla. Juan es solo un instrumento, lo mismo que tú”.
* “Mi identificación con el Maestro hizo que yo pudiera repetir la Palabra tal cual fue dicha, sin modificación alguna”.-Dice Juan: “Instruido como estaba, compenetrado e identificado con el Maestro, en mi Evangelio vive la Palabra tal como fue dicha, porque mi identificación con Él hizo que yo pudiese repetirla sin modificación alguna. Es Cristo el que habla. Juan no es sino un instrumento que escribe. ■ Lo mismo que tú. Fortuna grande la nuestra a la que se ha de corresponder con una fidelidad llevada hasta los más nimios detalles a fin de no contaminar de nosotros, criaturas, la doctrina divina y que nos debe mover a llevar una vida intachable para que caiga la Palabra en donde ni aun la sombra de un pensamiento haya de impuro. ■ Recibir la Palabra de Dios es como recibir el Pan del Cielo. Es el Pan del Cielo hecho Palabra en nosotros para transformarse en Pan para el espíritu de los hermanos. Es la Eucaristía de la Palabra, no menos santa que la Eucaristía del altar porque, llegado a nosotros, Cristo eucarístico nos trae su alimento que nos dispone cada vez más a hacer de la Eucaristía, nuestro manjar de vida eterna.  Dijo el Maestro mío y tuyo: «Bienaventurados los que guardan en su corazón la Palabra de Dios» (1). Y también:  «El que escucha mi Palabra tiene la vida eterna» y «Yo soy el Pan vivo que desciende del Cielo. Quien me come no morirá y Yo le resucitaré en el último día» (2). Así pues el Maestro da un destino único a quienes se alimentan de Él, Verbo del Padre y Pan del Cielo”. (Escrito el 11 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Lc.  11,28.   2  Nota  : Cfr. Ju. 6,22-59.                              .
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44-267.- “En todas estas enseñanzas mías hay un designio educativo mío. Estas páginas, si el mundo no se embrutece del todo, harán mucho bien a las almas”.
* Os habéis hecho niños por vuestra incapacidad de caminar en la fe y de comprender sus verdades. Os habéis degradado tanto… Pero ¿ya sabéis lo que quiere decir «Religión?”.- ■ Dice Jesús: “En todas estas enseñanzas mías no hay lección ni visión sin un designio educativo mío que vosotros no entendéis o que entendéis con retraso y parcialmente. Si meditaseis con lucidez de intuición, veríais que las lecciones que os doy mediante dictados o contemplaciones de la portavoz están siempre relacionadas con acontecimientos próximos a suceder. Lo hago así para proporcionaros una ayuda sobrenatural. Estas páginas, si el mundo no llega a embrutecerse del todo, harán mucho bien a las almas, incluso en el futuro, porque contienen enseñanzas de Ciencia eterna. Mas para vosotros, que os toca vivir esta hora fatal, constituyen también una guía y un consuelo en las horas que vivís. ■ También vosotros, como los primeros cristianos de Pablo, «habéis llegado a estar un poco débiles para entender… y de nuevo, estáis con necesidad de que os enseñen los primeros rudimentos de la Palabra de Dios y de que os alimenten con leche y no con alimentos sólidos». Os habéis hecho niños, no por la inocencia y la simplicidad ni por la fe firme, sino por vuestra incapacidad de caminar en la fe y de comprender sus verdades.  Os habéis degradado tanto… ¡Las palabras de la Justicia son únicamente sonidos que percuten vuestros oídos, no haciendo de ellas alimento de Vida y no lo hacéis porque no las asimiláis! Vuestro espíritu, por un culpable indiferentismo vuestro y por una culpable simpatía con la culpa, se halla tarado de infantilismo y así no cuenta ya con ese jugo que le permita nutrirse con el alimento fortificante de los adultos en la fe. ■ No tenéis religión, o si la tenéis, es una religión hecha de una coreografía de prácticas y de sentimentalismo.  Pero ¿ya sabéis lo que quiere decir «Religión?». Quiere decir seguir a Dios y a su Ley, no sólo cantar bellos himnos, hacer hermosas funciones, asistir a sermones elegantes o ser miembros de A o B de tal o cual asociación: todas esas cosas que excitan vuestro sentimentalismo, y nada más. Religión quiere decir transformar el hombre-animal en hombre-semidiós. Es preciso matar, mediante la religión, la animalidad en sus variadas formas que van de la carne a la mente. ¡Abajo la gula, abajo la lujuria, fuera la avaricia, abajo la pereza y mueran la mentira y la soberbia! Entonces seréis adultos en la religión y en la fe y seréis hombres hechos, teniendo «con la práctica adquirida, la facultad de discernir entre el bien y el mal»”.
* Vengo a instruiros ahora sobre lo más perfecto. A los que tienen hambre… Yo les doy un pan (palabra)que les ayuda a gustar cada vez mejor el otro pan que soy Yo-Eucaristía”.-Jesús: “Y por esto Yo, dejando a un lado la enseñanza elemental, vengo a instruiros sobre lo más perfecto porque quiero que lo alcancéis. Seréis pocos los que tienen hambre de Justicia, hambre de Verdad, y hambre de Sabiduría. Mas a éstos, mis benditos, Yo les doy un pan que les ayuda a gustar cada vez mejor el otro Pan que soy Yo-Eucaristía. También en mi vida pública hice preceder el pan de la Palabra al pan del Sacramento. Aquel debe ser siempre preparación de Éste. Para esto está la Iglesia docente: para perpetuar mi ministerio de Maestro y capacitaros para extraer del Sacramento el máximo poder vital. ¡Ay, empero, de aquellos, que después de conocer al Verbo mediante el Espíritu Santo, se embrutecen profanándose a sí mismos! No es posible que, una vez caídos, tornen a penitencia. Pues si Yo perdono tanto la debilidad del hombre, soy en cambio inexorable con el que se empeña en permanecer en el Mal tras elegirlo espontáneamente por su rey.
* “Doy a gustar la dulzura de la palabra de Dios para suplir el exceso de ceniza tibia y mutismo sacerdotal”.-Jesús: “Y vosotros, a quienes doy a gustar la dulzura de la palabra de Dios que se derrama nuevamente para suplir el excesivo mutismo sacerdotal y el exceso de ceniza tibia en donde debiera existir fuego vivo; que se derrama para neutralizar en mis noveles discípulos el veneno de Satanás que circula por la Tierra; vosotros para quienes descorro hasta los velos tendidos sobre los secretos de mis días de Hombre y sobre los misterios del tiempo futuro, mostraos dignos de tal don. Sed espigas granadas y no paja seca dispuesta para el fuego. Espigas de grano eterno que renaceréis en el Cielo. ■ ¡Oh alegría, la de estar fuera del mundo! ¡Alegría de estar donde se encuentra Dios! Cuando, una vez que exhalé el espíritu pude tornar al Padre, gusté una beatitud cual, desde la eternidad, jamás la había probado. Y la misma perdura porque sé ahora qué signifique estar ausente del Cielo, estar separado de Dios. Experimenté en Mí todas las experiencias a fin de poder defenderos ante el Altísimo. Mas, en verdad os digo que mi propia beatitud será la vuestra cuando estéis aquí conmigo, fuera del exilio, al lado del Padre, en la Patria del Amor. Del Amor, hijos, allí donde ya no hay llanto ni terror”. (Escrito el 16 de Marzo de 1944).
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44-296.- “Leéis poco y mal el Evangelio y lo despojáis en sus grandes enseñanzas de todo aquello que no os agrada… Se dice en el Evangelio de Mateo: «Al multiplicarse la iniquidad se enfriará la caridad en muchos». Una gran verdad que la meditáis poco”.
* Debéis adaptaros vosotros al Evangelio y no el Evangelio a vosotros. Los paganos de los primeros siglos eran también contrarios al Evangelio y, con todo, supieron seguirlo”.-Dice Jesús: “Al leer el Evangelio distraídamente, como lo hacéis, se os pasan por alto multitud de verdades. Tomáis las grandes enseñanzas, si bien éstas mal y adaptándolas a vuestro actual punto de vista.  Pues bien, sabed que no es el Evangelio el que ha de adaptarse a vosotros sino vosotros al Evangelio. Este es lo que es. Sus enseñanzas valen lo mismo para su primer siglo de vida que para el último siquiera éste ha de venir dentro de mil millones de años. Vosotros no sabréis ya vivir conforme al Evangelio —ya lo sabéis muy poco— mas el Evangelio no ha de cambiar por esto. El siempre os dirá las mismas verdades vitales. Vuestro empeño en querer adaptar el Evangelio a vuestro género de vida es una confesión de vuestra indigencia espiritual. Si tuvierais fe en las verdades eternas y en Mí que las proclamé, os esforzaríais en vivir de un modo integral el Evangelio, como lo hacían los primeros cristianos. ■ No digáis: «Pero es que tal como están hoy día la vida no podemos seguir a la perfección estas enseñanzas. Las admiramos, pero somos muy distintos de ellos para imitarles». Los paganos de los primeros siglos eran también muy contrarios al Evangelio y con todo, supieron seguirlo. Lujuriosos, avaros, disolutos, crueles, escépticos, viciosos, supieron arrancar de sí todos estos pólipos, poner al descubierto su alma haciéndola sangrar para soltarla de los tentáculos de la vida pagana y venir a Mí heridos en su mentalidad, en sus afectos y en sus costumbres, diciéndome: «Señor, si Tú quieres, puedes curarme» (1).Y Yo los curé y cicatricé sus heroicas heridas”.
* Es preciso «regenerarse» para ser míos. Lo dice Juan y lo dice también Mateo”.- ¿Qué quiere decir ser cristiano?.- Los mandamientos, para salvarse; los consejos, para perfeccionarse.- Jesús: “Porque es heroísmo saber arrancar de sí, por amor a una ley que se acepta totalmente, aquello que es un mal. Como es heroísmo mutilarse cuanto supone obstáculo para seguirme. Es el heroísmo que Yo indiqué: «Digo Yo, en verdad que para seguirme es preciso dejar casa, campos, riquezas y afectos. Mas, a quien sabe dejarlo todo para venir a Mí, por el amor de mi Nombre, le será dado el céntuplo, en la otra vida. En verdad os digo que quien se regenera al seguirme, poseerá el Reino y vendrá conmigo a juzgar a los hombres en el último día» (2). ¡Oh mis fieles verdaderos! Conmigo, conmigo estaréis, muchedumbre festiva y fúlgida, a la hora de mi triunfo, de vuestro triunfo, puesto que lo mío es vuestro, de mis hijos, de mis amantes queridos, de mis benditos, de vosotros que sois mi gozo. Pero ¡hombres!, es preciso «regenerarse» para ser míos. Regenerarse. Lo dice también Juan como igualmente Mateo al referir mis palabras: este último cuando habla del joven rico (3) y el predilecto al hablar de Nicodemus (4). Es preciso volver a nacer. Es preciso regenerarse, hacerse un alma nueva, ¡oh nuevos gentiles del siglo veinte!; rehacerla despojándose de los compromisos y de las ideas del mundo para abrazar mi Idea y vivirla. Vivirla de verdad y en toda su integridad. Así lo hicieron los gentiles de los primeros siglos llegando a ser los gloriosos santos del Cielo después de haber traído la civilización a la Tierra. Así debéis hacer también vosotros si es que me amáis en verdad, si es verdad que tendéis a la otra vida y si es verdad que trabajáis por la civilización de la Tierra. ■ ¡La Tierra ahora…! ¡Más salvaje que una tribu sepultada en las selvas vírgenes! Y ¿por qué? Por haberme rechazado a Mí. Proclamarse cristiano no quiere decir serlo. No lo constituye el hecho de haber recibido el bautismo. Cristiano quiere decir ser como Cristo dijo que lo fueseis y como el Evangelio os lo repite. ■ Pero bien, vosotros leéis poco y mal el Evangelio y lo despojáis en sus grandes enseñanzas de todo aquello que no os agrada, y os resbalan aquellas enseñanzas que tratáis con más delicadeza. Mas atended un poco. Cuando un artista se dispone a realizar una obra, ¿se limita acaso a las operaciones de desbaste, si es escultor, de esbozo si es pintor y de alzado de muros si es arquitecto? No. Después de la labor más basta, desciende a los detalles que son más prolijos de realizar pero que hacen del trabajo una obra maestra. ¡Con qué amor trabaja el escultor con el cincel sobre el mármol, que a un profano le parece ya vivo, para darle perfección a esa obra! Parece un orfebre por el detalle y la atención que pone en su labor. Pero ved cómo adquiere vida aquel rostro de piedra bajo la caricia del instrumento —y caricia viene a ser ahora por el cuidado y delicadeza del mismo—. Parece como si los ojos se animasen con la vista, las narices se hinchasen con la respiración, la boca se tornase mórbida con el arco de unos labios ardientes y los cabellos, ¡oh!, ya no tienen la dureza de la piedra antes son airosos y dúctiles como si el viento los moviese y una mano amorosa los ensortijara. Fijaos en ese pintor. El cuadro está ya terminado. Es hermoso, aparece hermoso y perfecto. Mas él no se conforma. Mira, aquí hace falta una sombra negra y azul y allí un toque carmín. Sobre esta flor que refulge en la mano de esta virgen tiene que caer una chispita de sol para hacerla resaltar en su ardor perlino. Sobre esta mejilla una gotita de llanto para dar vida al gozo extático que sobrevive en los tormentos. Este campo florido por el que transitan y pacen estos rebaños hay que humedecerlo con el rocío para conseguir que resalte en el mismo la sed de las flores. El pintor no descansa hasta que logra ver la obra tan perfecta que pueda decir «¡Esto es!». Y así el arquitecto lo mismo que el músico y todos los artistas verdaderos que quieran dar al mundo sus obras maestras. ■ Y de la misma forma debéis tratar vosotros la obra de vuestra vida espiritual. Pero ¿qué creéis, que Yo, que tan contrario era a pronunciar discursos, fuera ensartando palabras por el gusto de decirlas? No. Yo dije únicamente lo preciso para llevaros a la perfección. Y si en las grandes enseñanzas evangélicas tenéis con qué proporcionar a vuestra alma la salvación, en los toques delicados encontraréis el modo de alcanzar la perfección. Las primeras las constituyen los mandamientos. Desobedecerlos viene a ser morir a la Vida. Los segundos son los consejos. Obedecerlos equivale a tener siempre una más solícita santidad y acercarse cada vez más a la Perfección del Padre”.
* “¿Qué son las guerras, los motivos políticos, una frontera injusta, una ofensa política? Excusas y más excusas. No amáis. No os sentís hermanos. La caridad no puede sobrevivir donde anida iniquidad, porque la Caridad es Dios y Dios no convive con el Mal”.- Dice Jesús: “Pasemos ahora a lo que se dice en el Evangelio de Mateo: «Al multiplicarse la iniquidad se enfriará la caridad en muchos» (5). Aquí tenéis, hijos, una gran verdad que la meditáis poco. ¿Cuál es la causa de vuestros sufrimientos? La falta de amor. ¿Qué son las guerras en el fondo? Odio ¿Qué es el odio? La antítesis del amor. ¿Los motivos políticos? ¿El espacio vital? ¿Una frontera injusta? ¿Una ofensa política? Excusas y más excusas. No os amáis. No os sentís hermanos. No os dais cuenta de que todos procedéis del mismo tronco, de una misma sangre, que nacéis y morís lo mismo, que sentís hambre, sed, frío y el sueño de idéntica manera y que de similar suerte tenéis necesidad de pan, de vestido, de casa y de calor. No tenéis presente lo que dije: «Amaos. Del modo que os améis se entenderá que sois mis discípulos. Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos» (6). Estas verdades las tenéis por un cuento. Esta verdad mía la creéis que sea de un loco y la sustituís con cantidad de doctrinas humanas, pobres o malvadas, según lo sea su creador. Mas, aún las más perfectas de ellas, si difieren de la mía, son imperfectas. Al igual de la mística estatua (7), tal vez tengan muchas partes de metal precioso, mas su base será de barro provocando al fin el desplome de toda doctrina y, con él, la ruina de cuantos se habían apoyado en ella.  La mía no se derrumba. Los que se apoyan en ella no caen antes consiguen siempre una mayor seguridad: suben al Cielo, a la alianza con Dios en la Tierra y a la posesión del mismo más allá de la Tierra. ■ Ahora bien, la caridad no puede sobrevivir en donde anida la iniquidad, porque la caridad es Dios y Dios no convive con el Mal. Por eso el que ama el Mal odia a Dios, crecen sus iniquidades apartándose cada vez más de Dios-Caridad. He aquí un círculo del que no se sale y que se va estrechando para torturaros. Poderosos y humildes, todos habéis acrecentando vuestras culpas. Descuidando el Evangelio, escarnecidos los Mandamientos y olvidado Dios, —porque no se puede decir que lo recuerde quien vive según la carne, según la soberbia de la mente y según los consejos de Satanás— habéis pisoteado la familia, habéis robado, blasfemado, matado, testificado en falso, mentido, fornicado y hecho lícito lo ilícito: quién robando un puesto, una mujer, unos bienes; allá, en lo más alto, robando un poder o una libertad nacional, aumentando vuestro latrocinio con el pecado de la mentira tratando de justificar ante los pueblos lo que habéis hecho enviándolos a la muerte. ¡Esos pobres pueblos que otra cosa no desean que vivir tranquilos y a los que vosotros incitáis con mentiras venenosas lanzándolas el uno contra el otro para aseguraros un bienestar que no os es lícito conseguir al precio de la sangre, de las lágrimas y del sacrificio de naciones enteras! Mas ¡cuánta es la culpa que tienen los individuos en la magna culpa de los grandes! El cúmulo de las pequeñas culpas individuales es el que sirve de base a la Culpa. Si cada uno viviese santamente sin avidez de carne, de dinero ni de poder, ¿cómo habría de darse la Culpa? Cierto que aún habría delincuentes; mas resultarían inocuos, toda vez que nadie los seguiría. Como locos ellos continuarían delirando en la persecución de sus sueños obscenos. Mas los sueños jamás llegarían a ser realidad y, aun cuando Satanás los ayudase, tal ayuda resultaría baldía ante la cerrada unidad contraria de toda la humanidad hecha santa al vivir según Dios. Y por encima de esto, tendría a Dios de su parte. A Dios benigno con sus hijos obedientes y buenos. La caridad, por tanto estaría en los corazones viva y santificante desapareciendo la iniquidad. ■ ¿Veis, hijos, cuánta es la necesidad de amar a fin de no ser inicuos y la de no ser inicuos para poseer el amor? Esforzaos en amar. ¡Si amaseis… siquiera un poquitín tan sólo! ¡Si comenzaseis a amar…! Bastaría comenzar, pues todo lo demás vendría a seguido por su pie. Si la espiga no está madura no puede recolectarse la mies. La espiga no puede madurar si no llega a formarse, y no puede formarse si, a su vez, no se forma la macolla. Ahora bien, si el agricultor no echase al suelo la diminuta semilla, ¿podría acaso brotar del surco la verde macolla que, como una copa viva, mantiene en pie la gloria de las espigas? ¡Qué diminuta es la semilla! Y, con todo, rompe la gleba, penetra en la tierra succionándola cual boca ávida y después eleva al sol su bendita pompa del futuro pan y, con su color de esperanza y su oro que cruje con el viento y esplende al sol, canta sus bendiciones a Aquel que da su Pan y el otro pan al hombre. Si no hubiera semillas, ellas tan pequeñas que se requieren muchas para colmar el buche de un pajarillo, tampoco tendríais la Hostia sobre el altar. Moriríais de hambre física y de anemia espiritual. ■ Poned en cada uno de vosotros una semilla, una diminuta semilla de caridad. Dejad que os penetre. Haced que crezca en vosotros. Mudad vuestra desatada codicia en ubérrimo florecer de obras santas nacidas todas de la caridad. La tierra, llena toda ella ahora de abrojos y de espinas que os torturan, mudaría su aspecto y su aspereza en una plácida y agradable morada, anticipo del Cielo bienaventurado. Amarse unos a otros es estar ya en el Cielo, porque el Cielo no es otra cosa que el amor. ■ Leed, leed el Evangelio y leedlo hasta en sus frases más insignificantes. Vividlo en estos sus tintes de perfección comenzando por el amor. Parece el más dificultoso de los preceptos, pero es la clave de todo: de todo Bien, de todo el Gozo y de toda Paz”. (Escrito el 11 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Como el leproso: Cfr.  Mt. 8,2;  Mc. 1,40; Lc. 5,12.   2  Nota  : Cfr.  Mt.  19,28-29;  Mc. 10,29-30; Lc. 18,29-30.   3  Nota  : Cfr.  Joven rico:  Mt.  19,16-30.   4  Nota  : Nicodemus:  Ju. 3,1-21.   5  Nota  : … se enfriará  la caridad de muchos. Cfr.  Mt. 24,12.   6  Nota  :  Amaos… Cfr.  Ju.  13,34-35; 15,12.   7  Nota  :  Mística estatua:  Cfr. Dan. 2,31-45.
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46-290.- Hace ya veinte siglos que unos pocos fragmentos de los cuatro Evangelios sacian el hambre de muchos; ahora el Señor, por medio del pequeño Juan, ha acrecentado episodios y palabras porque los hombres están a punto de consumir sus espíritus.
* El Espíritu Santo, Maestro docente en la enseñanza de los Evangelios, suministra el verdadero espíritu de cada palabra… Porque es el espíritu de la palabra, y no la palabra en sí, la que presta vida al espíritu.-  ■ Dice Jesús: “Te dije hace ya mucho tiempo (1) —te encontrabas a la sazón en el lugar del exilio (2) y sufrías como solo Yo sé cuánto— que los fragmentos y episodios evangélicos constituyen una mina de enseñanzas. ¿Recuerdas? Te mostré la segunda multiplicación de panes y te dije que lo mismo que con unos pocos peces y panes pude saciar el hambre de las turbas, otro tanto se pueden saciar vuestros espíritus hasta el infinito con unos pocos fragmentos narrados por los cuatro Evangelios. En efecto, hace ya veinte siglos que con ellos sacia su hambre un número incontable de hombres; ■ Yo ahora, por medio de mi pequeño Juan, he acrecentado los episodios y las palabras porque, verdaderamente, los hombres están a punto de consumir sus espíritus y Yo tengo compasión de ellos. Mas si bien aquellos pocos episodios de los cuatro evangelios vienen suministrando, desde hace 20 siglos, panes y peces a los hombres para que se sacien con ellos y continúen todavía evangelizando, todo eso lo hace el Espíritu Santo que es el Maestro docente sobre la cátedra de la enseñanza evangélica.  «Cuando venga el Paráclito, Él os amaestrará en toda verdad, os enseñará todas las cosas y os recordará todo cuanto os tengo dicho» (3), enseñándoos el verdadero espíritu de cada palabra y de cada letra del episodio. Porque es el espíritu de la palabra, y no la palabra en sí, la que presta vida al espíritu. La palabra incomprendida es un sonido vano; y es incomprendida cuando es solo un vocablo, un rumor y no «vida, semilla de vida, centella, manantial» que echa raíces, enciende, lava y alimenta”. (Escrito el 19 de Enero  de 1947).
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1  Nota  : En el episodio  5-353-351 de «El Evangelio como me ha sido revelado» del 28 de Mayo de 1944 comentando el episodio de la “Segunda multiplicación de los panes”.  2  Nota  : Lugar  del exilio.-  Durante la 2ª guerra mundial, el año 1944 estuvo marcado por la evacuación que obligó a María Valtorta a dejar su casa de Viareggio para refugiarse en S. Andrés de Cómpito. Duró 8 meses.  En S. Andrés de Cómpito, entre ocultas manifestaciones y sufrimientos de todo género que los escritos aquí publicados dan a entender, la enferma María Valtorta continuó su misión de escritora como portavoz del Señor, a pesar de sus continuas manifestaciones de añoranza por su casa de Viareggio.   3  Nota  :  Cfr. Ju.  14,26.
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47-307.- “El pequeño Juan, en los momentos en que es «portavoz», es tomado por Mí a modo de Águila divina que lo transporta al reino de la Luz para que allí vea y torne trayéndoos perlas de sobrenatural valor”.
* La obra que se da a los hombres a través del pequeño Juan no es un libro canónico, pero es siempre un libro inspirado que Yo doy para ayudaros a descifrar determinados pasajes de los canónicos y, sobre todo, para comprender lo que fue mi tiempo de Maestro y conocerme a Mí, Palabra, en mis palabras”.- ■ Dice Jesús: “El abrazo del Fuego de la Divinidad, que se recluye en una criatura arrebatada, imprime un carácter nuevo a estos vivientes que vienen a ser, separados de la Humanidad y espiritualizados como serafines, doctos en la Sabiduría que Dios les da, entregados a ellos como ellos a Él. Justo es asegurar que el escritor inspirado «tiene a Dios como autor». Es Dios el que revela o ilumina los misterios y verdades, conforme a Él le place, a estos instrumentos suyos «excitándoles y moviéndoles con virtudes sobrenaturales, asistiéndoles en lo que escriben de suerte que lo ideen con inteligencia y lo quieran escribir con fidelidad, y con medios adecuados e infalible verdad expresen todas y solas las cosas dispuestas por Dios». Es Dios el que con triple acción ilumina su entendimiento para que conozca la verdad sin error o con la revelación para verdades todavía ignoradas o con el recuerdo detallado si se trata de verdades ya establecidas aunque un tanto incomprensibles para la razón humana; mueve para que escriba con fidelidad cuanto, sobrenaturalmente inspirado, llega a conocer; asiste y dirige para que diga las verdades en tal forma y número que Dios quiere, con verdad y claridad, y así lleguen a conocimiento de los demás para el bien de muchos, con la propia palabra divina en las enseñanzas directas o con las palabras del inspirado si de describir visiones o de repetir lecciones sobrenaturales se trata. ■ La obra que se da a los hombres a través del pequeño Juan no es un libro canónico, pero es siempre un libro inspirado que Yo doy para ayudaros a descifrar determinados pasajes de los canónicos y, sobre todo, para comprender lo que fue mi tiempo de Maestro y conocerme a Mí, Palabra, en mis palabras. Ni Yo, ni mucho menos la portavoz que por su absoluta ignorancia en esta materia no sabe distinguir siquiera la teología dogmática de la mística y ascética, como tampoco sabe de sutilezas de definiciones ni de conclusiones de los Concilios, sino que lo único que sabe es amar y obedecer  —y con esto me basta sin que nada más quiera de ella—  ni Yo ni ella decimos que la Obra sea un libro canónico. ■ Con todo, os digo en verdad que es un libro inspirado, no siendo, por otra parte, el instrumento capaz de escribir páginas que ni siquiera comprende si Yo no se las explico para quitarle el temor. El pequeño Juan, en los momentos en que es «portavoz», es tomado por Mí a modo de Águila divina y lo transporto al reino de la Luz para que allí vea y torne trayéndoos perlas de sobrenatural valor”. (Escrito el 28 de Enero de 1947).
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47-382.- ¿Por qué decimos “dice el Señor” después de la lectura de un texto de la Biblia?
* “Dios se halla tan presente en sus amadores que su pensamiento se anula en el de Dios que habla por boca de Pablo, Pedro… portavoces de Dios”.-Dice Jesús: “¿Has pensado alguna vez lo que quiere decir la expresión, que está en boca de los teólogos cuando hablan de todos los escritos del Antiguo y Nuevo testamento: «Dice la Sabiduría, dice el Señor»? No ha mucho oíste decir a un predicador: «Dice el Señor: ‘Por más que yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles…’. No dijo: «Dijo Pablo» sino «dice el Señor». ¿Por qué? ¿Por respeto, pensando que Dios es el informador de todos los actos del hombre? También; pero, sobre todo, porque es la verdad. Y la verdad es que Dios se halla tan presente en sus amadores que su personalidad y, sobre todo, su pensamiento se anula en el de Dios y ya no es Pablo, Pedro, Juan, Santiago ni Judas sino que Pedro, Pablo, Juan, Santiago, Judas, portavoces de Dios, dicen lo que Dios habla en ellos y sus palabras son la voz de Dios. ■ Y esto fue así, en los tiempos más remotos, con Isaías, Jeremías, Jesús Ben Sirac, Sofonías, Miqueas, Zacarías… y en tiempos más cercanos con todas las voces del Señor esparcidas a lo largo de los siglos para transmitir a los hombres las palabras de Dios. Esas palabras que son otras tantas luces, otras tantas medicinas y otra tantas gracias. ■ ¿Ves cuán bueno es el Señor con aquellos que son suyos del todo? De esos hombres hace tan una cosa con Él que ya no son ellos sino Él quien habla y obra hasta el punto de poderse decir con propiedad «dice el Señor» de lo que por su mano escriben. Y observa así mismo cómo justamente no pueden ellos gloriarse de las palabras que escriben por cuanto las mismas no son suyas sino del Señor.  Por eso te dije siempre: sé constantemente humilde, ya que si en ti surgiese un átomo de soberbia por lo que escribes, Yo te abandonaría hasta tanto que un prolongado y sincero arrepentimiento te hiciera de nuevo acepta a mi Corazón. ■ Queda en paz, alma mía, pequeña crucificada. La cruz, tras haber sido tenida por objeto de horror, fue exaltada al haberme llevado a Mí, convirtiéndose en instrumento de redención. Los crucificados, tras haber sido probados en el dolor, serán exaltados por haber dado cumplimiento en sí a cuanto faltaba a mi Pasión”.  (Escrito el 14 de Septiembre de 1947)
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47-387.-  “En mis páginas se encierra, no tanto el genio del hombre, cuanto el poder de Dios Creador del hombre”.
* En ellas se encierra la Sabiduría, mi Sabiduría. Es la Verdad, mi Verdad. En ellas está la Caridad, mi Caridad. Es Dios por tanto. He aquí por qué tienen valor”.- ■ Dice Jesús al tiempo que yo corrijo páginas mecanografiadas y admiro su belleza de estilo: “Mira, María, si Yo te hubiese proporcionado unas bellas páginas, literalmente hablando, nada en absoluto te habría proporcionado. Nada útil, nada de auténtico valor. Mi regalo habríase reducido a una música y hasta a una de esas músicas vacías, ligeras, que solo agradan al oído pero que no despiertan en quien las escucha pensamientos elevados. Porque hay música que es plegaria, que es lección, que eleva a contemplaciones sobrenaturales, música en cuyas notas vibra y se transparenta verdaderamente, no tanto el genio del hombre cuanto el poder de Dios Creador del hombre. ● El genio del hombre no es sino el medio con el que dar el testimonio del poder de Dios que lo creó con inteligencia y razón además de con espíritu, carne, sangre. ● El genio del hombre viene a ser una respuesta para quienes sostienen teorías evolucionistas según las cuales el hombre no es sino la bestia que ha evolucionado a través  de  un lento ascenso desde la brutalidad a la humanidad. ● El genio del hombre no es sino la respuesta dada a los negadores de la Creación y, por tanto, de Dios Creador,  a los herejes que sostienen la autogénesis del Universo. ● El genio del hombre no es sino la respuesta dada a los ateos. El genio del hombre es la confesión de la existencia de Dios y de que todo existe porque Él lo quiere: luz, vida, elementos, inteligencia, todo. ■ Mas Yo me refiero ahora a las músicas vacías con las que equipararía mis páginas si éstas fuesen tan solo armonía de palabras y perfección de estilo. Mas en ellas se encierra la Sabiduría, mi Sabiduría. Es la Verdad, mi Verdad. En ellas está la Caridad, mi Caridad. Es Dios por tanto. He aquí por qué tiene valor. Y ¡ay de quien no busca ni encuentra en ellas su auténtico valor”. (Escrito el 30 de Septiembre de 1947).
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(<Es continuación del dictado anterior>)
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47-388.- Las versiones de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Y, “al pequeño Juan le he concedido un mayor conocimiento mío y de mi enseñanza”.
* Las versiones de mis palabras en los evangelistas fueron muy reducidas hasta quedar en esqueletos: más un indicio que una versión. Circunstancia que las despoja de la forma estilística que Yo les di”.- ■ Dice Jesús: “Estoy al tanto de las objeciones de muchos: «Jesús hablaba con simplicidad». Sí, en las parábolas hablaba con simplicidad porque me dirigía a multitudes aldeanas; mas cuando hablaba a mentes cultas de israelitas, romanos o griegos, lo hacía como más convenía a la per­fecta Sabiduría. Mis palabras, por tanto, según las versiones de los evangelistas, de los que dos tan sólo fueron apóstoles —y si bien se observa son los dos Evangelios que mejor me reproducen, porque el de Lucas, estilísticamente bueno, puede decirse que es más bien el Evangelio de mi Madre y de mi Infancia, de las que narra extensamente detalles que los otros no lo hacen y no el Evangelio de mi vida pública, siendo más bien un eco de los otros que no una nueva luz como lo es el de Juan, el perfecto evangelista de la Luz que es Cristo Dios-Hombre— las versiones, digo, de mis palabras en los evangelistas fueron muy reducidas hasta quedar en esqueletos: más un indicio que una versión. Circunstancia que las despoja de la forma estilística que Yo les di. ■ En Mateo aparece el Maestro: (ver el Discurso de la montaña, las instrucciones a los apóstoles, el elogio del Bautista con lo demás de este capítulo, el primer episodio del capítulo 15°, la señal del Cielo, el divorcio, el capítulo 19° y los tres capítulos 22,23 y 24). ■ Y en donde sobre todo aparece el Maestro es en el luminoso Evangelio de Juan, el Apóstol enamorado, fundido en la caridad con su Cristo-Luz. Comparad cuanto descubre del poder de Cristo-orador este Evangelio con lo que del mismo ofrece la exigüidad esencial del Evangelio de Marcos, exacto en los episodios escuchados de Pedro, mas reducido a un mínimum, y veréis si Yo, el Verbo, empleaba sólo un estilo por demás humilde o si, por el contrario, no fulguraba frecuentemente en Mí el poder de la Palabra perfecta. Sí. Ésta brilla en Juan, si bien reducida a muy pocos episodios. ■ Ahora bien, si Yo he querido suministrar al pequeño Juan un mayor conocimiento mío y  de mi enseñanza, ¿por qué ha de haceros esto incrédulos y duros? Abrid, abrid vuestro entendimiento y vuestro corazón y bendecidme por todo lo que os he dado”. (Escrito el 30 de Septiembre de 1947).
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47-408.- La videncia de los iluminados por Dios. Ni se equivocó Pablo al hablar de la inminencia de los últimos tiempos ni se equivocó la “portavoz” (ella es la mano que escribe el Pensamiento y la Palabra por voluntad del Amor. El Amor no se equivoca).
* “Los iluminados ven a través de la pupila de Dios, esto es, en un eterno presente”.-Dice Jesús en relación  con  la epístola del primer domingo de Adviento: “Ninguno de entre los cristianos se atrevería a sostener que Pablo no fue apóstol lleno del Espíritu de Dios, de gracia, y de santidad. Y bien, ¿cómo explican entonces —ésos que de mil maneras especulan con las palabras de la Obra diciendo que la «portavoz se equivocó»—, la contradicción de las palabras de Pablo: «…siendo ya la hora de despertar del sueño, porque nuestra salvación está más cerca de lo que creemos. Pasó la noche y se acerca el día» (1). Estas palabras —y no es la única vez que Pablo habla de la segunda venida de Cristo, de los últimos tiempos y del juicio final— dan a  entender, al parecer, que un bien cercano (a los días de Pablo) va a surgir del día eterno. Mas ¡qué amanecer tan prolongado tiene ese día que han pasado 20 siglos y aún no ha llegado el día! ¿Faltó tal vez en Pablo el espíritu profético? ■ Y si, no obstante, él es llamado Vaso de elección, Apóstol de las Gentes, siendo su palabra muy poco inferior a la del Evangelio en poder amaestrador, ¿cómo pueden lanzar piedras contra ti, pequeño Juan, porque, a los ojos miopes de los lectores, algunas de mis, digo mis palabras, por ti transcritas, parecen contradecir creencias antiguas y hechos pasados, presentes y futuros, tal como son conocidos o previstos? En verdad te digo no erró Pablo interpretando mal mis palabras (2) y viendo ya próximo el día de Dios, como tampoco tú yerras, pequeño Juan. ■ Pablo, igual que todos aquellos a los que el Espíritu del Espíritu, que es Dios, enviste y eleva a los cielos de la videncia,  ve a través de la pupila de Dios, esto es, en un eterno presente. El hecho presente y el que acaecerá dentro de siglos son iguales para el que los contempla arrebatado en Dios. Tales hechos son. Ellos son verídicos. Que su realización se verifique hoy o dentro de decenas de años o de siglos, tales hechos acaecerán y con precisión para quien los contempla en el remolino luminoso de la eternidad en la que son polvillos de átomo los años y los siglos. ■ Y tampoco tú  yerras, pues eres tan solo la mano que escribe el Pensamiento y la Palabra por voluntad del Amor. Y el Amor no yerra. Jamás. El Amor tiene actos que los miopes pueden juzgar contradictorios pero que siguen siempre la línea recta, simple y ajustada de las acciones de Dios.  Queda en paz y manda así mismo estas palabras que te he repetido para satisfacción tuya y bien de los demás”. (Escrito el 1 de Diciembre de 1947).
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1  Nota  : Cfr. Rom. 13,11-12.   2  Nota  : Cfr. Lc. 21,32; Mc. 13,30.
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47-409.- “Es lo que sucede con el pequeño Juan: «un águila mientras yo la envisto»”.- Prueba de  inspiración en su obra: correcciones y frases escritas entre líneas.
* “Yo Jesús, o el Ángel de la guarda de la portavoz socorremos subsanando o dictando nuevamente. Tomad tranquilos la Obra tal como os he dispuesto que se os dé. Es justa y sobrenatural”.- ■ Dice Jesús: “No te desazones. Ese pensamiento es sombra que da luz e, incluso, desvanece otro pensamiento simplemente honesto. Mas hablo para consolarte. Y enviarás estas palabras, ya que está bien que las lean, las mediten, conserven y, si lo juzgan conveniente, las unan a la Obra en su justo momento. Momento que su mente siempre tan despierta y perspicaz para buscar, suscitar y agitar causas y efectos —en verdad todos inconsistentes pero con disposición para causarte pena— puede encontrar sin que Yo se lo indique, sirviéndose de la inteligencia a la que cansan con pesquisas inútiles y poco caritativas, en vez de con búsquedas útiles y buenas. ■ La prueba idónea de que no eres tú la que escribes de tu propio saber y entender la proporcionan precisamente las frases escritas entre líneas y las correcciones a todas luces visibles que se observan en los dictados. Ellas se deben a la debilidad física y acaso también mental de la portavoz enferma, oprimida por siete enfermedades crónicas que a veces se reavivan todas o en parte ocasionando sufrimientos y desfallecimientos de muerte a la escribiente; a las molestias físicas ambientales proporcionadas a la portavoz que tiene que escribir en condiciones nada pacíficas ni cómodas y, debidas sobre todo al contraste existente entre el impulso de las «voces» que dictan, a las veces velozmente, y la capacidad de la mano débil para seguir las palabras veloces de las «voces» que dictan. ¿Qué sucede en tales casos? Que algunos períodos quedan interrumpidos y omitidas algunas frases que la portavoz trata de recordar mientras me sigue a Mí o a otras «voces» distintas a fin de incluirlas en la visión una vez finalizada. Mas, al hacerlo, no lo logra con exactitud y olvida palabras pronunciadas o las escribe mal, de modo distinto a como se dijeron. Es entonces —os mando que creáis estas palabras y os lo mando con mi plena Majestad de Dios y de Maestro divino que se lo puede ordenar a sus súbditos del modo que lo hizo a sus patriarcas y profetas en relación con lo que se había de hacer, creer, practicar para ser su Pueblo elegido en la Tierra e hijos suyos eternamente en el Reino eterno— es entonces cuando interviene y socorre el Maestro: Yo Jesús, o el Ángel de la Guarda de la portavoz que asiste venerante a las manifestaciones celestiales y es inteligencia angélica no sujeta a las fatigas y debilidades humanas como son las que padece la portavoz —que es siempre una criatura humana por más que sea a la vez mi querido Juan a la que amo de un  modo extraordinario— y socorremos al instrumento de Dios completando los períodos que quedaron interrumpidos, llenando las lagunas producidas en las frases o dictando nuevamente, de principio a fin, aquellos fragmentos en los que la buena voluntad, buena pero ignorante, de la portavoz ocasionó perjuicios, reconstruyendo, por tanto, las lecciones tal como se dieron y oyeron. Así pues, —y os mando que lo creáis— la Obra reproduce exactamente mi pensamiento, mis acciones y manifestaciones, así como la palabra y acciones de mi Madre, de los Doce y de cuantos se movían en torno mío y de todos nosotros. Tomad tranquilos la Obra tal como he dispuesto que se os dé. Es justa y sobrenatural”.
* Para aquellos que ven insinuaciones de palabras erróneas del demonio e intuiciones de espíritus tenebrosos para explicarse las palabras escritas entre líneas o copiadas de nuevo.-Jesús: “Aquellos que, más o menos convencidos de lo que dicen, susurran «insinuaciones de parte del demonio e intuiciones de espíritus tenebrosos en una obra de Luz», desechen estas insinuaciones y dejen de lado al demonio que es mucho más calculador que ellos y jamás hace nada que sea inútil. Y en este caso sabe el demonio que hacer insinuaciones de palabras erróneas sería perder el tiempo y trabajar inútilmente. Perder el tiempo: porque el pequeño Juan está muy atento y advierte al momento la presencia del Turbador. Un valiente y pequeño David es mi pequeño Juan. Con su honda lanza contra Lucifer las palabras que le ponen en fuga y su Ángel lucha a su lado ayudándole. ■ Hombres, creéis muy poco en el ministerio y magisterio angélico de los Ángeles Custodios que Dios puso a vuestro lado. Pero ellos, que son amorosos, activos y sabios, están para amar, ayudar, guiar e instruir a vuestras almas. Ese buen compañero jamás falta a su deber ni aun cuando el hombre peca y le disgusta. Mas cuando después el hombre vive en la Gracia del Señor y por Él se afana y le sirve con todas sus fuerzas, entonces, como se dice de Mí tras la tentación del desierto, «los ángeles sirven». ¿Pensáis acaso que mi Ángel Custodio no luchó conmigo contra Satanás en aquella hora? ¡Claro que luchó! Y, una vez alcanzada la victoria, llamó a sus hermanos para sostener las fuerzas del Victorioso.  E, incluso, el demonio no trata de estropear las palabras de la Obra, con los esputos de su veneno, porque sabe que sería un trabajo inútil, dado que Yo velo y tutelo mi palabra y a mi instrumento. Por otra parte he puesto al Destructor unos límites que el Maldito no puede traspasar. ■ En vez de perder el tiempo en suposiciones de insinuaciones diabólicas, para explicarse las palabras escritas entre líneas o copiadas de nuevo, consideren el único verdadero motivo de las mismas. Motivo humano, no sobrehumano. Natural, no prenatural. Natural, digo. Consideren la situación de la portavoz, cómo y en dónde escribe. Consideren esto tan solo. Su entorno no es la tranquila paz de un convento ni de una celda en donde resulta fácil recogerse para componer lecciones y predicciones. Mas el entorno de la portavoz es el ambiente de una casa corriente alterado por voces de los que con ella habitan y por visitantes a los que, cumpliendo mi mandato, ha de acoger siempre por razones de caridad y para reparar los daños que, con su imprudente conducta, han ocasionado los indicados a tutelar el «Secreto del Rey», suscitando exaltaciones perjudiciales a la Obra y dolorosas para la portavoz. En verdad, debido a la caridad que la portavoz ejercita cumpliendo mi mandato con su prójimo, éste no se cuida de recurrir a la portavoz en todos sus apremios y necesidades de consuelo. Y esto, si bien contribuye a que broten muchas flores de paciencia y de caridad en los bancales de la portavoz, hace así mismo que se produzca un gran desorden en su labor de portavoz”.
* Mientras los inspirados están en un éxtasis completo o incompleto, su inteligencia aumenta… Puede haber errores accesorios. Por eso Yo velo y el Ángel Custodio conmigo para restablecer el pensamiento tal como fue dado y que por causas externas quedó involuntariamente mal construido por la portavoz. Puede objetar alguno: «Bien podía el Señor dar fortaleza… a la escribiente»”.-Jesús: “Los sabios de mi Iglesia han dicho y dejado sentado en relación con quienes viven una vida extraordinaria, que mientras los tales se encuentran en éxtasis —bien sea éste incompleto, pudiendo ellos dictar o escribir las revelaciones que tienen, o completo— su inteligencia aumenta de capacidad para entender, comprender, y relatar, al tiempo que después, una vez salidos del éxtasis, tornan a la inteligencia propia. Es lo que sucede con el pequeño Juan, «un águila mientras Yo la envisto y una paloma cuando Yo no la rodeo con mis fulgores». ■ Está dicho también y sentado como axioma que aun siendo hecha la revelación por Dios, a un alma escogida para una misión sobrenatural y extraordinaria siempre perfecta, puede ésta ser interpretada y referida con errores accesorios de la criatura, y es porque la perfección divina o celestial se mezcla y confunde con la poquedad de la criatura, pudiendo salir de ella alterada en algún detalle. Por eso Yo velo, y el Ángel del pequeño Juan conmigo, para restablecer el pensamiento tal como fue dado y que por causas externas quedó cambiado e involuntariamente mal construido por la portavoz. ■ Puede alguno objetar: «Bien podía el Señor dar fortaleza, celeridad, memoria, capacidad intelectual a la escribiente y proporcionarle un entorno tranquilo a fin de impedir los retoques que tanto nos desagradan».Todo eso podía dar e, incluso, una escritura diáfana y segura. Mas no lo quise para que no pudierais decir: «Su caligrafía no es trémula ni se aprecia cansancio o lentitud al escribir, por lo que las pretendidas enfermedades de la portavoz resultan ser una simulación». ¡Como que hay ya quien así lo asegura…!  No lo quise para que no dijeseis: «No se ve ni una frase añadida ni un error al añadirla, por la que la portavoz no es tal portavoz sino autor humano que sabe muy bien lo que pretende escribir, bien por haberlo aprendido donde sea o por capacidad propia». ¡Y también hay quien así lo dice…! Respondo a esta última objeción: «No es así. Mas si así fuese, ello demostraría que, si por capacidad propia, indocta como es, el pequeño Juan dice palabras divinas, resultaría en tal caso manifiesto que el Autor de la Sabiduría, el Espíritu Santo, habita en ella con la plenitud de sus dones, siendo la Obra, por tanto, palabra de Dios». ■ Todo lo podría hacer: incluso destruir la obra y dictarla más tarde de nuevo. Sería una réplica exacta (en los puntos dictados por las voces sobrenaturales) de la destruida. Las diferencias estarían tan solo en los vocablos empleados por la portavoz para describir lugares y episodios. Sería una repetición exacta de la obra destruida, tal como acaeció con las profecías de Jeremías c. 36, v. 32. Pero entonces gritarían más fuertemente aún: «¿Veis cómo la portavoz no está inspirada ni reproduce voces del Cielo sino que escribe de lo suyo?». Y trataríais de demoler una paz y una Obra. La paz de la portavoz y la Obra de vuestro Señor Dios”.
Toda obra inspirada tiene por autor al Paráclito”.-Jesús: “¡Oh, me dan en verdad enojo ciertos pensamientos, actos y juicios sobre mi querer y sobre mi pequeño Juan! En verdad os digo que la ciencia ha puesto espesa escama en vuestras pupilas y torpeza en vuestro entendimiento impidiendo me reconozcáis en donde brillo como Maestro y como Dios. No queráis contristar al Espíritu Santo, de cuya amistad os halláis tan necesitados, negando su acción, —toda revelación y toda obra inspirada tiene al Paráclito por Autor— haciendo la guerra y oponiéndoos a un tabernáculo suyo. ■ También los sabios de Israel hicieron la guerra y persiguieron al Espíritu Santo visible en las palabras y acciones del Verbo, si bien no vino a ellos. Dije: «Todo pecado y blasfemia serán perdonados a quien se arrepiente; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. Cuanto se diga contra el Hijo del Hombre será perdonado: pero no será lo que se diga o se haga contra el Espíritu Santo». Palabras que contienen así mismo los primeros mandamientos con cuya observancia se consigue la vida eterna: «Ama a tu Dios con todo lo que eres. Ama a tu prójimo». Amor que equivale a salvación; y falta al amor equivale a ofensa contra el Amor divino, es decir, contra el Espíritu Santo en Sí mismo presente en los templos vivos que son vuestros prójimos. Impugnar sus palabras o desconocerlas es hacer ofensa al Amor y perseguir a un instrumento suyo es ofender al Amor que sabe con sabiduría perfecta por qué escogió aquel instrumento”. (Escrito el 6 de diciembre de 1947).
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47-414.- “Y más te digo: «Mi palabra no quedará en ti sin fruto». Tú eres pobrecita, pero en tu corazón está Jesús y de tu corazón fluyen ríos de agua viva”.
*  Tres voces, un grito único (“son únicamente mi Voz”) acerca del Agua viva: del antiguo profeta Isaías, de Jesús en el centro y de Juan el último profeta. Los ricos en ciencia querrían impedir a los pequeños revestirse de esos tesoros.- ■ Dice Jesús: “Tres gritos: un solo grito. Tres épocas: una sola época. Tres voces: de ellas, dos subordinadas y la otra, suprema. Y estos tres «treses» para decirte una palabra de confortadora alegría. Dice mi profeta al hablar en nombre de Aquel que es Manantial de Vida Eterna, Agua que se derrama para dar la Vida a quien bebe de ella, Vida que elimina la Muerte, que quita la sed de lo que es el mal, colma todo deseo y toda búsqueda, porque quien me tiene a Mí, todo lo tiene: «Venid, sedientos, a las aguas y también vosotros, los que carecéis de dinero, apresuraos a comprar y a comer, venid a comprar sin dinero y sin entregar dinero a cambio, tomad y bebed vino y leche… Escuchadme atentamente… y vuestra alma se alegrará con alimentos escogidos… La palabra salida de mi boca no tornará a mí sin fruto sino que obrará todo lo que quiero…» (Isaías 55, v.1, v.2 y v.11). Digo Yo: «El que tenga sed, que venga a Mí y beba. Del seno de quien cree en Mí brotarán ríos de agua viva» (1). Y Juan dice en el Apocalipsis: «Y el que tenga sed, que venga, y el que así lo desee, tome gratuitamente el agua de la Vida» (2).Tres gritos, tres épocas, tres voces y en el centro, entre la voz de los tiempos proféticos que repite los mensajes llegados a ella desde el seno de Dios y la voz que es eco de la Palabra eterna entre las piedras del Sanedrín, más sordas que las del Templo, Yo, Verbo y Verdad, Yo, Jesús el Cristo, Yo, el Señor Hijo del Señor, el Salvador, Pontífice y Rey. Como el madero transversal de la Cruz sostenía todo el peso del Redentor, así Yo, Palabra eterna, sostengo todo el tesoro de las palabras de verdad de los profetas. También Juan es profeta y de los tiempos últimos mientras que Isaías lo era del mío. Mas siempre es profeta Juan porque ve y dice las cosas futuras. Y  la Verdad, que sostiene la verdad de los profetas, no habría permitido salir de sus bocas, llenas del impulso de Dios, palabras con errores involuntarios o voluntarios, ni habría avalado, al sostener esos errores, el bien que hubiera pretendido hacer el más pequeño subterfugio u orgullo, sugeridor de palabras engañosas para aparecer más grandes ante los sencillos y pequeños. ■ Tú ya sabes la condición primera para ser y continuar siendo «voces»: Humildad, sinceridad y obediencia absoluta. Si fallan estas tres virtudes cesa el don y terminó la misión. Te hablo porque eres fiel. Te hablo porque eres humilde. Te hablo porque eres sincera. Te hablo porque eres obediente. Podrán todos mentirte, mas Yo, no. Y Yo te digo: «Esas tres voces, que si se sabe ver y reconocer bien, son únicamente mi Voz que habla en el tiempo antiguo y en el nuevo, te hablan hoy para complacerte». «Venid y comprad sin dinero. Venid a tomar vino y leche. Venid a las aguas». El dinero, en tu caso, lo tienen «esos que saben», los rabinos, esos que creen poder comprarlo todo porque saben y tienen las monedas del saber, los que, ¡oh eterna raza de los escribas y fariseos!, querrían tener el monopolio del saber, pero confundiendo Ciencia con Sabiduría y teniendo por Reina a la esclava, cuando, en verdad, la Ciencia es la esclava y Reina de la esclava es la Sabiduría. ■ Y así esos tales querrían impedir a los pequeños el revestirse con los tesoros, nutrirse con la miel, la leche, el vino, la manteca y apagar su sed en las aguas que proporcionan la Vida, que es Sabiduría, gozo y paz. Tú no cuentas con ese dinero. Eres pobrecita y aun ahora que te he cubierto con mis tesoros lo eres, puesto que si tú los arrojaras de tu mente, te quedarías sin nada. De ti misma eres pobrecita; pero me tienes a Mí y Yo te digo: «Ven, bebe, compra, come y regocíjate con las viandas escogidas»”.
* Son muchos los que vienen a ti para saciar el hambre y, al darles de lo que en ti prospera y Yo te he dado, les das tú a Mí.- San Ambrosio.-Jesús: “Y más te digo: «Mi palabra no quedará en ti sin fruto». ¿Cuándo da fruto una semilla? Cuando deja de ser semilla y se hace planta. Te habla la Palabra y seguidamente calla, quedando tú como vacía. Te parece estar vacía, muda e ignorante. Te parece que no haya nada de cuanto se te dio. No, sino que estás rebosante. Eres una floresta hermosa como el Jardín de los primeros días. Todas las plantas deliciosas se encuentran en ti. Son las semillas de mis palabras que tú las das perdidas porque te sientes incapaz de repetir y que nunca son tan presentes como cuando, habiendo dejado de ser semillas, se convierten en arbustos. Floreces y no te percatas de ello. Fructificas, manzanal mío, mi viña, mi campo de espigas óptimas. Son muchos los que vienen a ti para saciar el hambre y, al darles de lo que en ti prospera y Yo te he dado, les das tú a Mí. Tú llenas de alegría a tu Jesús y Él viene a tomar descanso en su jardín… en el que se encuentra a gusto porque «ríos de agua viva» fertilizan aquel lugar. De tu corazón es de donde brotan los ríos de agua viva porque en tu corazón está Jesús. Y quien en su corazón tiene a Jesús tiene igualmente al Espíritu Santo porque donde Yo estoy allí está el Espíritu de Amor. Si tú no creyeses en Mí y, por tanto, no acogieses ni adorases la Palabra como lo haces: con fe segura, caridad profunda, gran humildad, limpio querer y heroico poder de obediencia, el Espíritu no te amaría ni estaría en ti. Y, sin Él, arcas vacías, lámparas apagadas y fuentes disecadas son los espíritus y entendimientos de los hombres. ■ El antiguo profeta, el último profeta y, Jesús, entre el antiguo y el último, te decimos: «Ven, bebe. Todo se te da gratuitamente por amor». En el amor es donde, los que tratan de explicarse el por qué de tu destino, deben buscar la clave. En el amor: en el de Dios, intachable, y en el tuyo hacia Dios, admirable. Por nada más eres la voz, la portavoz y el pequeño Juan. No dispones de otra moneda con la que comprar, pues tu moneda es el amor. El amor es el que paga: el de Dios y el tuyo hacia Nosotros. Y todo se te dio de cuanto te envidian aquellos que con la abundancia de monedas de su saber no pueden comprar lo que a ti se te dio gratuitamente”.
.   Jesús me ha dicho algo sobre San Ambrosio; mas no he podido escribirlo porque antes vino gente. Tan sólo recuerdo que dijo que también Ambrosio,  si llegó a ser lo que fue, se debió a que los ríos de aguas vivas se formaron en su espíritu desde que amó y creyó en Cristo y, de soldado, llegaron a hacerle un insigne obispo, defensor de la Fe y cantor de la virginidad, «la flor de los arriates de Cristo» (esta frase la recuerdo bien por haberla dicho Jesús en elogio de la virginidad). (Escrito el 7 de Diciembre de 1947).
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1  Nota  : Cfr.  Juan 7,37-38  (Isaías 58,11; Zacarías 14,8).   2  Nota  : Cfr.  Apoc. 22,17.
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.                          c)    Dictado extraído del «Libro de Azarías» (1)
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46-84.- “Muchos son los sabios pero pocos los que a la sabiduría le asocian la justicia”.
* Saben quién es Dios pero no quieren hacer que baje este conocimiento del cerebro al corazón, al espíritu, y así doctos pero no justos ni cambian de criaturas humanas a espirituales”.-Dice Azarías: “El otro día, en un último amaestramiento, te expliqué cómo aún aquello que tu mente no comprende, porque no posee nociones de teología, opera en ti espirituales transformaciones porque el alma, sin saberlo tu propio entendimiento que no la puede seguir por carecer de conocimientos teológicos, absorbe el jugo de las lecciones recibidas y te nutres de ellas. Deja, pues que, como tú dices, tu cerebro no perciba sino el sonido exterior e incomprensible de tan profundas lecciones. Es ésta una parte de ti, la mejor, la que de igual manera y verdaderamente se nutre de ellas. Y eso tiene un mayor valor que si tú, con tu inteligencia, estuvieses capacitada para analizar y entender cada una de las palabras; pero entonces este análisis vendría a ser un frío estudio de la mente y no pan y fuego del espíritu. ■ Muchos son los sabios mas pocos los que a la sabiduría le asocian la justicia. Y esto ¿por qué? Porque saben quién es Dios pero no quieren hacer que baje este conocimiento del cerebro al corazón, al espíritu, y así doctos pero no justos ni se cambian de criaturas humanas a espirituales. Son grandes en orgullo mas no en obediencia. Atrevidos en juzgar pero mezquinos en amar. Muchas son las palabras que fluyen de sus labios, mas éstas bajan en lugar de subir porque son palabras y no flechas de amor lanzadas hacia el Cielo”. (Escrito el 9 de Junio de 1946).
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1   Nota   : Azarías,  según María Valtorta,  es un Ángel, su Ángel de la Guarda, Autor de este “Libro de Azarías”. Es quien se lo habría dictado.
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47-203.- “Y ahora, por medio de mi pequeño Juan, he acrecentado episodios y palabras de los Cuatro Evangelios porque el hambre está a punto de consumir los espíritus y Yo tengo compasión de ellos”.
* “El Espíritu Santo, Maestro docente sobre la cátedra de la enseñanza evangélica, os enseña el verdadero espíritu de cada palabra y de cada letra del episodio. Porque es el espíritu de la palabra y no la palabra en sí la que presta vida al espíritu”.- ■ Dice Jesús: “Así pues, escucha, mi pequeño Juan: Te dije hace ya mucho tiempo (1)  —te encontrabas en un lugar de confinamiento y sufrías como sólo Yo sé cuánto—  que los fragmentos y episodios evangélicos son una mina de enseñanzas. ¿Te acuerdas? Te mostré la segunda multiplicación de los panes y peces y te dije que lo mismo que con unos pocos peces y panes pude saciar el hambre de las turbas, otro tanto se pueden saciar vuestros espíritus hasta el infinito con unos pocos fragmentos narrados por los cuatro Evangelios. En efecto, hace ya más de veinte siglos que con ellos sacian su hambre un número incalculable de hombres. ■ Y Yo ahora, por medio de mi pequeño Juan, he acrecentado los episodios y las palabras porque, verdaderamente, el hambre está a punto de consumir los espíritus y Yo tengo compasión de ellos. Mas si bien aquellos pocos episodios de los Cuatro Evangelios vienen suministrando panes y peces a los hombres para que se sacien con ellos y sigan todavía evangelizando, todo eso lo hace el Espíritu Santo que es el Maestro docente sobre la cátedra de la enseñanza evangélica. «Cuando venga el Paráclito, Él os amaestrará en toda verdad, os enseñará todas las cosas y os recordará todo cuanto os tengo dicho», enseñándoos el verdadero espíritu de cada palabra y de cada letra del episodio. ■ Porque es el espíritu de la palabra y no la palabra en sí la que presta vida al espíritu. La palabra incomprendida es un sonido vano; y es incomprendida cuando es sólo un vocablo, un rumor y no «vida, semilla de vida, centella, manantial» que echa raíces, enciende, lava, alimenta… Mi Paz sea contigo, mi pequeña esposa, ansiosa del amor. La paz sea contigo. La paz sea contigo. La paz sea contigo”. (Escrito el 19 de Enero de 1947).
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1  Nota  : El dictado 5-353-351 del 28 de Mayo de 1944 comentando el episodio de la “Segunda multiplicación de los panes”,  relatado en el tema “Espíritu Santo”.

 

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