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El tema “Gracia” comprende:
a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
.        «El Evangelio como me ha sido revelado»
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b) Dictados extraídos de los «Cuadernos 1943/50»

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a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
«El Evangelio como me ha sido revelado»
(«El Hombre-Dios»)
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1-10-54 (1-17-60).- “María, la Llena de Gracia, volvía a ver cuanto su (alma) espíritu había visto en Dios… Su espíritu estaba en el Cielo, su parte moral y su carne en la tierra…”.
* “Participaba con Dios, si bien a un nivel inferior, de una de las propiedades de Dios: la de recordar, ver, prever por el atributo de una inteligencia (poderosa y perfecta) no lesionada por la Culpa”.- ■ Dice Jesús: “María tenía el recuerdo de Dios. Soñaba con Dios. Creía soñar. No hacía sino ver de nuevo cuanto su espíritu había visto en el fulgor del Cielo de Dios, en el instante fulmíneo en que fue creada para ser unida a la carne concebida en la tierra. Participaba con Dios, si bien a un nivel bien inferior, por exigencia de justicia, de una de las propiedades de Dios: la de recordar, ver y prever por el atributo de la inteligencia no lesionada por la Culpa, y por tanto, poderosa y perfecta. ■ El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Una de estas semejanzas está en la posibilidad de que el espíritu puede recordar, ver y prever. Esto explica la facultad de leer el futuro, facultad que viene, muchas veces y directamente, por voluntad divina, otras veces por el recuerdo, que se levanta, como sol matinal, iluminando un determinado punto del horizonte de los siglos, precedentemente visto desde el seno de Dios. Son misterios demasiado profundos para que los podáis comprender plenamente. Eso sí, reflexionad. ¿Esa Inteligencia suprema, ese Pensamiento que lo sabe todo, esa Vista que lo ve todo, que os crea con un movimiento de su voluntad y con el hálito de su amor infinito, haciéndoos hijos suyos por el origen e hijos suyos por el destino, podrá daros algo que sea distinto de Él? Os la da en proporción infinitesimal (1) porque la criatura no podría contener al Creador; mas esa parte es, en su  infinitesimalidad, completa y perfecta. ■ ¡Cuán grande el tesoro de inteligencia que dio Dios al hombre, a Adán! La culpa la ha disminuido, pero mi Sacrificio la reintegra, y os abre los fulgores de la Inteligencia, sus ríos, su ciencia. ¡Oh sublimidad de la mente humana unida a Dios por la Gracia, copartícipe de la capacidad de Dios de conocer!… De la mente humana unida a Dios por la Gracia. No hay otro modo; que lo tengan presente los que curiosamente quieren conocer los secretos ultrahumanos, o sea, que están más allá del alcance humano. Todo conocimiento que no viene de un alma  en gracia —y no está en gracia aquel que se manifiesta contrario a la Ley de Dios, cuyos preceptos son muy claros— solo puede venir de Satanás, y difícilmente corresponde a verdad por lo que se refiere a cuestiones humanas, y nunca responde a verdad, por lo que respecta a lo sobrehumano, porque el Demonio es padre de la mentira y a quien arrastra consigo le lleva por el sendero de la mentira. No existe ningún otro método para conocer la verdad, sino el que viene de Dios. Y Dios habla y dice o hace recordar, del mismo modo como un padre a un hijo le hace recordar la casa paterna y dice: «¿Te acuerdas cuando conmigo hacías esto, veías aquello, oías aquello otro? ¿Te acuerdas cuando yo te despedía con un beso? ¿Te acuerdas cuando me viste por primera vez, cuando viste mi radiante rostro reflejado en tu alma virgen, instantes antes creada y aún exenta —acababas de salir de Mí— de la tara que después te menguó? ¿Te acuerdas de cuando comprendiste en un latido de amor lo que es el Amor y cuál es el misterio de nuestro Ser y Proceder?». Y cuando la capacidad limitada del hombre en gracia no llega a comprender, entonces el Espíritu de ciencia habla y enseña. ■ Pero para poseer al Espíritu es menester la Gracia. Para poseer la Verdad y la Ciencia es necesaria la Gracia. Y para tener consigo al Padre es necesaria la Gracia, Tabernáculo en que las Tres Personas hacen morada, Propiciatorio sobre el que se posa el Eterno y habla, no desde dentro de la nube, sino descubriendo su Rostro al hijo fiel. Los santos tienen el recuerdo de Dios, de las palabras oídas en la Mente Creadora y resucitadas por la Bondad de nuevo en su corazón para elevarlos como águilas en la contemplación de la Verdad, en el conocimiento del Tiempo”.
* María, mirando en su interior, descubría las palabras de Ciencia y recordaba, como todos los santos. Si no recordaba todo, se debía a que Dios deja lagunas”.-Jesús: “María era la Llena de Gracia. Toda la Gracia Una y Trina estaba en Ella. Toda la Gracia Una y Trina la preparaba como Esposa para la boda, como Tálamo para la Prole, como Divina para su Maternidad y su misión. Ella es la que cierra el ciclo de las profetisas del Antiguo Testamento y abre el de los «portavoces de Dios» en el Nuevo Testamento. ■ Verdadera Arca de la Palabra de Dios, mirando en su interior eternamente inviolado, descubría, trazadas por el dedo de Dios sobre su corazón inmaculado, las palabras de Ciencia eterna, y recordaba, como todos los santos, haberlas oído antes cuando Dios la creó con su espíritu inmortal, Dios creador de todo cuanto tiene vida. Y, si no recordaba todo, de su futura misión, se debía a que en toda perfección humana Dios deja algunas lagunas, por ley de una divina prudencia que es bondad y mérito para y hacia la criatura humana. María, la segunda Eva, tuvo que conquistarse su parte de mérito de ser la Madre del Mesías; con una fiel, buena voluntad. Esto quiso también Dios en su Mesías para hacerle Redentor. El espíritu de María estaba en el Cielo. Su parte moral y su carne estaban en la tierra, y tenían que pisotear tierra y carne para llegar hasta el espíritu y unirlo al Espíritu en un abrazo fecundo”. (Escrito el 2 de Septiembre de 1944).
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1  Nota  : “Os la da en parte infinitesimal”. Esta y semejantes expresiones, que aparecen en el presente capítulo, deben entenderse no en sentido panteístico —pues se habla de “Creador” y “criatura”, de “Padre” e “hijos”— sino en el que usan los místicos, y en el restringido de los teólogos, de “participación de Dios”.
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2-83-28 (2-47-507).- ¿El efecto de una bendición dura siempre?
* “La bendición produce sus efectos y dura si el hombre permanece fiel a la Ley de Dios y a mi Doctrina”.- ■ Jesús está en el campo, en una zona de tierras opimas: magníficos árboles frutales, viñedos espléndidos con racimos que tienden ya a colorearse de oro y de rubí… Está sentado bajo un árbol y come fruta que le ofreció un campesino. Tal vez poco antes ha estado hablando porque el labrador dice: “Me alegro de poder aliviar tu sed, Maestro. Tu discípulo nos había hablado ya de tu sabiduría, pero aun así nos hemos quedado sorprendidos al escucharte. Cerca como estamos de la Ciudad santa, frecuentemente vamos a ella a vender frutas y verduras. Se sube entonces también al Templo y se escucha a los rabíes. Pero no hablan, no, como Tú. Uno vuelve diciendo: «Si es así, ¿quién se salva?». Tú, por el contrario… ¡oh, a uno le parece sentir el corazón aligerado! Un corazón que vuelve a ser niño, sin que uno pierda la edad. Soy un tonto… no sé explicarme. Pero Tú me entiendes”. Jesús: “Sí te entiendo. Quieres decir que, con el conocimiento maduro de las cosas, propio de quien es adulto, sientes, después de haber escuchado la Palabra de Dios, que la simplicidad, la fe, la pureza te renacen en el corazón, y te parece como si volvieras a ser niño, sin culpas ni malicia, con mucha fe, como cuando de la mano de tu madre subías por primera vez al Templo o rezabas sobre sus rodillas. ¿Es esto lo que querías decir?”. Campesino: “Exactamente esto. Felices vosotros que siempre estáis con Él”, y  lo dice dirigiéndose a Juan, Simón y Judas Iscariote que comen sentados sobre una pequeña tapia, higos sabrosos. ■ Y termina: “Y dichoso yo por haberte hospedado durante una noche. Yo no temo ninguna desgracia en mi casa, porque tu bendición ha entrado en ella”. Jesús responde: “La bendición produce sus efectos y dura si los corazones permanecen fieles a la Ley de Dios y a mi  doctrina; en caso contrario, la gracia cesa. Y es justo, porque, si es verdad que Dios da sol y aire tanto a los buenos como a los malos para que vivan (y, si son buenos, se hagan mejores, y, si son malos, se conviertan), es justo también que la protección del Padre se retire para castigo del malvado, para moverle con sufrimientos a acordarse de Dios”. (Escrito el 20 de Enero de 1945).
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(<Jesús y discípulos han dejado «Aguas Claras» donde han bautizado como bautiza Juan el Bautista. Van hacia Galilea>)

2-142-380 (3-2-11).- “Por la Gracia el hombre quedará restablecido como «hijo de Dios» y obrará lo que Dios obra, porque tendrá a Dios consigo”.
* Se acerca el momento en que una impalpable cosa, invisible, será reina, la «restablecida» reina, pudiente y santa. La Gracia: ésta es la reina que está volviendo”.-Jesús dice: “Yo he bautizado, es más, os he puesto a bautizar, porque tan pe­sado es, ahora, el espíritu, que es necesario presentarle formas ma­teriales de piedad, de milagro y de enseñanza. Por causa de esta pe­santez espiritual tendré que recurrir a la ayuda de cosas materiales cuando quiera que obréis milagros. Pero, creedlo, no estará en el aceite, ni en el agua, ni en ceremonias, la prueba de la santidad. Se acerca el momento en que una impalpable cosa, invisible, inconcebi­ble para los materialistas, será reina, la «restablecida» reina, pu­diente en todo lo santo, santa en toda cosa santa. Por ella el hombre quedará restablecido como «hijo de Dios» y obrará lo que Dios obra, porque tendrá a Dios consigo. La Gracia: ésta es la reina que está volviendo”.
* Entonces el bautismo será sacramento.-Jesús: “Entonces el bau­tismo será sacramento. Entonces el hombre hablará y comprenderá el lenguaje de Dios, y la Gracia dará vida y Vida, dará poder de cien­cia y de potencia; entonces… ¡oh! ¡entonces!… Mas todavía no tenéis la madurez suficiente para comprender lo que os va a conceder la Gracia. Os ruego que ayudéis su venida con una continua obra de formación de vosotros mismos, y que abandonéis las cosas inútiles propias de hombres mezquinos”. (Escrito el 21 de Abril de 1945).
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(<En el 2º día del sermón de la montaña, previo a las bienaventuranzas, Jesús recuerda a la gente con qué dones había enriquecido Dios al hombre>) 
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3-170-68 (3-30-155).- La Gracia santificante, es la vida del alma, es esa cosa espiritualísima, depositada en la espiritual alma nuestra, que nos hace hijos de Dios”.
* “¿Qué cosa es esta Gracia que santifica, que da Vida y Reino? ¡No empleéis muchas palabras: la Gracia es amor! Por esto, la Gracia es Dios  Es Dios quien, al admirarse a Sí mismo en la criatura creada perfecta, se ama, se contempla, se desea, se da a Sí mismo lo que es suyo para multiplicar esta riqueza suya, para gozarse de esta multiplicación, para amarse con cuantos son otros como Él mismo”.- ■ Dice Jesús: “Los más doctos entre vosotros saben con qué dones había Dios enriquecido a Adán, y en él a sus descendientes (1) Aun los menos instruidos de entre los hijos de Israel saben que en nosotros hay un alma. Solo los pobres paganos ignoran la existencia de este huésped regio, este soplo vital, esta luz celestial que santifica y vivifica nuestro cuerpo. Ahora bien, los más doctos saben qué dones habían sido dados al hombre, a su alma. No fue menos espléndido con el espíritu que con el cuerpo y la sangre de la criatura creada por Él con un poco de barro y su aliento. ■ De la misma forma que otorgó los dones naturales de belleza e integridad, inteligencia y voluntad, de capacidad de ser amado y de amar, así también otorgó los dones morales con sujeción de los sentidos a la razón, siendo así que en la libertad y dominio de sí y de la propia voluntad, con que Dios había favorecido a Adán, no se introducía la maligna tiranía de los sentidos y pasiones: libre era el amarse y el desear y el gozar rectamente, en justicia, sin eso que os hace esclavos al sentir el aguijón del veneno que Satanás esparció y que se extravasa, que os esclaviza sacándoos del cauce limpio para llevaros a cenagosos campos, a pantanos putrefactos, donde fermentan las fiebres de los sentidos carnales y morales; pues habéis de saber que es sensualidad incluso la concupiscencia del pensamiento. ■ Recibieron también dones sobrenaturales, o sea, la Gracia santificante, el destino superior, la visión de Dios. La Gracia santificante es la vida del alma, es esa cosa espiritualísima depositada en la espiritual alma nuestra. Nos hace hijos de Dios porque nos preserva de la muerte del pecado y quien no está muerto «vive» en la casa del Padre, o sea, el Paraíso; en mi Reino, es decir, el Cielo. ¿Qué es esta Gracia que santifica, que da Vida y Reino? ¡Oh, no empleéis muchas palabras… la Gracia es amor! Por esto, la Gracia es Dios. Es Dios quien, al admirarse a Sí mismo en la criatura creada perfecta, se ama, se contempla, se desea, se da a Sí mismo lo que es suyo para multiplicar esta riqueza suya, para gozarse de esta multiplicación, para amarse con cuantos son otros como Él mismo (2). ¡Oh hijos, no despojéis a Dios de este derecho suyo, no le robéis esta riqueza suya, no defraudéis este deseo de Dios! Pensad que Él obra por amor. Aunque vosotros no existieseis, Él sería en cualquier caso el Infinito, su poder no se vería disminuido; mas Él, a pesar de ser completo en su medida infinita, inconmensurable, quiere, no para Sí y en Sí —no podría porque ya es el Infinito— sino para la Creación, criatura suya, aumentar el amor en proporción de todas las criaturas contenidas en ella; y es así que os da la Gracia: el Amor, para que vosotros, en vosotros, lo llevéis a la perfección de los santos, y vertáis este tesoro —sacado del tesoro que Dios os ha otorgado con su Gracia, y aumentado con todas vuestras obras santas, con toda vuestra vida heroica de santos— en el Océano infinito donde Dios está: en el Cielo. ■ ¡Divinos, divinos pozos del Amor! Eso sois vosotros, y no conocerá la muerte vuestro ser, porque sois eternos como Dios, siendo así que sois dioses (3); vosotros seréis, y no se pondrá término a vuestro ser, porque sois inmortales como los espíritus santos que os han supernutrido, volviendo a vosotros enriquecidos con los propios méritos: vivís y nutrís, vivís y enriquecéis, vivís y formáis esa cosa santísima que es la Comunión de los espíritus, desde Dios, Espíritu perfectísimo, hasta el niño recién nacido que por vez primera mama del seno materno. No me critiquéis en vuestro corazón, ¡vosotros doctos! No digáis: «Está fuera de sí, habla como un desquiciado, como un mentiroso, cuando dice que la Gracia está en nosotros, siendo así que por la Culpa estamos privados de ella; miente al decir que ya somos uno con Dios». Sí, la culpa existe, como también existe separación. Pero, ante el poder del Redentor, la Culpa, separación cruel que vino a introducirse entre el Padre y los hijos, caerá como columna sacudida por el nuevo Sansón (4); ya la he aferrado, ya la remuevo violentamente, ya vacila, ya Satanás tiembla de ira, y de impotencia, al no poder nada contra mi poder, al sentirse arrebatar tantas presas y hacérsele más difícil arrastrar al hombre al pecado. En efecto, una vez que os haya llevado a mi Padre a través de Mí, una vez que, al empaparos mi Sangre y mi dolor, hayáis quedado purificados y fortalecidos, la Gracia renacerá en vosotros, se despertará de nuevo, recuperará su poder, y seréis vencedores… si queréis. ■ Dios no fuerza vuestro pensamiento y ni tampoco os fuerza a santificaros. Sois libres. Lo que hace es daros de nuevo la fuerza, devolviendo la libertad respecto al dominio de Satanás. Os toca a vosotros ahora el colocaros otra vez el yugo infernal o ponerle alas angelicales a vuestra alma. Yo, vuestro hermano, os guiaré y nutriré con el alimento inmortal”. (Escrito el 24 de Mayo de 1945).
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1  Nota  : Cfr. Gén. 1,26-2,25;  5,1-2; Job. 33,4;  Sal. 8,5-9; Ecle. 12,7; Sab.  2,23;  9,2-3; 10,1-2; Eclo. 17,1-14.   2  Nota  : Justamente,  S. Tomás de Aquino dice  que  Dios no habría podido haber hecho cosas más grandes que las tres que hizo: La Encarnación de su Hijo, la Maternidad de la Virgen, y la “Deificación” del alma humana. Y S. Agustín dice: “las almas se asocian divinamente, por medio del Padre, al misterio de la generación eterna, y por medio del Padre y del Hijo a la inspiración” del Espíritu Santo. Por lo tanto el alma deificada con la gracia divinizada es para participar con las tres Personas, y esto es la obra maestra del Amor Infinito que nos eleva de nuestro estado de criaturas naturales, al de criaturas divinizadas.   3  Nota  : “¡Divinos, divinos pozos del Amor!  Eso sois vosotros, y no conocerá la muerte vuestro ser, porque sois eternos como Dios, siendo así que sois dioses”. Cfr. Sal. 81,6; 2 Pedro 1,4; Rom. 8,16. Lo anterior como lo que sigue debe leerse detenidamente. El sentido general, bajo la luz de textos bíblicos, es: “Dios es Amor, y mediante la divina gracia NOS  HACE PARTÍCIPES DE SU NATURALEZA, esto es, de su eterno amor: eterno amor que debemos conservar como un pozo, para aumentarlo con el amor nuestro, así como se aumentan las riquezas por medio de los negocios”.   4  Nota  : Cfr. Jue. 16, 22-31.
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(<Están en Rama, ciudad del apóstol Tomás, la ciudad donde viven sus padres y hermanos. La comitiva de Jesús está formada por su Madre, apóstoles, discípulos y discípulas. Van a la casa de la hermana de Tomás. Es la casa característica israelita de familias acomodadas. Hoy el portón está abierto y los de casa están en fila en el atrio saludando a Jesús. Allí están entre otros los padres de Tomás y su hermana con su marido. Aparecen también los niños de la casa>)
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5-363-432 (6-53-336).- En Rama, en casa de la hermana de Tomas. ¿La bendición hace justos?
* La bendición de Jacob, la bendición mosaica y la bendición de Jesús.- ■ Finalmente, puede entrar en medio de los saludos respetuosos de los adultos. Los que más me llaman la atención son los del padre de Tomás, que es un anciano típicamente judío, a quien Jesús invita y ayuda a levantarse, y luego le besa “para agradecerle su generosidad de haberle dado un apóstol”. El anciano, con voz un poco trémula, sacudida por la emoción, le dice: “¡Oh, Dios me ha amado más que a cualquier otro en Israel, porque mientras todo hebreo tiene un varón, el primogénito, consagrado al Señor, yo tengo dos: el primero y el último! Y la consagración del último es incluso mayor, porque, sin ser levita ni sacerdote, hace lo que ni siquiera el Sumo sacerdote hace: ve constantemente a Dios y recibe sus órdenes”. Y concluye: “Dime solo una cosa para que mi corazón esté contento del todo. Tú que nunca mientes, dime: ¿este hijo, por la manera como te sigue ¿es digno de servirte y de merecer la vida eterna?”. Jesús: “Quédate tranquilo, padre. Tu Toma ocupa un gran lugar en el corazón de Dios por el modo como se comporta, y tendrá un gran lugar en el Cielo por el modo como servirá a Dios hasta su último aliento”. Tomás abre su boca como un pez, de la emoción por lo que acaba de oír. ■ El anciano levanta sus temblorosas manos, mientras por sus profundas arrugas bajan lágrimas que van a perderse dentro de su barba patriarcal y dice: “Descienda sobre ti la bendición de Jacob; la bendición del patriarca al más justo de sus hijos (1); ¡El Omnipotente te bendiga con las bendiciones del Cielo, que está arriba, con las bendiciones del abismo, que está debajo, con las bendiciones en tus animales y cosas! Las bendiciones de tu padre sobrepujen las de mis padres, y, hasta que no venga el deseado de los collados eternos, desciendan sobre la cabeza de Tomás, sobre la cabeza del que es nazareo (2) entre sus hermanos!”. Todos responden: “Así sea”. ■ El anciano, señalando a los niños, dice: “Y ahora bendice Tú, Señor, esta casa, y, sobre todo, a estos que son sangre de mi sangre”. Jesús abre sus brazos, pronuncia la bendición mosaica (3) y la alarga diciendo: “Dios, en cuya presencia caminaron vuestros padres, Dios que me cuida desde mi adolescencia hasta el día de hoy, que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños, lleven ellos mi Nombre y también los nombres de mis padres y se multipliquen copiosamente sobre la tierra” y termina, tomando de los brazos de su madre al último nacido, con estas palabras: “Desciendan sobre ti como miel y mantequilla, las virtudes selectas que habitaron en el Justo cuyo nombre llevas, y lo hagan pingüe como palma de dorados dátiles y como cedro de majestuosa fronda, para los Cielos”. ■ Todos los presentes están conmovidos y extáticos. Pero luego un grito de alegría sale de todas las bocas y acompaña a Jesús, que entra en la casa  y no se detiene hasta llegar al patio, donde hace la presentación de su Madre, de las discípulas, de los apóstoles y discípulos, a los huéspedes.

(Jesús, acompañado de algunos discípulos, apóstoles y de todos los parientes varones de Tomás, acaba de visitar algunas viñas de la familia de Tomás)

* No serán justos por la bendición sino por sus acciones. Mi bendición le ha dado fuerza para robustecerlos en sus acciones”. ■ Salen de la viña para regresar al pueblo. La noticia de que Jesús de Nazaret está aquí se ha propagado y los de Rama están por las calles con deseos de acercarse. Jesús lo ve y dice a Tomás: “¿Por qué no se acercan? ¿Me tienen acaso miedo? Diles que les amo”. ¡Tomás no espera que se lo repita dos veces! Va de uno a otro corrillo, tan ligero que parece una mariposa volando de flor en flor. Y aquellos que oyen la invitación tampoco esperan a que se lo digan dos veces. Todos pasan la voz y, corriendo, van al encuentro de Jesús; de modo que, llegados al cruce donde está la casa de Tomás, hay ya una discreta aglomeración de personas que respetuosamente habla con los apóstoles y con los familiares de Tomás, preguntando esto o aquello. Comprendo que Tomás ha trabajado mucho durante los meses de invierno y que el pueblo conoce mucho de la doctrina evangélica. Pero quieren una explicación más detallada, ■ y uno, que se ha quedado impresionado por la bendición que Jesús ha dado a los niños de la casa que le hospeda, y por cuanto ha dicho de Tomás, pregunta: “¿Entonces por esta bendición tuya todos serán justos?”. Jesús: “No por la bendición, sino por sus acciones. Les he dado la fuerza de mi bendición para robustecerlos en sus acciones. Pero toca a ellos el realizar las acciones, y que éstas sean sólo acciones justas, para conseguir el Cielo. Yo bendigo a todos… pero no todos los de Israel se salvarán”. Y Tomás, en tono de queja, dice: “Aún más, pocos serán los que se salven, si continúan como hasta ahora”. “¿Qué dices?”. Tomás, con su fuerte vozarrón, responde: “La verdad. Quien persigue al Mesías y le calumnia, quien no practica lo que Él enseña, no tendrá parte en su Reino”. (Escrito el 17 de Septiembre de 1945).
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1  Nota  : Cfr.  Gén. 49,25-26.   2  Nota  : Cfr.  Núm. 6.   3  Nota  : Cfr.  Núm. 6,22.27.
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(<Jesús acaba de despedir a la mujer sorprendida en adulterio [pasaje relatado en Ju. 8,1-11, y en la Obra en el episodio 7-494-422 en el tema “Pureza-Castidad”], una vez de haber hablado en privado con ella>)
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7-494-426 (9-190-410).- “No condené a la adúltera mas tampoco recibió mi paz ni mi bendición”.
* Por qué no le di ni la paz ni la bendición… No fui salvador para todos. Éste fue uno de los dardos más penetrantes de mi agonía del Getsemaní”.- ■ Dice Jesús: “Señalo a la culpable el camino que tiene que seguir para redimirse: volver a su casa, pedir humildemente perdón y obtenerlo con una vida honesta, no volver a ceder a las tentaciones de la carne, no abusar de la bondad divina y de la bondad humana, para no pagar después más duramente que entonces la dúplice o múltiple culpa. Dios perdona y perdona porque es la Bondad. Pero el hombre por más que Yo haya dicho: «Perdona a tu hermano setenta veces siete», no sabe perdonar dos veces. ■ No le di la paz ni la bendición, porque no existía en ella todavía aquella completa separación de su pecado, y ello se requiere para ser perdonados. Todavía no existía en su carne, y ni siquiera en su corazón, la náusea por el pecado. María de Magdala, al haber saboreado mi palabra, había experimentado repulsa por el pecado y había venido a Mí con la voluntad total de ser otra. En ésta otra había todavía vacilación entre las voces de la carne y las del espíritu. Y, además, en medio de la turbación del momento, no había podido poner todavía el hacha contra la raíz de su carne y cortarla para ir, mutilado su peso de avidez, al Reino de Dios; mutilado lo que significa destrucción, pero crecido en ella  lo que significa salvación. ■ ¿Quieres saber si luego se salvó? No fui para todos Salvador. Quise serlo para todos, pero no lo fui, porque no todos tuvieron la voluntad de ser salvados. Y éste fue uno de los más penetrantes dardos en mi agonía del Getsemaní. Quédate en paz, María”. (Escrito el 20 de Marzo de 1944).
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.                             b) Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»
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Hora, 4,30 de la mañana

43-58.- La Gracia, en su naturaleza y en sus efectos.
*La gracia, en suma, es poseernos a Nosotros, Dios Uno y Trino, y tener en torno a vuestra per­sona mortal a los coros de los ángeles que nos adoran en vosotros”.- ■ Dice Jesús: “Hoy quiero hablarte de la «gracia». Verás que dice relación con los otros temas aunque a ti, a primera vista, no te lo parezca. Estás, pobre María, un tanto cansada; mas, escribe por ello. Estas lecciones te servirán para los días de ayuno en los que Yo, tu Maestro, no te hablaré. ¿Qué es la gracia? Lo has estudiado y explicado muchas veces. Mas Yo te o quiero explicar a mi manera en su naturaleza y en sus efectos. ■ La gracia es poseer en vosotros la luz, la fortaleza, la sabiduría de Dios. O sea: poseer la semejanza intelectual con Dios, signo inconfundible de vuestra filiación divina. Sin la gracia seríais simplemente criaturas animales, lle­gadas a un punto tal de evolución que estaríais provistas de razón, con un alma, pero un alma a nivel de la tierra, con capacidad para desenvolverse en las contingencias de la vida terrena, pero incapaz de remontarse a las regiones en las que se vive la vida del espíritu. Por consiguiente, poco más que los brutos, los cuales se rigen únicamente por el instinto y os superan, en verdad, muy a menudo, en su modo de comportarse. ■ La gracia es pues un don sublime, el don más grande que Dios, mi Padre, podía daros. Y os lo da gratuitamente porque su amor de Padre hacia vosotros es infinito, como infinito es Él mismo. El querer enumerar todos los atributos de la gracia equivaldría a escribir una larga lista de adjetivos y sustantivos y, con todo, no explicaría cumplidamente lo que es este don. Recuerda esto solo: la gracia es poseer al Padre, vivir en el Padre; la gracia es poseer al Hijo, gozar de los méritos infinitos del Hijo; la gracia es poseer al Espíritu Santo, dis­frutar de sus siete dones. La gracia, en suma, es poseernos a Nosotros, Dios Uno y Trino y tener en torno a vuestra per­sona mortal a los coros de los ángeles que nos adoran en vosotros. ■ Un alma que pierde la gracia, pierde todo. Para ella inútilmente la creó el Padre, para ella inútilmente la redimió el Hijo; para ella inútilmente le infundió sus dones el Espí­ritu Santo; para ella inútilmente existen los Sacramentos. Está muerta. Es rama podrida que, bajo la acción corrosiva del pecado, se desgaja, cae del árbol vital y acaba corrom­piéndose en el fango. ■ Si un alma supiera conservarse del modo que se encuentra después del Bautismo y de la Confir­mación, o sea, cuando ella está literalmente embebida por la gracia, esa alma sería poco inferior a Dios. Esto te lo di­ce todo”.
* “Mas para ser míos es preciso vivir mi Vida, es decir, la vida de la gracia… El pecado mortal destruye lagracia, el venial la resquebraja y las imperfecciones la debilitan”.-Jesús: “Cuando leéis los prodigios de mis santos, os admiráis. Mas, querida mía, no hay por qué admirarse. Mis santos eran criaturas que poseían la gracia, eran, por tanto dioses, ya que la gracia os deifica. ¿Acaso no dije en mi Evangelio que los míos harán los mismos prodigios que Yo hago? Mas para ser míos es preciso vivir mi Vida, es decir, la vida de la gracia. Si lo quisierais, todos podríais ser capaces de obrar pro­digios, esto es, de santidad. Yo querría ciertamente que lo fueseis porque entonces ello significaría que mi sacrificio ha­bía sido coronado con la victoria y que Yo os había arran­cado realmente del imperio del Maligno, relegándolo a su Infierno, cerrando su boca con un losa inamovible y ponien­do sobre ella el trono de mi Madre que fue la única que tiene su talón sobre el dragón, impotente para dañarle. ■ No todas las almas en gracia la poseen en igual medida. No porque Nosotros se la infundamos en medida diversa sino porque la sabéis conservar en vosotros de modo dis­tinto. El pecado mortal destruye la gracia, el venial la resquebraja y las imperfecciones la debilitan. Hay almas, no del todo depravadas, que languidecen en una tisis espiritual por­que, con su inercia que las empuja a cometer continuas imperfecciones, sutilizan cada vez más la gracia hasta dejarla convertida en un hilo delgadísimo, en una llamita mortecina, cuando debería ser un fuego, un vivo incendio, bello, purifi­cador. El mundo se desmorona porque se desmorona la gra­cia en la casi totalidad de las almas y en las restantes languidece. ■ La gracia da frutos diversos según que está más o menos viva en vuestro corazón. Una tierra es tanto más fértil cuan­to más rica de elementos y beneficiada está por el sol, el agua y las corrientes de aire. Hay tierras estériles, magras, que en vano son rociadas por el agua, caldeadas por el sol y recorridas por los vientos. Lo mismo ocurre con las almas. Hay almas que con el mayor empeño acumulan elementos vitales y así alcanzan a disfrutar en un cien por ciento de los efectos de la gracia. ■ Los elementos vitales son: vivir conforme a mi Ley, cas­tos, misericordiosos, humildes, amantes de Dios y del pró­jimo, esto es, vivir de la oración «viva». La gracia entonces crece, florece, echa raíces profundas y se eleva hasta hacerse un árbol de vida eterna. Entonces el Espíritu Santo, como un sol, os inunda con sus siete rayos, con sus siete dones; entonces Yo, Hijo, os empapo con la lluvia divina de mi Sangre; entonces el Padre os mira con complacencia viendo en vosotros su semejanza; entonces María os acaricia estre­chándoos en su seno que, al igual que me llevó a Mí, lleva a sus hijitos menores pero queridos, queridos para su Cora­zón; entonces los nueve coros angélicos hacen corona a vues­tra alma, templo de Dios, y cantan el «Gloria» sublime; entonces vuestra muerte es Vida y vuestra Vida es bienaven­turanza en mi Reino”. (Escrito el 6 de Junio de 1943).
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43-398.- “La Gracia no le guió a Herodes pues no la poseía… Por eso, es necesario vivir en Gracia para no errar”.
* “Herodes obró así porque la fuerza del espíritu quedó lesionada con el pecado que despoja la Gracia”.- ■ Dice Jesús: “Una de las perniciosísimas imprudencias, y acaso la más común entre los hombres, es la de prometer sin reflexionar. ¡Cuántas promesas bajo juramento no hacen los hombres, con irreflexión primero y con ligereza después, que no cumplen! Y ¡cuánto mal no viene al mundo por ello! Votos sagrados que no se observan al negarse la criatura a seguir aquella vocación que, en principio, se presentó a su mente tomando por llamada de Dios un sentimentalismo del corazón. Uniones matrimoniales convertidas en sacrílegas separaciones porque, ante la realidad de la convivencia, el más débil e irreflexivo de los dos hácese perjuro. Desengaños proporcionados a los amigos que creían en vuestra promesa. Y lo que es más grave, convulsiones provocadas por imprudencias de gobernantes irreflexivos, los cuales, como árbitro de sus pueblos, conciertan en su nombre alianzas que más tarde resultan un tributo de sangre para su pueblo y para el otro, ya sea porque obligan a sus súbditos a combatir a favor del aliado o bien porque, con perjura audacia, rompen la alianza antes estipulada que resulta imposible mantener convirtiéndose de este modo en enemigos. ■ ¿Cómo puede el hombre, dotado de una inteligencia superior, don directo de Dios, obrar con tanta bestial irreflexión? Porque en él quedó lesionada o suprimida del todo la fuerza del espíritu con el pecado que despoja de la Gracia. ■ Mira, María. Veamos justos el episodio en que Herodes hace degollar a mi primo y precursor y analicémoslo conforme a mi modo de ver, tan diferente del de los hombres. Mucho se habla de este episodio desde los púlpitos de mis Iglesias. Mas los comentadores, irreflexivos, como el propio Herodes, se aferran al «No te es lícito» sin extraer del episodio otras enseñanzas que tan útiles serían a las almas. Narra Marcos (Cp. 6,21-27) cómo Herodes fue juguete de su propia irreflexión. Él, llevado de una complacencia sensual, habíale jurado a la mozuela darle todo cuanto le pidiese. Y dice el evangelista que, al saber lo que se le pedía, se entristeció, ya que Herodes, en el fondo, respetaba a mi primo cuya heroica santidad había reconocido así como su inteligencia sobrenatural a la que recurría para su ilustración. Mas la promesa hecha ha de ser cumplida sobre todo si ésta es de un rey y hecha ante toda la corte. Y así, la cabeza del más santo de entre los hombres —pues fue santificado antes de nacer por el abrazo de la Portadora de Dios: mi Madre santísima, llena de Espíritu Santo— cayó por un estúpido juramento del rey. ¿Cómo pudo hacer esto Herodes? Porque no estaba en él la Gracia. Le tenía Satanás por obra del pecado. Y cuando Satanás tiene a un hombre, éste se hace ciego y sordo a las luces y a las voces del Espíritu de Dios, el cual es inspirador de las acciones de los hombres no aconsejando sino actos de justicia y de santidad”.
* Vivid en Gracia si no queréis errar”.-Jesús: “¿Veis la necesidad, digo «necesidad», de vivir en Gracia? Hombres que os afanáis en adquirir y conservar las riquezas perecederas, ¿cómo no os afanáis por conservar en vosotros esta inmensa riqueza sobrenatural de la Gracia? De la Gracia que os mantiene en contacto con Dios y os nutre con sus luces como a niños por nacer en el seno de la madre a través de las fibras que los unen a ella. En efecto, sois seres por nacer a la Vida del Cielo que no es ésta que vivís sobre la tierra durante la jornada mortal. Esta es tan sólo formación de vuestro futuro ser de vivientes eternos. La humana existencia es la gestación que os va formando para daros la Luz verdadera y no la pobre luz caliginosa de esta tierra. Yo os llevo en Mí como una madre que forma a su criatura. Os rodeo y resguardo conmigo mismo, os nutro con mi alimento para haceros nacer inmortales en aquella hora a la que vosotros llamáis «muerte» y es tan sólo «tránsito». Tránsito de una fase incompleta a la completa, de la incomunicación en un limitado espacio a la libertad sin confines, de las tinieblas a la luz, de las caricias contenidas al abrazo absoluto del alma con su Genitor.  Esto es lo que vosotros llamáis «morir». Vosotros que, con vuestro saber orgulloso, aún no sabéis dar a las cosas su justo nombre y, cual niños de pocos años, las llamáis con nombres equivocados. ■ Voy a enseñaros Yo qué es la «muerte» y quiénes son los «muertos». «Muerte» es separarse de Dios, como ser por nacer que se separa prematuramente del órgano materno y se pudre en el álveo que lo expulsa con dolor. «Muertos» son aquellos que, por ser así expulsados, en nada difieren de los despojos de un animal que se descompone expuesto al sol y a la lluvia a lo largo de cualquier carretera de la tierra, siendo objeto de asco para quien lo ve. Esto es de verdad «muerte». Esto es estar «muertos». El pecado es lo que os separa de Dios y os convierte en putrefaciente carne corrompida, pasto de Satanás que os envenenó para devoraros como presa de su hambre de devorador de almas y enemigo de Dios Creador de las mismas. ■ ¿Cómo podía y cómo va a poder el Espíritu de Luz y de Caridad ser guía para Herodes y para tantísimos Herodes como hay siempre sobre la tierra cuando su pecado les aparta de Dios? En verdad os digo que la base de todos los yerros que se cometen sobre la tierra está en el pecado que aparta al hombre de la Gracia. Vivid en Gracia si no queréis errar. De este modo, como niños sostenidos por el velo de su madre, caminaréis por entre las vicisitudes de la tierra sin caer en los lazos del mundo y del amo del mundo que repudió al Amo santo y verdadero que es Dios. Así, como los que están por nacer que se forman y crecen en el seno materno, alcanzaréis el pleno desarrollo para ir a la vida del Cielo. Así, Yo Sangre tres veces santa, circularé en vosotros y os nutriré de Mí hasta el punto que mi Padre y vuestro, al estrecharos contra su seno, ya no distinguirá vuestro ser de hijos de Adán y os llamará «hijos». Hijos como Yo, su Verbo, puesto que la Sangre del Verbo estará en vosotros y, al abrazaros el Padre Santo, abrazará a su propio Hijo, hecho hombre para daros la Vida. Y, por último, el Eterno Espíritu, al entrar en la Vida, os saluda con sus destellos de su Luz porque reconocerá en vosotros a una parte de Sí que retorna al Manantial divino del que brotó. ■ ¡Oh día santo y feliz el de vuestro nacimiento para el Cielo! ¡Día que el Dios Uno y Trino está anhelando que llegue para vosotros! ¡Oh felicidad que tengo preparada para los hombres! ¡Animo queridos míos! La vida de la tierra es el tiempo que os concedo para acceder a la Vida verdadera y, por larga y penosa que pueda ser, es un instante que huye respecto de mi eternidad. Eternidad que os prometo y tengo reservada para vosotros. Joya que os conquisté con mi dolor. Vivid en Mí y de Mí, hijos a los que amo. La dicha que os espera es sin medida como la gloria de Dios”. (Escrito el 10 de Octubre de 1943).
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(<La Virgen María va describiendo los diferentes dolores de su vida. Va a hablar ahora del episodio de Lc. 2,41-50 donde se refiere cómo Jesús a los 12 años de edad, tras una angustiosa búsqueda, fue encontrado por su padre y madre entre los doctores>)
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44-370.- “El pecador muerto a la Gracia no es feliz… sentirá su condición de separado de Dios”.
* “Dios, cuando muere la Gracia, se desvanece y cuando lleva a un alma a una Gracia mayor, se esconde” (abandono de Dios).- ■ Dice María Virgen recordando este hecho: “Mira, Yo buscaba a Jesús, extraviado, no por mi culpa o la de mi esposo. Mi Niño quiso hacer aquello para lanzar su primera llamada a los corazones diciéndoles: «La hora de Dios ha llegado». Mas de entre los millones de seres que habrían de existir, ¡cuántos no habrían de perder a Dios! Se le pierde bien por culpa propia o por un querer suyo. Cuando muere la Gracia se desvanece Dios y cuando Dios quiere llevar a un alma a una Gracia mucho mayor, entonces Él se esconde. En uno como en otro caso, esto es la desolación. ■ El pecador muerto a la Gracia no es feliz. Parece que lo sea, pero no lo es. Y si bien tiene momentos de embriaguez que no le dejan conocer su estado, nunca faltan horas en las que un suceso de la vida le hace sentir su condición de separado de Dios. Entonces es cuando le llega la desolación, esa tortura que Dios hace gustar a sus predilectos para que sean como su Verbo: salvadores. Qué sea esto, tú lo sabes. ¡El abandono de Dios! ¡Un horror más grande que la muerte! (1). Y si es horror para aquellos en los que únicamente constituye «prueba», piensa y medita qué haya de ser para quienes constituye auténtica realidad. ■ Mi tercer dolor fue por ver cómo tantos habrían de tener que beber de este cáliz para perpetuar la obra redentora y, aún más amargo que esto, por ver a muchísimos perecer en la desesperación.  ¡María! ¡Si los hombres supiesen siempre buscar a Jesús! Entonces la planta de la desesperación dejaría de rezumar su tóxico desapareciendo para siempre”. (Escrito el 20 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Se refiere al abandono de Dios sufrido por María Valtorta,  durante 40 días,  desde el 9 de Abril hasta el 17 de Mayo de 1944. Descrito en el tema “Dios-Reino de Dios” en 10 episodios, comenzando en el episodio 44-325.
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44-500.- Por qué la Gracia es de vital importancia: por medio de Ella se anticipa la posesión de Dios.
 * Cuando buscáis a Dios es porque la Gracia (el Amor) ya os lo ha puesto en el corazón”.- Dice Jesús: “No nos busques con afán pues Nosotros estamos contigo. Una vez se le permitió a María buscar a su Dios extraviado, a su Jesús; mas esto sucedió excepcionalmente. María poseía a Dios aun antes de llegar a ser Madre suya, porque Dios está siempre donde está la Gracia, ya que la Gracia es amor y Dios esta donde hay amor. Lo mismo que con mi Madre sucede con vosotros, hermanos fieles e hijos de Dios y de María. Cuando buscáis a Dios es porque el amor ya os lo ha puesto en el corazón. Cuando os parece que llega, no es que vosotros le veáis acercarse: es que vuestro espíritu, hecho más lúcido por la fiebre de un amor más vivo, os lo hace ver allí, en donde ya se encontraba. Os parece que viene a vosotros cuando, en realidad, sois vosotros los que os unís más íntimamente a Él. ■ Únicamente allí donde no está la Gracia, esto es: donde no hay amor, deseo de búsqueda de Dios, Él jamás llega porque le rechaza el odio. He aquí por qué es de capital importancia la Gracia, pues por ella se os concede con anticipado amor la posesión de Dios en que consiste el gozo y la gloria de los bienaventurados.  Por tanto tú no me busques afanosamente. Piensa que si tal vez parezca que Yo no esté ahí, no es por castigo. ¿Qué dije a mi Madre? «¿Por qué me buscabas? ¿No sabías que Yo debo ocuparme de los intereses de mi Padre?». ■ Pues bien, cuando te privo de mi presencia sensible y parece que Yo te haya abandonado, es porque me ocupo de los intereses de mi Padre. Tengo necesidad de tus lágrimas de amor para rescatar un alma a la que el odio la hizo esclava del Mal. ¿Ves cómo te amo? Te asocio a Mí en el rescate de los pobres extraviados y en servir la gloria de nuestro Padre. Sonríe, mi pequeña esposa. «Antes de que refresque el día y se alarguen las sombras, vayamos al monte de la mirra y al collado de incienso» (1). ■ Sonríe, mi pequeña esposa, ya que sobre la cumbre serás coronada. ¿Sabes cuál es para mis pequeñas esposas queridas la cumbre del monte nupcial?  ¿Sabes cuál es la corona que las constituye reinas? La cima del Gólgota perfora el cielo y florece en el Paraíso dando rosas de oro los raigones de las espinas que me torturaron. ¡Qué caminar tan largo bajo la cruz! ¡Cuánto dolor sobre ella! ¡Cuánta sangre han de beber aquellas espinas para florecer!  Ven y sonríe con tu espíritu. Las lágrimas son las perlas sobre los rubíes de las rosas y los sollozos el acorde de las cítaras en tu entrada triunfal cuando subas del desierto colmada de delicias y apoyada en tu Amado”. (Escrito el 2 de Julio de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Cantar 4,6.
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44-502.-  “Nuestro templo, no hecho por mano de hombre sino por mi poder creador, es vuestro espíritu”.
* Nuestra morada en un espíritu, que nos acoge, obra prodigios cuya magnitud únicamente será conocida  en la 2ª vida. Y el mundo se llenará de estupor al conocerlos”.- ■ Dice el Padre Celestial: “Me habéis levantado suntuosas catedrales y la Cruz de mi Hijo proclama por doquier nuestra Bondad y vuestra condición de súbditos. Mas ¿ya se corresponde la palabra de la cruz a la condición de vuestro espíritu? Hasta las tumbas de los antiguos faraones aparecen escritas historias que proclaman su perennidad y la fidelidad de los súbditos. Mas ¿para qué sirven? Esos reyes, de los que se dice: «Sois inmortales», están bien muertos al igual que sus súbditos. Polvo, muerte, olvido, nada: eso son en realidad y las inscripciones expresan vanas profesiones sobre las tumbas. ■ ¿No sucede lo propio con vosotros? ¿Qué son los templos si no los hacéis vivos con vuestro amor verdadero? ¿Pueden acaso bastarme y ser dignos de Mí?  Está dicho: «El Altísimo no habita en templos hechos por la mano del hombre» (1). Y eso habíase dicho del Templo de Salomón, la más suntuosa de las casas que mano de hombre me levantó. Ahora, por su infinita bondad de Redentor y de Amigo, habita mi Hijo en todas las Iglesias. Mas Yo, Yo Padre y el Espíritu Paráclito ¿en donde habremos de poner nuestra morada? Nuestro templo, no hecho por mano de hombre sino por mi poder creador, es vuestro espíritu. Mas son contados los espíritus en los que, como en dispuesto cenáculo, puedan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo reunirse para morar y tomar su refacción. ■ Y, así como la unión de los tres Personas operó y opera todos los prodigios de la creación y los milagros del amor, así nuestra morada en un espíritu que nos acoge obra prodigios cuya magnitud únicamente será conocida en la segunda vida. Y el mundo se llenará de estupor al conocerlos. ¡Qué humillación para aquellos que se creyeron «grandes», «sabios», «poderosos», y criticaron, contrariaron y atormentaron a las almas amadas por Nosotros, cuando vean qué sabiduría, qué grandeza y qué poder se encerraban en ellas al estar Nosotros en las mismas! Lo repito: El Altísimo no habita en templos humanos ya que la morada está en el espíritu de sus hijos fieles”. (Escrito el 3 de Julio de 1944).
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1   Nota   : Hechos 7,48.
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-“Lección muy difícil”
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44-523.- «Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza». Más Gracia más semejanza.
* Ignorancia consiguiente y no consiguiente.- Oración al Espíritu Santo. Blasfemia contra el Espíritu Santo.- ■Dice Jesús: “Escúchame, hija, atentamente porque la lección de hoy es muy difícil. El hombre, todos los hombres llevan en sí la imagen que Dios ideó para el hombre. Mas no todos los hombres tienen en sí la semejanza con Dios. Está dicho: «Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza» (1). ¿Cómo puede ser, por tanto, que algunos tengan sólo su imagen? Y ¿cómo pueden tener la imagen de Dios si Dios es incorpóreo, Espíritu purísimo, Luz infinita y sempiterna, Pensamiento operante, Fuerza creadora pero, en modo alguno cuerpo? ¡Cuánta ignorancia existe aún entre los creyentes! Ignorancia consiguiente e ignorancia no consiguiente. ■ Ignorancia consiguiente: es aquella que se deriva de una instrucción verdaderamente rudimentaria, anclada en el a.b.c. de la Religión, motivada por el alejamiento de los centros religiosos —lo que entraña gran culpabilidad por parte de los interesados— o por incuria de aquellos ministros que no se gastan a sí mismos en dar a conocer a Dios entre sus propios corderos; pastores ídolos a los que Yo miro con rostro severo. Esta ignorancia no priva del Cielo a quienes son ignorantes porque Yo soy justo y no culpo de ignorancia a un espíritu cuando sé que su ignorancia no es voluntaria sino que atiendo a su fe. Y si veo que se mantuvo recto con aquel hilo de ciencia de Dios que le suministraron, le premio, igual que si hubiera sabido mucho, en la medida que premio a un doctor santo. No es culpa suya si sabe poco. Es, en cambio, mérito suyo si de un poco saber ha sabido extraer fuerza valiéndose de estas ideas elementales: «Dios existe. Yo soy su hijo y esta condición me obliga a obedecer la Ley y, obedeciendo, conseguiré la posesión de Dios eternamente por los méritos del Salvador que me ha proporcionado la Gracia». El espíritu de Dios se sustituye con ideas de luz iluminando al creyente cuyo pastor le desatiende o se ve en zonas en las que raramente hay pastor. ■ Ahora bien, se da también la ignorancia no consiguiente, que es la de quien pudiendo, no quiere instruirse o, una vez instruido, lo olvida y torna a la ignorancia al así quererlo por su conveniencia. Al que quiere vivir a lo bruto le es necesario olvidar la Verdad. Esta ignorancia Yo la maldigo. Es uno de los pecados que atraen mi enojo sin perdón posible. ¿Por qué? Porque es repudiar a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un hijo que para nada quiere conocer a su padre o que, conociéndolo, quiere llegar a olvidarle, ¿qué hijo es? Un rebelde a las voces, no digo sobrenaturales, sino hasta naturales de la sangre. Inferior, por tanto, a los brutos que, mientras por la edad están sujetos al padre, le reconocen y siguen. Es una rebelión.  Qué rebelión sea pues esta insurrección contra un Dios que es Padre por la carne y por la sangre, por el alma y el espíritu, lo dejo a vuestra consideración. Repudian al Hijo porque, sin tener para nada en cuenta el sacrificio del Dios-Hijo que se encarnó para traer la Verdad al hombre además de la Redención, apagan así las voces de esta Verdad para vivir en la mentira. Repudian al Espíritu Santo porque la Verdad va siempre unida a la Ciencia, siendo la Ciencia la que con su luz os hace comprender las verdades más sublimes. Ya lo dije: «Yo me voy teniendo aún muchas cosas que deciros; mas, por ahora, no estáis capacitados para comprenderlas. Ahora bien, cuando venga el Espíritu de Verdad os instruirá en toda verdad y completará mi obra de Maestro haciéndoos capaces de entender» (2). ¡Oh eterno divino Espíritu  que de tal suerte nos amas que, por la gloria del Padre, bajaste a celebrar purísimas nupcias para engendrar al Redentor y que, siendo igual a Mí, llegaste a ser mi generador Tú, que procedes de Mí y del Padre! ¡Oh eterno Divino Espíritu que, por la gloria del Hijo, derramaste tu Fuego y de continuo derramas para hacer que la Palabra sea comprendida y las criaturas, de hombres lleguen a ser dioses viviendo conforme a la Gracia y la Palabra! ¡Misterio de nuestro Amor! ¡Poema inconcebible que sólo en el Paraíso será plenamente conocido por los elegidos! Lo dije Yo: «¡La blasfemia contra Mí llegará a ser perdonada; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo, ésta no será perdonada!» (3). ¿Qué blasfemia es la que se acostumbra a lanzar contra Él? El desamor que se manifiesta negándose a acoger la Verdad iluminada por Él”.
* Imagen y semejanza.- En la resurrección de la carne de los muertos se verá: una misma imagen física en todos pero desemejanza espiritual (aspecto semidivino y aspecto demoníaco). ■ Jesús: “Pero volvamos al inicio del dictado. La ignorancia difundidísima entre los creyentes proyecta ideas equivocadas sobre la semejanza con Dios. No semejanza física, pues Dios-Espíritu carece de rostro, estatura y estructura, sino que el hombre tiene la semejanza que Dios Creador ideó para el hombre. Ciertamente, el Poderoso e Infinito, no tenía necesidad de obtener al hombre a través de una evolución secular de cuadrumanos. El cuadrumano fue cuadrumano desde el momento que fue creado e hizo sus primeras cabriolas sobre los árboles del paraíso terrenal; y el hombre es hombre desde el momento en que Dios lo creó del barro y, cosa no hecha con ser alguno, le insufló el espíritu en el rostro (4). La semejanza con Dios radica en este espíritu eterno, incorpóreo y sobrenatural que tenéis en vosotros, en este espíritu, átomo del infinito Espíritu que, recluido en angosta y precaria cárcel, espera y anhela volver a su Fuente y compartir con Ella libertad, gozo, paz, luz, amor y eternidad. ■ La imagen persiste en donde ya no hay semejanza, puesto que el hombre continúa físicamente tal a los ojos de los hombres por más que, a los ojos de Dios, de los sobrenaturales habitantes del Cielo y de unos pocos elegidos de la Tierra, aparezca con su nuevo aspecto de demonio. Con su verdadero aspecto desde que la culpa mortal privó de la semejanza con Dios, careciendo ya en él su espíritu de vida. El hombre sin Gracia, que se la arrebató la culpa, ya no es más que el sepulcro donde se pudre su espíritu muerto. He aquí por qué en la resurrección de la carne los humanos, por más que todos tengan una misma imagen física, serán desemejantes entre sí: de aspecto semidivino los bienaventurados y de aspecto demoníaco los condenados. Entonces se transparentará al exterior el misterio de las conciencias. ¡Terrible conocimiento!”.
* Más Gracia más semejante a Dios: se acrecienta con los méritos de una vida santa.- “Es preciso esforzarse por alcanzar la perfección de la semejanza”.- Jesús: “El hombre se hace tanto más semejante a Dios cuanto más vive la Gracia y la acrecienta, aunque de por sí sea infinita la Gracia, con los méritos de su vida santa. Es preciso esforzarse por alcanzar la perfección de la semejanza. Cierto que jamás la alcanzaréis por cuanto la criatura no puede ser semejante al Creador; pero os aproximaréis, en la medida que os es concedido, a esta sobrenatural Belleza. Lo dije Yo: «Sed perfectos como mi Padre» (5). No os puse límite alguno a la perfección. Cuanto más os esforcéis en alcanzar esta perfección, más caerán los muros de lo humano como muralla asaltada por fuerzas victoriosas, se acortarán las distancias, se agudizará la vista y aumentará la capacidad de entender, comprender, ver y conocer a Dios. Ahora bien, es preciso tender a ella con todas vuestras fuerzas y con toda vuestra generosidad sin «volverse atrás» (6) para mirar lo que se deja, sin detenerse nunca y sin cansarse. El premio justifica el heroísmo porque el premio consiste en sumergirse en el goce del Amor y tener, por tanto, a Dios como lo tendréis en el Cielo. ¡Oh unión beatífica y posesión maravillosa! ¡Vuestra es, hijos míos fieles; venid y saciaos de ella!”. (Escrito el 14 de Julio de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Gén.  1,27.   2  Nota  : Cfr.  Ju.  16,12-15.   3  Nota  : Cfr.  Mt. 12,30-32;  Marcos 3,28-29; Lucas 12,10.   4  Nota  : Cfr.  Gén.  2,7.   5  Nota  : Cfr.  Mt.  5,48.   6  Nota  : Cfr. Lc. 9,62.
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47-296.- La Gracia.
* La Gracia, don sobrenatural —tanto como don dado (como en Adán) como don devuelto (en el sacramento del Bautismo)— es el principio transformador de la criatura en hijo de Dios, semejante a la Luz de la que proviene, comunicando la capacidad de ver y conocer a Dios. Mas Ella es sobre todo amor, amor de Dios a su criatura predilecta que es el hombre: amor que eleva a esta criatura a la naturaleza del Creador deificándola, por lo que resulta justa la palabra de la Sabiduría cuando dice: «Vosotros sois dioses e hijos del Altísimo».- Dice Jesús: “Así pues Dios creó al hombre compuesto de dos sustancias: una de ellas llamada cuerpo, creada inicialmente con el lodo y procreada subsiguientemente con la carne y la sangre del hombre; y la otra llamada alma, la cual, una vez creada por Dios, desciende una sola vez y para una sola carne a unirse a la carne que se forma en un seno. Sin el alma el hombre sería una criatura animal guiada por el instinto y las facultades naturales, y sin el cuerpo el hombre sería una criatura espiritual con dotes sobrenaturales de inteligencia, voluntad y gracia al igual de los ángeles. ■ Dios, a esta obra maestra de la creación representada por el hombre en el que se encuentran unidas las dos criaturas: la animal y la espiritual formando una sola unidad, ¿con qué le dotó además de la existencia? Con dones gratuitos que los teólogos dividen en: naturales, preternaturales y sobrenaturales. Naturales: el cuerpo sano y hermoso con los cinco sentidos perfectos y el alma racional dotada de inteligencia, voluntad y libertad. Preternaturales: la integridad, o sea, la sujeción del sentido, libre de toda clase de fomes, a la razón; la inmortalidad del cuerpo de no haber éste conocido el horror de la muerte; la inmunidad de todo dolor; y la ciencia proporcional a su estado de criatura elegida que era y, por tanto, una gran ciencia que el entendimiento perfecto asimilaba sin fatiga alguna. Sobrenaturales: la visión beatífica de Dios, la Gracia que le hace al hombre hijo de Dios y el destino de gozar de Dios eternamente. Así pues el hombre, tanto por su origen como por los dones recibidos podía con toda verdad llamarse «hijo de Dios» y conocerle del modo que un hijo conoce a su propio padre. ■ ¿Qué cosa es la Gracia?  Dice el Catecismo: «La gracia es un don sobrenatural que ilumina la mente y conforta la voluntad a fin de que el hombre obre el bien y se abstenga del mal». Mas Ella es sobre todo amor, amor de Dios a su criatura predilecta que es el hombre: amor que eleva a esta criatura a la naturaleza del Creador deificándola, por lo que resulta justa la palabra de la Sabiduría cuando dice: «Vosotros sois dioses e hijos del Altísimo». Es además medio de salvación desde que, por haber quedado el hombre débil a consecuencia del pecado, se encuentra necesitado de medios de salvación. Activa sobre toda ponderación cuando no encuentra impedimento o inercia que se oponga a la labor que se propone realizar en vosotros, la Gracia santifica a la criatura y las acciones de la misma y de su tronco sublime derivan tres ramas menores, llamadas: gracia actual, suficiente y eficaz, si bien es una única Gracia, principio transformador, cualidad divina inherente al alma, semejante a una luz cuyo esplendor, al envolver y penetrar a las almas, borra las manchas de la culpa comunicándoles una radiante belleza. Así lo define la Iglesia docente en las conclusiones del Concilio de Trento. ■  Y Yo, Maestro de los maestros, considerando a la Gracia en lo que es, por su eternidad es de Dios, digo que la Gracia es principio transformador de la criatura en hijo de Dios, cualidad por tanto divina, semejante a la Luz de la que proviene, cuyo esplendor al envolver y penetrar a las almas, bien como don dado (como a Adán) o como don devuelto (como para los cristianos católicos reintegrados a la Gracia por los méritos de mi Sacrificio y del Sacramento instituido por Mí),  le comunica no solo una radiante belleza, sí que también la capacidad de ver y de conocer a Dios del modo que el Primer Hombre le conocía viéndole y comprendiéndole con su espíritu lleno de inocencia y de Gracia. La Gracia es pues restitución del hombre a la capacidad de amar y de conocer a Dios. Es, por tanto, luz para ver aquello que para el pensamiento humano es Inmensa Tiniebla, aunque para el espíritu en gracia es Infinita Luz; es así mismo voz, sapientísima voz; es vista, luminosísima vista para contemplar a Dios; es don facilitado par ayudar al alma en su deseo de conocer a Dios; es medio para recordar su Origen tal como Ella quiere ser recordada; y es, por último, instrumento para la deificación de la criatura. ■ Y cuando la criatura, bien por voluntad propia como por justicia adquirida mediante voluntad de amor, más crece en la Gracia, otro tanto crecerá en ella lo que es unión con lo Divino, como también la sabiduría que es uno de los atributos divinos y, con la sabiduría, la capacidad de comprender, conocer, amar la Verdad y la verdad. Porque la Gracia es el Espíritu de Dios que penetra en el hombre con todos sus dones, transformando, elevando y santificando las potencias y acciones del hombre, de entre las cuales la primera y principal es el amor por cuya acción fuisteis creados”. (Escrito el 28 de Enero de 1947).

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