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Del interior de los que creen
en Mí brotarán ríos de agua viva

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-Confianza-Temor-Fidelidad- Providencia
-Milagro, Martirio
-Supersticiones, Ocultismo, Adivinación       

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El tema de “Fe”, 2ª parte, comprende:

a)  Episodios y dictados extraídos de la Obra magna

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b) Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»  

d) Dictado extraído del «Libro  de Azarías»

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a)  Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
«El Evangelio como me ha sido revelado»
(«El Hombre-Dios»)
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7-483-356 (8-178-341).- Los diez leprosos curados en Efraín, Samaria (1).
* Id entonces al pueblo cercano a vuestro monte y mostraos a los sacerdotes”. ■ “Si tenemos un dolor es el que no todos nosotros, los de la paren­tela, le amamos en espíritu y sólo con el espíritu. Pero no somos los únicos en Israel que le aman mal” dice Judas Tadeo. Judas Iscariote le mira, y quizás hablaría, pero le distrae un gri­to que llega hasta ellos desde un cerro que se alza por encima del pueblecito que están orillando, buscando el camino para entrar en él. “¡Jesús! ¡Rabí Jesús! Hijo de David y Señor nuestro, ten piedad de nosotros”. Los apóstoles dicen: “¡Leprosos! Vámonos, Maestro. Si no, va a venir el pueblo y nos van a retener en sus casas”. Pero los leprosos tienen la ventaja de estar más adelante que ellos, arriba, en el camino, aunque al menos a unos quinientos me­tros del pueblo, y bajan cojeando por el camino, y corren hacia Jesús repitiendo su grito. Algunos apóstoles dicen: “Entremos en el pueblo, Maestro. Ellos no pueden hacerlo”. Pero otros rebaten: “Ya algunas mujeres se han asomado a mirar. Si entramos nos libraremos de los leprosos, pero no de ser reconocidos y retenidos”. ■ Y mientras titubean sobre la postura a tomar, los leprosos se van acercando a Jesús, quien, no haciendo caso de los pero y de los si de sus apóstoles, ha proseguido por su camino. Y los apóstoles se resig­nan a seguirle, mientras mujeres con los niños agarrados a las fal­das, y algún hombre viejo que se ha quedado en el pueblo, vienen a ver, dejando una prudente distancia entre ellos y los leprosos, los cuales se detienen a algunos metros de Jesús y suplican una vez más: “¡Jesús, ten piedad de nosotros!”. Jesús los contempla un instante; luego, sin arrimarse a este gru­po de dolor, pregunta: “¿Sois de este pueblo?”. Leprosos: “No, Maestro, de diversos lugares. Pero ese monte donde esta­mos, por la otra parte, mira al camino que va a Jericó, y es bueno pa­ra nosotros ese lugar…”. Jesús les dice: “Id entonces al pueblo cercano a vuestro monte y mostraos a los sacerdotes”. ■ Y Jesús reanuda la marcha, apartándose hacia el borde del cami­no para no rozar a los leprosos, los cuales, sin otra cosa sino una mi­rada de esperanza en los pobres ojos enfermos, le miran mientras se acerca; y Jesús, llegado a su altura, alza la mano para bendecir. La gente del pueblo, desilusionada, vuelve a las casas… Los le­prosos ganan de nuevo el monte, para ir hacia su gruta o hacia el ca­mino de Jericó. Los apóstoles dicen: “Has hecho bien no curándolos. Los del pueblo ya no nos habrían dejado marcharnos…”. Jesús: “Sí, y sería necesario llegar a Efraín antes de la noche”.
* ¿Y qué queréis, que no glorifique las grandes cosas que Dios me ha hecho? No, no puedo callar. Dios pone las palabras en mi boca”.- “«¡Ojalá profetizara así todo el pueblo y el Señor diera a todos su Espíritu!»”.- ■ Jesús camina y calla. El pueblo ya está escondido a la vista, por las curvas del camino, que es muy sinuoso porque sigue los caprichos del monte en cuyo pie está hendido. Pero una voz los alcanza: “Alabado sea el Dios Altísimo y su ver­dadero Mesías. ¡En Él, todo poder, toda sabiduría y piedad! Alabado sea el Dios Altísimo, que en Él nos ha concedido la paz. Alabadle to­dos vosotros, hombres de las ciudades de Judea y Samaria, de Gali­lea y Transjordania. Hasta las nieves del altísimo Hermón, hasta los resecos pedregales de Idumea, hasta las arenas bañadas por las olas del Mar Grande, cántese con poderosa voz la alabanza al Altísimo y a su Cristo. Se ha cumplido la profecía de Balaam (2). La Estrella de Jacob resplandece en el cielo rehecho de la patria que el verdadero Pas­tor ha vuelto a unir. ¡Se han cumplido también las promesas hechas a los patriarcas! Oíd la palabra de Elías, que nos amó, oídla, pueblos de Palestina, y comprendedla. Ya no se debe cojear por las dos partes, sino que se debe elegir a la luz del espíritu, y si el espíritu es recto ele­girá bien. ¡Éste es el Señor! ¡Seguidle! ¡Ah, que hasta ahora hemos sido castigados porque no nos hemos esforzado en comprender! El hombre de Dios (3) maldijo el falso altar profetizando: «Sí, nacerá de la casa de David un hijo llamado Josías, que sacrificará en el altar y quemará huesos de Adán. Y el altar entonces se romperá y se hundi­rá en las entrañas de la Tierra, y las cenizas de la inmolación se esparcirán a septentrión y a mediodía, hacia oriente y hacia donde el sol se pone». No queráis hacer como el necio Ocozías, que mandaba a consultar al dios de Ecrón cuando el Altísimo estaba en Israel (4). No queráis ser inferiores a la burra de Balaam, la cual, por su reverencia al espíritu de luz, mientras que habría caído muerto el profeta que no veía, habría merecido la vida (5). He aquí la Luz, que pasa entre nosotros. Abrid los ojos, ciegos de espíritu, y ved” y uno de los lepro­sos los sigue, cada vez más cerca —incluso en el camino de primer orden en que ya están—, señalando a Jesús a los peregrinos. ■ Los apóstoles, desazonados, se vuelven dos o tres veces, intiman­do al leproso, perfectamente curado, a callarse. Y la última vez casi le amenazan. Pero él, dejando por un momento de alzar así la voz para hablar a todos, responde: “¿Y qué queréis, que no glorifique las grandes cosas que Dios me ha hecho? ¿Queréis que no le bendiga?”. Le responden inquietos: “Bendícele en tu corazón y calla”. Ex-leproso: “No, no puedo callar. Dios pone las palabras en mi boca”, y, otra vez con voz fuerte: “Gentes de los dos lugares de frontera, gentes que pasáis fortuitamente, deteneos a adorar a Aquel que reinará en el nombre del Señor. Yo rechazaba muchas palabras. Pero ahora las repito porque las veo cumplidas. Y todas las gentes se ponen en mo­vimiento y vienen exultantes hacia el Señor por las vías del mar y de los desiertos, por las colinas y los montes. Y también nosotros, pue­blo que hemos caminado en las tinieblas, iremos hacia la gran Luz que ha surgido, hacia la Vida, saliendo de la región de la muerte. Lo­bos, leopardos y leones como éramos, renaceremos en el Espíritu del Señor y nos amaremos en Él, a la sombra del Retoño de Jesé que ya es cedro, bajo el cual acampan las naciones por Él recogidas desde los cuatro puntos de la Tierra. He aquí que llega el día en que los ce­los de Efraín tendrán fin, porque ya no existen Israel y Judá, sino un solo Reino: el del Cristo del Señor. Oíd, yo canto las alabanzas del Señor, que me ha salvado y consolado. Oíd, yo digo: alabadle y venid a beber la salvación a la fuente del Salvador. ¡Hosanna! ¡Hosanna a las grandes cosas que Él hace! ¡Hosanna al Altísimo que ha puesto en medio de los hombres a su Espíritu revistiéndole de carne, para que fuera el Redentor!” (6). ■ Es inagotable. La gente aumenta, se agolpa, ocupa el camino; quien estaba atrás se acerca, quien estaba delante regresa. Los habi­tantes de un pequeño pueblo —en cuyos aledaños están ya— se unen a los viandantes. ■ Los apóstoles, inquietos, dicen: “Pero mándale que se calle, Señor. Es samaritano. Así lo dice la gente. ¡No debe hablar de Ti, si ya no permites que ni siquiera nosotros te precedamos predicándote!”. Jesús les dice: “Amigos míos, repito las palabras de Moisés a Josué, hijo de Nun, que se quejaba porque Eldad y Medad profetizaban en el campamen­to: «¿Estás celoso por mí, en vez de mí? ¡Ojalá profetizara así todo el pueblo y el Señor diera a todos su Espíritu!» (7). De todas formas, me de­tengo y le despido para complaceros”. Y se para.
* ¿De diez leprosos, de los cuales sólo uno era samaritano, no se ha en­contrado ninguno, aparte de este extranjero, que sintiera el deber de regresar para dar gloria a Dios?”.- ■ Jesús se vuelve y llama al leproso curado, el cual se acerca presuroso, se postra ante Jesús y besa la tierra. “Álzate. ¿Y los otros dónde están? ¿No erais diez? Los otros nue­ve no han sentido la necesidad de dar gracias al Señor. ¿Entonces? ¿De diez leprosos, de los cuales sólo uno era samaritano, no se ha en­contrado ninguno, aparte de este extranjero, que sintiera el deber de regresar para dar gloria a Dios, antes de restituirse a sí mismo a la vida y a la familia? Y se le conoce como «samaritano». ¿Ya no están ebrios los samaritanos, puesto que ven sin equivocaciones y acuden al camino de la Salvación sin paso vacilante? ¿Es que habla la Pala­bra un lenguaje extranjero, pues que lo entienden los extranjeros y no los de su pueblo?”. ■ Extiende la mirada de sus espléndidos ojos sobre la multitud que se encuentra allí procedente de todas partes de la Palestina. Y esos ojos, con su centelleo, son irresistibles… Muchos agachan la cabeza y azuzan a las cabalgaduras o se echan a caminar y se alejan… Jesús baja los ojos hacia el samaritano que está arrodillado a sus pies. La mirada se hace dulcísima. Alza la mano —la tenía rela­jada— haciendo un gesto de bendición, y dice: “Álzate y márchate. Tu fe ha hecho más prodigios en tu corazón que en tu carne. Camina en la Luz de Dios. Ve”. ■ El hombre besa nuevamente la tierra y, antes de levantarse, pide: “Un nombre, Señor. Un nombre nuevo, porque todo es nuevo en mí, y para siempre”. Jesús: “¿En qué tierra nos encontramos?”. Ex-leproso: “En la de Efraín”. Jesús: “Pues llámate Efrén (8) de ahora en adelante, porque dos veces la Vida te ha dado vida. Ve”. Y el hombre se alza y se marcha. ■ La gente del lugar y algún peregrino quisieran retener a Jesús. Pero Él subyuga con su mirada, que no es severa —antes al contra­rio, es muy dulce al mirarlos— pero que debe despedir poder, porque ninguno hace un gesto para retenerle. (Escrito el 29 de Agosto de 1946).
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1  Nota  : Cfr.  Lc. 17,11-19.   2  Nota  : Cfr.  Núm. 24,15-19.   3  Nota  : Cfr.  1 Rey. 13,1-5.  4  Nota  : Cfr. 2 Rey.  1,16.   5  Nota  : Cfr.  Núm. 22,1-35.   6  Nota  : Cfr. Is.  11-12.   7  Nota  : Cfr.  Núm.  11,24-30.   8  Nota  : dos veces… porque el significado  literal de Efrén es “doble fruto”.
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7-491-407 (8-186-390).- Sermón del Agua viva (1).- “¡Quien tenga sed venga a Mí y beba! Del interior de los que creen en Mí brotarán ríos de Agua viva”.
* Jesús, en el Templo de Jerusalén en el día de los Tabernáculos, rodeado de tres grupos fieles a Él.- ■ En el día más festivo de los Tabernáculos (2), el Templo está a reventar de gente, mas no se ven muchas mujeres ni niños. La persistencia de una temporada ventosa y con precoces chaparrones, breves pero violentos, debe haber persuadido a las mujeres a ponerse en camino junto con los niños. Pero los adultos de todas partes de Palestina, y los prosélitos de la Diáspora llenan literalmente el Templo para ofrecer sus últimas plegarias, sus últimas ofrendas y escuchar las últimas lecciones de los escribas. Los galileos seguidores de Jesús están casi todos con sus jefes más importantes al frente;  en el centro, muy identificado de su condición de pariente, está José de Alfeo con su hermano Simón. Otro grupo, apiñado, que espera, lo forman los setenta y dos discípulos. Con esta expresión me refiero a los discípulos elegidos por Jesús para evangelizar, y que han cambiado de número y de caras, porque algunos de los primeros ya no están, desde que Jesús pronunció su discurso sobre el Pan del Cielo, y se separaron; otros nuevos se han unido como Nicolás de Antioquía. Un tercer grupo bien nutrido y numeroso lo forman los judíos, entre los cuales veo al sinagogo de Emmaús, al de Hebrón, al de Keriot; de Yutta veo al marido de Sara; y de Betsur a los parientes de Elisa. Están cerca de la puerta llamada Hermosa, y se ve clara su intención de rodear al Maestro en cuanto aparezca. ■ Efectivamente, Jesús no puede dar un paso dentro del recinto amurallado sin que estos tres grupos le rodeen, casi como aislándole de los malintencionados, o también de los que, simplemente, están allí por curiosidad.  Jesús se dirige al Pórtico de los Israelitas para orar;  los otros le siguen, formando un grupo compacto, en la medida que lo permite la gran densidad de gente, sin hacer caso a las expresiones de desagrado de quienes protestan porque deben hacerse a un lado. Jesús va en medio de sus hermanos. La mirada de José de Alfeo y su porte no son suaves como los de Jesús. José mira con altivez a algunos fariseos. Oran y regresan al Pórtico de los Gentiles. Jesús se sienta humildemente sobre el suelo apoyando la espalda en la pared del pórtico; así también lo hacen los que le siguen formando un círculo concéntrico. Los que no lo hacen se quedan de pie. Pero las miradas de todos convergen en un solo lugar: en el Rostro de Jesús. Los curiosos, los que han venido de lejos y no están al corriente, y los malévolos están detrás de esta barrera de fieles discípulos, esforzándose por ver, alargando sus cuellos o poniéndose sobre las puntas de los pies. Entre tanto Jesús escucha a éste y a aquél que piden consejo, o refieren noticias. Hablan así los parientes de Elisa, habla el pariente de María de Simón, madre de Judas de Keriot, habla el marido de Sara, y habla el viejo sinagogo de Emmaús. Y así sucesivamente. ■ La gente sigue aumentando cada vez más. Jesús levanta su cabeza y mira. Estando el pórtico elevado unos cuantos escalones, Él, a pesar de estar sentado en el suelo, domina gran parte del patio y ve muchas caras. Se pone de pie y dice con voz fuerte, con su melodioso y robusto tono: “¡Quien tiene sed venga a Mí y beba! Del interior de los que creen en Mí brotarán ríos de agua viva”. Su voz llena el vasto patio y la espléndida columnata de los pórticos; y ciertamente, va más allá y sobrepuja todas las demás voces, cual armonioso trueno lleno de promesas. Después de haber dicho estas palabras se calla por algunos instantes, como habiendo querido enunciar el tema y dar tiempo a quienes no tienen interés en escucharle de marcharse sin causar molestias. Los escribas y doctores guardan silencio, o bien, bajan sus voces envueltas en un susurro sin duda no agradable. No veo a Gamaliel. Jesús camina de frente, entre el semicírculo, que se abre según va avanzando y se va cerrando a sus espaldas, transformándose de semicírculo en anillo. Camina despacio, majestuosamente. Parece deslizarse sobre el policromado mármol del pavimento, con el manto un poco suelto, que le forma por detrás una incipiente cola. Se dirige al ángulo del pórtico, al extremo del escalón que penetra hacia el patio y allí se para. De este modo domina ambos lados del primer patio. Levanta su brazo derecho como suele hacerlo cuando va a empezar a hablar. Con la izquierda sostiene el manto sobre el pecho.
.    ● Ezequiel habla de una terrible visión:  la visión de los huesos secos: la resurrección de los muertos”.- Repite las palabras anteriores: “¡Quien tenga sed venga a Mí y beba! Del interior de los que creen en Mí brotarán ríos de Agua viva. Aquel que vio la teofanía del Señor, el gran Ezequiel (3), que fue sacerdote y profeta, después que en visión vio los actos impuros que se cometían en la casa profanada del Señor (4), después de haber visto en visión que sólo los señalados con la Tau (5) vivirán en la verdadera Jerusalén, mientras que los demás conocerán más de un exterminio, más de una condena, más de un castigo —y el tiempo está cercano, oh vosotros que me escucháis, está más cercano de lo que os imagináis; por lo cual, os exhorto como Maestro y Salvador a no tardar más en signaros con el signo que salva; a no tardar más en introducir en vosotros la Luz y la Sabiduría; a no tardar más en arrepentiros y llorar por vosotros y por los demás, para que os podáis salvar—, Ezequiel, después ver estas visiones, habla de una terrible visión: La de los huesos secos (6). ■ Llegará un día que sobre un mundo muerto, bajo un firmamento apagado, aparecerán huesos y más huesos de muertos al toque de la trompeta angélica. Como un vientre que se abre para parir, así la Tierra arrojará de sus entrañas todos los huesos de seres humanos donde los hubiere, desde los de Adán hasta los del último muerto. Y se producirá entonces la resurrección de los muertos para el grande y supremo Juicio final, después del cual, como una manzana de Sodoma, el mundo se vaciará, reduciéndose a la nada, y el firmamento se acabará con sus astros. Todo se acabará, menos dos cosas eternas, separadas en las extremidades de dos abismos de una profundidad incalculable, completamente diversos por su aspecto y forma, y por el modo con que en ellos continuará para siempre la potencia de Dios: el Paraíso: luz, alegría, paz, amor; el Infierno: tinieblas, dolor, horror, odio”.
.    ● Entre los que viven hay muchos semejantes a cadáveres: a los huesos secos que vio Ezequiel. Les infundiré el espíritu y vivirán”.- ■ Jesús: “¿Pero creéis que por el hecho de que el mundo no esté todavía muerto y las trompetas angélicas no convoquen, el campo inmenso de la Tierra no está cubierto de huesos sin vida, secos completamente, inertes, separados, muertos? En verdad os digo que así es. Entre los que viven, entre los que respiran todavía el aire, hay muchísimos que son semejantes a cadáveres: a los huesos secos que vio Ezequiel. ¿Quiénes son esos tales? Son los que no tienen en sí la vida del espíritu. Hay en Israel de éstos, como en todo el mundo. Y el que entre los gentiles e idólatras no haya sino muertos que esperan ser vivificados por la Vida es una cosa natural, y causa dolor solo a aquellos que poseen la verdadera Sabiduría, porque Ella les hace comprender que el Eterno creó a las criaturas para Él, y no para la idolatría, y se aflige viendo a tantas criaturas en la muerte. ■ Pero si el Altísimo tiene este dolor, y es ya grande, ¿cuál será su dolor por aquellos que, de su Pueblo, son huesos que blanquean, sin vida, sin espíritu? Los elegidos, los predilectos, los protegidos, los alimentados, los instruidos por Él directamente o por sus siervos y Profetas, ¿por qué tienen que ser, culpablemente, huesos secos, siendo así que para ellos siempre ha descendido un arroyo de agua viva del Cielo y les ha quitado la sed con la Vida y la Verdad? ¿Por qué, plantados en la tierra del Señor, se han secado? ¿Por qué está muerto su espíritu, si el Espíritu Eterno ha puesto a su disposición un tesoro de sabiduría para que de él bebiesen y viviesen? ¿Por medio de qué prodigio podrán volver a la Vida, si dejaron las fuentes, los pastos, las luces que Dios le concedió y andan a tientas entre la oscuridad, y beben de fuentes contaminadas, y se alimentan de cosas no santas? ¿No volverán, pues, a vivir? ■ Sí. En nombre del Altísimo Yo os lo juro. Muchos resucitarán. Dios tiene preparado ya el milagro; es más, el milagro ha comenzado a realizarse, ya ha actuado en algunos, y algunos huesos secos se han revestido de vida, porque el Altísimo, para quien nada es imposible, ha mantenido su promesa, la mantiene y cada vez la completa más. Él, desde lo alto de los Cielos, grita a estos huesos que esperan la Vida. «Ved que infundiré en vosotros el espíritu y viviréis». Y ha tomado su Espíritu, a Sí mismo se ha tomado, y ha formado una Carne para revestir su Palabra, y la ha enviado a estos muertos para que, hablándoles, se infundiera de nuevo en ellos la Vida. Cuántas veces en siglos pasados Israel ha gritado: «Están secos nuestros huesos, nuestra esperanza ha muerto, estamos separados». Pero las promesas son cosa sagrada; las profecías son verdad. Ved que ha llegado el tiempo en que el Enviado de Dios abre las tumbas para sacar de ellas a los muertos y vivificarlos para llevarlos consigo a la verdadera Israel, al Reino del Señor, al Reino de mi Padre y vuestro”.
.   ● “¡Yo soy la Fuente de la que, impetuosa, brota Vida eterna! Quien quiera poseer la Vida, que crea en Mí y de su interior brotarán aguas de Vida eterna. Porque quien cree en Mí formará conmigo el nuevo Templo del que brotan las aguas saludables. Aquel altar, situado al oriente, del que brotan las aguas soy Yo. Formarán un único río de Gracia con las aguas de los nuevos seguidores hasta que se forme como un mar para santificar toda la tierra”.-Jesús: “¡Yo soy la Resurrección y la Vida! ¡Yo soy la Luz que vino a iluminar lo que estaba sumergido en las tinieblas! ¡Yo soy la Fuente de la que, impetuosa, brota Vida eterna! El que venga a Mí, no conocerá la muerte. El que tenga sed de Vida que venga y que beba. Quien quiera poseer la Vida, o sea, a Dios, que crea en Mí, y de su interior brotarán no gotas, sino ríos de Agua viva. Porque quien cree en Mí formará conmigo el nuevo Templo del que brotan las aguas saludables, de las que habla Ezequiel. Venid a Mí, pueblos. Venid a Mí, criaturas. Venid a formar un único Templo porque no rechazo a nadie, sino que, por amor os quiero conmigo, en mi trabajo, en mis méritos, en mi gloria. «Y vi aguas que brotaban por debajo de la puerta de la casa, a oriente… las aguas bajaban al lado derecho, al sur del altar» (7). Aquel Templo son los que creen en el Mesías del Señor, en la Nueva Ley, en la doctrina del tiempo de salvación y de la paz. Así como de piedras están formados los muros de este Templo, de espíritus vivos estarán formados los místicos muros del Templo, que no desaparecerá para siempre jamás, y que desde la Tierra se levantará hasta el Cielo, como su Fundador, después de la lucha y de la prueba. Aquel altar del que brotan las aguas, aquel altar situado al oriente soy Yo. Y mis aguas brotan de la derecha porque la derecha es el puesto de los elegidos para Reino de Dios. Brotan de Mí para verterse sobre mis elegidos y hacerlos ricos con aguas vitales, portadores de ellas, distribuidores de ellas hacia el norte y sur, hacia oriente y poniente, para dar Vida a los pueblos de la Tierra que esperan la hora de la Luz, la hora que llegará, que sin falta llegará a todas las partes antes de que la tierra deje de existir. ■ Brotan y se esparcen mis aguas, mezcladas con las que Yo mismo he dado y daré a mis seguidores; y, a pesar de estar esparcidas para alimentar la Tierra, formarán un único río de Gracia, cada vez más profundo, cada vez más grande, que irá creciendo día tras día, paso tras paso, con las aguas de nuevos seguidores, hasta que se forme como un mar; un mar que, con sus aguas, tocará todos los lugares para santificar toda la tierra. Dios quiere esto. Dios hace esto. Un diluvio lavó el mundo dando muerte a los pecadores. Un nuevo diluvio, de otro líquido, que no será lluvia, lavará el mundo y le dará Vida. Y, por un misterioso acto de gracia, los hombres podrán formar parte de ese diluvio santificador, uniendo sus voluntades a la mía, sus fatigas a la mía, sus sufrimientos al mío. Y el mundo conocerá la Verdad y la Vida. Y quien quiera participar, podrá hacerlo. Tan solo el que no quiera ser alimentado por las aguas de Vida se convertirá en un lugar pantanoso y apestoso, o quedará como es, y no conocerá las fértiles cosechas de los frutos de gracia, sabiduría, salvación, que conocerán los que vivan en Mí. En verdad os digo, una vez más, que el que tenga sed y venga a Mí beberá y no volverá a tener más sed, porque mi Gracia abrirá en él fuentes y ríos de agua viva. Y quien no crea en Mí perecerá, como salina donde la vida no puede subsistir”.
.  ● Esta Fuente, después de Mí, no se interrumpirá y Otro igual a Mí completará mi obra”.-Jesús: “En verdad os digo que después de Mí no se interrumpirá la Fuente, porque no moriré sino viviré, y, después de que me haya ido, ido pero no muerto, para abrir las puertas de los Cielos, Otro, que es igual que Yo, vendrá y completará mi obra haciéndoos comprender lo que os Yo os he dicho y encendiendo en vosotros fuego para haceros «luces»,  porque acogisteis a la Luz ”. Jesús guarda silencio.
* La gente discute sobre el origen de Jesús y los magistrados del Templo tratan de arrestarle. Nicodemo le defiende.- ■ La multitud, que ha estado silenciosa escuchando este majestuoso discurso, ahora forma un murmullo y hace distintos comentarios.  Quién dice: “¡Qué palabras! ¡En realidad es un profeta!”. Quién: “Es el Mesías. Os lo digo. Ni siquiera Juan hablaba así; y ningún profeta tiene su fuerza”. “Nos hace comprender a los profetas, incluso a Ezequiel que es tan oscuro en sus símbolos”. “¿Oísteis, no?¡ Las aguas! ¡El altar! ¡Está claro!”. “¿Y los huesos secos? ¿Viste cómo perdieron el control los escribas, fariseos y sacerdotes? ¡Comprendieron la alusión!”. “¡Sí! Y han mandado a la guardia. Pero… se han olvidado de prenderle y se han quedado como niños que ven a los ángeles. ¡Miradlos allí! Están como atolondrados”.  “¡Mira! ¡Mira! Un magistrado los llama y los regaña. Vamos a oír”. ■ Mientras tanto, Jesús está curando a unos enfermos que le están siendo acercados y no se ocupa de nada más, hasta que, abriéndose paso entre la gente, un grupo de sacerdotes y fariseos, capitaneados por un hombre de unos treinta o treinta y cinco años —veo que todos le evitan, con un temor que es casi terror—  llega hasta Él. “¿Todavía estás aquí? ¡Vete! ¡En nombre del Sumo Sacerdote!”. Jesús se alza —estaba agachado hacia un paralítico— y le mira con calma y mansedumbre. Luego vuelve a agacharse para imponer las manos al enfermo. “¡Vete! ¿Has entendido? Seductor de muchedumbres. O haremos que te prendan”. Jesús dice al enfermo, que se alza curado: “Ve y alaba al Señor con una vida santa”; y ésta es su única respuesta. Los que amenazan, por su parte, echan espuma venenosa, y la muchedumbre les intima, con sus voces de hosanna, que no causen daño a Jesús. ■  Pero, si Jesús se muestra manso, no así se muestra José de Alfeo, el cual, irguiéndose engallado, echando hacia atrás la cabeza para parecer más alto, grita: “¡Eleazar, tú que con los que te asemejan querrías abatir el cetro del Hijo escogido de Dios y de David, has de saber que estás cortando todas las plantas, la tuya la primera, esa de que tanto te jactas. Porque tu maldad hace pender sobre tu cabeza la espada del Señor!” y diría más cosas; pero Jesús le pone la ma­no en el hombro y dice: “¡Paz, paz, hermano mío!” y José, lívido de indignación, calla. ■ Se encaminan hacia la salida. Ya fuera de la muralla, refieren a Jesús que los jefes de los sacerdotes y los fariseos han reprendido a la guardia por no haberle arrestado, y que ellos se habían justificado diciendo que nunca nadie había hablado como Él. Respuesta que ha­bía enfurecido a los príncipes de los sacerdotes y a los fariseos, entre los cuales había muchos del Sanedrín. Tanto que, para probar a los soldados que sólo los necios podían ser seducidos por un loco, querí­an ir a arrestarle, como blasfemo. Y también para enseñar a la gente a comprender la verdad. ■ Pero Nicodemo que estaba  presente, se ha­bía opuesto diciendo: “No podéis actuar contra Él. Nuestra Ley prohíbe condenar a un hombre antes de haberle escuchado y haber visto lo que hace. Y nosotros de su boca hemos oído, y de Él hemos visto, cosas no condenables”. Y ante estas palabras la ira de los enemigos de Jesús se había volcado contra Nicodemo, con amenazas e insultos y burlas, como contra un necio y un pecador. Y Eleazar ben Anás se había puesto en movimiento, personalmente, con los más enfureci­dos, para ir a echar a Jesús, pues a más no se atrevía por la muche­dumbre. ■ José de Alfeo está furioso. Jesús le mira y dice: “¿Lo ves, herma­no?”. No dice nada más… ¡pero hay mucho en esas palabras! Contie­nen la advertencia de que Él, ya hable, ya calle, tiene razón, contie­nen el recuerdo de sus palabras, contienen el índice de lo que son las castas más importantes de Judea, de lo que es el Templo, etc. José agacha la cabeza y dice: “Tienes razón…”. Guarda silencio, pensativo. Luego, al improviso, echa sus brazos en torno a la espalda de Jesús y llora sobre el pecho de Él, mientras dice: “¡Pobre herma­no mío! ¡Pobre María! ¡Pobre Madre!”. Creo que José intuye clara­mente, en este momento, la suerte de Jesús… Jesús le conforta: “¡No llores! Haz tú también, como Yo hago, la voluntad de nues­tro Padre”, y le besa para consolarle. (Escrito el 13 de Septiembre de 1946).
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1  Nota :  Cfr.  Ju. 7,37-53.   2  Nota  :  Cfr. Anotaciones   n. 2: Fiestas de Israel: Tabernáculos.   3  Nota  :  Cfr. Ez. 1;10.  La teofanía del Señor, vista por Ezequiel.   4  Nota  :  Cfr. Ez. 8. Los actos impuros  que se cometían en la casa del Señor.   5  Nota  : Cfr. Ez.  9. La Tau.   6  Nota  : Cfr. Ez.  37,1-14. Huesos secos.   7   Nota  : Cfr. Ez. 47. Las aguas bajaban al lado derecho, al sur del altar.
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(<Jesús, acompañado de sus apóstoles, ha llegado a la fuente de En Rogel, cercana de Betania. En esta fuente, hace 30 años los tres Magos del Oriente, inseguros y contrariados, se detuvieron cuando desapareció la estrella que los había guiado. Oraron hasta el amanecer. Y poco después reapareció la estrella ante sus ojos>)
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7-493-419 (8-188-402).- “Ni lugar, ni tiempo ni sucesos sino la voluntad del hombre es la que altera las acciones del hombre”.
* La fuente de En Rogel, lugar del encuentro de los 3 Magos de Oriente y de otros encuentros en la historia de Israel, fue siempre un lugar de prueba, para buenos y para malos; pero  ni lugar, ni tiempo ni sucesos están sujetos a influjos buenos o malos. ■ Les dice Jesús: “Aquí, este lugar es siempre un lugar para tomar decisiones. La historia siempre se repite. Este lugar es siempre lugar de prueba, para buenos y para malos. Pero toda la vida es ya una prueba para la fe y la justicia del hombre. Os recuerdo la fidelidad de Cusai, de Sadoc y Abiatar, de Jonatás y Aquimas, que partieron desde este lugar para salvar a su rey y fueron protegidos por Dios porque hacían una cosa justa (1). Os recuerdo un hecho relacionado con este mismo lugar y que no tuvo buenas consecuencias por tratarse de un abuso, y, por esto, no bendecido por Dios. Cerca de la piedra de Zoelet, junto a la fuente de Rogel, Adonías conspiró contra la voluntad de su padre y se hizo proclamar rey por los de su partido. Pero el abuso no le favoreció, porque, antes del final del banquete, los gritos de hosanna que resonaban en Ghión, le hicieron comprender, todavía antes de que hablase Jonatás de Abiatar, que Salomón era  rey, y él, que había tratado de usurpar el trono, debía confiar solo en la misericordia de Salomón (2). Demasiados repiten el gesto de Adonías y combaten al verdadero Rey, o conjuran contra Él siguiendo el partido aparentemente más fuerte. Y demasiado pocos, actuando así, sabrán luego abrazarse al altar pidiendo perdón y confiando en la misericordia de Dios. ■ ¿Podremos, nosotros que hemos considerado tres sucesos acaecidos cerca de este pozo, decir que el lugar está sujeto a influjos buenos o no buenos? No. No es el lugar, ni el tiempo, ni los sucesos, sino la voluntad del hombre la que altera las acciones del hombre.  La fuente de Rogel vio la fidelidad de los siervos de David y el pecado de Adonías, así como vio la fe de los tres reyes Magos. El pozo es el mismo. Jonatás y Aquimas se apoyaron sobre sus piedras y con su agua calmaron su sed, así como también lo hicieron Adonías y los suyos, y los tres Magos. Pero el agua y las piedras vieron tres cosas diferentes: una, la fidelidad al rey David, otra la traición al rey David, y la tercera la fidelidad a Dios y  al Rey de reyes. Siempre es la voluntad del hombre la que hace que se realice el bien o el mal. Sobre la voluntad del hombre, la Voluntad de Dios envía sus luces, lo mismo que sobre ella la voluntad de Satanás arroja sus vapores venenosos. Toca al hombre acoger la luz o el veneno y llegar a ser justo o pecador”. (Escrito el 16 de Septiembre de 1946).
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1  Nota  : Cfr. 1 Sam. 17.   2  Nota  : Cfr. 1 Rey. 1.
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(<Jesús va con sus apóstoles hacia Jericó. En el camino ha recibido la visita de un jinete que le comunica que una mujer le quiere ver>)
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8-503-17 (9-199-452).- Un saduceo y la infeliz mujer de un nigromante.- Cómo realiza Jesús los milagros.
* Mujer, tu marido es uno que quiere ser lo que es: sabe que está maldecido por Dios lo que hace. Aunque le curase volvería a su satánico disfrute. Su voluntad está corrompida. Es un rebelde. No puedo curarle”.- Jesús se detiene fuera de los muros de la ciudad y cansado se sienta a la sombra de un grupo de árboles que da sombra a una fuente, donde los animales están bebiendo agua. Los discípulos se sientan también. Es un lugar no muy frecuentado porque, aparte de estos caballos y asnos, sin duda de comerciantes o viajeros, no se ve gente. Se acerca una mujer envuelta en un manto oscuro y con el rostro cubierto. El velo grueso y oscuro baja hasta la mitad de la cara. Viene con ella el jinete de antes, ahora a pie, y otros tres hombres lujosamente vestidos, que saludan: “¿Cómo estás, Maestro?”. Jesús: “La paz sea con vosotros”. Presentan a  la mujer: “Ésta es la mujer. Escúchala y hazle el favor que desea”. Jesús les dice:  “Si puedo”. El jinete, que es un saduceo, afirma: “Puedes todo”. Jesús: “¿Lo crees tú, saduceo?”. Saduceo: “Creo en lo que veo”. Jesús: “¿Y has visto lo que puedo?”. Saduceo: “Sí”. Jesús: “¿Y sabes por qué puedo?”. Silencio. “¿Puedo saber en qué te fundas para creer que puedo?”. Silencio.  Jesús no le habla más al saduceo, ni tampoco se dirige a los otros. Habla ahora a la mujer: “¿Qué se te ofrece?”. La mujer balbucea: “Maestro… Maestro”. Jesús: “Habla sin temor”. La mujer echa una mirada de soslayo a sus acompañantes, los cuales la interpretan a su modo: “La mujer tiene su marido enfermo y te pide su curación. Es una persona de influencia, de la corte de Herodes. Te conviene escucharla”. Jesús: “No por ser influyente, sino por su infelicidad, la escucharé si puedo. Ya lo he dicho. ¿Qué le pasa a tu marido? ¿Por qué no ha venido él? ¿Por qué no quieres que Yo vaya a verle?”. Otro silencio y nueva mirada de soslayo. ■ Jesús: “¿Quieres hablarme sin testigos? Ven”. Se separan unos cuantos pasos.  “Habla”. Mujer: “Maestro… yo creo en Ti. Tanto es así que estoy segura que sabes todo lo de él, de mí, de nuestra desgraciada vida… Pero él no cree… Te odia… pero él…”. Jesús:  “Pero él no puede curarse, porque no tiene fe. Y no solo no tiene fe en Mí, pero ni siquiera en el Dios verdadero”. Mujer: “¡Ah, Tú sabes!”. La mujer llora amargamente y dice: “¡Mi casa es un infierno! ¡Un infierno! Tú curas a los obsesos. Sabes, pues, lo que es el demonio. Pero, ¿conoces esta clase de demonio sutil, inteligente, mentiroso, sabio? ¿Sabes qué desgracias arrastra consigo? ¡Mi casa! ¿Es una casa? No. Es el umbral del Infierno. ¡Mi marido! ¿Es mi marido? Ahora está enfermo y no se preocupa de mí. Pero, incluso cuando estaba fuerte y buscaba el amor, ¿era un hombre el que me abrazaba, el que me tenía, el que estaba conmigo? ¡No! Yo estaba entre los tentáculos de un demonio, sentía el hálito y la baba de un demonio. Siempre he querido a mi marido, le sigo queriendo. Soy su mujer. Era poco más que niña cuando me conoció: tenía entonces catorce años. Pero, aunque volvieran a mi memoria aquellas primeras horas, aquellas horas en que me convertí en mujer, yo, con mi alma y con todo mi ser, sentía repulsa cuando me daba cuenta de que él estaba ensuciado de nigromancia. Me parecía que, no mi marido, sino los muertos que él invocaba estuvieran sobre mí, saciándose de mí… Y todavía ahora, solo con mirarle, agonizante y sumergido en esa magia, siento asco. No le veo a él. Veo a Satanás. ¡Oh desgracia mía! Ni siquiera en la muerte estaré con él, porque la Ley lo prohíbe. Sálvale, Maestro. Te ruego que le cures para darle tiempo de curarse”. La mujer llora angustiosamente. ■ Jesús: “¡Pobre mujer! No puedo curarle”. Mujer: “¿Por qué, Señor?”. Jesús: “Porque él no quiere”. Mujer: “Sí. Tiene miedo de la muerte. Sí, sí que quiere”. Jesús: “No quiere. No es un loco, ni poseso que no comprenda su estado. Su inteligencia es libre para poder pedir que se le liberte. Su voluntad no está maniatada. Es uno que quiere ser lo que es. Sabe que lo que hace está prohibido. Sabe que está maldecido por el Dios de Israel. Pero persiste. Aunque le curase —y empezaría por su alma— él volvería a su satánico disfrute. Su voluntad está corrompida. Es un rebelde. No puedo”. La mujer llora con mayor angustia.
* Si alguien va a los magos y a los adivinos, y con ellos comunica, apartaré mi rostro de él”.- ■ Se acercan los otros que la habían acompañado y preguntan: “¿No la quieres hacer lo que pide, Maestro?”. Jesús: “No puedo”. Saduceo: “Os lo había dicho. ¿Y las razones?”. Jesús: “¿Me las preguntas, tú, saduceo? Te recuerdo el libro de los Reyes. Lee lo que dijo Samuel a Saúl (1) y Elías a Ocozías (2). El espíritu del profeta echó en cara al rey el haber ido a molestarle llamándole del reino de los muertos. No es lícito hacerlo.  Lee el Levítico (3), si es que ya no te acuerdas de la palabra de Dios, Creador y Señor de todo cuanto existe, Tutor de la vida y de los que están en la muerte. Muertos y vivos están en las manos de Dios y no os es lícito arrancárselos de sus manos. Ni por vana curiosidad ni por sacrílega violencia ni por incredulidad maldita. ¿Qué deseáis saber? ¿Si hay un futuro eterno? Y decís que creéis en Dios. Si Dios existe, tendrá una corte ¿no? ¿Y qué corte no será, sino una corte eterna como Él, compuesta por espíritus eternos? Si decís que creéis en Dios, ¿por qué no creéis en su palabra? ¿No dice acaso: «No practicaréis la adivinación, ni observaréis los sueños?» ¿No dice también: «Si alguien va a los magos y a los adivinos, y con ellos comunica, apartaré mi rostro de él y le exterminaré de en medio de mi pueblo»? ¿No dice: «No os hagáis dioses de fundición»? Y ¿qué sois vosotros? ¿Samaritanos y extraviados, o sois hijos de Israel? ¿Y qué sois: hombres sin raciocinio o capaces de razonar? Y, si, razonando, negáis la inmortalidad del alma, ¿por qué invocáis a los muertos? ¿Si no son inmortales esas partes incorpóreas que animan al hombre, qué otra cosa queda de un hombre después de la muerte? Podredumbre y huesos, blancos huesos en medio de gusanos. Y, si no creéis en Dios, tanto que recurrís a ídolos y señales para obtener curación, dinero, respuestas (oráculos), como ha hecho éste por cuya salud pedís, ¿por qué sí os hacéis dioses de fundición y creéis que ellos pueden deciros palabras más verdaderas, más santas, más divinas que las que Dios dice? ■ Ahora os voy a dar la misma respuesta que Elías envió a Ocozías: «Porque enviaste mensajeros a consultar a Belcebú, dios de Accarón, como si no existiese un Dios en Israel para consultarle, por esto, no bajarás del lecho al que subiste y ciertamente morirás en tu pecado»”.
* Violentas palabras de Jesús contra los judíos y palabras de éstos contra Jesús acusándole de endemoniado y nigromante por su estadía en Egipto.- El saduceo responde: “Tú eres siempre el que insultas y atacas. Te lo hago notar. Nosotros vinimos a verte para…”. Jesús: “Para ponerme una trampa. Os leo el corazón. ¡Abajo la máscara, herodianos vendidos al enemigo de Israel! ¡Abajo la máscara, fariseos falsos y crueles! ¡Abajo la máscara, saduceos, verdaderos samaritanos! ¡Abajo la máscara, escribas de palabras que contradicen a los hechos! ¡Abajo la máscara, todos vosotros contraventores de la Ley de Dios, enemigos de la Verdad, patrocinadores del Mal! ¡Abajo, profanadores de la casa de Dios! ¡Abajo, alborotadores de conciencias débiles! ¡Abajo, chacales que olfateáis la víctima por el viento que os llega y seguís las huellas y os quedáis en acecho, esperando la hora propicia de matar, y os relaméis los labios ante aquel cuya sangre anticipadamente saboreáis, y soñáis que llegue esa hora!… ¡Barateros y perversos hombres que vendéis por menos de un puñado de lentejas vuestra primogenitura (4) entre los pueblos! Ya no tendréis bendición, pues otros pueblos se revestirán del vellón del Cordero Dios, y verdaderos Cristos serán a los ojos del Altísimo, quien, al percibir la fragancia de su Cristo que emana de ellos, dirá (5): «Éste es el perfume de mi Hijo. Semejante al de un campo en flor que Dios ha bendecido. Sobre vosotros venga el rocío del Cielo: la Gracia. Sobre vosotros la riqueza de la Tierra: los frutos de mi Sangre. Sobre vosotros la abundancia del riego y vino: mi Cuerpo y mi Sangre que daré para vida de los hombres y para recuerdo de Mí. Os servirán los pueblos. Ante vosotros se inclinen los pueblos, porque donde está la señal de mi Cordero, allá está el Cielo. La Tierra está sometida al cielo. Sed señores de vuestros hermanos porque los seguidores de mi Mesías serán los reyes del espíritu porque tienen la Luz y los otros volverán a esa luz su mirada, en espera de su ayuda. Maldito sea quien os maldiga y bendito quien os bendiga, porque quien os bendice o maldice a vosotros, a Mí, vuestro Padre y vuestro Dios, bendice y maldice». Esto dirá. Esto, ¡perversos que pudiendo tener la verdadera fe como amada esposa del alma, fornicáis con Satanás y con sus falsas doctrinas! Esto es lo que dirá, ¡oh asesinos!, asesinos de conciencias, asesinos de cuerpos. Aquí hay víctimas. Y, si bien dos corazones son asesinados, un Cuerpo lo tendréis sólo durante el tiempo de Jonás (6). Y después ese Cuerpo, unido a su Esencia inmortal, os juzgará”. ■ Jesús es sencillamente terrible con estas palabras. ¡Terrible! Y mucho más el último día, como me lo imagino. Saduceo: “¿Y dónde están estos asesinados? Deliras. Eres un perverso como Satanás, y en su nombre obras milagros. No puedes hacerlo con nosotros porque somos herederos de la amistad de Dios”. Jesús: “Satanás no se arroja a sí mismo. Yo arrojo a los demonios. ¿En nombre de quién, entonces?”. Silencio. “¡Responded!”. Saduceo: “No perdamos el tiempo con este poseso. Os lo había dicho. No nos hicisteis caso. Lo escucháis de sus labios. Responde, Nazareno loco, ¿conoces el Sciemanflorasc (sic)?” (7). Jesús: “No tengo necesidad”. Saduceo: “¿Oís? Otra pregunta: ¿No estuviste en Egipto?”. Jesús: “Sí”. Saduceo: “Lo veis. ¿Quién es el nigromante, el Satanás? ¡Horror! Ven, mujer. Tu marido es santo respecto a éste. ¡Ven!… Será necesario que te purifiques ¡Has tocado a Satanás!…”. Y se marchan con vivos gestos de repulsa y arrastrando consigo a la mujer que llora. Jesús con los brazos abiertos, los sigue con la luz de su mirada. Apóstoles: “Maestro… Maestro…”. Están aterrorizados, por la violencia de las palabras de Jesús y por las palabras de los judíos.
* “El Hijo habla con el Padre el lenguaje verdadero, y a través de éste, por el amor recíproco de Padre e Hijo, se realizan los milagros, no a través de tetragramas” (sciamanflorasc).- ■ Pedro pregunta (incluso un poco agachado al decirlo): “¿Qué quisieron decir con esa última pregunta? ¿Qué es esa cosa?”. Jesús: “¿Cuál? ¿El sciemanflorasc?”. Pedro: “Sí. ¿Qué es?”. Jesús: “No pienses en ello. Confunden la Verdad con la Mentira, a Dios con Satanás, y en su soberbia satánica piensan que haya que conjurar a Dios con su tetragrama, para satisfacer el capricho de los hombres. El Hijo habla con el Padre el lenguaje verdadero, y a través de éste, por el amor recíproco de Padre e Hijo, se realizan los milagros”. Pedro: “Pero ¿por qué te preguntó si habías estado en Egipto?”. Jesús: “Porque el Mal se sirve de las cosas más inofensivas para sacar de ellas acusaciones contra aquel a quien quiere hacer daño. El haber estado Yo, en edad infantil, en tierras de Egipto se contará como una de las principales acusaciones cuando llegue la hora de su venganza. ■ Tened en cuenta, vosotros y los futuros, que con el astuto Satanás y sus fieles servidores hay que tener doble astucia. Por esto he dicho: «Sed astutos como serpientes además de sencillos como palomas». Esto es para poner el mínimo de armas en manos de los endemoniados. Y, de todas formas, de nada sirve. Vámonos”. Pedro: “¿A dónde, Maestro? ¿A Jericó?”. Jesús: “No. Tomemos una barca y vayamos a la Decápolis nuevamente. Subiremos por el Jordán hasta la altura de Enón y allí embarcaremos. Luego en las riberas de Genesaret tomaremos otra barca y pasaremos a Tiberíades, de allí a Caná y Nazaret. Tengo necesidad de mi Madre. También vosotros. Lo que el Mesías no hace con su palabra, lo hace María con su silencio. Lo que no mi poder, lo hace su pureza. ¡Oh, Madre mía!”. Apóstoles: “¿Lloras, Maestro? ¿Lloras? ¡Oh, no! ¡Nosotros te defenderemos! ¡Te amamos!”. Jesús: “No lloro ni tengo miedo de los que me aborrecen. Lloro porque sus corazones son más duros que el jaspe y no puedo nada en muchos de ellos. Venid amigos”. Bajan a la orilla, suben  a una barca, y reman río arriba. Todo termina de este modo. (Escrito el 3 de Octubre de 1944).
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1  Nota  :  Cfr. 1 Sam. 28.-  Saúl.   2  Nota  :  Cfr. 2 Rey. 1. Elías a Ocozías.   3  Nota  :  Cfr.  Lev.  19,4 y 26 y 31; 20,6.  Sobre adivinación y ocultismo.  4  Nota  :  Cfr. Gén. 25,29-34.  Venta de la primogenitura por un puñado de lentejas.   5  Nota  :  Alusión a  Gén. 27,27-29.  El cap.  entero es una sublime adaptación.   6  Nota  :  Cfr. Jon. 2. Jonás en el vientre del pez.   7  Nota  : “Sciemanflorasc”. Probablemente esta palabra  no fue bien transmitida y los expertos ignoran qué pueda significar. Teniendo en cuenta el contexto parece que se trate de una expresión que empleaban las personas dedicadas a la magia en sus conjuros. Cfr. Hech. 19,13-27; Clem. Alejandrino, De la adoración y culto en espíritu y verdad. Lib. IV, en Minge. Patrología griega, tomo 68, col. 469-472.
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8-503-22 (9-200- 457).- “Los espíritus pueden venir a vosotros de dos modos: por mandato de Dios o por fuerza del hombre… No confundir lo sobrenatural con lo oculto”.
*  Sobrenatural (viene de Dios) y oculto (viene de fuente extraterrena pero no de Dios) .- ■ Dice Jesús: “Tú y quien te guía meditad bien mi respuesta a Pedro (1). El mundo —y por mundo entiendo no solo a los laicos— niega lo sobrenatural, pero luego, ante las manifestaciones de Dios, está pronto a acudir no a lo sobrenatural sino a lo oculto. Confunden una cosa con la otra. Escuchad ahora: sobrenatural es lo que viene de Dios. Oculto lo que viene de fuente extraterrena, pero no tiene su origen en Dios. ■ En verdad os digo que los espíritus pueden venir a vosotros. ¿Pero cómo? De dos modos. Por mandato de Dios o por fuerza del hombre. Por mandato de Dios vienen los ángeles y bienaventurados y los espíritus que están ya en la luz de Dios. Por la fuerza del hombre pueden venir los espíritus sobre los que un hombre puede tener poder, por estar sumergidos en regiones más bajas que las humanas, donde todavía hay un recuerdo de Gracia, aunque ya no hay Gracia activa. Los primeros vienen espontáneamente, obedeciendo a una orden: la mía. Y consigo llevan la verdad que quiero que conozcáis. Los otros vienen por un conjunto de fuerzas unidas: fuerzas del hombre idólatra, con fuerzas de Satanás-ídolo. ¿Pueden enseñaros la verdad? No. Jamás. Absolutamente no pueden. ¿Puede una fórmula aun cuando la enseñare Satanás, hacer que Dios se doblegue al capricho del hombre? No. Dios viene siempre espontáneamente. Una oración os puede unir con Él, pero no una fórmula mágica.  ■  Y si alguien objeta: «Samuel se apareció a Saúl» (2), Yo respondo: «No por mérito de la maga, sino por voluntad mía, con el objeto de hacer reaccionar al rey, rebelde a mi Ley»”.
*  ¿En nombre de quién hablan los profetas?.-Jesús: “Algunos dirán: «¿Y los profetas?». Los profetas hablan por el conocimiento de la Verdad, que se infunde en ellos directamente o por ministerio angélico. ■ Otros objetarán: «¿Y la mano que escribió en el banquete del rey Baltasar?». Esos tales lean la respuesta de Daniel: «… también tú te has levantado contra el Dominador del Cielo… alabando a los dioses de plata, bronce, hierro, oro,  leña,  piedra, los cuales no ven ni oyen ni conocen; pero no glorificaste al Dios en cuyas manos está tu respiro y cualquier cosa que hagas. Por esto Él ha mandado el dedo —espontáneamente mandado, mientras que tú, rey necio y necio hombre, no pensabas en ello y te preocupabas de  llenar tu vientre y engreírte la mente—  de esa mano que ha escrito lo que allí se encuentra»” (3).
* ¿Y las manifestaciones de un medium?.- Jesús: “Sí. Alguna vez Dios os llama con manifestaciones que vosotros consideráis de un medium (4), y que son en realidad manifestaciones de piedad de un Amor que quiere salvaros. Pero no debéis querer crearlas vosotros. Las que creáis no son jamás verdaderas, no son nunca útiles, nunca traen bien alguno. No os hagáis esclavos de lo que os destruye. No queráis llamaros y creeros más inteligentes que los humildes, que acatan la Verdad depositada de hace siglos en mi Iglesia, por el solo hecho de que sois unos soberbios que buscáis en la desobediencia permisos para vuestros ilícitos instintos.  Volved a entrar y permaneced en la Doctrina tantas veces secular: desde Moisés hasta Cristo, desde Cristo a vosotros, desde vosotros hasta el último día, es ésa y no otra. ■ ¿Es acaso ciencia lo vuestro? No. La ciencia está en Mí y en mi doctrina y la sabiduría del hombre consiste en obedecerme. ¿Curiosidad sin peligro? No. Es contagio de cuyas consecuencias podéis lamentaros luego.  Fuera Satanás si queréis tener a Cristo. Soy el Bueno. Pero no puedo convivir con el Espíritu del Mal.  O Yo o él. Escoged. ■ Oh, «portavoz» mía, di esto a quien hay que decírselo. Es la última voz que llegará a éstos. Tú y quien te dirige estad precavidos. Las pruebas se transforman en pruebas contrarias en manos del Enemigo y de los enemigos de mis amigos. ¡Estad atentos! Quedaos en paz”. (Escrito el 3 de Octubre de 1944).
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1  Nota  : Respuesta  dada en el episodio  anterior 8-503-17.   2  Nota  :  Cfr. 1 Sam.  28,3-25.   3   Nota  : Cfr.  Dan. 5.   4  Nota  : De un medium o telepáticas.
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(<Jesús está en Jerusalén. Una Jerusalén invernal, gris, azotada por el viento>)
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8-505-31 (9-202-466).- “Tened fe. Sabed orar con fe en la oración. La fe perseverante abre el Cielo y la fe salva al alma por la oración”.- Parábola del Juez inicuo y la viuda (1). “¿Cuando el Hijo del hombre vuelva encontrará todavía fe en la tierra?”.
* Jamás es tarde para el Altísimo. Si conserváis la fe, veréis el milagro”.- ■ No hay mucha gente en el Templo. Después de la afluencia de las fiestas, los peregrinos disminuyen. Tan sólo los que por intereses de importancia se ven obligados a venir a Jerusalén, o quien habita en esta ciudad, sube al Templo. Por esto los patios y los pórticos, aunque no están desiertos, están menos ocupados y parecen más extensos, más sagrados, porque hay más silencio. También —arrimados a las murallas por la parte del sol, de un pálido sol que se abre paso entre las nubes grises—  son menos numerosos los cambistas y los vendedores de palomas y de otros animales.  Después de que Jesús oró en el patio de los israelitas, se vuelve y se apoya junto a una columna observando… y siendo observado. ■ Ve que vienen de detrás del patio de los hebreos, un hombre y una mujer que sin mostrar que lloran, su rostro está lleno de dolor. El hombre trata de consolar a la mujer, pero se ve que también él está afligidísimo. Jesús se separa de la columna y va a su encuentro. “¿Qué os hace sufrir?” les pregunta compasivamente. El hombre mira, sorprendido de que se interese por ellos, tal vez le parezca que la pregunta no sea delicada; pero la mirada de Jesús es tan dulce que lo desarma. Antes de decir lo que sufre, pregunta: “¿Cómo es posible que un rabí se interese de las penas de un sencillo israelita?”. Jesús le dice: “Porque el rabí es tu hermano. Tu hermano en el Señor y te ama como está escrito en el mandamiento”. Hombre: “¡Mi hermano! Soy un pobre campesino de la llanura de Sarón, hacia Dora. Tú eres un Rabí”. Jesús: “El dolor es tanto para los rabíes como para los demás. Sé lo que significa el dolor, y quisiera consolarte”. La mujer se levanta un momento el velo para mirar a Jesús y en voz baja dice a su marido: “Díselo. Tal vez nos pueda ayudar…”. ■ El hombre explica: “Rabí, teníamos una hija. La tenemos. Por ahora todavía la tenemos… La casamos decorosamente con un joven que uno de nuestros amigos nos garantizó que sería buen marido. Son esposos desde hace seis años, y de su desposorio han nacido dos niños. Dos… porque después el amor se desvaneció… Tanto que ahora… el esposo quiere el divorcio. Nuestra hija llora y se muere. Por esto hemos dicho que todavía la tenemos, porque dentro de poco morirá de dolor. Hemos intentado todo para convencer a su marido. Hemos rogado mucho al Altísimo… Pero ninguno de los dos ha escuchado… Hemos venido aquí en peregrinación por este motivo, y nos hemos quedado aquí durante el curso de una luna (2). Todos los días en el Templo. Yo en mi lugar, mi mujer en el suyo… Esta mañana un criado de mi hija nos trajo la noticia que su esposo había ido a Cesarea para mandarle desde allá el libelo de divorcio (3). Esta es la respuesta que nuestras plegarias han obtenido…”. La mujer le suplica en voz baja: “No hables así Santiago”. Y luego: “El Rabí nos puede maldecir como a blasfemos… Dios nos puede castigar. Es nuestro dolor. Viene de Dios… Y si nos ha castigado, señal es de que lo merecíamos” termina la mujer con sollozo. Jesús dice a la mujer: “No, mujer. No os voy a maldecir y Dios no os va a castigar. Os lo prometo. Así como os digo que no es Dios quien os envía este dolor, sino que es el hombre quien os lo causa. Dios lo permite para prueba vuestra y para probar al marido de vuestra hija. No perdáis la fe y el Señor os escuchará”. Hombre: “Es ya tarde. Nuestra hija ya fue repudiada y ha perdido la fama…”. ■ Jesús: “Jamás es tarde para el Altísimo. En un instante, y por una oración persistente, puede cambiar el curso de los sucesos. Desde la copa a los labios la muerte tiene todavía tiempo de introducir su puñal e impedir que quien ya tenía la copa en los labios, lo beba. Y ello por intervención de Dios. Os lo aseguro. Volved a vuestros lugares de plegaria y continuad hoy, mañana y pasado mañana. Y si conserváis la fe, veréis el milagro”. El hombre insiste: “Rabí, tratas de consolarnos… pero en estos momentos… No se puede. Tú lo sabes, no se puede anular el libelo una vez que se entrega a la repudiada”. Jesús: “Te digo que tengas fe. Es verdad que no se le puede anular, pero ¿sabes que tu hija la recibió?”. Hombre: “De Dora a Cesárea no es largo el camino. Mientras el siervo venía hasta aquí, seguro que Jacob ha regresado ya a casa y expulsado a María”. Jesús: “No es largo el trayecto, pero ¿estás seguro que ya lo hizo? ¿No puede una voluntad superior a la humana haber detenido a un hombre, si Josué, con la ayuda de Dios, detuvo el sol? (4). ■ Vuestra plegaria persistente y llena de confianza que tiene un buen fin, ¿no es acaso una voluntad santa que se opone a una mala? ¿Y puesto que pedís una cosa buena a Dios, a vuestro Padre, ¿no os ayudará a detener los pasos de ese insensato? ¿No os habrá ya escuchado? Y, aunque el hombre se obstinase todavía en ir, ¿podría hacerlo si vosotros os obstináis en pedir al Padre una cosa justa? Os digo: id a orar hoy, mañana y pasado mañana y veréis el milagro”. Mujer: “¡Vamos, Santiago! El Rabí sabe lo que dice. Si manda ir a orar señal es que sabe que es justo. Ten fe, esposo mío, siento una gran paz, siento que una esperanza me nace donde antes había sólo dolor. Dios te lo pague, Rabí bueno, y que te escuche. Ruega también por nosotros. Ven, Santiago, ven” y logra convencer a su marido que la sigue después de haberse despedido de Jesús con el acostumbrado saludo judío: “La paz sea contigo”, al que Jesús responde de igual modo.
* De este modo su fe es perfecta”.- ■ Los apóstoles dicen a Jesús: “¿Por qué no les has dicho quién eres? Hubieran orado con más tranquilidad”. Felipe añade: “Se lo voy a decir”. Jesús le detiene diciéndole: “No quiero. Habrían orado con más serenidad pero con menos mérito. De este modo su fe es perfecta y será premiada”. Felipe: “¿De veras?”. Jesús: “¿Queréis que hubiera mentido a esos dos infelices?”.
* Valor de la oración perseverante: la parábola de la viuda y del juez inicuo. “La fe perseverante abre el Cielo y la fe salva al alma por la oración”. ■ Jesús mira a la gente que le rodea. Será alrededor de un centenar de personas. Dice: “Escuchad esta parábola que os mostrará el valor de la oración perseverante. Sabéis lo que dice el Deuteronomio al hablar de los jueces y magistrados (5): que deben ser justos y misericordiosos escuchando con imparcialidad a quien recurre a ellos, pensando siempre que deben juzgar el caso que se les presenta, como si fuera un caso suyo personal, sin tener en cuenta regalos o amenazas, sin deferencia a los amigos culpables y sin dureza hacia aquellos que estuvieron enemistados con los amigos del juez. Pero, si las palabras de la Ley son justas, no son igualmente justos los hombres ni saben obedecer la Ley. De este modo se ve que con frecuencia la justicia humana es imperfecta, porque son raros los jueces que sepan conservarse puros de corrupción, misericordiosos, pacientes tanto con los ricos como con los pobres; tanto con las viudas y los huérfanos como con aquellos que no lo son. ■ En una ciudad había un juez muy indigno de su oficio, obtenido por medio de parentescos de mucha influencia. Por su parte era parcial en juzgar y propenso en dar la razón al rico y al poderoso, o a quien tenía recomendación de ricos o poderosos; o hacia el que le comprase con grandes regalos. No tenía temor de Dios y se burlaba de las quejas del pobre y del débil por estar solo y sin quien le defendiese. Cuando no quería escuchar a quien claramente tenía razón contra un rico, al que no quería condenar de ninguna manera, él hacía que le alejaran de su presencia amenazándole con arrojarle a la cárcel. La mayoría soportaban su modo violento de ser, resignados a la derrota aun antes de que su caso se discutiese. ■ Pero en aquella ciudad vivía una viuda cargada de hijos. Debía recibir una fuerte suma de dinero por trabajos que su difunto esposo había hecho para un rico. Ella, obligada por la necesidad y amor materno, había tratado de que el rico le diera esa suma, que le habría permitido dar de comer a sus hijos y vestirlos para el invierno que se acercaba. Pero como el rico no le hizo caso, pese a todas sus súplicas e insistencias, se dirigió al juez. El juez era amigo del rico, el cual le había dicho: «Si me das la razón, un  tercio de la suma es tuyo». Por esto, se hizo sordo a las palabras de la viuda que le decía: «Hazme justicia respecto de mi adversario. Ves que tengo necesidad. Todos pueden decir si tengo derecho a la suma». Se hizo sordo y mandó a sus ayudantes que la alejaran de su presencia. Pero la mujer volvió una, dos, diez, veces; por la mañana, al mediodía, por la tarde… incansable. Y le seguía por la calle gritándole: «Hazme justicia. Mis hijos tienen hambre y frío, y no tengo dinero para comprar harina y ropa». Se presentaba en la puerta de la casa del juez cuando éste volvía para sentarse a la mesa con sus hijos. Y el grito de la viuda: —«hazme justicia con mi adversario, que mis hijos y yo tenemos hambre y frío»— penetraba hasta dentro de la casa, hasta el comedor, hasta el dormitorio por la noche, persistente como el chillido de una lechuza: «¡Hazme justicia, si no quieres que Dios te castigue! Recuerda que la viuda y los huérfanos son sagrados ante los ojos de Dios y ¡ay de quien los pisotea! Hazme justicia si no quieres sufrir un día lo que sufrimos nosotros. El hambre que tenemos, el frío que soportamos te lo encontrarás en la otra vida, si no haces justicia. ¡Pobre de ti!». ■ El juez no tenía temor de Dios, ni del prójimo. Pero estaba cansado de ser molestado siempre; de ver que era objeto de burla por parte de toda la ciudad por la persecución de la viuda, y también objeto de crítica. Por eso, un día se dijo a sí mismo: «Aunque yo no tema a Dios ni tema las amenazas de la mujer, ni lo que piensa la gente de la ciudad, a pesar de ello y para quitarme de encima tanta molestia, voy a escuchar a la viuda y le haré justicia, obligando al rico a que le pague. Me basta con que me deje de perseguir por todas partes y se me quite de en medio». Llamó a su amigo rico y le dijo: «Amigo mío, no es posible seguir complaciéndote. Cumple con tu deber y paga, porque no puedo soportar que se me moleste por tu causa. He dicho». Y el rico tuvo que desembolsar la suma de dinero según justicia. ■ Esta es la parábola. Ahora voy a aplicarla. Habéis oído las palabras de un hombre inicuo: «Para quitarme de encima tanta molestia, voy a escuchar a la viuda». Y era inicuo. ¿Y Dios, el Padre lleno de bondad, va a ser inferior al juez malo? ¿No hará justicia a aquellos hijos suyos que le invocan día y noche? ¿Les hará esperar tanto el favor pedido, que su alma abatida deje de orar? Yo os digo que prontamente les hará justicia, para que su alma no pierda la fe. Pero antes es necesario saber orar, sin cansarse después de las primeras oraciones y saber pedir cosas buenas. Y también fiarse de Dios diciendo: «Pero hágase lo que  tu sabiduría ve más útil para nosotros».  Tened fe. Sabed orar con fe en la oración y con fe en Dios vuestro Padre. Y Él os hará justicia contra lo que os oprime: sean hombres o demonios, sean enfermedades u otras desgracias. La oración perseverante abre el Cielo, y la fe salva al alma por la oración. ¡Vámonos!”.
¿Cuando el Hijo del hombre vuelva encontrará en la tierra todavía fe?”.- ■ Y Jesús se dirige a la salida. Ya está casi fuera del recinto cuando, levantando la cabeza para mirar a los pocos que siguen y a los muchos indiferentes u hostiles que le miran desde lejos, exclama: “¿Pero cuando vuelva el Hijo del hombre, encontrará en la tierra todavía fe?” y, suspirando, se envuelve en su manto y camina a grandes pasos hacia el suburbio de Ofel. (Escrito el 27 de Septiembre de 1946).
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1  Nota  : Cfr.  Lc.  18,1-8.   2  Nota  : “Nos hemos quedado aquí por todo el tiempo de una luna”.- Cfr. Lev. 23,23-24;  Núm. 10,1-10; 1 Sam. 20,5 y  24; Is. 1,10-20; Am. 8,5: el primer día del mes lunar, llamada luna nueva o neumonia, era día de fiesta.   3  Nota  : Libelo de  divorcio.- Cfr.  Deut.  24,1-4.   4  Nota  : Cfr.  Jos. 10,10-15.   5  Nota  : Cfr. Deut. 16,18-20.
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(<Jesús, viniendo de Emmaús de la Montaña, está entrando en la ciudad de Beterón>)
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8-514-103 (9-514-533).- La fe, bien se trate de pagano o de judío, necesaria para obtener el milagro. Al oficial romano: “Volveremos a vernos en otro monte”.
* “¿Por qué no decir que Dios, el verdadero Dios, y no la casualidad, me ha acercado a ti?”.- ■ Ya están cerca del pueblo. Bartolomé y Esteban se llegan donde Jesús para contarle que uno de Beterón, pariente de Elquías el fariseo, ha venido a rogarles que le lle­ven enseguida donde su esposa, que está agonizando. Jesús: “Vamos. Hablaré después. ¿Sabéis dónde está?”. Bartolomé: “Ha dejado con nosotros a un criado. Está detrás, con los demás”.  Jesús: “Decidle que venga. Vamos a acelerar el paso”. El criado acude. Es un viejo robusto, y está consternado. Saluda y mira con curiosidad a Jesús, que le sonríe y le pregunta: “¿De qué muere tu ama?”. Criado: “De… Tenía que tener un niño. Pero se le ha muerto dentro y su sangre se ha corrompido. Delira como una loca… ¡morirá! Le han abierto las venas para hacer bajar la fiebre. Pero la sangre está toda envenenada y tiene que morir. La han sumergido en la cisterna para apagar el ardor. Está bajo mientras está en el agua helada; luego es más fuerte que antes, y tose y tose… ¡se morirá!”. Mateo gruñe entre dientes: “¡Y cómo no! ¡Con ciertos remedios!”. Jesús: “¿Desde cuándo está enferma?”. ■ El criado está para responder, cuando llega corriendo por una bajada el jefe de una patrulla romana. Se para delante de Jesús. “¡Salve! ¿Tú eres el nazareno?”. “Lo soy. ¿Qué quieres de Mí?”. Los que siguen a Jesús acuden creyendo quién sabe qué… Oficial: “Un día un caballo nuestro dio un golpe a un niño hebreo y Tú le curaste para impedir que los hebreos armaran una algarabía contra nosotros. Ahora las piedras hebreas han hecho caer a un soldado, y yace en el suelo con una pierna rota. No puedo detenerme. Estoy de servicio. Ninguno en el pueblo quiere tenerle. No puede andar. No puedo llevármelo tirando de él con la pierna rota. Sé que no nos desprecias, como hacen todos los hebreos”. Jesús: “¿Quieres que cure al soldado?” Oficial: “Sí. Curaste también al siervo del Centurión y a la hija de Vale­ria. Salvaste a Alejandro de la ira de tus compatriotas. Estas cosas se saben, en las capas altas y en las bajas”. Jesús: “Vamos donde el soldado”… Y Jesús va detrás del oficial, que devora el camino con sus largas piernas musculosas y libres de estorbos de vestiduras. ■ Pero, aun caminando así, delante de todos, encuentra la manera de decir alguna palabra a quien le sigue inmediatamente, que es Jesús, y di­ce: “Hace tiempo estaba con Alejandro. Él te… Hablaba de Ti. La casualidad te acerca a mí en este momento”. Jesús: “¿La casualidad? ¿Por qué no decir Dios, el verdadero Dios?”. El soldado calla unos momentos y luego dice, de forma que sólo oiga Jesús: “El Dios verdadero sería el hebreo… Pero no se atrae nuestro amor. ¡Si es como los hebreos! Ni siquiera de un herido tie­nen compasión…”. Jesús: “El verdadero Dios es el Dios de los hebreos, como lo es también de los romanos, de los griegos, de los árabes, de los partos, escitas, iberos, galos, celtas, líbicos y de los hombres hiperbóreos. ¡Hay un solo Dios! Pero muchos no le conocen. Otros le conocen mal. Si le co­nocieran bien, serían todos, unos para con otros, como hermanos, y no habría atropellos, odios, calumnias, venganzas, actos de lujuria, hurtos y homicidios, adulterios y mentiras. Yo conozco al verdadero Dios y he venido para darle a conocer”. ■ Oficial: “Se dice —nosotros tenemos que tener bien abiertos los oídos para referir al Centurión, y éste a su vez al Procónsul—, se dice que Tú eres Dios. ¿Es verdad?”. El soldado se muestra muy… preocupado mientras dice esto; mira a Jesús bajo la sombra del yelmo y parece casi asustado. Jesús: “Lo soy”. Oficial: “¡Por Júpiter! ¿Entonces es verdad que los dioses bajan a conversar con los hombres? ¡Haber recorrido el mundo detrás de las ense­ñas y venir aquí, ya viejo, a encontrar a un dios!”. Jesús corrige: “A Dios. Único. No a un dios”. Pero el soldado está anonadado por la idea de que lleva delante a un dios… ■ No dice nada más… piensa. Piensa, hasta que, justo a la entrada del pueblo, encuentran a la patrulla, parada, en torno al heri­do, que gime en el suelo. El oficial dice concisamente: “¡Ahí tienes!”. Jesús se abre paso y se acerca. La pierna —ya hinchada y lívi­da— tiene una fea rotura, con el pie girado hacia dentro. El hombre debe sufrir mucho, y, al ver que Jesús extiende una mano, suplica: “¡Hazme poco daño!”. Jesús sonríe. Apenas toca con la punta de los dedos en el lugar donde el círculo lívido del traumatismo señala la fractura. Y luego dice: “¡Levántate!”. El oficial explica: “Tiene otra rotura más arriba, en la cadera”, queriendo decir, sin duda: “¿No tocas esa?”. ■ Justo en ese momento, llega un habitante de Beterón: “¡Maestro, Maestro! Pierdes el tiempo con los paganos y mi mujer se muere”.  Jesús: “Ve a traérmela”. “No puedo. ¡Está loca!”.  Jesús: “Ve a traértela si tienes fe en Mí”. “Maestro, no se puede. Está desnuda y no se puede vestir. Está como loca y se rasga los vestidos. Está agonizando. No puede más”. Jesús: “Ve y tráemela, si no eres inferior en la fe a estos gentiles”. El hombre se va de mala gana. ■ Jesús mira al romano que está tendido a sus pies: “¿Y tú sabes tener fe?”. Soldado: “Yo sí. ¿Qué tengo que hacer?” Jesús: “Levantarte”. El oficial dice: “Mira, Camilo, que…”. Pero el soldado está ya de pie, ágil, sano.  Los israelitas no lanzan hosannas. No es un hebreo el curado. Es más, parecen descontentos, o, por lo menos, su cara expresa crítica contra el gesto de Jesús. Pero los soldados no lo están. Desenvainan sus cortas y anchas dagas y las levantan, después de haberlas golpeado contra los escudos como para hacer ruido de fiesta. Jesús está en medio del círculo de armas blancas. El oficial le mira. No sabe cómo expresarse, ni qué hacer, él, hombre al lado de un dios, él, pagano al lado de Dios… Piensa y juz­ga que al menos debe hacer a Dios lo que haría al César. Y ordena el saludo militar al emperador (yo al menos creo que es así, porque oigo que resuena un «¡Ave!» potente, mientras las dagas refulgen poniéndose casi horizontales en lo alto del brazo extendido). ■ Y, no con­tento todavía, el oficial dice en voz baja: “Ve tranquilo incluso de noche. Los caminos… todos vigilados. Servicio contra los bandidos. Estarás seguro. Yo…”. Deja de hablar. Ya no sabe qué más decir. Jesús le sonríe y dice: “Gracias. Ve y sé bueno. Incluso con los bandidos sé humano. Fiel a tu servicio, pero sin crueldad. Son unos infelices. Y tendrán que rendir cuentas de sus acciones a Dios”. Oficial: “Lo seré. ¡Salve! Quisiera volver a verte…”. Jesús le mira muy fijamente. Luego dice: “Volveremos a vernos. En otro monte”. Y repite: “Sed buenos. Adiós”. Los soldados reanudan su camino.
* Pero, en verdad os digo, a todos vosotros, que aquellos a los que despreciáis son mejores que vosotros y saben creer en mi poder más que vosotros”.- ■ Jesús entra en el pueblo. Re­corre pocos metros y, hacia Él y los que le siguen, ve venir a un gru­po numeroso y vociferador (comentan cosas a gritos). Y del grupo se adelantan un hombre y una mujer —el hombre de antes— y se incli­nan delante de Jesús: la mujer, de rodillas; el hombre, sólo inclinado. Jesús les dice: “Levantaos y alabad al Señor. Pero tengo que decirte a ti, hom­bre, que tu conciencia no es clara. Has venido a Mí por egoísmo, no por amor a Mí y por fe en Mí. Y has dudado de mi palabra. ¡Y sabes quién soy! Luego, has tenido un pensamiento no bueno, porque me paraba a curar a un gentil; de la misma forma que todo el pueblo ha­bía obrado mal negándose a acoger al herido. Por un exceso de mise­ricordia y para tratar de hacer bueno tu corazón, te he curado a tu esposa sin entrar en tu casa. No lo merecías. Lo he hecho para que veas que no es necesario que Yo vaya para actuar; basta con que quiera. ■ Pero, en verdad os digo, a todos vosotros, que aquellos a los que despreciáis son mejores que vosotros y saben creer en mi poder más que vosotros. Levántate, mujer. Tú no eres culpable, porque no razonabas. Ve, y que sepas creer de ahora en adelante por gratitud al Señor”. ■ La expresión de los habitantes del pueblo se enfría y se hace alti­va ante el reproche de Jesús; le siguen con poco entusiasmo hasta la plaza, donde se detiene a hablar, visto que el arquisinagogo no le invita a entrar en la sinagoga y que ninguna casa se abre al Maestro. (Escrito el 17 de Octubre de 1956).
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8-536-272 (9-233-697).- En el valle de Hinnón y en Siloán, 7 leprosos curados. “Él nos mandó socorreros porque quien es del Mesías debe amar como el Mesías ama”.
* Pedro y Tadeo preparan el corazón de los leprosos para creer en el milagro.
En el valle de Hinnón: Cuatro, creen en el milagro, curados. Tres, resisten, y no son curados.- Jesús, con Pedro y Judas Tadeo, camina deprisa por un lugar triste, pedregoso, situado en un costado de la ciudad.  Estoy casi segura de que está fuera y en el lado oste de la ciudad porque no veo el olivar, sino un montecillo, mejor dicho, varios montecillos, que poco a poco empiezan a verdear, del occidente de Jerusalén (entre los que está el lúgubre Gólgota). Tadeo, cargado con los paquetes al igual que Pedro, dice: “Podremos dar algo con lo que hemos podido comprar. Debe ser terrible vivir en esos sepulcros en el invierno”. Pedro:  “Me alegro de haber ido a las casas de los libertos porque me han dado este dinero para los leprosos. ¡Pobres infelices! En estos días de fiesta nadie se acuerda de ellos. Todos lo pasan bien… Ellos se han de acordar de su casa perdida… Pero, ¡si al menos creyesen en Ti!”. Y Pedro, siempre sencillo y tan apegado a Jesús, le pregunta: “¿Lo harán, Maestro?”. Jesús: “Sea nuestra esperanza, Simón, sea nuestra esperanza. Entretanto, vamos a orar…”. Y continúan orando. ■ El triste valle de Hinnón aparece con sus sepulcros de vivos. Jesús dice: “Adelantaos y dad”. Los dos van, hablando en voz alta. Por las aberturas de las cuevas o refugios se dejan ver las caras de los leprosos. Pedro dice: “Somos los discípulos del Rabí Jesús. Está viniendo y nos ha mandado a que os demos algo. ¿Cuántos sois?”. Un leproso dice por todos: “Aquí siete. Tres más en la otra parte, pasado En Rogel”. Pedro abre su envoltorio. Tadeo, el suyo. Hacen diez partes. Pan, queso, mantequilla, aceitunas. ¿Dónde poner el aceite, que está en una pequeña jarra? Pedro grita: “Uno de vosotros traiga un recipiente. Que lo ponga allí, sobre la roca. Os dividiréis el aceite, como hermanos que sois y en nombre del Maestro que predica el amor para con el prójimo”. Y un leproso, cojeando, baja hacia ellos, los cuales, entretanto, han ido a una roca ancha. Pone en ella una jarrita vieja. Los mira mientras vierten el aceite, y, asombrado,  pregunta: “¿No tenéis miedo de que esté yo cerca de vosotros?”. En efecto, entre el leproso y los dos apóstoles media solo la roca. Tadeo, con su majestad que impone, dice: “Nosotros solo tenemos miedo a ofender a la caridad. Él nos ha mandado diciendo que os socorriéramos, porque quien es del Mesías debe amar como el Mesías ama. Ojalá este aceite abra vuestro corazón, lo ilumine como si ya estuviera encendido en la lámpara de vuestro corazón. El Reino de la Gracia ha llegado para los que esperan en el Señor Jesús. Tened fe en Él. Él es el Mesías y sana cuerpos y almas. Todo lo puede porque es Emmanuel”. El leproso está con su jarrita  entre las manos y le mira como fascinado. Dice: “Sé que Israel tiene su Mesías, porque de Él hablan los peregrinos que vienen a buscarle a la ciudad, y nosotros oímos lo que dicen. Yo nunca le he visto porque hace poco que he venido. ¿Decís que me curaría? Entre nosotros hay algunos que le maldicen, otros que no. No sé a quién creer”. ■ Tadeo: “¿Son buenos los que le maldicen?”. Leproso: “No. Son crueles y nos tratan mal. Quieren los mejores lugares y las raciones más abundantes. Y ni sabemos si vamos a poder seguir aquí”. Tadeo explica: “Tú mismo ves que, quien da hospedaje al infierno, es quien odia al Mesías. Porque el infierno se siente ya vencido por Él, y por esto le odia. Pero te aseguro que a Él hay que amar, y con fe, si se quiere obtener del Altísimo gracia, aquí y más allá de esta Tierra”. Leproso: “¡Que si quisiera alcanzar gracia! Hace apenas dos años que me casé y tengo un niñito que no me conoce. Desde hace pocos meses soy leproso. Lo veis”. En realidad tiene pocas manchas. Tadeo: “Dirígete al Maestro con fe. ¡Mira! Allí viene. Llama a tus compañeros y regresa aquí. Pasará y te sanará”. El hombre corre por la falda del monte y llama: “¡Urías! ¡Joab! ¡Adiná! Y vosotros que no creéis. El Señor viene a salvarnos”. Uno, dos, tres cuerpos horrorosos, se aproximan. Pero la mujer apenas se asoma. Es un horror viviente… Tal vez llora, tal vez habla, pero no se le puede entender nada, porque su voz sale de algo que no es la boca y que ahora no es más que dos mandíbulas, desnudas de dientes, descubiertas, horribles. Leproso: “Te repito que me dijeron que os llamase. Que viene a curarnos”. La mujer dice: “¡Yo no! Las otras veces no le he creído… y ya no me escuchará más…  y además no puedo caminar”, lo dice con claridad pero ¡quién sabe con qué esfuerzo!; se ayuda incluso con los dedos para sujetar los restos de los labios para poder hablar claro. Los dos hombres y el de la jarrita le dicen: “Nosotros te llevamos, Adiná…”. Leprosa: “Oh… no… demasiado pecado…”  y se queda donde está… ■ Otros tres corren, como pueden, avasalladores, y dicen: “Mientras tanto danos el  aceite, y luego os podéis ir con Belcebú, si así lo queréis”. El de la jarrita protesta:  “El aceite es para todos”, y trata de defender su tesoro. Pero los tres, violenta y cruelmente, le ganan y le arrebatan la jarrita. El de la jarrita: “Ved. Siempre lo mismo… Un poco de aceite después de tanto… Pero el Maestro llega… Vamos a Él. ¿No quieres venir, Adiná?”. Leprosa: “No me atrevo…”.  ■ Los tres bajan hacia la roca. Se paran a esperar a Jesús, a cuyo encuentro han ido los dos apóstoles. Y, una vez que llega al lugar, gritan: “¡Piedad de nosotros, Jesús de Israel! ¡Esperamos en Ti, Señor!”. Jesús levanta su rostro, los mira con su mirada inimitable. Pregunta: “¿Por qué queréis la salud?”. Los leprosos gritan: “Por nuestras familias, por nosotros… Es horrible vivir a aquí…”. Jesús:  “No sois solo carne, hijos. Tenéis también alma y vale más que la carne. De ella os deberíais ocupar. No pidáis, pues, solamente la curación por vosotros, por vuestras familias, sino para tener tiempo de conocer la Palabra de Dios y viváis a fin de comprender su Reino. ¿Sois justos? Obrad más santamente. ¿Sois pecadores? Pedid tiempo para que podáis reparar el mal hecho… ¿Dónde está la mujer? ¿Por qué no viene? ¿No tiene valor de ver el rostro del Hijo del hombre, ella que no temió encontrarse con el rostro de Dios cuando pecaba? Id a decirle que mucho le ha sido perdonado por su arrepentimiento y resignación, y que el Eterno me ha traído para absolver a los que se han arrepentido de su pasado”. Un leproso advierte: “Maestro, Adiná no puede caminar…”. Jesús: “Id a buscarla y ayudadla a bajar aquí. Y traed otro jarro. Os daremos más aceite…”. ■ Pedro, mientras los leprosos van en busca de la mujer, en voz baja dice: “Señor, apenas llega para los otros”. Jesús: “Habrá para todos. Ten fe. Porque es más fácil para ti tener fe en esto, que para esos miserables tener fe en que su cuerpo pueda volver a ser lo que era”. Entre tanto, arriba, en las grutas, se ha encendido una riña entre los tres leprosos malos, por causa del reparto de la comida… La mujer, traída en brazos de los otros,  baja… y gime, como puede: “¡Perdón! ¡Por el pasado! ¡Por no haber pedido perdón las otras veces!… ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”. La ponen junto a la roca. Y sobre la roca una especie de cazuela todo abollada. Jesús pregunta: “¿Qué os parece que sea más fácil, hacer que aumente el aceite o hacer que brote carne donde la lepra se la comió?”. Un momento de silencio… Luego es precisamente la mujer que responde: “El aceite. Pero también la carne porque Tú lo puedes todo, y puedes darme el alma de mis primeros años. ¡Creo, Señor!”. ■ ¡Oh, la sonrisa divina!  Es como una luz que dulce, suave, gozosa se propaga.  Está en los ojos, en los labios, en la voz mientras dice: “Por tu fe estás curada y perdonada. También vosotros. Tened este aceite y alimentos para restableceros. Id a ver al sacerdote como está prescrito (1). Mañana, cuando amanezca os traeré vestidos y podréis salir. ¡Ea, alabad al Señor! ¡No sois más leprosos!”. Es entones entonces cuando los cuatro, que hasta ahora habían estado mirando fijamente al Señor, se miran y gritan su estupor. La mujer quisiera erguirse, pero está demasiado desnuda para hacerlo. Sus harapos se le caen en jirones, y su cuerpo está más desnudo que cubierto. Permaneciendo semioculta tras la roca, por un pudor que no solo es por Jesús, sino también por sus compañeros, llora sin freno, diciendo: “¡Bendito seas! ¡Bendito seas! ¡Bendito seas!” ■ y sus bendiciones se mezclan con las horribles blasfemias de los tres malos leprosos, que se han enfurecido al ver curados a los otros. Suciedades y piedras vuelan por el aire. Jesús: “No podéis estar aquí. Venid conmigo. No os pasará nada malo. Mirad. Por el camino no viene nadie. Mirad. Es la hora de sexta que hace que todos se reúnan en sus casas. Iréis con los otros leprosos hasta mañana. No temáis. Seguidme. Ten mujer” y le pone su manto para que se cubra. Los cuatro, un poco cohibidos, un poco aturdidos, le siguen como cuatro corderos. Recorren lo que queda del valle de Hinnón.
.    ● En Siloán. Tres, creen en milagro, curados.- ■ Cruzan el camino, van hacia Siloán, otro triste y célebre lugar de leprosos. Jesús se detiene al pie de los riscos y dice: “Subid y decidles que mañana temprano estaré aquí. Id y haced la fiesta con ellos, y predicad al Maestro de la Buena Nueva”. Ordena que les den toda la comida que tienen y los bendice antes de despedirse de ellos. Jesús dice: “Ahora vámonos. Ya es más de la sexta”, y se vuelve para regresar al camino bajo que lleva a Betania. ■ Mas pronto llama su atención un grito: “Jesús, Hijo de David, piedad también de nosotros”. Pedro advierte: “No han esperado al alba éstos…”. Jesús: “Vamos a acercarnos. ¡Son tan pocas las horas en que puedo hacer el bien a alguien, sin que los que me odian turben la paz de los que reciben el favor!”, y vuelve sobre sus pasos, con la cabeza levantada hacia los tres leprosos de Siloán que se han asomado al rellano de la pequeña colina y que repiten el grito, al que se unen los curados, que están detrás. Jesús no hace más que extender sus manos y decir: “Hágase como queréis. No olvidéis de vivir según los caminos del Señor”. Los bendice mientras la lepra desaparece de sus cuerpos, algo así como una capa de nieve que se derrite a los rayos del sol. Jesús se marcha, ligero, seguido de las bendiciones de los curados, que, desde su risco, extienden los brazos como para abrazarle. (Escrito el 4 de Diciembre de 1946).
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1  Nota  : Cfr. Lev. 13 y 14.
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(<Es continuación del episodio anterior. Jesús,  con sus apóstoles nuevamente reunidos, ha llegado a Betania>)
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8-536-280 (9-233-704).- Marta y María deben creer y esperar contra toda realidad.
Marta, María, cuanto más se ama, más se obtiene. Amar es saber esperar y creer sobre toda medida que aconseja a no creer y a no esperar”.- ■ Zelote observa: “Ahí están Maximino y Sara. Debe estar muy mal Lázaro para que sus hermanas no salgan a tu encuentro”. Los dos se acercan presurosos y se postran. En sus rostros, en sus vestidos está impresa la huella que el dolor y la fatiga acompañan a las familias en donde se lucha contra la muerte. Maximino no dice sino: “Maestro, ven…” pero tan afligido, que vale más que un discurso. ■ Llevan a Jesús a la puerta de la pequeña habitación, mientras los otros siervos se ocupan de los apóstoles. Al leve toque de la puerta acude Marta, saca la cabeza flaca y pálida: “¡Maestro, Ven! ¡Bendito seas!”. Jesús entra, atraviesa la habitación que precede a la del enfermo, entra en ésta. Lázaro está durmiendo. ¿Lázaro? Un esqueleto, una momia amarillenta que respira… Su cara es una calavera, y en el sueño es aún más visible su destrucción. La piel cenicienta y estirada brilla en los ángulos de los pómulos, de las mandíbulas; en la frente, en las órbitas, tan profundas que parecen no tener ojos; en la nariz afilada, que parece haber crecido tanto que desfigura el contorno de las mejillas. Los labios están pálidos hasta el punto de desaparecer, y da la impresión de que no pueden cerrarse sobre las dos filas de dientes semidescubiertos, semicerrados… Una cara ya de muerto. ■ Jesús se inclina para mirar. De nuevo se yergue. Mira también a las dos hermanas, las cuales a su vez le  miran con toda el ansia concentrada en sus ojos, en su alma adolorida, llena de esperanza. Les hace una señal, y, sin ruido, sale afuera, al pequeño patio que precede a las dos habitaciones. María y Marta le siguen. Cierran la puerta tras sí.  Una vez solos ellos, entre cuatro paredes, en silencio, con el cielo arriba sobre sus cabezas, se miran. Las hermanas no saben ya pedir, no saben ni siquiera hablar. Pero Jesús habla: “Vosotras sabéis quién soy. Sé quiénes sois vosotras. Sabéis que os amo. Sé que me amáis. Conocéis mi poder. Conozco vuestra fe en Mí. Sabéis también, sobre todo tú, María, que cuanto más se ama, más se obtiene. Amar es saber esperar y creer más allá de cualquier medida y de cualquier realidad que aconseje a no creer y a no esperar. Pues bien, por todo esto os digo que sepáis esperar y creer contra toda realidad contraria. ¿Me entendéis? Digo: sabed esperar y creer contra realidad contraria. Yo no puedo detenerme aquí más de unas pocas horas. Sólo el Altísimo sabe cuánto desearía como hombre detenerme aquí con vosotras, para asistirle, consolarle, para asistiros y confortaros. Pero como Hijo de Dios sé que es necesario que me vaya, que me aleje… que no esté aquí cuando… me añoréis más que el aire que respiraréis. Un día… muy pronto… comprenderéis estas razones que ahora os parecen crueles. Son razones divinas, que me duelen a Mí como Hombre, tanto como a vosotras. Son dolorosas por ahora. Ahora porque vosotras no podéis abrazar y contemplar su belleza y sabiduría. Y Yo no os lo puedo revelar. Cuando todo se haya cumplido, entonces comprenderéis y os alegraréis… ■ Escuchadme. Cuando Lázaro haya… muerto. ¡No lloréis así! Entonces enviadme un aviso enseguida. Y, entre tanto, arreglad todo para los funerales con gran pompa, cual corresponde a él, y a vuestra casa. Él es un judío de fama. Pocos le aprecian por lo que es, pero supera a muchos ante los ojos de Dios… Os haré saber dónde esté para que me podáis encontrar”. Marta, entre sollozos, dice: “Pero, ¿por qué no estar aquí por lo menos en ese momento? Nos resignamos, sí, a su muerte… Pero Tú… Pero Tú… Pero Tú…”. Y no puede decir nada más, y sofoca su lloro en sus vestidos… María, sin embargo, mira a Jesús, le mira, le mira, como hipnotizada… y no llora. Jesús: “Sabed obedecer, sabed creer, esperar… sabed decir siempre «sí» a Dios… Lázaro os está llamando… Id. Yo voy ahora… No tendré más la posibilidad de hablaros a solas. Recordad lo que os acabo de decir”. Y mientras presurosas entran, Jesús se sienta sobre una banquita de piedra y ora. (Escrito el 4 de Diciembre de 1946).
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(<El siguiente episodio tiene lugar cuando Jesús, a los cuatro días de la muerte de Lázaro,  decide ir a Betania para llevar a cabo el milagro de la resurrección de su amigo>)

8-547-362 (10-7-43).- “El milagro no puede ser concedido donde no hay fe ni voluntad de obtenerlo porque… caso de realizarse, sería objeto de burla e instrumento de mal, pues se emplearía el bien recibido para hacer un mal mayor”.
* Dejadme hacer lo que quiero:  hacer el bien mientras tengo las manos libres… Llegará la hora en que no podré mover un dedo… El mundo se encontrará sin mi fuerza. Será una hora tremenda de castigo para el hombre que no haya querido amar… Y esa hora se repetirá por voluntad del hombre que haya rechazado a la Divinidad hasta convertirse en un sin-Dios… Hora que vendrá cuando esté próximo el fin del mundo. Ahora todavía puedo hacer milagros”.- Está por acabarse la cena. Llenos, satisfechos de la comida y del calor, se quedan un poco de sobremesa. Hablan menos. Algunos empiezan a cabecear. Tomás se divierte dibujando con el cuchillo un ramo de flores en la mesa. La voz de Jesús los saca de sí, abriendo los brazos que tenía cruzados en el borde de la mesa y extendiendo sus manos como hace el sacerdote cuando pronuncia «Dominus vobiscum», dice: “Y sin embargo hay que partir”. Pedro pregunta: “¿A dónde, Maestro? ¿A donde el hombre de las ovejas?”. Jesús: “No, Simón. A casa de Lázaro. Regresemos a Judea”. Pedro: “Maestro, recuerda que los judíos te odian”. Santiago de Alfeo advierte: “Hace poco querían apedrearte”. Mateo protesta: “Pero, Maestro, ¡esto es una imprudencia!”. Iscariote ataca: “Lo que sea de nosotros no te importa, ¿verdad?”. Tadeo ruega: “¡Oh, Maestro y hermano mío! Te conjuro en nombre de tu Madre y en nombre de la divinidad que hay en Ti, que no permitas que los satanases pongan sus manos sobre tu persona, para impedirte hablar. Estás solo, demasiado solo contra todo un mundo que te odia y que, en la Tierra, es poderoso”. Juan, con dilatados ojos de un niño que tiene miedo, que sufre, exclama: “¡Maestro, cuida de tu vida! ¿Qué sería de mí, de todos, si no te tuviésemos más?”. ■ Pedro, después de lo que dijo, se ha vuelto hacia los de más edad y hacia Tomás y Santiago de Zebedeo y habla nerviosamente con ellos. Todos son del parecer de que Jesús no debe acercarse a Jerusalén, al menos hasta que la temporada de pascua permita que pueda estar con mayor seguridad, porque entonces, dice, habrá un gran número de sus seguidores, que habrán ido de todas partes de la Palestina para las fiestas pascuales, lo cual será una defensa suya. Nadie de los que le odian se atreverá a tocarle cuando vean a su alrededor a un pueblo que le ama. Se lo dicen, angustiadamente, casi queriendo imponerse… El amor los impele a hablar. ■ Jesús: “¡Calma, calma! ¿No tiene acaso doce horas el día? Si uno camina de día, no se tropieza, porque le alumbra la luz; pero si camina de noche, tropieza porque no puede ver. Sé lo que hago, porque la Luz está en Mí. Dejaos guiar de quien ve. Tened en cuenta que mientras no llegue la hora de las tinieblas, nada me puede pasar. Cuando llegue esa hora, nadie me podrá salvar de las manos de los judíos, ni siquiera los ejércitos de César. Porque lo que está escrito debe cumplirse y las fuerzas del mal trabajan a escondidas para cumplir su hora. Dejadme hacer lo que quiero. Hacer el bien mientras tengo las manos libres. Llegará la hora en que no podré mover un dedo, ni decir una palabra para hacer un milagro. El mundo se encontrará sin mi fuerza. Será una hora tremenda de castigo para el hombre. No para Mí. Para el hombre que no haya querido amar. Y esa hora se repetirá, por voluntad del hombre que haya rechazado a la Divinidad hasta convertirse en un sin-Dios, un seguidor de Satanás y de su hijo maldito. Hora que vendrá cuando esté próximo el fin de este mundo. La falta de fe imperante inutilizará mi potencia de milagro. No porque me falte poder, sino porque el milagro no puede ser concedido donde no hay fe y voluntad de obtenerlo; donde el milagro, en caso de realizarse, sería objeto de burla e instrumento de mal, pues se emplearía el bien recibido para hacer un mal mayor.  Ahora todavía puedo hacer milagros, y dar a gloria  a Dios. Vamos, pues, a casa de nuestro amigo Lázaro que duerme. Vamos a despertarle de su sueño para que esté listo y pronto a servir a su Maestro”.
* Esperé a que muriese, no por las hermanas, sino por vuestra causa, para que creáis y crezcáis en vuestra fe”.- El ave, la nube y el viento.- ■ Varios le dicen: “Si está dormido, está bien. Terminará por curarse. El sueño es un buen remedio, ¿Para qué despertarle?”. Jesús: “Lázaro ha muerto. Esperé a que muriese para ir allá, no por sus hermanas ni por él, sino por causa vuestra, para que creáis, para que crezcáis en la fe. Vamos a casa de Lázaro”. Tomás con tono fatalista dice: “¡Está bien! ¡Vamos, pues! Moriremos todos, como ha muerto él y como Tú quieres morir”. Jesús: “Tomás, Tomás, y todos vosotros, que por dentro criticáis y protestáis, tened en cuenta que el que quiera seguirme deberá tener respecto a su vida la misma preocupación que tiene el ave por la nube que pasa: dejarla pasar siguiendo el viento que la arrastra. El viento es la voluntad de Dios, quien puede daros o quitaros la vida según le plazca; y vosotros no debéis quejaros de ello, de la misma manera que el ave no se queja de la nube que pasa, sino que canta igualmente, segura de que más tarde vendrá la calma. Porque la nube es el contratiempo, el cielo la realidad. El cielo permanece siempre azul, aun cuando las nubes parecen ponerlo gris. Es y permanece azul por encima de las nubes. Lo mismo sucede con la Vida verdadera: es y permanece aunque la vida humana decline. El que quiera seguirme no debe tener ni ansia por la vida ni miedo de perderla.  Os voy a decir cómo se conquista el Cielo. Pero, ¿cómo podéis imitarme, si tenéis miedo de ir a Judea, vosotros a quienes no pasará nada? ¿Teméis de que os vean? Sois libres, de abandonarme. Pero si queréis quedaros, debéis aprender a desafiar al mundo, con sus críticas, sus trampas, sus burlas, sus tormentos, para conquistar mi Reino”.
* Un milagro que causará profunda impresión a quien me odia y a quien me ama de un modo absoluto. ¿No recordáis de la discusión en Quedes con los escribas?”.-Jesús: “Vamos, pues, a sacar de la muerte a Lázaro que hace dos días que está durmiendo en el sepulcro; pues murió la noche que vino aquí el criado de Betania. Mañana, a la hora de sexta (1), después de la despedida de los que esperan a mañana para recibir de Mí confortación y premio a su fe, partiremos y pasaremos el río pernoctando en casa de Nique. Luego, al amanecer, partiremos para Betania, tomando el camino que pasa por Ensemes. Llegaremos a Betania antes de sexta. Habrá mucha gente. Y los corazones experimentarán una profunda impresión. Lo prometí y mantengo mi palabra”. Santiago de Alfeo, temeroso, pregunta: “¿A quién, Señor?”. Jesús: “A quien me odia y a quien me ama de un modo absoluto. ■ ¿No recordáis de la discusión en Quedes con los escribas? (2) Tuvieron la arrogancia de llamarme mentiroso porque resucité una niña que acababa de morir y a uno que había muerto el día anterior. Dijeron: «¡Pero todavía no has logrado rehacer uno que está descompuesto!». Efectivamente, solo Dios puede sacar del fango un hombre y de la materia putrefacta rehacer un cuerpo intacto y vivo. Pues bien, Yo lo haré. Durante la luna del mes de Kisléu, a orillas del Jordán (3), recordé Yo mismo  a los escribas este reto y añadí: «En la nueva luna se realizará». Esto es para quien me odia. ■ Por otra parte, a las hermanas que me aman de forma absoluta, prometí que premiaría su fe, si continuaban esperando aun contra lo creíble. Las he probado mucho y las he afligido mucho, y solo Yo conozco sus sufrimientos en estos días y su perfecto amor. En verdad, os digo que merecen un gran premio porque, más que por no ver resucitado a su hermano, se angustian porque Yo pueda ser escarnecido. Vosotros creíais que estaba Yo absorto, cansado y triste. Estaba con ellas con mi espíritu y oía sus gemidos y contaba sus lágrimas. ¡Pobres hermanas! Ahora siento deseos de traer nuevamente a la Tierra a un justo, un hermano a los brazos de sus hermanas, un discípulo al grupo de mis discípulos. ¿Lloras, Simón? Sí. Tú y Yo somos los más grandes amigos de Lázaro. Lloras de dolor por Marta y María, por la muerte del amigo, y también por la alegría de saber que pronto volveremos a verle. ■ Levantémonos a preparar las alforjas y e ir a descansar para levantarnos al amanecer y dejar todo arreglado aquí… donde no es seguro que regresemos. Habrá que distribuir entre los pobres cuanto tenemos y avisar a los más activos que entretengan a los peregrinos para que no me busquen hasta que no esté en otro lugar seguro. Hay que decirles que avisen a los discípulos que me busquen en casa de Lázaro. Hay mucho que hacer. Y hay que hacerlo antes de que lleguen los peregrinos. ¡Ea! Apagad el fuego y encended las lámparas y que cada uno vaya a hacer lo que tiene que hacer y luego a descansar. La paz sea con todos vosotros”. Se levanta. Bendice y se retira a su pequeña habitación  ■ Zelote comenta: “¡Ha muerto ya hace días!”. Tomás exclama: “Esto sí que es un milagro”. Andrés dice: “¡Quiero ver ahora qué inventarán para dudar!”. Iscariote pregunta: “¿Pero cuándo vino el criado?”. Responde Pedro: “La noche anterior al viernes”. Iscariote pregunta otra vez: “¿Sí? ¿Y por qué  no lo habías dicho?”. Pedro replica: “Porque el Maestro me ordenó que no dijera nada”. Iscariote: “Entonces… cuando  lleguemos allí… serán ya cuatro días que está en el sepulcro”. Mateo dice: “Así es. Viernes tarde un día, sábado tarde dos días, esta tarde tres días, mañana cuatro… Cuatro días y medio… ¡Oh, poder eterno! ¡Estará ya hecho pedazos!”. Pedro: “Estará ya desmembrado… Quiero verlo y luego…”. Santiago de Alfeo pregunta: “¿Qué, Simón Pedro?”. Pedro: “Y luego, si Israel no se convierte, ni siquiera Yeové con sus rayos podrá convertirlo”. Se van hablando entre sí. (Escrito el 24 de Diciembre de 1946).
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1  Nota  :  Hora sexta: aproximadamente a las 12 del mediodía Cfr. Anotaciones  n. 6: El día hebreo.  2  Nota  : En Quedes, los fariseos pidieron una señal: la resurrección de un cadáver corrupto. Jesús les contestó que se les dará una única señal: la de Jonás. Pasaje referido en el episodio 5-342-269 del tema “Jesús Redentor”.  3  Nota  : En un camino próximo a Jericó, a orillas del río Jordán, (fue en el mes de Kisléu: Diciembre) Jesús le recordó al fariseo Sadoc el reto que le propuso en Quedes, añadiendo «en la nueva luna se realizará». Pasaje referido en el episodio 8-525-178 del tema “Judas de Keriot”
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8-548-378 (10-8-57).- Después de la resurrección de Lázaro (1), Jesús juzga la fe de María Magdalena y de Marta.
* Jesús dice a Magdalena: “Has merecido el milagro. Que ello te afirme en saber esperar y creer”.- ■ Entran en una sala. Lázaro no está, y tampoco Zelote. Pero está Marta, llena de alegría. Se vuelve a Jesús y explica: “Lázaro fue a bañarse. Para limpiarse bien. ¡Oh Maestro, Maestro! ¡Qué puedo decirte!”. Le adora con todo su ser. Nota la tristeza de Jesús y le pregunta: “¿Estás triste, Señor? ¿No estás feliz de que Lázaro…?”. Le llega una sospecha: “¡Oh, estás irritado conmigo! Pequé (2). Es verdad”. Magdalena dice: “Pecamos, hermana”. Marta: “No. Tú no. Maestro, María no pecó. María supo obedecer, yo fui la que desobedecí. Te mandé llamar porque… porque no podía soportar más que aquellos insinuasen que no eres el Mesías, el Señor… y no podía verle sufrir… Lázaro te necesitaba con ansias. Te llamaba… Perdóname, Jesús”. ■ Jesús: “¿Y tú no hablas, María?”. Magdalena: “Maestro… yo… Yo he sufrido en ese momento tan sólo como mujer. Sufría porque… Marta, jura, jura aquí ante el Maestro que jamás, jamás dirás a Lázaro lo que dijo en su delirio… Maestro mío… Yo te he conocido del todo, ¡oh divina Misericordia!, en las últimas horas de Lázaro. ¡Oh Dios mío! ¡¿Cuánto me has amado Tú, Tú que me has perdonado, Tú, Dios, Tú, Puro, Tú…, si mi hermano, que mucho me ama, siendo hombre, solo hombre, no ha perdonado todo en el fondo de su corazón?! No, no es así; debo decir: no ha olvidado mi pasado y, cuando la agonía debilitaba sus fuerzas y entorpecía su bondad, que creía olvido del pasado, ha expresado su dolor a gritos, su desdén contra mí… ¡Oh!…”. María llora… ■ Jesús: “No llores, María. Dios te ha perdonado y olvidado. El alma de Lázaro también ha perdonado y olvidado, ha querido olvidar. El hombre no ha podido olvidar. Y cuando el cuerpo, en medio de sus estremecimientos, debilitó la voluntad ya frágil, el hombre ha hablado”. Magdalena: “No estoy enojada por ello, Señor. Esto me ha servido para amarte más y amar mucho más a Lázaro. A partir de ese momento fue cuando yo deseé tu presencia… porque sentía angustia de que Lázaro fuera a morir sin paz por mi causa… y luego, luego, cuando he visto que los judíos se burlaban de Ti… cuando vi que no venías, ni aun después de la muerte, ni siquiera después que te había esperado obedeciendo hasta más allá de lo posible, esperando hasta cuando el sepulcro se abrió para recibirle, entonces sí que mi corazón sufrió. Señor, si debía expiar, y, sin duda, debía hacerlo, he expiado, Señor…”. ■ Jesús:  “¡Pobre María! Conozco tu corazón. Has merecido el milagro. Que ello te afirme en saber esperar y creer”. Magdalena: “Maestro mío, esperaré y creeré siempre de hoy en adelante. No dudaré más, jamás, Señor. Viviré de fe. Tú me has dado la capacidad de creer en lo increíble”.
* Jesús dice a Marta: “No has sabido obedecer porque no has sabido creer y esperar totalmente y no has sabido creer y esperar porque nos sabido amar totalmente”.-Jesús: “¿Y tú, Marta? ¿Tú no has aprendido? No. Todavía no. Eres mi Marta. Pero no eres todavía mi perfecta adoradora. ¿Por qué te entregas a la actividad y no a la contemplación? Es cosa más santa. ¿Ves? Tu fuerza, estando demasiado dirigida a cosas terrenas, ha cedido ante la comprobación de esos hechos terrenales que pueden parecer algunas veces no tener remedio. En verdad las cosas terrenas no tienen remedio, si no interviene Dios. La criatura necesita por eso saber creer y contemplar; necesita amar hasta el extremo de las fuerzas de todo hombre, con su pensamiento, el alma, el cuerpo, la voluntad, con todas las fuerzas del hombre, repito. Quiero que seas fuerte, Marta. Quiero que seas perfecta. No has sabido obedecer porque no has sabido creer y esperar completamente, y no has sabido creer y esperar porque no has sabido amar totalmente. Pero Yo te perdono, te absuelvo, Marta. He resucitado hoy a Lázaro. Ahora te doy un corazón más fuerte. A él le he devuelto la vida, en ti te infundo la fuerza de amar, creer y esperar perfectamente. Sed felices y gozad de la paz. Perdonad a quienes en aquellos días os ofendieron…”. ■ Magdalena: “Señor, en esto yo he pecado. Hace poco, al viejo Cananías, que te había tomado a burla los otros días, le dije: «¿Quién ha ganado? ¿Tú o Dios? ¿Tu burla o mi fe? Jesús es el Viviente y es la Verdad. Sabía yo que su gloria brillaría con mayor fuerza. Y tú, viejo, reconstruye tu alma, si no quieres gustar la muerte»”. Jesús: “Dijiste bien. Pero no disputes con los malvados. María, perdona. Perdona si me quieres imitar… Ya viene Lázaro. Oigo su voz”.
* Lázaro a María Magdalena: “Tú eres el don de Dios”.- ■ En efecto, Lázaro entra, trae la barba rasurada, los cabellos peinados y perfumados. Con él están Maximino y Zelote. “¡Maestro!”. Lázaro se arrodilla una vez más adorándole. Jesús le pone la mano sobre la cabeza y sonriente le dice: “La prueba ha sido superada, amigo mío, la superaste tú y tus hermanas. Sed ahora felices y fuertes para servir al Señor. ¿Qué recuerdas, amigo, del pasado? Quiero decir: de tus últimas horas”. Lázaro: “Un gran deseo de verte y una gran paz con el amor de mis hermanas”. Jesús: “¿Y qué es lo que más te dolía dejar al morir?”. Lázaro: “A Ti, Señor, a mis hermanas. A Ti, porque no podría servirte, a ellas porque me han brindado toda clase de alegrías…”. ■ Magdalena suspira: “¡Oh! ¿Yo, hermano?”. Lázaro: “Tú más que Marta. Tú me has dado a Jesús y la medida de lo que es Él. Y tú has sido dada por Jesús a mí: tú, María,  eres el don de Dios”. Magdalena: “Lo decías también cuando agonizabas…” y mira detenidamente el rostro de su hermano. Lázaro: “Porque era y es mi constante pensamiento”. Magdalena: “Pero te causé muchos dolores”. Lázaro: “También la enfermedad me causó dolor. Pero con ella espero haber expiado las culpas del viejo Lázaro, y haber resucitado purificado para ser digno de Dios. Tú y yo: los dos resucitados para servir al Señor, y entre ambos Marta, ella que siempre ha sido la paz de nuestro hogar”. Jesús: “¿Lo oyes, María? Lázaro habla palabras de sabiduría y verdad.  Ahora me retiro y os dejo en vuestra alegría…”. Lázaro: “No, Señor. Quédate. Con nosotros. Aquí. Quédate en Betania y en mi casa. Será bello…”. Jesús: “Me quedaré. Quiero premiarte todo lo que padeciste. ■ Marta, no estés triste. Marta, piensa que no me causaste dolor alguno. No estoy triste por causa vuestra, sino por quienes no quieren redimirse. Cada vez odian más. Tienen el veneno en el corazón. Pues bien… perdonemos”. Lázaro, con su benévola sonrisa, dice: “Perdonemos, Señor”… y con estas palabras termina la visión. (Escrito el 26 de Diciembre de 1946).
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1  Nota  : La resurrección de Lázaro (Ju. 11,17-46) está relatada en el episodio  8-548-365 en el tema “María Magdalena” y  “Judas Iscariote”.   2  Nota  : “¡Oh,  estás irritado conmigo! Pequé”, dice Marta a Jesús, pues, ella, sin esperar a que Lázaro muriera, olvidándose de las palabras de Jesús: “saber esperar y creer contra toda realidad contraria” y “cuando Lázaro haya… muerto entonces enviadme un aviso enseguida”, había enviado un mensajero hasta Jesús para rogarle que, ante la gravedad de su hermano, con la máxima urgencia viniera a Betania. María Magdalena, en cambio, había sabido “esperar y creer contra toda realidad contraria”.
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(<Jesús, rodeado de una gran multitud, acaba de hacer unas curaciones en el camino de Jericó a Betania. Entre los curados hay un viejecito y una niña. El viejecito ha recobrado su brazo, que sufría de parálisis, al tocar la extremidad del manto de Jesús. Y ha sido sorprendente la curación de la niña, paralítica de movimientos y pensamiento, en brazos de su madre>)
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9-580-204 (10-41-281).- Los dos ciegos de Jericó: Bartimeo y Uriel (1).
* Hágase como pedís. ¡Idos, vuestra fe os ha salvado!”.- ■ Jesús se despide de ellos, mientras la multitud, que no se preocupa más del viejecito, sino de la niña recién curada, que estaba paralítica e idiota debido tal vez a una meningitis, que ahora salta feliz, diciendo las únicas palabras que aprendió acaso antes de enfermarse: “Padre, mamá, Elisa, sol hermoso, flores..”. ■ Jesús hace ademán de marcharse, cuando del cruce, y cerca de los dos asnos que los que recibieron el milagro habían dejado allí, se escuchan otros dos gritos de lamento, con el característico tono hebreo: “¡Jesús, Señor! ¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Y, de nuevo, más fuerte, —para hacerse oír sobre los gritos de la gente que dice: “Callad. Dejadle marchar­se al Maestro. El camino es largo y el sol se alza cada vez más fuer­te. Que pueda estar en los montes antes del calor intenso”—, gritan de nuevo: “Jesús, Señor, Hijo de David, ten piedad de mí”. ■ Jesús se para otra vez y ordena: “Id por esos que gritan y traédmelos aquí”. Algunas personas, que se prestan, van hacia los dos ciegos y les dicen: “Venid. Tiene compasión de vosotros. Alzaos, que quiere concederos lo que pedís. Nos ha mandado a llamaros en su nombre”, y tratan de guiar a los dos ciegos por entre la muchedumbre. ■ Pero, si uno de los dos se deja guiar, el otro, más joven y quizás más creyente, se adelanta y por sí mismo camina, tendiendo su bastoncito hacia adelante, con la expresión y el gesto propios de los ciegos: la típica sonrisa y el rostro alzado en busca de la luz… Y va tan rápido y seguro, que parece guiarle su ángel: si no tuviera los ojos blancos, no parecería ciego. Es el primero en llegar a la presencia de Jesús, que le para y le dice: “¿Qué quieres que te haga?”. Ciego: “Que vea, Maestro. Haz, Señor, que mis ojos y los de mi compa­ñero se abran”. Ha llegado ya el otro ciego y le arrodillan junto a su compañero. Jesús pone las manos en sus caras alzadas y dice: “Hágase como pedís. ¡Idos, vuestra fe os ha salvado!”. Quita las manos y… dos gritos salen de los labios de los ciegos: “Yo veo, Uriel!”; “¡Yo veo, Bartimeo!” y luego, juntos: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el que le ha enviado! ¡Gloria a Dios! ¡Hosanna al Hijo de David!”, y dos rostros se agachan hasta el suelo para besar los pies de Jesús.
Ven y sígueme. La buena voluntad iguala todos los niveles, y só­lo es grande el que mejor sabe servir al Señor”.- ■ Luego se levantan los dos que eran ciegos, y el que lleva por nombre Uriel dice: “Voy a presentarme a mis familiares y luego vuelvo para seguirte, Señor”. Bartimeo, no; Barti­meo dice: “Yo no te dejo. Mando a alguien para que se lo diga. Se ale­grarán en todo caso. Pero, separarme de Ti, no. Tú me has dado la vis­ta, yo te consagro la vida; ten piedad del deseo de tu ínfimo siervo”. Jesús:  “Ven y sígueme. La buena voluntad iguala todos los niveles, y só­lo es grande el que mejor sabe servir al Señor”. ■ Y Jesús reanuda la marcha entre los gritos de hosanna de la mul­titud. Bartimeo se une a la gente y, elevando con ella sus alabanzas, va diciendo: “Había venido buscando un pan y he encontrado al Se­ñor. Era pobre y ahora soy ministro del Rey santo. Gloria al Señor y a su Mesías”. (Escrito el 17 de Marzo de 1947).
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1  Nota  : Cfr. Mt. 20,29,34; Mc. 10,46-52; Lc. 18,35-43.
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(<El día del Sábado de Pasión, la Virgen, en el Cenáculo, sigue sumida en una postración profunda. Su cuñada María de Alfeo se ha acercado a la habitación en la que Ella permanece desde ayer, Viernes, después de haber sepultado a su Hijo. Aquí, ha recibido la visita, tratando de consolarla, de muchos amigos que ayer la acompañaron en la Pasión, entre ellos Nique, la Verónica del Calvario, que le ha traído el lienzo de la Santa faz, único consuelo para Ella hasta el momento. Más tarde llegará también el apóstol Pedro, prácticamente arrastrado por el apóstol Juan, quien ha recibido la encomienda de la Virgen de recoger a todos los apóstoles dispersos después de la captura de Jesús en el Getsemaní>)
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10-615-152 (11-35-636).- Noche del Sábado Santo: la Dolorosa refiere las tres heridas inferidas por Satanás (3ª: terror de faltar la fe).- Le dice a Pedro: “la fe basada en el amor es fuerte”.
*  Tres heridas en la Dolorosa: muerte del Hijo, abandono de Dios y terror a la no-Fe.- ■ La Virgen dice a María de Alfeo: “Satanás se ha aprovechado de estas dos llagas sobrepuestas: la muerte de mi Hijo y el abandono de Dios, abriendo la tercera llaga, la del terror de faltarme la fe.  María, te amo mucho y eres mi parienta. Lo dirás a tus hijos apóstoles, para que sepan resistir en su apostolado y triunfar sobre Satanás. Estoy cierta que si hubiese dudado, si hubiera caído en la tentación del Demonio, y hubiera dicho: «No es posible que resucite», negando a Dios —porque decirlo era negar que Dios sea verdadero, sea poderoso— se hubiera convertido en nada tanta Redención. Yo, la nueva Eva, habría mordido la manzana de la soberbia, habría disfrutado de la sensualidad espiritual y habría deshecho la obra del Redentor (1). Continuamente los apóstoles serán tentados así por el mundo y la carne, por el poder, por Satanás. Que permanezcan firmes contra todas las torturas, y las corporales serán las más leves, para que no destruyan lo que Jesús ha hecho”. María de Alfeo: “Díselo tú, María, a mis hijos… ¿Qué crees que puede decir tu pobre cuñada? ■ ¡De todas formas! ¡Si ya hubieran venido! ¡Haber huido al primer momento… paciencia! ¡Pero después!…”. Virgen: “Has oído que Lázaro y Simón habían recibido órdenes de llevarlos a Betania. Jesús sabía todo…”. María de Alfeo: “Sí… pero…  cuando los vea los reprenderé duramente. Han sido unos cobardes. ¡Que los demás lo hayan sido!, pasa. Pero no ellos, ¡mis hijos! No se lo perdonaré jamás…”. Virgen: “Perdona, perdona… Ha sido un momento de extravío… No creían que Él pudiera ser apresado. Él lo había dicho…”. María de Alfeo: “Precisamente por eso nos los perdonaré. Lo sabían. Por lo tanto estaban ya preparados. Cuando se sabe una cosa, y se cree en quien la dice, nada sorprende”. La Virgen le contesta: “María, también a vosotras os ha dicho: «Resucitaré». Y con todo… si pudiera abriros el pecho y la cabeza, en vuestro corazón y en vuestro cerebro vería escrito: «No puede ser». ■ María de Alfeo: “Pero al menos… sí… es difícil creer… pero estuvimos en el Calvario”. Virgen: “Por gracia de Dios, de otro modo habríamos huido también nosotras. ¿Oíste a Longinos? Dijo: «algo horrendo». Y es un guerrero. Nosotras, mujeres, acompañadas solo de un muchacho hemos resistido porque Dios nos ayudó de modo especial. Por lo tanto, no puedes gloriarte de ello, pues. No es nuestro mérito”. María de Alfeo: “¿Y por qué no les dio a ellos?”. Virgen: “Porque ellos serán los sacerdotes del mañana. Deben, por esto, saber. Saber, por haber experimentado, cuán fácil le es al fiel de una religión abjurar de ella. Jesús no quiere sacerdotes como esos que lo son tan poco, que llegaron a convertirse en sus más tenaces enemigos…”. ■ María de Alfeo: “Hablas de Jesús como si ya hubiera regresado…”. Virgen: “¿Lo ves? Tú también confiesas no creer. ¿Cómo, pues, puedes reprochar algo a tus hijos?”. María de Alfeo no puede replicar. Se queda con la cabeza inclinada, mueve maquinalmente algunos objetos. Encuentra una lamparita y sale, para volver después con ella encendida y colocarla en el sitio suyo normal. María se ha sentado nuevamente junto al Sudario. El Sudario que, con la luz  amarilla de la lámpara de aceite, a la luz de la llamita temblorosa, adquiere una viveza particular, y parece mover boca y ojos. “¿No tomas nada?” pregunta un poco pesarosa la cuñada. Virgen: “Un poco de agua. Tengo sed”. María sale y regresa… con una poca leche. Virgen: “No insistas. No puedo. Agua sí. No me queda agua dentro… Creo que ni siquiera tengo sangre. Pero…”.

(Pedro ha llegado también al Cenáculo muy compungido por su huida y sobre todo por sus negaciones del Viernes. No cree que es digno de perdón. Con estos sentimientos llega a los pies de la Virgen)

* En todas las faltas de fe de Pedro, la razón quedó desmentida por el espíritu. La fe, basada en el amor, es fuerte.- ■ La Virgen dice a Pedro: “Pedro, ¿quieres verle? ¿Quisieras ver su sonrisa para convencerte de que todavía te ama? ¿Sí? ¡Oh, entonces hazte a un lado, pon la frente sobre su frente coronada, tu boca sobre su boca herida, y besa a tu señor!”. Pedro: “Está muerto… No podré volver a hacerlo…”. Virgen: “Pedro, respóndeme, ¿cuál crees que haya sido el último milagro de tu Señor?”. Pedro: “El de darnos su Cuerpo. No, no, el del soldado que curó allí, allí… ¡oh, no me hagas recordar!…”. Virgen: “Una mujer fiel, amorosa, valiente, se llegó a Él en el Calvario, y le secó el Rostro. Y Él, para demostrar cuánto puede el amor, imprimió su Rostro en el lino. Mírale, Pedro. Esto consiguió una mujer, durante las horas de tinieblas infernales, y de la ira divina. Sólo porque amó. Ten presente esto, Pedro, para las horas en que te pareciera que el Demonio es más fuerte que Dios. Dios se hallaba prisionero de los hombres, ya avasallado, condenado, azotado, ya agonizando… Y, a pesar de todo  —dado que Dios, aun en las más duras persecuciones, siempre es Dios, y, si se puede perseguir a la Idea, intocable es Dios que la suscita— mira que Dios, a los que niegan, a los incrédulos, a los hombres de los necios «¿por qué?», de los culpables «no puede ser», de los sacrílegos «lo que no comprendo no es verdad», responde sin palabras con este lienzo. Mírale. ■ Un día, tú me contaste que habías dicho a Andrés: «¿Que el Mesías se te haya mostrado? ¡No puede ser verdad!» y luego tu razonamiento humano tuvo que doblegarse ante la fuerza del espíritu que veía al Mesías allí donde la razón no lograba. Una vez, en medio de un mar tempestuoso, preguntaste: «¿Puedo ir Maestro?» y luego, a medio camino, en medio de las olas, dudaste y gritaste: «El agua no me puede sostener», y con el lastre de la duda te faltó poco para ahogarte. Solo cuando contra la razón humana prevaleció el espíritu, que supo creer, pudiste encontrar la ayuda de Dios. Otra vez dijiste: «Si Lázaro hace ya cuatro días que ha muerto, ¿para qué hemos venido? Para morir inútilmente». Y es que no podías, con tu razón humana, admitir otra solución. Y tu razón quedó desmentida por el espíritu, que, al mostrarte con el resucitado la gloria del Resucitador, te mostró que no habías ido allí inútilmente. Otra vez, mejor dicho, otras veces, al oír que tu Señor hablaba de muerte atroz, dijiste: «¡Esto no te sucederá jamás!». Y ves qué mentís ha recibido tu razón.  Yo espero ahora que tu espíritu diga una palabra en este último caso”. Pedro: “Perdón”. Virgen: “Eso no. Otra palabra”. Pedro: “Creo”. Virgen: “Otra”. Pedro: “No la sé…”. Virgen: “Amo. Pedro, ama. Serás perdonado. Creerás. Serás fuerte. Serás el sacerdote y no el fariseo que oprime, que no tiene sino formalismos, que carece de una fe activa. ■ Mírale. Atrévete a mirarle. Todos le han mirado y venerado. También Longinos… ¿Y tú no vas a poder? ¡Fuiste incluso capaz de renegar de Él! Si ahora no le reconoces, a través de mi fuego materno, de mi amor doloroso que os une, que os da paz, ya no podrás hacerlo. Él resucitará. ¿Cómo podrás mirarle en su nuevo fulgor, si no conoces su rostro de Maestro que se convertirá en el del Triunfador? Porque el dolor, todo el Dolor de los siglos y del mundo, le ha moldeado con cincel y martillo en aquellas horas que pasaron de la noche del Jueves hasta las tres de la tarde de ayer, viernes. Y han cambiado su rostro. Antes era sólo el Maestro, el Amigo. Ahora es el Juez y Rey. Ha subido a su trono para juzgar. Se ha puesto la corona. Y así quedará. Sólo que, después de la resurrección gloriosa, no será más el Hombre Juez y Rey, sino el Dios Juez y Rey. Mírale, mírale, mientras la Humanidad, y el Dolor le envuelven, para poderle mirar cuando triunfe con su Divinidad”. Finalmente Pedro levanta su cabeza de las rodillas de María y la mira con sus ojos hinchados en llanto, con una cara de un viejo niño desconsolado y sorprendido del mal que ha hecho y del inmenso bien que encuentra. María le obliga a ver a su Señor. Como si estuviera enfrente de un rostro vivo, Pedro con lágrimas prorrumpe: “¡Perdón, perdón! No sé cómo fue. Qué fue. No era yo. Había algo que me hizo no ser yo. ¡Pero… te amo, Jesús! ¡Te amo, Maestro mío! ¡Vuelve, vuelve! ¡No te vayas sin decirme que me has comprendido!”. ■ Al decir estas palabras María repite lo que había hecho en la cámara sepulcral. De pie, tiene los brazos abiertos, cual sacerdotisa en el momento de la ofrenda. Y, de la misma manera que allí ofreció la Hostia inmaculada, aquí ofrece al pecador arrepentido. ¡Verdaderamente es la Madre de los santos y de los pecadores! Luego levanta a Pedro. Le vuelve a consolar. Le dice como diría a un niño: “Ahora estoy más contenta. Sé que estás aquí. Ahora vete allá con las mujeres y con Juan. Tenéis necesidad de descanso y alimento. Vete. Y sé bueno”. ■ Y, mientras en la casa donde reina ahora más tranquilidad que en la noche anterior,  tienden a volver las costumbres humanas del sueño y del alimento, en una casa que presenta el aspecto cansado y resignado de las moradas donde los supervivientes, despacio, vuelven en sí de la impresión  recibida por la muerte, María es la única que quiere permanecer en pie. Firme en su lugar, en su espera, en su oración. Siempre, siempre, siempre; por los vivos y por los muertos, por los justos y culpables, por el regreso, el regreso de su Hijo… Solo, la Estrella de la mañana brilla insomne, con su amor que vela cerca de la efigie de su Hijo. (Escrito el 31 de Marzo de 1945).
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1  Nota  : “Estoy cierta que si hubiera dudado,  negado la resurrección,  se hubiera quedado en nada la redención”. Esta afirmación parece equivocada y necia. Al contrario, es exacta y muy cabal. Según el plan divino de la redención estaba establecido que, como el género humano había ido a la ruina por causa de Adán y Eva que formaron un único principio de muerte, así fuese restaurado por el nuevo Adán, Jesús, y por la nueva Eva, María, constituyendo un solo principio de nuevo nacimiento. María de hecho no sólo es la Madre del Redentor, sino su compañera activa con Él, como lo atestigua la antigua tradición, iluminada y esclarecida a través de los siglos con la ayuda del Espíritu Santo, que ha puesto en luz que el paralelismo (analógico) entre Eva y María no consiste propiamente en la maternidad (Eva no fue madre de Adán, pero María, sí de Jesús) sino precisamente en la asociación en la obra, de subyugación de parte de Eva, de redención de parte de María.
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(<Jesús Resucitado está dando sus últimas lecciones a los apóstoles. Entre ellas, sobre la fe>)
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10-634-313 (11-20-776).- Jesús Resucitado en el Tabor: el milagro y la fe.
* “A un mundo sin milagros se le podrá decir: «Has perdido la fe y la justicia. Eres un mundo sin santos»”.- ■ Jesús les dice: “En estos días he hecho milagros para consolar corazones y convencerles de que el Mesías no ha sido exterminado porque se sujetó a la muerte, antes bien es más poderoso y para siempre. Pero cuando no esté más entre vosotros, haréis lo que he hecho hasta ahora y que haré todavía. ■ Mas no por poder hacer milagros sino por vuestra santidad se amará la nueva Religión. Y debéis ser celosos de vuestra santidad, no del don que os transmito. Cuanto más santos seáis, tanto más seréis amados de mi Corazón y el Espíritu de Dios os iluminará  mientras su Poder y Bondad llenarán vuestras manos con dones del Cielo. El milagro no es un acto necesario e indispensable para vuestra vida de fe. Más bien, ¡bienaventurados los que sepan permanecer en la fe, sin medios extraordinarios para creer! Pero tampoco el milagro es un acto tan exclusivamente reservado a tiempos especiales que tenga que cesar cuando cesan éstos. El milagro existirá en el mundo. Habrá  siempre. Tanto más numerosos, cuanto más justos haya en el mundo. Cuando los milagros sean pocos, entonces habrá que decir que la fe y la justicia están languideciendo. Porque he dicho: «Si tenéis fe, podréis cambiar de lugar las montañas». También he dicho: «Las señales que acompañarán a los que tienen fe en Mí será su victoria sobre los demonios, sobre las enfermedades, sobre los elementos y sobre las insidias». Dios está con quien le ama. ■ La señal de cómo mis fieles estén en Mí, será el número y la fuerza de los prodigios que obrarán en mi Nombre para glorificar a Dios. A un mundo que no tenga milagros verdaderos se le podrá decir, sin falsedad: «Has perdido la fe y la justicia. Eres un mundo sin santos»”. (Escrito el 20 de Abril de 1947).
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(<Este episodio es continuación del anterior. En el monte Tabor>)

10-634-315 (11-20-778).- La fe de los que creen, la de los que dudan y la de los incrédulos obstinados o malvados.
* Ahora mi Divinidad (oculta en mi Humanidad por 33 años) sigue unida a mi Humanidad y ésta goza de la libertad perfecta de los cuerpos glorificados”.- ■ Jesús les dice: “De igual modo ahora. Me he aparecido a muchos, no solo para consolar y hacer algún beneficio sino para contentaros. Me habéis pedido que convenciera al pueblo, a quien el Sanedrín trata de convencer de que no he resucitado. Me he aparecido a niños, a adultos en el mismo día, en lugares tan distantes entre sí que serían necesarios muchos días para recorrerlos. Mas para Mí no existe la esclavitud de la distancia. Y esto que hice os ha desorientado también a vosotros. Os habéis dicho: «Éstos han visto fantasmas». Habéis olvidado, pues, una parte de mis palabras, esto es, de que en adelante estaré en el oriente como en el occidente, en el sur o en el norte, donde quiera estaré, sin que nada me lo impida, veloz como el rayo. ■ Soy Hombre verdadero. Ved mis miembros. Mi Cuerpo está duro. Tiene calor. Camina, respira, habla. Pero también soy Dios verdadero. Y si durante treinta y tres años mi Divinidad, por un fin supremo, estuvo oculta bajo mi Humanidad, ahora mi Divinidad sigue unida a mi Humanidad,  Humanidad que goza ahora de la libertad perfecta de los cuerpos glorificados. No está sujeta a ninguna limitación humana. Vedme, aquí estoy con vosotros y podría, si quisiera, estar en un instante en los confines de mundo para traer a Mí alguna alma que me buscare”.
* “¿Que frutos conseguiré el que Yo haya aparecido… hasta en los confines galileos? ¿Convencerá al mundo? No. Los que creen continuarán creyendo con mayor seguridad y paz… Los que no supieron creer con verdadera fe quedarán con dudas. Los malvados dirán que mis apariciones son delirios, mentiras… ¿Os acordáis de la parábola del rico Epulón? ¿Qué consiguió el milagro de la resurrección de Lázaro?”.- Jesús: “¿Qué frutos conseguirá el que Yo haya estado en Casarea Marítima, en la alta Cesarea, en Carit, Engaddi, Pela, Yutta y otros lugares de la Judea, Bozra, Hermón, Sidón y en los confines galileos? Y ¿qué fruto tendré el que haya curado a un niño, y resucitado a uno fallecido poco antes, y consolado a un ser angustiado; y el que haya llamado a mi servicio a uno que se había consumido en dura penitencia, y a Dios a un justo que me lo había suplicado; y el que haya entregado mi mensaje a unos inocentes y mis órdenes a un corazón fiel? ¿Convencerá esto al mundo? No. Los que creen continuarán creyendo, con más seguridad y paz pero no con mayor fuerza porque ya han aprendido a creer. Los que no supieron creer con una verdadera fe quedarán con sus dudas. Los malvados dirán que mis apariciones son delirios, mentiras, y que el muerto no había muerto, sino que dormía… ¿Os acordáis de la parábola del rico Epulón? De cómo Abraham respondió al condenado: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, mucho menos creerán a uno que haya resucitado y que les diga lo que tienen que hacer». ¿Han creído, acaso, en Mí, Maestro y en mis milagros? ¿Qué consiguió el milagro de la resurrección de Lázaro? Que se hubieran apresurado a condenarme. ¿Qué cosa mi resurrección? Que me odien más. Tampoco estos milagros realizados en estos últimos días en que estoy con vosotros persuadirán al mundo, sino persuadirán a aquellos que, habiendo elegido el Reino de Dios con sus fatigas y penas actuales y su gloria futura, no son ya del mundo. ■ Pero me complace el que hayáis sido confirmados en la fe y que os hayáis mostrado fieles a mis órdenes, quedándoos en este monte, a mi espera, sin prisas humanas de gozar de cosas que, aun siendo buenas, eran distintas de las que Yo os había señalado. La desobediencia aporta un décimo y quita nueve décimos. Ellos se han marchado y oirán palabras de hombres, las mismas de siempre. Vosotros habéis permanecido aquí y habéis escuchado mi Palabra que, aunque os repite cosas ya dichas, siempre es buena y útil. Esta lección os servirá de ejemplo a todos vosotros, y a los que vendrán en el futuro”. (Escrito el 20 de Abril de 1947).
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.              b) Dictados y visiones extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»

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43-155.- “Creyeron en su Nombre contemplando sus prodigios pero Jesús no se fiaba de ellos porque conocía a todos” (Jn. 2, 23-25).
* Yo sabía que los que creían por mis milagros estaban en las orillas. Estar allí no significa estar en mi Camino. El hombre es ambiguo hasta tanto llega a ser todo de Dios”.- ■ Le digo más tarde a Jesús: No comprendo este pasaje del Evangelio y Él me lo explica así:
“El hombre es el eterno salvaje y el eterno niño. Para ser atraído y seducido, especialmente al bien, —ya que su naturaleza viciada le arrastra fácilmente a aceptar el mal y difícilmente el bien— necesita de una farándula de prodigios. Los prodigios le conmueven y exaltan. Suponen un empujón que le impele a las orillas del Bien. He dicho: a las orillas.  Yo sabía que los que creían por mis milagros estaban en las orillas. Estar allí no quiere decir estar en mi Camino. Quiere decir ser espectadores curiosos o interesados, prontos a alejarse cuando cesa la conveniencia y se perfila un peligro, y a hacerse acusadores y enemigos del mismo modo que antes habíanse mostrado admiradores y amigos. ■ El hombre es ambiguo hasta tanto llega a ser todo de Dios. Yo veo el fondo de los corazones. Por eso no me fié de los admiradores de una hora, de los creyentes de un momento. Aquellos no habrían de ser los verdaderos confesores ni mis testigos. Ni Yo necesitaba de testigos. Mis obras testificaban por Mí y a través de ellas testificaba el Padre que, desde toda la eternidad, es Perfección y Vida.  He aquí por qué dice Juan: que no tenía necesidad de que otros testificasen por Mí. Otros que no fuesen el Padre y Yo mismo. ■ No arraiga en el hombre la verdad. Por eso su testimonio no es veraz ni duradero. Muchos fueron los que creyeron; pocos los que perseveraron; poquísimos los que dieron testimonio durante toda su vida y con la muerte de que Yo soy el Mesías, verdadero Hijo de Dios verdadero. ¡Dichosísimos éstos por siempre!”. (Escrito el 5 de Julio de 1943).
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43-212.- El milagro, en el milagro de la multiplicación de los panes y peces, y en el de la barca de Pedro embestida por las olas.
* “Aquí está el milagro en el milagro de la multiplicación: «…dio gracias»”.- ■ Dice Jesús: “Mira, vamos a ver juntos dos milagros del Evangelio. Mas, como Yo soy Dios y hablo con inteligencia divina, no te los expondré como de ordinario se os exponen sino que te haré notar el milagro que se encierra en el milagro. Comencemos por la multiplicación de los panes y de los peces. Mis sacerdotes predican, de continuo, el poder de Dios que sacia el hambre de las turbas multiplicando un poco de alimento. Hermoso y dulce milagro. Mas para un Dios que multiplicó los soles en el firmamento ¿qué más le da multiplicar unas pocas migajas de pan? ■ Yo, Cristo, el Verbo del Padre, os enseño otro milagro en ese milagro. Un milagro que podéis realizar también vosotros cuando llegáis a alcanzar el poder preciso para ello. ¿Cómo obtuve Yo aquel milagro? ¿Acaso con solo tocar los panes y trocearlos con mis manos de Dios? No. Dice el Evangelio: «…y dio gracias». Aquí está el milagro en el milagro. Yo, Hijo del Padre, doy gracias. Ruego al Padre, me humillo con un acto de sumisión y de confianza. Yo no me creo dispensado del deber de pedir al Eterno Padre, el cual tiene el deber de socorrer a sus hijos; pero tiene, a su vez, el derecho de ser reconocido como Señor supremo del Cielo y de la Tierra. Yo, Dios como Él, tengo en cuenta este derecho, cumplo con este deber y os lo enseño. Y con el deber del respeto, el de la confianza. El milagro de la multiplicación del pan se realizó después de que Yo hube dado gracias al Padre. ¿Y vosotros?”.
* Aquí está el milagro en el milagro de la barca embestida: mi Bondad que se adelanta a vuestro encuentro… Mi Bondad es un continuo milagro”.-Jesús: “El otro milagro: la barca de Pedro, embestida por vientos encontrados, hacía agua y zozobraba. Mis discípulos, con gran temor por sus vidas, se afanaban en sujetar el timón, plegar las velas, echar agua por la borda y el lastre, dispuestos ya a arrojar las cestas de peces y las redes a fin de aligerar la barca y alcanzar la orilla. Las tormentas sobre el lago eran frecuentes e imprevistas y no eran de broma. Muchas veces habíales Yo ayudado. Pero aquel día no estaba Yo. No estaba materialmente con  ellos, aunque sí con mi amor, ya que Yo siempre estoy con quien me ama. Mis discípulos tenían miedo. Mas —he aquí el milagro— a pesar de no haber sido llamado ni estar presente, Yo acudí a poner paz en las olas y en las almas. ■ Mi bondad, hija, es un continuo milagro, un milagro sobre el que meditáis bien poco. Cuando se os expone este punto del Evangelio, se os hace notar el poder de la fe. Mas ¿por qué no se os hace observar mi Bondad que se adelanta a vuestro encuentro caminando entre las olas de la tempestad? Mi Bondad supera la grandeza del Universo, de la Necesidad y del Dolor y está más vigilante que inteligencia alguna humana. Mi Bondad tiene sus raíces en el amor paternal de Dios. ¿Por qué no venís allá? ¿Por qué no creéis ciegamente en ella y bebéis en su infinitud? Yo estoy con vosotros hasta el fin de los siglos. Soy el Espíritu de Dios hecho carne. Conozco las necesidades de la carne, sé de las necesidades del espíritu y tengo el poder de Dios para atender vuestras necesidades, al igual del amor que me fuerza a prestarles ayuda. Porque soy Uno con el Padre y con el Espíritu. Con el Padre del que procedo y con el Espíritu por el que tomé carne. Y así tengo del Padre el Poder y del Espíritu la Caridad”.
* Circunstancias en que se produjo este dictado.- Esta mañana me he quedado boquiabierta. Había terminado de escribir cuanto antecede mientras Marta se encontraba en Misa y dormía mi madre. Raro y precioso momento de silencio, pues. ¡Una fiesta! Vuelve Marta y, refiriéndose al poco pan que tenía, me dice: “¡Vaya! Ya podía suceder lo que cuenta el Evangelio de hoy”. Pregunto: “¿Por qué? ¿Qué dice?”. Marta: “¿Qué? Habla de la multiplicación de los panes y de los peces”. Me he quedado como un pez con los ojos y la boca abiertos. ¡Acababa de explicarme Jesús el Evangelio de este domingo! Le aseguro (1) que no pensaba ni de lejos que correspondiese al día de hoy ese fragmento evangélico. (Escrito el 25 de Julio de 1943).
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1  Nota  : Se dirige al Padre Migliorini.
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43-215.- “El verdadero cristiano, cuando ha de dar el testimonio de su fe, ¿cómo ha de proceder?… El que vive del espíritu tiene la intrepidez del espíritu pues Yo, y conmigo mi Madre, estoy a su lado”.
* En las cosas del Cielo no hay que dudar en el modo de obrar pues el fruto que se deriva de nuestra palabra es eterno”.- ■ Dice Jesús: “Muchos, para extraer una enseñanza, tienen necesidad de mil libros de meditación. Pero no. Son bastantes: mi Evangelio y la vida que vivís y  se vive en torno vuestro. El verdadero cristiano, cuando ha de dar testimonio de su fe, ¿cómo debe proceder? ¿Viste cómo procedió tu Maestro delante de Caifás? Sabía perfectamente que confesarse ser el Mesías, Hijo de Dios, habría de provocar la condena, la más feroz de las condenas. Y no lo dudé. Yo, que ante los acusadores observé la regla del silencio, aquí supe hablar alto y claro puesto que callar equivaldría a una apostasía sacrílega. ■ Cuando están de por medio las cosas del Cielo no hay que dudar en el modo de obrar por cuanto el fruto que se deriva de nuestra palabra es eterno. El hombre, ser de carne y sangre, no sabe enfrentarse con valentía a ciertas confesiones heroicas y por eso reniega con facilidad. Mas el que vive del espíritu posee la intrepidez del espíritu ya que Yo estoy al lado del que combate el mundo contra la propia debilidad”.
* Sobre el regazo de la Madre es donde os robustecéis y me encontráis a Mí”.-Jesús: “Y junto conmigo, está María, la Madre de todos, el Auxilio de todos. Es Ella la que sonrió a los mártires impulsándoles al Cielo. Es Ella la que sonrió a las vírgenes para ayudarles en su vocación angélica. Es Ella la que sonrió a los pecadores para traerlos al arrepentimiento. Es Ella de quien el hombre tiene necesidad sobre todo en las horas de más viva angustia. ■ Sobre el regazo de la Madre es donde os robustecéis y me encontráis a Mí a la vez que mi Perdón y, con el Perdón, la fortaleza. Porque si estáis en Mí, disfrutaréis de los dones de Cristo y no sabréis lo que es perecer”. (Escrito el 27 de Julio de 1943).
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43-230.- El poder de la fe.- Es imposible vivir sin creer en algo. Razón del suicidio de Judas Iscariote.- ¿Por qué un publicano o una meretriz que llegan a creer en Jesús,  precederán en el Reino a otros?
* “¡Pobres almas, si han de salvar algo de su espíritu ya tan herido, tienen necesidad de creer!”.- ■ Dice Jesús: “Si consideráis mi expresión: «En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os precederán en el Reino de Dios», podéis entender cuál sea el poder del creer cuando éste es absoluto y recto en la intención. He aquí también por qué os digo que no juzguéis a ninguno de vuestros hermanos ni digáis neciamente: «Yo estoy tranquilo por mi alma puesto que no he cometido culpas graves». No, que, de verdad, vosotros cometéis culpa mayor que la del publicano y de la meretriz, por cuanto aquellos se hallan dominados por la pasión de la carne y vosotros, en cambio, os encontráis desquiciados por las pasiones de la mente. Faltáis a la Caridad y por eso ofendéis a Dios; faltáis a la humildad y por esto le disgustáis; faltáis a la contrición y por eso le volvéis severo. El pobre publicano, la pobre meretriz, a los que tantas circunstancias pudiéronles haber llevado a ser tales, al encontrarse con la mirada de Dios, creen en Él y a Él vienen con toda la fuerza de su fe, de su amor, de su humildad y de su arrepentimiento. Y entonces, no es solo un lavado superficial sino una saturación de mi Poder la que los sana haciendo de ellos unos héroes. ■ ¡Pero vosotros…! ¡Qué pocos hay que sean capaces de permanecer firmes en la fe de su Dios! Mira, María: como nieve que desciende desde las nubes a copos, así caen las almas por falta de fe. Y si en un tiempo era nevada lenta, ahora, a modo de tormenta, arrecia cada vez más. ¡Pobres almas! ¡Tienen tanta necesidad de creer si han de salvar algo de su espíritu ya tan herido…! Por el contrario… ¡ya no saben creer!”.
* El mundo se está convirtiendo en un caos sin luz porque la luz del creer se va apagando cada vez más en los corazones”.-Jesús: “Y ¿en qué creen entonces si no creen en Mí, eterno? Es imposible vivir sin creer. El que no cree en Dios, en el Dios verdadero, por fuerza creerá en otros dioses. El que en ningún Dios cree, creerá en los ídolos, creerá en la carne, creerá en el dinero, tendrá fe en el poder de las armas. Mas, en suma, no se puede estar sin creer en nada. Peor que la oscuridad que envuelve al ciego es la oscuridad del alma que carece de fe en nada humano o sobrehumano. No le queda sino matar con muerte violenta su alma y su cuerpo. ■ Cuando Judas ya no creyó en Mí ni en la satisfacción del dinero ni en el favor de la ley humana, se mató. ¿Con remordimiento por su delito? No. De haber sido así, habríase matado tan pronto se percató de que Yo lo sabía. Mas no fue entonces ni después del ósculo infame y mi saludo amoroso, no fue entonces, ni cuando me vio escupido, amarrado, arrastrado fuera entre mil insultos. Sólo después de haber comprendido que la ley no le favorecía —la pobre ley humana que con frecuencia crea o instiga al delito y después se desentiende de sus ejecutores y cómplices y, si es preciso, se vuelve en contra y, tras haberse servido de ellos, les hace callar para siempre eliminándolos— y sólo después de haberse convencido de que ni el poder ni el dinero llegaban o eran muy menguados para hacerle feliz, sólo entonces se mató. Se encontraba en la oscuridad de la nada y se lanzó a la oscuridad del Infierno. ■ El mundo se está convirtiendo en un caos sin luz porque la luz del creer se va apagando cada vez más en los corazones. Es una muerte espiritual que horroriza a los espíritus que viven en Mí. Por eso os digo que si un publicano o una meretriz llegan a creer en Mí, os precederán en mi Reino. Porque quien realmente cree en Mí, vive obediente a mi Palabra. Si pecador, se redime y si está sin culpa, se preserva de la misma. Y, en uno o en otro caso, Yo, Perdón y Amor, aguardo al que cree en Mí para coronarle de gloria”. (Escrito el 1 de Agosto de 1943).
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43-232.- “Si crees en Mí ya no tendrás más hambre ni sed… Nunca me canso de estar junto a vosotros, mira si me canso de estar esperándoos en las Iglesias, encerrado en un poco de pan… porque las almas son el tesoro más dulce para Mí”.
* El que cree en Mí, se salva, porque la fe lleva consigo las demás virtudes y la Ley”.- ■ Dice Jesús: “Estate segura. El que me tiene a Mí lo tiene todo. Conforme a mi promesa, si crees en Mí ya no tendrás hambre ni sed. No hablo del hambre ni de la sed del pobre cuerpo, hablo del hambre y de la sed de vuestro corazón, de vuestra alma y de vuestro espíritu. Sólo el pensar que me tienes a tu lado te consuela, te sostiene y te alimenta totalmente. No, que no me canso de estar junto a ti. Jesús nunca se cansa de estar junto a sus pobres hijos que, sin Él, son tan desgraciados. Mira si me canso alguna vez de estar en las iglesias esperándoos, encerrado en un poco de pan, a fin de tomar una forma perceptible a vuestra material pesantez. ■ Las almas que el Padre me entregó constituyen el tesoro más dulce que Yo pueda tener. ¿Puedes tú acaso poner en duda que no haya Yo de tratar con amoroso respeto cuanto mi Padre me entregó? Bajé del Cielo, donde era feliz en la divinidad excelsa de mi Esencia, para dar cumplimiento a este deseo del Padre de salvar al género humano por Él creado. Circunscrito Yo, el Infinito, en un poco de carne; envilecido Yo, el Poderoso, con vestimenta de hombre oscuro; pobre Yo, el Dueño del Universo, en un pueblacho cualquiera; acusado Yo, el Sin Mancha, el Purísimo, de todas las culpas morales y espirituales como rebelde a la autoridad humana, agitador de pueblos, violador de la Ley divina, blasfemador de Dios; todo lo sufrí, todo lo llevé a cabo para hacer realidad el deseo del Padre. No me canso de estar contigo. Te espero. Cuando llegue la hora subirás conmigo a la vida eterna porque ésta se halla reservada para el que cree en Mí. Ya te dije cómo aquél que cree, que cree realmente, se salva. Porque la fe lleva consigo las demás virtudes haciendo practicar las virtudes y la Ley”. (Escrito el 2 de Agosto de 1943).
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43-233.- El Padre Migliorini pide señal para sus hermanos religiosos que no creen.- Cántico a la virginidad de espíritu y severa crítica al racionalismo.
“Pretenden entender con su ciencia imbuida de tierra para poder entender lo que no es tierra. Si sofocan bajo su incredulidad hasta aquel residuo de sensibilidad que queda en ellos… ¿cómo quieres que den crédito a una señal?”.- ■ Dice Jesús: “Dile al padre (1), que pide una señal para persuadir a sus hermanos de comunidad de ciertas verdades innegables, que le doy la misma respuesta que le fue dada al rico Epulón: «Si no escuchan a Moisés ni a los Profetas, no escucharán ni a un muerto resucitado». Si no escuchan la voz de la conciencia, inspirada por mí, que grita sus advertencias incontestables y verdaderas; si sofocan bajo su incredulidad hasta aquel residuo de sensibilidad que queda en ellos, ¿cómo quieres que vayan a percibir otras cosas? Si no inclinan su frente ante la realidad que les hiere y no recuerdan, no entienden ni admiten nada, ¿cómo quieres que den crédito a una señal? ■ Hasta a Mí me niegan por más que aseguren no negarme. Ellos son los «doctos» y, bajo las piedras y cascotes de su ciencia por demás imbuida de tierra para poder entender la que no es tierra, han sofocado la hermosa, santa, sencilla y pura capacidad de creer. ¡Ay, María! ¡Qué dolor el de tu Jesús! Veo extinguirse aquello que Yo sembré a costa de mi morir. ■ Mas, ni aunque Yo apareciera me creerían. Pondrían en juego todas las argucias de la ciencia para pesar, catalogar y analizar la maravilla de mi aparición; desplegarían todos los razonamientos de su cultura, revolviendo profetas y santos para citar, al revés y del modo más acorde con su conveniencia, las razones por las que Yo, Rey y Señor de lo Creado, no puedo aparecer”.
* Cántico a la virginidad del espíritu y severa condena del racionalismo.- Jesús: “También ahora, como hace veinte siglos, serían los sencillos, los niños, los que me seguirían y creerían en Mí. Los sencillos, porque tienen el mismo corazón, virgen de racionalismo, de desconfianza y de soberbia de la mente que los niños. No. No encontraría en mi Iglesia quienes fuesen capaces de creer. O, si acaso, encontraría entre el gran ejército de mis ministros alguna alma que supo conservar la virginidad más excelsa: «la del espíritu» ■ ¡Oh santa virginidad de espíritu, cuán preciosa, querida, dilecta eres a mi corazón que te bendice y ama con predilección! ¡Oh santa virginidad del espíritu que conservas el candor del Bautismo en las almas que te poseen; que guardas el ardor de la Confirmación en las almas que te conservan; que haces perdurar el alimento de la Comunión en las almas que se te entregan; que eres Matrimonio del alma con su Jesús Maestro y Amigo; que eres Sacerdocio que consagras a la Verdad; que eres Óleo que purificas en la hora extrema para disponer al ingreso en la mansión que os preparé! ¡Santa virginidad del espíritu que eres luz para ver y sonido para oír, qué pocos saben conservarte! ■  Mira, alma mía. Pocas son las cosas que condeno tan severamente como ésta del racionalismo que prostituye, profana y mata la Fe. Digo Fe con mayúscula para indicar la Fe verdadera, absoluta, real. Yo lo condeno como a mi asesino, pues él es el que a Mí me mata en los corazones y que preparó y prepara tiempos bien tristes para la Iglesia y para el mundo. Otras cosas he maldecido; mas ninguna maldeciré como ésta. Ha sido el germen del que han derivado otras, otras y otras doctrinas venenosas. Ha sido el pérfido que abre las puertas al enemigo. Y, en efecto, ha abierto las puertas a Satanás que nunca ha reinado tanto como desde que impera el racionalismo. ■ Ahora bien, está dicho: «Cuando venga el Hijo del hombre no encontrará fe en los corazones». Por eso, si el racionalismo hace su obra, Yo haré la mía. Bienaventurados aquellos que, así como cierran la puerta al pecado y a las pasiones, saben cerrar las puertas del templo secreto a la ciencia que niega y viven, solos con el Solo que lo es todo, hasta el fin. En verdad te digo que estrecharé contra mi corazón al desgraciado que cometió un delito humano y se arrepintió de él, por cuanto siempre admitió que Yo puedo todo. Mas tendré cara de Juez para los que, basándose en una doctrinaria ciencia humana, niegan lo sobrenatural en las manifestaciones que el Padre había de querer que Yo le diese. ■ Un sordo de nacimiento no puede oír, ¿no es cierto? Uno que, por desgracia, tenga rotos los tímpanos no puede percibir los sonidos, ¿verdad?  ¿Mas cómo he de poder dar la audición a un espíritu sordo si éste no se deja tocar de Mí?”. (Escrito el 2 de Agosto de 1943).
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1  Nota  : Padre Migliorini, su director espiritual.
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43-248.- El conocimiento más útil: ser un convencido de Dios.
“Porque ya no yerra, sabe orar”.- ■ Dice Jesús: “La oración es cosa buena y santa como bueno es también meditar y estudiar la Sabiduría. Mas nada es tan útil al hombre como un conocimiento: el de ser convencido de Dios. Cuando uno llega a conocer verdaderamente quién es el Señor, ya no yerra. Sabe orar, no con un movimiento maquinal de labios de los que brotan serios propósitos de bondad, de perdón, de continencia y de humildad sino con una verdadera adhesión a Dios y con un firme propósito de practicar cada vez mejor la Ley a fin de ser bendecido por Dios. Cuando uno llegó a conocer quién es el Señor, posee para siempre la Ciencia, la Riqueza, la Fortaleza que proporcionan la Gloria verdadera que ya no muere y agrada a Dios”. (Escrito el 10 de Agosto de 1943).
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Referente a la señora Curie (1867-1934)
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43-296.- “A la hora del Juicio, aparecerán mucho más excelsas pequeñas criaturas iletradas que no lumbreras de la ciencia”.
* Descubridores de fuerzas secretas,  pero indiferentes para con la Fuerza de las fuerzas: Dios. Esto no lo buscan antes intencionadamente lo niegan o, cuando menos, se  desentienden. En el corazón y en la mente de los científicos falta el fuego del amor que hace respetar y amar a Dios, y  al prójimo”.- ■ Dice Jesús: “Hay personas humanamente  perfectas. Todo en ellas alcanzó la perfección, a excepción de su espíritu que fue retrocediendo cada vez más hasta convertirse en un embrión de espíritu. Tienen un genio perfecto, una circunspección perfecta. Pero todo humanamente perfecto. Su virtud es llama que no calienta; es fuego frío. Para Mí carece de valor. Prefiero una espiritualidad imperfecta a una humanidad perfecta. ■ Tanto fulgor de perfección humana es como la luminosidad de 100, de 1.000 lámparas eléctricas. Producen luz, innegable; pero es luz artificial que, al menor mecanismo que le estropee, se apaga en el acto sin que nada quede de ella. Mientras que el espíritu, por más que sea imperfecto, es siempre un pequeño sol que vive con luz propia que brota de la Gracia que está en él. Hablo del espíritu vivo, o sea, que vive en Mí, vivificado por la Gracia. ■ El haber poseído una inteligencia superior  que le permitió adentrarse en los misterios de la naturaleza, debiera, incluso, haberles llevado a ver el poder de Dios y su existencia, ya que su ser aparece impreso en todas las cosas creadas. Por el contrario, nada de esto vieron. Son seres llenos de ciencia, mas faltos del hilo que lleva al exacto conocimiento de cuan­to existe. Inventores de lo nuevo, pero negadores de lo eterno. Descubridores de fuerzas secretas, pero indiferentes para con la Fuerza de las fuerzas: Dios. Esto no lo buscan antes intencionadamente lo niegan o, cuando menos, se desentienden. Esta es la causa de que la ciencia humana que, innegablemente, ha progresado, no dé frutos buenos sino envenenados. En el corazón y en la mente de los científicos falta el fuego del amor que hace respetar y amar a Dios, que hace amar y respetar al prójimo”.
* Si bien no las habré de condenar en atención al bien que hicieron humanamente, serán simples nebulosas en mi Paraíso. Serán los salvados por mi Misericordia sin mérito alguno de su parte, salvados más por las plegarias de aquellos a quienes beneficiaron”.-Jesús: “En este caso particular, esa señora no perjudicó antes be­nefició a sus hermanos. Esto ya es mucho. Pero reflexiona sobre el impulso tan grande que hubiera impreso a su escuela, a los discípulos de éstos, si a la fascinación de su yo hubiera añadido una religiosidad profunda. Ten ciertamente por seguro, alma mía, que, a la hora del juicio, aparecerán mucho más excelsas pequeñas criaturas iletradas que no lumbreras de la ciencia. Las primeras, al estar inflamadas por el amor, serán estrellas vivas de mi Cielo. Las otras, si bien no las habré de condenar en atención al bien que hicieron humanamente, serán simples nebulosas en mi Paraíso. Serán los salvados por mi Misericordia sin mérito alguno de su parte, salvados más por las plegarias de aquellos a quienes beneficiaron   que no por ellos  mismos. Dime ahora: ¿Qué prefieres: ser una nada insignificante en el campo del saber y ser mía, muy mía en esta y en la otra vida, o te gustaría ser astro aquí abajo y nebulosa opaca allá arriba. Sé tu respuesta y por eso te digo: «Sagazmente has res­pondido. Vete en paz»”. (Escrito el 24 de Agosto de 1943)
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43-298.- “Esta Fe, de la que es guardiana la Iglesia, depositaria de los tesoros del Verbo, es inmutable pues comparte con su Creador los atributos de inmutabilidad y perfección”-  Creer no es credulidad.
* “Solo en el Cielo comprenderéis en su plenitud la hermosura, poder y fuerza de la fe”.-Dice Jesús: “Tales son la hermosura, el poder y la fuerza de la Fe que sólo en el Cielo podréis llegar a comprenderlos en su plenitud. Aquí abajo, aún las almas más henchidas de Fe, tan sólo tenéis un pálido reflejo de ella. Mas este reflejo es a la sazón tan amplio que basta para dar orientación a toda una vida conduciéndola en derechura hasta Mí. Hablo de la Fe, de la Fe verdadera, de mi Fe. No hay más que un Dios, no hay más que un Cristo, no hay más que una Fe. Esta Fe verdadera que nació en el hombre, habitante de la Tierra, única flor en el desierto y en el exilio del primer hombre y de sus descendientes, que se ha ido perfeccionando a través de los siglos alcanzando su plenitud con mi venida, sello, que no engaña ni puede ser desmentido, de la fe de los patriarcas y de los profetas, esta Fe de la que es guardiana la iglesia, depositaria de los tesoros del Verbo, es inmutable porque comparte con su Creador los atributos de inmutabilidad y de perfección. ■ Fíjate bien. ¿Qué aseguraba la Fe a los primeros padres? Mi venida, acto de una caridad tan excelsa que él solo basta a dar seguridad en un Dios, Padre del género humano. Aseguraba la vida eterna reservada a todos los que murieran en el Señor y anunciaba castigo eterno a los transgresores de la Ley del Señor. Aseguraba nuestro Ser Uno y Trino. Aseguraba la existencia del Espíritu Santo del que procede toda luz espiritual. ■  ¿Qué asegura la Fe de los cristianos hace 20 siglos a esta parte? Lo mismo. ¿Acaso Yo modifiqué la Fe? No. Antes, al contrario, la confirmé, y en torno a ella construí la roca firme de mi Iglesia Católica, apostólica, romana, en la que está la Verdad por Mí mismo depositada. Hasta el último día y último hombre la Fe es y será «aquella». No puede haber otra. Si me argüís que el mundo evoluciona, Yo os respondo que tal evolución no es obstáculo para la Fe antes debe contribuir a hacer más fácil el creer”.
* Creer no es credulidad.- Jesús: “Creer no quiere decir ser un crédulo. Creer es aceptar y comprender, a la luz de la inteligencia, cuanto se os propone por aquellos que jamás mintieron: los santos de Dios, empezando por los patriarcas. Creer es entender, a la luz de la Gracia, que Yo traje, plena y sobreabundante, cuanto aún queda oscuro para la inteligencia. Creer es sobre todo, amar. La credulidad es necia. ■ El creer es santo porque equivale a tener el espíritu sumiso a los misterios del Señor. Bienaventurados los que no mudan su fe. Bienaventurados aquellos que permanecen fieles al Señor. Luz sobre luz es en todo ser la Fe. Las cosas, todas las cosas, ya sean sobrenaturales o naturales, se clarifican ante una luz de verdad ignorada por los incrédulos y el alma se eleva a alturas de amor, de veneración, de paz y de seguridad. ■ No, no es posible describir con palabras humanas lo que es la fe en un corazón. Ni los creyentes pueden alcanzar a comprender qué abismo de terror, de tinieblas y de aniquilamiento sea un corazón privado de ella. Mas nunca juzgues a tus desgraciados hermanos incrédulos, antes cree por ellos a fin de reparar por sus negaciones. Sólo Yo juzgo. Sólo Yo condeno. Sólo Yo premio. Y sólo Yo sé, porque os amo, cómo querría únicamente premiar. Os amo hasta el punto de que, para poder salvaros, morí por vosotros. Y ninguna alegría mayor me podéis dar que la de salvar vuestra alma; que me la dejéis salvar. Y ningún dolor mayor me podéis proporcionar que el de querer perder vuestra alma rechazando mi dádiva de salvación. ■ Piensa ahora tú, María, cuánto es el dolor que embarga a tu Jesús; a tu Jesús que ve perecer las almas como flores agostadas por un viento de fuego que va acelerando de día en día su hora destructora. En verdad te digo que es esto mucho más doloroso que la bárbara flagelación. ¡María, tu Jesús llora! Lloremos juntos por las pobres almas que quieren morir. Y si ni aún nuestro llanto hubiera de salvarlas, siempre quedará el consuelo que habrá proporcionado a tu Jesús y, por este consuelo, seas siempre bendita”. (Escrito el 26 de Agosto de 1943).
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43-328.- Se pierden muchas almas por querer: “escrutar lo que está por encima de ellas y lo que rebasa  sus fuerzas de indagación”.
* El escrutar: turba la serenidad de los salvados y aumenta el tormento de los condenados.-Dice Jesús: “Como dice el Eclesiástico: Cap. 3, 22,  se pierden muchas almas por querer: «escrutar lo que está por encima de ellas y lo que rebasa sus fuerzas de indagación». Es el antiguo veneno. El hombre siempre tuvo y tiene curiosidades malsanas y sacrílegas profanaciones. En su afán de escudriñar, quiere penetrar zonas que la Sabiduría divina mantiene envueltas en el misterio, no por celoso poder sino por providente amor. ¡Ay del hombre si conociese plenamente el futuro y los secretos del Universo! Ya no tendríais paz espiritual ni natural. Dejad el futuro a Dios, creador y dispensador del tiempo, y no violéis esas zonas del universo cuya posesión os suministraría armas con las que turbar cada vez más vuestra existencia como individuos y como espíritus. Os tengo ya dicho que no soy contrario a las conquistas de la inteligencia humana. Si lo fuese, habría de reconocer que soy incoherente conmigo mismo que doté al hombre de entendimiento para que lo use, no para que lo tenga inactivo. ■ Con todo, os digo por boca de la Sabiduría: No queráis ser escudriñadores curiosos de las obras de Dios, no pretendáis traspasar los límites que puse para separar vuestro poder de otros poderes más fuertes que el vuestro, de las leyes del cosmos, de los secretos de las fuerzas naturales y, sobre todo, de los misterios de ultratumba cuya verdad y cuya vida tan sólo Yo tengo derecho de desvelaros, porque Yo soy el Señor de todas las cosas mientras que vosotros sois únicamente los huéspedes de esta pobre Tierra y no sabéis lo que os está reservado más allá de la vida de la Tierra. Creed en la otra vida. Basta con creer en esto. Creed que en ella os esperan un premio y un castigo, fruto de la justicia santa que ha de aplicarse a todos, uno por uno. Esto os he dado a conocer para vuestro bien. No hace falta que sepáis más. ■ No turbéis con vuestra curiosidad la paz sobrenatural de la otra vida. Aun a los atormentados, es decir, a aquellos que carecen de paz por estar apartados de Mí, vuestra penetración les acarrea siempre un aumento de turbación. ¿A qué turbar con ecos de la Tierra la serenidad de los Cielos? ¿A qué aumentar el tormento de los condenados con voces que les recuerden el mundo donde merecieron el castigo? Respetad a los primeros y compadeceos de los segundos. Yo sólo, Señor del Cielo y de la Tierra, árbitro supremo de todas las cosas y dominador absoluto de todas ellas, puedo tomar tales iniciativas y establecer contactos entre el hombre y el misterio de la otra vida. Yo sólo. Y en este caso os envío mis mensajeros, siempre con un fin de bien, nunca por plegarme a necias y profanadoras curiosidades humanas”.
* Castigo para los violadores de los misterios de ultratumba.-Jesús: “Bienaventurados los que creen si haber visto”, dije a Tomás y ello repito a todos los curiosos e incrédulos de la Tierra. No hay necesidad de pruebas para creer en la segunda vida que —sabedlo entre tanto—  no es como la fantaseáis vosotros sino como Yo lo tengo dicho: una segunda vida, u-n-a, no más y más vidas. Sois hombres y no granos de trigo que, sembrados y vueltos  sembrar, germinan una, dos, diez, cien veces, tantas cuantas se siembran. No hay necesidad de pruebas. Basta mi palabra. Porque si decís que creéis en ella y, a renglón seguido, buscáis pruebas sobrenaturales para creer, mentís, porque con la boca decís que creéis y con la mente no creéis, buscáis pruebas. Y me tratáis de mentiroso, porque vuestro inquirir pruebas implica el pensamiento vivísimo, aunque sobreentendido, de que Yo pueda haber dicho algo que no es verdad. En castigo de tan inútiles, peligrosas, necias curiosidades y de tan irreverentes y sacrílegos pensamientos, Yo permito que en esos desgraciados indagadores de lo que no le es necesario al hombre indagar, se produzcan, en los mejores de ellos, confusiones mentales, turbaciones de espíritu y grave lesión de la Fe; y, en los peores, muerte de la Fe y del espíritu. ■ ¿Quiénes son los mejores de entre estos violadores del misterio? Son lo que recurren a él, no por ponerme en tela de juicio a Mí, que soy injuzgable, sino para buscarme a Mí, al no saber encontrarme por otras vías más seguras; vías humildes y sublimes como el que las marcó Cristo, que vino a la tierra precisamente para traer la doctrina segura que os guiase a la segunda vida y para fundar mi Iglesia, Depositaria y Maestra de mi doctrina. Estos tales no saben abrazarse a los pies de la Iglesia con simplicidad de niños y humildad de santos y decirle: «Te amo, te obedezco; guíame tú». Mas, con todo, me buscan a Mí con recta intención y, por esto, uso todavía con ellos de mucha misericordia. ■ ¿Quiénes son los peores de entre estos violadores del misterio? Son los que recurren a él por pura curiosidad científica, por interés humano, cualquiera que éste sea: bien por el vil metal que se les ofrece en pago de sus artes mágicas y por el provecho directo que les puede venir (o creen al menos que les puede venir) de comunicaciones ultraterrenas. Mas no es así como se tienen las comunicaciones. Éstas vienen espontáneamente por mandato mío y no por llamada humana. Seré para éstos Juez de una severidad inexorable y les castigaré por haber faltado a la Fe y al respeto para con el Señor de ésta y de la Vida verdadera y por haber faltado al respeto hacia los traspuestos, a los que sólo Yo tengo derecho a dictarles órdenes capaces de desplazarlos de sus moradas extraterrenas”.
* Dichosos, siete veces, los que confiaron en mi Palabra depositada en mi Esposa la Iglesia”.-Jesús: “Dichosos, dichosos, tres veces dichosos aquellos que creen sin necesidad de pruebas. Dichosos, siete veces dichosos los que nunca, ni por un instante, dudaron de mi palabra y de mi doctrina confiada a la Maestra, mi Esposa: la Iglesia, y nunca osaron ni menos intentaron una profanación de los reinos ultraterrenos, convencidos como están de que la vida no acaba en esta tierra sino que cambia de naturaleza y se hace eterna: feliz para los que supieron vivir de Mí y en Mí, y horrenda para los que, repudiando a Dios, fornicaron con Satanás. A estos sinceros creyentes, a estos espíritus sencillos y humildes para los que la Fe es luz y mi Palabra vida, les concedo lo que niego a los indagadores: la posesión y conocimiento de la verdad ultraterrena”. (Escrito el 11 de Septiembre de 1943).
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43-331.- “De estos humildes y sinceros creyentes, elegidos antes de su incorporación a la vida, suscito almas especiales a las que concedo la posesión de la Verdad… pero si se convierten en avaros o soberbios…”.
Yo doy al hombre todas las ayudas mas respeto la libertad y el deseo del hombre”.-Dice Jesús: “De entre estos sinceros creyentes, de entre estos espíritus humildes y sencillos de los que te hablé ayer y a los que concedo la posesión de la Verdad, Yo suscito almas especiales, las elijo antes de su incorporación a la vida, puesto que conozco cuanto concierne al hombre que ya vivió, que vive y que vivirá, y sé igualmente, por anticipado, cómo obrará cada espíritu sobre la tierra mereciendo o desmereciendo. Y no digáis que es injusticia por cuanto no os fuerzo a merecer. No. Esto es fidelidad a mi obra y a mi promesa de crear al hombre capaz de guiarse y libre para guiarse. Yo proporciono a los hijos las ayudas, todas las ayudas; mas no les fuerzo a servirse de ellas. Lo deseo con todo mi amor; pero respeto el deseo del hombre. A Dios le empujó su amor hasta sacrificar a su Verbo para que os llevase su Palabra y su Sangre. Más que eso, ni puede ni quiere hacer. ■ ¿Qué mérito tendríais en ser buenos si os impidiese ser malos? Así pues, a las almas que elijo porque sé de antemano que han de ser santas por amor o que lo serán, tras el yerro, por un arrepentimiento sincero y redoblado amor, les doy, incluso, lo que niego a las masas: Enseñanzas y luces que son beatitud para ellas mismas y dirección para las almas hermanas, menos iluminadas que ellas por estar menos en contacto conmigo”.
* Para los avaros y soberbios del don recibido.-Jesús: “Mas ¡ay de estas almas predilectas si muestran avaricia o soberbia por el don recibido! No amo a los avaros y detesto a los soberbios. Los primeros faltan a la Caridad porque guardan para sí lo que es de todos, pues Yo soy el Padre de todos y entrego mis tesoros a los amados para que sean mis limosneros con los pobres de espíritu y no para que los atesoren ávida y anticaritativamente matando la caridad y desobedeciendo el querer de Dios. El solo hecho de matar la caridad destruye el canal por el que les llegan mis palabras. Y así pierden su misión de portadores de mi Voz. Esto explica por qué ciertas almas, antes faros de la Iglesia, llegan a desvanecerse en una calina de nieblas perniciosas. ■ Por lo que hace a los soberbios, quedan éstos privados inexorable e inmediatamente de mi dádiva. En ellos no se apaga lentamente mi palabra cual flor que muere por falta de agua o como pájaro encerrado en cárcel oscura, del modo que sucede en los avaros, sino que ésta, como ser estrangulado, muere «instantáneamente». La soberbia es la quintaesencia de la anticaridad, la perfección de la anticaridad y su veneno demoníaco apaga en el acto la Luz en el corazón. Mientras contemplo con dolor y compasión vuestras debilidades, si encuentro a un soberbio, vuelvo a otro lado mi mirada. Y ¿sabéis qué supone no tener ya sobre sí mi mirada? Equivale a ser pobres ciegos, pobres locos, ebrios miserables que marchan tambaleando, de peligro en peligro, hasta dar con la muerte. A esto equivale el no tener ya sobre sí la mirada de Dios, que os protege cual otra cosa alguna os pueda proteger. ■ A mi santa y bendita Madre le fue dada ser la Portadora del Verbo, no tanto por su naturaleza Inmaculada cuanto por humildad superperfecta. Todas las humildades humanas no alcanzan al tesoro de humildad de la Humildísima, que permaneció tal, t a l, entendedlo, aún después de haber sabido que estaba destinada a ser la más excelsa de todas las criaturas.  María, con su humildad tan solo inferior al Verbo, consoló a las Tres divinas personas que habían quedado heridas por la soberbia de Lucifer y de la Primera Pareja”. (Escrito el 12 de Septiembre de 1943).
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43-373.- La fe de Pedro y de Juan.
* “Ejemplo de fe limitada y de sus consecuencias lo tenemos en Pedro: negó; Juan, en cambio, que admitía todas las verdades, permaneció fiel”. ■ Dice Jesús: “Un ejemplo de fe limitada y de las consecuencias que ella comporta lo tenemos en Pedro. Pedro, dentro de la torpeza de su ser aún no inflamado por el Espíritu Santo ni robustecido por mi Inmolación que habría de descender sobre él como sobre todos —porque Yo amaba extraordinariamente a mi generoso, impulsivo y a la vez tan humano Pedro, en el que se daban tantas dotes y tanta humanidad; verdadero prototipo del hombre humanamente bueno que para llegar a ser santo necesitaba injertar su bondad en la Bondad de Dios— Pedro no había aceptado plenamente mi Palabra. Su mismo grande amor hacia Mí —y esto le eximió de toda culpa— le lleva a rechazar aquella verdad sangrienta que Yo anunciaba estar reservada para Mí. «Señor, esto no ha de ser jamás» dijo una vez. Y si bien, tras mi reprensión, no volvió a repetir, en el fondo de su corazón se revolvía contra la idea de que pudiérale estar reservada a su Señor una muerte tan horrenda y de que el Reino de su Rey hubiera de tener por alcázar la cima de un monte y por trono una cruz. ■ Juan, por el contrario, lo aceptaba todo. Por más que se le partía el corazón, inclinaba su cabeza y su corazón ante las predicciones de su Jesús con sentimiento de niño para el que la palabra de quien le ama es verdad incontrovertible, y se preparaba con fidelidad absoluta en la vida a ser fiel a su Maestro hasta en la hora de la Pasión. Juan, el puro y amoroso creyente, permaneció fiel. ■ Pedro, que quería admitir de la Verdad únicamente aquellas verdades que seducían su espíritu demasiado vinculado a la carne, me negó. Y su culpa de aquella hora es sí una falta de valor, mas también y, sobre todo, una falta de fe. Si hubiese creído fidelísimamente en Mí, habría comprendido que nunca su Maestro fuera tan Rey, Maestro y Señor como en aquella hora en que aparecía como un delincuente común. Fue entonces cuando Yo alcancé el ápice de la enseñanza puesto que hice de la misma, no una teoría, sino un hecho real. Entonces asumí el reinado sobre todos los que fueron, eran y habrían de ser, y tomé púrpura y corona, la más espléndida que podía asumir, por cuanto la primera la proporcionaba la Sangre de un Dios y la segunda era el testimonio del grado a que llegó el amor de un Dios hacia vosotros, de Dios que muere martirizado para evitar a los hombres los martirios eternos. Entonces volví a tomar plena y completa mi vestidura de Señor del Cielo y de la Tierra ya que sólo el Señor del Cielo podía satisfacer al Señor Dios y sólo el Señor de la Tierra podía cancelar la culpa de la Tierra. Como Señor de la Vida y de la Muerte ordené a la Vida tornar a vosotros y a la Muerte que no matase más. Hablo de la vida y de la muerte del espíritu por cuanto, a mis ojos, únicamente tiene valor lo que es espíritu. ■ Dichosos, dichosos, dichosos los que de verdad saben ser creyentes en Mí. Y esto siempre, suceda lo que suceda y mírese del lado que se mire pues aunque en apariencia se alce ante vosotros como un muro escabroso y tétrico para amedrentar vuestra alma, pensad siempre que, tras el obstáculo, que dura bien poco, están de continuo Dios, su Luz, su Verdad, siempre igualmente operantes a vuestro favor. Pensad en esto con todo vuestro corazón y toda vuestra mente y sabréis obrar como verdaderos discípulos míos. Haciéndolo así poseeréis la Verdad. Y la Verdad, que morará como vida en el centro de vuestro ser, os conducirá a la Vida”. (Escrito el 28 de Septiembre de 1943).
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43-375.- “Hay tantos «Pedros»… que querrían dones terrenos que Yo nunca prometí porque Yo os encamino al Cielo”.
* “Del Mal que vosotros provocáis culpáis a Dios. Mas Éste, para salvaros, hizo aquel milagro que llenó de estupor a los Cielos e hizo estremecer de ira a los Abismos y tuvo en suspenso durante una hora el curso de los astros y las leyes del Universo; milagro que consistió en destacarse de la divina Trinidad la 2ª Persona para, siendo Luz eterna y Corazón de Dios, rebajarse a ser corazón de hombre y luz para los hombres”.-Dice Jesús: “¡Hubo siempre y hay tantos «Pedros»…! Ellos querrían de Mí dones de bienestar terreno que Yo jamás prometí dar porque os encamino al Cielo y no a las cosas de aquí abajo y todo cuanto os doy de felicidad terrena es un sobreañadido que vosotros no merecéis ni podéis exigir y que si os lo doy es únicamente porque el noventa por ciento de los hombres son tan sólo carne y sangre que, de no tener dones de esta Tierra, se me volverían todos en contra. ■ Os volvéis igualmente, ¡hijos ingratos!, cuando me culpáis del mal que vosotros mismos provocáis. ¡Si al menos supierais soportar con resignación el mal que es obra de vuestros actos malvados, de vuestras lujurias, de vuestras arbitrariedades y desenfrenos, de vuestras usuras y fraudes! Si supierais soportarlo diciendo: «Nos lo hemos merecido», ese mal se os cambiaría en bien puesto que Dios se apiadaría de vuestra irreflexión. Ciertamente, si os viese reconocer con humildad vuestros yerros, resignados a sufrir sus consecuencias, volviéndoos filialmente a Mí con los ojos arrasados en lágrimas y la voz suplicante, Yo, que soy el Dios de la Misericordia y del Perdón, Yo, que vine a buscar  y a salvar lo que estaba perdido y no apagué ni apagaré a lo largo de los siglos —átomos de mi eternidad— mi sed de traeros la salvación y el bien, intervendría para salvaros todavía haciendo que desbordare mi Amor y mi Misericordia por encima de mi Justicia que, creedlo, pobres hijos míos, me hiere a Mí antes que a vosotros, ■ porque el haberos castigado, el tener que dejar que os castiguéis vosotros mismos con sufrimientos creados por vuestro duro corazón y necio entendimiento es lo que constituye el dolor de vuestro Jesús que, por salvaros, obró con el Padre y el Espíritu Santo aquel milagro de indescriptible e inmenso amor, aquel milagro que dejó inmóviles de reverente estupor a los Cielos, que hizo estremecer de ira los abismos infernales y tuvo en suspenso por espacio de una hora el curso de los astros y las leyes del universo, aquel milagro que consistió en destacarse de la divina Trinidad la segunda Persona para, siendo Luz eterna y Corazón de Dios, rebajarse a ser corazón de hombre en el seno de una Virgen y luz para los hombres que había apagado en sí mismos la luz”.
* Los nuevos Pedros, nunca como ahora hay tantos, al no recibir lo que su humanidad desea no creen que sea Yo el poderoso que digo ser y reniegan de Mí lo mismo que Pedro en aquella hora en que las apariencias estaban contra Mí”.-Jesús: “Estos numerosos y nuevos Pedros  —de los que nunca como ahora está el mundo lleno— cuando ven que no les doy aquello que su humanidad desea, llegan a creer que no soy Yo aquel Poderoso que digo ser. Y ante esta mi creída impotencia, juzgan que no vale la pena seguirme y reniegan de Mí lo mismo que Pedro en aquella hora en que las apariencias estaban contra Mí. Con todo, pobres hijos míos, son éstos ciertamente las horas en que, humanamente juzgando, parece que Yo esté ausente; mas en ellas estoy inclinado sobre mis hijos trabajando por ellos. Si no tuvieseis en vosotros un espíritu contrario a Dios y muchas veces poseído por Satanás, percibiríais mi invisible presencia y mi deseo de ayudaros. Mas vosotros huís de Mí y preferís entregaros al amigo de una hora, que seduce vuestra carne con satisfacciones superficialmente dulces, pero que después atosigan y dañan interiormente como un veneno letal. Y así preferís entregaros, atados de pies y de manos, al Enemigo que os acecha. ■ No sólo renegáis de Mí, vuestro Dios, mas también de vuestra dignidad de hombres, de vuestra inteligencia que os hace semejantes a Dios por encima de todos los animales creados por el Padre, únicos capaces de pensar y de obrar, no con el instinto rudimentario de los brutos sino con un fulgor de entendimiento que os eleva a esferas muy próximas a Nosotros. ¡Oh, esto sí que os hace semejantes a Nosotros y no el conocimiento del Mal!”.
Al silbido de la Serpiente, queréis conocer también el Mal para ser semejantes a Dios”.-Jesús: “Mas vosotros atendéis siempre al silbido de la Serpiente que queréis conocer también el Mal para ser semejantes a Dios. ¡Oh, necios, necios, necios! Dios, en su esencia perfecta, puede conocer el Mal porque éste no tiene poder sobre Él, pero vosotros, no. Vosotros no sois perfectos y el Mal no os deja indiferentes cuando lo queréis escudriñar, conocer y probar. ■ El haber mordisqueado aquella experiencia fue lo que acarreó al hombre el trabajo, la maternidad dolorosa a la mujer y el dolor y la Muerte a la raza humana. Mas vosotros, no convencidos aún, siempre apetecéis ese manjar del Infierno que se transforma siempre en vosotros en obra de maldición que aumentan el dolor y la muerte, las fatigas, el hambre y toda clase de castigos. Y aún hay más, porque, repito, me acusáis de autor del mal que vosotros creáis y me maldecís, por aquello de que soy inocente”.
* La fe es el cable espiritual que os lanza la Bondad”.- ■ Jesús: “Salís airados de Dios, hijos cegados por vuestra perversidad, y venís a caer en el estanque de Satanás en el que estáis hundidos hasta el cuello sin querer asiros a la Fe que es el cable espiritual que a vosotros, náufragos, lanza la Bondad eterna. ■ Si tuvieseis aquella Fe verdadera que Yo os dije que debierais tener, no habría prueba alguna adversa que os la pudiera hacer perder y superaríais los sucesos contrarios, porque forzaríais las puertas de la Misericordia tan poquito entornadas que están deseando abrirse y arrancaríais las de la Justicia, abiertas para castigar vuestros delitos, que, por el amor infinito que os tenemos, quisiéramos cerrar”.
Vuestra conducta ante mis renegadores: oración, sacrificio y la palabra”.-Jesús: “¿Cómo debéis obrar con los que reniegan de Mí? Como Yo hice con Pedro: llorar y rogar por volverlos a Mí. Está en vosotros, cristianos, y sobre todo en vosotras, mis amorosas, benditas, queridísimas víctimas, flores vivas que exhaláis vuestro aroma de flor totalmente para Mí y que viviréis como rosas eternas en el Cielo, está en vosotros, mis verdaderos amigos, hacer que vuelvan a Mí los que andan errantes sin juzgar si merecen o no ser dignos del Cielo. No os toca a vosotros juzgar sobre el premio o el castigo. Solo Yo soy el Juez. ■ A vosotros corresponde tan sólo hacer que vuelvan los pródigos a la casa del Padre, sirviéndoos para ello de las mismas armas: oración y sacrificio y, en último término, la palabra, y así poder hacer saltar de júbilo el Corazón de Dios y henchir de gozo los Cielos por un nuevo pecador que se convierte, abandona las tinieblas y retorna a la Luz, a la Verdad y al Amor”. (Escrito el 29 de Septiembre de 1943).
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43-389.- Para aquellos que están sufriendo un trance doloroso: “Creed en Mí”.
* Venid a Mí todos los que lloráis… Creer en Mí es amar, esperar, vencer, poseer”.- ■ Al amanecer del 5 de Octubre, Jesús dice: “Dije: «A quien cree en Mí haré que broten en su corazón fuentes de vida eterna». Mas, ¿acaso no hago brotar, ya desde esta vida, fuentes de bálsamo que os medicinan a cuantos os encontráis intoxicados por el dolor? ¡Oh, venid a Mí todos los que lloráis! Creed en Mí todos los que sufrís. Amadme cuantos os veis abandonados. Si creéis firmemente en Mí, vuestra alma, que lucha y sufre sobre la tierra, será como pan caído a un barril de miel que lo impregna con su dulzura. ■ Creer en Mí quiere decir amar, quiere decir esperar, quiere decir vencer. Creer en Mí quiere decir poseer. Poseer aquí abajo las armas para luchar contra el Mal que avanza por todas partes y que trata de abatiros con mil añagazas y quiere decir: poseer mi Reino para toda la eternidad, aquel premio que soy Yo mismo”. (Escrito el 4 y 5 de Octubre  de 1943).
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43-516.- La parábola del sembrador aplicada a los  Racionalistas.
* “El Racionalismo, peor que las grandes herejías, más mortífero que el pecado, dobla, desdobla, usa de la Palabra a la luz, mísera luz, de su mente turbada, esterilizada por Satanás”.- ■ Dice Jesús: “Por más que se arguya que me repito, no me aparto de mi propósito. También se repiten, a pesar de todos los avisos, con una reiteración desconsoladora, los pecados de los hombres. Al resonar de la voz de su culpa opongo Yo mi Voz de justicia para que no se diga que dejé de hablar y se me acuse de haberlos dejado en el error. Desde hace veinte siglos viene repitiendo mi Voz las mismas cosas, no habiendo lugar, por tanto, a tal acusación. Mas el hombre, al que le resulta cómodo olvidar todo cuanto supone condenación de sus yerros, arguye siempre que no sabía esto o aquello, lo que viene a ser una excusa que le deshonra y envilece por ser engañosa y porque con su falacia viene a acusar de imperfecta a su inteligencia y de deficiente a su memoria. ¿Cómo recordar las enseñanzas una y mil veces repetidas? Os colocáis por debajo de los brutos que aprenden lo que el hombre les ensaña. Y a vosotros, tan soberbios, ¿no os parece que esto sea por demás deshonroso para vuestra soberbia? ■ Escribe, María, una vez más la explicación de la parábola del sembrador. Te la voy a dictar para una categoría especial de personas cuyo error me llena de tristeza. Error de imprudencia en algunos, de soberbia en otros, de rebeldía en otros más y de escándalo en los de la otra categoría. Dice la parábola que una parte de la semilla cayó en el camino siendo picoteada por los pájaros. Otra parte cayó sobre las piedras y echó raíces, pero secóse inmediatamente por falta de humedad. La tercera parte cayó entre zarzas y murió sofocada. La cuarta, que cayó en buen terreno, fructificó en proporción diversa. ■ La Palabra de Dios es semilla de vida eterna. Mas dicha Palabra es objeto de multitud de asechanzas y esto por un cúmulo de cosas. Dejo a un lado este cúmulo de cosas y paso a hablar de una sola cosa, tan mortífera diría Yo o tal vez más que el mismo pecado. Y no se escandalicen los espíritus pusilánimes si digo que es tal vez más mortífera que el pecado puesto que así es en verdad. El pecador cuya mente no está corroída por el ácido del racionalismo, cuenta con noventa probabilidades de saber dar acogida a la Palabra, y reencontrar la Vida. El racionalista tiene diez probabilidades tan solo, y aún menos, de conservarse capaz de salvación a través de la Palabra. ■ El racionalismo es peor que la grama. Cuando se descubra su acción, en el momento en que todo lo de la Tierra y de los hombres se haga manifiesto, entonces se verá que esta herejía fue la más perniciosa por ser la más sutil y penetrante. Es como un gas que respiráis y os mata, sin que lo veáis y sin que ni siquiera percibías su olor, antes, al contrario, por seros agradable, lo aspiráis a gusto. Lo mismo en el racionalismo. Las grandes herejías tuvieron en sí dos cosas buenas: la primera, que nacieron de una Fe equivocada, si queréis, y merecedora también de condena. Pero, al fin y al cabo, una fe. Por ello tuvieron sus mártires, sus lágrimas, sus luchas para afianzarse, contando, por espacio de siglos, con espíritus rectos que las embellecieron con luces de santidad que no tuvieron otra desventaja que la de haber florecido sobre un árbol dañado, no injertado en Cristo. La segunda cosa buena de las herejías es el gran clamor producido por las mismas, de suerte que quien no quería pertenecer a ellas, sabía muy bien qué hacer al respecto. Las mismas luchas con la Iglesia y los Estados constituían para los católicos un claro indicador y un límite que no cabía franquear sino con pleno conocimiento. Esto, en cambio, falta en el racionalismo que se introduce inadvertidamente hasta en sitios al parecer impenetrables. Se filtra cual serpiente por mil orificios. Se viste con ropas de licitud, maravillosas incluso, actuando con ellas pero contra ellas. Es un virus que, para cuando uno lo advierte, ya lo tiene difundido por la sangre, librándose difícilmente de él. ■ La reacción del pecador, bajo la acción del rayo de mi Misericordia viene a ser violenta. Mas la del racionalista es nula. Al modo de un espejo ustorio, hace impracticable el camino a la gracia y la rechaza, viniendo a producir un ardor nocivo y terminando por darse a sí mismo la propia condenación. El racionalismo hace que las cosas de Dios sirvan a su fin, mas no que se supedite él al fin de Dios. Dobla, desdobla, usa de la Palabra a la luz, mísera luz, de su mente turbada y, cual demente que desconoce ya el valor de las cosas y de las palabras, da a éstas significados que solo pueden salir de uno a quien la acción astutísima de Satanás llegó a esterilizar sus facultades mentales”.
*  Racionalistas agrupados en 4 categorías.- Bienaventurados aquellos que son únicamente terreno de Dios.-Jesús: “Hay racionalistas de racionalistas.
.  ● Comenzaré por los mayores: Los «Superhombres», lo negadores de Dios. Pretenden explicar la creación, el milagro y la divinidad de acuerdo con su mentalidad saturada de orgullo humano. En donde anida el orgullo, estad ciertos de ello, no se encuentra Dios. En donde hay soberbia no aparece la Fe. Allí está Satanás; y Satanás es el más hábil prestidigitador para seducir al hombre, presentándole como oro de ley una lámina de estaño recogida en el fango. Estos negadores de Dios que creen rebajarse aceptando humildemente lo que por su sola capacidad mental no saben explicar y han matado en sí la aptitud de amar, son los gigantes del racionalismo. Como no estoy dando conferencia alguna a los hombres, no cito nombres. Estos los podéis poner vosotros. Para Mí son astros muertos caídos en el fango hecho añicos. Carecen ya de nombre, o mejor, no hay nombre que se les haya de marcar a fuego en el Día de la Justicia sobre su frente proterva y sobre el corazón más duro que el granito. Pasan la vida devastando. Son peores que un alud y que un huracán, peores que una locura, peores que una fiebre. Dan muerte a cuanto está a su alcance. En modo alguno desciende a éstos la Palabra. Hay en ellos demasiadas cosas que la obstaculizan. Forman una de las categorías de los «Muertos del espíritu».
.    ● Integran la segunda categoría: Los «humanamente cultos». Estos no niegan a Dios. Mas, sobre la simplicidad divina que se presenta así para que, hasta los más humildes, la puedan comprender a la luz del amor, cargan todo un boscaje de erudición humana de la que se revisten como pavos orgullosos de su cola de cientos de ojos y, al igual que los pavos, son bellos en su aspecto tan solo ya que no saben andar ni cantar por los caminos las loas del Señor. A éstos les falta el amor que viene a ser el nervio para el ala con la que volar hacia Dios y la cuerda para la cítara con la que bendecirle. Desciende sobre ellos la Palabra y echa raíces; pero muere después porque la cubren de follaje y la ahogan bajo la hojarasca inútil de sus conocimientos humanos. ¿Sabes cómo escuchan la Palabra? Lo mismo que quien oye hablar a otro en un idioma para él desconocido. Oye le voz y observa el movimiento de los labios; mas nada entiende. Son también semejantes a quien, por ser corto de oído, grita mientas su interlocutor habla con suavidad. El estruendo de sus palabras termina por apagar la voz del otro. Por exceso de erudición construyen en sí una Babel. Por exceso de saber no aceptan las luces tan simples y puras que puso Dios para que el hombre vea la senda que  le lleva al Padre. Y forman Babeles y tinieblas para los demás también.
.  ● Pertenecen a la tercera categoría todos aquellos que pavimentaron, con los adoquines del racionalismo ajeno, su propio corazón al objeto de hacerlo menos ignorante. Son éstos los «adoradores de los ídolos humanos». No saben adorar a Dios con cuanto son, y, en cambio, saben permanecer extáticos ante un pobre hombre que se hace pasar por superhombre. Cierran con sus desconfianzas la puerta al Verbo divino y aceptan, por el contrario, las teorías de un semejante a ellos que tenga fama de sabio. Les bastaría con pedir humildemente a la Gracia que les iluminase e instruyese sobre el valor de dichos puntos y la Gracia les haría ver cómo tales teorías y doctrinas se afianzan sobre puntos corroídos en su base por la polilla y la herrumbre y cómo sus voces aparecen desentonadas y en desacuerdo. Quieren ser cultos y superhombres y para ello toman el primer alimento que encuentran. Los ídolos se presentan con ropaje pomposo prometiendo la deidad a todos. Y la voz de la serpiente les susurra: «Come de este fruto y seréis semejantes a Dios». Y ellos, en su ignorancia, lo comen. ¡Hombres!, uno solo es el fruto que os hace dioses: el que pende de mi Cruz. Uno el que dice a vuestras mentes: «Effeta». Cristo. Una la que fecunda el mítico suelo de vuestro corazón para que nazca la semilla: mi Sangre. Uno el sol que calienta y hace crecer en vosotros la espiga de vida eterna: el Amor. Una ciencia que hace de reja para abrir y roturar vuestra gleba disponiéndola para recibir la semilla: mi ciencia. Uno el Maestro: Yo, Cristo. Venid a Mí si queréis ser instruidos en la verdad.
.   ● La 4ª categoría es la de los «imprudentes». Son vías francas por las que todo discurre. No se rodean de una santa defensa de fe y de fidelidad a Dios. Acogen la Palabra con gran satisfacción y se abren para recibirla; pero, con el pretexto especioso de que hay que ser condescendientes, se abren de igual suerte a todo género de doctrina. Sí. Hay que ser muy condescendientes con los hermanos y no desairar a ninguno; pero hay que ser rigurosos en las cosas de Dios. Sí, hay que rogar por los hermanos, instruir a los hermanos, perdonar a los hermanos y defenderlos contra ellos mismos con un verdadero amor sobrenatural; mas sin hacerse cómplices de sus errores y continuando siendo rocas de granito frente a la disgregación de sus doctrinas humanas. Nada pasa que no deje rastro. Y es por ello gran imprudencia poner un estilete delante del corazón. Podría quitaros la vida o, al menos, produciros heridas difíciles de curar y que siempre dejan cicatriz.
.   ● Bienaventurados aquellos que son únicamente terreno de Dios y así continúan siéndolo con vigilancia asidua. Bienaventurados aquellos que, por ser blandos cual tierra recién movida, no tienen piedras para sus hermanos ni guijos para la Palabra. El amor las hace almas adoradoras de la Palabra y almas compasivas con los extraviados que se encuentran alejados de Ella. El amor es su más firme defensa y nada malo podrá dañar a su espíritu en el que crece, cual opulenta espiga, la Palabra de Vida. Y tanto más crece dando fruto; aquí como treinta, allí como cincuenta y más allá como cien, en la medida que en ellos es más dilatado el amor. Y para quien lo posee de un modo absoluto, la Palabra viene a constituir su propia palabra, puesto que ellos dejan ya de ser, al hacerles su amor una misma cosa con Dios”. (Escrito el 10 de Noviembre de 1943).
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43-558.- “Para llegar a creer: leed el libro más hermoso, el Universo”.
* Para llegar a creer no son precisos libros de ciencia. El Libro más hermoso, el Universo que Yo creé de la nada”.- ■ Dice Jesús: “Abrid, hombres, los ojos y desprended de ellos la costra acumulada por tantos errores y vedme a Mí, pero tal cual soy: con todo mi poder de Dios Uno y Trino, Creador, Redentor y Vivificador vuestro. Doblad vuestra cerviz altiva, incapaz de nada que sea eterno y reconoced que esta vuestra nada es grande tan solo cuando Dios alienta en ella al estar dentro de vuestro espíritu. Humillad vuestra inteligencia que es mía porque Yo os la infundí y pensad siempre en lo que Yo soy y en lo que sois vosotros. ■ Para llegar a creer no son precisas trabajosas obras de ciencia. El libro más hermoso es el Universo que Yo creé de la nada sin el concurso del hombre. Sabed leer en el mismo el nombre de Dios y, al contemplar la inmensidad del firmamento, comenzaréis a descubrir la mía y, observando el movimiento de los astros, lograréis a comprender mi poder. Átomos de polvo posado sobre el granillo rodante por los espacios al que llamáis Tierra —polvillo lanzado por el soplo de Dios que cruza raudo al lado de otros infinitos polvillos semejantes a él— ¿no sentís derrumbarse vuestra soberbia al contemplar el firmamento tras del cual estoy Yo? ■ Seres efímeros que duráis lo que un instante de eternidad, ¿cómo no acabáis de comprender mi Eternidad cuya duración es un abismo insondable en el que se hunden los milenios que otra cosa no son que pulsaciones de mi actividad? Tornad al Señor, que abandonasteis. Él, en su triple condición, volverá a ser Creador del Bien que destruisteis, Salvador del Bien que todavía os quedó y Vivificador del Bien al que aún ahora no sabéis servir. Venid. Yo seré quien os lleve, si por entero, os entregáis a Mí”. (Escrito el 23 de Noviembre de 1943).
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43-648.- “La incredulidad es una de las mayores plagas de vuestro tiempo”.
* Aplicáis vuestras medidas a lo que es infinito y negáis lo que no acertáis a explicar”.- ■ Dice Jesús: “La incredulidad es una de las mayores plagas de este vuestro desventurado tiempo. No creéis en las palabras de la Fe, o si creéis, es del modo que a vosotros os place, es decir, de un modo relativo y acorde con vuestro género de vida. No dais crédito a Dios con simplicidad y firmeza. Discutís, caviláis, aplicáis vuestras medidas a lo que es infinito y acabáis negando lo que no acertáis a explicar. Negáis de plano el poder de Dios porque no admitís que pueda Dios suscitar santos de las piedras y dar el habla a las almas mudas. Dios hace cuanto quiere y, para confundir a los soberbios, toma a los pequeños y, entrando en ellos para ser Él, «todo», en los mismos, los hace grandes. ■ Negáis el milagro o mejor: admitís milagros que os acomodan y de los demás, que no son menos importantes por el hecho de ser espirituales, decís que no pueden ser posibles. Y qué, ¿me pondréis limitaciones? ¿Acaso os he pedido consejo o permiso para obrar? ¿Os he pedido ayuda? No. Me basta la buena voluntad de mis siervos para suscitar el milagro que vosotros negáis por hacerles de menos. Vuestra cooperación, ¡fariseos negadores!, ni os la pido ni la necesito. Tenedlo en cuenta y sed menos incrédulos y soberbios. Humillad vuestra frente orgullosa y haced así que vuestro espíritu se eleve. Y Dios, al ver que creéis en Él con humildad y constancia, os concederá el milagro de la transformación de vuestro corazón, lleno de humanos cuidados, en otro consagrado de buena fe”.
El Padre perdona con solo que vea recta intención: tener por fin único la gloria de Dios sin preocupación de consideraciones humanas”.-Jesús: “Nunca tengáis miedo de quien es Padre para vosotros. Amadle y bendecidle siempre ya que Él os profesa un amor infinito que todo lo compadece y perdona con sólo que vea recta intención en vosotros. Mas ésta es la que os falta. Todos vuestros actos comportan un germen que no es recto y así son raras, como las perlas negras, aquellas criaturas cuyas intenciones tengan como fin único la gloria de Dios sin preocupación alguna por la consideración humana. Y esta es la causa de que Yo no escuche vuestras palabras, pagándoos con la misma moneda lo que vosotros me hacéis a Mí no escuchando las mías. Y mientras continuéis siendo la generación perversa que sois, enemiga de Dios y del espíritu y amiga de la carne, de la sangre y del Incitador de ambas, no gozaréis de la verdadera paz. Verdadera, no ilusoria como lo es la estasis de un mal crónico que no es sino la oculta acumulación de nuevas toxinas destinadas a desparramarse más adelante por la sangre y así producir una agravación cada vez más fuerte en el mal causante de la muerte. ■ Lo mismo son vuestras paces. No son sino acumulaciones de fuerzas y de medios para futuras más demoníacas guerras. Os lo dije y también por medio de mi Madre y de mis siervos a los que se les había revelado el futuro. Mas vosotros negáis el milagro, negáis la revelación y negáis a Dios. ¿Qué no negáis vosotros? Negáis todo lo que no es fruto de vuestra soberbia y obráis, no según las luces que vienen de lo alto sino según los humos que se desprenden de vuestro ser abrasado por la soberbia, instigado por la arbitrariedad y ensatanado por la triple lujuria. ■ Y Yo, que estoy inclinado como un Padre, que soy Amor para quien me es fiel,  no puedo bendecir vuestros proyectos ni dirigir vuestras empresas. Y, tenedlo bien presente: el que consigo no tiene a Dios, perece”. (Escrito el 17 de Diciembre de 1943).
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43-694.- «Y (Jesús) no podía hacer milagro alguno y no curó sino a pocos enfermos».- «… y ungían con óleo a los enfermos y los sanaban».
* «Y (Jesús) no podía hacer milagro alguno y no curó sino a pocos enfermos».- ■ Dice Jesús: “Voy a hacer dos reflexiones, necesarias siempre, pero sobre todo ahora que, al estar bajo el látigo del demonio, vienen vuestros corazones a vacilar con la duda, primer paso hacia la desesperación. Esto es lo que Satanás quiere. Poco le importan a él las ruinas materiales que ocasiona; lo que de verdad persigue son los efectos espirituales que las mismas producen en vosotros. Por esto está bien que, como Maestro, os repita una vez más las lecciones sobre el modo de comportaros para triunfar. Dice Marcos en el versículo 5 del capítulo 6º de su Evangelio: «Y (Jesús) no podía hacer milagro alguno y no curó sino a pocos enfermos». ■ Con cuánto amor fuera Yo a mi Patria, únicamente lo podrá comprender quien recapacite en la perfección del Hombre-Dios, que sublimó las pasiones humanas hasta hacerlas santas como su naturaleza requería. Dios no rechaza ni prohíbe vuestros sentimientos cuando son honestos y santos. Condena tan sólo aquello que vosotros llamáis erróneamente sentimientos pero que, en realidad, son perversiones. Yo, pues, amaba a mi Patria y de ella, con amor particular, a mi Pueblo. A Nazaret, de donde salí para evangelizar, volvía mi corazón todos los días pensando en él con amor e, incluso, Yo mismo en persona pues mi deseo era favorecerle y santificarlo no obstante saber que estaba contra Mí impenetrable y hostil. Si derramé por doquier la fuerza del milagro, mi deseo hubiera sido que dicha fuerza no hubiese dejado sin solucionar caso alguno de enfermedad física, moral o espiritual, como también habría querido proporcionar consuelo a todas las miserias y luz a todos los corazones. Mas se alzaba contra Mí la incredulidad de mis paisanos. Por eso los pocos que vinieron a Mí con fe y sin soberbia fueron los únicos que recibieron la gracia del milagro. ■ ¡Cuántas, pero cuántas veces me acusáis vosotros de que no os atiendo ni escucho! Mas, hijos, examinaos: ¿Cómo venís a Mí? ¿Dónde está en vosotros esa fe inocente que sabe que su hermano mayor, su padre amoroso o su abuelo paciente pueden ayudarle y satisfacer sus infantiles necesidades porque le aman sobremanera? ¿Dónde hay en vosotros una fe semejante para conmigo? ¿Por ventura no me tenéis como un extraño, igual que los de Nazaret, en donde la incredulidad y la crítica me arrojaban de allí como a un ciudadano cualquiera?  Vosotros rezáis. Aún hay ahora quien reza. Mas, al tiempo que pedís una gracia, pensáis, sin decíroslo ni a vosotros mismos pero sí en lo más profundo de vuestros espíritus: «Dios no me escucha. Dios no puede hacerme esta gracia». ¡Que no puede! ■ ¿Qué es lo que no puede Dios? Pensad cómo de la nada hizo el Universo; cómo desde milenios lanza los planetas por los espacios regulando su curso; cómo sin diques contiene las aguas en sus riberas; cómo hizo del barro vuestro organismo; cómo en ese organismo la mezcla de semen con una poca gota de sangre viene a crear un nuevo hombre que, al formarse, se relaciona con las fases de los astros que, si bien a distancia de miles y miles de kilómetros, no son ajenos a la obra de formación de un ser, lo mismo que con sus éteres y su aparecer y desaparecer sobre vuestro cielo regulan la germinación de los cereales y la floración de los árboles; cómo con su poder sapiente creó las flores dotándolas de órganos aptos para fecundar las otras flores interviniendo el viento, los insectos en la fecundación. Pensad cómo nada hay que no haya sido creado por Dios y creado con semejante perfección, desde el sol al protozoo, no pudiendo vosotros añadir nada a dicha perfección. Pensad cómo su sabiduría dispuso todas las leyes referentes a la vida: desde el sol al protozoo, y convenceos de que nada hay imposible para Dios que puede disponer, a su arbitrio, de todas las fuerzas del cosmos haciendo, con un solo acto de su Pensamiento, que éstas aumenten, se detengan o se aceleren. ¡Cuántas veces los habitantes de la Tierra, en el transcurso de milenios, no han quedado estupefactos ante fenómenos estelares de inconcebible grandeza; meteoros de luces extrañas, sol por la noche, cometas y estrellas que nacen como flores en un jardín, en el jardín de Dios, que son lanzados a los espacios, como en un juego de niños, para asombraros! ■ Y a todo esto vuestros científicos, para circunscribir al ámbito humano las incomprensibles germinaciones del cielo, dan valiosas explicaciones de disgregación y nucleación de células o de cuerpos estelares. No. Callad. Pronunciad una palabra tan sólo: Dios. Él es el formador de esas lucientes, rotantes, ardientes vidas. Es Dios el que, a modo de advertencia para vosotros, olvidadizos, os dice que Él está allí: en las auroras boreales, en los zigzagueantes meteoros que tiñen de zafiro, de esmeralda, de rubí o de topacio el éter surcado por ellos, en los cometas de flamante cola semejante al manto de una reina celeste trasvolando por el firmamento, en la aparición de una nueva estrella en la bóveda del cielo y en la rotación del sol, perceptible en Fátima, para convenceros del querer de Dios. Todas las demás suposiciones vuestras no son sino humo de ciencia humana, yendo envuelto, con el humo, el error. ■ Todo es posible para Dios. Mas, en lo que a vosotros se refiere, Dios únicamente os exige fe para poder obrar puesto que con vuestra desconfianza no hacéis sino oponer diques al poder de Dios. Y ¿qué decir de aquellos que no sólo no rezan sino que blasfeman?”.
*  «… y ungían con óleo a los enfermos y los sanaban».- ■ Jesús: “Otro punto del evangelio de Marcos es el versículo 13 de mismo capítulo 6º: «… y ungían con óleo a los enfermos y los sanaban». En la medicina empírica de entonces era el óleo un elemento muy importante. Ni se puede decir de él que fuese más nocivo o menos eficaz que vuestras complicadas medicinas de ahora. Lo que sí es cierto que era más inofensivo. Mas no era en el óleo donde radicaba el poder de curación para los enfermos en los que mis apóstoles llevaban a cabo sus unciones. Como siempre, a la torpeza humana le era imprescindible un signo visible porque ¿quién habría de creer que el tacto de la mano de aquellos pobres hombres —como eran mis apóstoles, conocidos por todos como pescadores y aldeanos—, pudiese hacer recobrar la salud? De haber creído que era el tacto, habrían dicho, como lo dijeron de Mí (1): «Curáis con el poder del príncipe de los demonios».Y les habrían acusado como poseídos de los demonios, cosa que no debía ocurrir. ■ Ese fue el motivo de haberles dado el medio humano por el que fuesen creídos, al menos por medios empíricos. Mas el poder radicaba en Dios que se lo infundía a fin de conseguir adeptos para su doctrina. Ya lo dije Yo (2): «Los que crean en Mí podrán caminar sobre serpientes y escorpiones y hacer las obras que Yo hago». Yo no miento jamás y puedo infundir un poder divino en la mano de cualquier niño que crea y viva en Mí. ■ La historia del cristianismo ¿no está acaso llena de tales milagros? Sus primeros siglos están sembrados de ellos y si ha ido decreciendo la floración de los milagros, esto ha sido, no porque haya menguado el poder de Dios sino porque vosotros no cumplís el encargo de ser sus ministros. Tened, tened, tened fe. Ella os salvará”. (Escrito el  31 de  Diciembre de 1943).
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1  Nota  : Cfr. Mt.  12,24.   2  Nota  : Cfr. Mc. 16,1-8.
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Daniel cap. II, v. 27 (1)

44-13.- Los besados por Dios: siervos de Dios.- Los simuladores de Dios o súbditos de Satán: magos y adivinos.
* Los besados por Dios y los simuladores de Dios.- ■ Dice Jesús: “Daniel inspirado por Dios, dice una verdad hoy día harto olvidada. El misterio del futuro y del más allá, en la forma y en la medida querida por Dios, únicamente pueden ser conocidos por aquellos a quienes Dios quiere dárselo a conocer, esto es: directamente, sin intermediarios, sin cuadros, sin aparatos ni ayudas. Para el Espíritu no caben limitaciones, obstáculos, confines. Él es potente, libre, subitáneo. Porta consigo luz e inteligencia. Hasta un inculto o deficiente mental, si es investido por el Espíritu de Dios, llega a ser docto, no en vuestra pobre ciencia humana, sino en la ciencia sublime de Dios. Dije: «Gracias, Padre, porque escondiste estas cosas a los sabios y se las revelaste a los humildes» (2). ■ Al decir  «Padre», venía a decir también «Espíritu», porque el Padre es Uno con el Espíritu y Yo con Ellos.  Y así, quien bendice a Uno, bendice a los Tres, y quien es amado por Uno, se halla en los brazos de los Tres, porque no hay tres Dioses sino un solo Dios con triniforme naturaleza y única unidad. Grande es el Padre, grande el Hijo y grande el Espíritu. Poderoso el Padre, poderoso el Hijo y poderoso el Espíritu Santo.  Santo el Padre, santo el Hijo, santo el Espíritu. Y todo en igual medida. Viene el Padre en su unidad que nos genera. Viene el Hijo con su origen que salva. Viene el Espíritu con su septiforme llama que santifica. Vienen amándose y amando y a un humilde y pequeño le prestan un ojo que penetra en el misterio de Dios y una boca que habla las palabras de Dios. ■ Los besados por Dios no son aquellos que, entre los hombres saturados de errores, tienen fama de magos y adivinos. No son aquellos que con manifestaciones histriónicas tratan de simular a Dios en ellos y seducir a las gentes crédulas sin verdadera fe. No son aquellos que hacen de su satanismo un medio de lucro. Estos son y serán siempre mucho más maldecidos. Los besados por Dios son aquellos que viven una vida casta, mortificada y amorosa, propia de los siervos de Dios. Son los que huyen del aplauso y odian el ser reconocidos. Los que, perdidos en el torbellino de luz que es Dios, están sobre Mí con su corazón saturado de fe y su espíritu pletórico de caridad, succionando, cual místicas bocas, la Verdad y el Conocimiento. Sin ser forzadores, ambiciosos ni especuladores del misterio, reciben cuanto Yo les doy con sencillez, con amor y con honradez. Al no ser profanadores, en modo alguno se atreverían jamás a disponer el ambiente idóneo para crear el clima; ambiente y clima de los que Yo no necesito, os lo vuelvo a decir, ■ pero de los que está precisado su satanismo (el de los simuladores de Dios) para recibir el influjo del maligno. Simuladores de Dios y de sus santos, peor aún que simuladores, parodistas de Dios y de sus santos, de los que ofrecen una representación que es sacrilegio. Hijos, súbditos, ministros de Satanás y señuelos suyos, sin una palabra de verdad en su boca ni luz alguna en su corazón. Es la Mentira la que le arrastra a lo profundo del abismo a quien en ellos cree. Ni puede ser de otra suerte, ya que el Astuto no puede conocer en su totalidad el pensamiento de Dios y, aun en aquello que conoce, no lo dice, pues él es siempre serpiente que modula canciones engañosas para llevar la ruina allí donde su envidia le dice que aún puede haber una morada para el Señor. ¿A qué dar crédito a tales espectros, humo de Satánica boca, que se os presentan simulando lo que únicamente Dios puede enviaros para vuestra guía espiritual?”.
* Yo vengo cuando, donde, como quiero, a la hora y en el ambiente que quiero, y os hablo lo que quiero”.-Jesús: “¿Y no pensáis, como es verdad, que Dios puede atender vuestro deseo como Padre amoroso que es, por más que la mayoría de hombres no lo desee, y que es así mismo verdad que a Dios nadie, digo nadie, ni siquiera un santo puede imponérsele diciendo: «Ven, yo te lo mando»? Yo vengo cuando, donde, como quiero, a la hora y en el ambiente que quiero, y os hablo lo que quiero. ■  Entre la simplicidad veraz que me distingue, la sencilla humildad que es el distintivo de mis siervos y la mentida coreografía y avidez soberbia de esos otros falsos detentadores de la verdad, media más diferencia aún que la que pueda existir entre el sol y una noche sin estrellas, y aún más vasto abismo que el que pueda darse de orilla a orilla en los océanos cuya profundidad en ciertas zonas es para vosotros inmensurable. A este lado están Dios y su Verdad. Al otro Satanás y su Error. En éste, se extiende mi mano para bendecir a esas humildes flores que hacen suya mi luz bendiciéndome y teniéndose por indignas de ella. En el otro, en cambio, se extiende mi mano para maldecir pues las que ahí hay son flores venenosas de pútrido estanque estrechadas por serpientes de veneno eternamente letal”. (Escrito el 4 de Enero de 1944).
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1  Nota  : Daniel 2,27: “Daniel dijo al rey Nabucodonosor: el misterio que pide el rey ni los sabios, ni los adivinos, magos, sortilegios pueden revelarlo pero existe Dios en el Cielo que revela los misterios… Tu sueño y visiones son los siguientes…”.    2  Nota  : Cfr. Mt.  11,25-26;  Luc. 10,21-22.
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S. Pablo a los Colosenses. Cap. II y C. III
 
44-77.- “Hay tan solo una Fe verdadera: la mía, tal como la di”.- Palabras  sacrílegas de Hitler.
* “La Fe no es sólo esperanza de lo que se cree sino una realidad de vida que se inicia aquí y se completa  en el más allá”.- ■ Dice Jesús: “Bueno, este dictado, más que para ti y para muchos como tú, viene a integrar el grupo de los siete dictados (1). Es conveniente, cuando un sistema comenzó a desquiciarse, continuar asestándole golpes de ariete. Esta forma de pensar es un sistema resistente como el acero y es preciso insistir para vencerlo. Hay tan sólo una Fe que sea verdadera: la mía, que ha de ser tal como os la di, perla divina cuya luz es vida. No basta con estar con el nombre en esa fe como pueda estarlo, pongo por caso, una placa de mármol en una estancia. Debéis fusionaros con ella y hacer de la misma algo vuestro. ¿Forma parte de vuestra vida la ropa que lleváis? ¿Se convierte acaso en carne y sangre vuestras? No. Es una ropa que es útil pero que si os la quitáis para vestiros otra, nada de vuestro interior os quitáis. Mientras que el alimento que tomáis viene a hacerse carne y sangre no pudiendo ya arrancarlo de vosotros. Es parte, y muy esencial, vuestra porque sin sangre y sin carne no podríais vivir y sin alimento no tendríais carne ni sangre. ■ Igual sucede con la Fe. No debe ser algo que esté en vosotros a determinadas horas cual si fuera un velo que os ponéis para mostraros más bellos y seductores a vuestros hermanos sino que debe ser parte sustancial vuestra, parte inseparable de vosotros, algo vital vuestro. La Fe no es tan sólo esperanza de las cosas que se creen sino una realidad de vida. Vida que se inicia aquí, en esta quimera de vida humana y se completa en el más allá en aquel vivir eterno que os aguarda”.
* La herejía sacrílega de Hitler.-Jesús: “Hoy está en boga una gran herejía, sacrílega en sumo grado. El hijo de Satanás, uno de sus hijos, tal vez de los más grandes, no el más grande de los pecadores que fue Judas, ni el más grande de los que han de sobrevivir, que será el Anticristo, sino uno de  los que viven ahora para castigo del hombre que ha adorado al hombre y no a Dios, dándose muerte con la intervención del hombre mientras que Yo, Dios, habíale dado al hombre la Vida mediante mi muerte —meditad esta diferencia—, el hijo de Satanás pregona un mensaje que es parodia trágica, sacrílega, maldita de mi Fe. Se pregona un nuevo evangelio, se funda una nueva iglesia, se levanta un nuevo altar, se alza una nueva cruz y se celebra un nuevo sacrificio, no de Dios sino del hombre. ■ UNO es el Evangelio, el mío;  UNA es la Iglesia, la mía la Católica Romana;  UNO es el altar, el consagrado con óleo o fundamentado sobre los huesos de un mártir o santo de Dios; UNA es la Cruz, la mía. Aquella de la que pende el Cuerpo del Hijo de Dios: Jesucristo; aquella que es réplica del madero que Yo llevé con infinito amor y con tanta fatiga hasta la cima del calvario. No hay otras cruces. Puede haber otros símbolos o geroglíficos semejantes a los esculpidos en los hipogeos de los faraones o en las estelas aztecas, símbolos humanos tan sólo o de Satanás; mas no cruces ni símbolo alguno de toda una epopeya de amor, de redención y de victoria sobre todas las fuerzas del Mal. Desde Moisés hasta ahora y desde ahora hasta el momento del Juicio, no habrá sino una Cruz: la semejante a la mía, la que llevó pendiente, en primer lugar, «la serpiente» (2), símbolo de la vida eterna; la Cruz que me llevó a Mí; la Cruz que llevaré conmigo cuando aparezca como Juez y como Rey para juzgar a todos: a vosotros benditos creyentes míos en mi Señal y en mi Nombre, y a vosotros malditos, parodiadores y sacrílegos, que habéis arrancado de los templos y de las conciencias mi Señal y mi Nombre sustituyéndolos con vuestra sigla y vuestro nombre satánicos. Uno es el Sacrificio: el que  repite místicamente el mío y que en el pan y en el  vino os da mi Cuerpo y mi Sangre inmolados por vosotros. No hay otro cuerpo ni otra sangre que puedan sustituir a la gran Víctima. ■ Y la sangre y el cuerpo que inmoláis vosotros, feroces sacrificadores de quien os está sujeto y a vuestra disposición —ya que de ellos habéis hecho cuerpos de galeotes uncidos al remo, marcados por vuestra señal cual si fuesen bestias destinadas al matadero, hechas incapaces hasta de pensar porque habéis sustraído de ellos esta supremacía del hombre sobre los brutos y, de seres inteligentes, habéis hecho una manada de brutos sobre los que blandís el látigo y a los que amenazáis «de muerte» con sólo que se atrevan a juzgaros en su interior— esa sangre y esos cuerpos no celebran, no sustituyen, no sirven, no, para el sacrificio. El mío os obtiene gracias y bendiciones. Éste, en cambio, condenación y maldiciones eternas. ■ Oigo y veo las torturas de los oprimidos a los que vosotros degolláis en su alma y en su mente más bien que en su cuerpo. Ni uno solo de quienes os están sujetos se libra de vuestro cuchillo que les deja vacíos de libertad, de paz, de tranquilidad y de fe, convirtiéndolos en idiotas morales, asustados, desesperados, rebeldes. Percibo y veo los estertores de los asesinados y la sangre que baña «vuestro» altar. Pobre sangre para la que Yo tengo una misericordia que sobrepuja toda medida y a la que perdono hasta su error, ya que el hombre le ha inferido el castigo y Dios no emplea su rigor donde ya hubo expiación. Ahora bien, os juro que de esa sangre y de esos lamentos haré vuestro tormento eterno. Comeréis hasta hartaros y vomitaréis sangre, os ahogaréis en ella; os atronarán el alma, hasta haceros enloquecer, aquellos estertores, aquellos lamentos y serán vuestra obsesión millones de fantasmas figurando rostros que os gritarán vuestros millones de delitos y os maldecirán. Esto es lo que encontraréis allí donde os aguarda vuestro padre, rey de la mentira y la crueldad. ■ Y ¿dónde tenéis el Pontífice y el Sacerdote para la celebración del rito? Verdugos sois que no sacerdotes. Ése no es un altar sino un patíbulo. Ése no es un sacrificio sino una blasfemia. Ésa no es una fe: es un sacrilegio. Bajaos, malditos, antes de que Yo os fulmine con una muerte horrenda. Haced al menos por morir como las bestias que se retiran a su cubil para morir en él ahítas de presas. No aguardéis encaramados en ese vuestro pedestal de dioses infernales que Yo os proporcioné para la expiación, no del espíritu sino de vuestro cuerpo de fieras y os haga morir entre el ludibrio de las multitudes y las torturas de los que ahora torturáis. ■ Hay un límite: os lo hago recordar; y no hay compasión para quien remeda a Dios y se hace semejante a Lucifer (3). Y vosotros, pueblos, sabed manteneros fuertes en la Verdad y en la Justicia. Las filosofías y doctrinas humanas se hallan todas inficionadas de escorias y las de ahora saturadas de veneno. No hay que jugar con una serpiente venenosa pues llega el momento en que sale de su encantamiento y os lanza su mordida fatal. No os dejéis envenenar”.
Grabad sobre vosotros mi Señal. Circuncidad de Mí vuestro espíritu y conoceréis los goces verdaderos”.-Jesús: “Permaneced unidos a Mí. En Mí hay justicia, paz y amor. No vayáis en busca de otras doctrinas. Venid al Evangelio. Así seréis felices. Vivid en Mí y de Mí. No conoceréis los grandes goces corporales pues Yo nos los doy. Lo que doy son los goces verdaderos que no son únicamente goces de la carne sino también del espíritu, goces honestos, benditos, santos que Yo concedí y sancioné no rehusando participar en ellos. La familia, los hijos, un ambiente honesto, una patria próspera y tranquila, una buena armonía con los hermanos y entre las naciones. He aquí lo que Yo llamo santo y lo que bendigo. En ello encontraréis también salud, puesto que la vida familiar, honestamente vivida, proporciona salud al cuerpo; encontraréis también calma, ya que un comercio o profesión, honestamente realizados, proporcionan tranquilidad y prosperidad para la patria y para los pueblos, puesto que viviendo en buena armonía con los compatriotas y pueblos vecinos, evitaréis los rencores y las guerras  ■ En vuestra sangre, lo sé, pobres hijos míos, fermenta el veneno de Satanás. Mas Yo me he dado a Mí mismo a vosotros como contraveneno y os he enseñado a grabar sobre vosotros y en vosotros mi Señal que vence a Satanás. Circuncidad de Mí vuestro espíritu. No hay más alta y perfecta circuncisión. Ella elimina de vuestra carne esas células en las que anidan los gérmenes de muerte inoculándoos la Vida que soy Yo. Ella os despoja de la animalidad revistiéndoos de Cristo. Como hijos de Adán culpable, siendo así mismo culpables vosotros por la Culpa Original y por culpas propias, ella os sepulta en el Bautismo y en la Confesión de Cristo, haciéndoos resurgir hijos del Altísimo. ■ ¡Oh, no os separéis de Mí! Si permanecéis formando parte de Mí, Yo, ciertamente, os llevaré al Cielo, e incluso —puesto que no todos sois «cielo» sino siempre queda en vosotros algo de fango de la Tierra— os prometo que la bendición del Padre no dejará de caer sobre vuestro fango, ya que el Padre —si permanecéis en Mí y si conmigo suplicáis diciendo «Padre nuestro», tal como Yo os enseñé— os dará, tanto el Reino de los Cielos que se pide en la primera parte, como el pan de cada día y el perdón de las culpas que se pide en la segunda. ■ Si permanecéis en Mí como niños en el regazo de su madre, el  Padre tan sólo podrá ver el vestido que os cubre, es decir, a Mí que soy vuestro Redentor, vuestro Engendrador para el Cielo e Hijo suyo; y sobre el Hijo, objeto de todas sus complacencias, por el que, además de todas las cosas, hizo también el perdón y la gloria, por complacer a su Hijo que os quiere ver perdonados y gloriosos, hará llover sus gracias. ■ Destruí vuestra muerte con la mía. Cancelé con mi Sangre vuestras culpas que las rescaté por anticipado para vosotros. Hice que todo resultara impotente para dañaros en la vida futura clavando en mi Cruz vuestro mal, desde Adán hasta cada uno de vosotros. Puedo decir que apuré todo el veneno del mundo al succionar la esponja empapada en hiel y vinagre en el Gólgota y cambié aquel Mal en Bien porque, muriendo, lo destilé y de aquella mixtura de muerte hice agua de Vida surgida de mi Pecho desgarrado. ■ Permaneced en Mí con pureza y fortaleza. No seáis hipócritas sino sinceros en la Fe. No son las prácticas externas las que constituyen la Fe y el amor. Estas las tienen también los sacrílegos que se sirven de ellas para engañaros y procurarse glorias humanas. No debéis de ser así vosotros. Tened presente que, como os regeneré para la Vida de la Gracia, así os resucité conmigo para la Vida eterna. Prestad pues atención a aquel lugar de Vida y buscad todo aquello que os sirva de moneda para entrar en él, es decir, todo cuanto se relaciona con el espíritu: la Fe, la Esperanza, la Caridad y las demás virtudes que hacen del hombre un hijo de Dios”.
* Nada quedará sin recompensa: paz para los buenos; luminosidad de la Palabra para los buenísimos”.-Jesús: “Buscad la ciencia que no yerra, la que se contiene en mi doctrina. Ésta es la que os hace capaces de guiaros de suerte que el Cielo sea vuestro. Buscad la Gloria, no la irrisoria y a menudo culpable gloria terrena que Yo condeno con frecuencia y a la que no siempre tengo por gloria verdadera sino tan solo por misión que Dios os propone para que hagáis de ella medio con el que alcanzar la Gloria del Cielo. ■ La Gloria verdadera se obtiene mediante el trastrueque de los valores del mundo. Dice el mundo: «Gozad, atesorad, sed soberbios, prepotentes, sin corazón, odiad para vencer, mentid para triunfar, sed crueles para mandar». Y Yo os digo: «Sed morigerados, continentes, sin sed de carne, de oro ni de poder, sed sinceros, honestos, humildes, amorosos, pacientes, mansos y misericordiosos. Perdonad al que os ofende, amad al que os odia, ayudad al que es menos feliz que vosotros.  Amad, Amad, Amad». ■ En verdad os digo que ni un acto de amor, por mínimo que sea, así sea un suspiro de compasión por el que sufre, quedará sin recompensa. Recompensa que si bien será infinita en el Cielo, lo es también grande en la Tierra y solo comprensible para quien lo prueba. Recompensa de la paz de Cristo para todos mis buenos y de la luminosidad de la Palabra para los «buenísimos» a los que Yo vengo en busca de consuelo. ■ Hijos míos queridos a los que amo con un amor que sobrepuja con mucho al odio que, como fluido infernal, circula por la Tierra, amadme a vuestra vez. Cuanto hagáis o digáis, hacedlo en el nombre de vuestro Jesús, dando gracias así, por su medio, a vuestro Padre Dios y la gracia del Señor permanecerá, a modo de coraza, sobre vosotros en la Tierra y como aureola segura para el Cielo”.

* Las palabras sacrílegas de Hitler a sus súbditos.
En una nota señala María Valtorta: Aquel “discurso” fue pronunciado hace unos ocho días y, por tanto, hacia el día 10 o el 11 de febrero de 1944. En él se decían, entre otras cosas, frases como éstas: “Que los sacerdotes no son necesarios, ni para Dios ni para las almas, pues son unos profesionales etc. etc. que tan solo se cuidan de sacar el mayor lucro posible a su profesión etc. etc.; que cuando acabe la guerra, naturalmente con la victoria de Alemania, se instaurará un nuevo y verdadero culto, con nuevos y verdaderos templos y a ellos acudirán los fieles de la nueva fe a ver cómo se consume el sacrificio en el que se ofrecerán el pan y la sangre del pueblo germano”. Palabras y promesas hechas por Hitler a sus súbditos. (Escrito el 17 de  Enero de 1944).
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1 Nota : Dictados sobre la reencarnación o metempsícosis. En el tema “Muerte-Resurrección de los cuerpos”, se relatan estos dictados, empezando por el dictado 44-22 del 11 de Enero de 1944.    2  Nota  : Cfr. Núm. 21,4-9;  Ju. 3,14-15.   3  Nota  :  Is. 14,9-15.
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44-230.- Visión de las mártires Perpetua y Felicidad.
* Preliminares.- ■ Me dice Jesús: “No era mi intención haberte proporcionado esta tarde la presente visión. Lo era, en cambio, haberte hecho vivir un nuevo experimento de los «evangelios de la fe» (1). Mas quien merece ser atendido ha expresado un deseo y Yo le complazco. Sin contar pues con tus dolores, mira, observa y describe. Tus dolores dámelos a Mí y la descripción a tus hermanos”. ■ Y así sin tener en cuenta mis dolores tan acerbos, por los que me parece tener la cabeza en torniquete con una sensación lacerante que, partiendo de la nuca, sube hasta la frente y recorre la espina dorsal, un mal tan terrible que me ha hecho pensar para mis adentros en el estallido de una meningitis, habiendo quedado después desvanecida, escribo. E, incluso ahora, siguen tan acerbos. Mas Jesús permite que logre escribir para obedecer. Después… después  que sea lo que Dios quiera.
1ª escena de la visión.- ■ Por lo demás, le aseguro P. Migliorini, que voy de sorpresa en sorpresa pues, en primer lugar, me encuentro frente por frente con africanos o árabes al menos, cuando y siempre creí que estas santas fuesen europeas. Porque, ciertamente, no tenía la menor idea de su condición social ni de su martirio. De Inés (2) conocía su vida y su muerte. De éstas, en cambio, es como si leyese un relato desconocido. Como primera aclaración he de decir que, antes de quedar desvanecida, he visto un anfiteatro, poco más o menos como el Coliseo (pero no en ruinas), vacío por entonces de gente. Tan solo en el centro, y elevada del suelo, aparece erguida una mora joven y bellísima, radiante con una luz beatífica que se desprende de su cuerpo moreno y del vestido oscuro que le cubre. Semeja ser el ángel de ese lugar. Me mira y sonríe. Después quedo desvanecida y nada más veo.
2ª  escena: encuentro de Perpetua con su padre en la cárcel.- ■ Se completa la visión. Me encuentro en un edificio que por la carencia de toda comodidad y su austera apariencia, se me presenta como una fortaleza destinada a prisión. No es el subterráneo de la cárcel Tuliana que vi ayer (3). Aquí hay pequeñas estancias y corredores peraltados, pero tan escasos de espacio, de luz y tan provistos de barrotes y puertas herradas abundando de cerrojos, que ese “quid” de mejor, que arrojan al hacer una comparación, queda invalidado con su rigor pues anula hasta la menor idea de libertad. En uno de estos reductos aparece sentada sobre un tablero que hace de lecho, asiento y mesa, la joven mora que vi en el anfiteatro. Ahora no emana luz sino tan solo una gran paz. Tiene en brazos a un pequeñín de pocos meses al que da el pecho. Lo acuna y acaricia con amor. El niño juguetea con la joven madre y restrega su carita notablemente aceitunada contra el pecho moreno de su mamá al que se agarra y deja con súbitas risotadas colmadas de leche. ■ La joven es bellísima. Su rostro, regular, redondo más bien, con unos ojos por demás hermosos y grandes de un negro aterciopelado. Boca túmida y pequeñita con su plenitud de dientes blanquísimos y bien dispuestos. Cabellos negros y un tanto ensortijados, pero bien asentados con trenzas apretadas que le ciñen la cabeza. Su color es de un moderado moreno oliváceo. Hasta entre nosotros, los italianos, y, en particular, entre los meridionales, se observa ese color si bien un poco más claro que éste. Cuando se levanta para hacer dormir al pequeño yendo de un lado para el otro de la celda, observo que es esbelta y hermosa con donaire. No excesivamente hermosa sino perfectamente modelada en sus formas. Por la dignidad de su porte semeja una reina. La cubre un vestido sencillo y oscuro, casi como su piel, que se le cae en mórbidos pliegues a lo largo de su cuerpo hermoso. ■ Penetra un anciano, moreno como ella. El carcelero le hace entrar abriendo la pesada puerta. La joven se vuelve a él y sonríe. El anciano, a su vez, la mira y llora. Quedan así por unos instantes. Aflora a continuación la pena del anciano que suplica afanosamente a su hija que se apiade de su sufrimiento: “No es para esto, le dice, para lo que te engendré. Más que a todos los hijos te he querido a ti, gozo y luz de mi casa. Y ahora te empeñas en echarte a perder a ti y, contigo, a tu pobre padre que siente desfallecer su corazón por el dolor que le ocasionas. Hija mía, hace meses que te lo estoy pidiendo. Te has obstinado en resistir hasta conocer la cárcel tú que naciste en la opulencia. Inclinándome ante los poderosos te había conseguido que pudieses permanecer en tu casa hasta ahora prisionera. Prometí al juez que te doblegaría con mi autoridad de padre. Ahora él me vitupera al ver que tú no has hecho el menor caso de ella. No es esto lo que debería enseñarte esa doctrina que tú tienes por perfecta. ■ ¿Qué Dios es ése, al que sigues, que te inculca no respetar al que te engendró y no amarle? Porque si me amases no me darías semejante dolor. Tu obstinación a la que ni la compasión por ese inocente ha podido vencer, no te ha servido sino para que te arranquen de casa y te encierren en esta prisión. Mas ahora ya no se habla de prisión sino de muerte. Y muerte atroz. ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Por quién quieres morir? ¿Qué necesidad tiene tu Dios de tu sacrificio ni del nuestro —del mío y el de tu criatura que ya no tendrá madre—? ¿Qué necesidad tiene de tu sangre ni de mi llanto para triunfar? Pero ¿cómo? ■ Las fieras aman a los nacidos de ellas y tanto más los aman cuanto por más tiempo los llevaron en su seno. También esto me daba esperanzas y para esto te había conseguido el que pudieras amamantar a tu niño. Pero tú no cambias. Y, tras haberle nutrido, abrigado y tenerle recostado contigo durante su sueño, ahora le rechazas y  abandonas sin duelo alguno. No te pido por mí sino en su nombre. No tienes derecho a dejarme un huérfano. Tu Dios no tiene derecho a hacer esto. ¿Cómo he de creer que es mejor que nosotros cuando consiente estos sacrificios crueles? Tú misma me obligas a que no le ame y le maldiga cada vez más. Pero… ¡no, no! ¿qué digo? ¡Oh, Perpetua, perdona! Perdona a tu anciano padre a quien el dolor le hace enloquecer. ¿Quieres que ame a tu Dios? Le amaré más que a mí mismo si te quedas con nosotros. Dile al juez que has cedido. Después amarás al que quieras de entre los dioses de la tierra y haz de tu padre lo que te plazca. No te llamaré más hija ni seré más tu padre sino tu siervo, tu esclavo y tú, mi señora. Dómina, manda y yo te obedeceré. Pero, por piedad, por compasión sálvate mientras aún lo puedes hacer. No hay tiempo que perder. ■ Tu compañera, ya lo sabes, ha dado a luz su criatura y ya solo le resta la sentencia. Te arrancarán el hijo al que ya no volverás a ver. Tal vez mañana o quién sabe si hoy mismo. ¡Hija, compadécete! ¡Compadécete de mí y también de él que aún no sabe hablar pero que ya ves cómo te mira, te sonríe y reclama tu amor! ¡Oh, señora mía, luz y reina de mi corazón, luz y gozo del hijo de tus entrañas, ten compasión, ten piedad!”. El anciano se postra de hinojos, besa la orla del vestido de su hija, se abraza a sus rodillas y trata de tomar su mano que ella tiene posada sobre su corazón para contener la humana congoja. Mas nada consigue doblegarla. ■ Ella le replica: “Es precisamente por el amor que os tengo a ti y a él por lo que me mantengo fiel a mi Señor. No hay gloria alguna de la tierra que pueda dar a tu cabeza blanca y a este inocente tanto honor como el que os ha de dar mi muerte. Vosotros alcanzaréis la Fe y ¿qué diríais entonces de mí si por la vileza de un momento hubiese yo renunciado a ella? Mi Dios no necesita de mi sangre ni de tu llanto para triunfar, pero tú sí tienes necesidad de esa sangre para conseguir la Vida como este inocente para mantenerse en ella. Por la vida que me diste y por el gozo que él me ha proporcionado, yo os obtengo, a cambio, la Vida que es verdadera, eterna, bienaventurada. No, mi Dios no enseña el desamor para con los padres ni para con los hijos sino, al contrario: el verdadero amor. Ahora, padre, el dolor te hace delirar pero, más adelante, se hará la luz en ti y me bendecirás. Esa luz te la mandaré del Cielo. Y a este pequeño, no es que yo le ame menos ahora que me dejo desangrar para nutrirle, porque si la ferocidad pagana no arremetiese contra nosotros los cristianos, yo continuaría siendo para él madre amantísima y él para mí el centro de mi vida; mas, superior al hijo nacido de mí es Dios, como así mismo es infinitamente más grande el amor debido a Él. No puedo, por tanto, en nombre de mi maternidad, posponer su amor al de una criatura. No. No tienes por qué ser el esclavo de tu hija. Yo soy siempre tu hija, obediente en todo, menos en esto: en renunciar por ti al verdadero Dios. Deja que se cumpla el querer de los hombres y si me amas, acompáñame en la Fe. Allá encontrarás a tu hija, y para siempre, porque la Fe otorga el Paraíso y mi buen Pastor me ha dado ya a mí la bienvenida en su Reino”.
3ª escena: 4 personajes: Perpetua, tres hombres y una mujer jovencísima.- ■ Y en este punto sufre un cambio la visión al ver yo penetrar en la celda a cuatro personajes: tres hombres y una mujer jovencísima. Se besan y abrazan unos y otros. Entran también los carceleros para quitarle el hijo a Perpetua que vacila como herida por un golpe; pero se recobra. La compañera le anima: “yo también he perdido ya a mi criatura, aunque eso no es pérdida. Dios ha sido bueno conmigo. Me concedió engendrarla para Él y su bautismo se emperla con mi sangre. Era una niña y… hermosa como una flor. También el tuyo es hermoso, Perpetua; mas, para hacerles vivir en Cristo, estas flores necesitan de nuestra sangre. De este modo les daremos doble vida”. ■ Perpetua toma al niño, que había acostado en la yacija y duerme ahíto y satisfecho, y se lo entrega al padre después de haberle besado con suavidad para no despertarle… Le bendice así mismo y le traza una cruz sobre la frente, otra sobre sus manecitas y a cada  más en los piececitos y sobre el pecho mojando los dedos en las lágrimas que le corren de los ojos. Todo esto lo hace tan dulcemente que el niño sonríe entre sueños cual si de una caricia se tratara. Salen después los condenados, siendo conducidos en medio de soldados hasta una oscura cueva del anfiteatro a la espera del martirio. Pasan las horas rezando y cantando himnos sagrados, exhortándose mutuamente al heroísmo.
4ª escena: Martirio de Perpetua, de Felicidad y de los tres hombres.- ■ Ahora me parece hallarme yo, precisamente, en el anfiteatro que ya tengo visto. Está lleno de gente, en su mayor parte de tez bronceada, aunque también hay muchos romanos. El gentío se agita y arma murmullo en las gradas. La luz es intensa a pesar del toldo extendido en la parte del sol. Les hacen entrar uno tras otro a los cinco mártires en la arena, en la que me parece que se hayan llevado a cabo anteriormente juegos crueles, pues se halla manchada de sangre. La multitud les silba e insulta. Ellos, con Perpetua a la cabeza, entran cantando. Se detienen en medio de la arena y uno de los cinco se vuelve hacia el gentío para decirles: “Haríais mejor en demostrar vuestro valor siguiéndonos en la Fe y no insultando a indefensos que responden a vuestro odio rogando por vosotros y amándoos. Las varas con que nos habéis azotado, la cárcel, las torturas y el haber arrancado a dos madres sus hijos —vosotros, embusteros, que os tenéis por educados y aguardáis a que una mujer dé a luz para matarla después en el cuerpo y en el corazón separándola de su criatura; vosotros, crueles, que mentís para matar, pues sabéis que ninguno de nosotros os hace mal alguno y menos que nadie dos madres que no tienen otro pensamiento que sus hijitos—  no consiguen hacer vacilar nuestro corazón en todo aquello en que está  interesado el amor de Dios y del prójimo. Y tres, siete y cien veces daremos la vida por nuestro Dios y por vosotros a fin de que lleguéis a amarle y, mientras se abre ya el Cielo sobre nosotros, pedimos: Padre nuestro que estás en los cielos…”. Los cinco mártires rezan de rodillas. ■ Se abre un portón e irrumpen las fieras corriendo a tal velocidad que semejan bólidos. Son, al parecer, toros o búfalos salvajes. Como una catapulta armada de cuernos afilados embisten contra el inerme grupo. Los levantan en sus cuernos agitándolos en el aire como guiñapos y los vuelven a tirar contra el suelo pisoteándolos. Huyen a continuación como locos, aturdidos por la luz y los gritos y tornan a embestir. Perpetua, prendida como una paja en las astas de un toro es lanzada a muchos metros: mas ella, con estar herida, se levanta y su primer cuidado es recomponer sobre su seno los vestidos desgarrados. Sosteniéndose con la mano derecha, va arrastrándose hacia Felicidad, caída boca arriba medio eviscerada, y la cubre y sostiene haciendo de su propio cuerpo un apoyo para la que yace herida. Las fieras vuelven a embestirles hasta que los cinco, malheridos, quedan tendidos por el suelo. ■ Entonces los domadores las retiran y los gladiadores rematan la obra. Ahora bien, sea por piedad o por inexperiencia, el gladiador de Perpetua no acierta a matarla. La hiere, pero sin dar en el punto debido, y ella, con un hilo de voz y una sonrisa dulcísima, le dice: “Hermano, te voy a ayudar: aquí”. Y apoya la punta de la espada en la carótida derecha, diciendo: “¡Jesús, a Ti me encomiendo! Empuja, hermano. Yo te bendigo”. Y desplaza su cabeza hacia la espada para ayudar al inexperto y turbado gladiador. (Escrito el 1 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : María  Valtorta,  en otra visión, dice: “Me dice mi indicador interno: «Llama a estas contemplaciones que vas a tener y que Yo te diré: ‘Los evangelios de la Fe’ porque, tanto para ti como para los demás, servirán para daros a conocer el poder de la fe y de sus frutos y para confirmaros en la fe en Dios»”.    2  Nota  :  El 13 de Enero  de 1944,  María Valtorta tuvo una visión sobre la virgen Inés, que  se narra en dictado 44-59 en el tema  “Amor-Caridad”.   3  Nota  : El 29  de Febrero,  María Valtorta  tuvo una visión de la “Cárcel Tuliana”, que  se narra  en dictado 44-219 en el tema “Eucaristía”.
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44-236.- Consideraciones sobre el martirio de Perpetua, de Felicidad y de sus compañeros.
* Ellas dan la vida por amarme y llevar a los demás a ese amor y guiarlos hacia mi Reino”.- ■ Dice Jesús: “Este es el martirio de mi mártir Perpetua, de su compañera Felicidad y de los compañeros de éstas. Rea de ser cristiana cuando aún era catecúmena, pero ¡qué intrépida en su amor por Mí! Al martirio de la carne hubo de añadir el del corazón y, lo mismo que ella, Felicidad. Si sabían amar a sus verdugos ¿cómo no habían de saber amar a sus hijos?  Eran jóvenes y felices con el amor de sus respectivos esposos, padres e hijos. Mas Dios debe ser amado sobre toda otra cosa y ellas le amaban así. Sus entrañas se desgarraron al separarse de sus niños; pero la Fe no muere. Ellas creen en la otra vida que es permanente y saben que pertenece a quien se mantuvo fiel y vivió conforme a la Ley de Dios. ■ Ley dentro de la ley es el amor: hacia el Señor Dios y hacia el prójimo. ¿Qué más grande amor que dar la vida por aquellos a quienes se ama, como la dio el Salvador por la Humanidad a la que Él amaba? Ellas dan la vida por amarme y llevar a los demás a ese amor, poseyendo así la Vida terna. Ellas quieren que sus hijos, sus padres, esposos, hermanos y todos aquellos a quienes aman con amor de carne o de espíritu,  —entre los que se hallan los verdugos, puesto que Yo dije: «Amad a los que os persiguen» (1)—  tengan la Vida de mi Reino. Y para guiarlos hacia este mi Reino, trazan con su sangre una señal esplendente y llamativa que va de la Tierra al Cielo. Sufrir, morir, ¿qué supone? Un fugaz instante; mientras que la vida eterna permanece. Nada supone ese instante de dolor frente al futuro de gozo que les aguarda. Las fieras, las espadas, ¿qué son? ¡Benditas sean ellas que dan la vida!”.
El verdadero cristiano, aunque el matrimonio haya roto ese sello, presta siempre virginidad de espíritu, manteniendo esta hermosa pureza”.-Jesús: “Su única preocupación: —puesto que quien es santo lo es en todo— conservar el pudor. En aquel momento no se cuidan de sus heridas sino de sus vestidos descompuestos. Porque, aunque no sean vírgenes, son siempre pudorosas. ■ El verdadero cristiano presta siempre virginidad de espíritu, manteniendo esta hermosa pureza aun cuando el matrimonio y la prole hayan roto ese sello que hace ángeles de las vírgenes. El cuerpo humano, purificado por el Bautismo, es templo del Espíritu de Dios. No ha de ser, por tanto, violado con desvergonzadas modas y costumbres. De la mujer, sobre todo de la mujer que no se respeta a sí misma, no puede derivar sino una prole viciosa y una sociedad corrompida de la que Dios se retira y en la que Satanás ara y siembra sus abrojos que os llevan a la desesperación”. (Escrito el 1 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : Cfr. Mt. 5,43-44; Lc,  6,27.
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44-237.- La sabiduría de los mártires, confesores y amantes de Dios.
* Poseen Sabiduría los que hacen de este amor el objetivo de su vida. Mis mártires fueron divinamente sabios. No se dijeron a sí mismos: «Que Él se encargue de salvarnos. Nosotros a gozar» sino que trastocaron la norma del mundo y siguieron únicamente la de Dios”.- ■ Dice Jesús: “Mis mártires y, con ellos, mis confesores, poseyeron la Sabiduría y la poseen así mismo todos aquellos que de verdad me aman haciendo de este amor el objetivo de su vida. A los ojos del mundo esto no aparece, antes al contrario, es signo de debilidad y de algo pasado de moda. Como si con el correr de los siglos hubiesen cambiado las relaciones entre Dios y los fieles. No. Si Yo mitigué el rigor de la ley mosaica y os proporcioné recursos de incalculable valor para ayudaros a practicar la Ley y alcanzar la Perfección, no ha cambiado, en cambio, la obligación que tenéis de respetar y obedecer a vuestro Señor Dios. Si Él fue Bueno hasta el extremo de entregarse a Sí mismo para haceros buenos, vosotros debéis procurar serlo más y no decir: «Que Él se encargue de salvarnos. Nosotros, a gozar». Esto no es sabiduría sino estulticia y blasfemia. Es sabiduría del mundo, o sea, sabiduría reprobable, no Sabiduría divina. ■ Mis mártires fueron divinamente sabios. No se dijeron a sí mismo como en el ejemplo: «Gocemos del día de hoy que ya no vuelve pues con la muerte se acaba el gozar. Y para gozar, legalicemos la arbitrariedad y así, extorsionando a los débiles y a los buenos en aquello que no es lícito extorsionar, consigamos de tales extorsiones con qué llenar la bolsa y después el vientre, saciando la concupiscencia de la carne y de la mente». Ni tampoco se dijeron a sí mismos, como en el ejemplo: «Ser justos es un sacrificio y resulta fatigoso serlo. Como la vista de un justo resulta reproche quitémosle de en medio ya que su justicia nos recuerda a Dios reprochándonos nuestra vida de bestias». ■ Mis mártires, por el contrario, trastocaron la norma del mundo y siguieron únicamente la de Dios. Y por eso el mundo les puso a prueba, les ultrajó, les atormentó y los mató con esperanza de hacer fracasar su virtud sin percatarse, en su insensatez, de que los golpes dados para resquebrajar su alma venían a ser mazazos que les hacía penetrar en Mí y a Mí en ellos con su amor de fusión perfecto en tal medida que el estar en las cárceles o en los circos era para ellos hallarse ya en el Cielo viéndome a Mí tal como después del instante del dolor y de la muerte me habrían de ver durante la eternidad feliz. Nada de quedar muertos, destruidos, torturados ni desesperados. Como tampoco el trabajo del parto es muerte, destrucción, tortura ni desesperación antes vida que genera otra vida, desdoblamiento de una carne que antes era una y se resuelve en dos, satisfacción y esperanza de ser madre y de recibir de la maternidad goces inefables para toda la vida, así aquel dolor era para ellos esperanza, seguridad y vida que les hacía dichosos. ■ El mundo no podía comprender a estos santos locos cuya locura consistía amar a Dios con toda la perfección posible en una criatura, haciendo de sí mismas estériles voluntarias por cuanto sus únicas nupcias eran las que celebraban con mi Persona Divina; haciendo de sí mismos eunucos que, llevados de un espiritual amor, amputaban en sí la sensualidad humana y vivían castos como ángeles. No podía comprender a estos sublimes locos que, a pesar de conocer las dulzuras del tálamo y de la prole, sabían renunciar a aquel y a ésta y marchar a los tormentos después de haber quedado lacerado su corazón al dejar a sus hijos y a sus consortes por amarme a Mí, su amor”.
* “El mundo, incapaz de comprenderles, se salvó por ellos, que aun ahora, os invitan a seguir aquella Sabiduría que ellos prefirieron a todas las riquezas de la Tierra”.- ■ Jesús: “Con todo, el mundo se salvó por ellos. Pues si a pesar de semejantes ejemplos y de un lavado tan intenso con sangre purificadora, habéis llegado a convertiros en las fieras que sois, ¿qué habríais llegado a ser, y desde cuándo, sin la generación santa y bendita de mis mártires? Ellos os han detenido en vuestra precipitada marcha hacia Satanás desde mucho antes del momento en que vuestras libídines fomentaban. Ellos os están invitando todavía a deteneros y a reintegraros al camino ascendente, abandonando el que os precipita al profundo. Ellos os dirigen palabras de salvación. Os las dicen con sus heridas, con sus respuestas a los tiranos, con su caridad, con el cuidado de su pudor, con su paciencia, pureza, fe y constancia. Ellos enseñan que una sola es la ciencia necesaria: la que fluye de la Sabiduría eterna. ■ Con más sabiduría aún que Salomón, ellos prefirieron esta Sabiduría a todos los tronos y riquezas de la Tierra y, para conseguirla, desafiaron persecuciones y tormentos y abrazaron la muerte a fin de no perderla. La amaron más que a la salud y la belleza e hicieron de ella su luz porque su esplendor procede directamente de Dios y poseerla quiere decir anticiparle al alma la Luz beatífica del eterno día. Con rectitud de corazón la aprehendieron y con caridad la comunicaron hasta a sus propios enemigos. No tuvieron miedo a quedar privados de ella por entregarla a quienes no la tenían, ya que Ella, que estaba viva en ellos, les enseñaba que: «dar es recibir» (1) y que, cuanto más distribuían de las aguas celestiales que la Fuente Divina derramaba en ellos, tanto más crecían dichas aguas hasta llegar a colmarles como cálices de una Misa santa, consumada por el Sacerdote eterno para el bien del mundo”.
En los mártires se hallaba lo que Salomón llama: «efluvio de la virtud de Dios y emanación de la gloria del Omnipotente»”.-Jesús: “El rey sabio enumera las dotes de la Sabiduría cuyo espíritu es inteligente, santo, único, múltiple, sutil… Pues bien, todas estas cualidades, ellos, mis mártires, las poseyeron. En ellos se encontraba lo que Salomón llama «efluvio de la virtud de Dios y emanación de la gloria del Omnipotente» (2). Ellos, por tanto, como ningún otro, reflejaban en sí a Dios ante el mundo, reflejándolo en sus cualidades, lo mismo que a Mí, Cristo-Salvador, en mi holocausto. ¡Oh, con qué propiedad pueden ponerse en boca de cada uno de los mártires las palabras de Salomón proclamando haber amado y buscado la Sabiduría desde la juventud, habiéndola querido por esposa, por maestra y por riqueza (3). Y ¿cómo podéis pensar, sin temor a equivocaros, que no aflorase a sus labios aquella oración que afloró a los de Salomón para obtener la Sabiduría? (4). ■ Y sobre todo, ¡cuánto debierais esforzaros, vosotros a quienes el deseo de la carne ha hundido en tinieblas de paganismo mucho más profundas que aquellas a las que mis mártires llevaron la luz, en haceros amantes y deseosos de la Sabiduría y en pedir que se os conceda como guía en vuestras empresas, tanto individuales como colectivas, y así dejéis de ser lo que sois: maníacos crueles que os atormentáis mutuamente con pérdida de vidas y haciendas, dos cosas por las que miráis, y, como salvación de vuestros espíritus, es cosa por la que tengo que mirar Yo que morí por su salvación. Dice Salomón: «Por la Sabiduría, se enderezaron los caminos de los hombres y así saben ellos lo que es grato a Dios» (5). Recordáoslo y sabed que lo único que a Dios agrada es vuestro bien. Por eso, si vosotros llegáis a conocer y a seguir este camino que a Él le agrada, os procuraréis el bien para vosotros tanto en la Tierra como en el Cielo”. (Escrito el 2 de Marzo de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  Lc.  6,36-38.   2  Nota  : Cfr.  Sab.  7,22-30.   3  Nota  : Cfr.  Sab.  8.   4  Nota  : Cfr. Sab.  9.   5  Nota  : Cfr. Sab. 9,18.
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44-373.- Sucesores de los descendientes de los antiguos sacerdotes, cegados de racionalismo y privados de fe verdadera, y los “portavoces”.
* Seréis acusados de herejía pues vuestras palabras son de tal naturaleza que chocarán con las partes más preeminentes haciéndoos objeto de su odio”.- ■ Dice Jesús: “No solo os echarán de las sinagogas —y por ellas entiendo las posiciones sociales que os podrían reportar honores y ventajas económicas— sino que seréis perseguidos por mi Nombre y por vuestra fidelidad al mismo hasta en vuestros espíritus; y esto no porque quien os persigue lo hace con sincero celo de Mí y de mi culto, y me dirijo a vosotros, mis portavoces, sino porque las palabras que decís son de tal naturaleza que chocan con las preeminencias —y de éstas, contra la parte de las mismas que debiera ser la mejor— haciéndoos objeto de odio para ellas. No hablo aquí para todos los creyentes, a los que, ciertamente, les sobrevendrán persecuciones periódicas del poder humano, aquejado de fiebre satánica, sino para mis predilectos, objeto de persecuciones especiales, a los que, por encima de la dulce cruz de mi amor, y de mi querer, se le impone la cruz acerbísima del odio y del malquerer de los hombres. ¡Oh, mis predilectos, si supieseis cómo os odia el mundo! Os odia como me odió a Mí. ■ Y en el mundo están también, con una doble culpa, los descendientes de los antiguos sacerdotes de los que son sucesores. Pocos de entre ellos tienen fe verdadera. El racionalismo les esteriliza con su doctrina y el egoísmo les ciega hasta llevarles a odiarnos. Por eso os acusarán de ser herejes. Mas no perdáis el ánimo. El mundo termina el mismo día de vuestro nacimiento. Entonces se abrirán para vosotros las puertas del verdadero Mundo, del Mundo eterno y feliz por ser el Mundo de Dios. Yo os amo, queridos míos; os doy las gracias, os bendigo y, conmigo, os bendicen también el Padre y el Espíritu, ya que vosotros, al servirme a Mí, servís a la eterna Trinidad que os besa con sus rayos amorosos y os rodea de Sí para compensaros de manera inefable de todo el dolor que los desconocedores de Dios os ocasionan. ■ Vete en paz, María,  y entrégame tu tribulación y tu desolación. No es que te encuentres sola, es que Yo tengo necesidad de esta tu pena y de un poco de Getsemaní por mi amor”. (Escrito el 21 de  Mayo de 1944).
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44-393.- Los miércoles para los desesperados, y los jueves para idolatras.
* Programa de sufrimientos para los días de la semana.-Dice Jesús: “Ven, mi pequeño Juan. ¡Tengo tantas cosas para decirte para calmar tus sufrimientos…! Bueno, lo primero ven y bebe. Eres más afortunada que Juan. Él apoyó su cabeza sobre mi pecho cuando éste aún no había sido herido (1). Tú, en cambio, te estrechas a mi pecho traspasado pudiendo beber el amor que brota del Corazón herido. Estate en paz y tranquila. Como tiene una madre entre sus brazos a su niño enfermo para consolarle cuando sufre, así te tengo Yo a ti. ¡Oh, tu sabes cuánto has hecho y haces con tus padecimientos! Te parece no haber hecho nada porque nada sabes hacer sino sufrir. Pues bien, haces mucho, mucho más que cuando enseñabas, rogabas y trabajabas para Mí. Entonces eras tú la que hacía y me daba lo que hacías o querías hacer, y Yo lo aceptaba porque soy bueno y nada rechazo. Lo aceptaba porque tus pobres cosas Yo las enriquecía con mis méritos.  Ahora, en cambio, soy Yo el que hago. Y lo hago todo, me hago cargo de todo y lo quiero todo. No te dejo ni una brizna de la riqueza de tu vida, de tu salud, de tu vigor, de tu tranquilidad ni de tu libertad. Vida, salud, vigor, tranquilidad y libertad humanos, se entiende. Lo anulo todo y lo suprimo todo. A ti, mujer, nada; pero a ti, alma, me doy a Mí: todo. ■ Oye a tu Maestro y, antes de decirte dos cosas que deseas saber, voy a presentarte el programa de tus sufrimientos para los días de la semana. Ante todo, veamos las grandes categorías por las que se debe sufrir, esas categorías por las que también Yo lo hice en mi Pasión: los sacerdotes, los desesperados, los pecadores, los idólatras y las almas que están esperando tornar a Dios, que para ti son las almas del Purgatorio y para Mí fueron un día los justos del Limbo. Son siete los días de la semana. Ahora bien, por la necesidad de tres categorías deberían ser cuando menos siete veces siete; mas… tan sólo son siete días y así, conforme a ese número, habrán de ser tus sufrimientos.  El domingo, lunes y martes deberá ser por los sacerdotes.
*  Miércoles para los desesperados.- ■ Jesús: “El miércoles se lo darás a tu Señor por «tus pobres desesperados» como tú los llamas. Hermanos, sí. Nadie debe ser para ti tan hermano como el que, además de pobre, se ve solo y enfermo, pues los desesperados son pobres de la mayor de las pobrezas, ya que, al perder la esperanza en Dios, lo perdieron todo. Se encuentran solos. No hay soledad más real que ésta. Es la única soledad verdadera. Se encuentran sin Dios. Están aquejados de una enfermedad que proporciona la muerte. La verdadera muerte. Es preciso curarlos, volverlos a Dios y enriquecerlos de Dios. ■ Ahora bien, tu paternidad con ellos no es natural sino de amor. Tú no estás «desesperada». Crees, creíste hallarte en el infierno (2) pero… estabas en el Paraíso porque a quien servías era a Mí. A Mí me sirves, ya lo sabes. Estás en el Getsemaní y pasas de éste a la Cruz y de la Cruz al Getsemaní. En cada elevación me pones sobre tu corazón, siendo el corazón de María, y después tornas a tu Getsemaní y a tu cruz, si bien tornas a ellos saboreando mi amor y con el perfume del corazón inmaculado de la Madre”.
* Jueves para los idólatras.-Jesús: “El jueves sufrirás por la gran categoría de los idólatras. Idolatría no es sólo adorar a un ídolo. Idolatría, para Mí, es el culto de cuanto no es el verdadero Dios. Son los idólatras, tanto los salvajes,—que lo son menos aún que muchos civilizados, los cuales, no obstante saber que hay un Dios Uno y Trino, adoran a mil ídolos, que van desde su yo al yo de otro semejante a ellos y, a lo largo de esta vía, han levantado multitud de altares a falsos dioses que tienen por nombre: dinero, poder, sentido, ciencia racionalista, etc.—. Son para Mí tan idólatras los salvajes como los civilizados que rinden cultos nacionales o individuales que no son verdaderos. ■ Incluye, por tanto, en las intenciones del Jueves a todos aquellos que deben conocer el Nombre Santísimo de Dios y el mío, a todos cuantos aún no conocen la Cruz como flecha indicadora del Cielo, a los que profesan una religión revelada, pero no es la Religión, a los que son «cristianos» mas no católicos, porque una es la Iglesia: la de Roma, y ofrece y sufre por aquellos a quienes una ciencia equivocada hace idólatras de la mente y a quienes una pasión les hace idólatras del corazón. Haz que vuelvan a Mí. Yo soy el verdadero Dios y no hay otro superior fuera de Mí. A Mí me deben tributar amor y culto las criaturas creadas por el Padre, redimidas por el Hijo y amadas por el Espíritu. El Jueves debe ser el día del dolor para todas ellas. ■ En la ya lejana tarde del Jueves con la herida, viva aún de la traición en el corazón, con el eco del adiós de mi Madre resonando en él y la presencia del próximo complejo martirio en el mismo, Yo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, rogué por todos: por los que eran «míos» y habrían de serlo por la Palabra que pronuncié y dejé confiada a mis amigos y discípulos; rogué por aquellos que, debido a la herejía de un desgraciado, habrían de desgajarse del tronco vivo de la Iglesia Romana, a fin de que volviera a ser una sola cosa con ella y, por tanto, conmigo y con el Padre; rogué, en fin, por todos los hombres puesto que por todos iba Yo a morir. Dios, mi Padre, me había confiado toda la raza humana. Yo me hice hombre para redimir y salvar a los hijos de Adán. Y Adán fue uno. No hubo tantos adanes cuantas son las razas de la tierra, sino un solo Adán. Y Yo vine a salvar su descendencia, fuese cual fuese su color, su punto de latitud o de longitud, y su grado de civilización. Y es mi voluntad que en donde Yo estoy, es decir, en el seno del Padre, lo estén ellos, todos los hombres. Esto sería mi gozo como viene a ser mi aspiración. ■ Ruega pues por éstos que no se hallan en Mí o que me dejaron, bien por errores de sus antepasados o por error de sus mentes orgullosas con la ciencia que poseen”. (Escrito el 29 de Mayo de 1944).
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1  Nota  : Cfr.  Ju.  13,23-25.   2  Nota  : Se refiere al abandono de Dios  sufrido por María Valtorta, durante 40 días, que tuvo lugar desde el 9 de Abril al 17 de mayo de 1944.  Descrito en el tema “Dios-Reino de Dios” en 10 episodios, comenzando en el episodio 44-325.
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45-89.- El estado de José, el primo de María Valtorta, un espiritista convertido que vuelve a pervertirse.
* “Solo cabe rogar por ellos”.- ■ Me dice Jesús: “Aquel punto que habla de la reposición de Satanás se refiere igualmente a tu primo (1). El demonio ha encontrado la casa barrida y vacía y ha vuelto con otros siete espíritus peores que el primero. Por ahora aún no ha entrado el espíritu mayor, aquel que durante tantos años le dominó a través de sus siervos. Y le son de aplicación igualmente las frases finales: «Este segundo estado de un convertido que vuelve a pervertirse» es hasta tal punto definitivo que: «Ya no cabe mejoría ni curación». Es un dolor, lo sé; pero así es. ■ Por Noviembre te hablé de él ya que su caída se inició desde que se alejó de ti. Dices tú: «¡Mas a pesar de ello, todos me habíais dado esperanzas…!»; sí, para proporcionarte un momento de alivio en la amargura que te rodeaba y de la que, en gran parte, te la ocasionaban ellos. Ahora bien, tú siempre le viste tal cual es. Recuérdalo. ¡Oh, cuántos hay como él…! ¿Si todavía debes rogar? Sí, siempre; porque es un deber rogar por los pecadores mientras se encuentran en esta tierra. Después…”.
■ Nada más dice Jesús. Y yo, que por tantos motivos tengo el corazón abotargado, lloro. A partir de ayer noche estoy llorando aun desde antes de recibir estas palabras, porque pienso que nunca como hoy se elevó al máximo y se desveló por completo el egoísmo de mi primo, su mentido afecto, y ánimo rastrero. Y porque la presencia del huésped, que yo tengo en casa —mantuano, de idéntica profesión (espiritista), muy semejante en el hablar, en sus movimientos y actos con mi primo— me hace ver más viva la imagen del José de mejores tiempos cuando para mí era de verdadero amigo y pariente, no enemigo y sin piedad alguna… Y así como a pesar de su comportamiento para conmigo, yo sigo todavía queriéndoles, mi doloroso afecto, barrido por los golpes que, desde hace dos años y de forma cada vez más fuerte descargan de continuo, se agita y sufre más y más. Ellos, en su soberbia desmedida, no lo creerían, mas con todo, no lo sabrán… Jamás. Sería inútil. ■ Créame que, más doloroso que los sufrimientos que al presente laceran hasta mis manos no dándome reposo ni en el sueño, es este modo de comportarse conmigo del que conozco las causas así como sus fines materiales y espirituales. Mas, ¡paciencia y adelante! Han llegado a emponzoñarse hasta las gentilezas que podría recibir proporcionándome consuelo pues inevitablemente establezco comparación entre los parientes y los que no lo son… En fin, amén. (Escrito el 2 de Septiembre de 1945).
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1  Nota  :  José Belfanti, primo de la madre de María Valtorta, era dado a prácticas espiritistas.
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46-149.- María Valtorta no debe enviar el relato de un hecho de ocultismo a su primo José, ahora curado de espiritismo, pues podría desear volver a la mediumnidad.- Satanás puede introducirse en las Potencias superiores.
* Una joven que está sometida a la voluntad de la médium que la hace obrar con voz y actos de un muerto de hace dos años: “Este caso es totalmente de Satanás”.- ■ Topo en la crónica de un diario con cierto hecho que hace relación con el ocultismo y con el secuestro de la libertad de albedrío llevado a cabo con una pobre joven por parte de una medium. No sé si los términos que empleo de “secuestro de la libertad de albedrío” son los apropiados. Lo cierto es que la joven está sometida a la voluntad de la medium que la hace obrar con voz y actos de un muerto de hace dos años.  Me digo a mi misma: “Lo voy a copiar y se lo mando a José, como le mandé el relato referente a Dora (1) sobre el que me dio una respuesta exhaustiva y eficaz para decidir”. ■ Mientras estoy transcribiendo el hecho, me dice mi avisador interno: “No, no se lo mandes a José puesto que no es necesario toda vez que podría ocasionar retornos o deseos de retornos a la mediumnidad en ese hombre apenas curado de ella. Hablarle, en cambio, de Dora era necesario porque venía a ser una demostración de cómo puede introducirse Satanás en las Potencias superiores. José, en ese caso, debió sin duda recapacitar, haciéndole confrontar y desembocar una vez más en el camino recto; mas aquí, no, pues es totalmente de Satanás. No le tientes”.
* Los difuntos sufren al venir y los que vienen mediante evocación son almas que todavía no se encuentran libres de fuerzas terrenas”.- ■ Mi avisador interno prosigue: “La hoja que copies entrégala más bien al P. Migliorini. Le servirá para sus predicaciones, para hacer ver la existencia del Purgatorio, las penas del mismo y para combatir las teorías de quienes evocan a los difuntos. ¿Lo oyes? Sufren al venir y los que vienen mediante evocación, son almas que todavía no se encuentran libres de fuerza terrenas, o sea,  que aún se ven oprimidas con culpas. Sobre esto deberías decir que, más que almas, son demonios los que vienen. Mas sobre ello ya te habló el bendito Verbo (2). Nada añada, por tanto, el súbdito a las palabras de su Rey”. ■ Y calla. Calla el buen compañero tan dispuesto siempre a guiarme para que no dé pasos en falso. ¡Dios sea bendito por ello! (Escrito el 13 de Enero de 1946).
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1  Nota  : Dora.- Se trata de Dora Barsotelli,  de la cual se decía que estaba favorecida por manifestaciones sobre cuyo origen María Valtorta tenía sus aprensiones y sus dudas. 2  Nota  : Por ejemplo, en el dictado 43-328.
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47-417.- El día de la Inmaculada, visión, en éxtasis, de la Virgen, como en Lourdes.
* Éxtasis, mientras, venerándola y con­templándola, rezaba los quince misterios del Rosario ante Ella tan her­mosa, tan dulce, tan luminosa, tan feliz.- ■ Me lamentaba de no poder ver pasar a Maria Santísima Inmacu­lada llevada en procesión… Son estas privaciones de no poder tomar parte en los ritos de la Iglesia las que me hacen sentir el peso de mi enfermedad… Dentro de diez días hará 15 años que ya no pongo los pies en la calle, no voy a la iglesia ni asisto a las ceremonias… Desde el balcón Marta puede ver algo, mas yo… nada. Sola en mi lecho, me lamentaba así interiormente mientras sentía acercarse el coro de las voces entonando himnos a María Santísima… ■ Y María Santísima viene a mí: viva, verdadera, como en Lour­des… Es uno de los éxtasis más intensos y completos que yo haya tenido. El mundo ha desaparecido en torno mío. María sola con sola María… ¡Cuánto más he tenido que el ver pasar una estatua…! He vuelto al… —¿cómo diré?— al conocimiento de lo que es el mundo, diré, tras una hora poco más o menos, creo yo, porque cuando Ella vino aún había luz del día y cuando me dejó era oscuro ciego, encontrándome a la sazón con el rostro bañado en llanto. No me he reprimido de llorar de gozo mientras le pedía por la Iglesia, el Santo Padre, Italia, la Orden de los Siervos de María, el Clero todo y las personas para mí más queridas, ni mientras, venerándola y con­templándola, rezaba los 15 misterios del Rosario ante Ella tan her­mosa, tan dulce, tan luminosa, tan feliz… Mas este llanto es de gozo… y no hace mal. Es un desahogo del corazón que se derrite de gozo en estos momentos de contemplación y de regalo celestial… ¡Qué hermosa, qué hermosa estaba! ¡Qué gozo y qué paz me ha dejado en el corazón…! ¡Sea por ello bendita! Y, junto con ella, su Hijo Santísimo que me concede estos bálsamos en mis grandes su­frimientos. (Escrito el 8 de Diciembre de 1947).
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48-438.- “Todo he intentado para persuadirles… Mas sucede como está dicho: “Hemos tañido y no habéis bailado…”.
“No son éstas páginas para ellos que han tenido ya todo cuanto era necesario para la aprobación de la Obra de Jesús. Lo demás es un tesoro que, para tenerlo, hay que merecerlo”.- ■ Digo antes de apagarse la Voz Santísima: “¡Oh Divinísimo!, aho­ra que hablas con frecuencia, dirán ellos de nuevo que esto está mal porque me ha dicho P. B. (1) que les ha convencido de que Tú ahora, ¡oh Divinísimo!, hablas muy de tarde en tarde”. Me responde:
“Obro como quiero. He demostrado que vengo diariamente o que dejo de venir por espacio de decenas de días sin que tú llenes dichos vacíos con palabras tuyas. Y sírvales esto de lección. Todo lo intenté para persuadirles. Mas sucede como está dicho: «Hemos tañido y no habéis bailado, hemos entonado cantos plañideros y no habéis llo­rado» (2). ■ Ahora bien, estas páginas no son para ellos e, incluso, te ordeno que las quites de aquí y hagas con ellas un fascículo aparte que entregarás como y a quien te he dicho. Cuanto era necesario para la aprobación de la Obra de Jesús ya lo han tenido. Lo demás es un tesoro que, para tenerlo, hay que merecerlo. Y hay quien lo ha mere­cido por haber hecho nuestra Voluntad para contigo con caridad per­fecta y sin reclamar nada por lo hecho. Y, eso aparte, hay otro motivo de providencia divina para disponerlo de este modo”. (Escrito el 6 de Enero de 1948).
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1  Nota  : El Padre Berti, O. S. M, fue profesor de dogmática y teología sacramental del Instituto Pontificio “Marianum” de Roma, consultor del Concilio Vaticano II. Tuvo una parte muy importante en el cuidado de los escritos de María Valtorta. Falleció el año 1980. A él se deben las notas Teológicas y citas Bíblicas que acompañan los escritos de María Valtorta. Las notas teológicas y citas bíblicas, que figuran en nuestro trabajo, están tomadas también de estos mismos escritos.   2  Nota  :  Cfr. Lucas 7,32.
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48-439.- “Si tienen fe obraré prodigios de gracias”.
* La Benditísima pone la condición «si tienen fe» para prometer «obrar prodigios de gracias». El río de gracias, pronto a derramarse, se vuelve para otra parte si el hombre le opone un dique con su incredulidad”.- ■ Tan amada me siento y tan feliz por el retorno de María de Lourdes que vino ayer (a partir de las 17 y tan… potentemente, que me hallaba fuera de los sentidos, de lo que Marta puede dar razón) que pregunto, en relación con lo acaecido en San Paulino  (1), y con las palabras de María Santísima de ayer tarde: “Si tienen fe obraré prodigios de gracias”; ■ y el Divinísimo me responde: “En el 4º de los Reyes 7, 19 (2) se dice de aquel en cuyo brazo el rey se apoyaba: «Aunque abriese el Señor las cataratas del Cielo, ¿podría nunca suceder lo que tú dices?». Te digo que hay muchos que, por más que el Señor abriese las cataratas del Cielo para inundar la Tierra de gracias y milagros, seguirían diciendo: «¿Puede ser esto? No». El milagro presupone la fe.  Dios da la señal. Se manifiesta. Es una continua epifanía llamando a los espíritus a la fe, a la esperanza, y a la caridad, a Dios. Mas, a renglón seguido, os deja libres para creer o no creer. ■ Mas dígoos que el río de gracias, pronto a derramarse, se vuelve para otra parte si el hombre le opone un dique con su incredulidad. He aquí por qué la Benditísima pone la condición «si tienen fe» para prometer «obrar prodigios de gracias». Llega la hora de la gracia y queda a la espera; mas si el hombre no la invita diciéndole: «quédate con  nosotros», pasa y ya no retorna”. (Escrito el 6 de Enero de 1948).
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1  Nota  : En la parroquia de María Valtorta en Viareggio en la que algunos creyeron notar una señal extraordinaria en la estatua de la Inmaculada.   2  Nota  : Vulgata: 2 Rey. 7,19.
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48-440.- En qué consiste el éxtasis.
* El Ángel de la Guarda explica la diferencia entre la muerte y el éxtasis, entre la momentánea separación del alma —del cuerpo— y la momentánea separación del espíritu —del cuerpo y del alma— .-Mi Ángel Custodio me explica la diferencia existente entre la se­paración del alma del cuerpo por la muerte y la momentánea separa­ción del espíritu del cuerpo y del alma por el éxtasis o el rapto. Me dice que, mientras la salida del alma del cuerpo provoca la muerte, la contemplación extática, o sea, la oración temporal del espíritu fuera de las barreras de los sentidos y de la materia, no provoca la muerte. Y esto porque el alma no se separa sino que con su parte mejor se sumerge en los fuegos de la contemplación. ■ Para hacerme entender esto mejor, me indica cómo todos los hom­bres, mientras están con vida, tienen en sí el alma, (muerta o viva según lo esté por el pecado o por la justicia), mas únicamente los grandes amantes de Dios alcanzan la verdadera contemplación. Esto viene a demostrar que el alma que conserva la existencia, mientras se mantiene unida al cuerpo —y en esto todos los hombres son iguales— contiene en sí una parte escogida: el alma del alma, diré así, que, con el desamor a Dios y a su Ley y hasta con la tibieza y los pecados veniales, pierde la gracia de poder contemplar y conocer a Dios y las verdades eternas conforme a la capacidad que una criatura puede alcanzar y en la medida de la perfección que esta consiguió. (Escrito el 1 de Mayo de 1948).
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.                      c) Dictados extraídos del «Libro de Azarías» (1)
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46-95.-  Temor de Dios y Amor de Dios.- “La fe, cuando es absoluta, cuando se halla impregnada de una profunda caridad, confiere presciencia y posibilidad de ver y entender a Dios”.
* “La fe buena es humilde y lo acepta todo, porque dice: «Si Dios lo dice y me lo hace decir es señal de que es cosa verdadera»”.-Dice Azarías: “Hoy se celebra también la vigilia del Nacimiento del Bautista y el Intróito de esa Santa Misa canta: «No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada…». Y te digo a mi vez: «No temas, María, porque tu oración ha sido escuchada». Jesús escucha las oraciones de quienes le aman y ha intervenido para no dejarte perecer en un mar de desconsuelo. ■ Mas hablando, no a ti sola sino a todas las almas, digo que el Señor siempre ama y pone completamente a salvo a quienes a Él se confían sin temor. Venced el miedo que paraliza el amor, la confianza y la oración. Venced ese miedo que está denotando en vosotros ignorancia de Dios y de su poder y también una fe deficiente en Dios. La fe buena es humilde y lo acepta todo, porque dice: «Si Dios lo dice y me lo hace decir es señal de que es cosa verdadera». Mas esta fe total nunca va acompañada de miedo, desconfianza, duda, o lo que es peor, de una obstinada e íntima persuasión de que Dios no puede esa determinada cosa. Dios todo lo puede, todo debéis esperar que Dios pueda y todo debéis creer que Dios pueda”.
* “Pedid ser mantenidas en este espíritu de fe absoluta en el Señor Dios vuestro y de temor, unido al amor del Señor Bendito. Parad mientes en la hermosa fe del Bautista. El santo temor le hizo santo y el amor le hizo profeta”.-Azarías: “No matéis el amor con la duda o la negación. Eso, jamás. No rompáis la cadena del amor que os une a Dios con la frase de los que dudan y de que quieren juzgar a Dios con arreglo a su medida, con la frase de Zacarías así castigada: «¿Cómo va a ser posible esto si…». Zacarías quedó con su interrogante sellado en los labios hasta que, de nuevo, supo creer y alabar al Señor reconociéndole capaz de obrar cualquier prodigio. Jamás seáis merecedores, almas queridas, del castigo de la mudez espiritual por vuestras desconfianzas con el Omnipotente. ■ Y pedid ser mantenidas en este espíritu de fe absoluta en el Señor Dios vuestro y de temor, unido al amor del Señor Bendito según lo recuerdan las Oraciones de las Santas Misas de hoy. Parad mientes en la hermosa fe del Bautista hacia Aquél a quien tan sólo conocía por lo que de Él decían los profetas. Nada daba a entender al Mesías en aquel humilde viandante que llegaba a las orillas del Jordán. Mas la fe, cuando es absoluta, cuando se halla impregnada de una profunda caridad, confiere presciencia y posibilidad de ver y entender a Dios por más que se oculte bajo las apariencias de una vida común. Y Juan reconoció al Divino Mesías en el hombre galileo y, como el santo temor de Dios había hecho de él un santo, así también el amor santísimo hizo de él un profeta”.
* El temor de Dios y el amor de Dios.-Azarías: “El temor de Dios, que preserva de las culpas, dota de vista segura al espíritu del hombre y el espíritu que «ve» no puede dejar de creer en Dios y en sus Palabras y, de esta suerte, salvarse de la muerte espiritual. Juan, el Precursor, predicaba el temor de Dios para descombrar los caminos al Cristo que venía a salvar a su pueblo. Jesús, el Salvador, predicó el amor por los caminos de la salvación. El temor precede siempre al amor; y, diré así, la incubación del amor es metamorfosis del sentimiento en un grado más elevado. El temor es todavía del hombre mientras que el amor es ya del espíritu. ■ El hombre que teme a Dios se halla, a no dudar, en el buen camino siempre que su temor de Dios sea justo, es decir, que no sea un ignorante e irracional miedo de Dios; mas, con todo, es siempre camino trillado por quienes aún no han desplegado las alas para volar a un conocimiento más alto de lo que es Dios, esto es: Misericordia y Amor. ■ El hombre que teme sigue sintiéndose el «castigado» por la Culpa antigua y las suyas actuales. En cambio el hombre que ama se siente el «perdonado» por los méritos de Cristo y revestido de ellos, de modo que el Padre ya no lo ve como súbdito sino como hijo.  El temor es bueno para tener sofrenada y de las riendas a la materia; mas el amor es óptimo para dotar de calor de santidad al espíritu. ■ Con sólo el temor, el culpable se arrepiente; mas su arrepentimiento es todavía mudo y oscuro al estar sofocado, cual llama bajo el celemín, por el temor al Dios Juez. El culpable que, al temor añade el amor, suspira y su alma se encuentra ya en una luz que le ayuda a hablar al Padre y a ver su estado espiritual porque, no ya las culpas graves, sí que también las veniales e imperfecciones se le presentan cual pobre capa de hierba bajo árboles altísimos y, a su vista, puede, no sólo talar los árboles, mas también arrancar sus brotes, limpiando así el terreno para sembrar en él la virtudes gratas a Dios. Por lo tanto, el culpable cuya fortaleza estriba en el amor, no sólo posee el arrepentimiento perfecto —porque se arrepiente no ya por temor al castigo antes por la congoja de haber causado dolor a su Dios amado— sino que en el mismo amor tiene su absolución primera.  Y, en verdad,  pocas veces aquél que ama con todo lo que es llega a las culpas mortales. Sólo un asalto imprevisto y feroz de Satanás y de la carne podrán abatirle momentáneamente. Mas, en general, el amor preserva de caer y cuanto es más fuerte tanto más débil será el pecar, lo mismo en número que en gravedad, hasta ir reduciéndose el pecar, quedando por último en imperfecciones apenas aparentes en aquellos que alcanzaron el estado completo en el amor y, por ende, la santidad. (Escrito el 23 de Junio de 1946).
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1  Nota  : Azarías,  según María Valtorta,  es un Ángel, su Ángel de la Guarda, Autor de este “Libro de Azarías”. Es quien se lo habría dictado.
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Domingo dentro de la Octava del Sagrado Corazón y conmemoración de San Pablo
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46-100 .- La confianza en Dios.
 Pedro, ejemplar perfecto de santidad equilibrada entre la confianza que anula el temor y la humildad que mantiene el alma en las condiciones necesarias para servir al Señor y recibir ayuda de Él.- ■ Dice Azarías: “La confianza no debe anular la humildad, ni el reconocimiento de vuestras debilidades. Un alma que tuviera una de las dos cosas pero se hallase a falta de la otra, sería imperfecta y defectuosa su marcha por las vías de la perfección. Ayer, al hablar el Señor, yo callé. Mas, de haber podido hablar, te habría hecho considerar que Pedro es un ejemplar perfecto del alma que tiene debidamente equilibrada su santidad entre la confianza que anula el temor y la humildad que mantiene el alma en las condiciones que son necesarias par servir al Señor y recibir ayuda de Él. Pedro pecó como hombre y como apóstol. Mas sus pecados como hombre, antes de su elección al apostolado, no fueron óbice para acceder a él, antes por ellos precisamente se robusteció su humildad haciéndose patente su confianza en la Justicia Divina que le eligió para Apóstol. ■ Uno de los escollos del alma es muchas veces la falsa humildad, la débil confianza. La falsa humildad llega a haceros negar los prodigios de Dios en vosotros. Y ¿para qué? Para oír cómo os dicen: «¡Oh, no! Tú eres merecedor de esto porque eres bueno y eres digno»… La confianza débil, ésta sí que os lleva a dudar de Dios, de su poder y a juzgar sus actos. No tengáis ninguna de estas dos cosas imperfectas. Sed humildes, pero con la verdadera humildad, con aquella que, ante todo, media en las relaciones entre vosotros y Dios y que le confiesa humildemente los propios extravíos, presentando siempre a vuestros ojos lo que sois y lo que fuisteis para que así nunca lleguéis a autoproclamaros santos ni a pensar que Dios se vea obligado a beneficiaros por ello. La verdadera humildad, la de los verdaderos santos, reconoce siempre que los méritos de la criatura son siempre átomos respecto de la magnitud de los dones que el Padre concede a la criatura. Y de este reconocimiento se deriva un aumento de amor y, por ende, de unión con Dios”.
*  María, la verdadera Humilde y la verdadera Confiada, que dice: «He aquí la esclava de Dios. Hágase en mí según su Palabra», obtuvo al Salvador a la Tierra. La verdadera confianza se abandona en el Señor. Sabe lo que es: un nada. Y sabe que Dios es justo en sus actos.-Azarías: “La verdadera confianza se abandona en el Señor. Sabe lo que es: un nada. Pero está seguro de que Dios es justo en sus actos. Por eso le sirve sin juzgar si el instrumento es imperfecto en su cometido. Se abandona, se pone en las manos de Dios y dice: «Haz de mí lo que quieras». Este acto es el que obtuvo al Salvador a la Tierra. María, en la soledad de su casa, se sobresaltó, no por el milagro que se le anunciaba, «sino por la forma del saludo» que empleó el fúlgido Anunciador. ■ Mas cuando Gabriel húbole explicado por qué el Señor estaba en Ella y por qué era la Bendita entre todas las mujeres, cuando supo que había de ser la Virgen que diese a luz al Hombre y cuando le fue revelado cómo sus intactas entrañas habían de poder llevar un fruto sin que obra de hombre depositase la semilla, es entonces cuando Ella, la verdadera Humilde y la verdadera Confiada, dice: «He aquí la esclava de Dios. Hágase en mí según su Palabra». Y el Verbo dejó el Cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo, o sea, del Amor, y habitó entre nosotros, padeció y murió en la Cruz, siendo el hombre redimido. Y todo por el humilde y confiado «hágase» de María Beatísima”.
* Pablo, al antiguo perseguidor que dice: «yo sé en quién pongo mi confianza y estoy seguro de que Él es tan poderoso como para conservar mi depósito». Confía que ese Dios que le sacó del pecado y le guió, recogerá también de las manos del apóstol muerto el tesoro depositado en ellas para consignarlo a otros.- Azarías: “¿Tanto es lo que os sentís «nada», «miseria» y «fealdad»; tanto lo que os acordáis de haber sido «pecado» y haber causado «dolor» a Dios? Y ¿es por eso que vuestra confianza no osa distenderse? ¡Oh, no! Ahí tenéis a Pablo, al antiguo Saulo, injusto perseguidor de Cristo en sus siervos, que dice: «Sé muy bien en quién pongo mi confianza y estoy seguro de que Él es tan poderoso como para conservar mi depósito…». Oye cómo Pablo se tranquiliza, tanto en lo que se refiere a sí como al hombre pasado, al apóstol presente, a la doctrina que la muerte ya no le dejará difundir y, en fin, a todo. Él sabe en quién puso su confianza y no teme por nada. Como Dios le sacó de la ciénaga del pecado, como le guió por las sendas del apostolado, así recogerá de las manos del apóstol muerto el tesoro en ellas depositado para consignarlo a otros que lo propaguen, continuando la labor seccionada por la muerte. El tesoro de Dios no perece y Dios no defrauda las buenas voluntades”.
*  Él, que «escruta y conoce y, sea que uno se sienta o se levante, ya lo sabe», hizo de Pedro y de Pablo apóstoles porque en ambos «la Gracia no fue vana sino que permaneció siempre» activa y transformante.-  ■ Azarías: “No temas. Como dice el Gradual de la Santa Misa dentro de la Octava del Sagrado Corazón, arroja sobre el Señor tus ansiedades porque cuando un hijo «grita al Señor, Él escucha su voz». Él sabe la verdad de las acciones de los hombres, no siendo precisas largas oraciones para expresarle lo que necesita ni para aturdirle a fin de que no se dé cuenta; Él, que «escruta y conoce y, sea que uno se sienta o se levante, ya lo sabe» (1); Él, que todo lo puede y lo mismo que de Simón hizo un Apóstol, así del fariseo celoso y enemigo del Cristianismo hizo al Apóstol y esto porque, lo mismo en uno como en otro, «la gracia de Dios no fue vana en ellos sino que permaneció siempre» activa y transformante.
* Dios lo puede todo; mas el hombre no debe abandonarse a lo que puede Dios. De la mutua cooperación del hombre con Dios nace la operación santa y perfecta. Sin pensamientos de complacencia, para que el don de Dios, mediante la humildad que conserva el don y la unión con Dios, no resulte ruina.- ■ Azarías: “Ahora bien, yo quiero explicarte las Epístolas de los dos Santas Misas (Octava del Sgdo. Corazón y Conmemoración de S. Pablo). Pedro canta el poder de la humildad: «Humillaos bajo la poderosa mano de Dios a fin de que Él os exalte en el tiempo de la visitación». Pedro sabía por experiencia cómo el honor de haber sido tocado por la mano de Dios y señalado como siervo suyo puede inducir al hombre a soberbia y cómo la soberbia, adormeciendo la vigilancia del alma, puede permitir al Tentador inducir al hombre a pecar. Él lo había probado. Se creyó seguro de sí mismo. Era el Cabeza de los Apóstoles. Por eso Dios le había reconocido por el mejor. Aquella noche, pues, se sentía como un soldado dentro de una segura fortaleza: tenía a Jesús-Eucarístía en su pecho. Podía, por tanto, aflojar la vigilancia, complacerse en sí mismo, ceder un tantico a la humanidad y, dejando a Jesús en el pecho, luchar por su cuenta. He aquí un ejemplo de confianza errada. ■ Dios lo puede todo; mas el hombre no debe abandonarse a lo que puede Dios, como si el poder de Dios a favor del hombre haya de ser una obligación para Dios. También el hombre debe laborar por sí y unir su trabajo al de Dios. De esta mutua ayuda y de esta cooperación nace la operación santa y perfecta. Pedro, aquella noche, se olvidó de cooperar con Dios y «se durmió» por tres veces. ¡Qué simbólico sueño y qué simbólico número! Tres son las concupiscencias y tres los sueños del Apóstol que cedió a la humanidad y que, por eso, habíase abandonado, como uno que duerme, al Salteador en acecho. Y, lo mismo que Sansón que, tras haberse adormecido sobre el seno de la Tentación, perdió la unión con Dios, así también Pedro fue un cimbel sin fuerzas en las manos de Satanás que le llevó hasta mentir, renegar y huir con vileza. ■ Pedro sabía, pues, el mal que un pensamiento de complacencia siembra y que después nace y crece con formas cada vez más pecaminosas, y dice: «Humillaos bajo la mano de Dios». Lo cual quiere decir: que el don de Dios no resulte ruina para vosotros sino que, por el contrario, mediante la humildad que conserva el don y la unión con Dios, Él, el Señor, os exalte en el tiempo de la visitación. ■ El tiempo de la visitación es el de la venida de Dios para premiar o castigar en el último día. Otras visitaciones son: las manifestaciones de Dios en vosotros mediante consejos, inspiraciones o misiones. Mas la visitación de que habla Pedro es el Juicio final. Toda visitación de Dios es exaltación porque es elevación de la criatura a Él. Y si la criatura hace mal uso de ella, lo mismo que de estos dones inapreciables, le causará pena y dolor. Mas lo puede remediar con actos de reparación hasta tanto dure la vida, mientras que la última venida ya no admite reparación ni modificación, pues es exaltación o condenación eterna del hombre. Procurad, por tanto, vivir de modo que Dios os pueda exaltar en el tiempo de la visitación”.
* «Y puesto que Él cuida, echad sobre Él todas vuestra ansiedades». De aquí en adelante, puesto que tenemos quien desea calmar nuestras ansiedades, los que os sentís intranquilos no debéis llorar. Sedle siempre hijos y Él siempre será para vosotros Padre. Pero para ser hijos suyos es preciso ser «sobrios y vigilar porque el diablo…. » y sabed sufrir pero sufrir con alegría.- ■  Azarías: “«Y puesto que Él cuida, echad sobre Él todas vuestra ansiedades». Dios es Padre. ¿Cuál es el hijo que, sabiendo que su padre le ama, cuando le ocurre cualquier cosa, no va a donde su padre para confiarle sus afanes y recibir de él ayuda, consejo, consuelo? Haced, pues, por esta paternidad mucho más grande y perfecta que esa otra relativa y siempre imperfecta según la carne, lo que hacéis en las ocasiones del dolor de la vida mientras vuestro padre según la carne está a vuestro lado. ¿Qué os fuerza a llorar cuando la muerte os arrebata al padre? El saber que ya no contáis con su amor solícito en torno vuestro. El mundo entonces se os antoja un desierto al no estar aquél que cuidaba de vosotros. Mas Dios siempre está y Dios siempre es Padre. ■ Vosotros todos que os sentís intranquilos, no lloréis de aquí en adelante, puesto que tenéis quien desea calmar vuestras ansiedades: Dios. Sedle siempre hijos y Él siempre será para vosotros Padre. Para ser hijos suyos es preciso ser «sobrios y vigilar porque el diablo, vuestro enemigo, gira en torno vuestro como león rugiente buscando a quién devorar: resistidle, fuertes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo sufren penas idénticas a las vuestras». ¡Oh, qué bien conocía Pedro los imprevistos ataques del Adversario! Como sabía también que hay que ser sobrios en todo para así estar vigilantes y rechazarlo. ■ La sobriedad no se circunscribe tan sólo a la comida y a la bebida. Abarca igualmente la sobriedad intelectual y espiritual, ambas necesarias por igual para librarse de Satanás. Por más que uno no beba ni coma como un glotón, si después satisface inmoderadamente su hambre y su sed de ciencia yendo en busca de todas las fuentes para saciarse de triunfos y de alabanzas humanas; por más que uno no haga excesos en la mesa ni en otras satisfacciones de naturaleza corporal, si después, en el terreno espiritual, hace degenerar la caridad en sentimentalismo, la piedad en quietismo e, incluso, busca el estremecimiento emotivo de un misticismo estéril porque conmueve los sentidos sin renovar de forma progresiva y continuada el espíritu en el bien y se embriaga de estas exterioridades que va apilando unas sobre otras para alabarse y recibir alabanza de los hombres, ese tal infringe la hermosa sobriedad que no es tan sólo del paladar ni del vientre sino, sobre todo, de la mente y del espíritu que se contrapone a la triple concupiscencia, causa de ruina para las almas. ■ Sed sobrios.  Contentaos con el «pan de cada día», esto es, con lo que Dios os da y no queráis más. Él sabe lo que os basta. Querer y procurarse más es venenoso porque este «más» contiene alimento nocivo y sin bendecir. Y no seáis egoístas diciendo que únicamente a vosotros os suceden cosas penosas, pues cada uno de los hombres lleva su cruz y no es ciertamente señal de predilección divina el carecer de ella o tenerla pequeña. Cuanto mejor formado se halla el espíritu, tanto más lo identifica Dios con el modelo: el Hombre-Dios, cuya pasión fue completa. Sabed sufrir, y sufrir con alegría, pensando en que vuestro sufrimiento, unido al de vuestros hermanos, se funde con el sufrimiento de Cristo para la salvación del mundo y la victoria contra Satanás. Sabed sufrir, pero con alegría, sabiendo que «con un poco que sufráis, el Dios de toda gracia os perfeccionará, confortará y confirmará, dándoos por último la gloria eterna en premio de vuestro sufrir unido a los méritos infinitos de Jesús Santísimo»”.
* Pablo habla ex profeso para vosotros «voces», e incluso, en nombre vuestro respondiendo por vosotros a los incrédulos: «os declaro que el Evangelio que yo predico no es humano sino recibido por revelación» y como Pablo, cuando Dios os llame, obedeced al Señor.-Azarías: “Y después de haberse dirigido Pedro a todos los creyentes y, en particular, a quienes, por haber sido elegidos, deben corresponder con una dedicación absoluta, se presenta Pablo que parece hablar ex profeso para vosotros «voces», e, incluso, que hable en nombre vuestro, respondiendo por vosotros al mundo de los incrédulos o de los titubeantes. «Os declaro que el Evangelio que yo predico no es humano, pues no lo he recibido ni aprendido de hombre alguno sino por revelación de Jesucristo». Y ¿qué otra cosa distinta podéis decir vosotros, portavoces del Señor? ¿Es vuestro lo que decís? ¿O acaso os fue dado por alguien que fuese maestro en la Tierra? No, sino que os viene del Verbo. Es Suyo. Vosotros lo recibís para darlo. No podéis gloriaros de ello ni rechazarlo. Porque si esto último hicieseis, desagradaríais a Dios, el cual, por otra parte, podría repetir con vosotros el milagro de Damasco y aterraros para persuadiros de que contra el querer de Dios no hay resistencia posible.  ¡Cuántos de entre vosotros trataron de rehuir, llenos de pavor, este fulgor sobrenatural que se os venía encima como un rayo celeste! ¡Cuántos, antes de ser voces, casi, o sin casi, menospreciaron o negaron al Sobrenatural que viene en busca de un «nada», asegurando que «no podía ser»! Y bien, ¿os percatáis ahora de que «puede ser»? ■ Mas, puesto que tal vez os asalte la idea de haber pecado con este pensamiento y con la resistencia ofrecida, os digo que es mejor hallarse en esta situación que no desear con ansia ciertos dones, desearlos con tal ansia que os ponga en trance de caer en las redes de Satanás llegando a fomentarlos con la manía de cubriros con vestidos que solo Dios os puede prestar. Y os digo que haríais mal en gloriaros de ellos, puesto que son dones gratuitos facilitados con fines divinos, no por lo que sois sino porque hay necesidad de vosotros. No es vuestro el poder. Nunca robéis a Dios la gloria que es suya, ya que presto seríais desenmascarados y castigados con el desprecio del mundo y del juicio de Dios. ■ ¿Que algunos, como Pablo, creyendo obrar bien, han rechazado el don? ¿Lo han calificado de superstición al verlo en el corazón de otros? Examinen el porqué. ¿Con qué pensamiento lo han hecho? ¿Con el de negar que Dios todo lo puede? Si así es, han pecado. ¿Con el de que hay suficiente con lo que la Iglesia posee y que, por tanto, es inútil querer perfeccionar lo que ya es perfecto? Si es con este pensamiento, no han pecado porque lo que les movió fue un amor respetuoso y celoso «de la tradición de los padres». Mas cuando Dios llama, no ofrezcáis resistencia. Imitad a Pablo. Escuchad lo que dice: «…yo inmediatamente, sin prestar oídos a la carne ni a la sangre… me retiré… después… volví a Damasco…», es decir, obedecí al Señor. ■ De cuando en cuando, pobres almas, un cúmulo de cosas os amedrenta y os acomete la idea de resistir por miedo a pecar desobedeciendo a la «tradición de los padres». ¡No, queridas almas, no! Escuchad: ¿Quién es el más fuerte? Dios. ¿Quién os llama? Dios. Por tanto, sin parar mientes en esto o aquello, obedeced a Aquel que está sobre todos y caminad seguros. Pensad que estáis marcados con la señal de Dios. Él lo sabe. Marchad seguros. Los miedos son de origen satánico para haceros desobedecer a Dios y para arrebatarle a Dios un instrumento. Y las insinuaciones del mundo son un sonido sin valor alguno que se apaga tras haber sonado. Déjalas sonar. Recogeos en Dios y servidle a Él sólo. La Gracia de Dios sea siempre con vosotros. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. (Escrito el 30 de Junio de 1946).
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1  Nota  : Cfr. Salmo 138.

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