Descargar PDF aquí

 

El tema de “Alma” comprende:

a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna

        «El Evangelio como me ha sido revelado»

                      («El Hombre-Dios»)
b) Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»

.

.

a) Episodios y dictados extraídos de la Obra magna
«El Evangelio como me ha sido revelado»
(«El Hombre-Dios»)
.

(<Un soldado, Alejandro, ha estado escuchando las palabras que Jesús acaba de dirigir a unos compañeros suyos de armas, soldados de guardia, en una de las puertas de entrada a Jerusalén, que acaba de abrirse. Jesús, acompañado de Simón Zelote y Juan, está a la espera de J. Iscariote que viene con las mujeres y los pastores>)
.
2-86-46 (2-51-527).- Jesús habla al soldado romano Alejandro, en la Puerta de los Peces, sobre el alma: “lo que hace que seas hombre”.
* No tiene cuerpo pero existe. Está en ti. Viene de quien creó el mundo y a Él vuelve después de la muerte del cuerpo”.- ■ Alejandro, el soldado que había estado escuchando atentamente, pregunta: “¿Esperas a alguien, Galileo?”. Jesús: “A algunos amigos”. Alejandro: “Ven al fresco, al «andrón», el sol quema desde el amanecer. ¿Vas a la ciudad?”. Jesús: “No, regreso a Galilea”. Alejandro: “¿A pie?”. Jesús: “Soy pobre. A pie”. Alejandro: “¿Tienes mujer?”. Jesús: “Tengo una Madre”. Alejandro: “También yo. Ven… si no te causamos repugnancia como a los demás”. Jesús: “Tan solo el pecado me causa repugnancia”.  El soldado le mira sorprendido y pensativo: “Nosotros nunca tendremos nada contra Ti. Jamás se levantará la espada contra Ti. Eres bueno. Pero los demás…”. ■ Jesús está en el andrón. Juan mira hacia la ciudad. Simón está sentado sobre un bloque de piedra que hace de banco. Alejandro: “¿Cómo te llamas?”. “Jesús”. Alejandro: “¿Tú eres el que haces milagros a los enfermos? Pensaba que fueses tan sólo un mago… como nosotros tenemos, pero un mago bueno. Porque hay ciertos tipos… los nuestros no saben curar enfermos. ¿Cómo lo haces?”. Jesús sonríe y calla. Alejandro: “¿Empleas fórmulas mágicas? ¿Tienes ungüentos de la médula de los muertos, polvo de serpientes, piedras mágicas de las cuevas de los Pitones?”. Jesús: “Nada de eso. Tengo tan sólo mi poder”. Alejandro: “Entonces eres realmente santo. Nosotros tenemos arúspices y vestales… y algunos de ellos hacen prodigios… y dicen que son los más santos. ¿Qué piensas Tú?… ¡Son peores que los demás!”. Jesús: “Y si es así… ¿por qué los veneráis?”. Alejandro: “Porque… porque es la religión de Roma. Si un súbdito no respeta la religión de su Estado, ¿cómo puede respetar al Cesar y a la patria, y así, así otras tantas cosas?”. Jesús mira atentamente al soldado y le dice: “En verdad estás muy adelantado en el camino de la justicia. Prosigue, ¡soldado!, ■ y llegarás a conocer eso que tu alma añora tener, y no sabe darle un nombre”. Alejandro: “¿El alma?… ¿Qué es?”. Jesús: “Cuando mueras, ¿a dónde irás?”. Alejandro: “Bueno… no lo sé. Si muero como héroe, iré a la hoguera de los héroes… y si llego a ser un pobre viejo, un nada, probablemente me pudra en mi cuartucho o al borde de un camino”. Jesús: “Esto por lo que respecta al cuerpo. Pero el alma ¿a dónde irá?”. Alejandro: “No sé si todos los hombres tienen alma o si la tienen solo los destinados por Júpiter a los Campos Elíseos después de una vida portentosa, si es que antes no se los lleva al Olimpo, como hizo con Rómulo”. Jesús: “Todos los hombres tienen un alma. Y ésta es lo que distingue al hombre del animal. ¿Te gustaría ser semejante a un caballo, a un pájaro, a un pez, carne que, muerta, es solo un montón de podredumbre?”. Alejandro: “¡Oh! ¡No! Soy hombre y prefiero serlo”. Jesús: “Pues bien, lo que hace que seas hombre, es el alma. Sin ella no serías más que un animal que habla”. Alejandro: “Y ¿dónde está?… ¿Cómo es?”. Jesús: “No tiene cuerpo pero existe. Está en ti. Viene de quien creó el mundo y a Él vuelve después de la muerte del cuerpo”. Alejandro: “Viene del Dios de Israel, según vosotros”. Jesús: “Del Dios único, Uno, Eterno, Señor Supremo y Creador del Universo”. Alejandro: “¿Y también un pobre soldado como yo, tiene alma y regresa ésta a Dios?”. Jesús: “Sí, también un pobre soldado, y Dios será amigo de su alma si ésta fue siempre buena, o la castigará si fue malvada”. ■ Juan anuncia: “Maestro, he aquí a Judas con los pastores y las mujeres…”. Jesús: “Me voy, soldado, sé bueno”. Alejandro: “¿No te volveré a ver? Quisiera saber todavía…”. Jesús: “Estaré en Galilea hasta Septiembre. Si puedes, ven.  En Cafarnaúm o Nazaret cualquiera te puede dar razón de Mí. En Cafarnaúm, pregunta por Simón Pedro; en Nazaret, por María de José. Es mi Madre. Ven y te hablaré del Dios verdadero”. Alejandro: “Simón Pedro… María de José. Iré si puedo. Si regresas, acuérdate de Alejandro. Soy de la Centuria de Jerusalén”. (Escrito el 24 de Enero de 1945).
.                                       ——————–000——————–

(<Jesús, y sus apóstoles se encuentran en «Aguas Claras», un lugar entre Efraín y el Jordán, instalados en una casa rústica, propiedad de Lázaro. En este paraje se dedican a evangelizar y a bautizar. Hoy tiene lugar el discurso de apertura>)
.
2-118-232 (2-85-728).- “Cuando al embrión animal se infunde el alma, «vive» según el Pensamiento creador, y es el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios… El pecado la mata. ¿Cómo conservar viva el alma?”.
* La vida de que Yo hablo no empieza con la existencia…  tiene su principio no en un seno ma­terno; tiene su principio cuando el Pensamiento de Dios crea un al­ma para habitar en una carne; termina cuando el pecado la mata”.- ■ Comienza Jesús: “Paz a vosotros que buscáis la Palabra”. Y va hasta el fondo del porche, dejando a sus espaldas la pared de la casa. Habla lentamente al grupo de unas veinte personas que están, en un tibio atardecer de noviembre, sentadas en el suelo o apoya­das en las columnas. “El hombre cae en un error al considerar lo que es la vida y lo que es la muerte, y al aplicar estos dos nombres. Llama «vida» al tiempo en que, después de haber nacido, comienza a respirar, a nutrirse, a moverse, a pensar, a obrar; y llama «muerte», al momento en que cesa de respirar, comer, pensar, obrar, viniendo a ser un despojo frío e insensible, pronto a entrar en un seno, el de un sepulcro. Pero no es así. Quiero haceros entender lo que es la «vida», indicaros las obras aptas para la vida. ■ Vida no es existencia. Existencia no es vida. Existe también vida en esta parra que se entrelaza con estos soportes, pero no tiene la vida de que Yo hablo. Existe también aquella oveja que bala atada a aquel árbol le­jano, pero no tiene la vida de que Yo hablo. La vida de que Yo hablo no empieza con la existencia ni termina cuando la carne llega a su fin. ¡La vida de la cual Yo hablo tiene su principio no en un seno ma­terno; tiene su principio cuando el Pensamiento de Dios crea un al­ma para habitar en una carne; termina cuando el pecado la mata! (1). El hombre, primeramente (sin alma), no es más que una semilla que crece, semilla de carne en vez de ser de gluten o de pulpa como la de los cereales o la de la fruta. Primero (sin alma), no es más que un animal en estado de formación, un embrión de animal no distinto del que ahora está creciendo en el seno de aquella oveja. Pero, desde el momento en que en esta concepción humana se infunde esta parte incorpórea —y que no obstante es la más potente ya que sublima al embrión—, es entonces cuando el embrión animal no sólo existe como corazón que palpita, sino que «vive» según el Pensamiento creador, y es el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, el hijo de Dios, el ciudadano futuro del Cielo. ■ Pero esto acontece si la vida dura. El hombre puede existir te­niendo imagen de hombre, pero habiendo dejado de ser hombre, siendo un sepulcro en que se pudre la vida. Se comprende entonces que Yo diga: «La vida no empieza con la existencia y no termina cuando la carne llega a su fin». La vida comienza antes del nacimien­to. La vida, pues, no tiene fin, porque el alma no muere, o sea, no se convierte en nada. Muere a su destino, que es el destino celestial, pero sobrevive en su castigo si así lo ha merecido. Muere a este destino bienaventurado cuando muere a la Gracia. Esta vida, alcanzada por una gangrena cual es la muerte a su destino, dura por los siglos de los siglos en la condena y en el tormento. Si, por el contrario, esta vida se conserva como tal, llega a la perfección del vivir y se hace eterna, perfecta, bienaventurada como su Creador”.
* ¿Cómo mantener viva la paradisíaca flor del alma, para guardarla así para el Cielo?”.-Jesús: “¿Tenemos obligaciones para con la vida? Sí. La vida es un don de Dios. Todo don de Dios ha de usarse y conservarse con cuidado, porque es cosa santa, como su Dador. ¿Destruiríais vosotros el don de un rey? No. Pasa a los herederos, y a los herederos de los herederos como gloria de la familia. Y si es así, ¿por qué destruir el don de Dios?  Pero, ¿cómo se usa y conserva este don divino? ¿Cómo mantener viva la paradisíaca flor del alma, para guardarla así para el Cielo? ¿Cómo obtener el «vivir» por encima y más allá de la existencia?  ■ Israel dispone de leyes claras para este fin y no tiene más que observarlas. Israel dispone de profetas y justos, los cuales dan el ejemplo y enseñan a practicar las leyes. Israel dispone también de santos. No puede, no debería, equivocarse, por tanto, Israel. Pero Yo veo manchas en los corazones, y espíritus muertos pulular por todas partes. Entonces os digo: Haced penitencia; abrid vuestro  corazón a la Palabra; poned en práctica la Ley inmutable; infundid nueva savia a la exhausta «vida» que está languideciendo en vosotros; si ya la habéis matado, acercaos a la Vida verdadera, a Dios. Llorad vuestras culpas, gritad: «¡Misericordia!»… y, en cualquier caso, renaced. No seáis muertos en vida, para no ser mañana eternos condenados. ■ Yo no os hablaré de otra cosa más que del modo de alcanzar la vida o de conservarla. Otro os ha dicho: «Haced penitencia. Purificaos del fuego impuro de las lujurias, del fango de las culpas». Yo os digo: Pobres amigos, estudiemos juntos la Ley. Oigamos en ella de nuevo la voz paterna del Dios verdadero. Y luego, juntos, oremos al Eterno, diciendo: «Des­cienda tu misericordia sobre nuestros corazones». ■ Ahora es el tiempo del sombrío invierno. Pero dentro de poco vendrá la primavera. Un espíritu muerto es más triste que un bosque congelado por el hielo y sin nada. Pero si la humildad, la voluntad, la penitencia y la fe pe­netran en vosotros, la vida volverá a vosotros como la de un bosque en primavera, y le floreceréis para Dios, dando para mañana (el mañana de los siglos y siglos) perenne fruto de vida eterna. ■ ¡Venid a la Vida! Dejad de existir solamente y empezad a «vi­vir». La muerte no será entonces «fin», sino que será principio. El principio de un día sin ocaso, de una alegría sin cansancio y sin me­dida. La muerte será el triunfo de aquello que vivió antes de la carne, y el triunfo de la misma carne, que será llamada, a la resurrección eterna, a coparticipar en esta Vida que Yo prometo en el nombre del Dios verdadero a todos aquellos que hayan «querido» la «vida» para su alma, aplastando los sentidos y las pasiones para gozar de la libertad de los hijos de Dios. ■ Idos, pues. Todos los días a esta hora os hablaré de la eterna verdad. El Señor esté con vosotros”. La gente despeja el lugar, lentamente, haciendo muchos comentarios. Jesús vuelve a la solitaria casita y todo termina. (Escrito el 26 Febrero 1945)
·····································
1  Nota  : “La vida termina cuando  el pecado la mata”.  Esta afirmación, y semejantes,  se explica si se parafrasea a la luz de la doctrina que expone la escritora en otros lugares, y aquí: “La vida de la que estoy hablando (vida no carnal sino espiritual, vida no sencillamente humana sino divina) no empieza con la existencia (esto es, en virtud y desde el momento de la concepción)  y no se acaba cuando la carne tiene su fin (esto es, con la muerte terrenal). La vida de la que hablo no tiene principio en el seno materno (allí en efecto empieza la vida carnal y puramente terrena). Empieza (esta vida divina  y espiritual) cuando creada nace un alma (la que naciendo de Dios, no puede nacer con pecado, aunque, pasado el instante fulmíneo creativo, inmediatamente contraiga el pecado original) del Pensamiento del Creador, de Dios, para habitar en una carne. Tiene fin cuando el pecado (original contraído o actual cometido), la mata”.
.                                       ——————–000——————–

2-129-300 (2-96-801).- En «Aguas Claras», a unos romanos que piden la curación de un enfermo mental, Jesús les habla de Dios y del alma. ¿Qué es el alma?
* “El alma —ella—, compañera en la existencia y sobreviviente más allá de la existencia, se encuentra en lo profundo del yo (interior del más sagrado templo al ser cosa divina); digo «ella», y no ésta, porque no es una cosa, sino un ente verdadero, que no está contenida sino que contiene”.-Jesús está hoy con los nueve apóstoles restantes porque los otros tres partieron a Jerusalén. Tomás siempre alegre, se divide entre sus verduras y sus ocupaciones más espirituales, mientras Pedro, Felipe, Bartolomé y Mateo se ocupan de los peregrinos, y los demás van al río para administrar el bautismo como signo de penitencia, ¡con el viento frío que sopla! Jesús está todavía en su rincón, en la cocina. Tomás trajina, pero guarda silencio para dejar tranquilo al Maestro. En ese momento entra Andrés y dice: “Maestro hay un enfermo que a mí me parece que convendría curarle enseguida porque… dicen que está loco; nosotros diríamos que está poseído… pero no es israelita. Grita, vocea, se desgañita con alaridos, se retuerce… Ven a ver”. Jesús: “Ahora mismo. ¿En dónde está?”. Andrés: “Todavía en el campo. ¿Oyes esos aullidos? Es él. Parece una bestia, pero es él. Debe ser un rico porque su acompañante está bien vestido, y le traen en un carro, de mucho lujo y muchos siervos. Debe ser pagano porque blasfema de los dioses del Olimpo”. Tomás, más curioso de saber qué va a suceder que de sus verduras, dice: “También voy yo a ver”. ■ En medio del prado donde poco antes pastaban unas ovejas que han huido despavoridas por todas partes, y a las que los pastores y el perro tratan de reunir —dicho sea de paso, este es el segundo perro que veo desde que contemplo estas escenas— hay un hombre que está amarrado fuertemente y que, no obstante, da unos saltos de loco, gritando terriblemente, y cada vez más fuerte a medida que Jesús se va acercando. Pedro, Felipe, Mateo, Natanael están allí cerca sin saber qué decir. Hay también más gente, solo hombres, porque las mujeres tienen miedo. Pedro dice: “¿Has venido, Maestro? ¡Mira qué furia!”. Jesús: “Ahora se le pasará”. Pedro: “Pero… es pagano, ¿sabes?”. Jesús: “¡Y qué importa eso!”. Pedro: “¡Hombre!… ¡por razón de su alma!…”. Por el rostro de Jesús se dibuja una sonrisa y continúa. ■ Llega al grupo del enfermo, que se agita cada vez más. Se separa del grupo uno que por su vestido sin franjas y por llevar rostro rasurado se ve que es romano, y saluda diciendo: “Salve, Maestro. Tu fama ha llegado hasta mí. Eres más grande que Hipócrates en el arte de curar y que la estatua de Esculapio para curar milagrosamente enfermedades. Porque sé esto, he venido. Mi hermano, ya lo ves, está loco por un mal misterioso. Ningún médico sabe lo que le pasa. Le llevé al templo de Esculapio, pero salió de allí más loco. Tengo un familiar en Tolemaida; me mandó un mensajero con una galera. Decía que aquí hay Uno que curaba a todos… y vine. ¡Qué viaje tan duro!”. Jesús: “Merece un premio”. Romano: “Pero ten en cuenta que no somos ni prosélitos. Somos romanos fieles a los dioses. Vosotros nos llamáis paganos. Somos de Síbari pero ahora estamos en Chipre”. Jesús: “Es verdad. Paganos sois”. Romano: “Entonces… ¿nada para nosotros? ¿O tu Olimpo rechaza al nuestro, o el nuestro al tuyo?”. Jesús: “Mi Dios, Único y Trino, reina Único y Solo”. El romano, desilusionado, pregunta: “¿He venido en vano?”. Jesús: “¿Por qué?”. Romano: “Porque pertenezco a otro dios”. Jesús: “Uno solo crea el alma”. Romano: “¿El alma?…”. Jesús: “El alma. Esa cosa divina que Dios crea para cada hombre. Compañera en la existencia, sobreviviente más allá de la existencia”. Romano: “¿Y dónde está?”. Jesús: “En lo profundo del yo. Pero, a pesar de que esté, como cosa divina, en el interior del más sagrado templo, se puede decir de ella —y digo «ella», no ésta, porque no es una cosa, sino un ente verdadero y digno de todo respeto—  que no está contenida, sino que contiene”.
* Soy la Razón unida a Dios”.- Romano: “¡Por Júpiter! Pero… ¿eres filósofo?”. Jesús: “Soy la Razón unida a Dios”. Romano: “Creía que lo eras, por lo que estabas diciendo”. Jesús: “Y ¿qué es la filosofía, cuando es verdadera y honesta, sino la elevación de la razón humana hacia la Sabiduría y Potencia infinitas, o sea, hacia Dios?”. Romano: “¡Dios! ¡Dios!… Ahí tengo a ese desgraciado que me molesta, pero casi me olvido de su estado para escucharte a Ti, que eres divino”. Jesús: “No lo soy como tú dices. Tú llamas divino a quien supera lo humano. Yo digo que tal nombre debe darse solo a quien procede de Dios”. Romano: “¿Qué es Dios? ¿Acaso alguien le ha visto?”. ■ Jesús: “Está escrito: «¡Salve, Tú que nos formaste! Cuando describo la perfección humana, la armonía de nuestro cuerpo, celebro tu gloria». Alguien dijo: «Tu bondad resplandece en que has distribuido tus dones a todos los que viven para que todo hombre tuviese aquello que necesita; y tu sabiduría se deja ver en tus dones, como tu poder al cumplirse tu querer». ¿Reconoces estas palabras?”. Romano: “Si Minerva me ayuda… son de Galeno (1). Pero ¿cómo las sabes? ¡Me maravillo!…”. Jesús sonriente responde: “Ven al Dios verdadero y su divino espíritu te hará docto en la «verdadera sabiduría y piedad que consiste en conocerte a ti mismo y en adorar a la Verdad»”. Romano: “Pero ¡si sigue siendo Galeno! Ahora estoy seguro. No solo eres médico y mago, sino también filósofo… ¿Por qué no vienes a Roma?”. Jesús: “No soy médico, ni mago ni filósofo como dices, sino que soy el testimonio de Dios sobre la Tierra.  Traedme aquí al enfermo”.
* Está el demonio que habla y el que es mudo (el que engaña con razones aparentes de verdad, y el que solo crea un desorden mental). El 1º es el más completo. Tu hermano tiene el 2º”.- ■ Entre gritos y saltos le arrastran allí. Jesús: “¿Ves? Dices que está loco; dices que ningún médico puede curarle. Es cierto: ningún médico, porque no está loco, sino que un ser infernal —te hablo así porque eres pagano— ha entrado en él”. Romano: “Pero no tiene el espíritu de pitón. Es más, dice sólo cosas erróneas”. Jesús: “Nosotros lo llamamos «demonio», no pitón.  Está el que habla y el que es mudo, el que engaña con razones aparentes de verdad, y el que solo crea un desorden mental. El primero de estos dos es el más completo y peligroso. Tu hermano tiene el segundo. Pero ahora saldrá de él”. Romano: “¿Cómo?”. Jesús: “Él mismo te lo dirá”. ■ Jesús ordena: “¡Deja este hombre! Vuelve a tu abismo”. Demonio: “Me voy. Contra Ti mi poder es demasiado débil. Me echas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?…”. El espíritu habló por la boca del hombre, el cual, después de ello, se desploma como agotado del todo. Jesús: “Está curado. ¡Soltadlo sin miedo!”. Romano: “¿Curado?… ¿Estás seguro?… Yo… ¡yo te adoro!”. El romano hace ademán de postrarse, mas Jesús no se lo permite y le dice: “Levanta el alma. En el Cielo está Dios. A Él adórale, y dirige tus pasos hacia Él. Adiós”. Romano: “No. Así no. Al menos acepta ésta (limosna). Permíteme que te trate como a los sacerdotes de Esculapio. Permíteme que te oiga hablar… Permíteme que hable de Ti en mi patria…”. Jesús: “Hazlo y ven con tu hermano”. El tal hermano mira a su alrededor asombrado y pregunta: “Pero ¿dónde estoy? ¡Esto no es Cintium! ¿Dónde está el mar?”. Jesús: “Sufrías…” y hace una señal con la que impone silencio y agrega: “Sufrías una fiebre muy alta y te han traído a otro clima. Ahora estás mejor. Ven”.
* La fe de los romanos es comparada con la fe del sirio Naamán, el leproso…  Por eso “Yo les  hablé de Dios y del alma, porque donde existe el concepto de Dios y el de espíritu, y el deseo de llegar a ellos, nacen las plantas de la fe, esperanza y caridad; y de la justicia, templanza, fortaleza, prudencia”.- ■ Todos van a la estancia grande, pero no todos conmovidos igualmente: porque hay quienes admiran, y también hay quienes critican el que haya sido curado el pagano. Jesús se dirige a su lugar. Tiene en la primera fila de la asamblea a los romanos. “No os moleste si cito un trozo de los Reyes (2). Se lee allí que cuando el rey de Siria estaba listo para hacer la guerra a Israel, había en su corte un hombre valioso y respetado de nombre Naamán, el cual era leproso. Se lee igualmente que a este hombre una jovencita de Israel venida a ser esclava suya —de ella se habían apoderado los sirios— le dijo: «Si llevasen a mi señor al Profeta que hay en Samaria, sin duda le limpiaría de lepra». Oído esto, Naamán, pedido permiso al rey, siguió el consejo de la joven. El rey de Israel, sin embargo, muy desasosegado, dijo: «¿Soy acaso yo Dios para que el rey de Siria me mande sus enfermos? Esto es una trampa para provocar la guerra». Mas el profeta Eliseo, cuando lo supo, dijo: «Que venga a mi casa el leproso, y yo le curaré y sabrá que en Israel hay un Profeta». Naamán fue entonces a ver a Eliseo, pero éste no le recibió; simplemente le mandó este mensaje: «Lávate siete veces en el Jordán y quedarás limpio». Esto enojó a Naamán, pareciéndole que en balde había hecho tanto camino, e, indignado, se preparó para volverse. Pero sus siervos le dijeron: «No te ha pedido más que lavarte siete veces, y, aunque te hubiese ordenado mucho más, deberías hacerlo porque él es el Profeta». Entonces Naamán cedió. Fue, se lavó y quedó curado. Lleno de gozo fue a casa del siervo de Dios y le dijo: «Ahora sé la verdad: no hay otro Dios sobre la Tierra, sino solo el Dios de Israel». Y, dado que Eliseo no aceptaba dones, le pidió poder tomar al menos tanta tierra como para poder sacrificar, sobre tierra de Israel, al Dios verdadero. ■ Sé que entre vosotros hay quien no aprueba lo que he hecho. Sé que no estoy obligado a justificarme ante vosotros, pero como os amo con todo el corazón, quiero que comprendáis mi acción y por ella aprendáis, y que de vuestra alma desaparezca cualquier idea de crítica y de escándalo. Tenemos aquí a dos súbditos de una nación pagana, uno de los cuales estaba enfermo. Por boca de algún familiar, pero ciertamente por boca de Israel se le dijo: «Si fueseis al Mesías de Israel, Él sanaría al enfermo». De muy lejos vinieron en mi busca. La confianza de ellos fue mayor que la de Naamán, porque no sabían nada de Israel ni del Mesías, mientras que el sirio, porque su nación era vecina de Israel, ya sabía que en Israel estaba Dios. ¡El Dios verdadero! ¿No estaba bien que un pagano regresase a su casa diciendo: «Verdaderamente en Israel hay un hombre de Dios, y que en Israel se adora al Dios verdadero»? ■ Yo no dije: «Lávate siete veces». Sino que hablé de Dios y del alma, dos cosas que ellos ignoran, y que conllevan, como dos bocas de una fuente que no se agota, los siete dones; porque donde existe el concepto de Dios y el de espíritu, y el deseo de llegar a ellos, nacen las plantas de la fe, esperanza y caridad; justicia, templanza, fortaleza, prudencia: virtudes que ignoran quienes de sus dioses no pueden copiar sino las comunes pasiones humanas, humanas pero más licenciosas,  dado que las cometen seres supuestamente celestiales. Ellos ahora regresan a su patria. Y más que la alegría de haberles sido concedido lo que pedían está la de decir: «Sabemos que no somos animales irracionales, que más allá de esta vida hay una futura. Sabemos que el Dios verdadero es bondad y que por esto nos ama también a nosotros, y nos socorre para persuadirnos a que vayamos a Él»”.
.   ● El alma, la esencia espiritual del hombre, creada perfecta, que enviste y vivifica la vida de la carne, es inmortal tal como Aquel que la creó. Y puesto que no hay más que un solo Dios, no puede haber almas de paganos y de no paganos creadas por distintos dioses”.-Jesús: “¿Y qué creéis, que son los únicos que ignoran la verdad?  Hace poco un discípulo mío creía que Yo no podría curar al enfermo porque tenía alma pagana. Pero, ¿el alma qué es? ¿De quién viene? El alma es la esencia espiritual del hombre, es la que, creada desde un principio perfecta, enviste, acompaña y vivifica toda la vida de la carne y continúa viviendo una vez desaparecida la carne, siendo, como es, inmortal tal como Aquél que la creó: Dios. Puesto que no hay más que un solo Dios, no puede haber almas de paganos o almas de no paganos, creadas por distintos dioses. Hay una sola fuerza que crea las almas: la del Creador, la de nuestro Dios, único, Poderoso, Santo, Bueno, sin otra pasión que no sea el amor, la caridad perfecta enteramente espiritual. Y para que estos romanos me entiendan, del mismo modo que he dicho «caridad», digo también «caridad enteramente moral»; porque son pequeñuelos y desconocen por completo las palabras santas, no comprenden el concepto «espíritu». ■ ¿Y creéis que solo para Israel haya venido? Yo soy quien reuniré las razas en un solo cayado: el Cielo. En verdad os digo que pronto llegará el tiempo cuando muchos paganos dirán: «Dejadnos tomar lo necesario para poder sacrificar en nuestras tierras paganas al Dios verdadero, al Dios Uno y Trino», cuya Palabra soy Yo. Ahora ellos regresan, y van más convencidos que si Yo, por el contrario, los hubiese despachado con mi desprecio. Ellos sienten a Dios tanto en el milagro como en mis palabras,  y esto es lo que dirán en su tierra. Todavía añado: ¿No era justo premiar tanta fe? Desorientados con las respuestas de los médicos, desilusionados con los inútiles viajes a los templos, supieron tener todavía fe para venir al desconocido, al gran Desconocido del mundo, al escarnecido, al gran Escarnecido y Calumniado de Israel y decirle: «Creo que Tú sí puedes». La primera confirmación de su nueva mentalidad, les vino porque supieron creer. Yo los he curado no tanto de la enfermedad cuanto de una fe equivocada, porque he acercado a sus labios una copa que, cuando más se bebe de ella, aumenta más la sed: la sed de conocer al Dios verdadero. He terminado. A vosotros de Israel os digo: Aprended a tener fe como éstos”.
* La verdadera y única riqueza que existe: conocer a Dios.- ■ El romano se acerca con el curado: “Pero… no me atrevo a decir más: ¡Por Júpiter! digo, ¡bajo mi palabra de honor de ciudadano romano que te juro que tendré esta sed! Ahora debo partir, ¿quién me dará a beber?”. Jesús: “Tu espíritu, el alma que ahora sabes que tienes, hasta el día en que un enviado mío llegará a tu casa”. Romano:  “¿Y Tú, no?”. Jesús: “Yo… Yo no. Pero no estaré ausente, aun cuando no esté presente. Y dentro de poco más de dos años, te haré un regalo mayor que la curación de éste que tú amas. A vosotros dos, adiós. Tratad de perseverar en este sentimiento de fe”. Romano: “Salve, Maestro. Que el Dios verdadero te guarde”. ■ Los dos romanos se van y se oye que llaman a los siervos para que traigan el carro. Un anciano murmura: “¡Y no sabían ni siquiera que tenían alma!”. Jesús: “Sí, padre, pero han sabido aceptar mi palabra mejor que muchos en Israel. Ahora que han dado una limosna tan grande, daremos el doble y triple a los pobres de Dios. Y que los pobres rueguen por estos benefactores, más pobres que ellos mismos, para que lleguen a la verdadera y única riqueza que existe: conocer a Dios”.  (Escrito el 13 de Marzo de 1945).
·········································
1  Nota  : El  nombre de Galeno, aquí y unos renglones más abajo, si no es un error de escritura o de lectura, tiene que referirse a un Galeno distinto del que conocemos, médico y filósofo, que vivió en el siglo segundo después de Cristo.   2  Nota  :  Cfr. 2 Rey. 5,1-20.
                                    ——————–000——————–

(<Jesús ha llegado con sus apóstoles a Cesarea marítima. Están en el puerto junto a una galera que acaba de entrar y atracar en el muelle. Gracias a la intervención del oficial romano Publio Quintiliano [1] —ya se conocen ambos—  Jesús ha podido acercarse a la galera. Y desde el muelle, con voz potente, se ha dirigido a los galeotes, amarrados a sus bancos de remo>)

2-154-416 (3-14-51).- “Dios puso un alma en vuestros cuerpos, un alma igual que la nuestra, israelitas… que tiene los mismos deberes y derechos respecto al Bien, y a la que el Bien, es decir, el Dios verdadero, será fiel; sedlo también vosotros para con Él”.
* “El alma, espontáneamente, tiende a la adoración, porque se acuerda del Cielo.”- ■ Dice Jesús: “Quiero decir a estos infelices a quienes Dios ama, que se resignen en su dolor, que hagan de su dolor llama que rompa las cadenas de la galera y de la vida, consumiendo, con deseos de ver a Dios, este pobre día que es la vida, día oscuro, borrascoso, lleno de miedo y de fatigas, para entrar en el día de Dios, día luminoso, sereno, ya sin miedos ni decaimientos. Basta con que sepáis, vosotros, oh mártires de una penosa suerte, ser buenos en medio de vuestros sufrimientos, basta con que aspiréis a Dios, para que entréis en la gran paz, en la infinita libertad del Paraíso”. ■ En esto, vuelve Publio Quintiliano con otros soldados; tras él unos esclavos traen una litera (2), para la que los soldados consiguen un lugar. Jesús prosigue: “¿Quién es Dios? Hablo a los gentiles que no saben quién es Dios. Hablo a los hijos de los pueblos sometidos que no saben quién es Dios. En vuestros bosques, galos,  iberos, tracios, germanos, celtas, tenéis solo una apariencia de Dios. El alma, espontáneamente, tiende a la adoración, porque se acuerda del Cielo. Pero no sabéis encontrar al Dios verdadero que puso un alma en vuestros cuerpos, un alma igual que la nuestra, israelitas, igual que la de los poderosos romanos que os han subyugado, un alma que tiene los mismos deberes y derechos respecto al Bien, y a la que el Bien, es decir, el Dios verdadero, será fiel; sedlo también vosotros para con Él. El dios, o los dioses, a los que hasta ahora habéis adorado, cuando aprendisteis su nombre o sus nombres sobre las rodillas maternas; el dios en el que tal vez ahora no pensáis porque no sentís que os venga de él algún consuelo en vuestro sufrimiento, o al que quizás incluso odiáis o maldecís en vuestras jornadas desesperadas, ése, no es el Dios verdadero. El Dios verdadero es Amor y Piedad. ¿Acaso eran esto vuestros dioses? No. También ellos son dureza, crueldad, mentira, hipocresía, vicio, latrocinio. Y ahora os han abandonado sin ese mínimo de consuelo que es la esperanza de ser amados y la certeza de descansar después de tanto sufrir. Esto sucede porque vuestros dioses no existen. Sin embargo, Dios, el verdadero Dios que es Amor y Piedad, y cuya existencia Yo os aseguro, es Aquel que ha hecho cielos, mares, montes, bosques, plantas, flores, animales… y al hombre; es Aquél que inculca al hombre vencedor la piedad y amor que Él mismo es para con los pobres de la tierra… ■ Quisiera cambiaros el corazón y, sobre todo,  quisiera  romper vuestras cadenas, devolveros la libertad y patria perdidas; pero, hermanos galeotes que no veis mi rostro, hermanos galeotes cuyo corazón con todas sus heridas conozco, en cambio de la libertad y de la patria terrenas que no os puedo dar, ¡oh pobres hombres esclavos de los poderosos!, os daré una libertad y una patria más altas. Por vosotros me he hecho prisionero, dejé mi patria, por vosotros me entregaré Yo mismo como rescate; para vosotros, sí, también para vosotros, que no sois oprobio de la Tierra como os llaman, sino signo de vergüenza para el hombre que olvida la medida del rigor de la guerra y de la justicia, haré una nueva Ley sobre la Tierra y una tranquila mansión en el Cielo. Acordaos de mi Nombre, hijos de Dios que lloráis. Es el nombre del Amigo. Decidlo en vuestras penas. Estad seguros que si me amáis me tendréis, aunque no nos veamos jamás sobre la Tierra. Soy Jesucristo, el Salvador, el Amigo vuestro. En el nombre del Dios verdadero os consuelo. Que pronto descienda sobre vosotros la paz”.  (Escrito el 4 de Mayo de 1945).
···········································
1  Nota  : Publio Quintiliano.- Personajes de la Obra magna:  Romanos/as.   2  Nota  : En la litera traen a Claudia Prócula, esposa de Poncio Pilatos.- Personajes de la Obra magna:  Romanos/as.
.                                                 ——————–000——————

2-154-418 (3-14-54).- Breve coloquio de Jesús con Claudia Prócula en Cesarea Marítima sobre el alma: verdadera nobleza del hombre.  Porque el alma es la sangre espiritual del Creador.
* “Dentro de ti existe la sangre de los Claudios; dentro del hombre, por razón del alma, fluye sangre de Dios Eterno, Poderoso, Santo.  Así, pues, el hombre es eterno, poderoso, santo por el alma, y que vive mientras está unida a Dios”.- ■ Y antes de subir a la galera, Publio Quintiliano dice a Jesús al oído: “Ahí dentro está Claudia Prócula. Le gustaría oírte hablar en otra ocasión; ahora quiere preguntarte algo. Ve a verla”. Jesús se acerca a la litera.  Claudia: “Salve, Maestro”. La cortina apenas se abre un poco, dejando ver a una hermosa mujer que frisa más o menos treinta años. Jesús: “Que llegue a ti el deseo de la sabiduría”. Claudia: “Dijiste que el alma tiene recuerdo del Cielo. ¿Es eterna, entonces, esa cosa que decís que hay en nosotros?”. Jesús: “Es eterna: Por eso tiene recuerdo de Dios, del Dios que la creó”.  Claudia: “¿Qué es el alma?”. Jesús: “El alma constituye la verdadera nobleza del hombre. Tú eres gloriosa porque perteneces a la Familia de los Claudios; pues el hombre lo es mucho más, porque es de Dios. En ti existe la sangre de los Claudios, la familia más poderosa, pero que tuvo un principio y tendrá un fin. Dentro del hombre, por razón del alma, fluye la sangre de Dios, porque el alma es la sangre espiritual —siendo Dios Espíritu purísimo— del Creador del hombre: de Dios Eterno, Poderoso, Santo. Así, pues, el hombre es eterno, poderoso, santo por el alma que existe en él y vive mientras está unida a Dios”. ■ Claudia: “Yo soy pagana, no tengo, por tanto, alma…”. Jesús: “La tienes, pero sumida en letargo; despiértala a la Verdad y a la Vida…”. Claudia: “Adiós, Maestro”. Jesús: “Que la Justicia te conquiste. Adiós”. (Escrito el 4 de Mayo 1945).                            
.                                      
——————–000——————–

2-155-420 (3-15-55).- “Veo en el fondo de cada hombre: el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor”.- El don de pertenecer a la religión verdadera y, por gratitud, el deber de difundirla.-  Curación de la niña romana en Cesárea.
* El secreto para amar tanto a judíos como a gentiles es ser buenos; si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe”.- ■ Jesús está todavía en Cesarea Marítima. Ya no es la plaza de ayer sino un lugar situado más en el interior de la ciudad, desde el cual, no obstante, se ven todavía el puerto y las naves. Aquí hay mu­chas bodegas y establecimientos comerciales; si a ello añadimos que en este espacio terroso hay, además, esteras extendidas en el suelo con mercancías varias, deduzco que se trata de zona de merca­dos (quizás estaban cerca del puerto y de los almacenes por comodidad de navegantes y compradores de las mercancías traídas por mar). Hay mucho ruido y mucho trajín de gente. Jesús está esperando con Simón y sus primos a que los otros con­sigan las provisiones necesarias. ■ Unos niños miran con curiosidad a Jesús, el cual los acaricia dulcemente mientras habla con sus apósto­les. Dice Jesús: “Me duele este descontento por el hecho de que Yo entable relaciones con los gentiles, pero no puedo hacer sino lo que debo y debo ser bueno con todos. Esforzaos en ser buenos al menos vosotros tres y Juan; los otros os seguirán por imitación”. Santiago de Alfeo, justificándose, dice:  “Pero ¿cómo puede uno ser bueno con todos? A fin de cuentas, ellos nos desprecian y nos oprimen; no nos comprenden, están llenos de vicios…”. Jesús: “¿Que cómo puede ser uno? ¿Tú estás contento de haber nacido de Alfeo y María?”. Santiago: “Sí, claro. ¿Por qué me preguntas esto?”. Jesús: “Y si Dios te hubiera preguntado antes de tu concepción, ¿habrí­as querido nacer de ellos?”. Santiago: “Pues claro. No comprendo…”. Jesús: “Y si, en vez de ello, hubieras nacido de un pagano, al oír que eres acusado de haber nacido de un pagano, ¿qué habrías dicho?”. Santiago: “Habría dicho… habría dicho: «No tengo la culpa de esto. He nacido de él, pero habría podido haber nacido de otro». Habría dicho: «Vuestra acusa­ción es injusta; si no obro el mal, ¿por qué me odiáis?»”. Jesús: “Tú lo has dicho. También éstos, que despreciáis por ser paganos, pueden decir lo mismo. No por méritos propios has nacido de Alfeo, que es un verdadero israelita. Lo que tienes que hacer es agradecér­selo al Eterno, nada más, porque te ha otorgado un gran regalo, y, como signo de gratitud y con humildad, tratar de conducir al Dios verdadero a otros que no tienen este don. ■ Hay que ser bueno”. Santiago: “¡Es difícil amar a quien no se conoce!”. Jesús: “No. Mira. Tú, pequeñuelo, ven aquí”. Se acerca un niño de unos ocho años, que estaba jugando en un ángulo con otros dos chiquillos. Es un niño robusto, de pelo muy mo­reno aunque de piel muy blanca. Jesús: “¿Quién eres?”. Niño: “Soy Lucio, Cayo Lucio de Cayo Mario, romano, hijo del decurión de guardia, que se quedó aquí después de haber sido herido”. Jesús: “¿Y ésos quiénes son?”. Niño: “Isaac y Tobías; pero no se debe decir porque no se puede. Los pe­garían”. Jesús: “¿Por qué?”. Niño: “Porque son hebreos y yo romano. No se puede”. Jesús: “Pero tú sí puedes estar con ellos… ¿Por qué?”. Niño: “Porque somos amigos; jugamos siempre a los dados y al saltarelo juntos; pero nos escondemos”. Jesús: “¿Y a Mí me querríais? Yo soy también hebreo, y no soy un niño. Fíjate, soy un maestro, como si dijéramos un sacerdote”. Niño: “¿Y a mí qué me interesa? Si me quieres, yo te quiero; y te quiero mucho, porque Tú me quieres”. Jesús: “¿Cómo lo sabes?”. Niño: “Porque eres bueno y quien es bueno quiere a los demás”. Jesús: “He aquí, amigos, lo que quería deciros: el secreto para amar es ser buenos; si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe”. ■ Y Jesús, llevando de la mano al pequeño Cayo Lucio, va a donde los niños hebreos, que se habían escondido asustados tras el atrio de una casa, a acariciarlos, y les dice: “Los niños buenos son ángeles. Los ángeles tienen una sola patria: el Paraíso; una sola religión: la del único Dios; un solo Templo: el corazón de Dios. Quereos como ángeles siempre”. Niño: “Pero, si nos ven nos pegan…”. Jesús no responde; se limita a mover la cabeza con un sentimien­to de amargura.
* Curación de la niña romana que llena de estupor al médico romano y de alegría incontenible a la madre de la niña. ■ Una mujer alta y de buen tipo llama a Lucio. El niño deja a Je­sús mientras grita: “¡Es mi mamá!”, y a la mujer le grita: “¡Mira el amigo que tengo! ¡Es grande! ¡Es un maestro!…”. La mujer no se marcha con su hijo, sino que se acerca a Jesús y le pregunta: “¡Hola! ¿Eres el hombre de Galilea que ayer habló en el puerto?”. “Soy Yo”. Mujer: “Espérame aquí entonces. Tardo poco”. Y se va con su pequeñuelo. Entretanto han llegado también los otros apóstoles, excepto Ma­teo y Juan, y preguntan: “¿Quién era?”. Simón Zelote y los demás responden: “Una romana, creo”. Apóstoles: “¿Y qué quería?”. Zelote: “Ha dicho que espere aquí. Lo sabremos”. ■ Entretanto, algunas personas, curiosas, se han acercado y se po­nen a esperar también. Vuelve la mujer con otros romanos. Uno que tiene apariencias de siervo de una casa señorial pregunta: “¿Entonces eres Tú el Maes­tro?”. Y, al recibir una respuesta afirmativa, pregunta: “¿Sentirías aver­sión por curar a una hijita de una amiga de Claudia? La niña está agonizando. Se ahoga. El médico no sabe de qué se está muriendo. Ayer tarde estaba sana, esta mañana ya estaba agonizando”. Jesús dice: “Vamos”. Andan un poco por una calle que lleva al lugar de ayer. Llegan al portal de una casa que parece habitada por romanos y que está abierta de par en par. Siervo: “Espera un momento”. El hombre entra rápido. Casi inmediata­mente se asoma de nuevo y dice: “Ven”. ■ Pero, sin darle ni siquiera tiempo a Jesús de entrar, sale de la ca­sa una joven de aspecto señorial, aunque con una angustia más que evidente. Lleva en brazos a una criaturita de pocos meses, como muerta, ya cárdena, como una persona que se esté ahogando. Yo diría que tiene una difteria mortal y que está en los últimos instantes de su vida. La mujer busca amparo en el pecho de Jesús como un náufrago en un peñasco. Su llanto es tan grande, que no es capaz de hablar. Jesús toma a la criaturita, que manifiesta pequeños movimientos convulsivos en las manitas exangües, con sus uñitas ya violáceas. La al­za. La cabecita queda colgando hacia atrás sin fuerza. La madre, perdida su soberbia de romana frente a un hebreo, se ha deslizado hasta los pies de Jesús, al suelo, y llora con el rostro alzado, los cabellos medio desgreñados, los brazos extendidos, estrujando la túnica y el manto de Jesús. Detrás y alrededor, mirando, hay romanos de la casa y mujeres hebreas de la ciudad. ■ Jesús moja en su saliva su dedo índice derecho y lo mete en la bo­quita jadeante. Lo introduce hacia abajo. La niña se contorsiona. Su carita se ennegrece aún más. La madre grita: “¡No! ¡No!”, y se contuerce co­mo traspasada por un puñal. La gente contiene la respiración. Pero el dedo de Jesús sale junto con un amasijo de membranas purulentas. La niña deja de contorsionar. Luego, emite un tierno gemido de llanto y se calma con inocente sonrisa, manoteando y moviendo los labios como un pajarillo cuando pía y agita las alitas en espera de la comida. Jesús: “Toma, mujer. Dale la leche. Está curada”. La madre está en tal modo turbada, que coge a la pequeñuela y, así como estaba, en el suelo, la besa, la acaricia toda para sí, le da el pecho, enajenada, olvidada de todo lo que no sea su hijita. Un romano le pregunta a Jesús: “Pero ¿cómo lo has conseguido? Soy el médico del Procónsul, soy docto, he tratado de quitar la obs­trucción, pero estaba muy abajo, demasiado abajo… Y Tú… así…”. Jesús: “Eres docto, pero no tienes contigo al Dios verdadero. ¡Sea Él en esto glorificado! ¡Adiós!”. Y Jesús hace ademán de querer marcharse.
*  Jesús, acusado por unos judíos de contaminarse, descubre su hipocresía. Termina —en un éxtasis— invocando la obra de su Padre “porque en el fondo de cada hombre veo un punto que resplandece más que el fuego: el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor”.- ■ Pero he aquí que un pequeño grupo de israelitas siente la necesidad de intervenir: “¿Cómo te has permitido acercarte a extranjeros? Son impuros, están corrompidos, quienquiera que se acerque a ellos queda contaminado”. Jesús mira fijamente, severamente, a los tres, y dice: “¿No eres tú Ageo, el hombre de Azoto que vino aquí el pasado Tisrí para nego­ciar con el mercader que está al pie de los muros del viejo fontanar? ¿Y tú no eres José de Rama, que vino también aquí —y tú sabes, co­mo Yo, por qué— a consulta del médico romano? ¿Y entonces? ¿No os sentís vosotros impuros?”. José de Rama: “Un médico no es nunca extranjero. Cura el cuerpo, que es igual para todos”. Jesús: “A mayor razón lo es el alma. Pero además, ¿qué he curado Yo? El cuerpo inocente de un párvulo, medio con que espero curar las al­mas no inocentes de los extranjeros. Como médico y Mesías, por tan­to, puedo tratar con cualquiera”. Ageo: “No puedes”. Jesús: “¿No, Ageo? ¿Y tú por qué tratas con el mercader romano?”. Ageo: “Mi contacto con él es sólo a través de la mercancía y del dinero” Jesús: “¿Y entonces, dado que no tocas su carne, sino solamente lo que ha tocado su mano, no te parece que te contamines… ¡Oh, ciegos y crueles!… ■ ¡El pueblo de mi propiedad! Todos descienden de Adán y Adán salió de mi Padre. Todo es obra, por tanto, del Padre, y tengo el deber de llevar a todos al Padre.. Yo te llevo a Ti, Padre santo, eterno, potente; a los hijos errantes después de haberlos reunido llamándolos con gritos de amor, bajo mi cayado pastoral, semejante al que Moi­sés levantó contra las serpientes venenosas. Para que Tú tengas tu Reino y tu pueblo. Y no hago distinciones, porque en el fondo de cada hombre veo un punto que resplandece más que el fuego: el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor. ¡Oh, eterno deseo mío! ¡Oh, incansable querer mío!  Esto quiero, esto me consume: una tierra que por entero cante tu Nombre, una humanidad que te llame Padre, una redención que a todos salve, una voluntad fortalecida que haga a todos obedientes a tu voluntad, un triunfo eterno que llene el Paraíso de un hosanna sin fin… ¡Oh, multitud de los Cielos!… Estoy viendo la sonrisa de Dios… y es el premio contra toda dureza humana”. ■  Mas los tres israelitas ya han huido bajo la granizada de repro­ches. Los otros, todos, romanos o hebreos, se han quedado boquia­biertos. En cuanto a la mujer romana, con su pequeñuela ya satisfe­cha de leche y durmiendo plácidamente sobre el regazo materno, es­tá allí, en el mismo sitio de antes, casi a los pies de Jesús, y llora de alegría materna y de emoción espiritual. Muchos lloran por el arro­llador cierre de Jesús, que en este éxtasis parece llamear. Y Jesús, bajando los ojos y el espíritu del Cielo a la tierra, ve a la gente, ve a la madre… y, al pasar, tras un gesto de adiós a todos, roza con su mano a la joven romana, como para bendecirla por su fe. Y se marcha con los suyos, mientras la gente, todavía estupefacta, per­manece en el lugar. (Escrito el 5 de Mayo de 1945).
.                                        ——————–000——————–

(<Jesús está en el lago, en la barca de Pedro, que va detrás de otras dos barcas; una de ellas es la de Juana de Cusa [1]. Pero Juana de Cusa no va en ella sino que está a los pies de Jesús en la barca de Pedro. Juana le habla sobre la niña curada y sobre unas amigas suyas romanas deseosas de conocerle. Una de ellas, cuya casa visitó recientemente acompañada de su marido Cusa, —por deseo del Tetrarca que deseaba estrechar vínculos más interesados con Roma para tener cubiertas las espaldas—, tenía interés de escucharle>)
.
2-158-441 (3-18-78).- Juana de Cusa comunica a Jesús el deseo de unas damas romanas que quieren hablar con Él.- Ha sido grande la repercusión de la curación de la niña romana.
* Juana, en tus amigas hay todo un mundo que rehacer. Lo primero es derribar, luego edificar. No es imposible… Trabaja en tu casa para el Maestro”.- ■ Juana dice: “Sí. Es amiga íntima de Claudia. Creo que incluso son parientes. Tendría interés en hablar contigo, por lo menos en escucharte. Y no es ella sólo. Además, ahora que has curado a la niña de Valeria —la noticia ha llegado a la velocidad del relámpago— su interés es ma­yor. La otra noche, en un banquete, había muchas voces a favor y muchas en contra de Ti. Había también algunos herodianos y saduce­os —aunque lo negarían si se lo preguntasen— y también muje­res… ricas y… y no honestas. Estaba —siento decirlo porque sé que eres amigo de su hermano—, estaba María de Magdala, con su nue­vo amigo y con otra mujer, griega creo, tan licenciosa como ella. Ya sabes cómo hacen los paganos, ¿no? Las mujeres se sientan a la me­sa con los hombres. Bueno esto es muy… muy… ¡Oh, qué situación más violenta! Mi amiga, que es una mujer delicada, eligió como compañero a mi propio marido, lo cual me significó un gran alivio. Pero las otras… ■ Bien, pues se hablaba de Ti, porque impresionó el milagro que hiciste a Faustina. Los romanos mostraban admiración hacia Ti como un gran médico y mago —perdona, Señor—, pero los herodianos y saduceos escupían veneno contra tu Nombre. Y María… ¡qué horror, María!… Empezó con burlas y luego… No, no quie­ro decirte esto. Estuve llorando toda la noche”. Jesús: “¡Déjala! ¡Sanará!”. Juana: “¡No, no, si está sana!”. Jesús: “En cuanto al cuerpo; lo demás está todo intoxicado. Pero sanará”. Juana: “Si Tú lo dices… Ya sabes cómo son las romanas… Sus palabras fueron: «No nos asustan las brujerías, ni creemos en fábulas. Quere­mos juzgar por nosotras mismas»; y luego a mí me dijeron: «¿No po­dríamos oírle hablar?»”. Jesús: “Diles que al final de la luna de Sebat (2) estaré en tu casa”.  Juana: “Se lo diré, Señor. ¿Crees que se acercarán a Ti?”. Jesús: “En ellas hay todo un mundo que rehacer. Lo primero es derribar, luego edificar. No es imposible. ■ Ahí está tu casa, Juana, con su jar­dín; trabaja en ella para tu Maestro como te he dicho. Adiós, Juana. El Señor sea contigo. Yo te bendigo en su nombre”. La barca se arrima. Juana dice en tono de ruego: “¿Entonces no pasas siquiera?”. Jesús:  “Ahora no. Debo reavivar las llamas. En unos pocos meses de au­sencia casi se han apagado. Y el tiempo vuela”. ■ La barca se detiene en el recodo que penetra en el jardín de Cusa. Unos siervos acuden para ayudar a su señora a bajar. (Escrito el 8 de Mayo de 1945).
··········································
1  Nota  :  Cfr. Personajes de  la Obra magna:  Juana de Cusa.   2  Nota  : “Al final  de la luna  de Sebat”.- Cfr. Anotaciones  n. 5:  Calendario hebreo.
.                                           ——————–000——————–

3-167-39 (3-27-124).- ¿Dónde está el alma? ¿Es visible? El alma es una partecilla de Dios.- Los dioses del Olimpo y el Dios desconocido.- Jesús, en la casa de Juana de Cusa, a orillas del lago, con las damas romanas.
* Si tu hijita hubiese muerto no habrías perdido sus caricias, a tu alma hubiese llegado el beso de tu hijita. ¿Ves qué dulce es tener una fe en la vida eterna?”.-Jesús, con la ayuda de un barquero que le ha recibido en su pequeña barca, desembarca en el puentecillo del jardín de Cusa. Le ve ya el jardinero y se apresura a abrirle la verja que intercepta a los extraños la entrada a la propiedad por la parte del lago. Es una verja alta y fuerte, oculta por un seto espesísimo de laureles y bojes por la parte externa, la que da al lago; de rosas de colores variados por la parte interna, hacia la casa. Los espléndidos rosales cubren de flores las frondas de color bronceado de los laureles y bojes, se meten entre las ramas, se asoman al otro lado, por el que, cuando rebasan del todo la verde barrera, cuelgan sus florecidas ramas. Solamente en un punto, donde se encuentra un camino, la verja se muestra desnuda, y  se abre para dar paso a quien o viene del lago o a él  va. “La paz a esta casa y a ti, Yoanás. ¿Dónde está tu patrona?”. Yoanás: “Con sus amigas, allí. La voy a llamar. Hace tres días que te están esperando porque temían llegar con retraso”. Jesús sonríe. El siervo va corriendo a llamar a Juana. ■ Entre tanto Jesús camina lentamente al lugar que el siervo le había señalado, admirando el espléndido jardín, mejor dicho, el espléndido rosal, que Cusa hizo plantar para su mujer. Rosas de todos los colores, tamaños y formas, en esta ensenada de lago protegida, ríen ya, precoces y hermosas; hay también otras flores, pero todavía no se han abierto y además son pocas en comparación con la abundancia de rosales. ■ Acude aprisa Juana. Ni siquiera se detiene a posar en el suelo un cesto que tenía lleno de rosas hasta la mitad, ni a dejar las tijeras con las que estaba cortando; corre así, con los brazos extendidos, ligera y gentil, con su vestido de lana finísima de un rosa tenuísimo, cuyos repliegues están sujetos por pequeños discos y hebillas de filigrana de plata en que brillan pálidos granates. Sobre sus cabellos negros y ondulados, una diadema en forma de mitra, también de plata y granates, sujeta un velo de viso ligerísimo, color rosa igualmente, que cae hacia detrás, dejando descubiertas las orejas menudas de las que cuelgan pesados pendientes similares a la diadema, y que deja ver también la cara resplandeciente de alegría y el esbelto cuello, en cuya base brilla un collar que hace juego a los demás adornos que lleva. Deja caer su cesto a los pies de Jesús y se arrodilla a besarle el vestido entre las rosas desparramadas. “La paz sea contigo Juana. Aquí estoy”. Juana: “Y yo me alegro de ello. También mis amigas han venido. Pero, ahora me doy cuenta de que tal vez he actuado mal en haber hecho esto. ¿Cómo vais a entenderos? ¡Son completamente paganas!”. Juana está un tanto confusa. Jesús sonríe, le pone la mano sobre la cabeza: “No tengas miedo. Nos entenderemos muy bien y tú has hecho muy bien en «hacer esto». El encuentro abundará en bienes, como tu jardín de rosas. Recoge ahora estas pobres rosas que has dejado caer y vamos a donde tus amigas”. Juana: “¡Rosas hay muchísimas! Lo hacía por pasar el tiempo y también porque mis amigas son muy… voluptuosas… Les gustan las flores como si fuesen… no sé…”. Jesús: “¡A mí también me gustan! ¿Ves que hemos encontrado ya un tema sobre el que entendernos? ¡Venga, recojamos estas espléndidas rosas!”. Jesús se agacha para dar ejemplo. Juana: “Tú no, Tú no, Señor. Si es tu deseo… Mira… ya está hecho”. ■ Caminan hasta una pequeña pérgola, hecha de un trenzado multicolor de rosas. A la entrada hay tres romanas que se asoman: Plautina, Valeria, Lidia. La primera y la última están sin saber qué hacer, pero Valeria corre fuera y, en llegando a la altura de Jesús,  se inclina diciendo: “¡Salve, Salvador de mi pequeña Fausta!”. Jesús: “Paz y luz a ti y a tus amigas”. Las amigas se inclinan sin decir nada. A Plautina la conocemos ya. Alta, majestuosa de ojos negros brillantes, un poco imperiosos; su nariz, bajo su frente lisa y blanquísima, es recta, perfecta; boca un poco gruesa pero bien hecha; el mentón, redondeado y marcado: me trae a la memoria ciertas estatuas hermosas de emperatrices romanas. Anillos pesados brillan en sus bellas manos; grandes brazaletes de oro ciñen sus brazos, en las muñecas y por encima de los codos, brazos de una verdadera estatua, que, bajo la corta manga drapeada, aparecen de un color rosado, lisos y perfectos. Lidia, por el contrario, es rubia, más delgada y más joven. Su belleza no es majestuosa como la de Plautina, pero tiene toda la gracia de una juventud femenina aún un poco inmadura. Y, dado que estamos en tema pagano, podría decir que si Plautina parece la estatua de una emperatriz, Lidia podría ser una Diana o una ninfa de gentil y púdico aspecto. Valeria, ahora que no se encuentra en el estado de aflicción inmensa en que la vimos en Cesarea, se deja ver en su belleza de joven madre, de formas llenas aunque todavía muy juveniles, de mirada serena, propia de una madre que se siente feliz de poder alactar a su hijo, y verle crecer alimentado con su leche; de tez rosada y pelo castaño, tiene una sonrisa plácida y muy dulce. Me da la impresión de que son damas de rango inferior al de Plautina, a la que, incluso con la mirada, la respetan como a una reina. ■ Jesús les dice: “¿Estabais recogiendo flores? Seguid. Seguid. Podemos hablar mientras cortáis estas espléndidas obras del Creador que son las flores, mientras las colocáis en estas copas preciosas con la habilidad de que Roma es maestra, para alargarles la vida —¡ay, demasiado breve!—… Si admiramos este capullo, que apenas deja ver la sonrisa de sus pétalos amarillo-rosas, ¿cómo podremos no lamentar el verle morir? ¡Ah, cuán asombrados quedarían los israelitas si me oyeran hablar de estas cosas!… Y es que también en esta criatura, en la flor, sentimos un algo que tiene vida, y nos duele presenciar su fin. Pero la planta es más sabia que nosotros: sabe que en el lugar en que se ha producido cada una de las heridas de un pezón cortado nacerá un nuevo rebrote que dará origen a una nueva rosa. Y ved que entonces nuestra inteligencia debe aprehender esta enseñanza y hacer del amor un poco sensual hacia la flor estímulo para un pensamiento más alto”. Plautina, que escucha atenta y seducida por el pensamiento elegante del Maestro israelita, pregunta: “¿Cuál, Maestro?”. Jesús: “Éste: que de la misma forma que la planta, mientras su raíz reciba alimento del suelo, no muere porque se le mueran algunos tallos, así la Humanidad tampoco muere porque un ser se cierre al vivir terreno, sino que siempre germinan nuevas flores; además, mientras que la flor —y éste es un pensamiento más alto aún, que nos mueve a bendecir al Creador— una vez muerta no vuelve a vivir, lo cual es motivo de tristeza—, el hombre cuando duerme su último sueño no está muerto, sino que posee una vida aún más radiante, pues recibe, en lo que constituye su parte mejor, de su Creador que lo formó, vida eterna y esplendor. ■ Por eso, Valeria, aunque tu niña hubiese muerto, no habrías perdido sus caricias: tu criatura —separada, pero no olvidada de tu amor— siempre habría besado tu alma. ¿Ves qué dulce es tener una fe en la vida eterna? ¿Dónde está ahora tu hijita?”. Valeria: “Tapada en aquella cuna. Nunca me habría separado de ella, porque el amor de mi marido y de mi hija eran los dos motivos de mi vida; pero ahora, que sé qué cosa es verla morir, no la dejo ni por un instante”. ■ Jesús se dirige hacia un asiento sobre el que está una especie de cuna de madera cubierta con  una rica colcha. Levanta la colcha para mirar a la niña que duerme, la cual, dulcemente, se despierta al sentir un aire más fresco. Sus ojitos se abren sorprendidos y una sonrisa de ángel se asoma por su boquita, mientras sus manitas, antes cerradas en puño, se abren con ansias de coger los cabellos ondulantes de Jesús; un gorjeo de pajarito parece venir de un discurso que tuviera en su cabecita; en fin, se oye, como un trino, la grande y universal palabra: “Mamá”. Jesús, apartándose para permitir que Valeria sin incline sobre la cuna, dice: “Tómala, tómala”. Valeria: “¡Te va a molestar!… Voy a llamar a una esclava para que le dé un paseo por el jardín”. Jesús: “¿Molestarme? ¡Oh no! Los niños jamás dan molestias. Son siempre mis amigos”. Plautina, que observa con qué sonrisas Jesús provoca a la niña para hacerla reír, pregunta: “¿Tienes hijos o sobrinos, Maestro?”. Jesús: “No tengo ni hijos ni sobrinos, pero amo a los niños, al igual que aprecio a las flores, porque son  puros y sin malicia. Trae, mujer, déjame a tu niña, que es para Mí muy dulce estrechar contra mi corazón un pequeño ángel”. Y se sienta con la niña; ella le observa y despeina la barba de Jesús; luego, se divierte más con la orla del manto y el cordón del vestido, a los que dedica un largo y misterioso discurso.
* Vuestros filósofos no pueden vivir en consonancia con su doctrina porque son ateos.  Los sabios, los verdaderos filósofos, intuyeron que había algo más y dedicaron un altar al Dios desconocido, sentido por ellos como verdadero. Vosotros llamáis dioses a lo que no es Dios. Sabed, pues, lo que es Dios para poderle conocer y honrar. Dios es Aquel que con su pensamiento creó de la Nada el Todo”.-  Plautina dice: “Nuestra buena y sabia amiga, una de las pocas que no se desdeña de tratar con nosotras y que, al mismo tiempo, no se corrompe a nuestro contacto, te habrá dicho que teníamos deseos de verte y oírte para juzgarte por lo que eres, porque Roma no cree en fábulas… ¿Por qué sonríes, Maestro?”. Jesús: “Después te lo diré. Prosigue”. Plautina: “Porque Roma no cree en fábulas y quiere juzgar con ciencia y con conciencia antes de condenar o exaltar. Tu pueblo te exalta y te calumnia con igual medida. Tus obras podrían hacerte exaltar; las palabras de muchos israelitas, a creerte poco menos que un delincuente. Tus palabras son solemnes y sabias como las de un filósofo. A Roma le gustan mucho las doctrinas filosóficas, aunque reconozco que nuestros filósofos actuales no tienen una doctrina satisfactoria, incluso porque su forma de vivir no está en consonancia con la doctrina”. Jesús: “No pueden vivir en consonancia con su doctrina”. Plautina: “Porque son paganos, ¿no es verdad?”. Jesús: “No. Porque son ateos”. Plautina: “¿Ateos? ¡Pero si tienen sus dioses!…”. Jesús: “Ni siquiera tienen esos, mujer. Te recuerdo a los antiguos filósofos, a los más grandes. Eran también paganos, y, a pesar de todo, ¡fíjate  qué elevación de vida tuvieron!: a pesar de convivir con el error —porque el hombre es arrastrado por el error—, cuando estuvieron frente a los misterios más grandes, la vida y la muerte, cuando estuvieron ante el dilema de honestidad o deshonestidad, virtud o vicio, heroísmo o cobardía, y vieron que si abrazaban el mal vendría desgracia a la patria y a los conciudadanos, entonces, con voluntad de gigante, se deshicieron de los tentáculos de los nefastos pulpos y, libres y santos, supieron amar el Bien a cualquier precio, este Bien que no es sino Dios”. ■ Plautina: “Se dice que Tú eres Dios. ¿Es verdad?”. Jesús: “Yo soy el Hijo del verdadero Dios, hecho Carne sigo siendo Dios”. Plautina: “Pero ¿qué es Dios? El más grande de los maestros, si te miramos a Ti”. Jesús: “Dios es mucho más que un maestro. No rebajéis la idea sublime de la Divinidad encerrándola en los límites de la sabiduría”. Plautina: “La sabiduría es una divinidad. Nosotros tenemos a Minerva, que es la diosa del saber”. Jesús: “Tenéis también a Venus, diosa del placer. ¿Cómo podéis admitir que un Dios, o sea, un ser superior a los mortales, tenga en grado perfecto todos los aspectos denigrantes de los mortales? ¿Cómo podéis pensar que un ser eterno tenga eternamente esos pequeños, mezquinos, humillantes placeres de quien dispone de una hora de tiempo, y que a ello reduzca la finalidad de su vida? ¿No pensáis en lo asqueroso que es ese Cielo al que llamáis Olimpo donde fermentan los extractos más acerbos del género humano? Si miráis a vuestro cielo, ¿qué veis?: lujuria, crímenes, odios, guerras, robos, embriagueces, engaños, venganzas. ¿Qué hacéis para celebrar las fiestas de vuestros dioses?: orgías. ¿Qué culto les dais? ¿Dónde está la verdadera castidad de las consagradas a Vesta? ¿En qué ley divina se basan vuestros pontífices para juzgar? ¿Qué palabras pueden leer vuestros augures en el vuelo de los pájaros, o en el ruido del trueno? ¿Qué respuestas pueden dar a vuestros arúspices las entrañas sangrientas de los animales sacrificados? Me acabas de decir hace un momento: «Roma no cree en historietas». Y entonces ¿por qué creéis que doce pobres hombres, haciendo dar una vuelta en torno a los campos a un cerdo, una oveja y un toro, e inmolándolos después, pueden atraerse a Ceres, si tenéis infinitas deidades, que se odian entre sí, y además vengativas, según creéis? No. Dios es muy distinto de eso. Es eterno, único y espiritual”. ■ Plautina: “Pero tú dices ser Dios y eres carne”. Jesús: “Hay un altar sin dios en la patria de los dioses. La sabiduría humana lo ha dedicado al Dios desconocido (1), porque los sabios, los verdaderos filósofos, intuyeron que había algo más detrás del escenario producido por esos eternos niños que son los hombres, cuyos espíritus están envueltos en el error. Ahora bien, si estos sabios —que intuyeron que tras el engañoso escenario había algo más, algo verdaderamente sublime y divino que ha hecho todo cuanto existe y de quien procede lo que hay de bueno en el mundo—, si esos sabios quisieron dedicar un altar al Dios desconocido, sentido por ellos como el verdadero Dios, ¿cómo es que vosotros llamáis dioses a lo que no es Dios, y afirmáis saber lo que en realidad no sabéis? Sabed, pues, lo que es Dios para poderle conocer y honrar. Dios es Aquel que con su pensamiento creó de la Nada el Todo”.
* “¿No es más dulce pensar que tu niña fue creada por Dios y está destinada a una 2ª vida que no muere, que decir que procede de una piedra?”.-Jesús: “¿Os puede convencer la fábula de las piedras que se transforman en hombres?, ¿os satisface? En verdad, hay hombres más duros y malvados que una piedra y piedras más útiles que ciertos hombres. Valeria, ¿qué te resulta más dulce, mirando a tu pequeñita, pensar: «Es una criatura que vive por voluntad de Dios, creada y formada por Él, dotada por Él de una segunda vida que no muere, de modo que seguiré teniendo a mi pequeña Fausta, y además para toda la eternidad, si creo en el Dios verdadero», en vez de decir: «Este cuerpecito de rosa, estos cabellos finísimos, estas pupilas serenas proceden de una piedra»; o también pensar: «Soy semejante en todo a la loba o a la yegua; me uno carnalmente como los animales, animalescamente engendro y crío; esta hija mía es fruto de mi instinto animalesco y es un animal como yo, y mañana, muerta ella y muerta yo, seremos dos cadáveres que habrán de descomponerse y oler, y que nunca jamás se habrán de volver a ver»? ¡Dime! Tu corazón de madre, ¿cuál de los dos razonamientos escogería?”. Valeria: “Desde luego el segundo no, Señor. Si hubiere sabido que Fausta no podía corromperse para siempre, mi dolor, cuando agonizaba, hubiera sido menos, pues habría dicho: «He perdido una perla. Pero todavía existe, y la volveré a encontrar»”.
* “Estoy seguro que la estima de Valeria por su hija se eleva ahora que sabe que tiene alma, una partecita de Dios que no muere… Lo mismo que, vuestra estima por las flores debe elevaros también hasta el Creador, que tras sucesivos “quiero” ordenó los elementos”.Jesús: “Tú lo has dicho. Cuando he llegado aquí, vuestra amiga me dijo que se admiraba de vuestra pasión por las flores, y temía que Yo me pudiera incomodar por ello. Le dije claramente: «A Mí también me gustan, así que nos podremos entender muy bien». Es más, quisiera elevar vuestra estima de las flores como hago con Valeria respecto a su hija, a la que —estoy seguro— otorgará aún mayores atenciones ahora que sabe que tiene alma, que es una partecilla de Dios (2) encerrada en su cuerpecito; una partecilla que no muere, y que su madre, si cree en el Dios verdadero,  volverá a encontrar en el Cielo. ■ Pues de la misma forma ahora vosotras observad esta espléndida rosa: la púrpura que embellece las vestiduras imperiales no es tan espléndida como este pétalo, que deleita no sólo los ojos, por su color, sino también el tacto, por su suavidad, y el olfato por su perfume. Y observad también esa otra… y ésa… y esa otra… la primera tiene el color de sangre; la segunda es como nieve reciente; y la tercera es oro pálido; la última parece como si reflejase esta dulce carita infantil que me sonríe apoyada sobre mi pecho. Se podría decir aún más: la primera se yergue rígida sobre un grueso tallo exento casi de espinas, rojizas sus hojas, como salpicadas de sangre; la segunda tiene a lo largo del tallo raras espinas en forma de gancho y opacas y pálidas hojas; la tercera es flexible como su junco y tiene hojas pequeñas y brillantes como si de verde cera se tratase; la última, con tantas espinas como tiene, parece estar impidiendo cualquier modo tocar su rosácea corola: parece una lima de agudísimas puntas. ■ Volved vuestro pensamiento hacia esta realidad, pensad: ¿quién he hecho todo esto? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En dónde? ¿Qué era este lugar en las noches de los tiempos?  No había nada. Existía sólo el moverse informe de los elementos. Dios dijo primero: «Quiero», y los elementos se separaron para reunirse por familias. Luego se oyó otro «quiero» y se dispusieron con orden: uno en otro (el agua entre las tierras); uno sobre otro (el aire y la luz sobre el planeta ya ordenado). Otro «quiero», y comenzaron a existir las plantas, y luego las estrellas, y los animales, y luego el hombre. Y Dios donó sin tacañería las flores y los astros, cual hermosos juguetes, para gozo del hombre, su predilecto, y por último le otorgó la alegría de procrear, no algo que muriese, sino algo que sobreviviese a la muerte por el don de Dios, que es el alma. Estas rosas son una manifestación más de la voluntad del Padre: su infinito poder se despliega en la infinidad de bellezas. ■ No he podido explicarme mejor porque vuestra inteligencia no lo puede aceptar. Espero sin embargo que, para ser la primera vez que nos encontramos, haya algún punto de comprensión. Ahora es vuestra alma la que debe trabajar con cuanto os he dicho. ¿Tenéis alguna pregunta que hacer? Hacedla. Estoy aquí para responder. La ignorancia no es vergüenza. Lo es persistir en ella cuando hay alguien que puede esclarecer las dudas”.
* “Dijiste que nuestros maestros no pueden tener una forma de vida buena porque son ateos. Pero creen… en el Olimpo”. “Ese creer suyo no es sino una forma externa. Mientras vuestros sabios han creído en aquel Dios desconocido han reflejado un poco de Dios pues el alma es espejo que refleja y eco que repite”.- ■ Dicho esto, Jesús, como si fuese el papá más experto, sale de la pequeña pérgola, llevando consigo a la pequeñita, que comienza a dar los primeros pasos y quiere ir hacia un surtidor que brilla al sol. Las mujeres se quedan donde estaban hablando entre sí en voz baja. Juana, en pugna con dos deseos, está en el umbral de la pérgola… Al final Lidia se decide, y después de ellas las otras, y va a donde Jesús, que ríe porque la niña pretende agarrar el sol reflejado en el agua y lo único que coge es luz, y, no obstante,  insiste una y otra vez con un gritito de pichoncito en sus labios rosa. ■ Lidia: “Maestro… no comprendo por qué dijiste que nuestros maestros no pueden tener una forma de vida buena porque son ateos. Creen en un Olimpo, pero creen…”. Jesús: “Ese creer suyo no es sino una forma externa. Mientras han creído firmemente, como los verdaderos sabios creyeron en Aquel desconocido del que os he hablado, en aquel Dios que, aunque sin nombre, satisfacía su alma que inconscientemente lo quería; mientras han dirigido su pensamiento a este Ser, muy superior, muy superior a los pobres dioses llenos de humanidad, y de baja humanidad, que el paganismo les ha dado; mientras han hecho esto, necesariamente han reflejado un poco de Dios: el alma es espejo que refleja y eco que repite”. Lidia: “¿Qué, Maestro?”. Jesús: “A Dios”. Lidia: “¡Gran palabra es ésa!”. Jesús: “Es una gran verdad”.
* “¿Dónde está el alma? El alma es incorpórea como este rayo de luz que tu Faustina quiere coger y no puede. Está en todo el hombre. En ella cabéis y cabe ella en vosotros… Y es visible en todo aquello que diferencia al hombre del animal”.- ■ Valeria, atraída con el pensamiento de la inmortalidad, pregunta: “Maestro, explícame, dónde está el alma de mi niña. Besaré ese lugar como un sagrario; la adoraré, porque es parte de Dios”. Jesús: “¡El alma! Es como este rayo de luz que tu Faustina quiere coger y no puede porque es incorpóreo, pero que existe, como podemos ver Yo, tú y tus amigas. De la misma forma, el alma es visible en todo aquello que diferencia al hombre del animal. Cuando tu niña te llegue a comunicar sus primeros pensamientos, ten en cuenta que esa inteligencia es su alma que se revela; cuando te llegue a amar, no ya con su instinto sino con su razón, piensa que ese amor es su alma. Cuando crezca bella a tu lado, no tanto de cuerpo sino de virtud, piensa que esa belleza es su alma. Y no adores al alma, sino a Dios, que es el Creador del alma; a Dios que, de toda alma buena, quiere hacer un trono”. Valeria: “Pero ¿dónde está esa cosa incorpórea y sublime: en el corazón, en el cerebro?”. Jesús: “Está en todo el hombre. En ella cabéis y cabe ella en vosotros. Cuando se separa, os convertís en cadáveres. Cuando muere, con algún delito que el hombre hubiese cometido, estáis condenados, os separáis para siempre de Dios”. ■ Plautina pregunta: “Luego ¿admites que el filósofo que nos llamó «inmortales», a pesar de ser pagano, tenía razón?”. Jesús:  “No es que lo admita. Voy más allá. Digo que es un artículo de fe. La inmortalidad del alma, o sea, la inmortalidad de la parte superior del hombre es el misterio más seguro y más consolador del acto de creer. Es el que nos asegura de dónde venimos y a dónde vamos, de quién somos y nos quita la amargura de cualquier tipo de separación”.
* Soy Dios y tengo alma pues he tomado naturaleza de Hombre. ¿Sabes por qué?… Tienes hambre de la verdad. Yo soy la Verdad. Ven a mi mesa. Mi palabra es pan hecho con verdad”.- ■ Plautina piensa profundamente —Jesús la observa, pero guarda silencio— y al final pregunta: “¿Y Tú tienes alma?”. Jesús le responde: “Por supuesto”. Plautina: “Pero ¿eres o no eres Dios?”. Jesús: “Soy Dios, ya te lo he dicho, pero por ahora he tomado naturaleza de Hombre. Y, ¿sabes por qué? Porque sólo con este sacrificio mío podía explicar los puntos que para vuestra razón son inalcanzables; y, después de haber destruido el error, liberando el pensamiento, liberar también al alma de una esclavitud que por ahora no te puedo explicar. Por ello he encerrado la Sabiduría en un cuerpo, la Santidad en un cuerpo: Yo esparzo por la tierra como una semilla la Sabiduría, como polen a los vientos; la Santidad se desparramará por el mundo en la hora de la Gracia, como si fuera quebrada la preciosa ánfora que la contenía,  y santificará a los hombres. Entonces el Dios desconocido será conocido”. ■ Plautina: “Pero si Tú ya eres conocido… Quien ponga en duda tu poder y tu sabiduría es un malvado o un mentiroso”. Jesús: “Soy conocido, pero es como si fuera solo un amanecer; al mediodía será cuando todos me conozcan”. Plautina: “¿Cómo será tu mediodía? ¿Un triunfo? ¿Lo veré yo?”. Jesús: “Verdaderamente será un triunfo, y tú lo presenciarás porque tienes náuseas de lo que conoces y apetito de lo que desconoces; tu alma tiene hambre”. Plautina: “¡Es verdad! Tengo hambre de la verdad”. Jesús: “Yo soy la Verdad”. Plautina: “Date, pues, a la hambrienta”. Jesús: “No tienes más que venir a mi mesa. Mi palabra es pan hecho con verdad”.
* Vuestro pensamiento, necesitando creer —la fe es el estado permanente del hombre—, se creó vuestro Olimpo”.-Lidia, llena de miedo, pregunta: “Pero ¿qué dirán nuestros dioses si los abandonamos? ¿No se vengarán de nosotras?”. Jesús: “Mujer: ¿has visto alguna vez una mañana de neblina? Los prados se pierden bajo una niebla que los esconde. Llega el sol y la niebla desaparece, y los prados resplandecen más bellos. Así también vuestros dioses; ellos no son sino neblina del pensamiento humano que, ignorando a Dios, pero al mismo tiempo necesitando creer —porque la fe es el estado permanente y necesario del hombre—, se ha creado este Olimpo, verdadera fábula sin fundamento alguno; vuestros dioses, de la misma forma, cuando salga el Sol, Dios verdadero, se esfumarán de vuestros corazones sin poder causar mal alguno porque no existen”. Plautina: “Será necesario que otra vez te escuchemos. Nos encontramos completamente ante lo desconocido. Todo lo que dices es nuevo”. Jesús: “¿Te da repulsa? ¿No lo puedes aceptar?”. Plautina responde clara: “No. Me siento más orgullosa de lo poquísimo que ahora sé —y que Cesar no sabe—, que de mi nombre”. Jesús: “Entonces persevera. Os dejo con mi paz”. Juana, poniéndose tristísima: “Pero ¿cómo? ¿No te quedas, Señor mío?”. Jesús: “No me quedo. Tengo mucho que hacer…”. Juana: “¡Oh que te quería contar mis penas!”. Jesús, que ya se estaba marchando tras el saludo respetuoso de las romanas, se vuelve y dice: “Ven hasta la barca y me contarás tus penas”. Juana viene con Jesús y le dice: “Cusa me quiere enviar por algún tiempo a Jerusalén. Esto me duele. Lo hace porque no me quiere seguir viendo relegada, ahora que estoy curada…”. Jesús: “También tú te creas neblinas inútiles”. (Jesús tiene un pie sobre la barca). “Si pensases que así puedes recibirme en tu casa o seguirme con mayor facilidad, estarías contenta, y dirías: «La Bondad ha pensado en nosotros»”. Juana: “¡Oh… es verdad, Señor mío! No había reflexionado en ello”. Jesús: “Así, pues, obedece como buena esposa. Tu obediencia te aportará el premio de tenerme para la próxima Pascua, y el honor de ayudarme a evangelizar a tus amigas. La Paz sea contigo”. La barca se separa y todo termina. (Escrito el 19 de Mayo de 1945).
··········································
1  Nota  : La sabiduría humana  lo ha dedicado al Dios desconocido.  Cfr. Hechos 17,16-34.    Nota  : María Valtorta introdujo la siguiente nota en la que explica: «Partícula» o «Partecilla de Dios» no significa «pedazo de Dios» (sentido panteísta) infundido en nosotros, sino como «lugar-trono», «sede» infundida o «espirada» (por el «soplo de la vida» de que habla el Génesis 2,7) por Dios; por lo tanto, cosa procedente de Dios y que al hombre le viene de Dios. S. Tomás de Aquino la llama «una capacidad de Dios» que Dios llena de Sí mismo, para que  participemos de su vida divina”. ■ Aquí, pues, no tiene sentido panteístico, sino indica sencillamente la participación de la perfección divina por la creación. De hecho en este último parágrafo, más abajo se lee «no adorar el alma sino a Dios su creador. A Dios que de cada alma buena se complace en hacerse un trono». Esto se dice como respuesta a la interpretación panteística de Valeria: «… el alma… la adoraré, porque es parte de Dios».
.                                        ——————–000——————–

3-170-74 (3-30-161).- Sermón de la Montaña.- Bienaventuranzas (1).- El alimento del alma: la Sabiduría (poseerla) y la Justicia (conocerla).
* Introducción. ■ Jesús sube un poco más alto que el prado, que es el fondo del valle, y empieza a hablar: “Muchos, durante este año de predicación, me han planteado esta cuestión: «Pero Tú que te dices ser el Hijo de Dios, explícanos lo que es el Cielo, lo que es el Reino y lo que es Dios, porque no tenemos ideas claras. Sabemos que hay Cielo con Dios y con los ángeles. Pero nadie ha venido a decirnos cómo es, pues está cerrado aun a los justos».  Me han preguntado también qué es el Reino y qué es Dios. Yo me he esforzado en explicároslo, no porque me resultara difícil explicarme, sino porque es difícil, por un conjunto de factores, haceros aceptar una verdad que, por lo que se refiere al Reino, choca contra todo un edificio de ideas acumuladas durante siglos, una verdad que, por lo que se refiere a Dios, se topa con la sublimidad de su Naturaleza. ■ Otros me dijeron: «De acuerdo, esto es el Reino y esto es Dios. Pero ¿cómo se conquistan?». También en este punto he tratado de explicaros sin cansarme, cuál es la verdadera alma de la Ley del Sinaí; quien hace suya esa alma hace suyo el Cielo.  Pero, para explicaros la Ley del Sinaí, es necesario hacer llegar a vuestros oídos el potente trueno del Legislador y de su Profeta, los cuales, si bien es cierto que prometen bendiciones a los que la observen, amenazan, amenazadores, duras penas y maldiciones a los que no la obedecen. La aparición del Sinaí fue terrible (2); su carácter terrible se refleja en toda la Ley, halla eco en los siglos, se refleja en todas las almas… ■ Ahora me decís: «¿Cómo se conquista a Dios y su Reino por un camino más dulce que no sea el duro del Sinaí?». No hay otro. Es éste. Pero mirémoslo no a través del color de las amenazas, sino a través el amor. No digamos: «¡Ay de mí, si no hiciere esto!» quedando temblorosos ante la posibilidad de pecar, de no ser capaces  de no pecar. Sino digamos: «¡Bienaventurado de mí si hago esto!» y con el empuje de la alegría sobrenatural, gozosos, lancémonos hacia estas bienaventuranzas que nacen al observar la Ley, como nacen las corolas de las rosas de entre un montón de espinas. Bienaventurado si…
* (4ª)«Bienaventurado si tengo hambre y sed de justicia». Desde su nacimiento hasta su muerte, el hombre busca el alimento. Al nacer abre su boquita para coger el pecho; abre los labios, cuando le oprime la agonía, para tragar algo que le alivie. Trabaja para alimentarse. Hace de la tierra un lugar del que absorbe su sustento sin cansarse. Pero ¿qué es el hombre? ¿Un animal? No, es un hijo de Dios. Está en el destierro por pocos o muchos años, y su vida no termina al cambiar de domicilio. Hay una vida en la vida, de la misma manera que en la nuez está la pulpa; la nuez no es la cáscara, la pulpa interna es la nuez: si sembráis una cáscara de nuez no nace nada, pero si sembráis la cáscara con la pulpa nace un árbol grande. Pues así es el hombre: no es la carne la que viene a ser inmortal, sino el alma, que deber ser alimentada para que llegue a la inmortalidad, a la que ella, por amor, llevará a la carne en la resurrección bienaventurada. ■ El alimento del alma son la Sabiduría y la Justicia, las cuales se incorporan a ella como alimento líquido y sólido y la fortalecen, y cuanto más se gustan, tanto más crece la santa avidez de poseer la Sabiduría y de conocer la Justicia. Llegará, de todas formas, un día en que el alma, insaciable con esta santa hambre, será saciada; llegará. Dios se dará a su hijo, se le llevará directamente a su pecho y el nuevo hijo del Paraíso se saciará con esa Madre admirable que es el mismo Dios, y no volverá a sentir jamás hambre, sino que descansará feliz sobre el pecho divino. ■ Ninguna ciencia humana equivale a esta ciencia divina. La curiosidad de la inteligencia puede extinguirse, pero la del espíritu no; es más, si el sabor es distinto, el espíritu siente desagrado y separa la boca del pecho amargo, prefiriendo sufrir el hambre antes que llenarse de comida que no venga de Dios. ¡No tengáis miedo, vosotros, sedientos o hambrientos de Dios! Sed fieles, y el que os ama os saciará”. (Escrito el 24 de Mayo de 1945).
·········································
1  Nota  : Cfr. Mt. 5,1-12; Lc. 6,20-23.   2  Nota  : Cfr. Éx. 19,24; Deut. 4,41-6,25.
.                                        ——————–000——————–

3-204-287 (3-65-387).- La fe y el alma explicadas a los paganos, con la parábola de la construcción de los templos.
* Buena disposición de los romanos para comprender la fe de Jesús… “pero primero debo demoler la suya”.-El descanso del sábado Jesús lo está pasando cerca de un campo de lino todo florecido, propiedad  de Lázaro. Más que estar junto al campo, yo diría que está sumergido entre el alto lino. Sentado en el borde de un surco, se sumerge en sus pensamientos. Cerca de Él no hay sino alguna silenciosa mariposa o alguna rumorosa lagartija que le mira con sus ojitos de color amarillento, levantando su cabecita triangular y dejando ver su garganta blanquecina y palpitante. Fuera de esto, nada más. En la tarde caliente, calla hasta el más mínimo soplo de viento por entre los altos tallos de lino.  De lejos, tal vez del jardín de Lázaro, se oye la canción de una mujer, y con ella los gritos alegres del niño, que juega con alguien. Después, una, dos, tres voces: “¡Maestro! ¡Jesús!”. Jesús sale bruscamente de su ensimismamiento y se levanta. A pesar de que el lino, ya completamente crecido, esté muy alto, Jesús descuella ampliamente por encima de este mar verde y azul del lino. Zelote grita: “¡Ahí está, Juan!”. Y Juan a su vez dice: “¡Madre, el Maestro está aquí, en el lino!”. Y mientras Jesús se acerca al sendero que lleva a la casa, llega María. “¿Qué quieres, Mamá?”. Virgen: “Hijo mío han llegado unos gentiles con mujeres. Dicen que Juana de Cusa les dijo que estabas aquí. Dicen también que te han estado esperando durante estos días cerca de la Antonia…”. Jesús: “¡Ah! Muy bien. Voy enseguida. ¿En dónde están?”. Virgen: “En casa de Lázaro, en su jardín. A Lázaro le estiman los romanos; y él, por su parte, no siente el desprecio que nosotros sentimos. Les dijo que entrasen con sus carros, en el amplio jardín para no escandalizar a nadie”. ■ Jesús: “Está bien, Madre. Son soldados y damas romanas. Lo sé”. Virgen: “¿Y para qué te quieren?”. Jesús: “Buscan la Luz, más que muchos de Israel”. Virgen: “Pero ¿cómo creen en Ti?  ¿Qué te creen: Dios, quizás?”. Jesús: “A su manera sí. Para ellos, más que para nosotros, es fácil aceptar la idea de que un Dios se encarne en un hombre”. Virgen: “Entonces ¿han llegado a creer en tu fe?”. Jesús: “Todavía no, Mamá. Primero debo demoler la suya. Por ahora soy para ellos un hombre sabio, un filósofo, como ellos dicen. De todas formas, tanto este deseo de conocer doctrinas filosóficas, como su tendencia a creer posible la encarnación de un dios, me ayudan mucho a conducirlos a la verdadera fe. Créeme, son más sencillos en su modo de pensar que muchos de Israel”. Virgen: “Pero, ¿serán sinceros? Se dice que el Bautista…”. Jesús: “No. Si de ellos hubiera dependido, Juan estaría libre y seguro. Dejan tranquilos a todos, con tal de que no sean rebeldes. Aún más, te diré que con ellos el hecho de ser profeta —usan la palabra «filósofo» porque la elevación propia de la sabiduría sobrenatural es igualmente filosofía para ellos— es una garantía de que te respetarán. No te preocupes, Mamá, que el mal no me vendrá  por ese lado…”. Virgen: “Pero los fariseos… Si vienen a saberlo, ¿qué dirán de Lázaro?… Tú… eres Tú y debes manifestar la Palabra al mundo. ¡Pero Lázaro!… ya de por sí le ofenden mucho…”. Jesús: “Pero es intocable. ¡Saben que Roma lo protege!”. Virgen: “Te dejo, Hijo. Viene Maximiliano para llevarte a donde están los gentiles”. Y María, que iba caminando al lado de Jesús durante todo este tiempo, ahora se separa, ligera, y se va en dirección de la casa de Zelote (1). Jesús, por su parte, entra por una puertecilla de hierro abierta en el muro que rodea el jardín, en una parte alejada, en que ya no es jardín sino pomar, es decir, cerca del lugar, donde un día no lejano, será enterrado Lázaro. ■ Ahora está allí Lázaro, nadie más: “Maestro, he tomado la iniciativa de acogerlos en mi casa…”. Jesús: “Hiciste bien. ¿Dónde están?”. Lázaro: “Allá, a la sombra de aquellos bojes y laureles. Como ves, están separados de la casa a no menos de quinientos pasos”. Jesús: “Está bien. Está bien. Que la Luz llegue a todos vosotros”. Quintiliano, vestido de azul, dice: “¡Salve, Maestro!”. Las damas se ponen en pié para saludar. Son Plautina, Valeria y Lidia, y otra, una anciana, que no sé ni quién ni qué es, o sea, si es del mismo rango o inferior; están todas vestidas de una manera sencilla y nada las distingue. Quintiliano: “Hemos venido porque queríamos oírte hablar. No has venido nunca. Estaba de guardia cuando llegaste, pero no te he visto nunca”. Jesús: “Yo tampoco he visto nunca en la Puerta de los Peces a un soldado amigo mío. Se llama Alejandro…”. Quintiliano: “¿Alejandro?… No sé exactamente si es él, pero sé que hace tiempo, tuvimos que retirar, para calmar a los judíos, a un soldado acusado.. de… haber hablado de Ti. Ahora está en Antioquía. Pero tal vez regrese. ¡Caray, qué molestos son esos… los que quieren mandar incluso ahora que están sometidos! Y no hay más remedio que moverse con maña para no provocar cosas más graves… Nos hacen la vida difícil, créelo… Sin embargo, Tú eres bueno y sabio. ¿Nos diriges unas palabras? Tal vez pronto tengo que irme de Palestina, quisiera llevarme conmigo algo tuyo para recordar”.
* La fe se construye como se construyen los templos… Dios está presente donde haya vida y manifestación de ella… hasta en el zumbido de un mosquito. Él se basta a Sí mismo aunque se ocupe de todas las cosas creadas, que viven porque Él continuamente lo quiere.  Porque es infinito y potentísimo: es la Perfección. Él es el Amor y vive amando. Su vida es el Amor continuo.Jesús: “Os hablaré. Sí. Jamás desilusiono a alguien. ¿Qué queréis saber?”. Quintiliano mira con ojos interrogativos a las mujeres. Valeria dice: “Lo que Tú quieras, Maestro”. Plautina se pone en pié nuevamente y dice: “He pensado mucho… tengo tanto que saber… todo, para poder juzgar. Pero si es lícito preguntar, querría saber cómo se construye una fe, la tuya por ejemplo, sobre un terreno que dijiste que está privado de la fe verdadera. Dijiste que nuestras creencias son vanas. Si es así nos quedamos sin nada. ¿Cómo se podrá llegar a tener fe?”. Jesús: “Tomaré como ejemplo una cosa que tenéis: los templos. Vuestros edificios sagrados, verdaderamente bellos, cuyo único defecto es el hecho de estar dedicados a la Nada, os pueden enseñar cómo se puede llegar a tener una fe y dónde colocarla. Observad: ¿Dónde los construís?, ¿qué lugar se escoge para su construcción?, ¿cómo los construís? El lugar, generalmente, es espacioso, abierto y elevado; para este fin incluso se derriba lo que estorba o aprisiona; y, si no es un lugar elevado, se le levanta sobre un estereóbato más elevado del común de tres gradas que se usa para los templos que ya de por sí se construyen sobre un lugar elevado. Están rodeados de muros sagrados, por lo general, y formados por columnatas y pórticos. Dentro están los árboles consagrados a los dioses, hay fuentes y altares, estatuas y estelas. Generalmente los precede el propileo, pasado el cual se yergue el altar donde se recitan las plegarias a la divinidad; frente al altar, está el lugar del sacrificio, porque el sacrificio precede a la plegaria. Muchas veces, sobre todo en los templos más suntuosos, un peristilo los rodea con una guirnalda de mármoles preciosos. En su interior está el vestíbulo anterior, externo o interno respecto al peristilo, la habitación de la divinidad, el vestíbulo posterior… Mármoles, estatuas, frontones, sotabancos, tímpanos, todo limpio, de gran valor, perfectamente decorados,  hacen del templo un edificio muy digno para todos, incluso para los ojos más incultos. ¿No es así?”. Plautina dice alabando: “Así es Maestro. Los has visto y estudiado bien”. Quintiliano exclama: “Pero ¡si nos consta que jamás has salido de Palestina!”. ■ Jesús: “Nunca he salido para ir a Roma o a Atenas, pero no ignoro la arquitectura griega o romana. En el genio del hombre que decoró el Partenón estaba Yo presente porque Yo estoy dondequiera haya vida y manifestación de ella; dondequiera que un sabio piense, un escultor esculpa, un poeta componga, una madre cante sobre una cuna, un hombre trabaje los surcos, un médico luche contra las enfermedades, un ser vivo respire, un animal viva, un árbol vegete, allí estoy Yo, junto con Aquel de quien procedo. En el estruendo del terremoto o el fragor de los rayos, en la luz de las estrellas o en el curso del movimiento de los mares, en el vuelo de las águilas y en el zumbido del mosquito estoy Yo con Él, el Altísimo Creador”. Quintiliano pregunta: “Luego… Tú… ¿Tú conoces todo? ¿El pensamiento y las obras humanas?”. Jesús: “Así es”. Los romanos se miran estupefactos. ■ Se produce un largo silencio. Luego tímidamente Valeria dice: “Expón tu pensamiento, Maestro, para que sepamos qué debemos hacer”. Jesús: “Sí. La fe se construye como se construyen los templos de los que estáis orgullosos. Se busca espacio al templo, se busca que quede libre, que quede en alto”.  Plautina pregunta: “Pero ¿y el templo para colocar la fe, esa deidad verdadera, dónde está?”. Jesús: “La fe no es una deidad, Plautina. Es una virtud. No hay deidades en la fe verdadera. Hay un único y verdadero Dios”. Plautina: “¿Entonces… está Él allá arriba, solo, en su Olimpo? Y, ¿qué hace si está solo?”. Jesús: “Se basta a Sí mismo, aunque se ocupa de todas las cosas creadas. Te he dicho antes que hasta en el zumbido del mosquito está Dios presente. No se cansa, no lo dudes. No es un hombre pobre, dueño de un inmenso imperio en que se siente odiado, y en el que vive temblando. Él es el Amor, y vive amando. Su vida es el Amor continuo. Se basta a Sí mismo porque es infinito y potentísimo; es la Perfección. Y tantas son las cosas creadas, las cuales viven porque Él continuamente lo quiere, que no tiene tiempo de aburrirse. El aburrimiento es el fruto del ocio y del vicio. En el Cielo del verdadero Dios no hay ni ocio ni vicio. Pronto va a tener, además de los ángeles que ahora le sirven, un pueblo de justos que en Él exultarán, y este pueblo irá creciendo cada vez más con los futuros creyentes en el Dios verdadero”.
* Razón por la que Roma había creado sus «genios».-  ■ Lidia pregunta: “¿Los ángeles son los genios?”. Jesús:  “No, son seres espirituales como lo es Dios, que los creó”. Lidia: “¿Y los genios qué son entonces?”. Jesús: “Como vosotros los imagináis son una falsedad. No existen. Lo que pasa es que, por esa necesidad instintiva que experimenta el hombre de buscar la verdad, también vosotros habéis sentido que el hombre no es solo carne y que una realidad inmortal está unida a su cuerpo perecedero. El hombre busca la verdad aguijoneado por el alma, que vive y que está presente también en los paganos, aunque atribulada porque en ellos su deseo está ahogado, porque se siente hambrienta en su nostalgia del Dios verdadero, que solo ella recuerda, en ese cuerpo en que habita, gobernado por una mente pagana. ■ Y de la misma forma que el cuerpo está unido al alma, pensáis que las ciudades y las naciones posean también algo inmortal.  Por esta razón creéis, sentís la necesidad de creer, en los «genios»;  y os dais el genio individual, el de la familia, el de la ciudad, el de las naciones… Así, tenéis el «genio de Roma», «el genio del emperador», y los adoráis como divinidades menores. Entrad en la fe verdadera: conoceréis a vuestro ángel, seréis amigos de él y le veneraréis, aunque sin adorarle, porque solo a Dios se le adora”.
* “La necesidad de creer, aguijón del alma, es más fuerte que la de respirar. Aun quien dice no creer, cree”.- ■ Interviene Quintiliano: “Has dicho: «Aguijón del alma, que vive y que está presente aun en los paganos, atribulada en ellos, porque  su deseo se halla engañado». Pero ¿de quién procede el alma?”. Jesús: “De Dios. Él es su Creador”. Quintiliano: “¿No nacemos entonces de una mujer por sus relaciones matrimoniales con el hombre? También nuestros dioses han sido engendrados de este modo”. Jesús: “Vuestros dioses no existen. Son fantasmas de vuestro pensamiento que tiene necesidad de creer. Porque esta necesidad es más imperiosa que la de respirar. Aun quien dice que no cree, cree. En alguna cosa cree. Solo el hecho de decir. «No creo en Dios» presupone otra fe, tal vez en sí mismo, o en su inteligencia soberbia. De creer, siempre se cree. Es como el pensamiento. Si decís vosotros: «No quiero pensar» o también «No creo en Dios», con el simple hecho de decir estas dos frases manifestáis vuestro pensamiento de no querer pensar, o de no querer creer en Aquel que sabéis que existe. ■ Y acerca del hombre, para ser exactos en la expresión del concepto, debéis decir: «El hombre es engendrado como todos los animales, al unirse el hombre y la mujer. Pero el alma, o sea, lo que diferencia al animal-hombre del animal-bruto, viene de Dios, que la crea cada vez que un hombre es engendrado, o mejor, es concebido,  en un seno y la injerta en esta carne que, de otro modo, sería sólo animal»”. Quintiliano, irónico, dice: “¿Nosotros la tenemos? ¿Nosotros los paganos? Según lo que dicen tus connacionales, no lo parece…”.  Jesús: “Todo nacido de mujer tiene alma”.
* Si el pecado mata al alma, ¿cómo vive entonces en los paganos? ¿Y sufre porque se acuerda de Dios?” “El alma no es un animal, el embrión, sí”.- ■ Plautina pregunta: “Pero Tú has afirmado que el pecado la mata. ¿Cómo, entonces vive en nosotros, pecadores?”. Jesús: “Vosotros no pecáis contra la fe, pensando que estáis en la Verdad. Cuando la conozcáis y persistáis en el error, entonces, cometeréis pecado. De igual modo, muchas cosas que para los israelitas son pecado, para vosotros no lo son, porque ninguna ley divina las prohíbe. El pecado existe cuando uno conscientemente se rebela contra la orden de Dios y dice: «Sé que lo que hago está mal, pero lo quiero hacer de todas formas». Dios es justo. No puede castigar a quien hace el mal creyendo hacer el bien. Castiga a quien, habiendo tenido modo de conocer el bien y el mal, escoge esto último y persiste en él”. Plautina: “¿Luego el alma está en nosotros, viva y presente?”. Jesús: “Sí”. ■ Plautina: “¿Y sufre? ¿Pero crees de veras que ella se acuerda de Dios? Nosotros no nos acordamos del seno que nos llevó, no podríamos decir cómo estaba hecho. El alma, si no he entendido mal, es engendrada espiritualmente por Dios. ¿Puede acaso acordarse de esto último, si el cuerpo no se acuerda de su larga permanencia en el seno materno?”. Jesús: “El alma no es un animal, Plautina. El embrión, sí. El alma es a semejanza de Dios eterna y espiritual; eterna desde el momento en que es creada; sin embargo, Dios es el Pefectísimo Eterno, y, por esto no tiene principio en el tiempo, como no tendrá fin. El alma, reluciente, inteligente, espiritual obra de Dios, recuerda (2)… y, sufre porque desea a Dios, al Dios verdadero de quien procede… y tiene hambre de Dios. Esta es la razón de por qué aguijonea al cuerpo, que tardo trata de acercarse a Dios”.
* Almas de paganos y de justos, iguales por origen, distintos por formación… Las 3 fases del alma”.- ■ Plautina pregunta: “Entonces ¿tenemos también un alma exactamente igual a la de los israelitas que llamáis «justos»?”. Jesús: “No. Plautina. Cambia, según a lo que te refieras. Si te refieres a su origen y su naturaleza, es igual completamente a la de nuestros santos; si te refieres a la formación, entonces te diré que es distinta; si después te quieres referir a la perfección que alcanza antes de la muerte, entonces la diferencia puede ser absoluta. No obstante, esto no sucede sólo con vosotros, paganos, también un hijo de este pueblo puede ser absolutamente distinto de un santo en la vida futura. El alma experimenta tres fases. La primera es de su creación; la segunda, de nueva creación; la tercera, de perfección. La primera es común a todos los hombres. La segunda es propia de los justos que con su voluntad llevan a su alma a un nuevo nacimiento más completo, uniendo sus buenas acciones a la bondad de la obra de Dios; y de este modo edifican un alma que ya es espiritualmente más perfecta que la primera: son así eslabón entre la primera y la tercera. Ésta, la tercera, es propia de los bienaventurados, o santos si preferís así llamarlos, los cuales han superado en miles de grados a su alma inicial, que es propia del hombre, y han hecho de ella apta para reposar en Dios”.
* Modo de dar espacio, libertad y elevación al alma. ■  Plautina: “¿Y cuál es el modo de dar espacio, libertad y elevación al alma?”. Jesús: “Derribando las cosas inútiles que tenéis en vuestro yo; liberándolo de todas las ideas erróneas; construyendo, con los escombros resultantes de esta demolición, la elevación para el templo soberano. Se ha de conducir al alma cada vez más arriba subiendo los tres peldaños. ¡Oh, a vosotros los romanos os gustan los símbolos! Ved los tres peldaños a la luz del símbolo. Pueden deciros sus nombres: penitencia, paciencia, constancia; o: humildad, pureza, justicia; o: sabiduría, generosidad, misericordia; o, en fin, el trinomio sin par: fe, esperanza y caridad. ■ Fijaos qué simbolizan los muros que, ornamentados y al mismo tiempo resistentes, rodean el área del templo. Es necesario saber circundar al alma, reina del cuerpo, templo del Espíritu Eterno, con una barrera que la defienda, sin quitarle la luz, y no agobiarla con la visión de cosas inmundas. Sea muralla segura, y cincelada con el deseo del amor para, quitando las cosas inferiores: la carne y la sangre, formar lo superior, el espíritu. Cincelar con la voluntad: hacer desaparecer esquinas, resquebraduras, manchas, vetas malformadas, del mármol de nuestro yo, para que sea perfecto en torno al alma. Y al mismo tiempo hacer, de la muralla que habrá de proteger al templo, misericordioso refugio para los desdichados que no conocen lo que es Caridad. ■ ¿Y los pórticos?: la expansión del amor, la piedad, el deseo de que otros vayan a Dios; son semejantes a esos brazos amorosos que se abren para amparar la cuna de un huérfano. En el interior del recinto están, como ofrenda al Creador, los más hermosos y más perfectos árboles. Sembrad en el terreno que antes estaba desnudo, cultivad luego estos árboles, que son las virtudes de todo tipo, segundo círculo protector, fresco y florido, alrededor del sagrario; y, entre los árboles, entre las virtudes, las fuentes (que son también amor, purificación), antes de acercarse ■ al propileo, junto al cual, antes de subir al altar, se debe hacer el sacrificio de la carnalidad, vaciarse de toda lujuria. Y luego, seguir más adentro, hasta el altar, para depositar la ofrenda, y seguir, atravesando el vestíbulo, hasta donde está la celda Dios. ¿Qué será esta morada?: abundancia de riquezas espirituales, porque ninguna cosa es demasiado como marco para Dios. ■ ¿Habéis comprendido esto? Me habéis pedido que os explique cómo se construye la fe. Os he respondido: «Según el método con que se alzan los templos». Como podéis observar, es así. ¿Tenéis otra cosa que preguntarme?”. Plautina: “No, Maestro. Creo que Flavia escribió lo que dijiste. Claudia (3) las quiere saber. ¿Las escribiste?”. La mujer, que entrega las tablas enceradas, dice: “Al pie de la letra”. Plautina: “Las tendremos para poder leerlas”. Jesús: “Es cera. Se borra. Escribidlas en el corazón. Nunca se borrarán”. Plautina dice con un suspiro: “Maestro, están ocupados por una serie de templos inútiles, contra los cuales, sí, lanzamos tu Palabra para demolerlos, pero es un trabajo largo”. Y luego: “Acuérdate de nosotros en tu Cielo…”. Jesús: “Marchaos con la seguridad de que lo haré. Os dejo. Tened en cuenta que vuestra venida me ha hecho feliz. Adiós, Publio Quintiliano, acuérdate de Jesús de Nazaret”. Las mujeres saludan y son las primeras en retirarse. Después, pensativo, Quintiliano. Jesús los mira mientras se van en compañía de Maximino, que los acompaña hasta sus carros. (Escrito el 29 de Junio de 1945).
········································
1  Nota  :  Casa de Simón Zelote en Betania.- Durante el período en que Simón Zelote, acusado y proscrito como leproso, anduvo errante en continua huída —antes de conocer a Jesús—, fue Lázaro quien, amparándose en el favor de Roma, le conservó esta propiedad de Betania. Zelote, después de su curación por Jesús, se hizo cargo nuevamente de la misma, donde un fiel sirviente suyo vivía y la guardaba.  Mas una vez hecho apóstol de Jesús, la puso en venta para, ya “sin ataduras humanas, servir solo al Maestro”. El propio Lázaro, a quien Simón le encargó la venta, la compró, sin revelar la iden­tidad del comprador, al precio fijado y en las condiciones estipuladas por Zelote. Una de las condiciones se refería a la permanencia, hasta la muerte, de su sirviente en la casa.  Lázaro, sin embargo, nunca la consideró suya.   Nota  : “El alma… recuerda”. La teoría del “recuerdo de las almas” a que se hace alusión aquí,  en el episodio 4-290-412 será  profundizada. Otra nueva alusión, con nota de María Valtorta, se encontrará en 6-428-433 y en los «Cuadernos de 1945-1950» en el dictado 47-296 y  sobre todo en el 47-302.   3  Nota  : Claudia: Cfr. Personajes de la Obra magna: Romanos/as.
.                                      ——————–000——————–

4-283-365 (5-147-941).- Síntica (1) habla de su encuentro con la Verdad.
* Síntica a través de su cultura helénica supo percibir que: más allá de esta vida había un lugar que nos uniría de nuevo… que las almas de los muertos no se ven imposibilitadas para ayudar a las almas de los vivos.- ■ Jesús está sentado en el patio interior de pórticos de la casa de Betania, el patio que vi abarrotado de discípulos la mañana de la Resurrección de Jesús. Sentado en un asiento de mármol cubierto de almohadones, apoyadas sus espaldas contra la pared de la casa, rodeado por los dueños de ésta, por los apóstoles y los discípulos Juan y Timoneo, más José y Nicodemo, y por las pías mujeres, está escu­chando a Síntica, la cual, erguida, frente a Él, parece estar respondiendo a alguna pregunta suya. Todos, más o menos interesados y en distintas posturas (quién sentado en asientos, quién sentado en el suelo, quién de pie, quién apoyado en las columnas o en la pared), escuchan. ■ “…era una necesidad. Para no sentir todo el peso de mi condición. Significaba no convencerme, un no querer convencerme de estar sola, de ser esclava, de estar exiliada de la patria. Pensar que mi madre; mis hermanos, que mi padre e Ismene, mi hermana, tan tierna y dulce, no estaban perdidos para siempre; sino que, a pesar de que todo el mundo insistía con saña en separarnos, como Roma, que nos había dividido siendo libres y nos había vendido como a bestias de carga, un lugar, más allá de esta vida, nos uniría de nuevo. Pensar que no es sólo materia nuestro vivir, materia que se encadena, sino que dentro de ella hay una fuerza libre que ninguna cadena puede encadenar excepto la cadena volun­taria del vivir en el desorden moral y en la crápula material. Vosotros a esto lo llamáis «pecado». Aquel y aquellos que eran mi luz en la oscuridad de mi noche de esclava lo definen de otra mane­ra. Pero ellos también admiten que un alma esclavizada al cuerpo por las pasiones malas y corporales no alcanza lo que vosotros llamáis Reino de Dios y nosotros convivencia en el Hades con los dioses. Pa­ra ello, es necesario abstenerse de caer en la materialidad, esforzarse por alcanzar la libertad respecto al cuerpo, dándonos a nosotros mis­mos un patrimonio de virtud para obtener una feliz inmortalidad y el poder juntarnos de nuevo con los propios seres queridos. ■ Pensar que las almas de los muertos no se ven imposibilitadas para ayudar a las almas de los vivos, y sentir, por tanto, junto a una misma el alma materna, encontrar de nuevo su mirada y su voz ha­blándole al alma de su hija, y poder decir: «Sí, madre. Por ir a donde estás, sí. Por no afligir tu mirada, sí. Por no poner lágrimas en ti, sí. Por no entristecerte en el Hades en que vives en paz, sí. Por todo esto mantendré mi alma libre: la única propiedad que tengo y que nadie me puede arrebatar, y que quiero conservar pura para poder razonar según virtud». ■ Pensar así era para mí libertad y alegría. Y así quise pensar. Y obrar. Por­que pensar pero luego obrar con incoherencia respecto al pensamiento no es sino una filosofía a medias y falsa. Pensar así significaba cons­truirse de nuevo una patria incluso en el exilio, una patria en el ser íntimo de uno, con sus altares, su fe, su instrucción, sus afectos… Y una patria grande, misteriosa, y al mismo tiempo no misteriosa, por ese «algo» de misterioso que hay en el alma, que sabe que no desconoce el más allá, a pesar de que al presente lo conozca sólo como un mari­nero conoce desde plena alta mar en una mañana brumosa los detalles de la costa, es decir, confusamente, en boceto, sólo con algún que otro punto netamente delineado, mas suficiente, suficiente para el cansado navegante perseguido por las borrascas, que puede decir: «allí está el puerto, allí la paz». La patria de las almas, el lugar de origen… el lugar de la Vida. Porque la vida se engendra de la muer­te…”.
*  Síntica supo resolver el teorema de la Vida y de la Muerte con un dato dado por Jesús: ¡existe el verdadero Dios y único Creador de todo! Él hizo escribir en los hombres más sabios aquellas verdades que son religión moral, “no divina como la tuya”, capaz de mantener vivas a las almas… “Y desde ese momento  comprendí que la Vida empieza cuando la muerte nos da a luz… y busqué la Verdad”.-Síntica: “¡Oh, entendía esto a medias, hasta que vine a saber una cosa que Tú habías dicho! Después… después fue como si un rayo de sol hirie­ra el diamante de mi pensamiento. Todo fue luz, y entendí hasta qué punto acertaban los maestros de Grecia, y cómo después, a falta de un dato, uno sólo, para resolver con equidad el teorema de la Vida y la Muerte, erraban. El dato era: ¡existe el verdadero Dios, Señor y Creador de todo cuanto hay! ¿Puedo nombrarle con estos labios míos paganos? Sí, sí puedo. Porque de Él vengo, como todos. Porque ha puesto capacidad en las mentes de los hombres todos, y en los más sabios una inteligencia superior, en virtud de la cual verdaderamente muéstranse semidio­ses, como dotados de un poder más que humano. Puedo nombrarle, porque Él les hizo escribir aquellas verdades que son ya religión, si no divina como la tuya, moral, capaz de mantener «vivas» a las almas no durante este espacio de tiempo que dura la estancia aquí en la tierra sino siempre. Después entendí lo que quería decir: «la vida nace de la muerte». El que lo dijo estaba no como uno totalmente ebrio, pero sí con la inteligencia demasiado cargada para entender. Dijo una frase sublime, pero no la enten­dió enteramente. Yo —perdona, Señor, mi orgullo— yo entendí más que él, y desde ese momento soy feliz”. Jesús: “¿Qué comprendiste?”. Síntica: “Que esta existencia no es sino el principio embrional de la vida, y que la verdadera Vida empieza cuando la muerte nos da a luz… para el Hades, como pagana, para la Vida eterna, como creyente en Ti. ¿Me equivoco?”. Jesús aprueba: “Es como dices, mujer”. ■ Nicodemo interrumpe: “Pero, ¿cómo es que tuviste noticia de las palabras del Maestro?”. Síntica: “Quien tiene hambre busca comida, señor. Yo buscaba mi comida. Siendo lectora —porque era culta y tenía una bonita voz y una buena pronunciación—, podía leer mucho en las bibliotecas de mis amos. Pero no me sentía saciada todavía. Sentía que había otra rea­lidad al otro lado de las paredes historiadas de ciencia humana, y, cual prisionera en cárcel de oro, golpeaba con los nudillos, trataba de forzar las puertas para salir, para encontrar…”.
* Yo recogía tus palabras y noticias… y me propuse ser pura, aun a costa de la vida, para cuando me encontrase con la Verdad… Sabía creer que Dios premia la virtud y le pedía la Verdad o morir. Y te encontré porque mi alma me condujo a Ti.-Síntica: “Viniendo a Palestina con el último amo, temía caer en las tinieblas… y sin embargo, iba al encuentro de la Luz. Cada palabra de los siervos de Cesarea era como un golpe de pico que iba resquebrajando las paredes y abriendo agujeros cada vez mayores por los que entraba tu Palabra. Yo recogía estas palabras y noticias. Como un niño que ensarta perlas, me las alineaba y me adornaba con ellas, y sacaba fuerzas de ellas para estar cada vez más purificada para recibir la Verdad. En este plan de purificación, sentía que daría con lo que buscaba, ya desde la tierra, y me propuse ser pura, aun a costa de la vida,  para cuando me encontrase con la Verdad, con la Sabiduría, con la Divinidad. Señor, estoy diciendo palabras sin juicio. Estos me miran atónitos. Pero has sido Tú quien me las ha pedido…”. ■ Jesús: “Habla, habla. Es necesario”. Síntica: “Con fortaleza y templanza he resistido a las presiones externas. Pude ser libre y feliz, según el mundo, con tal de que lo hubiese querido. Mas no quise trocar el saber por el placer. Porque sin sabiduría de nada sirve tener las demás virtudes. Él, el filósofo, así lo dijo: «Justi­cia, templanza y fortaleza, sin tener como compañero el saber, son semejantes a un escenario pintado; son virtudes verdaderamente de esclavos sin nada fir­me y real». Yo quería poseer cosas reales. Mi amo, necio, hablaba de Ti en mi presencia. Entonces sucedió como si las paredes se hubiesen convertido en velos. Bastaba con querer para rasgar el velo y unirse a la Verdad. Y lo hice”. ■ Iscariote dice: “No sabías que nos ibas a encontrar”. Síntica: “Sabía creer que el dios premia la virtud. No quería ni oro, ni ho­nores, ni libertad física, ni siquiera la libertad física; lo que quería era la Verdad. A Dios le pedía esto, o morir. Quería que me fuera evi­tada la humillación de acabar siendo sólo un «objeto» y, más todavía, de consentir en serlo. Renunciando a todo lo corporal en mi búsqueda de Ti, ¡oh, Señor!, porque buscar por medio del sentido es siempre imperfecto —Tú lo viste cuando huí al verte, engañada por mis ojos—, me abandoné en manos de Dios que está sobre nosotros y en nosotros y que de Sí informa el alma. Y te encontré porque mi alma me condujo a Ti”.
* El alma tiene en sí misma algo de lo divino. Por eso tiende a las cosas que son de su misma naturaleza. ¿Judas, no dice el Maestro que somos hijos de Dios? Por tanto, somos dioses… Estoy contenta con esta suerte mía que Dios me ha dado: encontrando al Maestro he encontrado todo”.- ■ Habla otra vez el Iscariote y dice: “Tu alma es pagana”. Síntica: “Pero el alma tiene siempre en sí misma algo de lo divino, espe­cialmente cuando, con esfuerzo, se ha guardado del error… y, por eso, tiende a las cosas que son de su misma naturaleza”. Iscariote: “¿Te estás comparando con Dios?”. Síntica: “No”. Iscariote: “Entonces, ¿por qué dices eso?”. Síntica: “¿Cómo? ¿Y me lo preguntas tú, que eres discípulo del Maestro?, ¿a mí, que soy griega y libre desde hace poco? ¿No escuchas cuando habla? ¿O es que en ti el fermento del cuerpo es tal que te obceca? ¿No dice siempre Él que somos hijos de Dios? Pues entonces somos dioses, si somos hijos del Padre, de ese Padre suyo y nuestro del que siempre habla. Me podrás reprochar falta de humildad pero no de incrédula o maleducada”. ■ Iscariote: “¿Así que te crees superior a mí? ¿Crees haber aprendido todo con los libros de tu Grecia?”. Síntica: “No. Ni una cosa ni la otra. De todas formas, los libros de los sa­bios, de cualquier lugar que sean, me han dado ese mínimo para conducirme. No pongo en duda que un israelita sea más que yo. Pe­ro estoy contenta con esta suerte mía que Dios me ha dado. ¿Qué más puedo desear? Encontrando al Maestro he encontrado todo. Y pienso que ello estaba ya escrito, porque verdaderamente veo que hay un Poder que vela sobre mí y que me ha señalado un gran destino, al que he tratado de secundar, convencida de que es bueno”. ■ Iscariote: “¡Bueno! Has sido esclava, y de amos crueles… Si el último te hubiera atrapado de nuevo, por ejemplo, ¿cómo habrías secundado el destino? Dímelo, sabia”. Síntica: “¿Te llamas Judas, verdad?”. Iscariote: “Sí… ¿y qué quieres decir?”. Síntica: “Quiero decir… Nada. Quiero recordar tu nombre además de tu ironía. Mira que la ironía no se ve bien ni incluso en los virtuo­sos… ¿Que cómo habría yo secundado el destino? Quizás me habría mata­do. Porque, realmente, hay casos en que es mejor morir que vivir, a pesar de que el filósofo diga que ello no es correcto y que es cosa im­pía el procurarse este bien por propia iniciativa porque los dioses son los únicos que tienen derecho a llamarnos. Esto de esperar una señal de los dioses para hacerlo ha sido lo que siempre me ha refrenado en medio de las cadenas de mi triste suerte. Pero esta vez, si me hubie­ra capturado mi repulsivo amo, habría visto la señal suprema, y ha­bría preferido morir a vivir. Yo, hombre, también tengo una digni­dad ¿sabes?”. Iscariote: “¿Y si ahora te atrapara de nuevo? Estarías en las mismas condi­ciones…”. Síntica: “Ahora ya no me mataría, porque ahora sé que la violencia contra la carne no hiere al espíritu que no consiente. Ahora resistiría hasta que me doblegasen con la fuerza, hasta que me matase su violencia. Porque interpretaría también esta violencia como señal con la que Dios me llamaría a su presencia. Ahora moriría tranquila, sabiendo que perdería algo perecedero”. Lázaro dice: “Bien has respondido, mujer”, y Nicodemo también aprueba. ■ Iscariote dice: “El suicidio nunca está permitido”. Jesús dice dulcemente: “Muchas son las cosas prohibidas, y no se respeta la prohibición. Tú, Síntica, debes pensar que Dios, de la misma forma que te ha guiado siempre, de igual modo te habría preservado de la violencia sobre ti misma. Ahora ve. Te agradecería que me buscases al niño (2) y me le trajeses”. La mujer se prosterna hasta tocar el suelo y se marcha. Todos la siguen con la mirada.
* “¿Por qué, Maestro, ese helenismo que nos ha corrompido a noso­tros, que ya poseíamos una Sabiduría, a ella la ha salvado?” “Porque los caminos de Dios son admirables para quien se lo merece”.- ■ Lázaro susurra: “¡Y siempre es así! No logro entender cómo las cosas que en ella han significado «vida», para nosotros de Israel han significado «muerte». Si tienes modo de continuar examinándola, verás que precisamente ese helenismo que nos ha corrompido a noso­tros, que ya poseíamos una Sabiduría, a ella la ha salvado. ¿Por qué?”. Jesús: “Porque los caminos del Señor son admirables, y Él se los abre a quien lo merece. ■ Ahora, amigos, os saludo porque declina la tarde. Estoy contento de que todos vosotros hayáis oído hablar a la griega. De la constatación de que Dios se revela a los mejores, sacad la lec­ción de que excluir de las filas de Dios a todos aquellos que no son de Israel es odioso y peligroso. Que esto os sirva de norma para el futuro… No murmures Judas de Simón. Y tú, José, no tengas escrúpulos innecesarios. Ninguno de vosotros se ha contaminado en nada por haber estado al lado de una griega. Ocupaos, eso sí, de no estar con el demonio o darle cabida en vosotros. Adiós José, adiós Nicodemo. ¿Os voy a poder ver otra vez mientras estoy aquí? ■ Ahí está Marziam… Ven, niño, saluda a los jefes del Sanedrín. ¿Qué les di­ces?”. Marziam: “La paz sea con vosotros, y… digo también: a la hora del incienso pedid por mí”. Nicodemo: “No lo necesitas, niño. Pero, ¿por qué precisamente a esa hora?”. Marziam: “Porque la primera vez que entré en el Templo con Jesús, me ha­bló de la oración del atardecer… ¡Oh, qué bonito!…”. Nicodemo: “¿Y tú vas a orar por nosotros? ¿Cuándo?”. Marziam: “Rezaré… rezaré por la mañana y al atardecer. Para que Dios os preserve del pecado de día y de noche”. José: “¿Y qué vas a decir, niño?”. Marziam: “Diré: «Señor Altísimo, haz de José y Nicodemo unos verdaderos amigos de Jesús». Será suficiente, porque quien es amigo verdadero jamás causa penas al amigo. Y quien no apena a Jesús está seguro de poseer el Cielo”. Los miembros del Sanedrín, mientras le acarician, dicen: “¡Que Dios te conserve así, niño!”. Luego saludan al Maestro, después a la Virgen y a Lázaro en par­ticular, y a todos los demás en grupo, y se van. (Escrito  22 de Septiembre de 1945).
··········································
1  Nota  : Cfr. Personajes de la Obra magna:  Síntica.   2  Nota  : El  niño Marziam.- Cfr. Personajes de la Obra magna: Marziam.
.                                         ——————–000——————–

(<Jesús ha dejado Betania y, acompañado de apóstoles y mujeres, va recorriendo las regiones que se encuentran al otro lado del Jordán: Ramot, Gerasa, Bozra… En estos momentos se encuentran en la habitación de una posada>)
.
4-290-412 (5-154-989).- Jesús explica a Síntica el sentido del “recuerdo de la Luz” en las almas.
* El recuerdo en las almas y la teoría de la reencarnación.- ■ Se oye la voz argentina de la Virgen: “Hijo mío, hoy veníamos hablando entre nosotras de lo que dijiste en Ramot. Y cada una de nosotras tuvo impresiones y reflexiones distintas. ¿Querrías aclararnos tu pensamiento? Yo decía que lo mejor era llamarte en ese momento. Pero venías hablando con Juan de Endor” (1). La griega Síntica dice: “La verdad es que he sido yo la que ha suscitado la cuestión, pues soy una pobre pagana, y no tengo las luces brillantes de vuestra fe. Os ruego me compadezcáis”. Magdalena, (2) impulsiva, le dice: “¡Quisiera tener tu alma, hermana mía!”, y con esos ímpetus suyos, la abraza estrechamente. Magdalena, con su espléndida belleza parece iluminar ella sola la pobre casucha, y transferir aquí la opulencia de su suntuosa casa. La griega, estrechada a ella, completamente distinta pero también de un físico singular, coloca una nota de reflexión junto al grito de amor que parece emanar siempre de la apasionada María; mientras que la Virgen, sentada, su dulce rostro dirigido hacia su Hijo, las manos entrelazadas casi como si estuviese orando, recortado en el fondo de la negra pared su perfil purísimo, siempre es la misma María en adoración. Susana (3) está en la penumbra del rincón adormilada. Marta, activa a pesar del cansancio y de las insistencias de los demás, aprovecha la luz de la hoguera para sujetar unas hebillas en el vestidito de Marziam. Jesús dice a Síntica: “Pero no se trataba de un pensamiento que te causase dolor, porque te he oído reír”. Síntica: “Sí, por el niño, que resolvía muy fácilmente la dificultad diciendo: «Yo solo quiero volver si vuelve Jesús. Pero si quieres saber todo, vete allí, y luego vuelve a decirnos lo que te dijo, si de ello te acuerdas»”. ■ Otra vez vuelven a reírse y dicen que Síntica había pedido a la Virgen explicación sobre el recuerdo que las almas conservan y que da razón de cierta posibilidad en los paganos de tener vagos recuerdos de la Verdad. Síntica dice: “Yo decía: «¿Será que esto confirma la teoría de la reencarnación en que creen muchos paganos?» y tu Mamá, Maestro, me explicaba que lo que Tú dices es distinto. ¿Me harías el favor de explicármelo ahora?”. Jesús le dice: “Escucha: No debes creer que, porque las almas conserven recuerdos espontáneos de la Verdad, esté demostrando que vivimos varias vidas. Sabes muy bien cómo fue creado el hombre, cómo pecó y cómo fue castigado. Se te ha dicho cómo Dios, en el cuerpo del hombre, incorpora un alma individual. Es creada cada vez una, y jamás un alma es usada para posteriores encarnaciones. Esta certeza debería anular lo dicho por Mí acerca del recuerdo de las almas. Debería… para cualquier otro ser que no sea el hombre, dotado de un alma hecha por Dios”.
.    ●  El hombre, el animal no, puede recordar con su parte mejor: su alma  —creada por Dios para dar al hombre su imagen y semejanza, señal de su indiscutible Paternidad: con las dotes propias de su Creador (espiritual, libre e inteligente)— sale perfecta del divino Pensamiento —una perfección que entiende la Verdad por un favor gratuito durante un instante momentáneo—. Luego es lesionada por la Culpa.- Jesús: “El animal no puede recordar nada, naciendo una sola vez; el hombre puede recordar, a pesar de nacer una sola vez. Recordar con su parte mejor: el alma. ¿De dónde viene el alma, el alma de cada hombre? De Dios. ¿Quién es Dios? El espíritu inteligentísimo, poderosísimo, perfecto. Esta cosa admirable que es el alma, cosa creada por Dios para darle al hombre su imagen y semejanza como señal indiscutible de su Paternidad Santísima, posee dotes propias de Aquel que la creó: es, pues, inteligente, espiritual, libre, inmortal como el Padre que la creó. Sale perfecta del Pensamiento divino, y en el instante de su creación es igual, durante un instante momentáneo, que la del primer hombre: una perfección que entiende la Verdad por un favor que se le concede gratuitamente. «Un instante de instante momentáneo». Luego, una vez formada, es lesionada por la Culpa de Origen. Para hacértelo comprender mejor, te diré que es como si Dios diese a luz al alma que crea, y el creado, al nacer, fuese herido con una señal imborrable. ¿Me comprendes?”. Síntica: “Sí. Entre tanto que es objeto de pensamiento, es perfecta. Un instante de instante momentáneo. Luego, el pensamiento convertido en hecho, el hecho queda sujeto a la ley provocada por la Culpa”. ■ Jesús: “Respondiste bien”.
.   ● ¿Por qué los hombres virtuosos de cualquier país sienten la Verdad? Porque su alma lleva consigo, como perla secreta, el recuerdo de su Señor, o sea la Verdad. ■ Jesús prosigue: “El alma se encarna, por tanto, así en el cuerpo humano, llevando consigo, como perla secreta en el misterio de su ser espiritual, el recuerdo del Señor Creador, o sea, de la Verdad. Nace el niño. Puede ser bueno, magnífico, o bien, perverso; puede serlo todo porque es libre en su voluntad. El ministerio de los ángeles con sus luces ilumina sus «recuerdos»; el insidiador los cubre de tinieblas. Según que el hombre desee las luces y aspire, por tanto, a una virtud cada vez mayor, haciendo al alma señora de su ser, he aquí que aumenta en ella la facultad de recordar como si la virtud fuera haciendo cada vez más sutil la pared que se interpone entre el alma y Dios. ■ Esta es la razón de por qué los hombres virtuosos de cualquier país sienten la Verdad, no claramente, por estar embotados por doctrinas contrarias o por ignorancia muy grande, pero sí suficientemente como para ser maestros de formación moral en el pueblo a que pertenecen. ¿Has comprendido? ¿Estás convencida?”. Síntica: “Sí. En resumen, la religión en que se practican heroicamente las virtudes predispone al alma a la Religión verdadera y al conocimiento de Dios”. Jesús: “Así es. Y ahora vete a descansar y que Dios te bendiga. Tú también Mamá y vosotras hermanas y discípulas. La paz de Dios descienda sobre vuestro descanso”. (Escrito el 29 de Septiembre de 1945).
···········································
1  Nota  : Cfr. Personajes de la Obra magna: Juan de Endor.   2  Nota  : María Magdalena aparece en este episodio —integrada ya en el grupo de las discípulas—, como la amorosa seguidora de Jesús, una vez de haber abandonado su vida licenciosa. Cfr. Personajes de la Obra magna:  Lázaro y familia.   3  Nota  : Cfr. Personajes  de la obra magna: Susana.
.                                        ——————–000——————–

(<Jesús está hablando en la plaza de la ciudad de Quedes>)
.
5-342-269 (6-30-181).- El alma: lugar donde se honra a Dios.
* “Dentro de vosotros hay un lugar santo y único donde se habla de Dios y con Dios: el alma”.- ■ Dice Jesús: “En el corazón de esta ciudad levítica no quiero recordar la Ley. Sé que está dentro de vuestros corazones como en pocas ciudades de Israel, y lo demuestra incluso el orden que he observado en ella, la honradez de que han dado prueba los mercaderes a quienes compré alimento para Mí y para mi pequeña grey, y esta sinagoga, adornada como conviene al lugar donde se adora a Dios. ■ Mas dentro de vosotros hay también un lugar donde se honra a Dios, un lugar donde residen las aspiraciones más santas y resuenan las palabras más dulces y llenas de esperanza de nuestra fe y las plegarias más ardientes para que la esperanza se haga realidad: el alma: éste es el lugar santo y único, donde se habla de Dios y con Dios, en espera de que la Promesa se cumpla. Pero la Promesa se ha cumplido ya. Israel tiene su Mesías que os trae la palabra y certeza que el tiempo de la Gracia ha llegado, que la Redención está próxima, de que el Salvador está en medio de vosotros, que el invicto reino de Dios empieza ya. ¡Cuántas veces habéis oído las palabras de Habacuc! (1). Y los más reflexivos de entre vosotros habrán dicho: «También yo puedo decir: ‘¿Hasta cuándo, Señor, tendré que gritar sin que se me escuche?’». Hace siglos que Israel gime de este modo, pero el Salvador ha llegado ya…”. (Escrito el 26 de Noviembre de 1945).
·········································
1  Nota  :  Cfr. Hab. 1,2.
.                                       ——————–000——————–

(<Jesús y sus apóstoles se encuentran en una casa de Joppe>)
.
6-406-281 (7-95-599).- Diálogo sobre el alma con algunos gentiles que conocen la doctrina del filósofo griego Sócrates.
* Hay que comprender a quienes to­davía no saben pensar que, siendo Uno el Creador, todos los hombres son de una única sangre”.- ■ Están comiendo pequeñas aceitunas negras cuando se oye llamar a la puerta. Pasado un momento, entra la mujer de la casa y dice: “Maestro, te requieren”. Jesús: “¿Quiénes son?”. Mujer: “Hombres extranjeros”. Los doce revolucionados como una colmena disturbada: “¡Imposible!”, “¡El Maestro está cansado!”, “¡Lleva todo el día andando y hablando!”, “¡Y además, gentiles en casa! ¡Figúrate!”. Jesús: “¡Chist! ¡Paz! No me produce fatiga escuchar a quien me busca. Es mi descanso”.  Apóstoles: “¡Podría ser una trampa! ¡A esta hora!…”. Jesús: “No lo es. Estad tranquilos y descansad vosotros. Yo ya he descansado mientras os esperaba. Voy. No os pido que vengáis conmigo, a pesar de que… a pesar de que os digo que precisamente a los gentiles tendréis que llevar vuestro judaísmo, que ya no será sino cristianismo. Esperadme aquí”. Pedro, levantándose, dice: “¿Vas solo? ¡Ah! ¡Eso nunca!”. Jesús: “Quédate donde estás. Voy solo”. ■ Sale. Se asoma a la puerta de la calle. A la luz crepuscular se ve que son muchos hombres los que esperan. Jesús: “La paz sea con vosotros. ¿Me requeríais?”. Un anciano de grave aspecto: “¡Salve, Maestro!”. Va vestido con una túnica romana que sobresale bajo un pequeño manto de forma redondeada y provisto de capucha, que cubre su cabeza. “Hoy hemos hablado con tus discípulos. Pero no nos han sabido decir mu­cho. Quisiéramos hablar contigo”. Jesús: “¿Sois los de la generosa limosna? Gracias. Será para los pobres de Dios”. Jesús, que se vuelve a la dueña de la casa y dice: “Mujer, salgo con éstos. Di a los míos que vengan a reunirse conmigo a la orilla, por­que, si no veo mal, éstos son comerciantes…”. Gentil: “Y navegantes. Bien lo has notado, Maestro”. ■ Salen todos juntos a la calle, iluminada por un hermoso claro de luna. Jesús:  “¿Venís de lejos?”. Jesús va en el centro del grupo. A su lado, el anciano que habló primero, un anciano de buena presencia y afilado perfil latino. Al otro lado va otro también entrado en años, de rostro netamente hebreo; y luego, alrededor, dos o tres delgados y aceituna­dos, de ojos penetrantes y un poco irónicos, y otros más robustos de distintas edades. Unas diez personas. Gentil: “Somos de las colonias romanas de Grecia y Asia. Parte judíos, parte gentiles… No nos atrevíamos a venir por este motivo… Pero nos han asegurado que no desprecias a los gentiles… como hacen los otros… Los judíos observantes, quería decir, los de Israel, porque en otros lugares también los judíos son… menos intransigentes. Tanto que yo, romano, tengo por esposa a una judía de Licaonia, y éste, he­breo de Éfeso, tiene por esposa a una romana”. Jesús: “No desprecio a nadie… Pero hay que comprender a quienes to­davía no saben pensar que, siendo Uno el Creador, todos los hombres son de una única sangre”. Gentil: “Sabemos que eres grande entre los filósofos. Y cuanto dices lo confirma. Grande y bueno”. Jesús: “Bueno es quien hace el bien. No quien habla bien”. Gentil: “Tú hablas bien y obras el bien. Por tanto eres bueno”.
* Hay puntos comunes entre tus palabras y las de un gran filósofo griego. Tú dices que el alma es eterna. Sócra­tes dice que es inmortal…”.- “Sócrates, pionero de la Verdad y amante de la Virtud, sentía en el fondo de su espíritu la Voz del Dios desconocido, del verdadero y único  Dios”.- Jesús: “¿Qué queríais preguntarme?”. Gentil: “Hoy —y perdona, Maestro, si te cansamos con nuestras curiosi­dades, pero son curiosidades buenas, porque buscan con amor la Ver­dad—, hoy preguntábamos a los tuyos sobre la verdad acerca de una doctrina que fue ya señalada por filósofos antiguos de Grecia, y que Tú, eso nos dicen, vuelves a predicar más grande y hermosamente. Eu­nique, mi mujer, habló con judíos que te escucharon y me repitió aquellas palabras. Es que Eunique, griega, es culta y conoce las palabras de los sabios de su patria. Encontró puntos comunes entre tus palabras y las de un gran filósofo griego. Y también a Éfeso llegaron esas palabras tuyas. Conque, habiendo venido a este puerto, quién por co­mercio, quién por razones de religión, nos hemos encontrado de nuevo los amigos y hemos hablado. Los negocios no distraen de pensar también en otras cosas más elevadas. Llenados los almacenes y las bodegas, tenemos tiempo de resolver nuestra duda. Tú dices que el alma es eterna. Sócra­tes dice que es inmortal. ■ ¿Conoces las palabras del maestro griego?”. Jesús: “No. No he estudiado en las escuelas de Roma ni de Atenas. Pero, de todas formas, habla. Te entiendo igualmente. No ignoro el pensa­miento del filósofo griego”. Gentil: “Sócrates, contrariamente a lo que creemos nosotros los de Roma, y también a lo que creen vuestros saduceos, admite y sostiene que el hombre tiene un alma, y que ésta es inmortal. Dice que, siendo in­mortal, la muerte no es más que una liberación para el alma y paso de ella de una cárcel a un lugar libre, donde se reúne con aquellos a quienes amó, y allí conoce a los sabios de cuyo ingenio oyó hablar, y a los grandes, a los héroes, a los poetas, y no encuentra ya ni injusti­cias ni dolor, sino felicidad eterna, en una morada de paz, abierta a las almas inmortales que vivieron con justicia. ¿Tú que opinas de es­to, Maestro?”. Jesús: “En verdad te digo que el maestro griego, a pesar de estar en el error de una religión no verdadera, estaba en la verdad al afirmar que el alma es  in­mortal. Pionero de la Verdad y amante de la Virtud, sen­tía en el fondo de su espíritu hablar en voz baja la Voz del Dios desconocido, del verdadero Dios, del Único Dios: el Altísimo Padre de quien Yo vengo para llevar a los hombres a la Verdad”.
* El alma es eterna, creada por Dios, destinada a volver a Dios, merecedora de premio o castigo. El cuerpo, hecho según el Pensamiento Creador como formas (obra perfecta de órganos y miembros) aunque la perfección de la semejanza está en el espíritu. Uno solo es el Espíritu increado (que siempre ha permanecido así) y tres creados perfectos…”.-Jesús: “El hombre tiene un al­ma. Una. Verdadera. Eterna. Libre y no esclava. Merecedora de premio o castigo. Dueña de sí misma. Creada por Dios. Destinada, en el Pensamiento crea­dor, a volver a Dios. Vosotros, gentiles, demasiado os dedicáis al cuidado del cuerpo, admirable obra, en verdad, que lleva la señal del Dedo eterno. Demasiado admiráis la inteligencia, joya encerrada en el cofre de vuestra cabeza y desde allí derrama sus sublimes rayos. Grande, excelentísimo don de Dios Creador, que os ha hecho según su Pensamiento como formas, o sea, obra perfecta de órganos y miembros, y os ha da­do su semejanza con el Pensamiento y con el Espíritu. Pero la perfección de la semejanza está en el espíritu. Porque Dios no tiene miembros ni cuerpo, como tampoco tiene sentidos ni fómite de lujuria, sino que es Espíritu purísimo, eterno, perfecto, inmutable, incansable en el obrar, siempre renovando sus obras, que paternalmente adapta al camino ascendente de su criatura. ■ El espíritu, creado por una misma Fuente de potencia y bondad, para cada hombre, no conoce inicial variación de perfección, pero conoce muchas variaciones a partir de su infusión en el cuerpo. Uno solo es el Espíritu increado y perfectísimo, y que siempre ha permanecido así; tres han sido los espíritus creados perfectos y…”. Gentil: “Uno eres Tú, Maestro”. Jesús: “No Yo (1). Yo en mi Cuerpo tengo el Espíritu divino, no creado sino generado por el Padre por abundancia de amor. Y tengo alma, el al­ma que me ha creado el Padre, siendo Yo, ahora, el Hombre; alma perfecta como conviene al Hombre Dios. Hablo de otros espíritus”. Gentil: “¿Cuáles, pues?”. Jesús: “Los dos progenitores de quienes viene la raza, creados perfectos y posteriormente caídos, voluntariamente, en imperfección. El terce­ro (2), creado para delicia de Dios y del universo, es demasiado superior a la posibilidad de pensamiento y de fe del mundo de ahora como pa­ra que os lo señale. ■ Los espíritus, decía, creados por una misma Fuente con igual medida de perfección, sufren luego, por su mérito y voluntad, una doble metamorfosis”. Gentil: “¿Entonces admites segundas vidas?”. Jesús: No hay más que una vida. En ella el alma, que ha recibido la se­mejanza inicial con Dios, pasa, al practicar fielmente la justicia en todas las cosas, a una más perfecta semejanza, a una, diría, se­gunda creación de sí misma, por lo que pasa a una doble semejanza con su Creador, haciéndose capaz de pasar a poseer la santidad, la cual es perfección de justicia y semejanza de hijo con el Padre. Ésta se da en los bienaventurados, o sea, en aquellos que vuestro Sócrates dice que habitan en el Hades, mientras que Yo os digo que, cuando la Sa­biduría haya dicho sus palabras y con su Sangre las haya firmado, és­tos serán llamados los bienaventurados del Paraíso, del Reino, es de­cir, de Dios”. ■ Gentil: “¿Y dónde están ahora éstos?”. Jesús: “Esperando”. Gentil: “¿A qué?”. Jesús: “Al Sacrificio. Al Perdón. A la Liberación”. Gentil: “Se dice que será el Mesías el Redentor, y que ése eres Tú… ¿Es verdad?”. Jesús: “Es verdad. Soy Yo, el que os habla”. Gentil: “¿Entonces deberás morir? ¿Por qué, Maestro? El mundo tiene mucha necesidad de Luz, ¿y Tú quieres dejarlo?”. Jesús:  “¿Tú, griego, me preguntas esto? ¿Tú, en quien las palabras de Sócrates encuentran su apoyo?”. Gentil: “Maestro, Sócrates era un justo. Tú eres santo. Mira cuánta necesidad de santidad tiene la Tierra”. Jesús: “Aumentará infinitamente su poder por cada dolor, cada heri­da, cada gota de mi Sangre”. Gentil: “¡Por Júpiter! Jamás hubo un estoico mayor que Tú, que no te li­mitas a predicar que la vida no vale nada, sino que Tú mismo la desprecias”. Jesús: “No desprecio la vida. La amo como la cosa más útil para comprar la salvación del mundo”. ■ Gentil: “¡Pero eres joven, Maestro, para morir!”. Jesús: “Tu filósofo dice que los dioses aman lo santo, y tú me has llama­do santo. Si soy santo, debo tener sed de volver a la Santidad de la cual he venido. Por lo tanto, no soy muy joven para no tener esta sed. Dice también Sócrates que quien es santo anhela hacer cosas gratas a los dioses. ¿Qué cosa más grata que restituir al abrazo del Padre a los hijos que la Culpa los ha alejado y dar al hombre la paz con Dios, fuente de todo bien?”.
* “Roma y Atenas me conocerán. Los que me quieren me tendrán. Iré con mi Espíritu que obrará. Nunca terminaré de predicar. El Evangelio recorrerá la Tierra… Todos los buenos vendrán a Mí”.-Gentil: “Dijiste que no conocías las palabras socráticas. ¿Cómo es que sa­bes entonces estas que dices?”. Jesús: “Yo sé todo. El pensamiento de los hombres —cuanto es pensa­miento bueno— no es sino el reflejo de un pensamiento mío. Cuanto no es bueno no es mío, pero lo he leído en los siglos his­tóricos y he sabido, sé y sabré, cuándo fue, es y será dicho. Yo sé”.  Gentil: “Señor, ven a Roma, faro del mundo. Aquí estás rodeado de odio, allí te rodeará la veneración”. Jesús: “Rodeará al hombre. No al Maestro de lo sobrenatural. Yo he venido para lo sobrenatural, que debo ofrecer a los hijos del pueblo de Dios, a pe­sar de que sean los más duros con el Verbo”. Gentil: “¿Roma y Atenas no te  conocerán, entonces?”. Jesús: “Me conocerán. No temáis. Me conocerán. Los que me quieran, me conocerán, me tendrán”. Gentil: “Pero si te matan…”. Jesús: “El espíritu es inmortal. El de cada uno de los hombres. ¿No lo va a ser el mío, Espíritu del Hijo de Dios? Iré con mi Espíritu que obrará… Iré… Veo las muchedumbres infinitas y las Casas elevadas en honor de mi Nombre… Están en todos los lugares… Hablaré en las catedrales y en los corazones… Nunca terminaré de predicar… El Evangelio recorrerá la Tierra… todos los buenos vendrán a Mí… y he aquí… que me pongo a la cabeza de mi ejército de santos y lo llevo al Cielo. Venid a la Verdad…”. ■ Gentil: “¡Oh! ¡Señor! Tenemos el alma envuelta en fórmulas y en errores. ¿Cómo lograremos abrir sus puertas?”. Jesús: “Yo abriré las puertas del Infierno, abriré las puertas de vuestro Hades y de mi Limbo. ¿No voy a poder abrir las vuestras? Decid: «Quiero» y, como cerraduras hechas con alas de mariposa, caerán pulverizadas al paso de mi Rayo”. Gentil: “¿Quién vendrá en tu Nombre?”. Jesús: “¿Veis a aquel hombre que viene hacia aquí junto con otro poco más que adolescente? Ellos irán a Roma y al mundo. Y con ellos muchos otros. Tan diligentes, como ahora, por el amor a Mí que los impulsa y que no les deja hallar descanso sino a mi lado, irán, por el amor de los redimidos por mi Sacrificio, a buscaros, a reuniros, a conduciros a la Luz. ¡Pedro! ¡Juan! Venid. He terminado, creo. Ahora estoy con vosotros. ¿Tenéis algo más que decirme?”. Gentil: “Sí, Maestro. Que nos vamos y llevamos con nosotros tus pala­bras”. Jesús: “Germinen en vosotros con raíces eternas. Id. La paz sea con vo­sotros”. Gentil: “Salve a Ti, Maestro”. Y la visión termina…

* Más que visión ha sido un dictado deseado por algunos. ¿Por quiénes? Lo sabrás en mi Día”.- ■ Pero dice todavía Jesús: “¿Estás agotada? El dictado ha sido cansado. Más dictado que visión. Pero es un tema deseado por algu­nos. ¿Por quién? Lo sabrás en mí Día. Ahora ve en paz tú también”. ■ Por mi parte añado que el coloquio entre Jesús y los gentiles tuvo lugar en una calle de ciudad marítima paralela a la orilla. Bien que se distinguían con el claro de luna las serenas olas, que iban a morir con resaca en los escollos del rompeolas de un vasto puerto lleno de naves. No he podido decirlo antes, porque el grupo ha hablado sin parar y, si describía el lugar, perdía el hilo de las palabras. Hablan caminando a lo largo de la calle cercana al puerto yendo y volviendo. La calle está solitaria porque no hay viandantes y todos los marineros han regresado a sus naves, cuyos faroles rojos se ven resplandecer como estre­llas de rubí en la noche. No sé qué ciudad es. Eso sí, es bonita e im­portante. (Escrito el 20 de Septiembre de 1944).
······································
1  Nota  : “No Yo”.- En una copia mecanografiada,  María Valtorta añadió: Habla aquí como Dios-Verbo “por quien todas las cosas fueron hechas”, incluso su alma de Hombre. Si hablara como Hombre, diría que Dios, o sea, también Él, creó “el único espíritu perfectísimo” para unirlo a su Carne de Verbo encarnado en que todas las perfecciones convergen. Y habla a Gentiles, por tanto, de forma adecuada a su ignorancia pagana.   2  Nota  : Su Madre, la Virgen María.
.                                         ——————–000——————–

6-428-433 (7-119-744).- Parábola de la viña y del viñador, figuras del alma y del libre albedrío.
* El libre albedrío (el viñador), que Dios ha dejado al hombre hijo suyo, es como un siervo capaz dado por Dios al hombre para que le ayude a hacer fértil la viña” (el alma).- ■ Jesús (rodeado de apóstoles y discípulos) que está sentado de forma que tiene enfrente la llanura de Esdrelón, extiende su mirada por el paisaje como buscando un tema en lo que ve. Sonríe. Ha encontrado. Empieza con una pregunta genérica: “¿Verdad que son bonitas las viñas de esta llanura?… De acuerdo. Oíd. Llegado el momento en que nuestro ser no era más que carne animal en el seno de nuestra madre, Dios, en los Cielos, creó el alma para hacer a se­mejanza de Él al futuro hombre, y la puso en esa carne que se desarrollaba en un seno materno. Y el hombre, llegado su tiempo de nacer, nació con su alma, la cual, hasta el uso de razón, fue como una tierra no cultivada por su dueño. ■ Pero, llegada la edad de la razón, el hombre empezó a razonar y a distinguir el Bien y el Mal. Fue entonces cuan­do se dio cuenta de que tenía una viña, para cultivarla como él qui­siera. Y se dio cuenta de que tenía a un viñador encargado de esa vi­ña: su libre arbitrio. En efecto, la libertad de guiarse, que Dios ha dejado al hombre hijo suyo, es como un siervo capaz dado por  Dios al hombre hijo suyo para que le ayude a hacer fértil la viña, o sea, el alma. Si el hombre no tuviera que trabajar con sus propias manos para ha­cerse rico, para construirse un futuro eterno de prosperidad sobrena­tural; si hubiese tenido que recibir todo de Dios, ¿qué mérito tendría por restaurarse de nuevo en santidad, después de que Lucifer co­rrompió la santidad original, dada gratuitamente por Dios a los pri­meros hombres? Mucho es ya el que Dios conceda a las criaturas, caí­das por la herencia de la Culpa, merecer el premio y ser santas, vol­viendo, por voluntad propia, a aquella naturaleza original de criatu­ras perfectas que el Creador había dado a Adán y Eva, y a sus descendientes si sus progenitores se hubieran conservado inmunes de la Culpa Original. El hombre caído debe volver a ser el hombre elegido, por su libre voluntad”.
* El libre arbitrio empieza a cultivar la viña. El alma, la viña, tiene, no obstante, voz, que le habla al arbitrio; una voz sobrenatural, nu­trida de voces sobrenaturales puestas por Dios: la del Custodio, la de los espíritus enviados por Dios, la de la Sabidu­ría, la de los recuerdos sobrenaturales que toda alma recuerda sin percepción exacta”.-Jesús: “Ahora bien, ¿qué sucede en las almas? Esto. El hombre confía su alma a su voluntad, a su libre arbitrio, que se pone a trabajar la viña que hasta entonces había sido un terreno sin plantas, bueno, pero sin plantas duraderas; tan sólo delicadas hierbas y florecillas era lo que había en los primeros años de su existencia: las bondades instintivas del niño que es bueno porque es todavía un ángel desconocedor del Bien y del Mal.  Diréis: «¿Durante cuánto tiempo permanece así?». Generalmente se dice: durante los primeros seis años. Pero verdad es que hay inteligencias precoces, siendo así que tenemos niños responsables de sus ac­ciones antes de los seis años. Tenemos niños responsables de sus ac­ciones incluso a los tres o cuatro años, responsables porque saben que eso es Bueno y que eso es Malo, y quieren libremente esto o aquello. Cuando una criatura sabe distinguir la mala acción de la buena acción ya es responsable. No antes. Por tanto, un subnormal, incluso a los cien años, es irresponsable, pero a su vez asumen su respon­sabilidad sus tutores, que con amor deben vigilarle y procurar que no infiera daño alguno al prójimo o a sí mismo. Pero Dios no imputa al subnormal o al loco culpa alguna porque, desgra­ciadamente para él, está privado de la razón. ■ Pero nosotros habla­mos de seres inteligentes y sanos de mente y cuerpo. Así pues, el hombre confía su viña sin cultivar a su trabajador, el libre arbitrio, y éste empieza a cultivarla. El alma, la viña, tiene, no obstante, voz, y se la hace oír al arbitrio. Una voz sobrenatural, nu­trida de voces sobrenaturales que Dios no niega nunca a las almas: la del Custodio, la de los espíritus enviados por Dios, la de la Sabidu­ría, la de los recuerdos sobrenaturales (1) que toda alma recuerda aun sin la percepción exacta por parte del hombre entero. Y habla al ar­bitrio, con voz suave, incluso suplicante, para rogarle que la adorne con buenas plantas, y que sea activo y sabio para no hacer de ella un zarzal agreste, malo, venenoso, donde aniden serpientes y escorpio­nes y hagan sus cuevas la zorra y la garduña y otros animales dañinos. ■ El libre albedrío no siempre es un buen cultivador; no siempre vi­gila la viña y la defiende con un seto infranqueable, o sea, con una voluntad firme y buena en actitud de defender al alma de ladrones y parásitos y de todas las cosas perniciosas, de los vientos violentos que podrían hacer caer las florecillas de las buenas resoluciones ape­nas formadas en el deseo. ¡Oh, qué alto y fuerte deberá ser el seto que hay que levantar en torno al corazón para salvarle del mal! ¡Qué atención hay que tener para que no sea forzado, para que no abran en él ni grandes boquetes —puerta por donde entran disipaciones—, ni engañosas y pequeñas resquebrajaduras en sus cimientos, por las que se introduzcan las víboras: los siete pecados capitales! ¡Cómo hay que escardar, que­mar las malas hierbas, podar, mullir el terreno, abonar con la morti­ficación, cuidar con el amor a Dios y al prójimo, la propia alma! Y vi­gilar con ojo abierto y luminoso, y con mente despierta, para que los sarmientos que podían parecer buenos no se manifiesten luego dañi­nos; y si sucede esto, arrancarlos sin piedad: mejor es una planta so­la pero perfecta, que no muchas inútiles y dañinas. ■ Tenemos corazones, por tanto tenemos viñas en las que un cultivador desordenado trabajó, plantó plantas nuevas: este trabajo, aquella idea, aquel deseo; incluso no malos, pero que luego se dejan sin cuidar y se hacen malos; caen al suelo, se degeneran, mueren… ¡Cuántas virtudes perecen por es­tar mezcladas con las sensualidades, por falta de cultivo, porque, en una palabra, el libre albedrío  no está sostenido por el amor! ¡Cuántos ladrones entran a robar, a profanar, a devastar, porque la conciencia duerme en vez de velar, porque la voluntad se debilita y se corrompe, porque el libre albedrío se deja seducir y, siendo libre, se hace esclavo del Mal. ¡Fijaos, Dios le deja libre, y el arbitrio se hace esclavo de las pa­siones, del pecado, de las concupiscencias, en definitiva, del Mal! So­berbia, ira, avaricia, lujuria, primero mezcladas, luego triunfadoras sobre las plantas buenas… ¡Un desastre! ¡Cuánta sequía que reseca las plantas por no existir ya la oración que es unión con Dios y, por tanto, rocío de jugos benéficos en el alma! ¡Cuánto hielo que hiela las raíces con la falta de amor a Dios y al prójimo! ¡Cuánta pobreza del terreno por rechazar el abono de la mortificación, de la humildad! ¡Qué maraña inextricable de ramas buenas y no buenas, por no te­ner el valor de sufrir que se ampute lo que es nocivo! Éste es el esta­do de un alma que tiene como custodio y cultivador a un libre albedrío desordenado y vuelto hacia el Mal. ■ Mientras que el alma que tiene un libre albedrío que vive en el orden, y por tanto en la obediencia de la Ley —que ha sido dada para que el hombre sepa lo que es el orden, cómo es el orden y cómo se conserva—, y que es heroicamente fiel al Bien —porque el Bien eleva al hom­bre y le hace semejante a Dios, mientras que el Mal le afea y le hace semejante al demonio—, es una viña regada por las aguas puras, abundantes, útiles, de la fe, y adecuadamente sombreada por los árboles de la es­peranza, y calentada por el sol de la caridad, corregida por la volun­tad, abonada por la mortificación, ligada con la obediencia, podada por la fortaleza, conducida por la justicia, vigilada por la prudencia y por la conciencia. Y la gracia crece, ayudada por tantas cosas, crece la santidad, y la viña viene a ser un maravilloso jardín al que baja Dios a gustar sus delicias hasta que, conservándose la misma viña siempre como jardín perfecto, hasta la muerte de la criatura, Dios manda a sus ángeles que lleven este trabajo de un libre albedrío voluntarioso y bueno al grande y eterno jardín de los Cielos. ■ Ciertamente, vosotros queréis este destino. Pues entonces velad para que el Demonio, el Mundo, la Carne no seduzcan a vuestro libre al­bedrío y devasten vuestra alma. Velad porque en vosotros haya amor, y no amor propio, que apaga el amor y arroja al alma a merced de las distintas sensualidades y del desorden. Velad hasta el final, y las tempestades podrán mojaros pero no dañaros, y, cargados de frutos, iréis a vuestro Señor para el premio eterno. He terminado. Ahora meditad y descansad hasta el ocaso mien­tras Yo me retiro a orar”. (Escrito el 4 de Mayo de 1946)
······································
1  Nota  :  Recuerdos sobrenaturales que María Valtorta explica con la siguiente nota en una copia mecanografiada: Dios ha puesto en el hombre la conciencia además de la razón. Y la conciencia tiene una voz propia que recuerda, advierte o amonesta. Recuerda aquello que debería hacerse y aquello que no se debe hacer porque está mal. Advierte que no se haga el mal, porque va contra toda ley natural y sobrenatural. Amonesta por el mal hecho, moviendo a la reparación y al arrepentimiento. Hace sentir que el mal obrado en la Tierra provoca la pérdida de un premio futuro, la pérdida del Bien supremo. Esto hace la conciencia, porque, habiendo sido dada por Dios, no puede sino mantener despierto o suscitar en la criatura el recuerdo de Aquel que se la dio al hombre como guía.
.                                        ——————–000——————–
 
7-444-64 (8-136-67).- El alma se infunde en el embrión.
* “El alma infundida en el embrión sobrevive a la muerte de éste para unirse de nuevo al cuerpo resucitado al fin del mundo”.-Dice Jesús: “La concepción de un ser humano, puede realizarse tanto en un tálamo de oro, como en el mullido de  paja de un establo. Y el ser que se forma en el seno de una reina no es distinto del que se forma en el seno de una mendiga. El concebir, el formar un nuevo ser, es igual en todos los puntos de la tierra, cualquiera que fuera su religión. Todas las criaturas nacen como nacieron Abel y Caín del seno de Eva. ■ Y a la igualdad de concepción, de formación y modo de nacer, de los hijos de un hombre y una mujer en la Tierra, corresponde otra igualdad en el Cielo: la creación de un alma para ser infundida en el embrión, para que el embrión sea de hombre y no de animal y lo acompañe desde el momento en que es creada hasta la muerte, y sobreviva a él en espera de la resurrección universal para volver a unirse, entonces, al cuerpo resucitado y recibir con él el premio o el castigo. El premio o el castigo según las acciones realizadas en la vida terrena. ■ Porque no vayáis a pensar que la Caridad es injusta y que, sólo porque muchos no sean de Israel o del Mesías, aun siendo virtuosos en la religión que siguen, convencidos de estar en la verdadera, vayan a quedarse eternamente sin premio. Después del fin del mundo ninguna otra virtud sobrevivirá sino la Caridad, esto es, la unión con el Creador de todas las criaturas que vivieron con justicia. No habrá muchos Cielos, uno para Israel, otro para los cristianos, uno para los católicos, otro para los paganos. No habrá más que un solo Cielo. De igual modo no habrá más que un solo premio: Dios, el Creador que reúne consigo a todos sus hijos que vivieron justamente, en los que, por la belleza de los espíritus y de los cuerpos, admirará su propio Ser con alegría de Padre y de Dios. Será un solo Señor. No un señor para Israel, otro para el catolicismo, otro para todas las demás religiones”.   (Escrito el 30 de Mayo de 1946).
.                                         ——————–000——————–

(<Jesús, acompañado de sus apóstoles, está en la casa de Zaqueo quien ha reunido a algunos de sus amigos que se muestran dispuestos a seguir a Jesús dejando su vida depravada>)
.
8-524-175 (9-221-601).- Jesús con el ex-publicano Zaqueo y sus amigos convertidos (1): ¿Qué cosa es el alma? ¿Hay reencarnación?
El alma no es el pensamiento sino el espíritu, el principio inmaterial de la vida, que anima todo el hombre y perdura después del hombre. Por eso se la llama inmortal”.- ■ Dice Jesús: “Mientras comíamos, uno de vosotros, que no es de Israel, dijo que quería preguntarme algo. Puede hacerlo ahora, porque pronto volveremos donde la gente y luego nos separaremos”. Uno, Demetes, levanta la voz: “Soy yo el que ha dicho eso. Pero muchos desean saberlo. Zaqueo no supo explicarlo, y tampoco otros de los nuestros que son de tu religión. Hicimos la misma pregunta a tus discípulos cuando pasaron por aquí, pero no nos dieron una respuesta clara”. Jesús: “¿Y qué es lo que queréis saber?”. Demetes: “No sabíamos que teníamos alma. O sea… al menos nosotros habríamos debido saberlo, porque nuestros antepasados… Pero no leímos a los antiguos. Éramos unos animales… Y ya no sabíamos qué cosa era esta alma. Ni siquiera ahora lo sabemos. ¿Qué cosa es el alma? ¿Es acaso nuestra razón? No lo creemos que lo sea, porque en tal caso nosotros estaríamos sin ella, y hemos oído decir que sin alma no hay vida. ¿Qué es, entonces, el alma  —que nos dicen que es incorpórea, inmortal—, si no es la razón? El pensamiento es incorpóreo pero no es inmortal porque cesa con nuestra vida. Ni el más sabio piensa después de la muerte”. Jesús: “El alma, hombre, no es el pensamiento. El alma es el espíritu, es el principio inmaterial de la vida, el principio impalpable, pero verdadero, que anima todo el hombre y perdura después del hombre. Por eso se la llama inmortal. Es algo tan sublime, que hasta el más poderoso pensamiento es nada respecto a ella. El pensamiento tiene fin; el alma, por el contrario, tiene, ciertamente, un principio, pero no un fin. Bienaventurada o condenada, continúa existiendo. Felices aquellos que saben conservarla pura, o hacerla de nuevo pura después de haberla hecho impura, para devolverla a su Creador como Él se la entregó al hombre para animar su humanidad”.
* Creada reina y con dotes de reina, viniendo del Rey de reyes, siendo hálito e imagen de Él, tiene la misión de hacer del hombre un rey del gran Reino eterno, un dios después de esta vida”.-Demetes: “Pero ¿está en nosotros, o por encima de nosotros, como el ojo de Dios?”. Jesús: “En nosotros”. Demetes: “¿Entonces prisionera en nosotros hasta la muerte? ¿Esclava?”. Jesús: “No. Reina. En el pensamiento eterno, el alma, el espíritu, es la cosa que reina en el hombre, en el animal llamado hombre. Ella, viniendo del Rey y Padre de todos los reyes y padres, siendo hálito e imagen de Él, don y derecho de Él, teniendo como misión hacer de la criatura llamada hombre un rey del gran Reino eterno, un dios después de esta vida, un «habitante» de la Morada del sublimísimo, único Dios, es creada reina, y con autoridad y destino de reina. Siervas suyas, todas las virtudes y las facultades del hombre; ministra suya, la buena voluntad del hombre. Siervo suyo, el pensamiento: siervo y alumno, el pensamiento del hombre. ■ Desde el espíritu el pensamiento adquiere potencia y verdad, justicia y sabiduría, y puede elevarse a una perfección real. Un pensamiento privado de la luz del espíritu tendrá siempre lagunas y tinieblas; jamás podrá caer en la cuenta de verdades que son más incomprensibles que misterios para quien, habiendo perdido la realeza del alma, está separado de Dios. El pensamiento humano estará ciego, sufrirá idiotez, si le falta este punto base, este fermento indispensable para comprender, para —dejando la tierra y lanzándose hacia  arriba— alzarse al encuentro de la Inteligencia, de la Potencia, de… en una palabra, de la Divinidad. Te hablo de este modo, Demetes, porque no has sido siempre simplemente un cambista, y puedes comprender y explicarlo a los demás”. Demetes: “Verdaderamente eres un vidente, Maestro. No. No he sido solamente un cambista, como has dicho…  Es más, éste ha sido el último peldaño de mi bajada…”.
* Teoría pitagórica de la reencarnación. Error y ofensa. Hay un solo cuerpo para cada alma. Tampoco se puede retroceder en el tiempo, hacerse niño de nuevo, para recuperar la pureza de entonces. Ni posible ni necesario. Al final de la vida, el salvado, la mayor parte de las veces, deberá sufrir esa purificación”.-Demetes: “Dime Maestro, si el alma es reina ¿por qué no reina y no frena el mal pensamiento y la carne del hombre?”. Jesús: “Al frenar o domar quitaría la libertad y el mérito. Sería una opresora”. Demetes: “Pero también el pensamiento y la carne oprimen al alma —hablo de mí, de nosotros— y la hacen esclava muchas veces. Por esto, si está en nosotros como esclava, te pregunto ¿cómo puede permitir Dios que una cosa tan sublime —la definiste «hálito de Dios e imagen suya»— se humille hasta obedecer lo que es inferior?”. Jesús: “El pensamiento divino quería que el alma no conociese la esclavitud. Pero ¿olvidas al enemigo de Dios y del hombre? Los espíritus infernales a vosotros también os son conocidos”. Demetes: “Sí, y todos con crueles deseos. Puedo afirmar que, recordando al niño que era yo,  solo a estos espíritus infernales puedo atribuir el hombre que vine a ser y que he sido hasta los umbrales de la vejez. Ahora encuentro otra vez a aquel niño pequeño que perdió el camino de aquellos años. ■ ¿Podré hacerme tan niño como para volver a la pureza de entonces? ¿Se puede retroceder en el tiempo?”. Jesús: “No se puede. Imposible. Tiempo pasado, tiempo que jamás regresa. No puede uno volver a él, mas no es necesario.  Algunos de vosotros sois de lugares donde se conoce la teoría de la escuela pitagórica. Teoría de errores. Las almas, después de su viaje por tierra, no vuelven ya jamás a la tierra en ningún cuerpo. Ni de animal, pues no es conveniente que una cosa tan sobrenatural, venga a vivir en el cuerpo de un animal; ni de hombre, porque ¿cómo podría premiarse al cuerpo reunido con el alma en el último Juicio, si esa alma hubiera tenido diversos cuerpos, cual vestidos? Dicen los seguidores de tal teoría que es el último cuerpo el que goza, porque, a través de purificaciones, en sucesivas vidas, el alma sólo en la última reencarnación alcanza el estado perfecto digno de premio. ■ ¡Error y ofensa!  Es un error y ofensa contra Dios: porque se admite que Dios no ha podido crear sino un número limitado de almas; error y ofensa contra el hombre, al juzgarle tan corrompido que difícilmente puede ser premiado. No recibirá el premio inmediatamente; la mayor parte de las veces deberá sufrir una purificación al final de la vida (2). Pero purificación es prepararse al gozo. Por tanto, quien se purifica es uno que ya se ha salvado. Y, una vez salvado, gozará, pasado el último Día, con su cuerpo. No podrá tener más que un cuerpo para su alma, ni más de una vida aquí, y, con el cuerpo que le hicieron sus procreadores y el alma que le creó el Creador para vivificar a la carne, gozará el premio”. (Escrito el 3 de Noviembre de 1946).
·········································
1  Nota  : Zaqueo y sus amigos convertidos.-  Cfr  Personajes de la Obra magna: Zaqueo.   2  Nota  : Cfr. 2 Macabeos 12,38-46. Aquí y en otros lugares de la Obra se habla del tiempo que precedió a la Resurrección de Jesús y del limbo de los Patriarcas. Las oraciones de los difuntos de las que se hace mención en 2º de los  Macabeos, supone la existencia de almas que no solo estaban en espera de que fuesen abiertas las puertas del Cielo, sino que tenían necesidad y eran capaces de purificación.
.                                         ——————–000——————–

(<Jesús y apóstoles se encuentran en Efraín. Pedro ha ido a visitar a Jesús de noche, a su habitación, para manifestarle sus preocupaciones y conversar con Él. Entre otras cosas, no puede comprender el dolor y la muerte en los niños pues son inocentes>)
.
8-555-450 (10-16-117).- “Si los niños tienen el alma inocente ¿por qué mueren?”.
“Los niños no saben ofrecerse pero cuando Dios les habla, su alma inocente lo entiende  pues el lenguaje de Dios es espiritual… Mueren por razones de alto amor”.- ■ Pedro dice: “Pero los niños…”. Jesús: “¿Te refieres a ellos que no saben todavía ofrecerse?… ¿Y tú sabes cuándo Dios habla en ellos? El lenguaje de Dios es un lenguaje espiritual. El alma lo entiende y el alma no tiene edad. Aún más, te digo que el alma infante, por no tener malicia, tiene más capacidad de entender a Dios que el alma adulta de un viejo pecador. Créeme, Simón, que vivirás mucho tiempo para ver a muchos niños enseñar a personas adultas, e inclusive a ti mismo, la sabiduría del amor heroico. ■ Pero en esos pequeños que mueren por razones naturales está Dios obrando directamente, por razones de un tan alto amor que no puedo explicarte, pues pertenecen a los planes que están escritos en los libros de la Vida, que solo en el Cielo serán leídos por los bienaventurados; leídos, he dicho; pero en verdad, bastará con mirar a Dios para conocer no solo a Dios, sino también su infinita sabiduría… ■ La luna está ya a ponerse, Simón… Pronto amanecerá y no has dormido…”. Pedro: “No importa, Maestro. He perdido unas pocas horas de sueño pero he conseguido mucha sabiduría. Y he estado contigo. Pero, si me lo permites, me voy, no a dormir, sino a meditar tus palabras”.
* El dolor no es castigo sino gracia. Es como un sacerdocio que da poder sobre el corazón de Dios. Y Yo no he querido otro medio para borrar la Culpa.- ■ Pedro está ya en la puerta y está para salir, cuando se detiene pensativo y agrega: “Una cosa más, Maestro. ¿Está bien decir a alguien que sufre, entonces, que el dolor no es un castigo sino… una gracia; algo como… como nuestra llamada, hermosa aunque fatigosa, bella aunque a quien ignora pueda parecerle una cosa fea y triste?”. Jesús: “Lo puedes decir, Simón. ■ Es la verdad. El dolor no es un castigo, cuando se acepta y se hace uso de él con justicia. El dolor es como un sacerdocio, Simón. Un sacerdocio al alcance de todos (1). Un sacerdocio que da un gran poder sobre el corazón de Dios; y un gran mérito. Nacido con el pecado (2), sabe aplacar la Justicia. Porque Dios sabe emplear para el Bien incluso aquello que el Odio ha creado para causar dolor. Y Yo no he querido otro medio para borrar la Culpa, porque no hay un medio mayor que éste” (3). (Escrito el 15 de Enero de 1947).
·····································
1  Nota  : Cfr. 1 Pe. 2,4-10.    2  Nota  : Cfr. Gén. 3.   3  Nota  : Cfr. 1 Cor. 1,17-25; Fil. 2,5-11.
.                                        ——————–000——————–

(<Es la noche del Domingo de Ramos. Jesús regresa al campo de los Galileos en el Getsemaní, una vez de haber acudido, en compañía de su Madre, a consolar a Elisa, madre de Analía (1), que ha muerto de súbito, al paso de Jesús esta mañana frente a su casa. Uno de los soldados que, unas horas antes había abierto a Jesús la puerta de la entrada a Jerusalén, había quedado impresionado por las palabras que Jesús les había dirigido a él y a su compañero de guardia: “También en la guerra permanece la paz que Yo doy, porque es paz del alma”. El soldado, que desea nuevamente escuchar a Jesús, espera pacientemente su regreso>)
.
9-592-317 (10-11-390).- “Hay una parte divina en ti, el alma, que viene de Dios. Por eso es divina”.
* Es una joya preciosa que vive en el hombre, y se alimenta de cosas divinas: la fe, la paz, la verdad. La guerra no la turba, ni la muerte la mata; solo el mal la mata y la priva de paz porque el mal separa al hombre de Dios.- Jesús se dirige hacia las murallas, hacia la Puerta de Efraín o hacia la Puerta Estercolaria o de la Basura —porque muchas veces he oído nombrar a estas dos puertas cercanas entre sí con estos tres nombres, quizás porque una da al camino de Jericó, que está en el fondo, y que lleva a Efraín; y la otra porque está cerca del valle de Hinnón donde se quema la basura de la ciudad—. Son tan iguales que se confunden. El cielo, a pesar de estar todavía tachonado de estrellas, comienza a clarearse. Las calles están envueltas en la penumbra. La luna ha desaparecido. Pero el soldado romano tiene buenos ojos. Tan pronto como ve a Jesús que se acerca a la puerta, le sale al encuentro y le dice: “Salve. Te estaba esperando…”. Se detiene inseguro. Jesús: “Habla sin temor. ¿Qué se te ofrece?”. Soldado: “Quisiera saber. Dijiste: «La paz que Yo doy permanece aun en la guerra porque es la paz de alma». Quisiera saber qué paz es y qué es el alma.. ¿Cómo puede un hombre que está en guerra estar en paz? Cuando se abre el Templo de Jano se cierra el de la Paz. Ambas cosas no pueden coexistir en el mundo”. El soldado tiene a sus espaldas la pared verdosa de un huertecillo, en una callejuela estrecha como un sendero entre campos, flanqueada por pobres casas, húmeda, tétrica, obscura. No se ve otra cosa fuera de Jesús, del soldado, y de un débil resplandor que despide el bruñido yelmo. ■ La voz de Jesús se oye dulce, luminosa, confiada por arrojar una semilla de luz en el alma del pagano. “Tienes razón: en el mundo no pueden coexistir la paz y la guerra. Una excluye a la otra. Pero en el hombre de guerra puede haber paz aun cuando pelee. Puede existir mi paz. Porque ella viene del Cielo, y no le hace ningún daño el fragor de la guerra ni la ferocidad de la batalla. Esa paz es cosa divina e invade a la cosa divina que el hombre tiene dentro de sí y que se llama alma”. Soldado: “¿Es divina mi alma? Divino es César. Yo soy hijo de campesinos. Soy todavía un legionario sin grado. Si soy valiente, llegaré a ser centurión. Pero divino, no”. ■ Jesús: “Hay una parte divina en ti, el alma, que viene de Dios, del Dios verdadero. Por esto es divina. Es una joya preciosa que vive en el hombre, y se alimenta de cosas divinas: la fe, la paz, la verdad. La guerra no la turba, la persecución no la lesiona, la muerte no la mata; solo el mal, esto es, hacer lo que no está bien, la hiere o la mata, y también la priva de la paz que Yo le doy; porque el mal separa al hombre de Dios”.
* ¿Qué es el mal?.-El soldado pregunta: “¿Y qué es el mal?”. Jesús: “Estar en el paganismo y adorar los ídolos una vez que la bondad del Dios verdadero ha dado el conocimiento de que existe el verdadero Dios. No amar a los propios padres, a los hermanos, al prójimo. Robar, matar, ser rebelde, cometer acciones de lujuria, ser falso. Esto es el mal”. Soldado: “¡Ah, entonces yo no puedo tener tu paz! Soy saldado y se me ha dado órdenes de matar. Entonces ¿no hay para nosotros salvación?”. Jesús“Sé justo en la paz y en la guerra. Cumple tu deber sin crueldad ni ambición. Mientras combates y conquistas, recuerda que el enemigo es semejante a ti, y que en todas las ciudades hay madres e hijas como tu madre y tus hermanas, y sé valiente sin ser un hombre desenfrenado. No saldrás así de los límites de la justicia y de la paz y  mi paz estará contigo”. Soldado: “¿Y luego?”. Jesús: “¿Y luego? ¿Qué quieres decir?”. Soldado: “¿Después de la muerte? ¿Qué pasa con el bien que hice y con mi alma que dices que no muere si no se hace el mal?”. Jesús: “Seguirá viviendo del bien hecho, en medio de una paz gozosa, mayor que la que disfrutó en la Tierra”. ■ Soldado: “¡Entonces en Palestina uno solo había hecho el bien! Comprendo”. Jesús: “¿Quién?”. Soldado: “Lázaro de Betania. ¡Su alma no murió!”. Jesús: “Realmente él es un hombre justo. De todas formas, hay muchos semejantes a él y mueren sin resucitar; pero sus almas viven en el Dios verdadero. Porque el alma tiene una morada en el Reino de Dios. Y quien cree en Mí, entrará en ese Reino”. Soldado: “¿También yo que soy romano?”. Jesús: “También tú, si crees en la Verdad”.
* ¿Qué es la verdad?.- ■ El soldado pregunta de nuevo: “¿Qué es la verdad?”. Jesús: “Yo soy la Verdad, el Camino para ir a Ella. Soy la Vida y la doy a quien acepta la Verdad”. ■ El joven soldado piensa… Guarda silencio… Luego levanta su cara. Una cara muy joven, en que se dibuja una sonrisa límpida, serena. Dice: “Procuraré no olvidar nunca esto y de saber más aún. Me gusta…”. Jesús: “¿Cómo te llamas?”.  Soldado: “Vital. De Benevento. De la campiña de la ciudad”. Jesús: “Recordaré tu nombre. Haz que tu espíritu sea verdaderamente vital alimentándolo con la Verdad. Adiós. La puerta va a abrirse. Salgo de la ciudad”. Vital: “¡Ave!”. Jesús atraviesa con paso ligero la puerta y se va rápido por el camino que le lleva al Cedrón, al Getsemaní, y de aquí al campo de los Galileos. (Escrito el 31 de Marzo de 1947).
·········································
1   Nota   :  Cfr. Personajes de la Obra magna: Analía.
.                                           ——————-000——————–

.                            b) Dictados extraídos de los «Cuadernos de 1943/1950»

.
43-237.- El alma (cofre, tabernáculo)  y el espíritu (la perla).
* Las guerras son sacrílegas: profanan el corazón (alma) donde Dios habita. Muere la fe (y subintra su negación),  muere la caridad (y subintra la crueldad), muere la oración (y subintra la blasfemia). Y quien profana comete sacrilegio.- “Yo conforto en la hora de la prueba a los injustamente muertos”.-Dice Jesús: “Perder la vida, la mayor desventura para el hombre que vive de la carne y en la sangre, no es una pérdida antes ganancia para el hombre que vive de la Fe y del espíritu. Por eso dije Yo: «No temáis a los que os pueden matar el cuerpo». Yo estoy junto a los inocentes muertos por cualquier causa de crueldad humana; estoy junto a los mártires, lo mismo que junto a soldados; estoy junto a los oprimidos por un yugo familiar que los unce al delito, igual junto a los eliminados en las guerras sacrílegas y feroces mediante procedimientos maldecidos por Mí. Las llamo sacrílegas. Y ¿de qué otra manera habría de llamarlas? ¿No es contravenir mi Ley el obrar con violencia, usando y abusando de la fuerza por motivos de orgullo humano que tienen como fruto la destrucción de vidas y de conciencias? ■ Y ¿qué templo mayor que el corazón del hombre creado por Mí en el que Yo debería habitar? Ahora bien, ¿puede acaso habitar el Dios de la Paz donde hay pensamientos de guerra, donde bajo la égida de la guerra, se permite el hombre licencias culpables; donde, bajo la ráfaga de la guerra, muere la fe y subintra su negación, muere la caridad y subintra la crueldad, muere la oración y subintra la blasfemia? ¿No son éstas acaso, profanaciones del corazón? Y quien profana ¿no comete sacrilegio? Por eso dije: «No temáis a los que matan el cuerpo y nada más pueden hacer». Yo conforto en la hora de la prueba a los injustamente muertos, siendo eso garantía de que tras esa hora llega para ellos la Luz beatífica”.
El alma es el cofre que alberga el espíritu. Como la sangre en las venas así es vuestro espíritu en el interior de vuestra alma. Y como la sangre proporciona vida a la carne, así el espíritu proporciona vida al alma. El que sabe vivir en la vida del espíritu, es como un hijo en mi seno”.- Jesús: “Ahora bien, Yo os digo: «Temed al que, después de haberos muerto, os puede arrojar a la gehena». Muerto ¿cómo?, ¿qué? Vuestra alma y vuestro espíritu. El alma es el cofre, el arca santa, el tabernáculo que alberga al espíritu que es la perla extraída por la mano de Dios de los tesoros infinitos de su Yo para ponerla dentro de la criatura: signo innegable de vuestro origen de hijos míos. Como la sangre en las venas así está el espíritu en el interior de vuestra alma. Y como la sangre proporciona vida a la carne para vivir los días de la Tierra, así el espíritu proporciona vida al alma para vivir los días que no tienen fin. De aquí que la pérdida sin límite de medida, es la del espíritu y no la de un poco de carne. Ni hay mayor delito y más condenado por Dios que éste de matar un espíritu privándole de la Gracia que le hace hijo de Dios. ■ Como crece y se forma un hijo en el seno de la madre hasta alcanzar la edad perfecta de la vida intrauterina recibiendo alimento mediante los órganos que le mantienen en contacto con los órganos alimentarios de la madre, así el que sabe vivir en la vida del espíritu y conservarlo a éste, es como un hijo en mi seno, que crece y alcanza la edad perfecta de la vida dentro de Mí, tomando de Mí alimento y fuerza. ¿No es para ti gozo y seguridad pensar que vives de Mí, en Mí, para Mí y conmigo? ■ El que deja al Enemigo que mate su espíritu, se hace cómplice del mismo. Este tal tiene abierto con sus propias manos el saco en el que el Maldito encierra vuestra alma privándola, primero de la Luz, luego de la Vida y hundiéndola, por último, en su sima infernal de donde ya no se sale y sobre la que gravita la maldición eterna de Dios. Y ¿cómo Yo, que digo: «No matar» y condeno la muerte inferida a una carne, no he de poder dictar condena contra el que mata el espíritu? Sí, contra éste, sin duda alguna. Porque tenéis una voluntad y si vosotros no queréis, nada puede el Enemigo. Por tal motivo sois vosotros los que matáis vuestro espíritu. Y, en verdad, en verdad os digo que, al pronunciar la palabra de condena contra aquel que mata el espíritu, retumbará con ira justa y terrible mi Voz de Padre repudiado por un hijo y de Rey defraudado por un súbdito. Permanece, por tanto, segura en tu sufrir. A medida que muere la carne, va creciendo tu espíritu que, como víctima de amor, se alimenta del morir de tu cuerpo. ¡Qué día más hermoso será aquel en que, rota la arcilla del vaso terreno, emerja tu espíritu libre y potente hacia la gloria de tu Jesús en el Cielo!”. (Escrito el 4 de Agosto de 1943).
.                                          ——————-000——————–

(<María Valtorta tiene una visión del Paraíso y van describiendo cuanto ve. Ahora va a describir la creación de las almas>)
.
44-384.- Visión de la creación  de las almas y visión del juicio de las mismas terminada la vida.
* Las almas salen de las manos del Padre como chispitas, pétalos de luz, perlas globulares. Hermosas, llenas de gozo por bajar a investir un cuerpo obedeciendo a su Autor”.- ■ Mi espíritu va haciéndose cada vez más apto para ir viendo en la Luz, y así, veo que, a cada fusión de las tres Personas, fusión que se repite a ritmo apremiante y continuo como acuciada por un hambre insaciable de amor, se van produciendo los incesantes milagros que son las obras de Dios. Veo cómo el Padre, por amor a su Hijo, al cual quiere proporcionarle el mayor número posible de seguidores, crea las almas. ¡Oh qué hermosura! Ellas salen de las manos del Padre como chispitas, como pétalos de luz, como perlas globulares, como no es posible describir. Es un continuo fluir de nuevas almas… Hermosas, llenas de gozo por bajar a investir un cuerpo obedeciendo a su Autor. ¡Qué bellas son al salir de Dios! No veo, no lo puedo ver, estando en el Paraíso, cuándo las empaña la Mancha Original. ■ El Hijo, por celo para con su Padre, recibe y juzga sin descanso a aquellos que, una vez terminada la vida, tornan a su Origen para ser juzgados. No veo a estos espíritus, mas por los cambios de expresión de Jesús, advierto si éstos son juzgados con gozo, con misericordia o con inexorabilidad. ¡Qué fulgor en su sonrisa cuando se le presenta un santo! ¡Qué luz de melancólica misericordia cuando ha de separarse de quien debe purificarse antes de penetrar en el Reino! y ¡Qué ráfaga de ofendido y dolorido enojo cuando tiene que rechazar para siempre a un rebelde! ■ Ahora es cuando comprendo lo que es el Paraíso y en qué consisten su Belleza, su Naturaleza, su Luz y su Canto. Consisten en el Amor. El Paraíso es Amor y es el Amor el que en el mismo lo crea todo. Todo descansa sobre el Amor, siendo el Amor el ápice del que todo se deriva. El Padre opera por Amor. El Hijo juzga por Amor. María vive por Amor. Los ángeles cantan por Amor. Los bienaventurados hosannan por Amor. Si hay Canto y hay Vida es porque hay Amor. ¡Oh Amor!, ¡Amor!, ¡Amor…! Yo me anonado en Ti. Yo resurjo en Ti. Yo muero, criatura humana, porque Tú me consumes. Yo nazco, criatura espiritual, porque Tú me creas. ¡Seas bendito, bendito, bendito, bendito Amor, Tercera Persona! ¡Seas bendito, bendito, bendito Amor que eres Amor de las dos Primeras! ¡Seas bendito, bendito, bendito Amor que amas a las dos que te preceden! ¡Seas bendito Tú que me amas! ¡Seas bendecido por mí que te amo porque me permites amarte y conocerte, Luz mía…! (Escrito el 25 de Mayo de 1944).
.                                        ——————–000——————–

44-403.- Variedad en las almas recién creadas.
* ¿Por qué a María Valtorta se le representan de diferentes colores las almas creadas por el Padre? El Creador, perfecto en su crear, no se limitó solo a crear las almas sino que las creó diversas en sus disposiciones naturales y caracteres de acuerdo con las necesidades del consorcio humano.- ■ Dice Jesús: “Cuando contemplaste el eterno Paraíso te preguntabas a ti misma por qué en las almas recién formadas se daban grados de colores diversos (1). En realidad, no es que estas espirituales chispas animadoras gocen de color sino que te fueron mostradas de forma sensible con esta variedad de colores para que tus sentidos pudiesen captarlas y tu atención advertirlas preguntándose por la razón de tal variedad. Ahora bien, ello debía servir únicamente para que te hicieses esta pregunta: «Teniendo un mismo Origen, ¿cómo pueden darse tales diferencias?». Dios Creador carece de límites en su poder. Dios Creador es perfecto en el crear. Dios Creador es providente en el obrar. No se limitó a formar estrellas para el cielo que únicamente habrían servido para vuestras noches, ni a hacer como planeta exclusivamente a la luna que tan solo habría servido para indicaros el discurrir de los meses, ni hecho únicamente el sol o tantos otros soles que os habrían abrasado al resplandecer día y noche sin interrupción; sino que hizo el sol para el día regulando la rotación del resto de los planetas en torno a él, haciendo de este modo que quedaran éstos regulados mediante una ley de orden recibiendo luz y calor. Hizo la luna, en primer lugar, para medir el tiempo y, a la vez, para regular las mareas y otras más íntimas leyes creativas, como las estrellas para que os sirviesen de brújula en las noches oscuras. No circunscribió su acción únicamente a la hierba de los prados, a las mieses de campo, a las vides y olivos ni a los árboles frutales, sino que, a todo esto, añadió para vosotros las plantas de adorno, las flores, los árboles utilitarios que proporcionan madera para vuestras casas y las plantas medicinales que os suministran jugos apropiados para curar las enfermedades. En su crear, no se quedó en los apacibles rumiantes, en los veloces caballos, en los pájaros, en los peces, en las bestias fáciles de domesticar, en aquellas otras que en su vivir salvaje resultan útiles para limpieza de los campos y de los bosques ni en la serpiente, esa maldita serpiente cargada de veneno que, precisamente por ese veneno resulta útil para curar con él algunas de las enfermedades más penosas. ■ Y todas estas especies obedecen a la razón por la que fueron hechas y al orden que se les impuso. Desde el sol hasta el mosquito no hay quien diga: «Yo quiero hacer lo que me place», sino que, con la voz del calor si son astros, con la de los jugos si de plantas se trata, con la del sonido si son animales, o con la de sus deslizamientos en los peces, dice: «Sí, Creador nuestro,  henos aquí. Tú nos hiciste para ‘esto’ y ‘esto’ es lo que nosotros hacemos para tu gloria». Pensad, hombres, qué acaecería si la Tierra se plantara negándose a surcar, bólido inmenso, su trayectoria en los cielos. Resultaría que un hemisferio se abrasaría al tiempo que el otro se helaría. Uno estaría en perpetuas tinieblas sobreviniendo en él la muerte de la vida animal y vegetal por la oscuridad y el hielo, y el otro en eterna luz y calor, produciéndose la muerte de la vida por exceso de vida y de calor. Pensad, hombres, qué sería si las ovejas no os diesen lana, las vacas leche, los árboles frutos y así todo lo demás. Porque, si los animales, las plantas y los astros, siguieran vuestro ejemplo, sobrevendría un caos en el que pereceríais con un horror inconcebible. ■ Mas todo, menos vosotros, se desenvuelve dentro del orden establecido por Dios. El Creador, lo mismo que provee a esto, provee también a cuanto atañe al orden en que ha de desenvolverse la humanidad, y así su Mente Santísima piensa en que para el bien de la Tierra son precisos pensadores, científicos, guerreros, trabajadores y, en relación con los temperamentos, audaces, apacibles, activos, contemplativos y así por este orden. Las almas, que dejan de animar un cuerpo, tornan a Dios para recibir un destino conforme a sus méritos. Dios crea nuevas almas para mantener el número de criaturas que deben poblar la Tierra. La primera es operación de orden divino y la segunda es la de crear, conforme a la necesidad apreciada por Él, una categoría especial más numerosa que otra a fin de que todo en la raza resulte armónico, completándose mutuamente, al modo como los dientes de un engranaje se acoplan al contiguo haciendo mover la gigantesca máquina sin roces ni fracturas. Así obra Dios. Y si vosotros obedecieseis de esta suerte, todo marcharía en orden. Mas vosotros os rebeláis. ¿Quién de entre vosotros está contento con  su suerte? Ninguno o bien pocos por cierto. Desasosegados de continuo, dominados por las pasiones, olvidados de Dios o por demás tibios en el fervor, seguís los dictados del desorden creándolo en vosotros. Y el primero está en vuestra rebeldía contra la Ley divina que os dice: «Amad y respetad a Dios, servidle solo a Él, amad y respetad a los padres, no hurtéis, no matéis, no calumniéis, no seáis viciosos». ■ De este primer desorden se derivan las restantes desventuras resultando vosotros esclavos de vosotros mismos o de uno igual a vosotros que abusivamente se autoproclama lo que no es. Y llegáis a esto por no haber querido ser, no digo esclavos, sino hijos de un Padre que mejor no puede haber. Considerad que hasta los ángeles tienen diversidad de cometidos. Y así éste es custodio de un hombre, aquel anunciador y el otro serafín adorante. No queráis pues ser vosotros solos, en toda la creación los únicos que pretendáis regularos de acuerdo con vuestra mísera voluntad”.
* Esas variaciones de colores vienen a indicar, por tanto, que no proviene de Dios la supernumerabilidad de esta o aquella categoría. Son las almas que, voluntariamente, han salido de la categoría en que el Señor las colocó, las que turban la armonía del humano consorcio al seguir sus apetitos.- Jesús: “El alma recién creada dice: «Padre nuestro… hágase tu voluntad»;  y si bien es cierto que la Culpa Original le inocula después la voluntad contraria de Lucifer rebelde, no es menos cierto y verdad de fe que el Sacramento del Bautismo os devuelve el primitivo candor celeste que el Espíritu Santo confirma y la Eucaristía fortifica. Desatended, por tanto las voces de cuanto es concupiscencia y tornad, tornad a la obediencia. Haced coro, en su obediencia, con las estrellas festivas, con las flores, las nieves, los árboles y los animales que obedecen todos llenos de gozo —¡oh cuán superiores son en esto a vosotros!— y seguid voluntariosos el sendero que Dios os tiene marcado. Y  no digáis: «¿Cómo podré conocerlo?». Si desde la más tierna edad os mantenéis fieles, Él, cual cinta de oro, brillará ante vosotros. Y si, tras un extravío, le «queréis» seguir, Él tornará a brillar puesto que Dios es bueno y quiere vuestro bien, tanto individual como colectivo, estando pronto a perdonar y ayudar a las resurrecciones morales y espirituales. ■ Aquella variedad de colores te ha querido dar a entender que no provienen de Dios la supernumerabilidad de esta o aquella categoría, cosa que os hace sufrir. Son las almas, que espontáneamente, voluntariamente,  han salido de la clase en que el Señor las colocó, las que turban la armonía del humano consorcio al seguir sus apetitos de los que los menos malos son los exclusivamente egoístas que buscan un bienestar relativo y los más culpables aquellos que, con tal de saciarse, despedazan a sus semejantes anulando la libertad, los afectos y la fe. Son aludes desatados por Satanás en odio a Dios”. (Escrito el 31 de Mayo de 1944).
···········································
1  Nota  :  Dictado precedente: 44-384.
.                                       ——————–000——————–

47-296.- “La criatura tiene necesidad de amar y para amar debe recordar. No se ama sino a quien se conoce. Más conocimiento, más amor”.- La Gracia: sus efectos.- Pérdida de la Gracia: sus efectos.  Misericordia de Dios.
*  Se dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios porque el alma humana es espiritual y racional, libre en su operar, capaz de conocer y amar a Dios. Dios quiso que el hombre le tuviese como ejemplar para formar en él la criatura divinizada que es el hombre. Para eso puso en el hombre el Amor que constituye la esencia de Dios.- ■ Dice Jesús: “Supuestas las obstinadas réplicas de algunos a estos luminosos puntos de mi enseñanza —que os debería abrir tantos horizontes y prestar ayuda tanto a vuestras almas como a las que vosotros administráis para acceder a este gozo que es el recuerdo, el conocimiento y reconocimiento de lo que es Dios y así gozar un poco del Cielo en la Tierra recibiendo con esto un gran impulso para progresar en la perfección— tratemos este asunto cual si tuviéramos delante a unos muchachos obstinados a los que no hay modo alguno de enseñar sino cansándose y esto con argumentos irrefutables. ¿Qué cosa es el hombre? Dice el Catecismo: «Es una criatura racional compuesta de alma y cuerpo».  ¿Qué cosa es el alma? Dice el Catecismo: «Es la parte más noble del hombre porque es sustancia espiritual dotada de entendimiento y voluntad, capaz de conocer a Dios y de poseerle eternamente». ¿Quién creó al hombre? Dice el Catecismo: «Lo creó Dios». ¿Para qué lo creó? Dice el Catecismo: «Para que el hombre le conozca, le ame y le sirva en esta vida y después goce de Él en la otra». ¿Cómo lo creó? Dice el Génesis en el capítulo 2º, versículo 7: «Y el Señor formó al hombre del lodo de la tierra y le inspiró el soplo de la vida y el hombre vino a ser criatura viviente». Y en el capítulo 1º, versículo 27 del Génesis se dice: «Dios creó al hombre a su imagen». Y el Catecismo lo confirma diciendo: «El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios». Y esto, ¿cómo? ¿En el rostro tal vez? ¿En la forma del cuerpo? Dios no tiene cuerpo ni rostro. Yo, para llegar a ser hombre, hube de asumir vuestra forma corpórea. Dios es Espíritu perfectísimo, simple, eterno, sin principio ni fin. El Catecismo enseña a este respecto que: «Se dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios porque el alma humana es espiritual y racional, libre en su operar, capaz de conocer y amar a Dios y de gozarle eternamente, perfecciones éstas que reflejan en el hombre un rayo de la infinita grandeza del Señor». ■ Un rayo de la infinita grandeza del Señor. Gran verdad, dado que solamente Nosotros, Unos y Trinos, nos conocemos y gozamos de Nosotros con plenitud de gozo generándonos por medio de este gozoso amor que es conocimiento de nuestra perfectísima Perfección. Y Nosotros quisimos que vosotros nos tuvieseis como ejemplar a fin de formar en vosotros la criatura divinizada que es el hombre hijo de Dios. Para eso pusimos en vosotros el Amor que constituye nuestra Esencia y os propusimos el Amor como término de la Perfección a fin de que llegaseis a estar con Nosotros para siempre del modo que lo estuvisteis con Nosotros antes de que existiese la Creación, cuando os contemplábamos antes de que salieseis de la nada para ser, conforme a nuestro querer, las criaturas en las que se refleja Dios y a las que ideó divinamente para su gloria. ■ Así pues, nada puede haber en Dios que no sea de Dios. Por eso el hombre es de Dios al que puede, con toda justicia, llamarle Padre y al que debe con adecuada justicia desear alcanzar y poseer tras haberse esforzado en amarle y conocerle. Dichosos los que saben alcanzar el summum de la bienaventuranza que es la unión con Dios, esto es, el conocimiento de Dios o, lo que es lo mismo, la fusión con el Amor, la contemplación de la Trinidad que es Uno, del Fuego que no consume sino que recrea y supercrea haciendo de la criatura humana aquello que pensó el Amor: un dios hijo de Dios. El Padre, en verdad, puso el sello de la propia paternidad en su hijo: la capacidad de conocer y de amar a Dios tanto en ésta como en la otra vida”.
* La Gracia, don sobrenatural —tanto como don dado (como en Adán) como don devuelto (en el sacramento del Bautismo)—  es el principio transformador de la criatura en hijo de Dios, semejante a la Luz de la que proviene, comunicando la capacidad de ver y conocer a Dios. Mas Ella es sobre todo amor, amor de Dios a su criatura predilecta que es el hombre: amor que eleva a esta criatura a la naturaleza del Creador deificándola, por lo que resulta justa la palabra de la Sabiduría cuando dice: «Vosotros sois dioses e hijos del Altísimo».-Jesús: “Así pues Dios creó al hombre compuesto de dos sustancias: una de ellas llamada cuerpo, creada inicialmente con el lodo y procreada subsiguientemente con la carne y la sangre del hombre; y la otra llamada alma, la cual, una vez creada por Dios, desciende una sola vez y para una sola carne a unirse a la carne que se forma en un seno. Sin el alma el hombre sería una criatura animal guiada por el instinto y las facultades naturales, y sin el cuerpo el hombre sería una criatura espiritual con dotes sobrenaturales de inteligencia, voluntad y gracia al igual de los ángeles. ■ Dios, a esta obra maestra de la creación representada por el hombre en el que se encuentran unidas las dos criaturas: la animal y la espiritual formando una sola unidad, ¿con qué le dotó además de la existencia? Con dones gratuitos que los teólogos dividen en: naturales, preternaturales y sobrenaturales. Naturales: el cuerpo sano y hermoso con los cinco sentidos perfectos y el alma racional dotada de inteligencia, voluntad y libertad. Preternaturales: la integridad, o sea, la sujeción del sentido, libre de toda clase de fomes, a la razón; la inmortalidad del cuerpo de no haber éste conocido el horror de la muerte; la inmunidad de todo dolor; y la ciencia proporcional a su estado de criatura elegida que era y, por tanto, una gran ciencia que el entendimiento perfecto asimilaba sin fatiga alguna. Sobrenaturales: la visión beatífica de Dios, la Gracia que le hace al hombre hijo de Dios y el destino de gozar de Dios eternamente. Así pues el hombre, tanto por su origen como por los dones recibidos podía con toda verdad llamarse «hijo de Dios» y conocerle del modo que un hijo conoce a su propio padre. ■ ¿Qué cosa es la Gracia?  Dice el Catecismo: «La gracia es un don sobrenatural que ilumina la mente y conforta la voluntad a fin de que el hombre obre el bien y se abstenga del mal». Mas Ella es sobre todo amor, amor de Dios a su criatura predilecta que es el hombre: amor que eleva a esta criatura a la naturaleza del Creador deificándola, por lo que resulta justa la palabra de la Sabiduría cuando dice: «Vosotros sois dioses e hijos del Altísimo». Es además medio de salvación desde que, por haber quedado el hombre débil a consecuencia del pecado, se encuentra necesitado de medios de salvación. Activa sobre toda ponderación cuando no encuentra impedimento o inercia que se oponga a la labor que se propone realizar en vosotros, la Gracia santifica a la criatura y las acciones de la misma y de su tronco sublime derivan tres ramas menores, llamadas: gracia actual, suficiente y eficaz, si bien es una única Gracia, principio transformador, cualidad divina inherente al alma, semejante a una luz cuyo esplendor, al envolver y penetrar a las almas, borra las manchas de la culpa comunicándoles una radiante belleza. Así lo define la Iglesia docente en las conclusiones del Concilio de Trento. ■ Y Yo, Maestro de los maestros, considerando a la Gracia en lo que es, por su eternidad es de Dios, digo que la Gracia es principio transformador de la criatura en hijo de Dios, cualidad por tanto divina, semejante a la Luz de la que proviene, cuyo esplendor al envolver y penetrar a las almas, bien como don dado (como a Adán) o como don devuelto (como para los cristianos católicos reintegrados a la Gracia por los méritos de mi Sacrificio y del Sacramento instituido por Mí),  le comunica no solo una radiante belleza, sí que también la capacidad de ver y de conocer a Dios del modo que el Primer Hombre le conocía viéndole y comprendiéndole con su espíritu lleno de inocencia y de Gracia. La Gracia es pues restitución del hombre a la capacidad de amar y de conocer a Dios. Es, por tanto, luz para ver aquello que para el pensamiento humano es Inmensa Tiniebla, aunque para el espíritu en gracia es Infinita Luz; es así mismo voz, sapientísima voz; es vista, luminosísima vista para contemplar a Dios; es don facilitado par ayudar al alma en su deseo de conocer a Dios; es medio para recordar su Origen tal como Ella quiere ser recordada; y es, por último, instrumento para la deificación de la criatura”.
*  A más Gracia más unión con Dios, elevándose así las potencias y acciones del hombre, de entre las cuales la 1ª es el amor. Amar es conocer. No se ama sino a quien se conoce. Tanto más se ama cuanto más se conoce. La criatura necesita amar y, para sentirse menos sola y amar, debe recordar, pues el recuerdo nos une con el amado. Para esto, Dios comunicó a Adán y Eva el conocimiento de Sí, para su felicidad en el período de la Gracia y del Gozo y para recuerdo de Dios, oculto en el período de la caída, pero sin pérdida definitiva al perdurar el amor.-Jesús: “Y cuando la criatura, bien por voluntad propia como por justicia adquirida mediante voluntad de amor, más crece en la Gracia, otro tanto crecerá en ella lo que es unión con lo Divino, como también la sabiduría que es uno de los atributos divinos y, con la sabiduría, la capacidad de comprender, conocer, amar la Verdad y la verdad. Porque la Gracia es el Espíritu de Dios que penetra en el hombre con todos sus dones, transformando, elevando y santificando las potencias y acciones del hombre, de entre las cuales la primera y principal es el amor por cuya acción fuisteis creados. Amar es conocer. No se ama sino a quien se conoce y tanto más se ama cuanto más se conoce. Ninguno podría llegar a amar a un pariente desconocido o a un hombre que habite en las antípodas como se ama al pariente que se tiene al lado o al amigo de casa. Su amor hacia él no pasará de un sentimiento abstracto de fraternidad o parentesco que no presta contento si perdura, ni pena cuando cesa; al tiempo que la pérdida de un amigo muy conocido supone verdadero dolor. Y, producida ésta, se procura conservar todos los recuerdos posibles de él para hacer menos viva su pérdida; y si, en vez de pérdida, es tan solo lejanía, se procura por todos los medios acortarla a fin de sentirla con menos gravedad. Los muchachos que quedaron huérfanos en la infancia, mirad con qué afán tratan de reconstruir una figura ideal del padre desaparecido con los recuerdos que quedaron  de él o con  los recogidos de labios de los parientes y amigos. ■ La criatura tiene necesidad de amar y, para sentirse menos sola y amar, debe recordar. El recuerdo es como una cadena que, lanzada a través de la distancia, nos une con el amado. No se ve su extremidad, pero los movimientos que se sienten llegar a través de la amorosa cadena del recuerdo recíproco nos dicen que hay correspondencia en el amor con que se ama.  Para esto comunicó Dios a los primeros padres el conocimiento de Sí. Para que fuesen del todo felices durante el período de la Gracia y del Gozo y tuviesen después un recuerdo suyo que les uniese todavía al Padre, oculto tras las nieblas del pecado interpuestas como un muro levantado entre los decaídos y la Perfección aunque sin pérdida definitiva al perdurar el amor. ■ Adán y Eva conocieron a Dios, tuvieron la visión beatífica del mismo y comprendieron su Esencia porque sus espíritus, digo espíritus, en Gracia podían mirar fijamente la incorpórea y suprema Belleza y entender su Sabiduría en la voz de Dios «a través del frescor de la tarde». ¡Oh, dulces coloquios, arrobamientos de criaturas deificadas con Dios, su Autor, en la paz del paraíso terrenal; amaestramientos divinos aprendidos sin esfuerzo por dos inteligencias sin taras de imperfecciones físicas o morales, aceptado sin esa obstinación que os hace tan difícil la aceptación de las lecciones divinas porque no sabéis amar como los Inocentes, pobres hombres faltos de excesivas cosas santas y repletos de otras inútiles y dañinas; pobres hombres que podríais volver a ser perfectos si poseyeseis un perfecto amor!  ¡Oh lecciones de Dios, sabiduría que refluía de la Fuente paterna en los hijos benditos, recibida como un don, amada como una caricia, amor recíproco que era palabra, que era pregunta precursora de la respuesta, que era confianza, que era sonrisa, que era paz!  Página de un gozo destruido para siempre, pagina escrita en los libros de la vida en sus principios, no continuada después y emborronada al fin con la impronta incancelable de la Culpa, ¿quién te puede ya leer a los que viven en el exilio para que comprendan lo que perdieron y sean humildes? Humildes al contemplar lo grande que fue su decadencia y considerar lo bueno que es Dios dando tanto amor y sabiduría aun cuando la serpentina cabeza de la soberbia no domada se halle siempre pronta a deslizarse en ellos para discutir con Dios que se manifiesta, aconseja o impone sus órdenes con un fin bueno”.
*  Adán y Eva poseían el don de la Gracia y no tenían necesidad de recordar y, como progenitores de toda la familia humana, hubieran transmitido este don del conocimiento de Dios junto con otros dones a sus descendientes. Pero perdieron la Gracia y sus descendientes, al heredar la Culpa, sufrieron los daños de la pérdida de la Gracia: Paraíso, ignorancia, inclinación al mal y muerte, de modo que, de no haber usado Dios de misericordia, los hombres no habrían podido salvarse.-Jesús: “Adán y Eva poseían pues el don de la Gracia que es amor, luz, sabiduría, conocimiento de Dios, y este don, al ser ellos hombres privados y públicos al mismo tiempo, y progenitores de toda la familia humana, lo hubieran transmitido junto con los otros dones a sus descendientes sin que hubieran tenido que esforzarse para recordar a Dios, salir a duras penas de las tinieblas a la Luz luchando, agobiados por el Mal, a contracorriente de las tentaciones, con las calígines de la ignorancia y con toda la miseria subsiguiente al decaimiento de la Gracia. No habría habido necesidad de recordar por cuanto no había por qué recordar al Bien sino disfrutar del estado feliz gozando del Amado. ■ Después, Adán y Eva pecaron y Dios los apartó de su presencia y les privó de su amistad y del Edén «colocando Querubines en sus umbrales» dice el Génesis y condenando a la Humanidad al trabajo, al dolor, a la ignorancia, y a la muerte en la parte material y a la privación de la Gracia, del conocimiento de Dios y del Paraíso celestial en la parte espiritual. Dice el Catecismo: «Adán y Eva perdieron la Gracia de Dios y el derecho de que tenían al Cielo, siendo echados del paraíso terrenal, sujetos a muchas miserias en el alma y en el cuerpo y condenados a morir» y «sus descendientes, al heredar la Culpa, sufrieron los daños de la privación de la Gracia, la pérdida del Paraíso, la ignorancia, la inclinación al mal, todas las miserias de la vida, y, por fin, la muerte», de modo que, «de no haber usado Dios de misericordia, los hombres no habrían podido salvarse»”.
* Pero Dios —siempre Misericordia hasta en la Justicia, al ser eterna y perfecta Caridad— , en el mismo instante de la condena Dios la mitiga en su rigor con la esperanza de un Redentor y la promesa de un perdón y quiso que en el alma del hombre envuelta en las tinieblas y en el dolor quedaran destellos de luz —recuerdos— que impidiesen la desesperación.-Jesús: “¿Cuál fue la misericordia que Dios usó con el género humano? Responde  así mismo el Génesis con sus páginas y el Catecismo con sus respuestas: «La Misericordia de prometer inmediatamente a Adán el Redentor divino o Mesías y la de mandarlo a su tiempo para librar a los hombres de la esclavitud del demonio y del pecado, reintegrándoles a su condición de hijos de Dios con la restitución del estado de Gracia» mediante mis méritos y mi Pasión. Decidme pues: Si, en el momento mismo de la condena, Dios Padre la mitiga ya en su rigor con la esperanza de un Redentor y la promesa de un perdón, ¿no está demostrando con ello que Él, siempre Misericordia hasta en la Justicia, al ser eterna y perfecta Caridad, quiso que en el alma del hombre envuelto en las tinieblas y en el dolor, quedaran destellos de luz —recuerdos— que impidiesen la desesperación, el abatimiento, el abandono y la indolencia del que brujulea sin norte y va arrastrando sus días sin vigor de esperanza? Sí, así fue ciertamente. ■ Y, resumiendo lo hasta aquí dicho, tomado del Génesis —libro escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo y teniendo, en consecuencia, a Dios por autor como define el Concilio Vaticano— y del Catecismo en el texto prescrito por aquel mi auténtico Vicario y Pastor que ahora está conmigo en el Cielo tras haberme amado con perfección y recordado a sí mismo con perfección en la Tierra —verdad que nadie puede rechazar a menos de declararse hereje— se puede concluir que el hombre inocente y en Gracia poseía el don de gracia de conocer a Dios, amarle y gozarle eternamente; y que el hombre decaído tuvo el don de misericordia de una promesa y de un recuerdo por tanto divinos que le ayudasen a obrar bien para poder, en un futuro cierto, gozar, tras el dolor del castigo, de la vista y posesión de Dios”. (Escrito el día 28 de Enero de 1947).
.                                                                   —-

47-302.- Inclinación natural al Bien supremo, que es recuerdo espiritual de Dios; es estímulo en la búsqueda de Dios.
* Hay misterios que no se pueden comprender si se los desentraña conforme a un método analítico humano: Ni las almas preexisten, pues Dios no necesita de previsiones. Ni tornar al Origen y presentarse al juez Jesús quiere decir ir a un determinado lugar. (Se usan estas fórmulas para ayudar a vuestro pensamiento). Pues el alma que abandona la carne, a la que animaba, se encuentra inmediatamente ante la divinidad que la juzga. La Divinidad llena de Sí la Creación y de ahí que se halle presente en todos los lugares de la misma. Así, pues, la creación del alma y el juicio particular son los dos átomos de instante en los que las almas de los hijos del hombre conocen intelectualmente a Dios en la proporción justa y suficiente para dotarles de un agente con el que tiendan a su Bien apenas entrevisto.- ■ Dice Jesús: “Y ahora, una vez tratado el asunto de un modo genérico, descendamos a desarrollarlo en aquellos puntos que no podéis, o mejor, que no queréis aceptar.  El de 2 de Septiembre de 1944 dicté lo siguiente: «Son éstos, misterios por demás elevados para que los podáis comprender plenamente» (1). Los simples de corazón, instruidos únicamente por el amor y la Sabiduría, los comprenden mejor porque no los discuten. Para ellos toda palabra sobrenatural que comunique paz es palabra cierta y la acogen con humildad y reconocimiento. Pero lo repito: hay misterios que no se pueden comprender si se los desentraña conforme a un método analítico humano. Una de dos: o se tiene una fe grande y entonces resultan suficientemente claros, o no se comprenden. Mas os aconsejo que aceptéis al menos las luces que os proporciono para que resulte menos incompleta vuestra ciencia. Tened siempre en cuenta que hasta el hombre más docto es por demás insignificante y finito comparado con el Infinito y la Sabiduría del Infinito. Y os aconsejo así mismo que no alteréis mis palabras ni desfiguréis su sentido para causar pena a la portavoz. Es faltar a la caridad afligir a los hermanos e inculpar a los inocentes. ■ Queréis ver cómo se ha podido decir que las almas preexisten. ¿De dónde habéis sacado vosotros lo que Yo no he dicho? Del fondo de vuestro pensamiento que no de mis páginas. Las almas no preexisten. No son objetos acumulados y en depósito que se hayan de tomar en un momento determinado. Dios no necesita de previsiones para tener a su disposición las sustancias. En el dictado del 24 de Agosto de 1944  dije al pequeño Juan: “Has visto tú la continua generación de las almas por Dios” (2). Y empleé ese vocablo para transmitiros con la mayor viveza posible la sensación de que el hombre es hijo de Dios, ya que padre es todo aquel que engendra, y para haceros apreciar así mismo la belleza de la parte que en vosotros se asemeja a Dios. Nada hay en Dios, que no sea Dios. Vuestras almas, por tanto al proceder de Dios están sobrenaturalmente divinizadas por su origen y por la Gracia que, en los que creen en el Dios Verdadero y en Cristo Redentor, viene infusa con el Santo Bautismo y se conserva mediante la fuga del pecado. Si Yo daba ya a entender el fin mostrando el principio que es la vida celestial de la posesión de Dios;  si lo hacía exponiendo el principio —la creación del alma por obra de Dios para encarnarse en un cuerpo y santificarse durante la existencia para entrar vencedora en el Cielo— se me debía entender, pues no sois ignorantes sino doctos y a esta vuestra ciencia os atenéis. Comprended, por tanto, con buena voluntad el pensamiento de vuestro Señor que es claro y comprensible para todos cuantos tienen buena voluntad de entenderlo. Y bien,  ¿sois por ventura vosotros como aquellos que me acusaban durante mi tiempo mortal y siguen acusándome de que digo que es preferible violentarse a sí mismos arrancándose el ojo, la mano o el pie con que pecan antes que conservarlos pecando? ¿No acabáis de comprender la metáfora? ¿No sabéis transportar a lo espiritual una comparación material? Pues bien, si tan limitados sois, me acomodo a vosotros sustituyendo el vocablo «generación» por «creación». ■ Le proporcioné a la portavoz la visión de la creación de las almas (3). Leed la visión descrita por la portavoz. Una visión que, como digo más adelante (4) le fue dada de esa manera para que la operación creadora, inmaterial, le resultase perceptible a la vidente. Al describir esa visión, la portavoz emplea la palabra crear y, con verdad y simplicidad, dice que «a pesar de estar en el Paraíso, no ve —conclusión exactamente justa de la vidente— cuándo la mancha original contamina a las almas». En efecto, no cabe que tal suceda en el Paraíso. Por esto podéis colegir que la portavoz está en la verdad. Y así mismo declara que «no ve a los espíritus que, concluido su tiempo sobre la Tierra, se separan de la carne y tornan para ser juzgados». Dice María que «comprende cómo son juzgados por los cambios de expresión en Jesús». Tornar al Origen y presentarse al juez Jesús no quiere decir ir a un determinado lugar ni exactamente marchar a los pies del trono eterno. Se usan estas fórmulas para ayudar a vuestro pensamiento. El alma que abandona la carne, a la que animaba, se encuentra inmediatamente ante la divinidad que juzga sin necesidad de que el alma tenga que subir a presentarse a las puertas del Reino bienaventurado. Dice el Catecismo que Dios está en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar y por eso el encuentro se verifica dondequiera. La Divinidad llena de Sí la Creación y de ahí que se halle presente en todos los lugares de la misma. Yo soy el que juzgo: mas Yo soy inseparable del Padre y del Espíritu Santo y, por tanto, omnipresente en todo lugar. ■ El juicio es veloz, como veloz fue la creación: menos de una milésima de vuestra más pequeña unidad de tiempo. Mas como en el átomo del instante creador el alma tuvo tiempo de entrever al Origen Santísimo que la creó y de llevar consigo su recuerdo para que le sirva de instintiva religión y de ayuda en la búsqueda de la fe, de la esperanza y de la caridad, porque, si observáis bien, se encuentran como en nebulosa, como gérmenes informes hasta en las religiones más imperfectas —la fe en una divinidad, la esperanza en un premio otorgado por dicha divinidad y el amor a la misma— otro tanto acaece en el átomo del instante del juicio particular; que el espíritu tiene tiempo para comprender lo que no quiso comprender en la vida terrena, lo que odió como enemigo, escarneció o negó como cuento vano o, incluso, sirvió con tibiezas que exigen reparación, habiendo de llevar consigo al lugar de la expiación o a la condenación eterna el recuerdo que ha de provocar llamas de amor hacia la eterna Belleza o torturas de castigo con la desesperación del Bien perdido que la conciencia inteligente le reprochará por haber querido libremente perderlo. Porque, de modo terrible y sin poderlo contemplar, lo recuerdan junto con sus pecados. ■ La creación del alma y el juicio particular son los dos átomos de instante en los que las almas de los hijos del hombre conocen intelectualmente a Dios en la proporción justa y suficiente para dotarles de un agente con el que tiendan a su Bien apenas entrevisto, pero que quedó impreso en la esencia que, al ser inteligente, libre, simple y espiritual, tiene comprensiones prontas, voluntad libre, simples deseos y movimientos, inclinación o apetito, como mejor os plazca, para reunirse mediante el amor con Aquel del que vino y para alcanzar su fin del que ya intuyó su belleza o apartarse de Él con un odio perfecto uniéndose al que es su rey condenado y teniendo en el recuerdo «de odio» un tormento, el mayor de los tormentos infernales, una desesperación y una maldición indescriptibles” .
* El deseo de los justos a la perfección es un deseo que viene directamente de Dios que llega dar este mandado «Camina en mi presencia y sé perfecto»… para despertar un deseo ya apagado (un recuerdo de Dios), que Dios Padre puso ya en el alma del primer Hombre para que él y sus descendientes puedan alcanzar su fin: el conocimiento de Dios, que es bienaventuranza, por haberle amado y servido y así poder poseerle.-Jesús: “El «sed perfectos como el Padre» que Yo indiqué no era palabra vana ni exagerada. El hombre estaba a punto de ser de nuevo elevado al estado de Gracia. Podía, por tanto, con plena razón dar este mandato de perfección ya que para la perfección fuisteis creados. Y este deseo de los justos a la perfección es un deseo que viene directamente de Dios que llega a dar este mandato: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (5). Y más ampliado bien que implícito, os lo repite en las leyes del Sinaí, en las lecciones de los Sapienciales y en las palabras de los patriarcas, de los profetas y de todos los inspirados en los que soy Yo el que hablo. Y, en fin, como no puedo ser más directo y ni explícito, en mi mandato de: «Sed perfectos como vuestro Padre». Y, a modo de eco de mi Palabra eterna, en las palabras de mis Santos, desde Pedro en adelante. «Sed perfectos» dije Yo para liberar el espíritu de los antiguos de aquella angustiosa sensación de temor que les impedía el poder pensar que fuesen dignos de asemejarse a su Padre. De muchos siglos atrás el Altísimo era para ellos el Dios terrible, antojándoseles el amor, la esperanza y la fe como algo tremebundo ante la severa Inmensidad de Dios. Mas, a la sazón, era llegado el tiempo de la Misericordia, del Perdón, de la Paz, de la Amistad y de la filiación con Dios. De aquí el mandato de ilimitada perfección: «Sed perfectos como el Padre». Y con el mandato, la seguridad implícita que anima a cumplirlo «porque, con solo que lo queráis, podréis conseguirlo». ■ Dios no hace ni dice actos o palabras vanas. Yo no di, por tanto, con este mandato un mandamiento vano ni vanos estímulos a vuestros corazones. Lo que Yo hice fue despertar un deseo ya apagado que mi Padre y vuestro puso vivificante en el espíritu del Hombre y que Éste habría de transmitir con los demás dones de Dios a sus descendientes: el deseo de poseer a Dios y de gozar de Él en el Cielo tras una vida pasada en su servicio. Este deseo, despertado vivamente, habría sido vano de no poder convertirse en realidad. Mas las criaturas pueden acceder a ella. Y aún más: es deseo de Dios el que la alcancen. Y por esto Dios deposita en el alma, hasta en la del más salvaje, un recuerdo de Dios por el que, en la medida de sus posibilidades, pueda, en un futuro, más o menos lejano, alcanzar su fin: el conocimiento de Dios, que es bienaventuranza, por haberle amado y servido como sabía y así poderle poseer”.
*  Si la mayor parte de las almas parecen negar con su modo de obrar el natural recuerdo de Dios, hay que tener en cuenta que en el hombre se dan cita la criatura carnal y la espiritual y que el hombre dispone del libre albedrío que está siempre al servicio de la parte más fuerte.-Jesús: “El que la mayor parte de las almas vivan de forma que parezcan desmentir mi aserción no implica negación de cuanto digo sino demostración de cómo se ha pervertido el hombre en sus afectos y quereres por sus alianzas con el Mal. Son muchos en verdad los que han estrangulado su alma con el ronzal de los vicios y pecados tras haberla esclavizado a Satanás con el que se han aliado. La estrangulan definitivamente para no sentirla ya gritar ni llorar recordándoles que no es lícito el Mal y que hay un castigo para el que lo hace. Estos tales son aquellos que, de hijos de Dios, se vuelven criaturas-hombre por la pérdida de la Gracia y, de hombres, vienen después a hacerse demonios, ya que el hombre apartado del Bien es campánula que, para arraigar, se abraza al Mal. En donde no hay ley sobrenatural difícilmente y siempre imperfectamente se da la ley moral. Y en donde la moral humana es imperfecta o falta, vive total o parcialmente la triple concupiscencia. Mas si la mayor parte de las almas parecen negar con su modo de obrar el natural recuerdo de Dios y su querer que es el de tender a un fin de gozo, hay que tener en cuenta que en el hombre se dan cita la criatura carnal y la espiritual y que el hombre dispone del libre albedrío que está siempre al servicio de la parte más fuerte. Ahora bien, si uno debilita el alma con vicios y pecados, con toda seguridad que ésta se debilitará, al debilitarse la parte espiritual, mientras que se robustecerá la parte animal que se apoderará de la parte más débil hasta matarla.  Mas no por esto se podrá negar que el alma haya sido creada con capacidad de recordar y desear naturalmente su fin. ■ La naturaleza del alma es naturaleza espiritual. Por eso el alma tiene deseos espirituales por más que, por falta de Gracia (en aquellos que no fueron regenerados por el Bautismo) no se den sino deseos naturales del reino espiritual del que procede y en el que instintivamente siente hallarse el Espíritu supremo. Así pues, en las almas regeneradas a la Gracia por el Bautismo y mantenidas y fortificadas en la Gracia por los otros Sacramentos, la atracción del alma hacia su fin se produce de modo divino dado que la Gracia, o lo que es lo mismo, Dios, atrae hacia Sí a sus amados hijos cada vez más cercanos, cada vez más en la luz y, por grados, suben en la espiritualidad de modo que la separación va disminuyendo haciéndose más vivo el ver, más vasto el conocer, más amplio el comprender y más perfecto el amor hasta llegar a la contemplación que es ya fusión y unión de la criatura con su Creador, acto temporal pero incancelable y transformador porque el abrazo del Fuego de la Divinidad que se recluye en una criatura arrebatada imprime un carácter nuevo a estos vivientes que vienen a ser, separados de la Humanidad y espiritualizados como serafines, doctos en la Sabiduría que Dios les da, entregados a ellos como ellos a Él”.
* Por esto, es justo decir que el escritor inspirado (separado de Humanidad y espiritualizado como serafín, docto en la Sabiduría que Dios le da), tiene a Dios como autor… La Obra de María Valtorta es siempre un libro inspirado, mas no es un libro canónico.- Jesús: “Por esto, justo es asegurar que el escritor inspirado «tiene a Dios como autor». Es Dios el que revela o ilumina los misterios y verdades, conforme a Él le place, a estos instrumentos suyos «excitándoles y moviéndoles con virtudes sobrenaturales, asistiéndoles en lo que escriben de suerte que lo ideen con inteligencia y lo quieran escribir con fidelidad, y con medios adecuados e infalible verdad expresen todas y solas las cosas dispuestas por Dios». Es Dios el que con triple acción: ilumina su entendimiento para que conozca la verdad sin error o con la revelación para verdades todavía ignoradas o con el recuerdo detallado si se trata de verdades ya establecidas aunque un tanto incomprensibles para la razón humana; mueve para que escriba con fidelidad cuanto, sobrenaturalmente inspirado, llega a conocer; asiste y dirige para que diga las verdades en tal forma y número que Dios quiere, con verdad y claridad, y así lleguen a conocimiento de los demás para el bien de muchos, con la propia palabra divina en las enseñanzas directas o con las palabras del inspirado si de describir visiones o de repetir lecciones sobrenaturales se trata. ■ La obra que se da a los hombres a través del pequeño Juan no es un libro canónico, pero es siempre un libro inspirado que Yo doy para ayudaros a descifrar determinados pasajes de los canónicos y, sobre todo, para comprender lo que fue mi tiempo de Maestro y conocerme a Mí, Palabra, en mis palabras. Ni Yo, ni mucho menos la portavoz que por su absoluta ignorancia en esta materia no sabe distinguir siquiera la teología dogmática de la mística y ascética, como tampoco sabe de sutilezas de definiciones ni de conclusiones de los Concilios, sino que lo único que sabe es amar y obedecer —y con esto me basta sin que nada más quiera de ella— ni Yo ni ella decimos que la Obra sea un libro canónico. Con todo, os digo en verdad que es un libro inspirado, no siendo, por otra parte, el instrumento capaz de escribir páginas que ni siquiera comprende si Yo no se las explico para quitarle el temor”.
*  Ni crear almas, por parte del Padre, ni recordar, por parte de las almas, significa que las almas preexistan. Ni se puede negar que el alma, sustancia espiritual inteligente, no pueda formarse sabedora de su procedencia porque el instante creativo sea rapidísimo.-Jesús:  “Con todo, puesto que en los momentos en que el pequeño Juan es «portavoz» —o sea, cuando es tomado por Mí a modo de Águila divina que lo transporta al reino de la Luz para que allí vea y torne trayéndoos perlas de sobrenatural valor— se encuentra dentro de la sapiente verdad del ver y del comprender y se sirve del vocablo «crear» para dar a entender la formación de las almas por querer de Dios; Yo, lo vuelvo a repetir, empleé en el dictado la palabra «generación» para daros a entender la medida de vuestra dignidad de hijos de Dios. Mas, os lo repito igualmente, si ello ha de ser obstáculo para que creáis, cambiad sin más «generación» por «creación» y no perdáis la paz por esta nimiedad que os infunde recelos. Crear de continuo almas, por parte del Padre, no quiere decir, como indicáis vosotros, que «preexistan», asegurando que Yo lo dije. E, igualmente, recordar, por parte de las almas, no quiere decir «preexistencia». Como tampoco se puede negar que, porque el instante creativo sea rapidísimo, el alma, sustancia espiritual inteligente creada por el Perfectísimo, no puede formarse sabedora de su procedencia. Dios Creador que dotó de una razón relativa a las criaturas inferiores, de una vastísima a las humanas y de una prontísima además de vastísima a las angélicas, ¿no habrá dotado de inteligencia pronta y vasta el alma creada por Él? ¿No la ha creado lo mismo que a los ángeles, los hombres y los animales? ¿Tan solo ella será tan torpe, inútil, ciega, sorda, desmemoriada y bestial que no disponga ni de esos rudimentarios movimientos del instinto que acucian a los animales a escogerse los alimentos, los elementos y climas a ellos más propicios para vivir y procrear? ¿Inferior acaso hasta a los mismos vegetales que sienten cómo el sol les proporciona vida y que, si bien plantados en un recinto oscuro, tienden hacia aquel resquicio del que les baja la luz y, a través del mismo, emergen hasta el espacio abierto para vivir? ¡Ay hombres! Y puestos a negar para causar dolor a mi portavoz, ¿cómo podéis llegar a decir que el alma es inferior a las plantas? ■ El alma, esta sustancia admirable a la que Yo llamé con sublime metáfora «sangre espiritual de Dios eterno, potente y santo», sangre del Padre (hablo metafóricamente, repito) que se encuentra viva en vosotros haciéndoos inmortales, potentes  y santos mientras se conserva viva, es decir, mientras está unida a Dios con la Caridad. El alma, esta parte de Cielo  —y el Cielo es Luz y Sabiduría— que se contiene en vosotros para que el Infinito tuviese en vosotros un trono que fuera así mismo Cielo y que os contiene para que el abrazo santificante del Cielo continúe siendo protector en torno a vuestra humanidad que sostiene una ruda batalla”.
*  El alma contrae la herencia de la Culpa, no al ser creada por Dios, sino al encarnarse en el hombre. Por tanto, la Culpa no anula la inclinación, o sea, el recuerdo al Bien supremo. Satanás, el ser más impuro, tampoco perdió su poderosa inteligencia, y le recuerda a Dios con la fuerza de su inteligencia espiritual.-Jesús: “¿Me objetaréis tal vez que, al estar manchada y mermada por la Culpa Original, el alma carece de integridad de inteligencia desde el principio? Os respondo ante todo que nada impuro sale del Pensamiento creador. La Culpa original está en el hombre y en los hijos del hombre, no en Dios. Por esto, no al ser creada por Dios sino al encarnarse en el hombre concebido por el hombre es cuando el alma contrae la herencia pertinente a los descendientes de Adán, salvo caso de un excepcional y único querer de Dios. ■ En segundo lugar os recuerdo que el ser más impuro, que fue Lucifer y ahora es Satanás, no perdió su poderosa inteligencia al pasar de arcángel a demonio, sino que utiliza su poderosa inteligencia para el mal y no para el bien, como lo habría hecho de haberse conservado arcángel. ¿Qué me vais a responder, pues, si Yo os pregunto por qué Satanás recuerda a Dios y es inteligente? ¿No tenéis razones que oponer a mi afirmación? ¿Nada tenéis que objetar? No. Nada podéis objetar. Porque, o tenéis que negar lo que enseñáis o admitir que Satanás es inteligente y recuerda a Dios y que, si le odia tanto como le odia, es precisamente porque le recuerda como le recuerda con la fuerza de su inteligencia espiritual y que si os atormenta como os atormenta es precisamente por ser perspicaz en saber escoger las maneras más apropiadas de haceros caer amoldándose a vuestro yo. Enseña el Catecismo que los ángeles culpables fueron lanzados del Paraíso y condenados al Infierno; mas nada dice sobre la pérdida de la inteligencia de los demonios ya que la subsistencia de la inteligencia en ellos la demuestra la agudeza de sus operaciones para engañaros”.
* Las almas recuerdan porque Dios, al crear las almas, dejó una inclinación natural al Bien supremo (¿qué es esto sino recuerdo?): sutil a veces pero que es estímulo en la búsqueda de la Divinidad, en el obrar para hacerse dignos de Ella. Por eso, las almas se forman una religión, que puede ser equivocada, pero siempre es por amor a la Divinidad, o sea, una respuesta al fin para el que fue creado el hombre: amar y servir a Dios en la Tierra  y gozar de Él en la eternidad.-Jesús: “Las almas recuerdan. ¿Por qué? Porque, así como Dios, para suavizar el rigor de la condena, les dio al propio tiempo a Adán y a Eva la esperanza de una redención —de aquella redención— así también les dejó el recuerdo del tiempo feliz para que les fuese de ayuda en el dolor del exilio y de estímulo santo a sus hijos para amar a Aquel que para ellos era el Desconocido. Y no solo eso sino que Dios, al crear a las almas, no privó a estos hijos del hombre de esa natural inclinación hacia la Divinidad que por sí sola puede ayudar a alcanzar el fin para el que el hombre fue creado: amar al Señor, al Dios omnipotente y omnipresente cuyo Todo incorpóreo llena el infinito y al que el hombre siente más o menos justamente viéndole estar en todo cuanto le circunda, penetra o impresiona. En los salvajes estará en el crujir del rayo o en el resplandor dilatado de la aurora boreal; para los idólatras en el poderío del león o en la vida anfibia del caimán; para los creyentes en religiones reveladas, aunque no perfectas, en manifestaciones naturales tomadas como acciones o manifestaciones de cada uno de los dioses; en el hombre civilizado, pensador o científico, en los fenómenos del cielo o en el admirable organismo de los cuerpos; y en el creyente, además de en la doctrina, en la propia vida del alma que se da a conocer con sus luces y sus latidos correspondientes a otros más ardientes latidos de un Amor eterno que la ama, así como en la maravilla del nacer y en el misterio del morir de una parte humana y del continuar viviendo de la otra con una vida más verdadera; pero todos y en todo percibe el hombre una invisible y poderosa Presencia, sea que la niegue —y al negarla admite ya su existencia puesto que no se niega lo que existe y es creído por muchos— o bien que la odie, confesando con el odio su existencia, o sea, por el último que la ame, proclamando con su amor que se la tiene por real y que se espera poder un día, no ya creer, sino gozarla. ■ Dios hizo esto: dejar en el hombre la inclinación al Bien supremo. Y ¿qué es esto sino recuerdo? Y, ¿os parece que no pueda hacerlo Él, que es omnipotente y que, sin esfuerzo ni fatiga, rige la Creación desde hace milenios y, sin un momento de reposo, crea almas, las juzga, conoce en el mismo instante sus acciones y aún las conoce por anticipado, siendo el Pasado, el Presente y el Futuro una sola cosa para su Pensamiento; las rige en su desenvolvimiento, las juzga sin confusiones ni errores y juzga las almas que, a un mandato suyo, dejan la carne a la que fueron mandadas y que tornan al mundo ultraterreno supercreadas, recreadas, o habré de decirlo también, destruidas por la libre voluntad del albedrío? Mas si este vocablo, para vosotros que os aferráis siempre al sentido material de las palabras y no al espíritu de la mismas, os habría de hacer gritar escandalizados, diré pues: afeadas, deformes, mutiladas, desfiguradas por haber cancelado voluntariamente el recuerdo divino. ■ Porque es, sobre todo, este recuerdo el que, más que ninguna otra lección que se pueda aprender en escuela alguna, el que instruye al alma a practicar las virtudes por amor al propio Dios y por la esperanza de poseerlo un día, más allá de la vida, en la Vida sin término. En verdad, de entre los muchos dones que el Amor le conservó al hombre decaído, éste es el más sublime y el más atractivo. Hablo de las almas en general y no de las de los cristianos católicos, miembros del Cuerpo místico vivificados por la Gracia que es el don de los dones. ■ Esta inclinación natural al Bien supremo, que es recuerdo espiritual de Dios, es a las veces de tal manera sutil que las otras dos partes del hombre no lo advierten por más que les guíe a pensar y les rija en el obrar; es estímulo en la búsqueda de la Divinidad, en el obrar para hacerse dignos de Ella y, en una palabra, en vivir de modo de poder llegar a  reunirse con Ella. Por eso las almas se forman, si es que ya no la poseen, una religión que puede ser equivocada por ignorancia de la Verdad, pero que siempre es amor a la divinidad, o sea, una respuesta al fin para el que el hombre fue creado: amar y servir a Dios sobre la Tierra y gozar de Él, bien inmediata y completamente, o tras un tiempo más o menos largo, durante la eternidad”.
* El recuerdo de los santos, que viven en al Tierra, no es ya recuerdo sino conocimiento. El recuerdo de Dios es tanto más vivo cuanta hay más justicia, vivísimo cuando a la justicia se añade el estado de Gracia (es decir de filiación divina), perfecto cuando, como en el caso de María Santísima, está de por medio la eterna virginidad del espíritu sin contacto con la Culpa, habiendo plenitud de Gracia, posesión de la Sabiduría y caridad perfecta.Jesús: “El recuerdo crea amor. El amor, justicia. La justicia de la criatura genera un más subido amor hacia ella por parte de Dios. Y el conocimiento se hace tanto más diáfano cuanto más crecen el amor y la justicia en la criatura. Con el amor crece por tanto cada vez más el recuerdo de Dios porque, como he dicho, el recuerdo es conocimiento amoroso y donde hay amor allí está Dios. ¿Cuándo pues las almas, con luz para recordar y voz para aprender, reciben la Gracia que decís vosotros? ¿Que esa Gracia no os hace muy semejantes al Adán inocente y capaces por tanto de conocer a Dios? Pero ¿qué es lo que decís? ¿Que cuando a la Gracia, que se os devuelve por mis méritos, se une la buena voluntad y el trabajo de santificación, vuestro conocimiento de Dios no se acomoda cada vez más al que constituyó la dicha de Adán? En verdad, en verdad os digo que esto es lo que sucede y que el recuerdo, en los santos que todavía viven en la Tierra, no es ya recuerdo sino conocimiento. ¿Os sorprende mi aseveración? Pues qué, ¿los patriarcas y los profetas, privados de Gracia aunque justos, no fueron acaso arrebatados a la visión de Dios y oyeron su voz?  ¿No contemplaron la gloria de Dios y el Cielo maravillosos?: «No bien entró Abraham en los 99 años, se le apareció el Señor» (6). «Y el Señor se apareció a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza» (7). «Y, una vez que Moisés subió al monte, la nube cubrió el monte y la gloria del Señor… Y habiendo entrado  Moisés en la nube… » (8).  «…yo vi a uno que parecía un hombre y dentro de él y en torno al mismo vi una especie de electro» (9). «Y oí una voz de hombre que desde el centro del Ulay gritaba y decía…» «He aquí Gabriel… y me instruyó…» (10). Todas estas citas son para recordar algunos pasajes de los libros canónicos en los que aparece escrito cómo también se les concedió a los privados de Gracia la visión o la palabra celestial. ■ Conocer a Dios y «conversar con  Él» en la intimidad del edén es ya ver y prever. Porque Dios no ha cambiado por milenios que hayan transcurrido y las lecciones que da a sus elegidos son vastas, plenas y luminosas como las dadas a los inocentes que estaban desnudos sin sentir por ello vergüenza porque desconocían las pobres ciencias de la materia y únicamente sabían las sublimes del amor. Y después de todo esto ¿todavía impugnaréis, cual si fuesen errores, las palabras escritas por el instrumento? No me cabe imaginar que podáis vosotros tildar de error al Maestro ni que, por la riqueza y sabiduría del don, no reconozcáis quién es el que lo dicta. ■ Después de esto ¿aún impugnaréis, cual si fuese error del instrumento, la verdad de que las almas tienen el recuerdo de Dios tanto más vivo cuanto más el alma se desenvuelve en justicia, vivísimo cuando a la justicia de la criatura se añade el estado de Gracia, es decir de filiación divina, perfecto cuando, como en el caso de María Santísima, está de por medio la eterna virginidad del espíritu sin contacto alguno con la Culpa y habiendo plenitud de Gracia, inocencia absoluta, posesión de la Sabiduría y caridad perfecta? Y con tal perfección en María Santísima cual en ninguna otra criatura la habrá jamás. ■ Vosotros, Siervos de mi Madre, decidme: ¿qué es para vosotros María Santísima? ¿La nueva Eva que conoce a Dios como la antigua? No, sino mucho más que Eva. Porque, además de la Inocente, la Hija, la Esposa y la Madre de Dios tan contemplada por Él «ab eterno», Ella es la Cordera al lado del Cordero, la Víctima consumada con la Hostia divina para hacer de vosotros «conocedores de Dios». ■ Y ahora releed, despojando vuestras mentes de los «vestidos de hojas de higuera» que os habéis tejido en torno a vuestras mentes impidiéndoos ver, releed la parte en donde se habla de recuerdo, de conocimiento, del dulce conversar de la Unidad Trina acogida en el Corazón Inmaculado de la Llena de Gracia, con su alma en adoración. Releed, releed el punto en el que hablo de las operaciones de la Gracia que es Luz y Sabiduría y que hace cada vez más luminoso el recuerdo de Dios y, unida a la justicia, hace del recuerdo un conocimiento cada vez más perfecto y, aunque precoz tal vez, es siempre santo en el espíritu de los santos. Y, seguidamente, pedid que en vuestra inteligencia se produzca un nuevo Pentecostés y que todos los dones del Espíritu, Maestro de toda verdad, os penetren para que os renueven y vuelvan a prender en vosotros, con la sobrenatural Belleza, esa semejanza divina que es amor sobrenatural, sin el cual la unión, la semejanza y la comprensión resultan imposibles”.
* Bendecid a Mí y no a vuestra ciencia. Y conmigo, bendecid al Padre, por haberse una vez más revelado a Sí mismo a un pequeño en vez de revelarse a los sabios. A un pequeño, a un niño, a un nada… pero que se ha consumado por dar conocer a Dios…”.-Jesús: “Arrodillaos con el ánimo rendido de los humildes ante Aquel que os habla porque se compadece de vosotros, pastores, y de los corderos; y se sirve de una «nada» precisamente por ser tal y porque se complace en repetir el gesto de los Doce, hecho ante la humanidad concupiscente, para confundir con su divina Sabiduría la pobre ciencia humana de los doctos que se detienen a numerar los hilos de las cometas polvorientas por haber estado más cerca del suelo que del cielo, y, por esta labor inútil y pedante, dejan de recoger y de conservar las perlas luminosas de que se halla entretejida la labor. Para quien no comprendiese la metáfora, son cometas las pérdidas inútiles de tiempo y las ostentaciones más inútiles todavía del saber humano empleadas para determinar si la cabida de un lugar o el número de sus habitantes, deducido de trabajos humanos muy posteriores a mi tiempo, e inexactos por ello, coinciden con lo que afirma un instrumento o si la época y la permanencia en un lugar que él dice, confrontadas siempre con la medida que los hombres han establecido, concuerda con la milésima de la fracción de tiempo que ellos mantienen como perfecta. ■ Ahora bien, decidme: ¿Es el número de días, la extensión de un país y el número de sus habitantes lo que os interesa o la doctrina de la obra? En el primer caso ahí tenéis miles de autores humanos que os pueden suministrar pasto abundante. Y en el segundo caso, soy Yo el único que os puedo dar lo que deberíais buscar en primer término porque solo cuanto Yo os doy os sirve para la vida eterna. Todo lo demás es heno que, tras ser digerido, se expulsa quedando reducido a inmundicia. No entraréis en el Cielo por saber cuántos días estuvo alguien en un lugar o cuántos habitantes tenía una ciudad sino por haberos perfeccionado extrayendo vida luminosa de la Palabra que es Vida y Luz. ■ Amadme a Mí más que a la ciencia. Bendecidme a Mí y no a vuestro saber. Y amad igualmente al «niño» que he tomado para ponerlo entre vosotros. Y, conmigo, bendecid al Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, por haberse una vez más revelado a Sí mismo a un pequeño en vez de revelarse a los sabios. A un pequeño, a un niño, a un nada. Sí, pero a un nada consumado por el deseo de servir, de amor a Dios y de darlo a conocer; un nada que, por lo que a él hace, ha despertado en sí cada vez más vivo el recuerdo de Dios; un nada que ha demolido con su amor y con su holocausto voluntario las paredes divisorias de la humanidad; un nada que ha llegado a amar la Luz más que su existencia y los honores; un nada que de tal forma se ha abismado en la libertad absoluta de contemplar únicamente a Dios, que ha llegado hasta perder de vista cuanto no es Dios; un nada muerto a todo lo que para los más es afán de vida, mas vivo para la eternidad al haber muerto con el fin de vivir en el Señor. Dios, os lo digo, muestra su Reino, no a los doctores sino a los que se hallan iluminados por la Gracia y viven en el amor, siendo únicamente Dios el que escoge, toma y coloca sobre la cima del monte, allá donde tan cercano está el Cielo, que el espíritu, ardiendo, puede gritar lo que debiera ser el grito de todos los hombres: «He aquí mi Dios. ¡Le veo, le comprendo, le conozco! ¡Me siento devorado y recreado por el Amor!». ■ Mi pequeño Juan, puedes recordarles que el hombre también tiene un ángel de la guarda y que este espíritu no está inactivo al lado del hombre sobre el que reflecta las luces que el ángel recibe adorando la Luz infinita. Queda, alma mía, en paz”. (Escrito el mismo día 28 de Enero de 1947).
······································
1  Nota  : «Son estos, misterios por demás elevados para que  los comprendáis plenamente»: del dictado del 2 de Sept. de 1944.  Se refiere al episodio 1-10-54, de la Obra magna «El Evangelio como me ha sido revelado», episodio relatado en el tema “Jesús Niño” sobre la Infancia de María Virgen y el hecho de que “María, mi Madre, volvía a ver cuanto su (alma) espíritu había visto en Dios”.   2  Nota  : “En el dictado del 24 de Agosto de 1944,  dije «has visto la continua generación de las almas por Dios»”.- Se refiere al dictado 1-4-14, relatado en el tema “Jesús Niño”.   3  Nota  :  Dictado  44-384.   4  Nota  :  Dictado  44-403.   5  Nota  :  Cfr.  Gén.  17,1.   6  Nota  : Cfr. Génesis 17,1.   7  Nota  : Cfr.  Éxodo 3,2.   8  Nota  : Cfr.  Éxodo 24,18.   9  Nota  : Cfr. Ezequiel 1,26-27.   10  Nota  : Cfr. Daniel 8, 16; 9, 21-22.

.                                                              *******